[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida. ¿Oklahoma City en Caracas? / Vicencio Díaz

21-11-10

Tratando de enlazar mi comentario anterior con la ciudad de Caracas —que en éste tema es la vedette ya que según el himno de Venezuela se está preparando para dar ejemplo a los hispanoparlantes después de que el supremo autor le enviara a este pueblo un sublime aliento—, me veo en la imperiosa necesidad de tratar de clarificar lo que significa el sublime aliento.

En griego, lengua en que se han escrito la mayoría de los libros antiguos que hoy se usan como referencia cultural, para hablar del AIRE, VIENTO, CORRIENTE, SOPLO, ALIENTO y todo aquello que, no siendo FUEGO o TIERRA o AGUA en alguna de sus manifestaciones, se desplace de un lugar a otro, se usa la palabra PNEUMA, de la que se generan palabras como neumático y otras parecidas.

Así, que cuando vamos por una autopista y nos conseguimos con un camión, el PNEUMA (viento) desplazado nos afecta.

Cuando hay luna llena o luna nueva, el PNEUMA (viento) lunar nos afecta al igual que a las plantas, los peces, las aguas y los selenitas.

Cuando el Sol se levanta en el horizonte, el PNEUMA (viento) solar nos afecta, al igual que a todos los animales. Cuando Marte se acerca a la Tierra, el PNEUMA (viento) marciano nos afecta,…

Y así, en la medida en que cada cuerpo extraño a la Tierra se mueve, nos afecta.

En el caso de el himno ya no es un cuerpo que se mueve sino el supremo autor que no se mueve y voluntariamente de su boca expulsa el PNEUMA, y por ello le llamamos aliento. Todos los pneumas generados por corrientes son KOINE, o sea, comunes, normales. El PNEUMA que viene de aquél que está en reposo no es KOINE, es raro, sublime, extraño, ajeno a la tierra, y santo, y en griego se escribe AGION.

En esos libros se encuentran dos tipos de PNEUMA: El PNEUMA KOINE, y el PNEUMA AGION.

Para un observador en la tierra, el Sol se desplaza durante un año entre los dos puntos máximos en que pareciera detenerse: son los solsticios. Y luego pareciera que se regresara hasta llegar al punto contrario en que pareciera detenerse.

La ciudad de Caracas está entre esos dos puntos, y cuando el Sol pasa por sobre Caracas, el viento solar cambia también su influencia sobre ella y sobre todos los puntos que están a igual latitud. Esto ocurre cerca del 19 de abril cuando el Sol va de sur a norte, y también se revierte el viento solar cuando, cerca del 28 de agosto, pasa de norte a sur.

NADA de lo aparentemente enciclopédico tiene relevancia, según lo aprendido por mí en manuales baratos y de bolsillo pero que me sirven para explicarme lo que pasa con Caracas y el 19 de abril. Nunca pasé de primer año de universidad, pues no entendí los números irracionales y sigo sin entenderlos.

clip_image002

Prestémosle atención a la fecha, al Sol, a Caracas y a Oklahoma City.

  • 19 de abril de 1810
  • 19 de abril de 1993. Luego de un largo asedio, tropas federales asaltan en Waco un reducto de la secta davidiana que lidera David Koresh, provocando 82 muertos.
  • El 19 de abril de 1995 a las 9:02 am, casi dos años después de haber sido atacado por primera vez el World Trade Center en Nueva York, los EE.UU. son conmovidos nuevamente por otro atentado, aunque esta vez de una magnitud insospechada. El Alfred P. Murrah Federal building, una dependencia federal en la ciudad de Oklahoma, es prácticamente demolido mediante una explosión provocada por un camión cargado con explosivos del tipo ANFO que instantes antes había sido estacionado frente a ese edificio. Como resultado de la explosión y derrumbe mueren 168 personas, entre ellas 19 niños (168 = 28 numero de hombre x 6).

Hasta aquí las noticias; ahora los comentarios.

El peor atentado en suelo estadounidense ha sido el de las Torres Gemelas, que fue profetizado por Benjamín Solari Parravicini en una de sus psicografias. Hasta esa fecha, sólo el atentado de Oklahoma City, con el derribo del Murray building, le precedía en magnitud.

Lo curioso es que este atentado del 19 de abril parece haber sido profetizado, pero ya no por hombres sino por un desperfecto, un virus, o qué sé yo, en un programa llamado MAP FACTS que corría bajo Windows 3.1 allá por el año 1992.

Era un programa al estilo de live search, o el atlas de Encarta, con una cosa curiosa: tenía varios ‘errores’ muy interesantes que señalaban la parte norte de Venezuela con eventos que serían posteriormente manifiestos. El más significativo era que, cuando se hacía un zooming al llegar a los límites de la ejecución del proceso, a cinco millas náuticas y al SW de La Guaira aparecía el nombre Oklahoma City como un tesoro escondido.

En esta zona existe bajo la corteza terrestre una falla tectónica activa cuyo desplazamiento lateral se incrementó drásticamente en los primeros días del año 2006, lo cual provocó la caída de un viaducto en el área el día 19 de marzo, equinoccio primaveral para la Tierra.

Si vemos la línea que une estos dos lugares, Oklahoma City en Estados Unidos y Oklahoma City cerca de Caracas, notamos que es prácticamente perpendicular al ecuador galáctico, también conocido como ‘Camino de Santiago’, camino que también siguió el apóstol Pablo, según él mismo nos lo cuenta en sus escritos, después de haber salido de Jerusalén.

Vicencio Díaz

[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida. ¿Un cometa sobre Caracas? / Vicencio Díaz

02-11-10

Vicenzio

Caracas pareciera destinada a ser algo ejemplar para los tiempos venideros y, por supuesto, cuando nos referimos a Caracas lo hacemos refiriéndonos a sus habitantes, pasantes y durmientes.

Los que de alguna manera se han orinado en sus aguas, han respirado su aire, han visto el Ávila, han derramado sobre su suelo alguna lágrima, gota de sangre o de sudor, o han comulgado con sus parejas dándole hijos a esta tierra o siendo parte de la misma.

