[*Drog}—Más y muy buenos consejos para no poner en riesgo una relación de pareja

24-04-14

Carlos M. Padrón

Siempre me resulta muy satisfactorio encontrar opiniones autorizadas que ratifican la importancia del amor sobre el drogamor, o enamoramiento. En este caso, tales opiniones provienen de expertos de un centro de psicología de parejas, y se encuentran en el artículo que copio abajo, del cual creo importante destacar algunos puntos y mis comentarios a ellos, que aparecen resaltados en amarillo.

—No esperar que el otro sea adivino. Eso iría contra uno de los pilares vitales: la comunicación.

—Ambos deben recibir y aportar en condiciones similares. Por eso no doy más de lo que recibo ni pido más de lo que doy. Lo ideal sería que yo tuviera que dar cada vez más, y no que tuviera que rebajar lo que yo estaría dispuesto a dar.

— No dejar de decir a diario cosas bonitas y agradables, sino mantener el cuidado de los detalles, los buenos gestos, la sonrisa…., o sea, las muestras de cariño, ésas que al inicio nos salen solas y de forma constante. Acerca de esto tengo otra reflexión: «Puesto a definir lo para mí más importante del comportamiento de una mujer en una relación, me inclino por Lealtad, Ternura y Dedicación (LTD). Si falla uno de estos elementos, de poco o nada me sirven los demás».

—En una fase inicial existen emociones muy intensas que pueden llegar a nublar el entendimiento e idealizan al objeto amado (drogamor); en un momento posterior, se llega (en el mejor de los casos) a una fase en la que las emociones se atemperan, y empiezan a intervenir más la razón y la voluntad. Es aquí cuando comienza el verdadero sentimiento de amor, y cuando se elige construir un proyecto con la pareja. Y ése es un proyecto en el que los dos miembros de la pareja tienen que invertir a diario, o, como dijo M. Scott Peck: un trabajo a tiempo completo. Si alguno lo abandona, por cansancio o porque considera que «ya tengo el gato en el saco», la relación se deteriorá.

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24/04/2014

Laura Peraita

Lo que debes hacer para no poner en riesgo tu relación de pareja

Demasiadas horas de trabajo y responsabilidades, poco tiempo de sueño, escasos momentos de ocio personal…

Cierto es que, ante este panorama, el tiempo para dedicarse a la pareja no es mucho, y cuando ambos están juntos es habitual que estén cansados de todo el día y queden pocas energías para la relación.

A todo ello se pueden añadir ciertas dificultades como, por ejemplo, que la pareja tenga que vivir en la distancia, que alguno de los dos sufra alguna enfermedad o problema médico, que por desgaste o porque exista alguna disfunción sexual aparezcan problemas en la sexualidad, dificultades con algún hijo, que la suegra viva con ellos en la misma casa…

Este tipo de situaciones puede derivar en roces, necesidades no cubiertas, e insatisfacción en la relación, y sacar a relucir lo peor de cada uno. Por eso, es necesario que la pareja esté construida sobre unos pilares sólidos que no se tambaleen ante las adversidades.

Desde un centro de psicología de parejas aportan los siguientes consejos para que la relación de pareja no falle:

—Comunicarse de forma abierta y clara, y llegar a un entendimiento mutuo será una de las herramientas más eficaces en el funcionamiento de la pareja. Sin olvidar que debe ser acorde lo que uno piensa con lo que uno dice, para que exista una comunicación eficaz. Decir en cada momento lo que uno piensa y no esperar a que sea el otro el que lo adivine, pues si no se lo comunicamos no tendrá forma de saberlo.

—La pareja es un proyecto en el que se tiene que invertir a diario, la relación no sólo se sustenta en el sentimiento amoroso sino que hacen falta además atención, cuidados, mimos diarios, etc.

—No dejar de decir a diario cosas bonitas y agradables ayuda a mantener un buen ambiente entre los dos. Además es más barato y saludable que un regalo material.

—Disponer siempre de tiempo exclusivo para la pareja —sin hijos ni amigos—, al menos una vez a la semana, para poder hablar tranquilamente de temas más personales y sin interrupciones.

—Las expectativas con las que uno llega a la relación deben ser realistas y adaptativas; es decir, si se mantienen expectativas muy exigentes en el otro, en lo que ese otro nos va a aportar. o viéndolo/la como responsable de nuestra felicidad, estaríamos en un error. Esta actitud traería consigo dependencia de la pareja y una fuente de frustración.

—Debe darse una reciprocidad en cuanto que son dos los individuos que la forman. Ambos deben sentir un equilibrio, y que los dos reciben y aportan en condiciones similares.

—Nunca dejar de hablarse; siempre hay que expresar cómo nos sentimos. Si el enfado es muy grande, no dejarse llevar por el impulso y decir cosas que no pensamos y de las que después nos arrepintamos. Dar marcha atrás en este asunto, como si nunca hubiéramos dicho algo, es casi imposible.

—Una relación implica ceder en algunas cuestiones, y no imponer el propio criterio.

—El respeto mutuo y la sinceridad serán elementos clave.

—Es muy importante que en la monotonía del día a día no se pierda la espontaneidad y la capacidad de sorprender al otro. Así como el cuidado de los detalles, los buenos gestos, la sonrisa…. todo aquello que al inicio nos sale solo y de forma constante, debe seguir manteniéndose.

—No olvidarse de dar el beso de buenas noches.

—Expresar libremente a la pareja lo que en cada momento se piensa y siente acerca de uno mismo y del otro. Es fundamental que la otra persona no tenga dudas acerca de nuestros sentimientos de amor y admiración y, por ello, no hay mejor forma que expresarlo verbalmente y mediante gestos de cariño.

—Mantener el contacto físico y espacios de intimidad. Esto será especialmente importante con la llegada de los hijos; saber buscar momentos y no caer en la rutina. Es muy importante sentirse atractivos y deseados por la pareja.

—No dejar en ridículo ni en segundo plano a la pareja delante de terceras personas.

—No confundir amor con enamoramiento. En una fase inicial existen emociones muy intensas que pueden llegar a nublar el entendimiento e idealizan al objeto amado; en un momento posterior, pasamos a una fase en la que las emociones se atemperan y empiezan a intervenir más la razón y la voluntad. Aquí es cuando comienza el verdadero sentimiento de amor, y cuando elegimos construir un proyecto con la pareja. No debemos interpretar la calidad de nuestra relación solamente teniendo en cuenta la intensidad emocional.

—Pedir y saber recibir será otra de las habilidades que ayudarán. Es muy importante demandar lo que uno necesita, o decir con lo que no se está de acuerdo en el momento en que se necesite. Y, por otra parte, dejarse cuidar y saber aceptar las críticas constructivas que puede hacer la pareja.

—El objetivo no es tener la razón, sino llegar a un entendimiento o a una solución cuando se produce alguna desavenencia en la pareja. Por ello, será prioritario que la pareja disponga de unas buenas estrategias de afrontamiento activo frente a los problemas.

—El respeto hacia las opiniones, decisiones y proyectos del otro es básico, y nunca debe perderse.

—Es importante poner los límites adecuados y llegar a acuerdos en la manera en la que se aborda la familia extensa.

Fuente

[*Drog}– Acerca de la adicción como idea científica obsoleta, y su relación con el drogamor

14-01-14

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ha sido para mí una joya de hallazgo.

El motivo es que resume todo lo que sobre el drogamor —al que en el referido artículo se le llama ‘enamoramiento’, ‘amor romántico’ o ‘amor pasional’— he escrito en esta sección y, en particular, se le endilga al enamoramiento la condición de droga, palabra de la que tomé el inicio DROG de ‘drogamor’.

Por tanto, aquí no voy a extenderme una vez más en los argumentos ya tratados, pero sí vale la pena hacer una lista de los que prueban los ya comprobados perniciosos y peligrosos efectos del drogamor.

