[*ElPaso}– Bailando con máscaras

04-06-2006

Carlos M. Padrón

Juancho era un tipo íntegro, un buen amigo en quien destacaban la chispa y la socarronería propias del campesino canario. Parco de palabra, tímido, y con un gran atractivo para las muchachas, que se le insinuaban de una forma que, por sin tapujos, era muy poco frecuente en la sociedad de la época.

A comienzos de 1957, atravesando La Cumbre Nueva, que recorre la isla de norte a sur como si fuera su columna vertebral, Juancho y yo fuimos caminando desde El Paso a Breña Alta a ver los desastres que una tromba marina había causado en sólo una noche. Luego, y siempre caminando, continuamos a Santa Cruz de La Palma.

Mientras bajábamos por una acera de la Calle Real notamos que por la otra acera subía una muchacha acompañando a una niña, y que, ya desde lejos, la muchacha, una belleza de joven, tenía sus ojos clavados en Juancho de forma tan obvia que resultaba hasta chocante.

Me puse a observarlo para averiguar si devolvía las miradas, pero no; después de que tropezó con la abierta invitación de ella, Juancho se inhibió y, con un ligero sonrojo y apenas observándola por el rabillo del ojo, siguió bajando por la acera ignorando totalmente a la muchacha y fingiendo que nada estaba pasando. Pero a medida que nos acercábamos, ella lo miraba con más insistencia y, sin embargo, Juancho no cambió en nada su actitud de fría indiferencia, una situación que, además de envidia, me hizo sentir vergüenza por el desaire que implicaba.

Cuando la muchacha y la niña quedaron a nuestras espaldas, detuve a Juancho tomándolo por un brazo y, bastante molesto, le dije:

—¿Cómo es posible que hayas tratado así a esa muchacha? ¿¡No se te ocurrió hacer otra cosa!?

Su respuesta, sin inmutarse, dicha sin alterar su marcha y con la sonrisa pícara que adoptaba casi siempre, fue:

—Me miró, la miré; nada me dijo, nada le dije.

Así era Juancho, y por esas peculiaridades suyas, yo le echaba mucha broma.

Cuando en 1957 me fui a Santa Cruz de Tenerife a trabajar y estudiar, nos escribíamos con frecuencia y, por supuesto, nos reuníamos cuando yo iba de vacaciones a El Paso.

A comienzos de 1961, cuando desde Caracas nos llegó a Canarias la invitación para que todos —mis padres, mis hermanas y yo— viniéramos a Venezuela, me llegó también de El Paso una noticia que me dejó perplejo: mi madre, mujer por demás conservadora y comedida que para entonces tenía 56 años (ya una vieja en aquella época y en aquel medio), ¡se había disfrazado en Carnaval y había ido al baile de máscaras en Monterrey!.

Yo no podía creerlo, y aún hoy no me explico qué pudo ocurrirle para que ella hiciera eso. La única explicación que encuentro es que la ilusión del viaje a Venezuela y la consiguiente euforia sacaron a flote una oculta faceta de su personalidad. Pero es el caso que sí, se disfrazó, no recuerdo en combinación con qué otra mujer, amiga y vecina, y con ésta y con la venia de mi padre, pero sin él, se fue al baile de máscaras en Monterrey, que era para entonces la mejor pista de baile, techada y al descubierto, de toda la isla.

Una vez que acepté este primer paso, el resto sí pudo entenderlo. Al llegar al salón, a mi madre le surgió la tremenda duda de a quién buscar por pareja, y de pronto vio a Juancho que, por su timidez, estaba parado solo al borde de la pista. Se fue directamente hacia él, lo engatusó y, seguramente porque Juancho creyó que la dama que de esta forma lo había abordado era una de sus múltiples admiradoras que envalentonada por el anonimato que le daba una careta decidió hacer algo más que dedicarle sugerentes miradas, se pasó bailando con ella todas las horas que mi madre quiso, hasta que ella le dijo que tenía que irse “porque su madre no le había dado permiso para estar en el baile más tiempo”. Y Juancho se tragó todo el cuento.

Haciendo pesquisas averigüé que para entonces ya Juancho sabía con quien había bailado —¡con razón el tipo no me había escrito ni siquiera en respuesta a mis cartas!— y también lo sabía todo el pueblo, que le hacía víctima de sarcasmos a granel.

Ante esta “primicia periodística”, puse manos a la obra y, desempolvando mi tendencia a la poesía sarcástica (que me creó más de un problema con el o la protagonista de algunas de mis composiciones, de las que espero publicar algunas), le escribí y mandé por correo un “poema” del que copio la parte alusiva al incidente del baile con mi madre:

../…

Hoy con gozo sin igual
alegre mi pecho ensancho
para cantar a Don Juancho
su “hazaña” de Carnaval.

../…

Recuerdo que, siglos hace,
larga carta te envié
y que esperando quedé
respuesta que no ha llegado.

No sé qué te habrá pasado
ni por qué obras así
ni por qué te ha rodeado
silencio tan prolongado
siendo ello raro en ti.

Sólo sé que mi cariño
por tu silente persona
es tan grande que perdona
este olvido en que me has puesto.

Y es solamente por esto
que hallándome emocionado
al saber de tu proeza,
de la gloria y la grandeza
que en Carnaval te has ganado,
quiero cantar, inspirado
—secundando los clamores,
los vítores y las flores
que hoy te ofrenda la gente—
a esa hazaña imponente,
a esa rara virtud
de tu vista perspicaz
que con fiel exactitud
conoció la “juventud”
que ocultaba un antifaz.