No en vano escribió alguien que los hijos de esta tierra son arrullados con el Himno Nacional, así como el que hace de ésta su casa también lo es; una canción única en su género y estilo hecha para los que gustan de caminar en libertad, que hacen camino al andar y que no vuelven la mirada atrás a no ser para reparar algo, cancelar una deuda, cerrar una época o tirar el birrete al aire, pues ya hemos llegado al final de “El Camino”, lugar de nuestro destino.

Caracas pareciera tener una fecha emblemática de por sí, vinculada con el Universo en expansión que ahora, agotado de su larga trayectoria, ha decidido entrar en reposo, como lo ha reportado la NASA cuando hace público el fenómeno del 23 de enero de 1999 llamado GRB990123 que confirma lo dicho en la segunda estrofa del Himno Nacional de los que en Venezuela conviven.

Cometa sobre Caracas

A esa fecha hago referencia, pues no sólo lleva su nombre una de las barriadas más populosas de Caracas, sino que en esa fecha han ocurrido eventos que han marcado la historia de la ciudad.

También en esa fecha se declara a Jerusalén como ciudad capital del nuevo pueblo de Israel después de la dispersión en los tiempos de Nabucodonosor en Babilonia, región cercana a Bagdad, capital que es de Irak, pueblo que acaba de cambiar su milenaria forma de gobierno.

Pero también en esa fecha, y dos años antes de que abrieran las ventanas del cielo, se reportó en Caracas lo que para mí pudiese ser la visitación de un cometa, según lo reporta el diario El Nacional el 23 de enero de 1997, noticia de la cual extraigo algunos párrafos, pues el reporte ocupó toda una página.

(Publicidad ON)

En sólo doce horas estableceremos contacto visual con un nuevo mundo que se acerca de manera inminente al nuestro. Esta increíble afirmación fue difundida durante las primeras horas del día de hoy, 23 de enero de 1997, por un grupo de reconocidos científicos……

Según pudimos saber, el conocimiento de la ruta de este «Mundo Azul» —tal y como ha sido denominado— ya había sido calculado y establecido desde hace más de 65 días cuando el mismo fue detectado por el telescopio orbital……, pero sólo hasta hoy se ha decidido hacer público el definitivo contacto, prodigio del cual millones de seres humanos serán testigos.

El Dr………. advierte y aclara que, si bien es cierto que el shock causado por el encuentro de las dos gravedades planetarias ocasionará estallidos estratosféricos a poco más de 3 kilómetros sobre la superficie terrestre, los mismos no traerán consecuencias ya que el nuevo «Mundo Azul» se acercará al nuestro a una velocidad inicial de 14.358,47 Km/seg que luego irá reduciéndose, por efecto del viento solar y del magnetismo contrario del eje terrestre, hasta los 0.012 Km/seg., lo que virtualmente lo convertirá en un satélite natural que orbitará la Tierra a una distancia promedio de 18.3 Km durante un período de tiempo no determinado …………..

Casi como si hubiésemos sido escogidos por una fuerza desconocida para ser testigos del titánico contacto, el punto de óptima visibilidad del fenómeno estará situado aproximadamente en las coordenadas 11° Latitud Norte, – 67 Longitud Oeste; es decir, justo sobre el cielo caraqueño. Cientos de científicos de todo el mundo ya han arribado a nuestro país con el propósito de presenciar algo nunca visto, y, como si no les fuera suficiente estar en la ciudad del encuentro, todos han abarrotado las alturas del Ávila para conseguir la mejor vista posible del increíble e inesperado fenómeno.

Se estima que los estallidos causados por el primer contacto entre las gravedades de la Tierra y “El mundo Azul” se harán visibles cerca de las 10:03 pm de esta misma noche. Pero sólo hasta mañana podrá ser observado “entre nosotros”.

No podemos afirmar, aunque es lo más seguro, que el “espectáculo” del “Mundo Azul” supere al ofrecido por eclipses, estrellas fugases, o el mismísimo cometa Halley. Sólo podemos pedir a todos los caraqueños que no abandonen sus hogares, que no se dejen dominar por especulaciones de última hora, o por el temor a lo desconocido, y que miren al cielo esta noche a las 10:03 pm para que sean testigos del contacto.

Preparen sus cámaras fotográficas y de vídeo para recibir al nuevo “Mundo Azul”.

(Publicidad OFF)

El 23 de enero de 1997, dos años exactamente antes del GRB990123, el primer día de la semana —como decían los adoradores del templo, el día del señor— a la hora en que se anunció la presencia del “Mundo Azul” estaba pasando por sobre Caracas el aventador de Orión, o sea, la parte correspondiente del ecuador galáctico.

Luego, al conversar sobre el tema, me enteré de que era la publicidad de un cigarrillo, un espectáculo con láser desde el aeropuerto de La Carlota.

Hoy, después de todas las cosas que le han sobrevenido a la Tierra en los años siguientes, y en particular su vinculación con la fecha, no sabría qué decir sobre este fenómeno, ya que todo me hace pensar que no es algo místico, sino que, como las mal llamadas profecías mayas, son algo que tiene explicación, fruto del razonamiento, del mismo que me llevó a decir en un curso de System Environment en los salones de IBM, que no se extrañaran de ver en muy pocos años una computadora del tamaño de “una caja de zapatos” con la capacidad de hardware y software que tenía la 2040 del IPASME. Creo que ése fue el chiste del día y un galón más para mí.

¿Un cometa sobre Caracas?

Posible. De hecho, pudiera ser visto en un radio que abarque hasta la ciudad de Maracaibo.

Razones: Las hay y se pueden comentar.

[Col}– Curriculum de una Vida / Juan Fermín Dorta

JFDorta-197X

25-09-10

Abicaram Barrameda, Pablo; Alsó Pérez, José; Alsó Pérez, Luis; Cabrera Pérez, Antonio; Curbelo Fuentes, Antonio; Delnero Viera, Guillermo; Dorta Hernández, Juan Fermín;…".

Y así seguía la letanía que, por siete años —dos de primaria y los cinco primeros de bachillerato—, iniciaba mis días en el Colegio Corazón de María, en Las Palmas de Gran Canaria.

Pero un día de julio de 1950 le dan a mi padre el traslado, como jefe de telefonía automática, a Santa Cruz de Tenerife. Mi madre —siempre las madres de Freud en el fondo del escenario— decide no permitirme ni siquiera que me despida de mis amigos.