  1. Su adicción es tan real como la causada por el alcohol, los opiáceos, la cocaína, las anfetaminas, el cannabis, la heroína y la nicotina
  2. Los hombres y mujeres borrachos de amor —léase drogamor— presentan todos los síntomas básicos de la adicción, como la motivación intensa para conseguir a su amado, algo no muy distinto de la fijación que tiene el adicto a una sustancia por conseguir su droga.
  3. Los enamorados apasionados —léase drogamorados— también distorsionan la realidad, cambian sus prioridades y sus hábitos diarios para acomodarse a su amado, experimentan cambios de personalidad, y a veces hacen cosas inapropiadas o arriesgadas para impresionar al amado.

Además, también se dice, pero en lenguaje científico, que todo eso es una trampa de la Naturaleza para llevar al apareamiento, pues, según Helen Fischer, el propósito de esta adicción —o sea, del drogamor fue «motivar a nuestros ancestros para que centraran su tiempo de apareamiento y su energía metabólica en una sola pareja en cada momento, iniciando así la formación de un vínculo de pareja para criar a los jóvenes (al menos durante su infancia) como un equipo».

A esa trampa, nuestra sociedad la llama ‘matrimonio’.

Y el último párrafo a destacar es el que dice, igualmente en términos científicos, lo que yo he dicho en lenguaje vulgo: que hay que educar acerca de los peligros del drogamor.

A este respecto dice Helen Fischer «Cuanto antes aceptemos lo que nos dice la neurociencia ( y utilicemos esta información para actualizar nuestro concepto de adicción), mejor nos comprenderemos a nosotros mismos y al resto de congéneres que disfrutan en el éxtasis y luchan contra el dolor de esta adicción natural, tremendamente poderosa y a menudo positiva que llamamos amor romántico —léase drogamor—.

Para terminar, destaco que la condición de ‘positivo’ que en el artículo se le da dos veces al drogamor, se debe a que, cuando se esfuma, en pocas, en muy pocas ocasiones, puede evolucionar, como también he dicho, hacia verdadero amor, lo cual constituye tal vez la parte más insidiosa y maligna de la trampa a que lleva porque permite que los drogamorados crean que su drogamor va a ser de los positivos, que será el amor de su vida, el eterno, el de ‘hasta que la muerte nos separe’.

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14/01/2014

Ideas científicas obsoletas. N° 5: Todas las adicciones son malas

Helen Fischer, bioantropóloga en la Universidad Rutgers, New Jersey, y autora de «¿Por qué él? ¿Por qué ella? Cómo encontrar el amor y mantenerlo».

«Si una idea no es absurda, no tiene ninguna esperanza», se cuenta que dijo Einstein una vez. Me gustaría ampliar la definición de adicción y jubilar la idea científica de que todas las adicciones son patológicas y dañinas.

Desde el comienzo del diagnóstico formal, hace más de 50 años, a la búsqueda compulsiva del juego, la comida y el sexo (recompensas no generadas por una sustancia) no se les ha considerado adicciones. Sólo el abuso del alcohol, los opiáceos, la cocaína, las anfetaminas, el cannabis, la heroína y la nicotina ha sido catalogados como adicciones.

Esta categorización descansa principalmente en el hecho de que las sustancias activan los «circuitos de recompensa» básicos del cerebro que están asociados con el anhelo y la obsesión, y producen conductas patológicas. Los psiquiatras trabajan dentro de este mundo de psicopatologías: aquello que es anormal y te pone enfermo.

Como antropóloga, me parecen limitados por este enfoque. Los científicos han demostrado que la comida, el sexo y las compulsiones del juego emplean muchos de los mismos circuitos neuronales que se activan con el abuso de sustancias narcóticas.

De hecho, la edición de 2013 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales ha reconocido por fin que al menos una forma del abuso de algo que no es una sustancia puede considerarse una adicción: el juego. El abuso del sexo y de la comida no se incluyeron, y tampoco el amor romántico. Yo propongo que la adicción del amor es tan real como cualquier otra, en términos de sus patrones de comportamiento y los mecanismos mentales. Además, suele ser una adicción positiva.

Los científicos y los profanos han contemplado durante mucho tiempo el amor romántico como algo sobrenatural, o como una invención social de los trovadores franceses del siglo XII. Las evidencias no sostienen estas ideas. Las canciones, poemas, historias, óperas, ballets, novelas, mitos y leyendas del amor, la magia del amor, los encantos del amor, los suicidios y homicidios por amor, en fin, los rastros del amor romántico, se encuentran en más de 200 sociedades y a lo largo de miles de años. En todo el mundo los hombres y las mujeres suspiran por amor, viven por amor, mueren de amor y matan por amor. El amor romántico, también conocido como amor pasional o «enamoramiento», se considera habitualmente un universal humano.

Además, los hombres y mujeres borrachos de amor presentan todos los síntomas básicos de la adicción. Sobre todo, el enamorado está concentrado en su droga: el objeto de su amor. Piensa obsesivamente en él o en ella (pensamiento intrusivo) y a menudo le llaman, escriben o visitan para mantener el contacto.

En esta experiencia es primordial la motivación intensa para conseguir a su amado, algo no muy distinto de la fijación que tiene el adicto a una sustancia por conseguir su droga. Los enamorados apasionados también distorsionan la realidad, cambian sus prioridades y sus hábitos diarios para acomodarse a su amado, experimentan cambios de personalidad (alteraciones del amor) y a veces hacen cosas inapropiadas o arriesgadas para impresionar al amado.

Muchos están dispuestos a sacrificarse e incluso a morir por él. El enamorado anhela la unión física y emocional con el amado (dependencia). Y, al igual que el adicto que sufre cuando no puede obtener su droga, el amante sufre cuando se ve apartado del amado (síndrome de abstinencia). La adversidad y las barreras sociales incluso llegan a acentuar este anhelo (atracción de la frustración).

De hecho, los enamorados expresan los cuatro rasgos básicos de la adicción: el anhelo, la tolerancia, el síndrome de abstinencia, y la recaída. Sienten un «brote» de excitación cuando están con su amado (intoxicación). Cuando se establece el nivel de tolerancia, el enamorado busca interactuar más y más con el amado (intensificación). Si el objeto amado rompe la relación, el enamorado experimenta señales de síndrome de abstinencia, que incluyen la protesta, los arrebatos de llanto, la somnolencia, la angustia, el insomnio o el hiperinsomnio, la pérdida de apetito o los atracones de comida, la irritabilidad y la soledad.

Los enamorados, como los adictos, también suelen llegar a extremos, y a menudo hacen cosas degradantes o físicamente peligrosas para recuperar al amado. Y los enamorados recaen de la misma manera en que lo hacen los drogadictos: mucho después de que la relación se ha terminado, ciertos acontecimientos, personas, lugares, canciones y otras pistas externas asociadas con la persona que les abandonó, pueden desencadenar recuerdos y anhelos renovados.

De los muchos indicios que hay de que el amor romántico es una adicción, quizás ninguno sea más convincente que los datos cada vez mayores que aporta la neurociencia.

A través de los escáneres cerebrales (la resonancia magnética funcional), varios científicos han demostrado que las sensaciones del amor romántico implican a regiones del «sistema de recompensa» del cerebro, específicamente los circuitos de la dopamina relacionados con la energía, la concentración, la motivación, el éxtasis, la desesperación y el anhelo, incluyendo regiones primarias que están asociadas con las adicciones a sustancias o a cosas que no lo son.

De hecho, nuestro grupo ha localizado actividad en el núcleo accumbens (la parte central del cerebro que está relacionada con todas las adicciones) en todos los enamorados rechazados. Además, algunos de los resultados aún no publicados sugieren correlaciones entre la actividad del núcleo accumbens y las sensaciones de pasión romántica experimentadas por amantes que se enamoraron feliz e intensamente.