¡A ti, pues, clarividente,
trémula mi voz en llanto
al admirar honor tanto,
te envío hoy, reverente,
este “saludable” canto!:

“No bailes en Carnaval
con ninguna disfrazada,
pues te arriesgas a danzar
con senecto carcamal,
con feto descomunal,
con macho o mujer casada.

Y por obrar sin cordura
y no bailar cara a cara,
tendrás máscara más cara
que tu más cara locura.

¡No bailes en Carnaval!
¡Prívate de tal placer!
No bailar, aunque te duela,
es mejor que ir a caer
en pareja de mujer
que podría ser tu abuela”.

[*Drog}– El amor de tu vida

(Lo que está en negritas lo puse yo)

Un día me dijo mi madre: «Nunca te cases enamorado», aún cuando me sonó un poco extraño tal consejo, lo he tenido siempre en mente, tratando de analizarlo y llegando muchas veces a creer que comprendo lo que mi madre trató de decirme.

Con el paso del tiempo he aprendido a sacarle jugo a ese sabio consejo, y lo primero que aprendí fue que muchas veces hay que actuar más con la cabeza que con el corazón.

Este mensaje confirma en mucho lo que pienso al respecto, y me hace ver que lo que un día me dijo mi madre no sólo no era erróneo sino que era y es muy sabio. Lee y verás.

Un experto en relaciones de pareja nos da las cinco reglas de oro para evaluar exitosamente a nuestros prospectos a compañeros(as) de vida. Cuando se trata de tomar la decisión sobre escoger a tu compañero(a) de vida nadie quiere cometer un error. Sin embargo, con un promedio del 50% en fracasos matrimoniales, que es el porcentaje en muchos países del mundo, parece que son muchas las personas que están cometiendo grandes errores en su búsqueda por “el amor de su vida”.

Si a las parejas comprometidas para llegar al matrimonio les preguntas por qué se quieren casar, la mayoría contestará: «Porque estamos enamorados». Yo creo que éste es el error número 1. El escoger a la pareja adecuada no debe basarse solamente en enamoramiento (drogamor). Aunque esto suene incorrecto, existe una gran verdad en ello.

El enamoramiento (drogamor) no es, por sí sólo, la base para contraer matrimonio. Al contrario, el amor (no el drogamor) es el resultado (la consecuencia, no la causa) de un buen matrimonio. Cuando los ingredientes son los adecuados, entonces vendrá el amor. Permítanme decirlo una vez más: sólo con la base del enamoramiento (drogamor) no puede crearse una relación que dure de por vida. Se necesita mucho más (pues el drogamoramiento generalmente dura entre 18 y 36 meses, y tiende a durar menos cuando lleva al matrimonio).

He aquí cinco preguntas que deberías hacerte si en realidad deseas encontrar y mantener a tu compañero(a) de vida.

PREGUNTA 1

¿Compartimos un propósito común en la vida? ¿Por qué es esto importante?

Lo pondré de esta manera. Si vas a estar casado(a) por 20 ó 30 años, eso es mucho tiempo para vivir con alguien. ¿Qué piensan hacer juntos todo ese tiempo? ¿Viajar, comer, hacer deportes, ir de compras, caminar, oír música, hacer el amor?

Se necesita compartir algo con más sustancia y significado: se necesita un propósito común de vida. Dos cosas pueden suceder en un matrimonio: los cónyuges pueden crecer juntos por el mismo camino, o pueden crecer por caminos separados. En el 50% de las parejas, el hombre y la mujer están creciendo por caminos separados.

Para hacer funcionar un matrimonio necesitas saber qué es lo que quieres de la vida, y casarte con alguien que quiera lo mismo. Punto.

PREGUNTA 2

¿Me siento a gusto y tranquilo(a) al expresar y compartir mis sentimientos con esta persona?

Esta pregunta va al fondo de la calidad de su relación. Sintiéndote a gusto, significa que puedes comunicarte abiertamente con esa persona. La base para tener buena comunicación es la confianza; es decir, que no sientas que serás «castigado(a)» o «lastimado(a)» por expresar tus pensamientos y sentimientos.

Un colega define a la persona abusiva como alguien con quien sientes miedo de expresar tus sentimientos y pensamientos. Sé honesto contigo mismo al contestar esta pregunta. Asegúrate de sentirte emocionalmente seguro(a) con la persona con quien deseas contraer matrimonio. Cuando en esto de la expresión de tus sentimientos y pensamientos una persona te trate tan bien como nunca antes te han tratado, esa persona posiblemente haría hasta lo que fuera por tu bienestar. A esa persona no la dejes ir, esa persona es quien generalmente vale la pena.

PREGUNTA 3

¿Es un(a) mensch? (Un mensch es una persona que es refinada y sensitiva)

¿Cómo lo puedes probar? He aquí unas sugerencias. ¿Es una persona que procura regularmente su crecimiento personal? ¿Realmente toma en serio su mejoramiento personal? Un maestro define como una buena persona a aquélla que siempre está buscando la manera de mejorar y de hacer lo correcto.

Así que observa a tu potencial pareja y averigua qué hace con su tiempo. ¿Es una persona materialista? Normalmente una persona materialista no tiene como objetivo principal su mejoramiento personal.

Existen esencialmente dos tipos de personas en el mundo:
1. Las que se dedican a su crecimiento personal; y,
2. Las dedicadas a buscar su propio confort, personas cuyo objetivo en la vida es estar cómodas, vivir para el disfrute personal. Puestas a escoger entre este objetivo o hacer lo correcto, estas personas darán prioridad a su objetivo de comodidad y confort personal. Esto es necesario saberlo antes de entrar a la iglesia.

PREGUNTA 4

¿Cómo trata al resto de la gente?

