[Canarias}> Un experto, sobre la navegación y los antiguos pobladores de Canarias

12-06-2025

Ricardo Herrera

Sobre la navegación y los antiguos pobladores de Canarias

“Quizás hay que cambiar la pregunta que nos hacemos”. «Había contacto entre las poblaciones de Tenerife y Gran Canaria, alrededor del siglo XII»

Los antiguos pobladores de Canarias siguen despertando muchas dudas y misterios. Uno de ellos es el de la navegación. Su llegada al Archipiélago e, incluso, la posibilidad de desplazarse entre Islas sigue siendo una de las claves que muchos expertos tratan de desvelar.

“Para dar respuesta a determinadas preguntas, muchas veces es necesario cambiar la pregunta: ¿navegaban? Quizás lo que hay que preguntar es por qué dejaron de hacerlo”, asegura José Farruija, historiador y arqueólogo.

En el espacio Cometa Halley podcast, Farruija resalta una investigación de Jacob Morales, a partir del estudio de semillas. “Había contacto entre las poblaciones de Tenerife y Gran Canaria, alrededor del siglo XII. Vemos como Leonador Torriani habla de cómo los indígenas de Lanzarote y Fuerteventura, para robar ganado, usaban pequelas embarcaciones”, señala.  “Hay argumentos para pensar que sabían navegar pero que, por motivos que desconocemos, es algo que abandonan”, finaliza.

El origen de los antiguos pobladores de Canarias

La colonización de las Islas Canarias por poblaciones bereberes comenzó en Lanzarote entre finales del siglo I y principios del III de nuestra era y se completó en el resto del Archipiélago unos dos siglos después, según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States (PNAS).

La investigación, liderada por el arqueólogo Jonathan Santana, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha utilizado por primera vez en Canarias un modelo estadístico bayesiano combinado con un protocolo de “higiene cronométrica” para analizar las dataciones de radiocarbono.

El trabajo, en el que también participan las universidades de La Laguna y Linköping (Suecia), defiende que los primeros pobladores bereberes llegaron a las Islas de forma independiente con sus propias embarcaciones, desechando así la hipótesis de un traslado forzoso por parte del Imperio romano. Antes de la llegada amazige, el primer asentamiento humano conocido en Canarias fue romano, localizado en el islote de Lobos en el siglo I a.C., donde establecieron una factoría para la extracción de púrpura.

El modelo aplicado por el equipo de Santana indica que mientras Lanzarote fue la primera isla colonizada, Gran Canaria fue la última, alrededor de los años 490-530. Sin embargo, los investigadores advierten de un posible sesgo en las dataciones de Gran Canaria debido a la escasez de muestras correspondientes a los primeros siglos de la era. En Tenerife, la ocupación inicial se sitúa entre los años 205 y 410.

Además de los hallazgos cronológicos, el estudio subraya la autonomía cultural y tecnológica de los colonos bereberes, quienes habrían desarrollado conocimientos de navegación que les permitieron trasladarse desde la costa norte de África —concretamente zonas como Agadir, Sidi Ifni o Massa— hacia las Islas. Los análisis genéticos y lingüísticos, junto con los restos arqueológicos, refuerzan este origen.

La investigación también confirma que, más allá de los casos de Lobos y Lanzarote, no existen pruebas de presencia romana o interacción cultural significativa con los bereberes en el resto del Archipiélago. Los primeros asentamientos amaziges, señala Santana, se establecieron siempre en zonas costeras, aprovechando los recursos marinos y demostrando habilidades de adaptación costera, recolección, pesca y agricultura.

Este trabajo forma parte del proyecto IsoCAN, financiado por el Consejo Europeo de Investigación con 1,4 millones de euros, y proporciona, según Santana, “un marco verificable para futuras investigaciones sobre el poblamiento inicial de Canarias”.

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[Col}> Trato y maltrato / Soledad Morillo Belloso

10-06-2015

Soledad Morillo Belloso

Trato y maltrato 

Camino por la vida acumulando gestos, palabras, silencios que han marcado mi historia. Recuerdo las manos que alguna vez me sostuvieron, los abrazos sinceros, las miradas que no necesitaban palabras para hacerme sentir vista, comprendida, querida. El trato justo, el respeto mutuo, la empatía. Pequeños actos que construyen un refugio en este mundo incierto.

Pero también recuerdo los  maltratos. La indiferencia que hizo tambalear mi confianza, la palabra cruel que se incrustó en mi memoria, el desdén que me apagó poco a poco. El maltrato no siempre grita; a veces se arrastra sigiloso, se disfraza de rutina, se camufla en la normalidad de lo injusto. Lo he sentido en palabras afiladas, en ausencias inexplicables, en miradas que ignoraban mi existencia como si fuera un espectro.

Me pregunto si el trato y el maltrato son el reflejo de quienes somos, de lo que llevamos dentro. ¿Somos capaces de elegir cómo tratamos a los demás, o simplemente repetimos lo que nos enseñaron, lo que alguna vez nos hicieron sentir? He intentado ser consciente, romper ciclos, construir con respeto lo que alguna vez me hicieron con desprecio.