El Premio Nobel Eric Kandel dijo hace poco: «Los estudios del cerebro nos dirán en última instancia en qué consiste ser humano». Sabiendo lo que sabemos del cerebro, mi compañera de escáneres cerebrales, Lucy Brown, ha cocluido que el amor romántico es una adicción natural, y yo he sostenido que esta adicción natural evolucionó de antepasados mamíferos hace unos 4,4 millones de años, entre los primeros homínidos, a la vez que la evolución de la monogamia serial y social: un hito en la Humanidad.

Su propósito: motivar a nuestros ancestros para que centraran su tiempo de apareamiento y su energía metabólica en una sola pareja en cada momento, iniciando así la formación de un vínculo de pareja para criar a los jóvenes (al menos durante su infancia) como un equipo.

Cuanto antes aceptemos lo que nos dice la neurociencia ( y utilicemos esta información para actualizar nuestro concepto de adicción), mejor nos comprenderemos a nosotros mismos y al resto de congéneres que disfrutan en el éxtasis y luchan contra el dolor de esta adicción natural, tremendamente poderosa y a menudo positiva que llamamos amor romántico.

Fuente

Los otros cuatro artículos de la serie «Cinco ideas científicas obsoletas» son:

[*Drog}– Más acerca de divorcios o rupturas de pareja

06-11-13

Carlos M. Padrón

En tema relacionado con el artículo que comenté en Acerca de divorcios o rupturas de pareja, encontré hoy otro, que copio abajo, de cuya lectura deduzco que aún existen psicólogos y psiquiatras que creen que el amor es un sentimiento, o sea, que creen que es amor lo que hay siempre asociado al enamoramiento.

Comento a continuación, y siguiendo el orden en que aparecen en el tal artículo, los puntos de él con los que no estoy de acuerdo.

Eso de comprometerse «con toda firmeza y certeza» parece ignorar que en el verdadero amor podrá existir la firmeza, pero no la certeza, pues ésta implica dar por sentado que ya se ha logrado lo que se quiere —dar por granted, como se dice en inlés—, y tal certeza va contra la regla de que el amor hay que trabajarlo día a día.

Cuando uno de los miembros de la pareja «da por granted» que ya tiene al otro «en el saco» —o sea, bien asegurado—, deja de trabajar, y ahí comienza la ruina de la relación.

¿Y cuáles son los detalles que no aportan nada? No necesariamente son los mismos para los dos miembros de la pareja. ¿Y qué tal si uno realmente ama y el otro no?

Que me perdone Mila Cahue cuando propone «Describir lo que ocurre con los sentimientos», pues el amor NO es un sentimiento; el drogamor sí que lo es. Entonces, ¿a cuál de los dos se refiere ella?

Por último, también dice Cahue que se puede llegar a ser amigo de la expareja.

Vuelvo a pedir perdón, pero, como ya expliqué en el artículo Más acerca de la hipotética amistad entre hombre y mujer, y aporté opiniones muy autorizadas, “Donde haya tensión sexual no puede haber amistad químicamente pura”.

Por tanto, en los más de los casos no es posible la amistad entre hombre y mujer. Y es altamente probable que tal tensión exista, o despierte, entre quienes fueron pareja.

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06/11/2013

M. J. Pérez-Barco

¿Cómo decir a tu pareja «ya no te quiero»?

A cualquier pareja le puede ocurrir que un buen día uno de los dos se dé cuenta de que está desenamorado. Sí, que ya no quiere a la persona con la que comparte un proyecto de vida, con la que se había comprometido, o con la que había decidido, con toda firmeza y certeza, que fuera el compañero/a para el resto de la vida. A veces se deja de amar.

Es un episodio muy doloroso en la vida, tanto para el que lo siente —y, por honestidad, lo tiene que comunicar a su pareja—, como para la pareja que recibe esa noticia lamentable y probablemente inesperada.

No es tan fácil decir «ya no te quiero». Antes debe haber existido una reflexión calmada, una meditación que ha llevado a esa persona a darse cuenta de que la relación se vive con cierta angustia; que los valores, proyectos y metas no son compartidos; que existe cierta sensación de saturación…

Desde luego, nunca es buen momento para hacérselo llegar al otro, pero se trata de ser responsable y honesto en lo que empezó como una relación feliz y con quien se ha querido.

¿Qué actitud mantener?

«A la hora de comunicar tan dolorosa noticia «es muy importante mantener una actitud sincera, firme y de escucha activa, tratando de que la conversación se realice cara a cara y sin rodeos. Eso denota respeto hacia ambas partes», aconseja María Beatriz Pereira, psicóloga clínica de adultos de Isep Clínic Barcelona.

Tres son los ingredientes que no deben faltar en esa conversación que no deja de ser una triste sorpresa para el otro miembro de la pareja.

Mila Cahue, piscóloga de pareja del Centro de Psicología Álava Reyes, los enumera:

«El primero, convencimiento, para transmitir seguridad y reflexión en lo que se está diciendo. El segundo, empatía para saber ponerse en el lugar de la otra persona que está recibiendo una noticia desagradable. Y el tercero, escuchar, sin personalizar, todo lo que se pueda oír».

No hay que caer ante los posibles reproches o críticas que plantee la pareja al conocer la noticia.

«Hay que dejar que hable y escucharle, pero manteniendo la decisión tomada», dice Pereira.

No se debe entrar en contestar ni defenderse de ninguno de esos reproches; en cierto modo hasta hay que comprenderlos con cierta humildad.

Si el otro miembro de la pareja no acepta la situación, es imprescindible mantener la decisión inicial, sin caer en chantajes emocionales o en dar una última oportunidad. Por eso, es tan importante meditar muy bien la decisión.

¿Qué lenguaje utilizar?

Un tono de voz firme, y la postura erguida ayudan a transmitir el mensaje y hacen entender al otro miembro de la pareja que no hay esperanzas.

«Es necesario ser honesto con el otro, amable y comprensivo Por tanto, la decisión se debe dar de manera clara y precisa, omitiendo los detalles que no aportan nada»,

explica la psicóloga Pereira.

Mila Cahue aconseja aplicar las tres reglas de la comunicación:

  1. Describir lo que ocurre con los sentimientos;
  2. Decir, de forma amable, lo que uno piensa y siente, y expresa sus deseos.
  3. No prolongar mucho la conversación, y las dos, tres o cuatro horas que llevan este tipo de mensajes aplazarlas para otro momento en el que ambos estén más calmados.

«Un par de días después se puede retomar la conversación, mejor por la mañana, para que no haya prisas, y durante un fin de semana».

recomienda.

Cahue no recomienda las cenas porque hay menos tiempo y ambos están más cansados. Tampoco dos conversaciones sobre el mismo asunto.

¿Cómo enviar el mensaje?

No ofrecer comentarios con esperanzas, sino neutros («no te quiero como pareja, pero el camino recorrido contigo ha enriquecido mi vida en muchos aspectos»). Según Beatriz Pereira, «no hay que sacar clichés del tipo «no eres tú, soy yo». Tampoco echarle la culpa al otro ni herirlo con insultos».

¿Se puede ser amigos tras la ruptura?

Ambas psicólogas coinciden: con el paso del tiempo, se puede ser amigo de la expareja, pero no de forma inmediata tras la ruptura. Cada uno debe realizar su duelo por separado. Debe ser una decisión compartida por los dos.

Hay que entender que quien recibe la desagradable noticia todavía puede sentirse pareja «y no ha templado sus sentimientos hasta que esté en la distancia que requiere la amistad», explica Cahue.

¿Cuándo es momento de solucionar asuntos compartidos?

La custodia de los hijos, quién se queda con la casa o con el coche… son cuestiones importantísimas en la pareja que acaba de romper.