La cosa más importante que hace funcionar a un matrimonio es la habilidad de dar. Por dar, entendemos la habilidad para hacer que la otra persona se sienta satisfecha y a gusto. Pregúntate si esta persona con la que estás saliendo disfruta al hacer eso por los demás, o si siempre está absorta en sí misma. Para medir esto, piensa en lo siguiente: ¿Cómo trata a otras personas con quienes no tiene que ser amable, tales como camareros, taxistas, etc.?

¿Demuestra gratitud y aprecio? ¿Muestra respeto? Si no tiene gratitud con la gente que le sirve en todo, tú no puedes esperar que muestre gratitud por ti, que no puedes servirle más que los demás.

PREGUNTA 5

¿Acaso hay algo que deseo cambiar de esta persona una vez que estemos casados?

Muchas personas cometen el error de casarse teniendo la intención de, una vez casadas, cambiar o mejorar a su pareja. Pongámoslo de esta manera: probablemente puedes esperar que una persona cambie; sí, ¡pero para mal!

Si no puedes aceptar completamente a esta persona tal y como es hoy, entonces no deberías casarte con ella.

En conclusión, el salir con alguien no debe ser sólo divertido y complaciente, sino también inquisitivo. La clave es tratar de manejar esta etapa un poco más con tu cabeza y un poco menos con tu corazón. Cuando te encuentres en una relación vale la pena mantener la objetividad; haz siempre las preguntas que te ayudarán a descubrir lo que es realmente importante.

Enamorarse (drogamorarse) es un gran sentimiento, pero cuando se despierta con un anillo en el dedo no querrás darte cuenta de que estás en problemas sólo porque no hiciste lo correcto. Y el día en que te sientas unido a alguien, que ese alguien te haga pensar en verdad en un matrimonio, y te des cuenta de que sus cosas «malas» las puedes sobrellevar, ya podrías pensar en casarte, porque se dice que el verdadero amor te llega sólo una vez en la vida; los demás son cariños, que, aunque a veces vienen a ser las personas con las que pasamos el resto de nuestras vidas o con las que mantenemos relaciones de muchos años, nunca llegamos a disfrutar con ellas eso que sí puede hacernos sentir solamente una persona a la que nos atrevemos a llamar «El amor de nuestra vida».

Se dice que “Nadie experimenta en cabeza ajena”, pero tomemos eso como falso, salgamos del círculo vicioso y aprovechemos la experiencia de los demás.

La vida es corta, y vivir de equivocaciones nos reduce las posibilidades de felicidad.

[ElPaso}– El silbido

28-05-2006

Carlos M. Padrón

Las almendras son una de las riquezas de El Paso, pero el ponerlas en la forma comestible en que la mayoría de los mortales las conocen da mucho trabajo.

Para amenizarlo de alguna forma, ya que había que hacerlo, existía la costumbre de que muchos vecinos (mayormente mujeres) se reunieran de noche en la casa de un vecino en particular y le ayudaran a pelar las almendras que éste hubiera recogido de su cosecha. O sea, que a dedo limpio procedían a separar de la cápsula oval —sólida, y con filo por una de sus aristas— dentro de la cual está la pipa comestible, la cubierta, dura y aterciopelada, que la cubre.

A estas reuniones se las conocía como «Peladas de almendras», y se caracterizaban porque las mujeres asistentes, tal vez animadas por su abrumadora mayoría, se divertían armando «mocedades» (parejas de enamorados) o hablando de las vicisitudes de las parejas ya oficialmente formadas.

Ellas, al igual que la mayoría de la gente del pueblo, creían que cuando una mujer era virgen y orinaba en cuclillas, su vulva emitía un sonido como un silbido que era producido por la estrechez de la vagina y la presencia del himen. Sea por lo que fuere, es el caso que, de verdad, eso ocurría en mis tiempos de mozalbete.

A una de estas peladas de almendras fue invitada María, una muchacha de quien José Luis —primo de Juanillo, un tío de mi padre— estaba enamorado y cortejaba siempre que podía. Pero como José Luis no había sido invitado a la pelada en cuestión, decidió espiar la reunión desde fuera, por los resquicios de la puerta que daba a la calle, en la esperanza de enterarse de lo que la concurrencia femenina pudiera comentar acerca de sus pretensiones con María —más que conocidas— y, sobre todo, de lo que ésta pudiera decir sobre sus sentimientos hacia él, algo que, en aquellos tiempos, una mujer no debía confesar nunca a un hombre por más enamorada que estuviera de él.

Y a esa aventura de espía, José Luis se hizo acompañar de su primo Juanillo.

La casa donde esa noche se llevaba a cabo la pelada de almendras estaba un tanto aislada y aún en construcción, y el evento tenía lugar en el primer piso, al que se accedía por una escalera externa que aún no tenía baranda y que terminaba en una plataforma, también sin baranda, frente a la puerta de entrada.

El caso es que, a mitad de esta jornada nocturna, a María le dieron ganas de orinar, se levantó de su puesto y se dirigió a la puerta de salida. Al verla venir, tanto José Luis como Juanillo, que estaban justo tras esa puerta, bajaron corriendo la escalera y se acurrucaron en la base del muro que servía de soporte a la plataforma de entrada, para que María no pudiera verlos.

Pero ésta salió fuera, cerró la puerta tras ella y, como estaba oscuro y no había nadie a la vista, no bajó a satisfacer su necesidad entre los matorrales del terreno circundante, como habría sido lo normal, sino que se acercó al borde de la plataforma, se puso en cuclillas, remangó su falda, bajó sus bragas, abrió las piernas y, sin más, disparó su chorro……. que fue a caer directamente sobre la cabeza del pobre José Luis, mientras Juanillo se tapaba la boca para contener la risa.