Porque al final, el trato que damos define el trato que recibimos. Preferible ser un refugio y no una tormenta, un eco de bondad y no de heridas. A veces me detengo a pensar en las cicatrices invisibles que el trato y el maltrato han dejado en mí. No todas duelen de la misma manera, algunas apenas son un rasguño borroso, otras siguen latiendo como una herida abierta. Me pregunto cuántas veces una palabra amable me salvó sin que yo lo supiera, cuánto daño podría haberse evitado con algún gesto de compasión. Porque el trato justo no es sólo cuestión de educación, es una decisión, un acto de rebeldía contra la rudeza del mundo.

Y en medio de todo, sigo buscando maneras de sanar. Aprecio a  quienes entienden el peso de una mirada sincera, a quienes ven más allá de lo obvio y saben que todos cargamos batallas invisibles. Me aferro a la idea de que el trato que damos y recibimos moldea nuestra historia, y elijo, cada día, construir una en la que el respeto y la gentileza sean la norma, no la excepción.

Al final del día, somos el eco de los encuentros que nos han moldeado. Las palabras que nos elevaron y las que nos destruyeron, las miradas que nos abrazaron y las que nos hicieron sentir invisibles. Pero también somos la suma de nuestras elecciones, la forma en que decidimos responder a lo que la vida nos ofrece.

Yo elijo el respeto, la ternura, la dignidad. Elijo ser la voz que calma, la mano que sostiene, el trato que sana. Porque cada gesto deja huellas, y quiero que las mías dejen  recuerdos de bondad, no de maltrato. Yo elijo ser caricia y no herida. Elijo la pluma y no la daga.

[Canarias> ¿Por qué en Canarias decimos “queque”?

10-06-2025

 ¿Por qué en Canarias decimos “queque”?

El origen de una palabra tan dulce como popular

Su uso se ha extendido por todo el Archipiélago, convirtiéndose en una forma de identidad lingüística y gastronómica

En Canarias, pocas palabras despiertan tanta familiaridad como “queque”, ese bizcochón esponjoso que forma parte de desayunos y meriendas de toda la vida.

Aunque suene a invención, el término tiene un origen tan internacional como inesperado: proviene del inglés “cake”, que significa “tarta”, pero fue adaptado y popularizado por los canarios hasta convertirse en una de las palabras más usadas en el habla cotidiana del Archipiélago.

El uso de “queque” está firmemente arraigado en la cultura popular de las Islas. Aunque el vocablo tiene especial presencia en la provincia de Las Palmas, su uso se ha extendido por todo el Archipiélago, convirtiéndose en una forma de identidad lingüística y gastronómica.

 La influencia británica en Canarias, especialmente en los siglos XIX y XX, no sólo se notó en la economía o la arquitectura, sino también en el lenguaje. Así, muchas palabras inglesas fueron “canarizadas”, es decir, adaptadas al habla popular de las Islas. En este contexto, “cake” pasó a pronunciarse y escribirse como “queque”, con el encanto sonoro propio del español canario.

Aunque en otras regiones de España se prefiere el término “bizcocho” o “bizcochón”, en Canarias es habitual oír frases como “vamos a hacer un queque de yogur” o “me traje un trozo de queque para el café”, sin que nadie se plantee su procedencia.

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[Col}> Que valga la pena / Soledad Morillo Belloso

07-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Que valga la pena

Hay quienes pasan la vida esperando. El momento adecuado, la señal precisa, el golpe de suerte que cambie el rumbo. Se les escapan los días en rutinas sin alma, en excusas bien hiladas, en temores disfrazados de prudencia.

Hay un momento, quizá al final o en algún rincón de la memoria, en el que nos preguntamos: ¿dónde están los días que no vivimos?  No son los días que pasaron, sino los que dejamos ir sin siquiera tocarlos. Los momentos que pudieron ser pero no fueron. Las oportunidades que nos miraron a los ojos y las dejamos marchar. Las palabras que queríamos decir y callamos. Las emociones que sofocamos tal vez por miedo a sentir demasiado.

Desperdiciar la vida no es sólo dejarla pasar. Es permitir que la duda sea más fuerte que el deseo. Es aceptar la monotonía como un destino inexorable. Es posponer la felicidad porque “ya habrá tiempo más adelante”, sin atinar a comprender que el tiempo es un recurso natural no renovable.

Nos convencemos de que habrá más oportunidades, más “momentos perfectos”. Nos decimos que “mañana sí será el día”, que después nos atreveremos. No se puede llegar tarde a la vida. Es como intentar abordar un barco que ya zarpó. La vida no espera, no se detiene a ver si finalmente reunimos el coraje para subir a bordo. O nos atrevemos a navegar, o la vemos alejarse desde la orilla, dejándonos con la mirada fija en el horizonte de lo que pudo ser.  El tiempo sigue, implacable. Poco le importan nuestras excusas y postergaciones. Y cuando nos damos cuenta de que hemos estado esperando demasiado, muchas veces el barco ya es solo un punto que desaparece en el mar.

