[*Otros}– El gofio: de manjar dietético a sustituto para la harina en Japón

25/04/2013

Una empresa Canaria vende, en los supermercados nipones, y en Estados Unidos y Alemania, este tipo de harina tostada.

El gofio Canario, un manjar dietético, natural e integral, presente en muchos platos de la gastronomía de Canarias, da el salto a Japón, donde una empresa familiar lo promociona en sustitución de la harina kinako, elaborada a base de habas tostadas y molidas, y utilizada para hacer dulces.

El empresario José Luis García, propietario de La Molineta, un molino de gofio que su tatarabuelo puso en marcha en Tenerife en 1886, se ha propuesto vender el gofio, un tipo de harina tostada, en los supermercados de Japón, tal y como ya lo hace en Estados Unidos y Alemania.

«Hay muchas posibilidades en Japón, llevamos dos años ya allí», manifiesta José Luis García en una entrevista a Efe, en la que explica que su empresa ha impulsado una página web en cinco idiomas, entre ellos el japonés, en la que se explica qué es el gofio, y se ofrecen varias recetas.

Aunque de primeras la combinación de sushi y gofio en un mismo plato sea difícil de visualizar, este emprendedor asegura que el mercado japonés tiene interés por el producto Canario, que se puede degustar en forma de mousse, magdalenas y helados.

No obstante, en Canarias, de donde es típico, se asocia de forma tradicional a otro tipo de comidas, como el escaldón, compuesto por gofio y cazuela de pescado rociado de mojo; o el frangollo, un postre que mezcla gofio, leche, huevo, canela, limón, pasas y almendras1.

Estos platos, cotidianos en los fogones de las abuelas, dan paso a otros más «universales» que traspasan fronteras y presentan el gofio en los hogares extranjeros como un alimento natural ideal para los desayunos en los meses fríos de invierno.

La Molineta ofrece diferentes tipos de gofio elaborados con distintos tipos de cereales y tuestes: unos enfocados para niños, con tres cereales; otro para jóvenes, que contiene siete cereales; y el tradicional que, en el caso de Tenerife, es el de trigo, y en el de Las Palmas el de maíz.

También hay gofio para diabéticos, que no contiene sal y está más tostado; para las personas que necesitan fibra en su dieta, a base de cebada; y la joya de la corona es el gofio elaborado con garbanzos, con una textura y un aroma exquisitos.

Estas innovaciones se suman a otras, que, aunque menos tienen que ver con seducir los paladares de los clientes, hacen por mejorar la sostenibilidad de la empresa, que intenta eliminar el plástico de los envases, prefiriendo el papel, y lleva a cabo un proyecto con la Universidad de La Laguna para desarrollar un horno tostador que funcione con energías limpias.

El I+D+i y la tradición se dan la mano en este molino de gofio, situado en el centro de La Laguna y donde cada día acuden madres buscando el mejor alimento para sus hijos, deportistas y, en general, personas preocupadas por una alimentación natural.

Así lo asegura el empresario, que cuando tomó las riendas del negocio se propuso dar a conocer el gofio, que también se vende en Estados Unidos, donde se toma en batido frío como la horchata.

«Nuestra filosofía no es vender», continúa José Luis, quien, entre bromas, indica que La Molineta es una microempresa «y no la Coca-Cola», cuyo sentido es crecer en consonancia con las ventas, que dice que han caído con la crisis económica.

Aunque en la calle se diga lo contrario por lo barato que es adquirir este producto, el empresario confiesa que la crisis económica afecta al negocio, que ha visto cómo muchas de las pequeñas ventas a las que surte cierran sus puertas.

Pese a ello, José Luis no pierde el ánimo ni las fuerzas para seguir adelante con su molino de gofio, donde empezó haciendo unas prácticas de verano y donde ahora pasa el mayor tiempo del día atendiendo a sus clientes, saboreando el gofio y pensado en la próxima innovación.

Fuente: La Vanguardia

(1) NotaCMP.