Y al dejarse oír en el silencio de la noche el sonido sibilante, alto y firme, que producía la vulva virgen de María, ésta, en voz alta y convencida de que nadie la escuchaba, exclamó:

—¡Silba tú, coño, que José Luis te va a sacar el silbido!

[*Opino}– Autor y Actor

La base de esto, que comparto, la encontré en un libro de Rafael Argullol, y lo adapté según lo entiendo:

Siento, aunque esté completamente solo, que hay alguien que me está observando. De pequeño creía que era el ángel de la guarda, y más tarde, cuando las enseñanzas fueron más solemnes, Dios.

Ahora creo que es alguien en cierto modo muy parecido a mí, casi como yo mismo, pero mucho más lúcido porque posee todos los conocimientos, experiencias y progresos que he logrado en cada vida pasada. Alguien que se ríe cuando trato de ignorarlo, negarlo o engañarlo, y me recuerda que él es el autor de la obra que con su asesoría yo mismo escogí, y que ahora, como actor, estoy representando.

 

[*FP}– La ‘M’ de Carlos M.

Carlos M. Padrón

Desde que tengo memoria, todos en la familia, vecinos y amigos, me han llamado —y siguen llamándome los que aún viven— Carlos Padrón. Estaba yo cerca de cumplir los 11 años cuando supe que tenía un segundo nombre, o middle name, y la forma en que lo supe fue un tanto traumática.

Durante la segunda mitad de 1949 y la primera de 1950 me preparé, junto con otros muchachos del pueblo, para presentar el examen de Ingreso, o sea, el de requisito para entrar en bachillerato.

Llegado el ‘Día D’ de nuestro primer examen oficial, como a eso de las 6 de la mañana, en el coche de Emilio —uno de los 3 ó 4 taxis que para entonces había en El Paso— y en compañía de Don Santiago, nuestro profesor, de grata recordación, nos fuimos todos al instituto de Santa Cruz de La Palma, capital de la isla de La Palma. Un viaje de casi dos horas por una carretera estrecha y, en gran parte de su trayecto, bordeada de acantilados que caen casi perpendiculares hasta el mar.

El ambiente de la sala del instituto donde tendría lugar el examen era tan formal que daba miedo. Además de los alumnos y sus profesores acompañantes —todos con traje y corbata— había numeroso público y, entre todos, la sala estaba abarrotada.

Al fondo, en un estrado elevado con respecto al área ocupada por alumnos y público, había sentados cuatro profesores de ceño adusto y con una expresión de autosuficiencia y poco altruismo que, simplemente, daban ganas de salir corriendo.

Por turnos, aquellos “terribles jueces” tomaban la palabra para y con aire de verdugo pronunciaban en voz alta el nombre de su próxima “víctima”. Ésta se levantaba de su asiento, subía al estrado, se sentaba ante el juez correspondiente y, en presencia de todos y con un nivel de voz que todos pudieran oír, contestaba, si podía, las preguntas que se le hicieran.

De pronto, el solemne silencio fue roto por la voz de uno de los jueces que dijo “Toribio María Mónico José Calero Pérez”. Silencio y quietud en la sala; nadie se movió de su asiento.

Molesto por tal “desaire”, el juez alzó un poco más su voz, enfatizó el acento de autoridad, y repitió: “Toribio María Mónico José Calero Pérez”. Silencio y quietud en la sala; nadie se movió de su asiento.

Considerando que ya aquello era una intolerable ofensa a su alta investidura, el alterado profesor no ya llamó sino que gritó esta vez, emulando las iras de Júpiter Tronante: “¡¡¡Toribio María Mónico José Calero Pérez!!!”. De inmediato, nuestro querido Don Santiago se alzó de su asiento y levantando su mano pidió permiso para intervenir. Aunque con evidente mala gana, “Júpiter Tronante” se lo concedió, y Don Santiago, serpenteando por entre las filas de las sillas que ocupábamos los estudiantes, se acercó a Toribio, uno de nuestro grupo que había permanecido muy callado como si la cosa no fuera con él, y tocándolo en el hombre le dijo, casi en un susurro, “¡Ése eres tú, Toribio!”.

Sobresaltado y con rostro enrojecido —tal vez por saber cuán bello regalo le habían hecho sus padres al bautizarlo—, Toribio se dirigió al calvario, y nunca mejor dicho porque ese día todos supimos cuál era su verdadero nombre, y a partir de entonces… ya pueden imaginarse lo que pasó.

Poco tiempo después, otro de los jueces llamó a Carlos Miguel Padrón Pérez. Tampoco se movió nadie, pero esta vez Don Santiago no permitió que hubiera más de un llamado desatendido, así que volvió a pedir permiso, serpenteó de nuevo por entre las sillas y, aprovechando que ya todos lo mirábamos curiosos por saber quién sería el agraciado, me apuntó con su dedo antes de llegar a mí y me hizo clara seña de que subiera al estrado. Y allá fui como cordero al matadero.

Recuerdo que fallé una sola pregunta: el nombre del río que pasa por Londres. Nunca jamás olvidé ese nombre,… y nunca más usé el tal Miguel hasta 1969.

Ese año, a poco de comenzar a trabajar en IBM de Venezuela, supe que en el medio informático que en Caracas atendía IBM había nada menos que cinco Carlos Padrón; yo venía a ser el sexto. Sintiendo la necesidad de diferenciarme de algún modo, y habida cuenta de que IBM era una compañía gringa y que los gringos tienen casi todos un middle name cuya inicial usan regularmente, opté por desenterrar el Miguel y colocar su ‘M’ inicial entre Carlos y Padrón, y así, a efectos “oficiales”, quedé desde entonces como Carlos M. Padrón,… aunque la mayor parte de quienes me conocen no sepan a qué nombre corresponde la ‘M’.