Desperdiciar la vida es postergar vivirla. Pero la vida no se detiene por nuestras dudas ni concede tregua a nuestra indecisión.  Y cuando al fin comprendemos el valor de un instante, muchas veces ya es demasiado tarde. Porque el tiempo desperdiciado no regresa. Se convierte en sombra, en el eco monótono de lo que pudo haber sido. Postergar la vida es mirarla desde lejos, como si fuera un paisaje ajeno en lugar de algo que nos pertenece por completo. Postergar vivirla es esperar la certeza absoluta, esa seguridad que nunca llega.

Vivir es elegir, es entender que nunca hay garantías pero sí posibilidades. Es decidir que, al final de todo, no queremos mirar atrás y ver una vida que apenas rozamos con los dedos, llena de “después” y “mañana”, como si el tiempo fuera infinito y la voluntad una moneda que siempre se puede gastar más tarde. La vida no se detiene, y, por cierto, no pide permiso. No espera a que nos armemos de valor ni hace pausa para que decidamos qué hacer con ella. Cuando al fin se comprende el valor de cada día, muchas veces ya quedan pocos por delante.

Vivir es entender que lo único desperdiciado es lo que jamás intentamos. Vivir no es esperar el momento perfecto. El tiempo no pregunta si estás listo. No es el tiempo el que se pierde, sino la oportunidad de usarlo. Eso sé. Mis cuentas financieras están en bancarrota. Pero mi vida ha sido intensa. Por eso, a pesar de tener el corazón roto, mi contabilidad no está en números rojos. Puedo morir mañana y vivir habrá valido la pena. Habré dejado huella. Con eso me basta y me sobra.

 

 

 

 

 

Saludos / Best regards,

Carlos M. Padrón

E-mail: Carlos@Padronel.net

Alterno: MADGRI@Padronel.net

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[Col}> Siempre espero que sea martes / Soledad Morillo Belloso

04-06-2025

Soledad Morillo Belloso 

Siempre espero que sea martes

Las semanas se despliegan como interminable retahíla de intentos fallidos, de promesas que no terminan de cumplirse, de sueños que bordean la realidad sin atreverse a tocarla.

Los lunes cargan con el peso de los comienzos forzados, arrastran la urgencia del comienzo, el ímpetu de lo nuevo con la fatiga de lo viejo. Son una puerta que se abre demasiado rápido, sin preguntar si quien cruza está listo para hacerlo. Los miércoles se disuelven en la prisa por llegar al viernes. Los viernes son la promesa ilusoria de descanso, la víspera de una felicidad que a menudo se disuelve antes de haber sido tocada. Los domingos llevan la nostalgia de lo que ya pasó. Son la cuerda floja entre la esperanza y el agotamiento, el instante en que todo avanza sin preguntar si vale la pena. Y de los jueves, mejor ni hablar. Son tontos y torpes.

El martes no es el inicio ni el desenlace, sino la pausa entre lo que fue y lo que será. Es un paréntesis, un instante sin agobio en el que todo parece posible. Una  tregua silenciosa, donde el peso del ayer aún no reclama su deuda y el futuro no ha revelado su saldo. No tiene la impaciencia de un inicio ni la resignación de un final. Es un espacio donde los pensamientos se despliegan como velas en un mar calmo, donde las decisiones aún no han sido tomadas y los errores aún no han cobrado su precio.

Espero cada martes como quien aguarda el primer soplo de aire luego de una larga inmersión. Como quien observa la línea difusa entre el sueño y la vigilia, preguntándose si lo que viene será  luz o sombra. El martes es el punto en que el tiempo se detiene, donde la posibilidad todavía respira. Cada martes es como si fuera una oportunidad nueva, como si de repente el mundo se alineara para regalarme un respiro, una certeza, una pequeña victoria. No es que los martes sean perfectos, sino que en ellos encuentro el espacio para imaginar que todo puede cambiar.  Porque si el lunes es una cuesta empinada y el viernes una despedida anticipada, entonces el martes es esa fracción de tiempo en la que la esperanza no es ingenua, sino necesaria.

Siempre espero que sea martes, porque en ese día suspendido todo puede ser imaginado, todo puede ser recreado. No es la certeza lo que lo hace especial, sino la ausencia de ella: el martes es la fracción de la semana en que el destino aún no ha decidido cuál será su rostro. Es el instante en que la ciudad respira despacio, donde las esquinas no tienen prisa y los relojes parecen olvidar su tarea implacable de contar los minutos. Es el día en que los sueños aún no han sido censurados por la rutina, cuando el aire conserva la vibración de lo posible y las promesas hechas en la madrugada no parecen tan absurdas. El martes no exige decisiones ni despedidas, simplemente deja que la vida se despliegue sin urgencia, como si el tiempo tuviera la cortesía de darnos un respiro.