Sin duda, en el momento de la conversación para decir al otro que no se le quiere no conviene entrar en estos asuntos. Sin embargo, por cuestiones legales, emocionales y morales con los hijos, hay que ponerse en marcha cuanto antes para resolverlo. «Lo mejor es resolverlo de mutuo acuerdo», aconseja Beatriz Pereira.

«Y por partes. Primero, la situación real de la pareja: en este caso, que ha dejado de existir como tal. Cuando se haya podido asumir, entonces se hablará de cada paso en su momento, pero no todos a la vez»,

dice Mila Cahue.

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[*Drog}– El drogamor, el amor, el deseo y los fármacos

12-10-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo contiene puntos clave del drogamor, el amor y el deseo.

Entre ellos cabe destacar que, una vez más, se dice que el drogamor reside en el circuito opioide del cerebro (el opio es una droga), y es diferente al amor; por ejemplo, al amor maternal.

Lo pasajero del drogamor queda demostrado porque, cuando éste aparece —o sea, cuando nos enamoramos (léase drogamoramos) de una persona— «el factor de crecimiento nervioso presenta niveles elevados, pero en cambio vuelve a sus niveles previos al cabo de un año«.

Por tanto, el drogamor no dura, pero las manifestaciones de los drogamorados son las mismas de quienes sufren de trastorno obsesivo compulsivo, o sea, anormales.

Sí, es cierto que se puede desear sin amor y hasta sin drogamor, pues el deseo no es per se ni amor ni drogamor, aunque puede estar presente en ambos.

Por demás interesante es la aseveración de que el amor implica tres factores: pasión, intimidad y compromiso. Pero sólo se elige voluntariamente el compromiso. Por tanto, fiarse solamente de la pasión y la intimidad no parece muy sensato.

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17/09/2013

Beatriz G. Portalatín

No existen fármacos para el amor

El experto en Psicología Emocional, Stanley Schachter, afirmó que «el amor es una excitación fisiológica que interpretamos de una determinada manera».

Y es que, según ha demostrado la Ciencia a lo largo de los años, en el amor existe un componente biológico que hace regir nuestra forma de sentirlo, de demostrarlo y de comportarnos ante él.

Francisco Cabello, médico, psicólogo y director del Instituto Andaluz de Psicología y Sexología, quien recientemente expuso una ponencia sobre este tema en el VII Curso Internacional de Sexualidad y Salud Mental, asegura que efectivamente, en asuntos del corazón, la Ciencia tiene un lugar muy destacado.

«En el amor intervienen distintos componentes, unos emocionales que no se deciden voluntariamente, como la pasión, y que tienen fecha de caducidad; y otros aspectos que deben cultivarse, como el compromiso»,

mantiene.

Hay zonas en nuestro cerebro, y determinados neurotransmisores, explica el doctor, que se activan ante ciertos estímulos y, de forma dinámica, se ponen en marcha una serie de circuitos que conforman la experiencia amorosa.

Por ejemplo, la dopamina, el circuito opioide, la zona prefrontal del cerebro y, de forma muy destacada, el núcleo accumbens.

Además, «hoy en día sabemos mucho acerca de la neurofisiología del amor. A modo de ejemplo, a través de las imágenes obtenidas por fMRI [neuroimagen obtenida por resonancia magnética funcional] se puede diferenciar entre amor romántico y amor maternal. Por tanto, efectivamente, existe un sustrato biológico del amor»,

indica.

Pero aún hay más datos. Según el investigador Páez, el factor de crecimiento nervioso (NGF) presenta niveles elevados cuando nos enamoramos de una nueva persona, pero en cambio vuelve a sus niveles previos al cabo de un año.

«Para que se secrete la dopamina (neurotransmisor relacionado con el placer) se requiere la novedad»,

dice este experto.

Y, por otro lado, los recién enamorados tienen niveles de serotonina (la hormona relacionada con el bienestar) un 40% más bajos de lo normal, al igual que quienes sufren de trastorno obsesivo compulsivo.

Incluso se puede diferenciar entre amor y deseo.

A nivel neurológico por fRMI, explica Cabello, se ha comprobado que los núcleos cerebrales que se activan ante la visión de la persona amada son, con pequeñas diferencias, los mismos que se ponen en marcha tras mirar a una persona deseada.

Además, «parece obvio que es difícil enamorarse de alguien a quien no se desea, pero, por el contrario, sí se puede desear sin amor».

En este aspecto existen varias modalidades. Por ejemplo,

«Se puede tener impulso sexual no dirigido a una persona en concreto, es decir, deseo sin objeto, y se puede sentir una fuerte atracción sexual hacia alguien a quien no se le ven valores que permitan activar la pasión amorosa»,

comenta.

Pero entonces, ¿realmente existen fármacos para el amor?

No como tal, afirma el experto, no existen.

«La industria farmacéutica no ha inventado nada —probablemente tampoco se lo ha propuesto— que facilite la intimidad, la comunicación en pareja, o el nivel de compromiso Pero, por otro lado, sí tenemos algunos fármacos que potencian y mejoran la sexualidad disfuncional y, por ende, favorecen el erotismo, lo cual puede ayudar al mantenimiento de la pasión»,

indica.

Y la pasión es uno de los componentes, según la teoría de Stenberg, del amor romántico.

Evolución en los tiempos

Según la teoría de Stenberg, en el amor romántico existen tres componentes básicos: la pasión, la intimidad, y el compromiso/decisión.

Los cimientos de la pasión se asientan en la atracción erótica. La intimidad, cuya base es la comunicación, entre otras cosas, sería la sensación de estar a gusto con la pareja y echarla de menos en su ausencia.

Finalmente, el compromiso/decisión estaría formado por todas las ideas y comportamientos llevados a cabo para mantener un vínculo con la persona elegida.

De entre todos, sólo se elige voluntariamente este último componente.

Pero el concepto de amor que tenemos hoy, explica, no ha variado con respecto a antaño, quizás tan sólo que la pasión ha ganado más protagonismo. Lo que sí ha variado es el conocimiento que disponemos acerca de los distintos componentes, cómo evolucionan y qué repercusiones tienen en la vida de las personas pero, a nivel de calle, se sigue pensando igual.

«En realidad, el conocimiento profundo del amor está sirviendo de mucho en el campo de la terapia sexual y de pareja, porque nos permite a los técnicos abordar, con conocimiento de causa, los conflictos que se presentan y que tan frecuentes son hoy día»,

comenta.

Por ejemplo, hay que tener en cuenta que una pareja que se enamore en este momento, sólo tiene un 20,9% de probabilidades de durar más de 10 años, es decir, la tasa de separación es muy alta, y el dolor que conlleva muy elevado.

De hecho, informa de que en las consultas psicológicas los conflictos de pareja están presentes en el 70% de los casos como factor predisponente, precipitante o mantenedor del problema.

Y, con todo ello, concluye Cabello, realmente el amor implica pasión, intimidad y compromiso, y que la pasión y, en parte, la intimidad, no las elegimos, y dependen de muchos factores ajenos a la propia voluntad.

Así como que, a pesar de los conocimientos biológicos que manejamos sobre el amor, no existen fármacos para potenciarlo, pero sí se disponen de algunos medicamentos que facilitan la respuesta sexual e indirectamente la pasión.

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[*Drog}– Mentiras que causa el drogamor

27-09-13

Según el artículo que copio abajo, pareciera que el malo (que no cambia), o la víctima, es siempre el hombre.

Pero ¿y qué pasa con las mujeres, ésas a las que va dirigido el libro que el tal artículo promociona? ¿son ellas criaturas santas, inofensivas, inocentes e incapaces de matar una mosca?

No, no lo son. Así que, los comentarios que siguen los hago desde el lado de los hombres.

El drogamor hace que una persona crea en utopías, como ésa del cambio. Y quienes se aferran a esas creencias son, generalmente, quienes no quieren ir a terapia,… porque eso es para locos, dicen.