Adiós paseítos domingueros en la calle Triana, juegos de frontón en el patio del colegio, idas a la playa de Las Alcaravaneras,… Adiós a tantas cosas a las que hice mi vida diaria, como Rita, mi noviecita a los 13. Adiós Las Palmas que me vio nacer. Ya no era ir a mi también amada Tenerife todos los veranos, primero en los "correíllos" y después, cuando llegaron los Junkers, en avión. Ahora iba a mi destierro, a hacer nuevos amigos en el Colegio San Ildefonso.

Mi rebeldía contra el "¡No hagas esto!", "Ni aquello", "No veas a la gente a la cara". De visita, ni un vaso de agua, ¡qué decir de los rosquetes que nos ofrecían en las visitas!

¿Deporte? Caminar las románticas calles, las ramblas y el muelle para, acodado en el muro, ver enfrente, en el horizonte, cómo al atardecer encendía sus luces Las Palmas, en mi imaginación el más hermoso portaaviones nunca visto.

Mi  rebeldía pudo haberme llevado a mil rutas nada buenas, pero me dio por la gimnasia de Charles Atlas y el dibujo en el Instituto de Bellas Artes, en la recoleta plaza de Ireneo González. Por cierto, dibujaba de yesos porque era muy pequeño para dibujar directo, al desnudo, de unas jamonas que veía salir en la noche.

¡Y qué noches las de Santa Cruz! Oliendo a jazmines de Gran Duque y madreselvas en el camino de vuelta a casa.
Una cervecita en el Jandilla, donde me tenían prohibida la entrada porque algunas mujeres "malas" iban por allí de noche.

Los paseos en la Plaza de Candelaria, donde conocí a Conchi Fernández de Misa. ¡Cuántas plazas, arriba y abajo, abajo y arriba, recorrimos ella mas una media docena de amigas y yo pegado en una punta!

—Papá, inscríbeme en la Orquesta de Cámara.

Y, sin preguntarme, ahí estuvo la inscripción.

Y mi madre;

—Mira, ¿eso es para ir al concierto dominical? ¿Con quién vas a ir? ¡Mucho ojo!

Y cuando se enteró de lo de Conchi, a investigar quién era.

—Mira —me dijo un día—, la vi y no tiene nada del otro mundo.

—Pues mira —contesté—, que es campeona de natación y es muy bonita.

No sé cómo, pero terminé el bachillerato, al que, por cierto, no le dedicaba sino lo que oía en las clases. ¡Es que mi agenda era tan "compleja"! Leer Blasco Ibáñez y Pérez Galdós de la biblioteca de papá, y verlo inmerso en su colección de sellos.

Un día de 1952, almorzando, dice mi padre algo de una empresa inglesa, concesionaria de los teléfonos en Venezuela, que solicitaba técnicos españoles, y empieza mi cantaleta: "Papá, vete y me mandas a buscar", "Papá,….".

Y en febrero de 1953 desembarco en La Guaira. ¡Qué luz, qué colores, qué trópico que me calaba hasta los huesos!

A trabajar en Nestlé, a cambiarse a NCR, y todo haciendo equivalencias de noche para terminar Económicas en la UCV.

El matrimonio, ¡maldita sea! ¡Qué noche de bodas y qué luna de miel tan amargas! Pero, bueno, cuando te enamoras como un becerro, a calársela.

IBM. Cursos, premios, viajes. México, Argentina, Brasil, EEUU, Francia, Inglaterra, Suecia. ¡Er mundo por bandera! IBM de mis sueños, gracias por todo. Me diste más de lo que yo te di: la mejor época profesional de mi vida!

De noche, profesor de Informática en dos universidades. Honores, cinco padrinazgos.

Y la bella y hermosa Melania que aparece en mi vida dándole un renacer glorioso.

Y el asesinato de Juan Fermín. Caer de rodillas al saber la noticia, y quedar mudo por días. No lloré por dos meses, pero cuando empecé, no paré en otros dos meses.

Pero un día me dormí y, al despertar ¡ME HABÍAN CAMBIADO EL PAÍS!.  Un país en el que todos éramos felices pero no lo sabíamos.

Y aquí me tienes, añorando lo que una vida fue mi dulce destierro, sufriendo por el puñetero Real Madrid, y del brazo de mi amada Melania.

Juan Fermín Dorta

[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida. Introducción / Vicencio Díaz

Introducción

Vicenzio

Cristóbal Colón en su tercer viaje llega a un lugar, sin tener idea de donde estaba, pero que guiado por el viento de verano y siguiendo “El Camino de Santiago”, constreñida su alma expresa en una carta a los Reyes Católicos lo siguiente (y cito):

«Y digo que si este río no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita, del Continente Austral, del cual hasta ahora no se ha tenido noticia; mas yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal.

Y ahora, hasta tanto sepan las noticias de las nuevas tierras que he descubierto, en las cuales tengo asentado en mi ánima que está el Paraíso Terrenal, irá el Adelantado con tres navíos bien aviados para ello a ver más adelante, y descubrirá todo lo que pudiere hacia aquellas partes».

No sabía el navegante que estaba en lo cierto, pues estaba sobre las aguas del Xaribe, y los hombres que había visto eran xaribes. Si hubiese avanzado un poco en la dirección indicada por los nativos, tal vez se habría encontrado en la tierra que ocupaban los XARAXAS.

Sólo dios sabe por qué razón llamó Tierra de Gracia a estas tierras xaribeñas, pero seguro estoy de que sí sabía lo que quiere decir XARA en griego, la lengua en que fueron escritos los libros de los “Seguidores del Camino” hacia la tierra prometida, la tierra de gozo, allá PLUS ULTRA las columnas de Hércules, la Galilea de los gentiles.

Xara en griego quiere decir alegría, placer, gozo, y Xaris significa gracia, encanto, atractivo y otras similares, siendo el radical de esas dos palabras algo común XAR que viene de XAIRW verbo que significa gozarse, alegrarse, regocijarse, etc.