Sin embargo, sólo tres personas, que yo recuerde, me llaman Carlos Miguel, y cuando lo hacen me siento raro, como si la cosa no fuera conmigo. Dos de ellas, un hombre y una mujer, trabajaron conmigo en IBM, y la tercera fue un cliente IBM que atendí por algunos años. Todos los demás —familiares, paisanos, amigos, compañeros de trabajo, clientes, etc.— me han llamado y siguen llamándome por el nombre con el que sí me identifico: Carlos Padrón, a secas.

[*FP}– Sentencias y reflexiones de Carpádrez, mi ‘filósofo’ más afecto

24-05-2006

Carlos M. Padrón

Cuando aún no usaba mi segundo nombre, o middle name, comencé a usar Carpádrez como seudónimo (un acrónimo de CARlos+PADrón+péREZ), y lo conservé a través del tiempo. Bajo él recopilé pensamientos y conclusiones de mi cosecha que conservo, vinculadas al año en que nacieron, en la recopilación que sigue.

A D V E R T E N C I A

Si a usted no le gustan las opiniones que disienten de la suya. Si no está familiarizado con el sentido del humor que es común en los países de Europa occidental, sobre todo en los latinos. Si lo está pero no le gusta, y tampoco le gustan, por tanto —porque le molestan, no le hacen gracia, o ve usted machismo hasta en el Padrenuestro— las frases, sentencias o reflexiones que pretenden ser ingeniosas, las basadas en juegos de palabras o marcadas por el sarcasmo, la ironía, la cursilería o el cinismo, o las que simplemente reflejan realidades, tal vez muy obvias ó subjetivas, de la vida, le sugiero que NO lea lo que sigue.

(*): La sentencia cuyo número vaya seguido de asterisco no es original mía, pero me tomo la libertad de tratarla como si lo fuera en razón de mi identificación con la idea que expresa, y de la importancia que le doy a tal idea. Puede que alguna de las sin asterisco tampoco sea original mía, pero, en buena fe, creo que sí lo es.

Sentencias y reflexiones de Carpádrez, mi ‘filósofo’ más afecto

1959

1. El que pierde una buena novia no sabe lo que gana.

2. Si es una novia maravillosa, ¿por qué arriesgarse casándose con ella?

1987

3. El hombre fiel por principios es más proclive a la infidelidad cuando está de buenas con su pareja que cuanto está de malas con ella.

4. La muerte no es problema para los que mueren, sino para los que quedan con vida.

5. La propensión de una persona a hacer confidencias y cosas en ella impensables aumenta en relación directa con la distancia que la separa de su hábitat.

6. Sólo hay momentos felices, no felicidad estable. Además, la base de la felicidad es no tener deseos, y perseguirla es en sí un deseo.

7. No hay mérito alguno en olvidar y perdonar. El mérito está en perdonar sin haber olvidado.

8. Eres uno solo, continuarás solo y, en el momento difícil, estarás solo. Cuida de ti primero.

9. Puede acontecerte todo lo que a otros acontezca.

10.* Llorar te pondrá triste. Tener miedo, inspirar lástima o sentirla de ti mismo, te hará daño.

11. Si alimentas pensamientos y sentimientos negativos llegarás a conclusiones y decisiones negativas.

12. Ser escaso de mente no es malo per se. Malo es, y mucho, no querer reconocerlo.

13.* Tres son las posibles reacciones humanas a un favor recibido: agradecerlo, olvidarlo o vengarlo.

14.* La ingratitud es hija de la bajeza, hermana de la injusticia, y madre de la desconfianza.

1993

15. Durante un viaje, las interrupciones imprevistas aumentarán exponencialmente en función del número de mujeres que viajen, y no necesariamente en función de la edad de éstas

16. Si quieres tener una buena idea de cómo lucirá una mujer cuando sea mayor, échale una mirada a su madre.

1994

17. La exactitud en la determinación de la belleza física de una mujer es inversamente proporcional a la cantidad de ropa que la mujer lleve puesta. Por tanto, prendarse de una dama ataviada con ropa de invierno es como dar ganador un número de lotería antes del sorteo.

18. El valor terapéutico que se atribuye al agua de mar reside en el gran beneficio que se obtiene cuando se la pone de por medio entre nuestra persona y el problema que nos moleste.

19. Quien por algo que de ti le dijeron te volvió la espalda sin darte oportunidad de explicarte no era tu amigo.

20. Se controla mejor la gula cuando no se ven los manjares.

21. Con una persona deshonesta no puede mantenerse una relación decente.

22. Se dice que detrás del éxito de un hombre hay siempre una gran mujer. Eso no es siempre cierto, pero sí lo es que tras la ruina moral de un hombre hay siempre una mujer.

23. Si agredes a alguien no pretendas establecerle el tipo y alcance de su reacción. Espera lo peor.

24. Antes de actuar debe analizarse seriamente si se puede o no afrontar las consecuencias. Es muy común que tendamos a no hacer tal análisis.

25. Si quieres saber quién es realmente la mujer con la que te casaste, divórciate de ella.

26. La apariencia del lobby del hotel es siempre superior a la calidad de sus habitaciones; y a menor categoría del hotel, mayor la diferencia.

27. La habilidad para entender una lengua y expresarse en ella aumenta considerablemente cuando se está en el lugar en que es ésa la lengua que se habla.

28. No juzgues la belleza física de una mujer hasta no verla desnuda y caminando.

29. El deseo sexual represado y la orfandad de afecto son muy malos consejeros.

30. Cinco son las cualidades principales que debe reunir un psiquiatra: tener una vida propia ejemplar, tomarse la profesión como un sacerdocio, inspirar confianza al paciente, saber escuchar, y recetar drogas sólo en caso de extrema necesidad.

