[*Drog}– El amor (que no el drogamor), según el psicólogo Joaquim Quintino

Otro experto que —para mi satisfacción, por cuanto en esta sección de mi blog he «predicado» lo mismo—distingue entre amor, pasión y drogamor, y pone los puntos sobre las íes.

Es importante que haya dicho abiertamente que el problema de la confusión entre estos tres conceptos es cultural. Y para mí es tan grave que insisto en que la sociedad está en la obligación de intentar, mediante la educación desde primaria hasta niveles superiores, poner claridad en este tema.

Y algún día se llegará a eso, a pesar de que el obstáculo mayor sea el negocio que en las novelas, la TV y el cine habla del amor a primera vista, del amor sin esfuerzo, del amor eterno y otras barbaridades que hacen creer a los jóvenes, y a muchos que ya no lo son, que el enamoramiento, al que llamo drogamor, es la vía adecuada para alcanzar la felicidad en pareja; que el amor verdadero, el que nace de un flechazo de Cupido, será eterno; que la princesa y el príncipe irán a vivir al castillo, serán felices y comerán, y que lograr eso no costará esfuerzo alguno, pues a los seguidores de esta estúpida y peligrosa creencia les suena a sacrilegio el concepto de que el amor requiere trabajo diario.

Alguien sabio dijo que «El amor de los jóvenes no está en el corazón sino en los ojos». Yo añadiría que, desgraciadamente, tampoco pasa por la razón.

Cuando el Dr. Quintino dice que «muchas pasiones nunca llegarán a consolidarse en amor» no diferencia entre pasión (casi siempre marcada por un intenso deseo sexual, a veces soterrado) y drogamor (que está más cerca del amor platónico, y el deseo sexual es menos intenso porque está más escondido).

Pero sí destaca que muchas personas «quieren disfrutar del amor de manera inmediata, sin esfuerzo, como si lo pudieran encontrar de manera casual por la calle, sin percatarse, porque nunca se lo enseñaron, de que el amor es un sentimiento que requiere trabajarlo a diario«.

Si el matrimonio posibilitó en el pasado el surgimiento del amor, eso ocurrió casi siempre porque en la pareja había afinidad cultural, porque el medio social en que vivían no ofrecía mayores opciones de elección, y porque la convivencia fue estimulando la comunicación, el afecto y la confianza.

Así se han creado en otras culturas —en Japón, por ejemplo— muy buenos matrimonios que se iniciaron por elección de los padres de los cónyuges y no por éstos.

Conocí de cerca a un par de parejas que fueron formadas así, y hablando sobre el tema, que siempre me interesó, el marido de una de esas parejas me dijo que «En Occidente, el matrimonio es una olla de agua hirviendo puesta sobre una hornilla apagada, y a la larga se enfría. En Japón es una olla de agua fría puesta sobre una hornilla encendida, y a la larga se calienta».

La olla matrimonial en que conocí a quien esto me dijo estaba visiblemente caliente.

Me da la razón el Dr. Quintino cuando dice que «El amor platónico —o enamoramiento, o drogamor— es un peligro fatal, y tenemos que apartarnos de él tan pronto como nos demos cuenta de que lo padecemos. La mayoría de relaciones que han empezado siendo amores platónicos han terminado mal».

Como dije en Cómo zafarse del drogamor, y en otros artículos de la sección Drogamor hay que saber detectar cuando nos hemos drogamorado, y hay que tener el coraje y la fuerza de voluntad para zafarnos de esa droga, cueste lo que cueste, porque es una meta que puede alcanzarse y que tenemos la obligación de alcanzar, no sólo por nuestra propia salud y bienestar sino por el de la persona objeto de nuestro drogamor.

Por esto no es de extrañar que, como dice el Dr. Quintino, «La mayoría de relaciones que han empezado siendo amores platónicos han terminado mal«. Eso ratifica la validez del sabio consejo de No te cases enamorado que ya he mencionado en otros artículos pero que, repito, a los jóvenes, y a muchos otros que ya no lo son, les sueña a blasfemia.

En lo que discrepo es en eso de que para llegar al amor «Es necesario que primero surja una fuerza emocional que llamamos pasión«, pues la pasión suele estar marcada por una casi salvaje atracción sexual que nunca es duradera porque, una vez satisfecha, deja al descubierto en la persona objeto de ella la carencia de los valores que una vez —cuando estábamos bajo los efectos de la pasión— pensamos que sí tenía, o que ni siquiera analizamos si los tenía o no, pues estábamos drogamorados. De ahí, esta definición: «Pasión es cuando, a pesar de la palabra ‘peligro’, el deseo llega y se hace cargo».

Sólo que, a veces, la ceguera no deja ver la palabra ‘peligro’.

Tampoco estoy de acuerdo en que «Ser fiel es un indicador elemental de que uno ama a su pareja«, pues como opino que si soy infiel a mi pareja no le creo a ella un problema —por cuanto poco o nada pudo hacer ella al respecto— sino que me lo creo a mí y a mis hijos, bien puedo mantenerme fiel por respeto a mí mismo y no por amor a mi pareja.