Pasó un poco de tiempo y estas tierras de gracia se fueron llenando de europeos descendientes de godos de todo origen, descendientes de griegos, asiáticos pero, sobre todo, de árabes. Y se hicieron una sola carne con los descendientes de los XARibes y dieron a luz a una nueva etnia: una nación fuerte, atractiva, llena de gracia y gozona.

Pero nos faltaba algo: la música, el ritmo. Y, gracias a dios, casi obligados vienen los hijos de África y ayudan a armar este crisol que somos ahora. Pero no estaba bien hecho el trabajo que dios quería, y de nuevo el viento, esta vez soplando desde Elorza, arrastra al taita Boves y lo empuja. ¿Hacia dónde? Pa´Xaracas, y se llevan por delante a todos los varones y, como en tiempos de los etruscos y las sabinas, terminan aquella obra de armar una nueva etnia para esta tierra de gracia.

Aún el tiempo no estaba cumplido y faltaban cosas por hacer, y Xaracas fue directamente visitada, para que fuera consumada la obra.

De eso tratan mis comentarios, las cosas que han ocurrido para que nosotros hagamos lo que hay que hacer: las Leónidas del 18 de noviembre de 1998, el GRB990123 el 23 de enero de 1999, lo de Vargas a final de ese año, el asteroide Hermes en 2003, el cometa 73P en 2006, el reciente cometa 103P, algunas otras evidencias,… y todo ello bajo la agenda del Himno Nacional o, mejor, canción para los americanos.

XARAXAS, como suena, se escribe Caracas, pero sigue sonando como suena, por tanto, no me importa llamar a esta ciudad como fue bautizada: Caracas. Pero debo de recordarles algo: esta tierra fue correctamente bautizada con el nombre de Santiago, según consta en los registros, pero no cualquier ciudad de Santiago sino Santiago de León de Caracas, haciendo alusión a la región habitada por aquellos nativos.

Curiosamente, hace 5 años la iglesia de la Anunciación del Señor —pues así se llama la iglesia situada en La Boyera— fue asociada por la Cofradía de Santiago de Compostela a El Camino de Santiago, cosa ya hecha por Cristóbal Colón, aunque él no lo supiese.

Particular atención merecen los iconos interiores de la iglesia como la XI RO, una cruz gamada que se asume fue el símbolo que vio Constantino, símbolo que yo relaciono con el Santo Grial, la cruz de Santiago pero al final del camino.

clip_image002

La iglesia de La Boyera, está a una distancia perfecta de donde han ocurrido algunos de esos fenómenos mencionados anteriormente, y, a su vez, con el templo de Jerusalén en los días de Jesús, lo que nos permite comprender que esta iglesia no sólo es el final del camino sino la puerta del templo nuevo, donde ya ocurrió aquello para lo cual el templo fue edificado.

Vicencio Díaz

[Col}– Quiroprácticos. Experiencia personal / Leonardo Masina

15-09-10

Caricat.Leo

Dicen que uno no ve las cosas hasta que le tocan muy de cerca.

Hace unos 31 años, cuando aún vivía yo en Caracas, justo antes de salir de viaje para Atlanta a un curso —viaje al que iba a llevarme a mi mujer, en estado de 4 meses, y a mis dos hijas de 2 años—, mi mujer quedó tan tocada de la columna que no podía ni moverse.

De inmediato el médico desaconsejó el viaje por cuanto se trataba de una luxación con pinzamiento en la columna en la zona lumbar y, posiblemente, habría hasta que operarla.

Ya resignado a ir solo ­­­­y más bien viendo la posibilidad de anular el ir a ese curso, pero en realidad preocupado por el estado en que estaba mi esposa que prácticamente no podía moverse, mi padre habló con un conocido suyo que era quiropráctico, un holandés que se llamaba Van der Hoven (o Hoeven) muy grande y con unas manos grandísimas.

Por la amistad con mi padre, el holandés atendió a mi esposa de inmediato. No tardó ni 15 minutos en la primera sesión, y mi esposa ya salió caminando y casi sin dolor. La volvió a atender al día siguiente por otros 15 minutos, y a los tres días otra vez, y le dijo que podía viajar tranquilamente y que, una vez que hubiese parido, sería bueno que volviese a una revisión.

Mi mujer quedó perfectamente, tanto fue así que ya nunca volvió a visitar al quiropráctico.

Hace unos 20 años, estando ya todos en Valencia (España), volvió a resentirse de la columna, y, estando mis hijas en el Colegio Americano, le pregunté al director si conocía algún quiropráctico aquí en Valencia. Como todo buen useño, en efecto, sí conocía a uno que nos recomendó.

A partir de esa fecha, mi mujer empezó a ir periódicamente, y ahora, aunque el quiropráctico no es el mismo, sigue yendo un par de veces al año y se encuentra de maravilla.

El lector se preguntará a qué viene todo esto. Aquí va la explicación.

Hace casi 9 años, a raíz de la muerte de mi hermano, me había ido a Italia a buscar a mi madre, ya que no me quedaba más familia y prefería que ella viniese a pasar el invierno aquí en Valencia. Justo el día antes de viajar para Valencia estaba yo esperando que una mujer aparcase, y, mientras ella hacía la maniobra, me distraje mirando una puerta medieval. La mujer, en lugar de poner la primera puso retroceso y aceleró, y con el parachoques trasero de su carro dio un fuertísimo golpe contra el frontal del mío, tomándome completamente desprevenido.

Al carro de ella se le encajó el maletero, y al mío sólo se le deformó el parachoques.

La mujer salió hecha una fiera, acusándome de haberle dado por detrás. Menos mal que su torpeza fue “admirada” por otros y me salvé.

Al día siguiente había una niebla de las que se cortan con cuchillo, y un viaje que tenía que durar unas 5 horas, terminó durando 17, con trasbordos de aviones y aeropuertos, cargado de bolsos como un burro, que es lo que uno es en realidad.

Cuando me levanté a la mañana siguiente, ya en casa, me dolían el brazo y la pierna izquierda. La cosa fue tan en aumento que el dolor se volvió insoportable hasta que me tuvo que ver un neurocirujano. El diagnóstico, adjunto a continuación, fue tremendo:

cervicales leo

Por supuesto, atiborramiento de antiinflamatorios y calmantes para el dolor. Y, una vez aliviado, la solución era operarse. Pero siendo la parte más afectada las cervicales, y teniendo ellas una probabilidad de resultado no tan seguro o efectivo como podría ser el de las dorsales o lumbares, la salida era seguir tomando medicamentos hasta que el dolor llegase a ser insoportable o tuviese yo dificultades para moverme. Realmente, una muy triste solución.