Lo de continuar abrazado al drogamor para impedir que la siguiente pareja (¿víctima?) que ella consiga disfrute de ese cambio —que, repito, nunca ocurrirá— suena a sentimiento 100% negativo, a arrebato de celos, a estupidez y a masoquismo.

Y es cierto: pensar que nunca jamás encontraré a nadie como ella es, una vez que uno ha logrado zafarse del drogamor, un motivo de alivio, de alegría, de aumento de la autoestima, de un renacer… o de escalofrío, pues eso es lo que se siente al pensar qué habría sido de uno de haber caído en la trampa de continuar —o, peor aún, de formalizar— aquella relación.

Aunque el artículo que sigue es del pasado 12/08, lo comento hoy porque el 27/09 es fecha aniversario de cuando logré zafarme del último episodio de drogamor en que quedé enganchado.

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12/08/2013

C. F. Carlota Fominaya

Las tres grandes mentiras del enganche emocional

Nos obsesionamos con el otro y nos humillamos hasta el extremo.

«No somos capaces de cortar una relación, aún cuando sabemos que es totalmente necesario hacerlo, y llevamos ya derramadas demasiadas lágrimas. Nuestra adicción nos genera una necesidad desmesurada e irracional del otro, que nos lleva a mantener esa relación a cualquier precio, aunque estemos sufriendo sin mesura. Nos obsesionamos con el otro, y nos humillamos hasta el extremo, a cambio de un poco de falsa ternura…».

Cuando la psicóloga, especializada en autoestima y dependencia emocional, Silvia Congost, habla de enganche emocional, no sólo habla desde su perspectiva profesional, sino también desde la personal.

Ella misma pasó por una historia de enganche que, una vez superada, le llevó a escribir “Cuando amar demasiado es depender”, un manual práctico, claro, fácil de leer y comprender, basado en los cientos de casos de personas a las que ha ayudado a recuperar su vida.

En sus páginas encontramos las tres grandes mentiras que en casi todos los casos se convierten en el principal alimento del enganche emocional. Son las siguientes:

1) Creer que va a cambiar

Si con todo el tiempo que ha pasado, ya desde el principio ha sido así, ¿por qué mantenemos esa creencia irracional?

«Es evidente que no va a dejar de ser como es, por mucho que en momentos de arrepentimiento jure y perjure que cambiará. En realidad, a no ser que viéramos que pide ayuda psicológica por sí mismo, sin que nadie se lo diga, podemos asegurar que no tiene ningún interés en cambiar. Y digo bien, ¡Ninguno!».

2. Pensar que cambiará, y que su siguiente pareja disfrutará esa transformación

Esta creencia también tiene una parte sorprendente.

Pensamos que todo el esfuerzo, la lucha y el sufrimiento que hemos vivido para conseguir que él cambie, todo lo que hemos tolerado, lo que le hemos ayudado… el hecho de haberle mantenido incluso, algún día servirá para algo. Queremos creer que llegado el momento nos lo agradecerá y nos recompensará por todo.

Esta creencia es, como la anterior, absolutamente ridícula. Cuando esté con la siguiente, reproducirá fielmente la misma relación que teníamos con él. A no ser, claro que encuentre a una mujer con una buena autoestima e independiente que, a la primera conducta extraña que vea, le diga que no le quiere ver nunca más.

3. Pensar que nunca jamás encontraré a nadie como él

Esto, en realidad, debería ser un motivo de alegría. El gran objetivo debería ser, precisamente, no encontrar a otra persona igual.

Para ello, Congost recomienda que cada día repasemos la lista de razones por las que sufrimos. Entonces quizá llegue un momento en el pensemos que mejor no encontrar a otro que sea así, y que lo bueno que tiene, lo que nos engancha, tampoco es tan difícil de encontrar.

Fuente: ABC

[*Drog}– El drogamor, el deseo… y los chispazos

01-08-13

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo me llamó la atención lo de que el verdadero elixir del amor es un chispazo de 2 miliamperios de corriente eléctrica.

Por supuesto, el tal elixir —que en realidad no lo es porque, según el DRAE, elixir es un medicamento o remedio maravilloso— no se refiere al amor sino al drogamor, y aunque lo del chispazo me parece exagerado por la corta duración de éste, sí es de temer que alguien se lance a comprometer su futuro basándose sólo en un chispazo, o sea, en el afloramiento del drogamor, sentimiento entre cuyas buenas consecuencias —más allá de unos 3 años, y nunca permanentes— no está el ser un remedio maravilloso, pues como droga alucinógena que es, nada remedia, a menos que se quiera llamar remedio a una visión distorsionada de la realidad.

Si el articulista se refería al deseo y no al (drog)amor, entonces sí tiene sentido lo del chispazo, pues éste sólo suele durar hasta que consigue satisfacción y, una vez satisfecho, uno a veces se pregunta cómo diablos llegó a eso.

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15/06/2013

Judith de Jorge

El deseo es cuestión de un chispazo

Voluntarios que reciben 2 miliamperios de corriente eléctrica en el cerebro ven unos rostros más atractivos, en un curioso experimento científico.

El chispazo instantáneo que desencadena el deseo cuando se ve un rostro atractivo se enciende dentro de una región profunda del cerebro llamada área ventral, asociada con el procesamiento de la recompensa.

Ahora, investigadores del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, han descubierto una manera de avivar ese fuego. Ni regalos sorpresas ni cenas a la luz de las velas ni un nuevo vestuario sexy: el verdadero elixir del amor son 2 miliamperios de corriente eléctrica. Un chispazo en toda regla.

Utilizando una técnica llamada estimulación trascraneal de corriente directa (tDCS) —que pasa corriente a través del cerebro por medio de dos electrodos en el cuero cabelludo—, el equipo pidió a 19 voluntarios que evaluaran el atractivo de varios rostros caucásicos masculinos y femeninos. antes y después de que la actividad en sus áreas ventrales se viera incrementada.

Los rostros mostrados tenían expresiones neutras y habían sido generados por computador.

Un grupo de control recibió una estimulación eléctrica falsa, que produce una sensación de hormigueo pero sin corriente real. En comparación, los voluntarios que recibieron la tDCS calificaron las caras como mucho más atractivas en una escala de ocho puntos después de recibir el chispazo.

Como es lógico, los investigadores no proponen que utilicemos su descubrimiento para dar descargas a mansalva y hechizar a los amantes potenciales; sus intenciones son bien distintas.

Según explican, esta capacidad para manipular, sin drogas ni cirugía invasiva, una región profunda del cerebro, sugiere que técnicas similares se podrían utilizar para tratar trastornos asociados con las disfunciones de la zona ventral del cerebro, como la enfermedad de Parkinson, la esquizofrenia, la depresión y las adicciones.

La investigación aparece publicada en la revista Translational Psychiatry.

Fuente: ABC

[*Drog}– El hombre que duerme a tu lado y ronca

03-04-13

Carlos M. Padrón

Abajo copio otro buen artículo que habla de amor y drogamor, uno que, si bien parece escrito para mujeres —que también roncan—, vale igual para hombres.

En él me llama la atención que su autora que, en todo lo demás, demuestra sensatez, diga algo así como que todos los hombres son iguales. De ser eso cierto, también serían iguales todas las mujeres, pero no, afortunadamente, no lo son.

Debo destacar, porque ya lo he dicho varias veces en esta sección, eso de que el drogamor es algo que se nos ha ido vendiendo a través de la cultura, porque realmente vende.

¡Vaya que sí vende! Repito que si de golpe se retiraran de circulación todos los libros y películas en los que se exalta el drogamor, quebrarían todas las librerías y editoriales, y, por supuesto, también Hollywood.

Y tal vez por esto se me como antoja gran verdad lo que cuenta la autora que dijo un psiquiatra: «El enamoramiento —o sea, el drogamor, añado yo— es la psicosis más aceptada socialmente«.