Dos sabias reflexiones a las que poco caso se les ha hecho,

Una que se refiere al drogramor:

El amor; sí, claro, ¡el amor!: un año de ardor y llamas, y treinta de cenizas. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Una que se refiere al amor:

Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad. Gregorio Marañón

Carlos M. Padrón

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Acerca del amor. Entrevista al psicólogo Joaquim Quintino

16/04/2010

Raquel Quelart

Unos lo encuentran sin saberlo, otros lo buscan toda la vida sin hallarlo, mientras que el resto aprenden a construirlo.

El amor es un sentimiento sobre el cual se ha escrito un gran volumen de literatura. El autor describe en su libro las diez reglas para alcanzar la felicidad en el amor.

(Joaquim Quintino Aires nació en Nisa (Portugal) en 1967 ).

El psicólogo Joaquim Quintino se atreve a descifrarlo, partiendo de los casos reales de sus pacientes, en el libro «El amor es una carta cerrada», donde aborda cuestiones tan familiares como ideas preconcebidas que pueden convertirse en veneno para la relación, expectativas irrealizables que alimentan la intolerancia en la pareja, el silencio y la falta de comunicación que destruye la convivencia. Quintino asegura tener las diez reglas para alcanzar la felicidad en el amor.

¿Qué es el amor?

Es un sobre cerrado porque siempre seguimos abriéndolo par para ver si la respuesta está dentro. En realidad, el amor es una construcción donde dos adultos van a compartir sus vidas y sus cuerpos, y donde ambos se desean eróticamente.

¿Existe una receta para conseguirlo?

Varias recetas. La más importante es conocer cómo es realmente el amor, y no dejarnos llevar por tópicos adquiridos culturalmente. En este sentido, es fundamental la comunicación en la pareja, integrar pensamiento y acción expresar al otro lo que sentimos, entender que el amor incluye también el sexo, y que es necesario integrarlo en la pareja, así como aprender a visualizarse en un futuro. También se tiene que aceptar que algunas condiciones cambiarán a lo largo de los años, y que muchas pasiones nunca llegarán a consolidarse en amor, por lo que es necesario no tener miedo a empezar de nuevo.

Pero hay gente que lo busca y nunca lo encuentra…

El fallo está en la cultura, que nos muestra un camino erróneo para alcanzarlo. Las personas que buscan el amor y no lo encuentran es porque nadie les ha dicho qué ruta hay que seguir. Por ejemplo, cuando nos hablan de la historia de la princesa y el príncipe que se van al castillo y son felices y comen perdices. El amor no puede ser solamente una intuición, sino una construcción muy compleja.

¿Estamos programados para amar?

Sí, pero no para hacer el camino que nos lleva al amor; ése hay que aprenderlo. Es cultural, nos dicen desde pequeños que no es necesario aprender a amar, pero eso es una mentira que nos impide alcanzar el amor.

¿Por qué el amor es fundamental para nuestro bienestar?

Porque es la continuación de un afecto básico para el ser humano. Lo que siente un hijo pequeño por su madre es un sentimiento necesario para sobrevivir, al igual que el afecto que se tienen un grupo de jóvenes es preciso para descubrir mundo, ya que es mucho más fácil hacerlo de manera grupal. Luego vendría el amor, un sentimiento que permite un desarrollo personal único, puesto que la consciencia que tenemos de nosotros mismos dependerá de cómo miremos al prójimo, del conocimiento que tengamos de él, y de cómo le sintamos.

El amor se aprende y requiere esfuerzo.

¡Como todas las cosas grandes y bellas que hay en el mundo! Muchas personas quieren disfrutar de él de manera inmediata, sin esfuerzo, como si lo pudieran encontrar de manera casual por la calle, pero el amor es un sentimiento que requiere trabajarlo a diario.

¿Amar implica sufrimiento?

Sí, es prácticamente imposible que alguien que nunca ha sufrido por amor sea capaz de ser sensible a otra persona. Sólo se puede desarrollar la capacidad de empatía después de haber sentido sufrimiento, algo que no es bueno pero que nos habilita para comprender a los demás.

¿La pasión es la antesala del amor?

Sí, para que haya amor es necesario que primero surja una fuerza emocional que llamamos pasión, un mecanismo que facilita que dos personas se presten la atención suficiente como para conocerse el uno al otro. Por eso, a menudo se dice que la pasión es la recámara del amor. (NotaCMP.- ¡OJO!: No dice enamoramiento).

Pero a veces la chispa no consigue encender la llama.

Sí, es cierto. Y entonces es importante que las personas sepan que, si eso ocurre, tienen que dejar la relación y volver a empezar de nuevo porque, si no, van a sufrir mucho.

¿El matrimonio tiene algo que ver con el amor?