Siempre espero que sea martes. Porque es el umbral entre lo que se anhela y lo que se enfrenta, entre el deseo y la realidad. En ese espacio suspendido, todo puede cambiar, todo puede florecer. Y mientras los días pasan como trenes veloces, el martes se queda un poco más, dejando en su pausa la ilusión de que, aunque sea por un momento, el mundo está en equilibrio. Y allí, creo, habita la esperanza.

[Canarias}> ¿Quién es el canario más universal de la historia? La IA lo tiene muy claro

30/05/2025

 ¿Quién es el canario más universal de la historia? La IA lo tiene muy claro

De Galdós a Manrique, de Herrera a Viera y Clavijo: Canarias ha parido a talentos que han trascendido el tiempo y el espacio. Pero, ¿hay un nombre que resuma mejor la huella del Archipiélago en el mundo?

Por siglos, Canarias ha sido tierra de paso, de mezcla y de genios. En cada isla, un nombre; en cada época, una figura que ha llevado el nombre del Archipiélago más allá del océano. Pero entre todos ellos, la pregunta permanece: ¿quién es el canario más universal de la historia?

Benito Pérez Galdós

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, es uno de los primeros nombres que surge en cualquier quiniela. Novelista de proyección internacional, renovador del realismo en lengua española y eterno candidato al Nobel, su obra —con los Episodios Nacionales al frente— es lectura obligatoria en universidades de todo el mundo. Madrid fue su escenario, pero el Atlántico, su raíz. Galdós no sólo es una figura clave en la literatura española: también es uno de los grandes narradores europeos del siglo XIX.

César Manrique

Pero si la literatura tiene su Galdós, el arte cuenta con César Manrique. Nacido en Arrecife (Lanzarote) en 1919, fue pintor, escultor, arquitecto autodidacta y ecologista avant la lettre. Su manera de integrar la arquitectura con el paisaje volcánico de su isla natal lo convirtió en pionero de un modelo de desarrollo sostenible que hoy se estudia como ejemplo. Su obra traspasó fronteras, con exposiciones en Nueva York y Berlín, pero su mayor creación fue, quizás, la Lanzarote que ayudó a modelar.

Óscar Domínguez

En el terreno del arte también destaca Óscar Domínguez, nacido en Tenerife y figura central del surrealismo. Su obra fue reconocida por André Breton, y llegó a codearse con Salvador Dalí, Pablo Picasso y otros iconos de la vanguardia europea. Murió joven, pero dejó una impronta internacional que aún resuena en museos de París y Nueva York.

José de Viera y Clavijo

Para quienes miran al pasado desde el pensamiento, José de Viera y Clavijo fue un ilustrado adelantado a su tiempo. Natural de Tenerife y autor de la Historia de Canarias, fue una figura clave de la Ilustración en el ámbito hispano. Dialogó con los grandes enciclopedistas europeos, defendió el conocimiento y la razón, y proyectó el saber isleño en una época en la que la ciencia y la religión aún debatían su jerarquía.

Domingo García-Sáenz Herrera

Tampoco puede ignorarse la voz de Domingo García-Sáenz Herrera, más conocido como José Herrera, barítono nacido en Santa Cruz de Tenerife, quien alcanzó fama mundial en los teatros de ópera de Europa y América.

Alfredo Kraus

Y si hablamos de música más contenporánea, es imposible obviar el éxito global de Alfredo Kraus, tenor grancanario cuya carrera lo llevó desde La Scala de Milán hasta el Metropolitan de Nueva York.

Rafael Rebolo

En tiempos más recientes, nombres como el del astrofísico Rafael Rebolo, actual director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), o el ingeniero Pedro Duque, nacido en Madrid pero formado en parte en las instalaciones científicas de Tenerife y La Palma, han ayudado a proyectar la excelencia científica ligada a las Islas.

Sin embargo, si el criterio es la combinación de proyección internacional, legado perdurable y arraigo canario, muchos expertos coinciden: Benito Pérez Galdós sigue siendo, más de un siglo después de su muerte, el canario más universal. Su rostro apareció en los billetes de mil pesetas, su nombre da vida a auditorios, calles y premios literarios, y su obra continúa generando estudios, ediciones y adaptaciones.

En definitiva, Canarias ha dado al mundo creadores, pensadores, músicos y científicos que han dejado huella. El debate queda abierto, pero la historia parece inclinar la balanza hacia un escritor de mirada profunda, verbo agudo y alma isleña.

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[Canarias}> Las mujeres más universales de Canarias según la IA

30/05/2025

Las mujeres más universales de Canarias según la IA

Estas mujeres, desde disciplinas muy distintas, han desafiado los límites geográficos de un territorio insular

Durante siglos, los nombres más reconocidos de la historia canaria han estado encabezados por hombres. Sin embargo, la huella de las mujeres isleñas también ha traspasado fronteras, dejando un legado en la ciencia, el arte, la música y el pensamiento que merece ocupar un lugar destacado. Éstas son algunas de las canarias que han proyectado su talento al mundo.