Celebro ver que, una vez más, se diga que el enamoramiento pasa, y me parece cierto que «el amor real, que es lo sano y natural, es otra cosa diferente al drogamor». Pro no nos confundamos dando al adjetivo ‘natural’ el significado de ‘normal’ o ‘común’, pues, lamentablemente, el amor real no es ni lo normal ni lo frecuente ni lo común. El drogamor, sí.

Dice la autora que esa creencia ciega en el drogamor está cambiando, pero si lo está, o el cambio es imperceptible o yo no lo veo, pues continúan apareciendo las películas, cuñas comerciales, novelas, etc. que exaltan el amor romántico, o sólo el aspecto erótico, como la tal «Las 50 sombras de Grey» que, hasta donde he podido ver, además de estar mal escrita (me refiero a la versión en español) no es gran cosa como novela erótica.

Cierto que lo que hay que buscar es «la persona que compagine mejor contigo» —o sea, la verdadera «media naranaja»—, y asimismo me parece acertado lo de que el atractivo físico se ha exagerado tanto como el bendito amor romántico, pues, aunque la autora dice que lo que hace falta es que en la otra persona —o sea, en nuestra potencial pareja— haya algo que nos resulte especial, prefiero decir que lo que cuenta es que veamos en esa otra persona un conjunto de características que nos resulten especialmente valiosas, lo cual no quiere decir que se descarte el atractivo físico, pues si en vez de atractivo hay repulsión, no hay futuro.

Todas son condiciones que ya incluí en el artículo Bases de la pareja.

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08/03/2013

Beatriz G. Portalatín

El hombre común, el corriente, el hombre de a pie, el imperfecto, o ese héroe de la clase trabajadora, el working class hero que diría John Lennon es, en definitiva, el hombre real.

Así es como podríamos definir al hombre que la escritora y guionista italiana Rossella Calabrò ha querido plasmar en sus ’50 sombras de Gregorio’ (Planeta), una parodia del exitoso y archiconocido ’50 sombras de Grey’ de E. L. James.

«Es un libro que vuelve a traer los pies de las mujeres a la tierra, pero sin romper sus sueños. Si Mr. Grey es perfectísimo, guapísimo, riquísimo, y otros tantos ‘-ísimos’, Gregorio es, en cambio, ese hombre que duerme a tu lado y ronca, que pasea por la casa con una vieja camiseta, un negado para las fechas importantes, e incapaz de detectar tus preocupaciones. Es el compañero-marido-amante con el que todas nos topamos cuando despertamos del sueño. Es un hombre imperfecto, pero real, y que también arranca carcajadas»,

explica la autora. Porque, según dice, todos los hombres son en realidad ese Gregorio que ella pinta. Al menos, asegura, todos tienen un poco de él.

¿Amor romántico y media naranja?

A pesar de los tiempos, del cambio de la mujer en la sociedad, del cambio de roles y de las diferentes concepciones que actualmente podemos tener del amor, los expertos afirman que aún seguimos creyendo en el amor romántico.

«Todavía hay mucha gente que sigue aferrándose al concepto de ‘amor romántico’ y al mito de la media naranja. El ‘amor romántico’ es algo que se nos ha ido vendiendo a través de la cultura, porque realmente vende. Por ejemplo Disney. Una vez encuentras al amor de tu vida ésta gira en torno a él, todas las actividades se hacen en pareja, y el objetivo no es sólo conservarlo, sino luchar por él. Y si es contra todo lo establecido, mejor; algo como ‘Romeo y Julieta'»,

asegura Silvia Cintrano, directora de la Unidad de Sexología del Instituto Centta de Madrid.

Sin embargo, en el amor real, lo sano y natural es otra cosa. Se trata, según ella, de tener a una persona a tu lado, de compartir cosas juntos, de disfrutar… pero cada miembro de la pareja es una persona (no un único ser) con su independencia y su tiempo de intimidad. Y así, la conversación y la comunicación, clave en las relaciones, se favorece.

«Tenemos que tener siempre, a pesar de los sueños, un punto de realidad. De este modo, se destierra también el concepto de la media naranja que, en sexualidad, no es más que un mito que se remonta a la antigua Grecia. Cuenta la leyenda que en la antigüedad los seres eran esféricos como naranjas, tenían dos caras opuestas, cuatro brazos y cuatro piernas, pero el dios Zeus un día les castigó partiéndolos por la mitad. Desde entonces, pasamos toda la vida buscando a nuestra otra mitad, nuestra media naranja»,

recalca la especialista.

En 2013 todavía siguen existiendo estas creencias, pero Silvia Cintrano admite que la evolución, la normalización de los divorcios y, sobre todo, la experiencia que va dando la vida, hacen que cambien algunos conceptos y la gente vea que nada es infinito. Y, lo que es más importante, que las cosas no son fáciles.

Pero, entonces, desterrando mitos y pisando el mundo real, ¿qué es lo que realmente se busca, en ese caso, en un hombre? «Se busca a la persona que compagine mejor contigo», responde contundente Silvia Cintrano.

Enamoramiento y atractivo físico

«Dice un conocido psiquiatra que el enamoramiento es la psicosis más aceptada socialmente, y probablemente sea así. No eres objetivo, sólo ves las virtudes y escondes los defectos de la otra persona», comenta Cintano.

Pero, una vez que pasa esa fase, lo que hay que hacer es ir asumiendo esos defectos como tales, como tenemos todos. Si esto no se hace, entonces el mito del enamoramiento y la relación se cae.

Lo mismo pasa con el sexo.

«Al principio todo es muy bonito porque cualquier estímulo es nuevo, y se descubren juntos cosas nuevas. Lo normal, en esa primera etapa, es dejarse llevar. Después, más adelante, aparece la compenetración, conocerse más, saber qué es exactamente lo que le gusta al otro y lo que no. En definitiva, se trata del aprendizaje de nuestro cuerpo y del de nuestra pareja, pero ya el estímulo no es tan novedoso y, por eso, la gente cae en la rutina y en la monotonía, sin saber que siempre, y todos los días, se pueden descubrir cosas. En consulta, animo a mis pacientes a que preparen para sus parejas algo especial cada semana, que les sorprendan, para crear esa incertidumbre del principio»,

explica.

Otra de las cuestiones importante es el atractivo físico.

«En la actualidad, la sociedad le da una importancia exagerada. Sin embargo, realmente lo que nos atrae no es que tenga un cuerpo diez o una cara perfecta, sino que haya algo que nos resulte especial en él. Una chispa, un algo que simplemente nos resulte morboso y atractivo»,

recalca.

Por tanto, revela que, verdaderamente, lo que atrae es que esa persona concuerde con tu estilo de vida. Y lo que enamora es que te haga sentir único/a y especial, pero, sobre todo, que haya una admiración mutua.

Entonces, volviendo a Gregorio, ¿por qué ese ‘Gregorio’ es tan especial?

«Porque es tan sólo el hombre que hemos elegido. Si somos capaces de amarlo con sus defectos, y si somos capaces de vivir la vida con ironía, es el hombre perfecto para nosotras»,

concluye la autora Rosella Calabrò.

Fuente: El Mundo

[*Drog}– Acertadamente declarado como ‘imbecilidad transitoria’

14-02-13

Carlos M. Padrón

En el artículo que sigue —que en realidad se refiere al drogamor y no al amor, y amerita una felicitación a su autor, Manuel Cruz— quedan muy claros los pros y contras de ese sentimiento.

Acertadamente se le llama «intolerable espejismo engañoso» y «territorio privilegiado de la estupidez humana*«, además de «imbecilidad transitoria», pero no nos hagamos muchas ilusiones sobre la condición de transitoriedad, pues transitorio es también un huracán pero destruye todo a su paso.