El matrimonio posibilitó en el pasado el surgimiento del amor, pero son dos conceptos diferentes. El primero se refiere a la organización legal entre dos personas, el segundo es un vínculo emocional. Son cercanos, pero no es cierto que uno implique al otro. Hay muchas personas que sufren hoy en día en su matrimonio porque no sienten amor.

¿Se puede ser infiel a tu pareja y amarla al mismo tiempo?

Es absolutamente imposible. Ser fiel es un indicador elemental de que uno ama a su pareja, y si no lo eres, quiere decir que, sientes cariño o amistad por la otra persona, pero no amor. Cuando alguien quiere verdaderamente a su pareja, aquella persona es la fuente principal de deseo, y entonces la infidelidad es algo imposible. Pero como muchos no saben hacer el camino hacia el amor, a pesar de estar casados, es natural que sean infieles.

¿Las experiencias extramatrimoniales son diferentes en los hombres que en las mujeres?

Aparentemente, porque cada vez más los psicoterapeutas estamos descubriendo que las relaciones extramatrimoniales son muy parecidas entre hombres y mujeres, aunque en el género masculino prima el sexo, y en el femenino los sentimientos.

¿El amor platónico también nos provoca bienestar?

Es un peligro fatal, es como un laberinto, porque cuando alguien tiene un amor platónico, en verdad se siente como un prisionero, y si nunca llega a confrontarlo con la realidad continuará sintiéndose confuso. Puede servir para tapar un vacío sentimental en un momento determinado, pero tenemos que apartarnos de él tan pronto como nos demos cuenta de que lo padecemos. La mayoría de relaciones que han empezado siendo amores platónicos han terminado mal porque la realidad es diferente a lo que nuestra mente puede llegar a imaginar.

¿Y el amor eterno?

Tampoco es bueno pensar en esos términos porque cuando creemos estar delante de un amor para toda la vida, nos desmotivamos y dejamos de trabajar para él. El amor es vivo, es como un organismo, como una planta o un animal, que siempre necesita respirar y nutrirse. La única forma de saber si ha existido o no un amor de verdad es cuando uno de los dos fallece.

¿Y cómo puedo saber si lo que siento es verdaderamente amor?

Si para ti la otra persona es tu ídolo, la deseas, compartes opiniones, y la manera de ver el mundo, es muy probable que estés delante del amor. No es cierto el dicho «Los polos opuestos se atraen», porque los que se aman ven el mundo con la misma mirada.

¿Qué le diría a una persona que no ha amado nunca?

Que va en sentido contrario, que no está trabajando lo suficiente para conseguirlo, no se puede esperar a que nos abran la puerta. Si uno aprende a hacer el camino, el amor es imposible de no encontrar porque es lo más democrático que existe en el mundo.

La Vanguardia

[*Drog}– El (drog)amor nos hace más creativos

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio más abajo, los investigadores que en él se mencionan pasaron por alto el enorme desgaste que causa el drogamor, o “amor romántico”; un desgaste que permitiría sólo por un tiempo la potenciación del pensamiento creativo, lo cual es malo, y la inhibición del pensamiento analítico, lo cual es bueno, pues una de las desgracias del drogamor es que inhibe el raciocino y la capacidad de análisis objetivo.

Y sí, el drogamor hace perspectivas a largo plazo, pero un plazo que en la realidad no pasa de 3 años.

A quien pregone que el amor (romántico) nos hace más creativos hay que preguntarle por cuánto tiempo y a qué costo.

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07 de Octubre de 2009

Un estudio realizado por los psicólogos Jens Förster, Kai Epstude y Amina Özelsel, de la Universidad de Amsterdan, revela que el amor cambia nuestro modo de pensar y potencia la creatividad.

En concreto, los experimentos de Förster y su equipo muestran que el sentimiento amoroso favorece el procesamiento global de la información, que se realiza sobre todo en el hemisferio derecho del cerebro, potenciando el pensamiento creativo a la vez que inhibe el pensamiento analítico.

Según los investigadores, este efecto es opuesto al del deseo sexual, que incrementa el pensamiento analítico y reduce la creatividad.

Los investigadores atribuyen estas diferencias a que el amor romántico requiere tener una perspectiva a largo plazo, mientras que el sexo prepara al cerebro para una perspectiva a corto plazo, “aquí y ahora”.

MUY

[*Drog}– Drogamoramiento, locura y estupidez

Carlos M. Padrón

Dice Noel Clarasó que “Cuando se habla de estar enamorado como un loco, se exagera; en general, se está enamorado como un tonto”.

Creo que ni una cosa ni la otra, pues el drogamoramiento incluye los ingredientes de la locura y la estupidez.

Pero si he de decantarme por uno, sería por la locura, pues un tonto tal vez no experimente los estados de excitación que produce el drogamoramiento, pero un loco tal vez sí, pues se dice que algunos locos creen ver y oír lo que nadie ve ni oye, y creen estar en poder de la verdad, de haber dado con la Piedra Filosofal y encontrado la fuente de la dicha eterna.