María Rosa Alonso

Natural de La Orotava, fue una de las primeras mujeres en doctorarse en Filología en España. Intelectual comprometida, escritora brillante y defensora del idioma, vivió exiliada en Venezuela tras la Guerra Civil. Su obra y pensamiento crítico la convirtieron en una figura esencial en la historia cultural de Canarias y en una voz imprescindible en el exilio español.

María Mérida

En el ámbito musical, María Mérida llevó las canciones tradicionales de las Islas a escenarios como el Teatro Real de Madrid o emisoras de América Latina. Fue la primera mujer canaria en alcanzar proyección nacional e internacional a través del folclore. Su carrera sentó las bases para otras artistas que entendieron la música popular como patrimonio y vehículo cultural.

Olga Cerpa

En esa misma línea de renovación y apertura, Olga Cerpa, junto al grupo Mestisay, ha tejido puentes entre la tradición canaria y las músicas del mundo. Su voz ha recorrido festivales internacionales, convirtiéndose en una embajadora de los sonidos del Archipiélago desde una perspectiva contemporánea.

Nancy Fabiola Herrera

Del folclore a la lírica, Nancy Fabiola Herrera ha consolidado una trayectoria internacional como mezzosoprano. Ha actuado en escenarios como el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro Real o la Ópera de Washington. Su talento la ha convertido en una de las artistas canarias con mayor reconocimiento global en el mundo de la música clásica.

Ana Díaz Artiles

En el campo de la ciencia, Ana Díaz Artiles, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, investiga en la Universidad Texas A&M y ha trabajado con la NASA en temas de salud espacial. Especialista en medicina aeroespacial y diseño de hábitats en gravedad reducida, representa a una nueva generación de científicas canarias con impacto internacional.

María Dolores Corbella

También en la investigación y la lengua destaca María Dolores Corbella, filóloga, lexicógrafa y académica de número de la Real Academia Española. Su trabajo ha sido clave para poner en valor el español hablado en Canarias y enriquecer el conocimiento de la lengua en todo el ámbito hispano.

María de León Bello y Delgado

Aunque en un contexto diferente, María de León Bello y Delgado, conocida como La Siervita, ha proyectado su figura más allá del entorno local gracias a su fama como mística y religiosa. Su cuerpo incorrupto, conservado en el convento de Santa Catalina en La Laguna, sigue atrayendo devoción y curiosidad desde distintos lugares del mundo.

Estas mujeres, desde disciplinas muy distintas, han desafiado los límites geográficos de un territorio insular. Han llevado consigo no sólo su talento, sino también una parte esencial de la identidad canaria. Porque la universalidad, como demuestra su legado, también habla con voz de mujer.

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[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare: Guehebey

22-05-2025

Felipe Jorge Pais Pais

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare: Guehebey

En este cantón se produjo la erupción del Volcán Tihuya en 1585, el primero de la época histórica propiamente dicha. También se conoce como Jedey, puesto que reventó al este y muy cerca del actual caserío denominado con este nombre

5.- El cantón de Guehebey

“El tercer señorío fue desde la Montaña de Tamanca, hasta donde dicen El Charco, que antiguamente llamaban Guehebey; y de este término era señor Tamanca, por cuya contemplación le pusieron el nombre a la montaña.” (J. Abreu Galindo, 1977, Pág: 267).

En este cantón se produjo la erupción del Volcán Tihuya en 1585, el primero de la época histórica propiamente dicha. También se conoce como Jedey, puesto que reventó al este y muy cerca del actual caserío denominado con este nombre.

Nos dejó, aparte del pico y estrechos “ríos” de lava, unos impresionantes afloramientos rocosos de fonolita conocidos como Los Campanarios. El primer nombre es claramente erróneo puesto que, teniendo en cuenta su ubicación, vemos que el cantón de Tihuya se encuentra al norte por lo que, en realidad, tendría que haberse llamado Guehebey, puesto que nació y afectó al territorio de este lugar sin adentrarse, ni un milímetro. Sus lavas discurrieron y sepultaron amplias zonas de la mitad norte de esta demarcación territorial prehispánica.

En 1712 se produjo una nueva erupción al sur de la anterior, siendo conocida como Volcán del Charco-Montaña Lajones-Montaña Negra que, si bien su cráter se sitúa en la parte alta del cantón de Ahenguareme (Fuencaliente), algunos ramales de sus coladas descendieron por la parte meridional de Guehebey, dando lugar a la costa de El Remo (Los Llanos de Aridane).

Por tanto, y al igual que sucedió en el bando de Tihuya, buena parte de su territorio ha quedado sepultado, en la época histórica, por unas coladas lávicas separadas por 127 años. Pero, a pesar de todo, como veremos, aún es posible rastrear la huella benahoarita en estos parajes.

Territorio de Guehebey atravesado por las lavas del Volcán Tihuya ( Zona del Charco de Las Palmas y El Manchón. El Paso-Los Llanos de Aridane) (Foto: Felipe Jorge Pais Pais)

El topónimo Guehebey tiene el significado de “…barrera de un canal, embalse.” (I. Reyes García, 2011: 250). Relacionado con este tema es interesante resaltar el hecho de que la erupción de El Charco, llamada así porque surgió en la Hacienda del Charco de Doña Ana Teresa Massieu, sepultó una buena cantidad de estanques.