  • Sí, por siglos, el gofio fue parte primordial de la dieta del Canario, sobre todo del campesino.
  • Lo de dietético no significa que sirva para adelgazar.
  • En El Paso no se le dice escaldón sino potaje.
  • Y en la lista faltan, además del «gofio escaldado» (el mezclado y revuelto con el caldo del potaje), el «leche con gofio», que, al menos hasta mis tiempos allá (final de la década de los ’50s) fue nuestro desayuno diario, y que es una delicia si la leche que para él se usa es recién ordeñada.

[*Otros}– Agustín de Betancourt y Molina, el ‘Leonardo Da Vinci’ Canario

Aunque muchos no conozcamos en profundidad a Agustín de Betancourt y Molina —su nombre completo era Agustín José Pedro del Carmen Domingo de Candelaria de Betancourt y Molina—, y nunca haya tenido él su merecido reconocimiento, fue como un «Leonardo da Vinci» Canario, nacido en el Puerto de la Cruz (Tenerife), en 1758.

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(Agustín de Betancourt y Molina)

Fue tan prolífico y genial como el italiano —cada uno a su tiempo, obviamente—, pues entre sus inventos se cuenta,

  • Una máquina epicilíndrica de hilar seda.
  • La máquina de vapor de doble efecto, parecida a la de Watt pero de superior rendimiento.
  • Un horno de destilación de hulla,
  • El trípode para romper cañones,
  • Un molino de subir agua,
  • Una máquina para cortar hierba
  • Los andamios de elevación de las columnas del Pórtico de San Isaac, en San Petersburgo.

Creó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales, fue director General de Correos, Consejero de Hacienda, etc.

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(Estatua de Agustín de Betancourt y Molina, en el Puerto de la Cruz, Tenerife)

Como quiso dibujar bien para sus diseños, se presentó en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla. Allí no fue aprobado, sino que ¡le hicieron Miembro de Honor de la Academia!

Fue gran matemático, ingeniero hidráulico, de minas, de caminos y canales, y dominaba la mecánica.

Unió Madrid con Aranjuez mediante telegrafía eléctrica el año 1797, es decir 47 años antes de que Samuel F. B. Morse lograra enviar sus puntos y rayas por un cable. Lo hizo cuando aún le faltaban 5 años a Alejandro Volta para descubrir la pila de corriente eléctrica, es decir, cuando aún no existía la electricidad que hoy conocemos.

Utilizó impulsos electrostáticos de la descarga de unas botellas de Leyden (antiguos condensadores eléctricos), cargadas con una máquina de Whimshurt, adelantándose casi 200 años a su época.

Los impulsos iban en codificación binaria en octetos, o conjuntos de 8 bits (cómo las computadoras) mediante 8 cables. Pero se adelantó tanto a su época que la electricidad que pudo usar (estática) no era fiable, por lo que se dedicó a perfeccionar la telegrafía óptica tipo Chappé.

Y así, el ingeniero Canario del que hablamos, llamado Don Agustín de Betancourt y Molina, tuvo una idea genial: Utilizó una «T» que giraba por su centro de gravedad con un timón similar al de un barco, con 36 brazos, con lo que podía representar 10 números y 26 letras. Los operadores no necesitaban saber los códigos, porque las letras estaban anotadas en el timón que posicionaba la gran «T» exterior.

El sistema era mucho más sencillo, efectivo y rápido que el de Chappé, funcionó entre Madrid y Cádiz, Madrid y Bayona, Madrid y los Reales Sitios de Aranjuez, El Escorial y Segovia, e incluso el propio Napoleón dijo que quería que en Francia se instalara un telégrafo «como el de Cádiz».

El mismísimo Chappé no lo permitió, porque su propio telégrafo iría al rincón de los olvidos y él era Director General de los Telégrafos franceses.

Godoy, Príncipe de la Paz y afrancesado, denunció a Betancourt por su herejía de decir que también podía enviar la palabra por medio de un cable electrizado, lo cual sonaba a brujería, y Betancourt tuvo que salir a toda prisa de España, pidiendo asilo en la embajada rusa.

A finales de 1807 viajó a San Petersburgo invitado por el Zar Alejandro I de Rusia y permaneció allí durante seis meses. Tras regresar a París para presentar con Lanz el Ensayo, regresó a Rusia donde permaneció hasta su muerte al servicio de Alejandro I.