Pero los locos tienen algunas ventajas sobre los drogamorados, como, por ejemplo:

• La locura suele ser permanente, pero el drogamoramiento no

• Los locos no serán víctimas de la decepción, pero los drogamorados sí

• Los locos tal vez no se percaten jamás de los desastres que han hecho con su vida, pero los drogamorados sí

• Los locos tal vez no tengan que dar marcha atrás en lo hecho durante su periodo de locura, pero los drogamorados sí.

[*Drog}– Esposa y amigo

Como ya escribí en Por qué se va el (drog)amor, hay que dar gracias a Dios de que el drogamor dure tan poco, a menos que bajo sus efectos alguien decida casarse, en cuyo caso, del desastre que esto supone viene el famoso consejo que tanto enfurece a la mayoría de los jóvenes y a muchos que ya no lo son: “No te cases enamorado”. Sabias palabras.

 Según esta reflexión,

 El hombre debe elegir por esposa solamente a la mujer que elegiría por amigo si ella fuera hombre.

Joseph Joubert, su autor, comparte lo de no casarse enamorado, pues un hombre (OJO: he dicho HOMBRE) no se enamora, y menos se drogamora, de un amigo, pero si elige por pareja o esposa a una mujer con unas condiciones personales tales que si ella fuera hombre la elegiría como amigo, y confiaría en ella como lo haría en un verdadero amigo, en la relación así formada no tendrá lugar la decepción derivada de la desaparición del drogamor.

La parte que veo difícil en la reflexión de Joubert es el riesgo de que el drogamor haga creer al hombre drogamorado que la mujer objeto de su drogamor podría ser, si fuera hombre, un buen amigo. Es por eso necesario aplicar un análisis muy crítico a toda relación de drogamor.

[*Drog}– Cómo zafarse del drogamor

En el e-mail enviado por un amigo encontré, referida a los vicios, una frase de Mark Twain que puede aplicarse perfectamente al drogamor y decir que

Nadie se desembaraza del drogamor tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño.

Porque así es. Pretender cortarlo en seco es como pretender que injertando sobre una herida un trozo de piel humana, la herida estará curada. No, hay que abrirla, limpiarla, y aplicarle cuidados hasta que, poco a poco, vaya cicatrizando. Y eso toma tiempo y requiere de fuerza de voluntad.

Es un proceso conocido como decatectizar, y doy fe de que funciona.

[*Drog}– El amor es química… y algo de amistad

En el artículo que copio más abajo encuentro que ya en esto del drogamor parece haber quorum en varios parámetros, como,

La motivación instintual y, por tanto, ciega: “(El drogamor es una) fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término”.

El origen animal, que refuerza lo instintual: “Los etólogos creen probable que el (drog)amor humano haya evolucionado a partir del ritual de elección de pareja, o cortejo de atracción típico de los mamíferos”.

El comportamiento típico de drogadicto: “(El drogamor) se caracteriza por un notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales”.

La corta duración: “Esa fase temprana de intenso amor romántico (el drogamor) puede durar de 12 a 18 meses«.

La ceguera, causada por el dominio de lo instintivo sobre lo racional: “El amor romántico (drogamor) comienza cuando un individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único«. Luego el amante sufre una deformación perceptiva por la que agiganta las virtudes e ignora las sombras del otro. Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad.

Y el pasaje más positivo del artículo que sigue es el reconocimiento de que en lo tocante a combatir los nocivos efectos del drogamor, “los cachorros de nuestra especie están completamente inválidos a esa edad”. Por tanto, parece haber cada vez más conciencia de que la sociedad tendría que hacer algo al respecto.

Carlos M. Padrón

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18/01/2009

Javier Sampedro

El amor se suele considerar indefinible, porque unos lo ven, con Freud, como una sublimación del sexo, otros, con Fromm, como una de las bellas artes, y otros le aplican la palabra al gato. Pero ¿y si los tres tienen razón?

La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, se basa en sus experimentos de imagen cerebral (por resonancia magnética funcional) y en el resto de la evidencia disponible para defender una definición tripartita del amor. Primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último, el cariño, el lazo afectivo de larga duración que sostiene a las parejas más allá de la pasión.

Son tres procesos cerebrales distintos, pero interconectados. Y tienen una profunda raíz evolutiva común, porque su balance controla la biología reproductiva de las especies. El impulso sexual, la primera fase del amor, está regulado por la testosterona (masculina) y los estrógenos (femeninos) en el común de los mamíferos, más bien por la testosterona en los primates, y casi exclusivamente por la testosterona en el Homo sapiens.

Los hombres con más testosterona en la sangre tienden a practicar más sexo, pero también las mujeres suelen sentir más deseo sexual alrededor del periodo de ovulación, cuando suben los niveles de testosterona. El declinar de esta hormona con la edad va asociado a la reducción de todos los tipos de libido, incluidas las fantasías sexuales.