Este dato es sumamente interesante puesto que, a principios del siglo XVIII, no podía
referirse sino a los llamados “tanques de tea” en los que se almacenaba el agua para el Estas construcciones se levantaban de forma fácil y rápida mediante un contorno cuadrangular o rectangular, de entre 2 y 6 metros de largo, delimitado con muros de piedra seca cuyo espacio interior se recubría con tablas y troncos de tea impermeabilizadas en las uniones con brea.

Fueron muy importantes para mitigar la sed en muchas zonas de la Isla, especialmente en Fuencaliente, Villa de Mazo, Tijarafe y Puntagorda donde, por ejemplo, pervivieron hasta finales de la década de los 50 del siglo pasado.

En el siglo XVI, por ejemplo, ya lo decía el portugués Gaspar Frutuoso: “…Por no haber fuentes en estos lugares tienen tanques de agua tan grandes, hechos de madera de tea … que conservan tan fresca y gustosa…” (1964: 120).

Recreación de un tanque de tea en época benahoarita (Dibujo: Museo Arqueológico Benahoarita).

El cantón de Guehebey —a pesar de la aparente aridez de sus dominios en el suroeste de Benahoare, la escasez de fuentes permanentes, la ausencia de grandes barrancos y el peligro latente de los volcanes— estuvo densamente poblado, tal y como indica la abundancia y variedad de yacimientos arqueológicos que se han conservado hasta nuestros días.

Los asentamientos principales eran cabañas que ocupaban desde las orillas del acantilado costero hasta los 1.000 metros de altitud, aproximadamente, si bien la roturación del terreno en la época histórica ha hecho desaparecer las construcciones artificiales y solo vemos los materiales arqueológicos (fragmentos de cerámica, piezas líticas, restos óseos de fauna doméstica, conchas marinas, cenizas, etc) típicos de un fondo de ocupación humana.

Pero también ocuparon cejos, covachas y tubos volcánicos situados en medio de los campos de lava y en los riscos junto al mar, por muy precarias condiciones de habitabilidad que tuviesen. Depositaban a sus seres queridos en algunas de las cavidades naturales que no eran aptas para su utilización como vivienda.

De sus prácticas mágico-religiosas nos han quedado pocos vestigios, aunque suficientes para darnos idea de que sus rituales eran muy similares a los del resto de Benahoare, destacando algunos grupos de canalillos y cazoletas, así como la única estación de grabados rupestres que, hasta ahora, se ha encontrado en Los Llanos de Aridane, en la zona conocida por Las Grajas.

Grabado rupestre en el asentamiento de Las Grajas (Jedey. Los Llanos de Aridane) (Foto: Jorge Pais Pais)

El límite sur con el cantón de Ahenguareme, aunque en la cita textual que vimos en el primer párrafo se establece en El Charco, no queda demasiado clara ni precisa esa frontera, ya que nos encontramos con tres topónimos muy similares: Charco de Las Palmas, El Charco (al este del anterior y a una cota más elevada) y el caserío de El Charco, ya dentro del municipio de Fuencaliente.

Los dos primeros lugares nos parecen poco probables porque dejarán un territorio muy reducido a Guehebey, mientras que la actual aldea de El Charco, ya en Fuencaliente, quedaría demasiado desplazada hacia el sur.

Por tanto, nos parece razonable que la línea divisoria entre Guehebey y Ahenguareme podría ubicarse, precisamente, en la confluencia de los municipios actuales de Fuencaliente, El Paso y Los Llanos de Aridane.

Esta hipótesis viene avalada, además, porque estos parajes están recorridos, de costa a cumbre, por uno de los barrancos más profundos de toda la vertiente suroccidental de Benahoare, cual el Barranco de Los Lomos-Barranco Hondo, justo por donde fluyó uno de los ramales del Volcán de El Charco, hoy conocido como Malpaís de Sotomayor.

Bibliografía general.

-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
-FRUTUOSO, Gáspar: Las Islas Canarias (de “saudadec da terra”), Fontes Rerum Canariarum, (La Laguna), 1964.
-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

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[Canarias}> La pintura rupestre de los aborígenes canarios surge a partir del siglo X pero sólo en una isla, ¿por qué?

24-05-2025

Luis Socorro

La pintura rupestre de los aborígenes canarios surge a partir del siglo X pero sólo en una isla, ¿por qué?
La Cueva Pintada de Gáldar, la obra más sobresaliente del arte rupestre del Archipiélago, refleja que “la organización social indígena de Gran Canaria era la más compleja de Canarias”

La presencia de manifestaciones rupestres al aire libre, grabadas en paneles de roca, es común en todas las islas de Canarias, además, con semejanzas en la tipología y en la técnica de elaboración. Lo que no es en absoluto común es la pintura.

