[*Drog}– El drogamor, el amor, el deseo y los fármacos

12-10-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo contiene puntos clave del drogamor, el amor y el deseo.

Entre ellos cabe destacar que, una vez más, se dice que el drogamor reside en el circuito opioide del cerebro (el opio es una droga), y es diferente al amor; por ejemplo, al amor maternal.

Lo pasajero del drogamor queda demostrado porque, cuando éste aparece —o sea, cuando nos enamoramos (léase drogamoramos) de una persona— «el factor de crecimiento nervioso presenta niveles elevados, pero en cambio vuelve a sus niveles previos al cabo de un año«.

Por tanto, el drogamor no dura, pero las manifestaciones de los drogamorados son las mismas de quienes sufren de trastorno obsesivo compulsivo, o sea, anormales.

Sí, es cierto que se puede desear sin amor y hasta sin drogamor, pues el deseo no es per se ni amor ni drogamor, aunque puede estar presente en ambos.

Por demás interesante es la aseveración de que el amor implica tres factores: pasión, intimidad y compromiso. Pero sólo se elige voluntariamente el compromiso. Por tanto, fiarse solamente de la pasión y la intimidad no parece muy sensato.

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17/09/2013

Beatriz G. Portalatín

No existen fármacos para el amor

El experto en Psicología Emocional, Stanley Schachter, afirmó que «el amor es una excitación fisiológica que interpretamos de una determinada manera».

Y es que, según ha demostrado la Ciencia a lo largo de los años, en el amor existe un componente biológico que hace regir nuestra forma de sentirlo, de demostrarlo y de comportarnos ante él.

Francisco Cabello, médico, psicólogo y director del Instituto Andaluz de Psicología y Sexología, quien recientemente expuso una ponencia sobre este tema en el VII Curso Internacional de Sexualidad y Salud Mental, asegura que efectivamente, en asuntos del corazón, la Ciencia tiene un lugar muy destacado.

«En el amor intervienen distintos componentes, unos emocionales que no se deciden voluntariamente, como la pasión, y que tienen fecha de caducidad; y otros aspectos que deben cultivarse, como el compromiso»,

mantiene.

Hay zonas en nuestro cerebro, y determinados neurotransmisores, explica el doctor, que se activan ante ciertos estímulos y, de forma dinámica, se ponen en marcha una serie de circuitos que conforman la experiencia amorosa.

Por ejemplo, la dopamina, el circuito opioide, la zona prefrontal del cerebro y, de forma muy destacada, el núcleo accumbens.

Además, «hoy en día sabemos mucho acerca de la neurofisiología del amor. A modo de ejemplo, a través de las imágenes obtenidas por fMRI [neuroimagen obtenida por resonancia magnética funcional] se puede diferenciar entre amor romántico y amor maternal. Por tanto, efectivamente, existe un sustrato biológico del amor»,

indica.

Pero aún hay más datos. Según el investigador Páez, el factor de crecimiento nervioso (NGF) presenta niveles elevados cuando nos enamoramos de una nueva persona, pero en cambio vuelve a sus niveles previos al cabo de un año.

«Para que se secrete la dopamina (neurotransmisor relacionado con el placer) se requiere la novedad»,

dice este experto.

Y, por otro lado, los recién enamorados tienen niveles de serotonina (la hormona relacionada con el bienestar) un 40% más bajos de lo normal, al igual que quienes sufren de trastorno obsesivo compulsivo.

Incluso se puede diferenciar entre amor y deseo.

A nivel neurológico por fRMI, explica Cabello, se ha comprobado que los núcleos cerebrales que se activan ante la visión de la persona amada son, con pequeñas diferencias, los mismos que se ponen en marcha tras mirar a una persona deseada.

Además, «parece obvio que es difícil enamorarse de alguien a quien no se desea, pero, por el contrario, sí se puede desear sin amor».

En este aspecto existen varias modalidades. Por ejemplo,

«Se puede tener impulso sexual no dirigido a una persona en concreto, es decir, deseo sin objeto, y se puede sentir una fuerte atracción sexual hacia alguien a quien no se le ven valores que permitan activar la pasión amorosa»,

comenta.

Pero entonces, ¿realmente existen fármacos para el amor?

No como tal, afirma el experto, no existen.

«La industria farmacéutica no ha inventado nada —probablemente tampoco se lo ha propuesto— que facilite la intimidad, la comunicación en pareja, o el nivel de compromiso Pero, por otro lado, sí tenemos algunos fármacos que potencian y mejoran la sexualidad disfuncional y, por ende, favorecen el erotismo, lo cual puede ayudar al mantenimiento de la pasión»,

indica.