La testosterona no se relaciona con los gustos preferenciales, sino más bien con los genéricos. Los psicólogos del Face Research Laboratory de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido, acaban de demostrar, por ejemplo, que los altos niveles de testosterona —incluso en el mismo hombre, cuando varían en distintos momentos— se correlacionan con su gusto por los rasgos de la cara asociados a la feminidad, en genérico, como ojos grandes, labios llenos, etcétera. De modo similar, muchos estudios han mostrado que los juicios de las mujeres sobre el atractivo masculino están afectados por los niveles de las hormonas sexuales.

Varios experimentos han cartografiado las zonas del cerebro que se activan al enseñar a los voluntarios una serie de fotos de contenido erótico explícito. Aunque los resultados son complicados, una de las activaciones más reproducibles y proporcionales al grado de excitación sexual declarado por el sujeto es el llamado córtex cingulado anterior. En un experimento independiente, esta misma zona resultó activarse cuando el equipo del voluntario metía un gol, una coincidencia que admite varios tipos de interpretación. O tal vez ninguna.

La segunda fase es el amor romántico, el amor en sentido clásico de la palabra enamorarse. Es un rasgo humano universal, y su característica definitoria es la atracción sexual selectiva. Por esta razón, los etólogos creen probable que el amor humano haya evolucionado a partir del ritual de elección de pareja, o cortejo de atracción típico de los mamíferos. Parece confirmarlo el hecho de que, en casi todos los mamíferos, ese cortejo se caracteriza por un notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales.

Pero hay una diferencia. «En la mayoría de las especies el ritual de elección de pareja dura minutos u horas, como mucho días o semanas; en los humanos, esa fase temprana de intenso amor romántico puede durar de 12 a 18 meses», dice Fisher. Un año y medio para elegir pareja, ya está bien con el ritual de cortejo.

Según han documentado los antropólogos en 147 sociedades humanas, el amor romántico comienza «cuando un individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único». Luego el amante sufre una deformación perceptiva por la que agiganta las virtudes e ignora las sombras del otro. Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad.

Son los signos de un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro, y así lo han confirmado los experimentos de imagen. Por ejemplo, enseñar a un voluntario una foto de su amada activa las rutas de la dopamina en los circuitos del placer. Estos circuitos guían gran parte de nuestro comportamiento —ni comer nos gustaría si no fuera por ellos— y son los mismos que se activan en el ritual de cortejo, o de elección de pareja, de la mayoría de los mamíferos.

La hipótesis de Darwin era que las hembras elegían a sus parejas basándose en su «sentido innato de la belleza», pero la situación, al menos en la especie humana, parece haber sufrido todo tipo de complicaciones.

El equipo de Steve Buss, de la Universidad Estatal de California en Fullerton, ha demostrado que el mismo hombre les parece más deseable a las mujeres si aparece rodeado de mujeres que cuando aparece solo, o rodeado de otros hombres. Por el contrario, una mujer pierde puntos ante los hombres si aparece rodeada de otros hombres. La interpretación no está muy clara, pero aquí hay algo que parece escapar del mero romanticismo. Hay otra componente más en en la elección de pareja. Cuando los investigadores preguntan a grupos de estudiantes heterosexuales cuáles son los atributos que más valoran para formar una pareja, cada estudiante parece buscar los mismos rasgos que se atribuye a sí mismo en un test independiente.

Pero el amor romántico, con ser larguísimo en el ser humano, no suele durar más allá de un año o año y medio, y los cachorros de nuestra especie están completamente inválidos a esa edad. Hace falta otro mecanismo que prorrogue los lazos afectivos, y lo hay. La pista vino de dos especies de topillos.

El topillo de la pradera (Microtus ochrogaster) tiene un comportamiento familiar intachable. Las parejas son fieles hasta que las muerte las separa, e incluso el 80% de los topillos no vuelven a emparejarse tras enviudar. Los dos cónyuges colaboran sin rechistar en el cuidado de la prole, y suelen vivir con los suegros en paz . Todo lo contrario que su especie hermana, el topillo de la montaña, Microtus montanus: hoscos, enclaustrados en sus madrigueras individuales, traidores con sus parejas; los machos no cuidan de la prole en absoluto, y las hembras abandonan a las crías a las dos semanas de parirlas.

Larry Young, de la Universidad de Emory, descubrió que la buena fama de Microtus ochrogaster sólo es cierta como promedio: muchos topillos de la pradera son fieles y empalagosos, en efecto, pero otros son tan traicioneros y correosos como sus primos de la montaña. Ello le permitió hallar que la causa de esas diferencias entre individuos es un solo gen que evoluciona muy deprisa. El gen fabrica el receptor de la vasopresina.

