[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Domingo el Bobo

10-12-2007

Carlos M. Padrón

Era un mendigo de uno de los barrios de la parte baja al oeste del pueblo, creo que de El Paso de Abajo, que, dado su aparente admiración por los arrieros, llevaba casi siempre consigo lo que allá llamábamos un zurriago, o sea, un látigo hecho con una vara de almendro, a guisa de mango, a uno de cuyos extremos va ataba una larga trenza de cuero, con la que se inflige castigo.

Al igual que Cuncún no usaba calzado, y sus enormes pies exhibían unos dedos ajados, con uñas melladas, moradas o ausentes, y unas plantas que recordaban la madera, no sólo por el color de las callosidades sino por la dura consistencia que parecían tener.

Para molestarlo o motivarlo, los muchachos solían decirle:

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y, con tono lastimero, contestaba,

—No pue’o, ‘toy enfermo.

De nuevo,

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y ya el tono de la respuesta era más iracundo que lastimero:

—¡Que no pue’o, coño! ¡‘toy enfermo!’

Y, a la tercera:

—Domingo, ¡a trabajar con los ingleses!

Y, por motivos que al menos yo ignoro y Wifredo también, la mención a los ingleses hacía que Domingo montara en cólera y, agitando con fuerza su látigo ponía en fuga a los muchachos. Pero Wifredo, sabedor de otros detalles acerca de Domingo, lo plasmó así en este dibujo:

Sabemos que los ingleses fueron quienes iniciaron en La Palma el cultivo del plátano, pero no qué tenía Domingo contra ellos.

Lo de que estaba enfermo no era difícil de creer porque de sus dos fosas nasales fluían constantemente unos torniquetes de mucosidad verdiamarilla que él no se molestaba en limpiar. Parecía como si tuviera un catarro permanente, pero, aunque dijera que estaba enfermo —eso se le tomaba como pretexto— no daba muestras de sentirse mal.

Ante esto, una señora que no salía de una afección gripal para entrar en otra, le preguntó molesta a don Juan Fernández, el médico del pueblo, por qué gente como ella, que se cuidaba bien, vivía siempre enferma y, en cambio, un Domingo el Bobo, que en nada se cuidaba, nunca se enfermaba. A lo que don Juan Respondió: «No es así, señora. No es que Domingo el Bobo nunca se enferme, es que nunca ha estado sano».

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Juan el Bobo

Carlos M. Padrón

De entre los que, según recuerdo, recibían el ‘apellido’ de Bobo, éste, también mendigo, era el menos bobo de todos; era bastante pícaro y hasta se aprovechaba de Cuncún cuando nadie los veía,… o él creía eso.

Usaba sombrero y bastón, como aparece en este dibujo de Wifredo Ramos,

y era dicharachero. No recuerdo dónde vivía ni quién era su familia, pero sí recuerdo muy bien que nunca faltó a ningún entierro, y era de los primeros entre los acompañantes del cortejo fúnebre de cualquiera que hubiera muerto en el pueblo.

Sé que Juan el Bobo y algunos otros de su condición mental y social fueron llevados a una especie de hospicio en Tenerife, donde murieron y nunca más supe de ellos. Pero no creo equivocarme al asegurar que si Juan el Bobo hubiera muerto en El Paso, habría dado lugar al entierro más multitudinario en la historia de nuestro pueblo.

[*Opino}– Warren Buffett, un ejemplo de ahorro, frugalidad y rechazo a la ostentación

No sé si esto es o no cierto en su totalidad. Según lo que acerca de Warren Buffett encontré en Google, aunque no leí todo lo encontrado, algo de cierto podría haber en el artículo que sigue que, si bien sospecho que podría estar más o menos “adobado”.

Lo publico por la empatía que me causa o por lo mucho que me identifico con la filosofía de Buffett, pues, como ya he dicho antes, si yo fuera millonario viviría como vivo ahora y como he vivido por muchos años, los buenos y los malo, o sea, que viviría básicamente,

• sin lujos
• sin alternancia social, en su acepción de hacer vida social con personas “high”, o entrar a competir socialmente con alguien
• sin objetos que carezcan de utilidad práctica y funcional o que sólo sirvan para denotar frivolidad o vanidad que, en definitiva, es ofensiva ostentación, y valga la redundancia porque la ostentación es siempre ofensiva; y,
• en una casa con sólo lo necesario, sin periquitos “intocables” y detalles que sólo sean mero lujo o valgan una fortuna, y en la que, por tanto, pueda yo vivir a gusto sin que sea la casa la que me “viva” a mí

En lo que sigue he resaltado aquello con lo que más me identifico.

Como dijo H. D. Thoreau, ya publicado en la sección APF, “Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar”.

Carlos M. Padrón

***

Hubo una entrevista de una hora en CNBC con Warren Buffett, la segunda persona más rica del mundo,

quien donó $31 mil millones para caridad. He aquí algunos aspectos muy interesantes de su vida:

• Compró su primera acción a los 11 años, y se lamenta de haber empezado demasiado tarde.