Le pregunté al neurocirujano qué pensaba de los quiroprácticos y me contestó que en las dorsales y lumbares les había visto hacer milagros, pero que con las cervicales él no se atrevería.

Seguí casi un año alternando entre un poco mejor y un poco peor, dependiendo del tiempo, del día, del clima, de la humedad, de cómo había dormido, etc. Sólo podía sentarme en un sillón pero no en un sofá o butaca. Ya ni podía conducir el carro porque la pierna izquierda no siempre reaccionaba como yo quería, y así, hasta que un día, acompañando a mi señora a una consulta de mantenimiento al quiropráctico, le comenté mi estado. Él, por supuesto, ya lo sabía y me veía, pero por discreción nunca quiso entrometerse.

Mi preocupación eran sobre todo las cervicales, pero fue tanta la seguridad que el quiropráctico me transmitió que decidí ponerme en sus manos.

Inicialmente fueron 3 veces la semana, para pasar a 2, luego a una, después cada 2 semanas, para pasar a 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 meses, que es lo que llevo haciendo ya desde hace algunos años.

Prácticamente, pasada una semana de haber empezado con él dejé los medicamentos, pues me encontraba bien y no sentía molestias, y ya son años que no los estoy tomando pero sigo puntualmente mis citas de mantenimiento.

De vez en cuando, si hago burradas ­—tengo 4 nietos y a veces cargándolos me olvido de que no puedo estar haciendo esfuerzos y movimientos inútiles— noto que se me está recargando la espalda. Voy al quiropráctico y después de una sesión de 15 minutos salgo como nuevo y listo por otros 6 meses.

Mi intención es transmitir mi experiencia personal y decir que, al menos en este caso, los medicamentos no son la cura; son sólo paliativos que atenúan la inflamación y el dolor, pero el mal sigue estando ahí.

Mi solución definitiva podría ser operarme, pero hasta que yo pueda mantenerme con un par de sesiones al año, creo que el quirófano va a tener que esperar por mí.

P.D. para lectores españoles

En España han proliferado los llamados “quiromasajistas”, personas que hacen un cursillo de tres meses y, supuestamente, ya están listas para la práctica.

Sin embargo, el quiropráctico al que voy es doctor en Medicina, con especialidad en traumatologías, y quiropráctico, disciplina que estudió por 6 años para poder llegar a lo que es. Cobra 35 € por sesión de 15 minutos, pero un quiromasajista está cobrando 30 € por 5 a 10 minutos.

No entiendo cómo pueden consentir esto, que para mí es estafa, ya que una mala manipulación puede hacer daño e incluso grave.

***

Carlos M. Padrón

Y dicen que "Cada quien cuenta de la feria según le fue en ella", y a mí no me fue nada bien con el quiropráctico holandés que curó a la mujer de Leonardo.

Tenía yo 34 años y se me presentó un tremendo dolor de espalda. Después de ir a varios médicos que no me solucionaron el problema, varios conocidos me recomendaron que fuera al holandés. Fui, me ordenó que me desvistiera quedándome sólo en interiores (calzoncillos), que me echara boca abajo en una camilla, y comenzó a masajearme la columna.

Cuando por fin me dijo que bajara de la camilla, a punto estuve de caer al suelo por el dolor que me dio en la espalda. Entonces el tipo, con cara de frustración, me dijo que, una vez al día llenara de agua caliente una bañera, le echara sal de higueras y me metiera en la bañera hasta que el agua se enfriara.

Escéptico, y aún bajo los efectos del dolor de espalda que apenas me dejaba caminar, miré al holandés y le dije:

—¿Y usted cree que algo físico, como es la causa de mi dolor, se va a curar con esos baños?

El tipo, que ya estaba molesto porque sus masajes habían empeorada mi dolor en vez de aliviarlo, montó en cólera, enrojeció, abrió y alzó sus brazos crispando aquellas enormes manos, y a gritos me pidió que me fuera porque que él no trataba a quien no creyera en las bondades de sus consejos.

Ese día entendí cuán indefenso se siente un hombre en calzoncillos.

Como poco después tuve que viajar a Florida, en Miami me vio un quiropráctico que me hizo una radiografía de columna que mine más de un metro de largo pero que renunció a mi caso porque, al igual que con el holandés, después de sus masajes quedé peor que antes.

De vuelta en Caracas fui a otro quiropráctico, quien, después de cinco sesiones diarias, de lunes a viernes, me dijo que no volviera más porque él no entendía por qué cada día me ponía las vértebras en su lugar y al día siguiente estaban salidas de nuevo.

Por fin, un tal Dr. Abadía (¿o Abadí?), de la Clínica La Floresta (Caracas), dio con la causa de mi dolor de espalda: tengo sacralizada la cuarta vértebra lumbar; algo de nacimiento. Mientras fui joven y tuve buenos músculos, éstos la mantuvieron en su lugar, pero en cuanto los músculos se debilitaron, cualquier movimiento inadecuado me causaría dolor de espalda.

Me explicó qué movimientos debería yo evitar a toda costa, y me dio una guía de ejercicios que debería yo hacer cuando me diera de nuevo ese dolor. Debía probar con todos y quedarme con los que dieran resultado.

Así lo hice. Mantengo la guía en mi mesa de noche y la llevo cuando viajo, y la prevención y esa guía han sido mi remedio contra algo que es fulminante, pues una de las veces que me dio fue por levantar dos galones de pintura, que estaban sobre el mostrador de una ferretería, uno con cada mano, y no haberme parado totalmente de frente al mostrador y con ambos pies apoyados en el suelo, sino que levanté los galones teniendo mi cuerpo ladeado y un pie en el aire.

El resultado de esa imprudencia me hizo recordar aquel programa de TV —creo que se llamaba "La muñequita viviente" o algo así— en el que si a la protagonista se le sacaba una especie de tapón, se desplomaba inerme. Igual me ocurrió a mí ese día.