Y la pasión es uno de los componentes, según la teoría de Stenberg, del amor romántico.

Evolución en los tiempos

Según la teoría de Stenberg, en el amor romántico existen tres componentes básicos: la pasión, la intimidad, y el compromiso/decisión.

Los cimientos de la pasión se asientan en la atracción erótica. La intimidad, cuya base es la comunicación, entre otras cosas, sería la sensación de estar a gusto con la pareja y echarla de menos en su ausencia.

Finalmente, el compromiso/decisión estaría formado por todas las ideas y comportamientos llevados a cabo para mantener un vínculo con la persona elegida.

De entre todos, sólo se elige voluntariamente este último componente.

Pero el concepto de amor que tenemos hoy, explica, no ha variado con respecto a antaño, quizás tan sólo que la pasión ha ganado más protagonismo. Lo que sí ha variado es el conocimiento que disponemos acerca de los distintos componentes, cómo evolucionan y qué repercusiones tienen en la vida de las personas pero, a nivel de calle, se sigue pensando igual.

«En realidad, el conocimiento profundo del amor está sirviendo de mucho en el campo de la terapia sexual y de pareja, porque nos permite a los técnicos abordar, con conocimiento de causa, los conflictos que se presentan y que tan frecuentes son hoy día»,

comenta.

Por ejemplo, hay que tener en cuenta que una pareja que se enamore en este momento, sólo tiene un 20,9% de probabilidades de durar más de 10 años, es decir, la tasa de separación es muy alta, y el dolor que conlleva muy elevado.

De hecho, informa de que en las consultas psicológicas los conflictos de pareja están presentes en el 70% de los casos como factor predisponente, precipitante o mantenedor del problema.

Y, con todo ello, concluye Cabello, realmente el amor implica pasión, intimidad y compromiso, y que la pasión y, en parte, la intimidad, no las elegimos, y dependen de muchos factores ajenos a la propia voluntad.

Así como que, a pesar de los conocimientos biológicos que manejamos sobre el amor, no existen fármacos para potenciarlo, pero sí se disponen de algunos medicamentos que facilitan la respuesta sexual e indirectamente la pasión.

Fuente

[*Drog}– ¿Es el (drog)amor una irresistible reacción química?

Una vez más, la Ciencia equipara los efectos del drogamor a los de una droga, y a una más fuerte que la cocaína.

Me he tomado la libertad de poner ‘drogamor’ donde aparece —en mi opinión, de forma indebida— la palabra ‘amor’. Todo lo en letra cursiva es puesto por mí.

No tengo más comentarios porque el artículo es muy claro para quien entienda cuan nocivos son los efectos de una droga como la cocaína, y sepa la de barbaridades que bajo tales efectos hacen los drogadictos.

Carlos M. Padrón

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12 de febrero de 2011

Cuando Ethan Hawke conoce a Julie Delpy en un tren en «Antes del amanecer», la romántica película de Richard Linklater —cuyo título original es Before sunset (1), y fue filmada en 2004—, bastan un par de miradas para que ocurra el flechazo. Cualquier espectador es capaz de reconocer el sentido de la escena.

Las primeras palabras que la pareja se cruza son de lo más prosaicas, pero la esencia del idilio ya ha comenzado segundos antes en sus sonrisas bobaliconas.

Si un neurocientífico rompiera la ficción y se colara en la pantalla, podría explicar que Jesse y Céline, los personajes que interpretan Hawke y Delpy, acaban de tener un estupendo chute de oxitocina, dopamina, serotonina y adrenalina, entre otras hormonas, que, sin exagerar, ha conseguido enajenarles. Básicamente, esto es el drogamor.

Más fuerte que la cocaína

Puntualiza Judith de Jorge, en ABC, que, a un par de días para San Valentín, resulta un crimen reducir toda esa colección de sentimientos y sensaciones a un cóctel químico, pero los científicos saben desde hace tiempo que, más que del corazón, el drogamoramiento depende del cerebro.

La pasión drogamorosa puede ser increíblemente eficaz para aliviar el dolor, con un poder calmante similar al de los analgésicos e incluso al de estupefacientes como la cocaína.

Parece que el drogamor actúa en la misma zona del cerebro, el núcleo accumbens, un centro de recompensa clave en la adicción a las drogas.

Estudios y teorías

Seguramente, uno de los estudios más famosos sobre el drogamor es el realizado por la antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, que se ha convertido ya en un clásico.