Y si, como dice el autor, uno se enamora una sola vez en la vida, sólo que de diferentes personas,

  • ¿Cómo es posible que después de haber padecido una vez las consecuencias del drogamor, alguien caiga de nuevo en él sin darse cuenta de que busca un espejismo, de que no sirve de consuelo para el espíritu, ni de bálsamo para el corazón, tener que aceptar que esa persona de la que se estuvo drogamorado ya no es la que uno «amó» tiempo atrás, sino que ha pasado a ser otra distinta?
  • ¿Cómo creer, en tiempos de disolución del sujeto —añado que nunca esa disolución ha sido tan grave como ahora—, que una determinada persona, y sólo ella, está predestinada a ser el hombre o la mujer de nuestra entera vida?

La conclusión es tajante y muy cierta: el drogamor no pasa de ser, como así mismo se ha dicho más de una vez, una variante particular de imbecilidad transitoria, y su abrumadora generalización no resultaría un argumento en contra, sino a favor, de la necesidad de combatir decididamente lo que en última instancia no ha resultado ser otra cosa que una formidable arma de idiotización** masiva.

Y es aquí donde la sociedad debería intervenir para minimizar tan letales efectos.

No se crea que esta ilustración, hecha como chiste pero que encierra una gran verdad, mitiga lo de idiota al usar, en cambio, el término inocente. Nada de eso, lo de inocente es sólo por la fecha, y no desmerece en nada lo de idiota.

Con el sentimiento de drogamor, nada tiene en común esta definición que del amor da el autor japonés Teitaro Suzuki:

“El amor confía, es siempre afirmativo y omniabarcante. El amor es vida y, por tanto, creación. Todo lo que toca es vivificado y potenciado por un nuevo impulso de crecimiento. Cuando se ama a un animal, éste crece más inteligente; cuando se ama a una planta, se conocen todas sus necesidades. El amor nunca es ciego; es una reserva de luz infinita”.

en la que destaco como clave la afirmación de que el amor nunca es ciego. El amor de que habla Manuel Cruz, y ése que la gente cree una guía segura, se caracteriza —entre muchas otras cosas ya explicadas en esta sección—, porque de él se dice que es ciego y, efectivamente, lo es en el sentido de que causa ceguera en quien lo profesa.

NotasCMP.

(*) Según el DRAE, estupidez es «Torpeza notable en comprender las cosas».

(**) Según el DRAE, viene de idiocia, que es «Trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en las primeras edades de la vida».

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08 Sep 2012

Manuel Cruz

En nuestra sociedad, cuando uno es requerido a hablar del amor, se diría que resulta poco menos que obligado hacerlo en términos elogiosos, cuando no abiertamente entusiastas. Parece como si constituyera una contradicción conceptual —que colocaría, además, en el lugar de un antipático aguafiestas al que se atreviera a sostenerla— referirse a dicho sentimiento de manera crítica, señalando sus limitaciones, sus contradicciones, y ya no digamos la función oscurecedora o directamente engañosa que a menudo cumple, en el mundo actual, la apelación a lo amoroso.

No resulta difícil comprender tan generalizada prevención: ¿cómo hablar en clave negativa de una de las experiencias que mejor ha representado en nuestra cultura el ideal de felicidad, con la que incluso se ha asociado en múltiples ocasiones a la misma bondad?

Pero de una tal constatación cabe extraer conclusiones de diverso tipo. Una —que puede contar, sin duda, con buenas razones a su favor— es la de que la consideración inequívocamente positiva del amor constituye una de las columnas básicas sobre las que, en nuestra sociedad, se sostiene la visión del mundo hegemónica.

Cumple dicha función precisamente porque se imbrica con un conjunto de convencimientos fuertemente arraigados en la mente de los individuos, de manera que mucha gente barrunta, o intuye, que cuestionar la importancia de aquél arrastraría en su caída a éstos, dejándonos en una situación de incertidumbre y desamparo extremos.

Además, cabría añadir, en nombre de un presunto sentido común bastante extendido, ¿para qué tocar aquello que funciona? ¿No parece mayoritariamente aceptado que un gran amor constituye el ideal de la plenitud de sentido para una vida? ¿O que, entretanto éste no se alcanza, los diversos grados de la felicidad o el bienestar imaginables vienen indisolublemente ligados a una proporcional presencia de lo amoroso?

Dicho de una forma extremadamente simplificadora, por la que me disculpo de antemano, ¿acaso alguien, cuando fantasea unas maravillosas vacaciones, se representa unos días en un paraje idílico, pero en estricta y rigurosa soledad?

Sin embargo, la conclusión anterior no es la única, como ya anticipábamos. A partir de idénticas premisas, también los ha habido que han extraído una conclusión, de signo bien distinto, acerca de la urgente necesidad de combatir la forma dominante de entender el amor a la que nos venimos refiriendo.

En efecto, lo arraigado y difundido de la misma, lejos de constituir un argumento incontestable para aceptarla, estaría informando precisamente de la gravedad de nuestra situación. Porque si un tal amor no pasa de ser, como así mismo se ha dicho más de una vez, una variante particular de imbecilidad transitoria, su abrumadora generalización no resultaría un argumento en contra, sino a favor, de la necesidad de combatir decididamente lo que en última instancia no habría resultado ser otra cosa que una formidable arma de idiotización masiva.

Acerca de la primera conclusión no hay mucho que añadir. Para ella, el amor ya está bien como está o, lo que viene a ser lo mismo, alcanzarlo representa una aspiración válida, cuando no directamente deseable, como horizonte regulador para nuestras vidas.

La segunda, en cambio, en la medida en que impugna el imaginario colectivo dominante en uno de sus aspectos vertebrales, implica toda una invitación no sólo a la crítica, sino también a la elaboración de una alternativa existencial adecuada, … excepto para quienes pudieran considerar que vivir sin amor ya constituye, por sí sola, la alternativa.

¿De qué rasgos, según esto, debería desprenderse nuestra idea de amor para empezar a resultar, como mínimo, aceptable? ¿Qué nuevas determinaciones debería asumir para que empezara a abandonar su condición de intolerable espejismo engañoso?

Para algunos, que dicen saber de la cosa, el hecho de que la beatitud alcanzada por los enamorados sea, de acuerdo con la estadística y el cálculo de probabilidades, perecedera y volátil, pero que, a pesar de tan abrumadora evidencia, sea considerada por sus protagonistas como imperecedera y eterna, representa la prueba más concluyente de hasta qué punto el amor constituye el territorio privilegiado de la estupidez humana.

Siguiendo con el razonamiento, una perspectiva adecuada (¿o deberíamos decir, directamente, postmoderna?) del amor sería aquélla en la que los amantes asumieran, sin conflicto ni desgarro alguno, la condición efímera de su pasión, abandonando tópicos que corresponderían a una concepción anacrónica de la misma, como el tópico de la irrepetibilidad de la persona amada (canónicamente expresada en el verso nerudiano “a nadie te pareces desde que yo te amo”).

En su lugar, lo procedente sería interiorizar sin complejos (sobre todo de culpa) la actitud descrita por la cantautora británica Adele en su éxito Someone like you, en el que, dirigiéndose a un antiguo amante, le manifiesta su convencimiento de que encontrará a alguien que ocupe su lugar, esto es, alguien en cierto sentido intercambiable.

No puede decirse que en esta perspectiva se esté renunciando por completo a la idea del amor, sino más bien que se la está adaptando convenientemente a la liquidez de los tiempos, hasta el punto de que uno de estos enamorados de nuevo cuño podría hacer suya la vieja retórica amorosa, sólo que introduciendo un pequeño matiz diferencial, y afirmar “uno se enamora una sola vez en la vida, sólo que de diferentes personas”.