[Col}– Gazapo del día: Bebés prematuros para enfermeras, etc. / Juan Fermín Dorta

Escrito en El Universal (Venezuela) en su edición del 05-Julio-2010

Taller en cuidados a bebés prematuros para enfermeras.- Pfizer Nutrition invitó a la británica especialista en salud pública Janine McKnight para dictar a 600 enfermeras, conferencias sobre cuidados a prematuros. Se realizarán entre el 6 y el 8 de julio en Caracas, Valencia y Maracaibo.

Aparte de la mala redacción que confunde al lector (¿qué pasa con eso de bebés prematuros para enfermeras? ¿es que se los van a quitar a sus padres para dárselos a enfermeras?), hay un tremendo error de fondo, pues CONFERENCIA es una presentación informativa, divulgativa, algo como un abrebocas, mientras que TALLER es un hands-on-training que permite usar la herramienta de que se trate.

Creo que lo debieron escribir es:

TALLER PARA ENFERMERAS ESPECIALISTAS EN CUIDADOS A BEBÉS PREMATUROS.

[Col}> La Cruz de Mayo, en Canarias y en Cuba

02-05-10

Estela Hernández Rodríguez

Una de las fiestas que los canarios y sus descendientes celebran en nuestros campos de Cuba es la llamada Enramada de la Cruz, o fiesta de La Cruz de Mayo, que tiene lugar cada 3 de mayo.

Sobre esta tradición me han contado muchas de esas personas, y todas coinciden en la forma de festejar este día.

Unas cuentan que tanto en Canarias como aquí en Cuba se acostumbra hacer la enramada en el techo y mantenerla por tres o cuatro días. Herminio Barrera y Eulalia Hernández, oriundos de La Gomera y Tenerife respectivamente, me contaron que allá en su tierra esto era muy bonito porque se hacían fiestas y bailes, y se reunían las familias y vecinos de la localidad.

Los que asistían a esos festejos depositaban una prenda en la cruz, que así quedaba adornada como corona de reyes.

Desde tiempo atrás, en Cuba los altares se hacían dentro de las casas de tabla y guano de los emigrantes canarios, y para ello se utilizaba la sala de la vivienda, por ser la habitación más grande.

La fiesta de La Cruz de Mayo es de carácter popular. Comienza con el saludo al altar, cantándose una salve y otras canciones. Cada familia adorna su altar con velas, frutas, cerámicas y joyas de gran valor económico y sentimental, inclusive objetos del patrimonio familiar. Todo esto en prueba de devoción.

Isleños que residen en Cuba cuentan que todos participan en la Enramada de la Cruz, y, si no en su propia casa, en la de otro amigo canario, pero ese día no se pasa por alto.

No en pocos lugares del campo donde en Cuba viven canarios o sus descendientes, aún se festeja la fecha. Se realizan, además, las en Canarias llamadas “sortijas” que son carreras de caballos en las que los jinetes tratan de ensartar, en plena carrera, cualquiera de las argollas (de ahí lo de “sortijas”) que penden de unas cintas pegadas a una tabla colgada a una altura que sea superior a la de la cabeza de los jinetes. Es una competencia bien individual o bien entre dos equipos, el rojo y el azul.

Hacer la Enramada de la Cruz es para los canarios como un compromiso, pues les da esperanza de una buena cosecha, entre otros beneficios.

Una muestra preciosa de la Enramada de la Cruz se encuentra adornando una de las vitrinas de la Casa Canaria de Cabaiguán, donde, además, se guarda en forma de museo una rica historia y literatura que trata sobre esas islas atlánticas.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana, Cuba.

[Col}– La niña de la guerra / Estela Hernández Rodríguez

07-03-2010

Ante la necesidad de encontrar un futuro mejor, la emigración ha obligado a muchos a dejar su terruño, y a otros les ha impuesto la necesidad de huir para preservar a su familia de los horrores de una guerra.

Muchos años han pasado por Isabel, esta mujer que relata su vida; un relato que se convierte en una bella pero triste historia. En la vida de Isabel muy pocas veces existieron momentos de alegría, pero sí la añoranza de sus islas, de su familia.

Quizás si en lo ecónomo le hubiera ido bien a sus padres, y sin un conflicto armado, principal motivo de la separación de los suyos y de las sus islas, nunca le hubiera tocado abandonarlos.

Pero no había otra solución. La emigración era la única forma que tenía su familia para salvar la vida, con la esperanza de volver a reunirse algún día. Por eso viajaron a Cuba, donde les dieron asilo, y desde entonces se asentaron aquí, dieron lo mejor de sí en el trabajo, y rehicieron sus vidas, siguiendo sus costumbres y tradiciones que trasladaron a nuevas generaciones.

Es muy significativo escribir estas historias, y que no se queden dentro de los corazones de estos emigrantes, para que se conozca cómo les fue la vida y cuánto se sufre cuando uno deja su tierra querida. Es por eso que Isabel, que de niña sufrió estas experiencias, ahora, de mujer, las cuenta.

Estela Hernández Rodríguez

***

La niña de la guerra

Isabel de la Caridad Cruz Moya es una descendiente canaria a quien llaman Cachita, apodo que le fue puesto por su mamá, de nacionalidad cubana, y por su familia. Y esto por devoción a la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba, llamada así por sus pobladores.

Isabel, nativa de Santa Cruz de Tenerife, vino a nuestra isla de Cuba a la edad de cinco años. Los motivos, fueron muy tristes: La Guerra Civil Española. Con lágrimas en los ojos me contó la historia de cómo una familia unida y querida se separó por los horrores de la guerra.

 

Relataba Cachita que con su madre, Josefa de la Caridad Moya Gómez, y sus hermanos, salió del puerto de Santa Cruz de Tenerife el 28 de abril de 1938. Venían como repatriados, y su padre, Manuel Cruz López, tuvo que quedarse en Canarias. Él ya había venido primero a Cuba en 1915, y el 12 de enero del 1920 se había casado con la mamá de Cachita, una cubana, y ambos se fueron a vivir a Canarias con tres hijos nacidos en Cuba: Olivia, Aurora y Manuel, pues en el año 1931 estaban muy mal los tiempos en Cuba. Ya de vuelta a Canarias nació su última hija, Isabel (Cachita).