La vasopresina es una hormona capaz de alterar el comportamiento, pero necesita acoplarse a un receptor situado en las neuronas para ejercer sus efectos. Los topillos que llevan una versión muy activa del gen tienen mucho receptor de la vasopresina en el cerebro y, por tanto, son fieles y empalagosos. Los que llevan una versión poco activa tienen poco receptor y, por tanto, son traidores y malencarados. La versión de alta actividad predomina entre los topillos de la pradera —de ahí la buena fama de la especie—, y la de baja actividad es la norma entre los primos de la montaña, pero cada topillo es un mundo.

Los científicos empezaron a analizar ese gen en las personas y a comparar sus variantes con sus perfiles psicológicos. También añadieron a sus investigaciones otro gen similar que tiene también la capacidad para evolucionar muy rápido: el del receptor de la oxitocina.

Los dos genes están relacionados con la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan al circuito del placer (o de la recompensa) cerebral. Estas hormonas actúan a través de unos receptores situados en las neuronas de esos circuitos. Los dos genes clave fabrican el receptor de la oxitocina y el receptor de la vasopresina.

Hasse Walum y sus colegas del Instituto Karolinska, en Estocolmo, han estudiado recientemente a 552 pares de gemelos o mellizos, y a sus parejas. Han analizado su gen avpr1a (el receptor de la vasopresina) y los han sometido a pruebas para evaluar sus «índices de calidad en la relación marital» y de «vinculación con la pareja». El 32% de los hombres con el gen variante permanecen solteros (frente al 17% con el gen estándar), y todos sus índices de «calidad marital» y vinculación afectiva son significativamente menores.

Cuando una topilla de la pradera recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario).

Ambos genes evolucionan muy deprisa y producen variantes (alelos) de mayor o menor actividad, con efectos similares a aumentar o disminuir la cantidad de las hormonas. Ya se ofrecen por Internet productos como Enhanced Liquid Trust basados en la oxitocina, «diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida».

Pero el amor se parece mucho al amor propio. Lisa DeBruine, de la Universidad McMaster de Ontario, reclutó hace unos años a un grupo de voluntarios para jugar por Internet a una especie de dilema del prisionero. Cada voluntario podía ver en el computador la cara del otro jugador, y sólo con eso tenía que decidir si compartía con él su dinero o intentaba hacerle una pifia. La pifia, en realidad, se la había hecho DeBruine a todos los voluntarios, porque al otro lado del computador no había nadie. El supuesto jugador no era más que un programa, y las caras habían sido generadas por métodos informáticos.

El resultado fue que la mayoría de los voluntarios habían decidido compartir su dinero candorosamente cuando la cara del otro jugador era… ¡la suya propia!

Si hay una cuarta fase del amor, lo más probable es que esté al otro lado del espejo.

Fuente: El País

[*Drog}– Mamá no tiene novio

Carlos M. Padrón

Hace unos días me llegó un PPS creado por uno de esos “PowerPoint-maniacos y cursis” que creen que si toman un texto simple y claro y lo montan en un PPS adornado con lindas fotos (a veces alusivas al tema, y a veces que no pegan ni con cola) con música de fondo (a veces apropiada para el tema, y a veces que no pega ni con cola) y con ridículas virguerías móviles y demás aditamentos que hacen perder tiempo, el mensaje calará mejor que cuando estaba sólo en texto, donde se podía leer a la velocidad que uno quisiera y sin pérdidas de tiempo ni distracciones.

Cuando vi de qué se trataba, lo convertí a PPT, para que ninguna de las estupideces arriba mencionadas me fastidiara la vida, y a medida que lo leía me entusiasmaba la esperanza de que fuera a terminar bien.

Y bien terminó la primera parte, pero en la segunda el autor del texto —o del PPS, vaya usted saber— cayó en la utopía sociopornográfica de que el noviazgo ha de prolongarse con el matrimonio.

Ante esto, aproveché la muy buena primera parte, y de mi cosecha añadí como segunda la conclusión que la realidad impone, aunque la sociopornografía haya convencido a los adolescentes, y a muchos que ya no lo son, de que tal realidad no es cierta.

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 Mamá no tiene novio

Parte I

De visita en casa de mi tío, me divierte ver a mi prima grande prepararse cuando espera a su novio. Muy contenta. se peina, perfuma y pinta los labios; se viste muy guapa y corre de un lado a otro de la casa arreglando todo con detalle para que su «Mi amor» no encuentre defecto alguno en el entorno.

Entonces llega el novio, oliendo a mucha loción, y cuando se miran,… ¡uff!, parece que flotan en el aire. Se abrazan con ternura, y ella le ofrece algo de beber junto con las galletas que le preparó durante la tarde. Además, él celebra todo lo que ella, con esmero, le prepara para cenar.

Luego, y después de lograr que los niños desaparezcamos de la sala, se sientan a hablar tonterías por horas. Se escuchan el uno al otro sin perder detalle ni soltarse sus manos, hasta que al susodicho no le queda más remedio que despedirse cuando mi tío empieza a rondar con la almohada bajo el brazo.