Esta «doctora del amor» descubrió que existen tres procesos cerebrales distintos que definen tres tipos de relación. Primero se encuentra el impulso sexual, regulado por la testosterona.

La segunda fase es el amor romántico —o sea, el drogamor—, que dura, según Fisher, un año y medio —no nos lamentemos, en la mayoría de especies animales este cortejo se reduce a minutos, horas o semanas— y que está dominado por la dopamina, un neurotransmisor que influye en el estado de ánimo.

Pasado ese tiempo, surge otro tipo de unión, el cariño —aquí tendría mejor cabida la palabra ‘amor’—, en el que parece que tienen que ver la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan a la zona cerebral que controla el placer y la recompensa.

Periodista Digital

(1) NotaCMP.- Before sunset es «antes del atardecer, o antes de la puesta del sol», no antes del amanecer. ¡Qué manía de cambiarle el nombre a todo!

[*Drog}– Cupido logra ‘drogar’ en menos de un segundo

Y siguen las pruebas científicas que dejan al descubierto los "beneficios" del drogamor y me reafirman en el uso de este término en vez del común "enamoramiento".

Como el artículo que sigue está muy claro, me limito a destacar de él las para mí más impactantes afirmaciones acerca de lo que hace el drogamor:

  • Provoca una sensación de euforia parecida a la del consumo de cocaína (que es una DROGA).
  • Afecta áreas intelectuales del cerebro, y sofisticadas funciones cognitivas.

¿Es eso algo bueno?

Carlos M. Padrón

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25 de octubre de 2010

Un reciente meta-análisis realizado por la investigadora Stephanie Ortigue, de la Universidad de Syracuse, revela que enamorarse puede provocar no sólo una sensación de euforia parecida a la del consumo de cocaína, sino que también afecta a las áreas intelectuales del cerebro.

Ortigue es profesora asistente de psicología, y adjunta de neurología, en el Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de Syracuse, y también ha encontrado que el popularmente conocido como ‘flechazo’ toma aproximadamente un quinto de segundo en surtir efecto cerebral.

Los resultados del equipo de Ortigue revelan que cuando una persona se enamora, hasta 12 áreas del cerebro trabajan conjuntamente para liberar los productos químicos que inducen euforia, como la dopamina, la oxitocina o la adrenalina.

El sentimiento de amor también afecta a sofisticadas funciones cognitivas, como la representación mental, las metáforas y la imagen corporal.

Los resultados plantean la pregunta: ¿Está el amor en el corazón, o en el cerebro?

"Ésa es una pregunta difícil siempre. Yo diría que en el cerebro, y el corazón también está relacionado, porque el concepto del amor es complejo y está formado por ambos procesos, de abajo a arriba y de arriba hacia abajo, desde el cerebro hasta el corazón y viceversa. Por ejemplo, la activación en algunas partes del cerebro puede generar estímulos para el corazón, las llamadas ‘mariposas en el estómago’. Algunos de los síntomas a veces los sentimos como una manifestación del corazón que a veces puede venir desde el cerebro", dice Ortigue.

Otros investigadores —explica Ortigue— han encontrado que los niveles en sangre del factor de crecimiento nervioso, o NGF, también aumentan en este proceso. Esos niveles fueron significativamente mayores en las parejas que acababan de enamorarse. Esta molécula desempeña un papel importante en la química social de los seres humanos, o en el fenómeno de "amor a primera vista".

Los resultados tienen implicaciones importantes para la neurociencia y la investigación en salud mental porque, cuando el amor no funciona, puede ser una causa importante de estrés emocional y depresión.

"Es otra investigación sobre el cerebro y la mente de un paciente, pues para entender por qué se enamoran y por qué están tan afligidos, pueden utilizarse las nuevas terapias", dice Ortigue.

Al identificar las partes del cerebro estimuladas por el amor, los médicos y terapeutas podrían entender mejor los dolores de los pacientes enfermos de amor.

El estudio también muestra las diferentes partes afectadas en el cerebro al enamorarse. Por ejemplo, el amor incondicional, como el existente entre una madre y un niño, es estimulado por áreas cerebrales comunes y diferentes, incluyendo el centro del cerebro.

El amor apasionado es estimulado por la parte de recompensa del cerebro, y también por las áreas asociativas cerebrales cognitivas de orden superior, y las funciones cognitivas, tales como la imagen corporal.

Ortigue y su equipo trabajaron con un otro equipo de la Universidad de West Virginia y de un hospital universitario de Suiza. Los resultados del estudio se publican en el Journal of Sexual Medicine.

Periodista Digital