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Medalla, emitida en Rusia, para conmemorar los 250 años del nacimiento de Agustín de Betancourt

Llegó a ser mariscal del ejército ruso, quedó adscrito al Consejo Asesor del Departamento de Vías de Comunicación. Posteriormente fue nombrado Inspector del Instituto del Cuerpo de Ingenieros y, en 1819, Director del Departamento de Vías de Comunicación.

A lo largo de los 16 años de su estancia en Rusia alternó la dirección académica del Instituto de Ingenieros con numerosas obras públicas, como

A partir de 1822 comenzó a tener problemas con el Zar y fue sustituido en la dirección del Instituto, quedando relegado hasta su muerte, ocurrida en 1824.

En 2008 se emitió en Rusia un sello (imagen de la derecha) conmemorativo celebrando los 250 años de su nacimiento,

A su muerte, en 1824, comenzó a utilizarse un telégrafo óptico con transmisión binaria de 10 bits que permitía 1.024 signos diferentes.

Fuente: Museo Elder

Rescatado para este blog por Manuel Alberto Gutiérrez

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COMENTARIOS

Roberto
Gracias a los dos, Carlos y Don Manuel A. Gutiérrez, por recordar a este ilustre e insigne canario que no ha recibido todavía el homenaje que se merece.

Aquí, junto a mi casa, en el Instituto Cabrera Pinto, de La Laguna (Tenerife) sí que le hemos honrado con un pequeño acto.

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutierrez V..

Sí, amigo Manny, me dijiste eso, pero ocurre que yo no recordaba la existencia de ese ilustre Canario, y menos recordaba haber distribuido algo acerca de su obra. Por tanto, lo tuyo fue para mí un rescate. Gracias d enuevo.

Manuel A. Gutierrez V.
Estimado Carlos, debo recordarte que el rescate mencionado está dentro de un archivo de respaldo titulado “Correos especiales (para mí) enviados por CMP” . Este tiene fecha 07/04/2003. O sea, acaba de cumplir diez años, y es, además de educativo, maravilloso.

Gracias otra vez.

[*Otros}– El legado guanche de Tenerife

25 de marzo de 2013

Texto y fotos: Patricia Osuna I.

Más conocida por sus playas, bosques de laurisilva y ciudades coloniales, Tenerife conserva también un destacado legado aborigen.

Recorremos los barrancos, pueblos, cuevas y museos donde aún resuenan los ecos guanches siguiendo la trama de «Búscame donde nacen los dragos», última novela de la periodista Emma Lira.

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El drago milenario de Icod de los Vinos. | Fotografía: P. Osuna

Tenerife, la última isla del archipiélago canario en ser colonizada, es el escenario escogido por la periodista y trotamundos Emma Lira para situar la trama de su novela «Búscame donde nacen los dragos» (Plaza&Janés, 2013). Una historia de encuentros y desencuentros, pero, sobre todo, de aventuras, pasión por una civilización —la guanche— y descubrimientos que traspasan las barreras del tiempo y del espacio.

La lectura de la obra de Emma Lira nos inspira para visitar el norte de Tenerife con otros ojos, los de Marina —protagonista de la novela— y aproximarnos al legado guanche a través de sus barrancos, museos, cuevas,…

1. Icod de los Vinos

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Los dragos a los que hace referencia el título no se encuentran en Canarias —y hasta ahí podemos leer— pero sí que tienen un vínculo muy especial con el drago milenario de Icod de los Vinos.

Milenario pese a que no supera los 600 años de vida. Detalle baladí cuando uno lo contempla en toda su gloria: 17 metros de altura y 20 de diámetro en la base, con un aire a medio camino entre guardián y superviviente.

El drago era sagrado para los guanches, quienes lo veneraban y empleaban su savia y corteza para los embalsamamientos, además de elaborar pócimas medicinales.

2. Cueva del Viento

Los tubos volcánicos juegan un papel decisivo en la novela.

Emma Lira se inspiró para su trama en el complejo subterráneo Cueva del Viento-Sobrado, el mayor tubo volcánico de la Unión Europea, y el cuarto del mundo, sólo superado por otros tres en Hawaii.