Después de ver esto unas cuantas veces, le pregunté a mi mamá:

—Mami, ¿quién es tu novio?

Y me respondió muy sonriente que su novio era mi papá.

—No, mami, ¡en serio!

Pero ella insistió en que su novio era mi papá.

Mi papá no puede ser su novio —me dije— porque él nunca llega a casa con un ramo de flores ni con chocolates; sí le da un regalo a mamá es en su cumpleaños y en Navidad, pero nunca he visto que el novio de mi prima se presente con una licuadora, o con dinero para que ella se compre algo.

Además, mamá no pone cara de Blanca Nieves cuando papá llega del trabajo, ni él sonríe como Príncipe Azul cuando la mira.

Mamá no corre a arreglarse el peinado, ni a pintarse los labios, cuando suena el timbre de la puerta. Apenas voltea a ver a mi padre para decirle «Hola“, porque está haciendo las tareas de la casa.

El saludo de mi papá en vez de «Hola, mi vida» es «Hola, ¡qué día!”. Y de inmediato se pone en la peor facha para estar cómodo.

En lugar de «¿Qué te gustaría cenar?», mi mamá le pregunta, un tanto temerosa, “¿Qué? ¿Quieres cenar?». Y cuando creo que papá le va a decir «¡Qué bonita te ves hoy!», le pregunta «¿No sabes dónde está el control remoto de la televisión?».

Los novios se dicen cosas románticas, como «¡Cuánto te amo!» en vez de «¿Fuiste al banco?”.

Mi prima y su novio no pueden dejar de mirarse, pero cuando mamá pasa por delante de papá, él ladea la cabeza para no perder detalle de lo que hay en la televisión.

A veces papá le da un abrazo sorpresa a mamá, pero ella se zafa porque siempre anda a la carrera. Además, ellos sólo se dan la mano cuando en Misa el sacerdote dice «Dense  fraternalmente la paz».

Yo creo que ella me dice que son novios para que no me entere de que «cortaron“ cuando se casaron. La verdad es que mi mamá no tiene novio, y que mi papá no tiene novia.

¡Qué aburrido! ¡SÓLO SON ESPOSOS!

Parte II

Ante esta conclusión mía, mi mamá me sentó en el sofá, se sentó a mi lado y, muy en serio —pues sé bien cuando me habla en serio—, me dijo:

 

—Mira hijo, tu papá y yo fuimos novios mientras nos duró el enamoramiento que has notado en tu prima y en el novio de ella, o sea, mientras estuvimos drogamorados. Pero cuando por fin se fue el drogamor, que siempre se va, nos vimos uno al otro tal y como éramos, y entonces sólo a fuerza de trabajo y voluntad de pareja pudimos llegar a amarnos y formar una unión que funciona.

 

Y doy gracias a Dios de que ocurriera así porque, de no habernos podido zafar del drogamor, a esta fecha estaríamos o muertos —víctimas de alguna de las enfermedades provocadas por el enorme drenaje de energía que el drogamor provoca— o peleados por causa de los dramas pasionales que también conlleva el drogamor y que arruinan cualquier relación.

Por eso, hijo, no te cases mientras estés drogamorado de la mujer a la que quieras hacer tu esposa. Espera a que pase ese periodo de loca ceguera, a que desaparezca el efecto de la droga, para que puedas ver a esa mujer tal y como es, y decidas entonces si la crees adecuada para ser tu esposa.

[*Drog}– Las comedias románticas pueden estropear una relación amorosa

Carlos M. Padrón

Las novelas, el cine y la TV se han encargado por años de propalar a los cuatro vientos el lema sociopornográfico de las supuestas bondades del drogamoramiento y el supuesto valor que éste tiene como evidencia de que se ha tropezado con la pareja perfecta, la media naranja que el Destino nos tenía reservada, y en esta misma sección del blog he escrito ya acerca de eso y he dicho, y repito ahora, que algún día la Sociedad tendrá que tomar medidas sanitarias, como una herramienta tipo vacuna, para minimizar y prevenir ese daño. 

No es cierto que el proceso de enamoramiento requiera esfuerzo alguno; al contrario, la falta de tal esfuerzo es precisamente una de las características del drogamoramiento. Lo que requiere esfuerzo es desarrollar amor de pareja. 

Y sí, es cierto que “La idea de que es necesario invertir tiempo y energía en una relación, no es precisamente popular”, pues, por culpa de los medios antes citados, se impone la creencia de que el verdadero amor es de generación espontánea, y no requiere esfuerzo y muchos menos inversión de energía y trabajo, y por eso se tiene la muy peligrosa creencia de que “la entrega amorosa y la confianza se dan desde el mismo momento en que dos personas se conocen —o sea, flechazo—, aunque son cualidades que normalmente tardan años en desarrollarse». 

Lo que puede darse desde el mismo momento en que dos personas se conocen es el llamado “flechazo”, algo cuya base es de química erótica, meramente instintiva y basada en la atracción sexual que busca perpetuar la especie. 