El arte rupestre pintado, que tiene su máximo esplendor en la Cueva Pintada de Gáldar con sus motivos geométricos cromáticos, es un patrimonio exclusivo de Gran Canaria, aunque en La Palma se descubrió en 2017 una extraña figura, aún por descifrar, dibujada con trazos negros. En esta última entrega dedicada a los petroglifos indígenas del Archipiélago, la pintura es la protagonista.

Estas manifestaciones pictóricas surgen a partir del siglo X, según el arqueólogo Pedro Sosa, autor de la investigación más exhaustiva e innovadora jamás realizada en las Islas, en la que por primera vez se establece un marco cronológico del arte rupestre, como vimos en el capítulo 1. Pero, ¿por qué solo en Gran Canaria hay pinturas?

“Esa pregunta es compleja porque en otras islas hay óxido férrico igual que en Gran Canaria”, reflexiona el experto Pedro Sosa que argumenta que para afinar la respuesta “tendría que conocer mejor los contextos arqueológicos de esas islas”.

Lo que sí tiene claro este arqueólogo de la piedra es que “la pintura es algo que surge de manera aislada en Gran Canaria, lo que demuestra que las culturas insulares, que tienen una misma base de su bagaje norteafricano, van transformándose a lo largo de los siglos”.

Empero, “Gran Canaria tiene más nivel de desarrollo y particularidad con respecto al resto del Archipiélago, no sólo lo vemos en arte rupestre, también en la arquitectura de las casas o en los exclusivos graneros colectivos”. De hecho, añade, “la pintura marca el inicio, desde los primeros antropomorfos pintados, a otra forma de lenguaje y expresiones gráficas, cuyo culmen se encuentra en el geometrismo de las pinturas parietales y de las cerámicas. Ese nivel de mayor cambio cultural con respecto al resto de islas”, sentencia el doctor Sosa, “creo que es la clave para responder a su pregunta”.

Nona Perera, la arqueóloga que más ha investigado las manifestaciones rupestres de las dos islas orientales del Archipiélago, pone el acento en los lugares de procedencia de la población indígena: “Son tribus diferentes y se expresan en el territorio”. Para Perera, la pregunta que planteamos se podría extrapolar a otros aspectos de la cultura material que nos legaron los aborígenes.

“¿Por qué el alfabeto líbico-latino [el origen latino de ese alfabeto está descartado por expertos latinistas porque afirman que no es latín las letras grabadas, por eso otros autores prefieren denominarlo líbico-canario, ¿sólo está en Fuerteventura y Lanzarote? ¿Por qué los grabados geométricos curvilíneos, de espirales, son exclusivos de La Palma?

Cada isla tiene particularidades que no se repiten en otras. Y lo mismo podemos reflexionar más allá del ámbito rupestre”, por ejemplo, añade la doctora Perera, “las pintaderas y los ídolos sólo están en Gran Canaria, mientras que las placas son de Lanzarote y Fuerteventura”.

El doctor Jorge Onrubia, director principal de la tesis doctoral de Pedro Sosa, aporta otro punto de vista: “Para empezar, habría que estar seguro de que esa ausencia en otras islas es real. En el caso de pinturas al aire libre, no puede descartarse en modo alguno la existencia de problemas de conservación que dificulten su registro y contemplación hasta hacerla imposible.

No hay que olvidar”, apunta, “que la inmensa mayoría de las pinturas rupestres indígenas de Gran Canaria han sido localizadas en el interior de profundos abrigos naturales o de cuevas artificiales”. En definitiva, “es a partir de esta constatación, y no antes, cuando podríamos empezar a especular con las causas de esta aparente disimetría”.
Detalle del friso de las pinturas de la Cueva Pintada, el yacimiento de arte rupestre más importante de Canarias. Javier Betancor

En esta consulta de expertos no puede faltar la opinión de José Ignacio Sáenz, director del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada. “Gran Canaria es la única cultura que utiliza el color a pesar de que el almagre —el elemento con el que se pinta— es una arcilla volcánica que se encuentra en el resto del Archipiélago, pero, por alguna razón, las formas decorativas pintadas no se desarrollaron como en Gran Canaria”.

El arqueólogo recuerda que “no sólo se pintan las cuevas, también las casas, los suelos de las casas, las cerámicas, los ídolos, alguna pintadera…” Las crónicas, añade Sanz, “también hablan de que se pintan el propio cuerpo, seguramente para actos rituales”.

Por otro lado, considera el director de Cueva Pintada, “está claro que la sociedad grancanaria es, desde el punto de vista de organización social, la más compleja de Canarias, y esa complejidad social se refleja también en poblados mucho más grandes y complejos desde el punto de vista del diseño de urbanismo”.

Opiniones al margen sobre por qué la pintura de los antiguos canarios sólo se plasmó en Gran Canaria, Pedro Sosa recuerda en su investigación doctoral —Historias en la roca. Documentación integral y estudio del arte rupestre al aire libre de la isla de Gran Canaria— que “la pintura está presente en un repertorio de yacimientos arqueológicos y de materiales isleños”.