31. Psicólogo/Psiquiatra: Profesional que se cree capaz de poner orden en la vida ajena, pero que es generalmente incapaz de ponerlo en la propia.

32. Si una mujer enfrenta en forma masculina a un hombre que lo sea, que no se queje de las consecuencias.

33. Parte del encanto, y sobre todo de la malicia, asociados con el sexo desaparecerían si todos anduviéramos desnudos.

34. Grandes serían las decepciones que muchas mujeres causarían si a su apariencia se le restara el factor RPM (Ropa, Peluquería y Maquillaje).

35. En las relaciones personales evito ir donde no me invitan, no quiero conmigo a quien conmigo no quiere estar, y prefiero ser acreedor que deudor.

36. La estabilidad y solidez de una pareja descansan, como si de un edificio se tratara, sobre tres pilares de ‘doble vía’:

  • CONFIANZA . Fundamentada en los valores morales del otro (lealtad, fidelidad, etc..).
  • RESPETO. Por lo que el otro es y hace con su vida, y por su prudencia en el hacer, el decir y el callar. Y,
  • COMUNICACIÓN. Para exponer los hechos y estados de ánimo importantes para la relación, para alimentar el diálogo sobre intereses comunes y enfoques individuales relevantes, y para conciliar.

Y éstos tienen asiento sobre unos cimientos o plataforma común que es también de ‘doble vía’,

  • QUÍMICA. Atracción física asociada al deseo de pertenencia, de proteger y salvar lo que se tiene.

Como la de todo edificio, la construcción de éste comienza por los cimientos, y se desarrolla y fortalece con la aplicación mutua de la fórmula de la Espiral de la Reciprocidad Activa (ERA): ‘No doy menos de lo que me dan ni acepto menos de lo que doy’, pues amar a quien no corresponde a tu amor te causará amargura.

1995

37. Tratar con un pusilánime es como andar sobre un campo minado.

38. Una persona desaprensiva y pagada de sí misma, además de resultarme desagradable, si soltera me da lástima, si hombre casado me causa repulsión, y si mujer casada me enerva.

39. Cuando el recuerdo de un cierto plato provoca náuseas es fácil sacarlo del menú

40. Me molesta mucho tener que andar por la calle con las manos ocupadas, y estar despierto en la cama sin nada que hacer con ellas.

41. Según mi prisma venezolano, en Madrid, y tal vez en España en general, hay demasiadas mujeres desculadas, despeinadas, malencabadas, mal habladas, mal vestidas, malolientes, agresivas, peludas y fumadoras.

42. JAZZ: Estridencia que por monótona, carente de melodía, errática e irrepetible, resulta alienante, desesperante y exacerbante. Suele ser popular entre quienes no recibieron el sublime don de sensibilidad a la música o carecen de oído musical.

1996

43. Para muchos canarios, latinoamericanos, italianos y otros varios gentilicios, el modus parlanti godo, que es generalmente el de Madrid o centro de España, resulta prepotente, áspero, ácido, agresivo, indigesto, y de una ofensiva, insolente y desaprensiva sabiondez y autosuficiencia.

44. Aquél a quien más amas es quien más daño puede hacerte.

45. Pocas cosas me resultan tan edificantes, estimulantes y generadoras de fe en el género humano como la fidelidad y dedicación incondicional de un amigo.

46. De los muchos retos que nos presenta la vida, tal vez el más importante sea el lograr sobreponernos con entereza a todo lo que nos acontezca.

47. Puedo, y me gusta hacerlo, dar si esperar recibir a cambio, pero no puedo lamer, como los perros, la mano que me castiga, ni tampoco presentar la otra mejilla, pues creo que estas dos conductas conllevan el malsano deseo de aumentar el sentimiento de culpabilidad del agresor, y mi autoridad moral sobre él.

48. Si evitas las alturas nunca curarás tu vértigo.

49. Las tres decepciones de mi vida han sido el caviar, el champán y las mujeres, pues no me han resultado, en este mismo orden, ni tan exquisito, ni tan especial, ni tan sinceras, sacrificadas, leales, desinteresadas y diáfanas como mostraban la mayoría de las muchas novelas y películas que leí y vi en mi juventud.

50. Cuando te asalta la crisis, y sobre todo en la noche, las angustias se acrecientan y el pesimismo lo impregna todo; son efectos sólo anímicos. Cambia tu ánimo, espera a que llegue el día (“nunca es más oscuro que antes de amanecer”), y vive el momento presente que, aunque duro a veces, nunca es insoportable.

51. Dos de las cosas comunes que gran mayoría de la gente común hace comúnmente mal son dar direcciones y hablar por teléfono.

52. Estamos en esta vida para aprender y crecer, lo cual requiere que cometamos errores y nos esforcemos luego por entender sus causas y consecuencias y por corregirlos, pero tal proceso no sería posible ni provechoso si conociéramos el futuro. Creo que es éste el mensaje real del nadie escarmienta en cabeza ajena atribuido a la llamada sabiduría popular.

53. Por cruel que parezca, la pareja que te sirvió para despegar y luego recorrer el tramo más largo y escabroso de la vida, y hasta para tener y criar a tus hijos, no es necesariamente la mejor para la recta final.

54. Donde haya tensión sexual no puede haber amistad químicamente pura.

55. La risa frecuente no es garantía de un buen sentido del humor.

56. Para la pura relación de pareja los hijos son un estorbo.

1997

57. Cuando se es víctima de la incomprensión y de la injusta acusación a ultranza, el poder manifestarse, aun sin garantía de respuesta, es un desahogo necesario. Y aunque sé que si no pregunto me hará menos daño que no me contesten, si no pido me hará menos daño que no me den, y si no llamo me hará menos daño que no me respondan, siempre mantendré la esperanza.