Es de celebrar que cada vez se produzca más material que, como este artículo, hace sonar un alerta.

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16/12/2008

Londres. (EFE).- Las comedias románticas «made in Hollywood» pueden estropear una relación amorosa porque colocan el listón muy alto en materia de expectativas, según un estudio de la Universidad Heriot-Watt, de Edimburgo.

Según los psicólogos, ese tipo de películas, con argumentos muy poco plausibles y finales felices altamente improbables, transmiten una falsa sensación de «relaciones perfectas» y expectativas nada realistas.

tienes email

(‘Tienes un e-mail’, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, es una de esas comedias llenas de romanticismo y que podría hacer peligrar las relaciones de pareja de la realidad).

Los cineastas simplifican también excesivamente el proceso de enamoramiento y dan la impresión de que es algo que se logra sin ningún esfuerzo por parte de la pareja.

El equipo de la Universidad escocesa analizó cuarenta películas muy taquilleras estrenadas entre 1995 y 2005 y distribuyó luego, entre varios cientos de personas, cuestionarios sobre sus relaciones sentimentales. Los psicólogos llegaron a la conclusión de que los aficionados a las comedias románticas muchas veces no logran una comunicación eficaz con sus parejas.

«Los asesores matrimoniales encuentran con frecuencia parejas que creen que las relaciones sexuales deben ser siempre perfectas y que no sienten la necesidad de comunicar con la otra persona para expresarle sus deseos», señala Bjarne Holmes, el psicólogo que dirigió el estudio. «Aunque la mayoría sabe que resulta poco realista esperar de una relación que sea perfecta, algunos siguen estando mucho más influidos de lo que creemos por la forma en que el cine o la TV presentan esas relaciones», agrega el experto.

La idea de que es necesario invertir tiempo y energía en una relación no es precisamente popular entre los cineastas, critica.

Según Kimberley Johnson, otras psicóloga que participó en el estudio, «Las películas reflejan la emoción que acompaña a una nueva relación, pero dan a entender equivocadamente que la entrega amorosa y la confianza se dan desde el mismo momento en que dos personas se conocen cuando son cualidades que normalmente tardan años en desarrollarse».

Los investigadores se proponen llevar ahora a cabo un estudio internacional más amplio sobre el mismo tema, y han colocado un cuestionario al respecto en el portal de Internet www.attachmentresearch.org

Fuente: La Vanguardia

[*Drog]– El amor, ¿tan sólo una droga?

Al menos para eso que llamo drogamor empezó bien 2009, pues parece que, ¡por fin!, la Ciencia comienza a entender y a aceptar que tanto el enamoramiento como el amor, hasta en su manifestación maternal, son una droga, como he venido diciendo desde hace años.

Tan droga es que, según el artículo que sigue, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y este otro párrafo “A aquéllos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado. Incluso se podría llegar a realizar un ‘test del amor’ para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz”, que deja claro qque uno puede enamorarse de quien no debe, me crea la esperanza de que ya comienza a pensarse en hacer algo contra esa droga, como crear un antídoto, y un medio de prevención para minimizar sus malas consecuencias.

La enfermiza sentencia “El corazón tiene razones que la razón no comprende”, que desde pequeños escuchamos todos, parece perder su encanto ante la aseveración de que eso de que el amor es algo que va más allá del entendimiento es una maldición, pues realmente lo es.

Casi que me siento halagado con la aseveración de que el drogaor proviene del mundo animal, pues he sostenido que constituye un algo instintual que está reñido con la razón.

Incluso el científico que expresa un cierto grado de desacuerdo, habla de que, a fin de controlar el drogamor, en el futuro podrían llegar a utilizarse fármacos para mitigar el sufrimiento innecesario. Queda claro que eso es lo que el drogamor termina produciendo: sufrimiento innecesario.

¿Viviré lo suficiente para ver una reacción social destinada a combatir la maldición del drogamor, educando para que se le reconozca como droga, combatiendo su drogadicción, y minimizando los efectos de ésta cuando no pudo evitarse?

Carlos M. Padrón

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8 de enero de 2009

Pallab Ghosh

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?

El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o del chocolate como afrodisíacos. En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquéllos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado. Incluso se podría llegar a realizar un «test del amor» para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

«No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal. No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata», asegura el científico.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

«Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones, son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos», asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor? El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura por un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros. Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

«Estoy seguro de que esto es sólo el principio. Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro. Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas», asegura y explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

«La educación juega un papel importante, pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica”, reconoce Young.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos que “Las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro, así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y en la expresión genética».

Manipulación

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada? El profesor Young cree que sí.

«La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros. Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada, junto con terapias matrimoniales, para devolver la chispa a una relación», explica.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia que esos perfumes contienen son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

«Creo que en el futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor».

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

«Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor. También están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes», asegura Bostrom.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

«Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario. En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente», explica Bostrom.

Fuente: BBC Mundo