Su origen se debe a las coladas del volcán Pico Viejo, junto al Teide. Una visita a su interior pertrechado con calzado adecuado, casco y frontal, permite contemplar las caprichosas formas de la lava.

En sus más de 17 kilómetros de extensión se encuentran tres niveles de pasadizos diferentes, aunque, de forma oficiosa, se cree que tiene hasta 18. Además de su gran importancia vulcanológica, tiene un gran interés biológico —en la cueva habitan varias especies endémicas— y paleontológico, pues se han encontrado restos no sólo de guanches, sino de Lacerta goliath y Canariomys bravoi, un lagarto y una rata gigante hoy extintos.

3. Museo de la Naturaleza y el Hombre

Buena parte de lo que se sabe de la cultura guanche guarda relación con los enterramientos, y este museo, antiguo Hospital Civil de Santa Cruz, reúne doce momias completas, del siglo III d.C., y más de 140 extremidades, troncos y cabezas.

El Museo de la Naturaleza y el Hombre es, además, un ejemplo destacado de la arquitectura neoclásica de las islas, y está a cinco minutos a pie del pintoresco Mercado de Nuestra Señora de África, del Espacio de las Artes TEA, y de la calle Antonio Domínguez Alfonso, más conocida como calle Noria, ideal para hacer un alto alrededor de unas cañas y unas tapas.

4. Teide

Teide

(Foto cortesía de Roberto González Rodríguez)

No podemos hablar de volcanes y pasar por alto El Volcán, con mayúsculas, de Tenerife, que es además el pico más alto de España (3.718 metros).

Los guanches ya lo consideraban un lugar de culto, y entregaban gran número de ofrendas al Teide para aplacar la ira del demonio Guayota, su morador.

Se han encontrado ánforas y vasijas en recovecos de la planicie más baja del volcán, que hoy se pueden contemplar en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz.

5. Tegueste

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Este municipio, al norte de Tenerife, fue hasta el siglo XV uno de los nueve menceyatos (divisiones territoriales y políticas bajo el liderazgo de un mencey) en que estaba organizado Tenerife.

Y es probablemente la zona arqueológica más importante de la isla, en la que se han hallado desde momias a paneles con grabados, cuevas sepulcrales y otras tantas de habitación.

Uno de los parajes a tener en cuenta es el barranco del Agua de Dios, donde se han contabilizado hasta 300 yacimientos, muchos de ellos alterados por el expolio o la reutilización histórica.

6. Barranco de Badajoz

También conocido como antiguo Barranco de Chamoco, este paraje supuso para los guanches un refugio en el este de Tenerife (actual municipio de Güímar).

Los manantiales les proveían de agua; la abundante vegetación, entre la que se contaban árboles frutales, de alimento; y su abrupta y escarpada geografía, sumada a la abundancia de cuevas, les ofrecía escondite y alojamiento.

Hasta bien entrado el siglo XVIII algunos guanches vivieron allí dedicándose principalmente al pastoreo.

7. Candelaria

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En el municipio de Candelaria, muy cerca de Santa Cruz, un conjunto de esculturas de bronce de gran tamaño representa la figura de los nueve últimos menceyes, la mayoría portando sus añepas (bastón de mando propio de los guanches).

Las esculturas se levantan de espaldas al mar, junto a la basílica de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de las Islas Canarias.

8. La Orotava

Además de atesorar uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos y mejor conservados del archipiélago, La Orotava se enmarca en un valle habitado en el pasado por los guanches. Era aquí donde encontraban fácilmente los alimentos y medios para su subsistencia.

Numerosos son los restos arqueológicos de la época guanche, como las cuevas sepulcrales de Roque Blanco, y Barranco de la Arena, los yacimientos arqueológicos de Playa del Bollullo, Tingayga o Montaña de los Pinos.

Fuente: El Mundo

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COMENTARIOS

Estela
En verdad cada lugar tiene su historia, y siempre de gran significación para los que la descubren para guardarla como gran tesoro. Del Teide guardo una piedra, entre otras, y se distingue por su color oscuro. Me la trajo una pariente que precisamente vive en La Orotava.