Cueva Pintada es la obra cumbre del arte rupestre preeuropeo, pero hay otras pinturas relevantes, como las figuras antropomorfas pintadas de almagre de la cueva de Majada Alta, en la vertiente sur de las cumbres de Gran Canaria, o en los yacimientos del Roque Bentayga (Tejeda), Cubas (Telde) o Morros de Ávila, en el municipio de Agüimes.
Figuras humanas pintadas en almagre, en el yacimiento de Majada Alta. El sol ilumina una parte de la cueva y ha decolorado algunas figuras (izquierda). Pedro Sosa

La tesis doctoral de Narciso Hernández Rodríguez —El color en las manifestaciones de los antiguos habitantes de las Islas Canarias: las cuevas pintadas de la isla de Gran Canaria—, recuerda Sosa en su investigación doctoral, “nos habla que la pintura se aplicaba sobre distintos tipos de soportes, como las pieles de las personas, el enrubiado del cabello, la artesanía del barro (cerámicas, pintaderas, ídolos, cuentas y colgantes), soportes de origen vegetal (tejidos y fibras trenzadas, varas, bordones y rodelas), soportes de origen animal (tamarcos, faldellines, vendas de piel, tehuetes, odres y envolturas funerarias), las casas y las cuevas”.

Análisis de los pigmentos

La investigación de Sosa también ha profundizado en el análisis de los componentes de las pinturas. “La metodología aplicada para la caracterización de los pigmentos se ha realizado a través de una sofisticada computadora que permite aplicar espectrometría de fluorescencia de rayos X por dispersión de energía”.

Realizada por especialistas de las universidades de Castilla-La Mancha y de la Complutense de Madrid, este sofisticado análisis le ha permitido certificar que “los motivos rupestres son de factura indígena, no falsificaciones”. También, describir “los distintos componentes de las pinturas y las similitudes de composición de las figuras pintadas al aire libre o en abrigos naturales y las pinturas en el interior de cuevas”.

La espectrometría la aplicó Sosa, junto a su codirector de tesis Jorge Onrubia, en pinturas de media docena de yacimientos. El arqueólogo ha ido más lejos y ha determinado algunas de las zonas de extracción del almagre gracias al análisis de los compuestos físico-químicos de las pinturas“.

El yacimiento de Morros de Ávila es un conjunto de dos cuevas artificiales de grandes dimensiones que están unidas. En una de las paredes de esta doble cámara “se encuentran, sobre un fondo pintado de almagre rojo, varios triángulos invertidos de color blanco”.

Estas figuras geométricas, muy similares a las grabadas en cuevas de las Montañas Sagradas del centro de la Isla, son interpretadas como triángulos púbicos realizados a modo de culto a la fertilidad.

El prestigioso prehistoriador francés Jean Pierre Duhard —falleció en abril de 2022— visitó Gran Canaria en el marco de las IV Jornadas de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña, celebradas en mayo de 2016.

Afirmó, tal como recogió Europa Press, que “la representación del triángulo púbico convierte a la Isla en el rincón del mundo con más grabados de este tipo, añadiendo que ni siquiera la supera Francia, donde hay 240 del paleolítico superior en los abrigos rocosos de Blanchard, Castanet o Cellier”.

La cueva de Los Candiles, en uno de los riscos que circundan la Caldera de Tejeda, alberga 344 vulvas grabadas del techo al suelo en las cuatro paredes de esta cueva artificial de planta rectangular.

Las dos cámaras policromadas de Morros de Ávila, uno de los yacimientos que visitamos para la realización de este reportaje, están aisladas en la cima de una montaña. No hay ningún poblado aborigen ni graneros para almacenar alimentos en la zona; por ello, el arqueólogo está convencido de que “fue un lugar emblemático para prácticas cultuales o ritos mágicos-religiosos de aquella sociedad”.

Antigüedad de las pinturas

Gracias a la sofisticada metodología aplicada, Sosa ha podido clasificar los petroglifos de Gran Canaria en cuatro horizontes temporales. El último, a partir de los siglos X y XI, lo denomina Agáldar —topónimo guanche del actual municipio de Gáldar— porque ahí está la cámara policromada más sobresaliente del arte rupestre de los primeros habitantes de las Islas Canarias.

Las investigaciones financiadas por el Cabildo de Gran Canaria, titular del yacimiento Museo Parque Arqueológico Cueva Pintada, establecen que “estuvo en uso entre los siglos XI y XIII”.

Para la realización de los estudios de las dataciones, como refleja el portal Biblioteca Universitaria de la ULPGC, “se tomaron del interior de la cueva muestras muy pequeñas, de apenas unos miligramos de peso, de maderas quemadas procedentes de los morteros con los que, en su día, fueron acondicionadas las paredes de toba.

La tercera muestra, que sin duda es la más fiable al haber sido obtenida de un carbón de la familia de las lauráceas, a la que pertenecen especies menos longevas que el pino, se remonta al período 1049 dC.-1257 dC., de ahí esas fechas situadas entre los siglos XI y XIII” de la era común.

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