En el fondo, a poco que se piense, la expuesta resulta una actitud bastante acorde con la época que nos ha tocado vivir. En efecto, ¿cómo creer, en tiempos de disolución del sujeto, que una determinada persona, y sólo ella, está predestinada a ser el hombre o la mujer de nuestra entera vida?

Aunque tal vez, pensándolo mejor, el problema no sea tanto de la otra persona como de uno mismo. Encuentro en el libro de Miquel Bassols Tu yo no es tuyo una frase del escritor Julián Ríos que tal vez proporcione la clave de la dificultad. Frente a la máxima bíblica “yo soy el que soy”, acaso lo único que en el presente podamos afirmar acerca de nosotros mismos sea “yo soy el que es hoy”.

Escaso bagaje, ciertamente, para andar en búsqueda de un otro del que es de suponer que no estamos en condiciones de esperar mayor entidad que la nuestra, tan liviana ella. Probablemente la única pregunta posible, llegados a tal punto, sea la siguiente: ¿consideramos que éste es un lugar para quedarse a vivir?

Porque la propia Adele —alguno opinará que la estoy citando como si se tratara del mismísimo Hegel: secuelas del verano, que reblandece las neuronas— señala en otros pasajes de su canción algo particularmente relevante. Encontraré a alguien como tú, proclama, pero eso significa que ese amor perdido ha pasado a convertirse en un punto de referencia y, curioso, no sirve de consuelo para el espíritu, ni de bálsamo para el corazón, pensar que esa persona ya no es ahora la que uno amó tiempo atrás, y que ha pasado a ser otra distinta (tan volátil como uno mismo).

Acaso esté revelando algo mucho más importante que una mera debilidad el hecho de que, cuando se pierde a la persona amada —a ese hombre o a esa mujer que pudieron llegar a ser percibidos en un determinado momento como un auténtico destino— luego ya sólo queda, o darse por muerto en vida, o añorarla para los restos, y errar como alma en pena, buscándola, en vano, en otras personas.

Muy probablemente lo que todo lo anterior esté mostrando es que, en materia amorosa, no hemos conseguido escapar de los territorios del posibilismo, más allá de unos cuantos aditamentos ocasionales.

Me atrevería a afirmar, con escaso temor a equivocarme, que si hiciéramos una encuesta preguntando a la gente acerca de su opinión sobre ese tópico ideal de relación amorosa, en el que una persona colma, por completo y para siempre, las expectativas de todo orden que cualquiera pudiera plantearse, la inmensa mayoría declararía su radical escepticismo respecto a la probabilidad de dar con dicha persona.

Pero si, pertinaces, perseveráramos en la pregunta inicial añadiéndole la puntualización: “en el caso de que Vd. tuviera la insólita fortuna de encontrarla, ¿suscribiría el modelo heredado de relación amorosa?”, albergo pocas dudas de que la inmensa mayoría respondería afirmativamente. Lo cual, por si no ha quedado claro, en modo alguno pretende constituir un elogio indirecto de dicho modelo, sino una constatación de nuestra incapacidad —hasta el momento— para elaborar otro mejor.

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Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Premio Jovellanos de Ensayo 2012 por el libro Adiós, historia, adiós.

Cortesía de Carmen O’Dogherty

[*Drog}– Acerca de un perfume para buscar pareja

31-01-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo anuncia que unos científicos alemanes han creado un perfume que sirve al propósito que he puesto en el título: buscar pareja.

Esto me hace recordar el dicho «Éramos pocos en casa, y parió la abuela», pues si hasta ahora esa búsqueda se ha basado en la fatal atracción romántica, en el llamado «amor a primera vista», ahora se añade, como para meter más la pata, el olor corporal, algo de corte instintivo, con lo cual la razón queda un paso más atrás de lo que hasta ahora estaba.

No faltará quien diga que eso del olor corporal es un factor natural. Por favor, no olvidemos que a la Naturaleza le importa un pito la felicidad humana; sólo se ocupa de la reproducción de la especie y de que se imponga el mejor —eso que llamamos justicia es un invento de la sociedad— y, por tanto, no toma en cuenta la relación de pareja.

La tarea de velar por la reproducción de la especie incluye la mejora de ésta, y por eso en el artículo se dice que los hijos procreados por una pareja que se haya sentido atraída por sus olores corporales, serían más resistentes a las enfermedades.

Arguyen que los animales también se guían por el olor corporal, pero me temo que los perros no han leído sobre este descubrimiento, o los descubridores no se han fijado mucho en cómo proceden los perros, pero es el caso que para los perros machos cualquier perra en celo, así le doble el tamaño o sea una enana a su lado, es un imán más poderoso que la comida o el apego a su dueño.

Lo peor de todo esto es que el tal perfume busca facilitar una elección inconsciente; o sea, que la razón no pinta nada en esa elección, a menos que lo que la pareja así formada busque sea sólo placer olfativo (trampa de la Naturaleza) e hijos potencialmente resistentes a las enfermedades (objetivo de la Naturaleza).

Lo de la calidad de la relación de pareja, repito, no cuenta aquí para nada.

La parte anecdótica es que uno no puede dejar de preguntarse qué pasaría si se pusiera de moda el uso masivo de ese perfume, y en una reunión social nos sentaran junto a alguien cuyo olor corporal nos resulte simplemente apestoso.

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23/01/2013

Científicos alemanes han desarrollado un perfume para ayudar a buscar pareja, y cuyo aroma resalta el olor corporal individual.

La fragancia sintética ayuda a desvelar la composición de los genes inmunológicos que los potenciales amantes pueden reconocer inconscientemente como los apropiados para combinar con los suyos, y así tener hijos más resistentes a las enfermedades.

La investigación aparece publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Según el director del Instituto Max Planck de Inmunología y Epigenética, en Friburgo, y el jefe del estudio, Thomas Boehm, el olor corporal desempeña un papel decisivo en la elección de pareja.

La fragancia sintética, en la que los científicos han trabajado durante diez años, resalta precisamente el olor corporal de una persona. «El estudio se mueve en los límites entre la inmunología y el comportamiento», señaló el experto en declaraciones a la prensa alemana.

Según Boehm, los animales (y los perros?) indican, a través de su olor corporal, los genes inmunológicos que portan. «Del olor de las potenciales parejas se desprende si son el complemento óptimo a los propios genes inmunológicos. Los descendientes son así resistentes a un amplio espectro de gérmenes patógenos», explicó.

Este hecho ha sido demostrado ya hace décadas en animales, pero la constatación de que esto ocurre también en los humanos constituye una novedad. Los genes inmunológicos y el olor ligado a ellos es diferente en cada individuo, y la elección de pareja a través de la fragancia es un acto inconsciente, subrayó.

«Aunque en las personas existen a nivel general varios cientos de tipos diferentes de los llamados genes inmunológicos HLA (antígenos leucocitarios humanos), cada individuo posee únicamente unas pocas variantes, y éstas son las que determinan el típico olor corporal», precisó el científico Manfred Milinski.

Los expertos decodificaron estos olores, lo que les ha permitido ahora crearlos artificialmente.

Listo para salir al mercado

Al final del estudio, los científicos ofrecieron a alrededor de 30 estudiantes universitarias diferentes perfumes, de los cuales las participantes eligieron aquél que se corresponde a su propio olor corporal, generalmente percibido como positivo y agradable, según los resultados de la investigación.

«Estas conclusiones abren la posibilidad de crear nuevos tipos de fragancia que, al resaltar el olor corporal, indiquen a las potenciales parejas la composición de los genes inmunológicos HLA de la persona que lo usa», indicó Milinski.

En este sentido, subrayó que «los perfumes con una eficacia biológica absoluta pueden ser producidos sintéticamente sin tener que recurrir a productos animales».

La fragancia para la búsqueda de pareja está, en principio, lista para salir al mercado, aunque por el momento no existen planes concretos para una fabricación en serie, puntualizó.

Fuente: ABC