58. Un padre siempre se sentirá responsable de lo que le ocurra a su hijo o con su hijo.

59. No compito, y menos mendigo, por la preferencia o el amor de nadie. Sólo hago mi mejor esfuerzo por mostrar cómo soy, cuáles son mis principios, propósitos y sentimientos, y por proceder en acuerdo con todo ello.

60. Quien domina el vínculo humano tiene, en primera opción, su propiedad y su control. Por eso los hijos son de las madres, el rol de padre es, a la postre, ingrato, y vivimos en un gran matriarcado que deja a los hombres tres opciones:

  • APATÍA ó SUMISIÓN. Seguir la corriente y sumarse al rebaño de los varones domados.
  • REACCIÓN ó VENGANZA. Discriminar a las mujeres, usarlas, maltratarlas, violarlas o engañarlas.
  • EQUILIBRIO ó DIGNIDAD. Seguir la difícil línea que separa las dos opciones anteriores, sin dejarse contaminar por ellas, y enfrentando la crítica, no sólo de las mujeres —principalmente de las venales— sino también de muchos hombres.

La práctica de la primera es la que más abunda, seguida de la segunda. La tercera, aunque lentamente, va en aumento.

Generalmente, las madres tratan de educar a sus hijos varones para que sigan la tercera, pero, en previsión de lo que las nueras puedan hacer, o por lo que las mismas madres han hecho o vivido, terminan inclinándose hacia la primera o hacia la segunda.

61. Algunas caraterísticas personales son cualitativamente subjetivas y coyunturales, pues a veces resultan elogiadas por algunas personas, y otras veces condenadas por esas mismas personas o por otras. Así, quienes tienen mala memoria y lo saben, suelen negar las aseveraciones para ellos inconvenientes que hagan quienes la tienen reconocidamente buena.

62. La amiga que mezcla la amistad con la insinuación amorosa y niega haber hecho tal cosa no es una buena amiga, sino una mujer peligrosa.

63. Lo que debimos hacer y no hicimos también es significativo, importante y valioso.

64. Dos expresiones que oimos y decimos con frecuencia son ‘no es nada personal’ y ‘no importa’. Ambas son falsas, pues todo lo tomamos como personal y, a la postre, todo importa.

65. En el bagaje de experiencias y recuerdos que después de más de 30 años de vida laboral he acumulado, no destacan los éxitos profesionales, los premios o los reconocimientos recibidos de mis superiores, sino la percepción de la realidad y de mí mismo que mis pares, y sobre todo mis subordinados, me enseñaron, y la satisfacción de haber podido ayudarles.

66. En lo tocante a mujeres, cuando mis sentimientos están involucrados, mis percepciones no suelen ser fiables, pero cuando no lo están, pueden llegar casi hasta la clarividencia.

67. Si yo pudiera vivir con ello, más me valdría aceptar la seguridad de la solidez y sinceridad de los sentimientos que una mujer que me interese tenga hacia mí, aunque yo no pueda corresponderlos totalmente, que aceptar que otra mujer que me interese más corresponda sólo a medias a los míos o simplemente los utilice o los ignore.

68. La mayoría de las mujeres con quienes he hablado al respecto opinan que un hombre como yo, al igual que cualquier otro en mi condición, debe buscar pareja estable o, para usar la expresión que ellas más usan, debe ‘rehacer su vida’ .

Salvo contadas excepciones, las razones que me dan son cuatro:

  • COMPAÑÍA. Para alejar el fantasma de la soledad.
  • NECESIDAD SEXUAL. Para tener con quien practicar sexo en forma regular y segura.
  • NECESIDAD ‘DOMÉSTICA’. Para contar con alguien que cuide físicamente de la vivienda común y de mi persona, en particular en caso de enfermedad.
  • ESTATUS SOCIAL. Para contar con alguien que sea mi compañía ‘oficial’ en eventos de este tipo.

Por lo menos hasta el momento ni siquiera las cuatro razones juntas justifican para mí la formalización de un vínculo de pareja estable, pues lo que yo espero de ésta es algo más, algo de índole menos material y más elevada. Lo que hay tras esas cuatro razones es, aunque válido, algo que se puede fingir y comprar; lo que hay tras lo que yo busco, no.

69. Puesto ante la necesidad de tomar una de entre varias posibles decisiones, me ayuda mucho basarme en la que resulte ganadora por beneficios en la ´prueba de la doble pregunta’: ¿Qué tanto y a quién beneficia? y ¿Qué tanto y a quién perjudica?

70. No puede darse por saldada una deuda cuando se desconoce su índole y su monto.

71. Considero que es positivo cualquier hecho que contribuya a que yo conozca mejor a una persona que me interese.

72. El que ciertas actividades me gusten más o menos no depende tanto de la actividad en sí como de cuán importante sea para mí la persona en cuya compañía la haga, y de cuánto me satisfaga esa compañía.

73. He comenzado a darme cuenta de que, a estas alturas de la vida, tengo paciencia para casi todo menos para perder el tiempo.

1998

74. Me resulta difícil confiar en la amistad de quien usa conmigo el silencio como respuesta.

75. Patético es el caso de las personas que saben que desafinan, se niegan a ensayar,… pero exigen que se las deje cantar en el coro.

76. Necesito una mujer que, como yo, tenga vocación de pareja y disposición a cuidarla 24 horas al día. La que rechace la vida en pareja por la supuesta pérdida de libertad que conlleva no es pareja para mí.