Manuel, el padre de Cachita, era ciudadano español, y en 1938, en plena Guerra Civil Española, no pudo regresar a Cuba con sus hijos y esposa, pero ellos sí pudieron porque, para poder emigrar, se acogieron a la ciudadanía cubana de su madre. Para ello, en la entrevista que les hicieron sólo tuvieron que demostrar que eran cubanos y decir que querían volver a Cuba.

Ellos —decía Isabel— vivían a una cuadra del puerto de Santa Cruz de Tenerife. y venían a Cuba como repatriados; ésa era la única forma que tenían de salvarse de la angustia del conflicto armado.

Explicaba su mamá que, de no haberlo hecho así, se hubieran llevado a sus hermanos para el frente, pues también una de sus hermanas era enfermera. De Tenerife salieron para Lisboa, y de ahí, en el vapor Iberia, para Cuba. En ese vapor venían muchos repatriados de distintos lugares.

Cuando Isabel contaba sobre su niñez y sobre su abuela, de sus ojos caían lágrimas como cae agua de un manantial, sólo que el manantial lleva al paisaje la frescura de la naturaleza, y las lágrimas de Isabel llevaban el recuerdo inolvidable de una tierra a la que no quería dejar, de su querida abuela Aurora López López, y de su abuelo Felipe Cruz Padilla.

De su abuela me contó que tenía en Tenerife un bodegón, camino de Los Campitos, al final de la Rambla. Por ese bodegón, decía, pasaba todos los caminante y tomaban vino mientras comían rosquillas y pelotos de gofio que, por cierto, hacía Cachita muy bien.

A mi abuela le decían Seña Aurora, y la querían mucho, pues era muy buena y humana”.

Cachita relataba cómo era todo en el negocio de su abuela, pues a pesar de que en aquel entonces era una niña de 5 años, nunca se le olvidó eso: “Era un salón grande, con mesas y taburetes. Todas las mesas tenían jarras de vino”, decía, y entonces, por única vez, se rió, pues recordó que su abuela, Seña Aurora, les daba a tomar, a ella y a su mamá, vino con agua para abrirles el apetito, pues decía que estaban muy delgadas las dos.

De su papá recuerda que tenía en la sala de su propia casa —sita en Tigre, número 2, actualmente calle Villalba Hervás— una tintorería llamada La Americana, y que desde la ventana de su casa se veía el muelle.

Con su padre y sus hermanos salían a pasear a la playa, y cuenta que él los enseñó a todos a nadar. También habló de su hermano, Manuel, y dijo que había sido explorador. Manuel es el único que aún vive. Enfermo y con 81 años, habita a seis cuadras de la casa de Isabel, en Cuba.

Recuerda además la iglesia de San Francisco de Asís, donde la bautizaron, que estaba frente a la plaza del mismo nombre y en la calle Villalba Hervás

El regreso a Cuba lo tramitó la familia cubana, sus abuelos Arturo Moya y Eloísa Gómez. que venían en un auto de la embajada cubana para que evitar problemas, pues la situación de la guerra era muy difícil, muy peligrosa.

Con la guerra, su padre perdió todo en Tenerife —o sea, su tintorería— y se puso a trabajar como carpintero a el asilo de ancianos Los Desamparados, ubicado en el puente Zurita, donde murió.

Decía Isabel: “Lo que supimos de él desde que perdió todo fue por una amiga de mamá que le escribía a ella, y por unas monjitas del asilo que también lo hacían y que contaron lo de su muerte, en el asilo Los Desamparados, el año 1972, a los 80 años de edad y sin ningún familiar a su lado. Dos años después murió mi madre, Josefa de la Caridad. Ella, desde que salió de Tenerife le escribía a mi papá y le enviaba nuestras fotos. Él quería reunirse con nosotros, pero económicamente no podía. Nunca tuvimos noticias de mis otros familiares, de mi tía Olivia Cruz López, de sus hijos Juan y José Ojeda, de otro al que le decían Mayoyo, y de Perucho Ojeda”.

De su visita a Tenerife

Cachita pudo visitar su terruño, lo cual fue emocionante para ella, gracias a un proyecto llamado Los Chicharros, dirigido a emigrantes canarios para que pudieran visitar a sus familiares en esas Islas y en el que intervino un funcionario de Iberia de nombre Ramón Álvarez.

Cuando Isabel llegó a Tenerife y le dijo al grupo organizador de esa visita que ella había vivido de niña allí y que su casa estaba en la calle Tigre número 2, ahora Villalba Hervás, Ramón Álvarez comentó: “¡Mira que el mundo cabe todo en un pañuelo! Es increíble, pero precisamente ahí es donde están las oficinas de Iberia, donde yo trabajo como representante. Cuando por el programa visitemos ese lugar, te voy a dejar sola y me vas a decir dónde está el puerto y la calle donde vivías”. E Isabel estuvo de acuerdo.

Antes, y precisamente el día de su cumpleaños, visitó la iglesia de la Candelaria, por lo que el recibimiento fue más emocionante. Y las atenciones, muchas, como las recibieron por igual todos los que estaban con ella.

La llegada a Tenerife

En Tenerife se bajaron en Plaza España. Eran 26 los de la delegación que viajaba a esa isla. Y dice Isabel. “Cual fue mi sorpresa que ya no era todo igual. La calle era un boulevard, con mesas, sillas, y sombrillas”. Y, efectivamente, ella misma fue comprobando mientras caminaba cómo todo había cambiado, y cómo, en la misma dirección donde una vez estuvo su casa, ahora estaban las oficinas de Iberia y del periódico Ansina. Entonces Ramón Álvarez le dijo: “Aquí trabajo yo, donde mismo viviste tú”.

Contó Isabel que siguió caminando y llegó al parque donde de niña jugaba, y vio una estatua de un guanche con un perro, visión que fue muy fuerte para ella y allí mismo rompió a llorar, pues la estatua le trajo al momento el recuerdo del perro que, de niña, había tenido en Tenerife, al que le decían Rompecalzones porque en su presencia nadie podía molestarla, ya que el perro la cuidaba mucho.