77. La clase de mujeres en la que puedo encontrar pareja es, por razones de edad y abundancia, la de las divorciadas; y, por razones de preferencia y afinidad personales, la de las mujeres físicamente atractivas, inteligentes y emocionalmente estables. Pero:

  • Las estadísticas dicen que, en la mayoría de los casos, son las mujeres, sobre todo si se creen físicamente atractivas, las que causan sus divorcios.
  • El sentido común dice que las inteligentes y emocionalmente estables no deberían abundar entre las que causan sus divorcios, sino entre las que permanecen casadas.
  • Cabe esperar, por tanto, que entre las divorciadas haya una mayoría que, si bien podrían ser físicamente atractivas, no son ni inteligentes ni emocionalmente estables.

En consecuencia, las probabilidades de que yo encuentre pareja son mínimas.

78. Se dice que querer es poder. Eso no es siempre cierto, pero sí lo es que cuando no se quiere no se puede.

79. No me interesa mantener una relación con la mujer que no me valore por el balance de mis cualidades personales, o que anteponga a ellas mis posesiones materiales o mi posición social.

80. Disfrutar de la soledad es un logro posible… pero sólo hasta que aparece una persona con la que nos gustaría compartir tal disfrute.

81. Cuando no se obtiene reciprocidad, el sentimiento que produce el amar no es amor sino amargura.

82. Una buena medición de la salud de la relación de pareja y del amor que en ella debería haber es el nivel de prioridad que un miembro y sus interesespersonales tienen para el otro. Cuando ambos niveles están sobre el mínimo, son equivalentes y tienden al alza, la relación va bien, e irá mejor cuanto más altos sean los niveles. Cuando se estancan y tienden a la baja, o cuando son desiguales (falta de reciprocidad) y la desigualdad se mantiene, la relación no es sana, y va mal. Presente está aquí de nuevo el ERA (sentencia 36): «No doy menos de lo que me dan ni acepto menos de lo que doy»

83. Entre otros posibles motivos, hay cuatro que, tarde o temprano, arruinarían para mí una relación de pareja: baja extracción social, bajo nivel cultural, déficit en valores humanos, e hijos pequeños.

84. Puesto a definir lo para mí más importante del comportamiento de una mujer en una relación, me inclino por Lealtad, Ternura y Dedicación (LTD). Si falla uno de estos elementos, de poco o nada me sirven los demás.

85. Un antídoto efectivo contra la atracción que siento hacia las mujeres es observar cómo se comportan en grupo de sólo mujeres.

86. Para la mayoría de las mujeres, los hombres somos instrumentos que ellas usan para poder realizar su instinto maternal y disfrutar de la maternidad… y de la buena vida.

  • En el noviazgo somos, cuando tenemos suerte, el trofeo que la novia exhibe ante sus amigas.
  • En la boda somos el telón de fondo sobre el cual se proyecta la novia.
  • En el matrimonio somos el provider, el que aporta los recursos económicos para que la madre críe a sus hijos y satisfaga los deseos materiales a los que, según ella, tiene derecho por el solo hecho de «habernos dado hijos», aunque en realidad ella cree que tales hijos son sólo suyos.

En la medida en que una mujer pueda someter a la razón los llamados de su primitivo instinto maternal, que al fin y al cabo es animal, se torna más del género «homo sapiens» y menos del animal, más interesante, más atractiva, más tratable, más agradable y más digna de respeto.

Lamentablemente, este cambio no es frecuente, pero sí lo es el que, al llegar a la menopausia, la mujer entre en una etapa de «liberación» que las más de las veces se traduce en vulgaridad, pérdida de feminidad y deseo de competencia con el sexo opuesto.

[*UA}– De Carpádrez

Cuando aún no usaba mi segundo nombre, o middle name, comencé a usar Carpádrez como seudónimo (un acrónimo de CARlos+PADrón+PéREZ), y lo conservé a través del tiempo. Bajo él recopilé pensamientos y conclusiones de mi cosecha que conservo, vinculadas al año en que nacieron, en la recopilación SENTENCIAS Y REFLEXIONES DE CARPÁDREZ, MI “FILÓSOFO” MÁS AFECTO.

Las publicaré de una en una, pero antes debo hacer esta…

ADVERTENCIA.- Si a usted no le gustan las opiniones que disienten de la suya. Si no está familiarizado con el sentido del humor que es común en los países de Europa occidental, sobre todo en los latinos. Si lo está pero no le gusta, y tampoco le gustan, por tanto —porque le molestan, no le hacen gracia, o ve usted machismo hasta en el Padrenuestro— las frases, sentencias o reflexiones que pretenden ser ingeniosas, las basadas en juegos de palabras o marcadas por el sarcasmo, la ironía, la cursilería o el cinismo, o las que simplemente reflejan realidades, tal vez muy obvias ó subjetivas, de la vida, le sugiero que NO lea lo que sigue.

Si aún así decide leerlo, tenga en cuenta que las varias revisiones y actualizaciones hechas a este texto no contemplan en modo alguno la eliminación total de sentencias o reflexiones reportadas en versiones anteriores, pues lo que aquí entra y sea original mío (*) no sale aunque yo cambie de opinión con el tiempo. Sólo contemplan la adición de nuevas sentencias o reflexiones, y el cambio de palabras en las ya existentes con el fin de ampliar, acotar, matizar y dar así más precisión a lo que con ellas quise expresar.

NOTA.- La sentencia cuyo número vaya seguido de asterisco no es original mía, pero me tomo la libertad de tratarla como si lo fuera en razón de mi identificación con la idea que expresa, y de la importancia que le doy a tal idea. Puede que alguna de las sin asterisco tampoco sea original mía, pero, en buena fe, creo que sí lo es.

Carlos M. Padrón