Recordó que al salir ella para embarcar hacia Cuba, a su perro lo habían amarrado, pero tanto forcejeó el pobre animal que se soltó y llegó hasta el puerto, donde al despegar el vapor estaba como loco corriendo de un lado a otro. Él también sentía que se le iba un pedazo de su vida y que desde ese momento ya nada iba a estar igual.

A Isabel le contaron que su padre estaba lejos de ellos, como despidiéndose pero sin enfrentar la situación que para él eran tan triste y dura. Sólo su tío Felipe los despidió. Eso sí que no se le olvida.

Ya en Cuba, la isleña y su familia vivían mal. Su madre lo mismo cocinaba, que lavaba, y cocía sayuelas para unos polacos a 30 centavos la docena. No era fácil acostumbrarse a perder cierta estabilidad económica y verse pasando trabajos.

Pero su padre también estaba muy mal en Canarias, según contaba en sus cartas, mientras pudo escribirlas, que Isabel conserva con amor. Con el tiempo, la vida fue cambiando para ella y los suyos que, niños al llegar, fueron creciendo, estudiaron, y la economía de la familia, aunque no muy holgada, era resistible, hasta que mejoró aquella pobreza en la que vivían.

Hoy Isabel pertenece a la tercera edad, y en la Sociedad Canaria de Cuba se reúne con otros nativos canarios y con descendientes de éstos y se adentran en el conocimiento de las islas y, sobre todo, de su Tenerife, lo cual la colma de esa alegría que en una ocasión le faltó.

Es como si no quisiera escapar un minuto del tema, ya que la vida le otorgó retomar desde lejos el encuentro con sus ancestros, las tradiciones y costumbres que no las ha olvidado. Y así en cada reencuentro intercambian sus conocimientos, sus dudas, sus tristezas, y sus satisfacciones.

Me despedí de Isabel, quien dejaba escapar en su mirada la añoranza de los suyos, de su querida abuela “Seña Aurora”, y de la felicidad que disfrutaron cuando vivieron todos unidos, porque para los emigrantes su pasado siempre estará presente, más cuando el conflicto de una guerra fue el motivo del cambio de su destino y de la separación de su familia.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana, Cuba.

[Col}> La Navidad y los buñuelos en casa de mi abuela Canaria Lola

Diciembre 2009

Una receta traída de El Paso

Todas las familias tienen sus costumbres y formas de educar de acuerdo a su origen, de ahí que yo conozca algunas de esas tradiciones que se han quedado para siempre en cantos, bailes, y algo de la cocina que dejaron en mí la huella canaria y que va en una parte de esta historia que les cuento.

La vida económicamente era dura en los momentos que vivíamos allá por los años 50, y la Navidad para mi abuela Lola se imponía ante todo, y para celebrarla siempre guardaba algún dinerito que le dejaba una que otra costura que realizaba a amistades, o del cosido de tabaco, pues también era ella una experta en la zafra de la preciada hoja.

Era en ese tiempo, antes del 24 de diciembre, día en que se celebraba la Nochebuena, cuando abuela Lola elaboraba grandes cantidades de buñuelos isleños. Así iba y compraba en la bodega de otros canarios la harina, azúcar, huevos, mantequilla, vino seco, canela y mantequilla.

Y la noche del 23 ella comenzaba la elaboración mezclando todos esos ingredientes, mezcla a la que le echaba una cucharada rasa de bicarbonato para que los buñuelos quedaran suaves y crujientes.

Su buen gusto al prepararlos ofrecía más tarde un exquisito postre que saboreábamos todos los de la casa, y amigos. Pues sí, porque, como allá en Canarias, de esos buñuelos comían aquí los cubanos, tanto vecinos como amistades de la familia.

Lola iba haciendo los buñuelos y los colocaba arriba de la mesa, encima del paño (mantel), y hasta que no la tenía llena de ellos no comenzaba a freírlos, lo cual hacía que se esparciera por toda la casa el olor agradable del exquisito postre. Luego los metía en latas de galletas, aunque en El Paso —contaba abuela— se guardaban en cestos pero, al no tenerlos en Cuba, ella utilizaba esta otra variante.

En la actualidad, todos en la familia esperan ansiosos en Navidad el producto de esta receta que aprendí de mi abuela y que también les he trasladado a los chicos, de la misma forma que mi abuela lo hizo conmigo, para que siempre viva esa tradición, y que ahora hago extensiva a todo el que quiera saborear esta receta traída de El Paso.

Ingredientes

• Una libra —y un poco más— de harina castilla (harina de trigo).

• Tres huevos

• Canela. Mi abuela la utilizaba en rama, pero yo la utilizo en polvo.

• Una cucharadita de bicarbonato, que era lo que utilizaba ella para que quedaran más crujientes y suaves.

• Un cuarto de libra de mantequilla.

• Una taza de vino seco.

• Una taza de azúcar, preferentemente prieta —morena o negra, como le dicen acá— o blanca si en el lugar no hay de la otra.

Modo de hacer los buñuelos

Se baten los huevos, se les echa el vino seco, el bicarbonato, la canela, la mantequilla y el azúcar. Se va revolviendo todo hasta que se mezcle bien, y entonces se comienza a echar poco a poco la harina hasta que todo quede como una masa para hacer pan.

Esta masa se deja reposar un ratico; mi abuela la dejaba más tiempo que yo, pero es que con el desespero por probarlos rápido no puedo esperar y la dejo sólo un ratico antes de darle forma a los buñuelos y ponerlos en aceite para freírlos y degustarlos. Se sabe cuando la masa está lista porque, al cortarla para trabajarla, la porción cortada se ve llena de hoyitos.

Lo del “poco más” de una libra de harina es porque cuando se cortan las porciones de masa a veces ésta se pega a las manos, y para evitar que eso suceda conviene untárselas con harina. Entonces se van cortando las porciones para primero hacerlas larguitas y después darles la forma de un ocho. Y es en este proceso cuando que usar un poco de harina para que la masa ruede sin pegarse.

Con un cuchillo se va cortando los pedazos de masa para primero hacerlos larguitos y después darles la forma de un ocho. Luego de así formados, ya están listos para freír.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana, Cuba.