Con sus ahorros, provenientes de repartir periódicos, compró una pequeña granja a los 14 años.

Todavía vive en la misma pequeña casa de 3 cuartos en Omaha, casa que compró luego de casarse hace 50 años. Dice que en esa casa tiene todo lo que necesita; una casa que no tiene ningún muro o reja de seguridad.

Maneja su propio carro, y no anda con chofer o guardaespaldas.

• Nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo.

• Su compañía, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 otras compañías. A los CEOs de estas compañías les escribe sólo una carta cada año dándoles las metas para ese año. Nunca los convoca a reuniones o los llama regularmente, pero a todos les ha dado dos reglas:

1: No perder nada del dinero de sus accionistas
2: No olvidar la regla número 1

No socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo, cuando llega a casa, es prepararse palomitas de maíz y ver televisión.

• Bill Gates, el hombre más rico del mundo, lo conoció apenas hace 5 años y pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando Gates lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.

• Warren Buffet no anda con celular ni tiene una computadora en su escritorio.

Su consejo para la gente joven: Aléjese de las tarjetas de crédito cuando ha de pagar intereses por ellas, e invierta en usted. Recuerde:

1. El dinero no crea al hombre; fue el hombre quien creó el dinero.

2. La vida es tan simple como usted la haga.

3. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo que a usted le hace sentir mejor.

4. No se vaya por las marcas. Póngase y use las cosas con las que se sienta cómodo.

5. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en las que de verdad necesita, y en quienes de verdad lo necesitan.

6. Después de todo, es su vida, ¿por qué darle a otros la oportunidad de manejársela?

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Del recuerdo

DEL RECUERDO

No ves que ya no cantan alegrías
alondras a la luz madrugadoras.
No le pidas al arpa sinfonías
que vuelvan del pasado que hoy añoras.

Lo pasado pasó, y están vacías
de ilusiones, de amor, mis largas horas.
No brotan sino triste melodías
del silencioso corazón que adoras.

Un manto de quietudes nos envuelve
para la espera lenta y angustiosa
que al porvenir eterno nos devuelve.

No cantes inconsciencias recordadas
en esta tarde inmensa y ambiciosa
en que andamos las últimas jornadas.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Cuncún

26-11-2007

Carlos M. Padrón

Todos lo llamaban Cuncún, aunque su nombre era Antonio, y es el humano menos homo sapiens que he conocido en mi vida, y el único que, que yo sepa, se comía su propio excremento.

Cubierta su cabeza por un viejo y raído sombrero de paño, y vestido casi de harapos  —con sólo lo que podría llamarse una camisa y un mal remendado pantalón sujeto a la cintura con una soga y sin nada debajo—, Cuncún deambulaba descalzo por todo el pueblo recogiendo “charamuscos” (varas secas y totalmente peladas, las más de un arbusto llamado tagasaste) y hierba, que al atardecer llevaba a la casa donde vivía, que estaba cerca del cementerio nuevo.

Recogía también, y se fumaba, cuanta colilla encontrara a su paso, y si alguien le decía que echara humo, y él estaba de “humor” en ese momento, se tapaba con una mano una de las orejas y, cerrando la boca, forzaba una salida de aire, como cuando por efecto de la presión se le obstruyen a uno los oídos y quiere normalizarlos,… y, decían algunos —yo entre ellos— que, en efecto, por la oreja no cubierta le salía humo.

Como no usaba calzado, no importando el tiempo que hiciera, la planta de sus pies era una verdadera suela formada por duros callos. Caminaba silenciosa y lentamente, arrastrando sus pies. Si al llegar a una casa encontraba abierta la puerta, entraba sin más, buscaba la cocina, destapaba los calderos y, si en ellos había comida, estuviera ésta fría o caliente, él metía en el caldero su mano sucia de todo lo imaginable, incluido su excremento, y se comía lo que sacaba.

Más de una vez encontró en alguna casa el recipiente, especie de pequeña palangana en que algunas familias mantenían en agua un hongo que con el tiempo alcanzaba un considerable tamaño —pues se decía que ese agua era buena contra no recuerdo qué enfermedad, creo que contra el cáncer— y más de una vez Cuncún se bebió y comió todo lo que había en la palangana: el agua y también el hongo.

Mi madre tenía tanto miedo de que Cuncún se metiera en la cocina de nuestra casa, que cuando ella hubo que guardar cama porque la atacó la enfermedad que, por la alta fiebre que causaba, llamaban “Las fiebres”, en su delirio febril pedía a gritos que echáramos a Cuncún de la casa porque ella escuchaba el deslizar de sus pies por el pasillo rumbo a la cocina.

Si los ojos son el espejo del alma, Cuncún no tenía alma. Su mirada era apagada, plana, sin profundidad, como la de un ciego; nada trascendía de ella. Podría decirse, además, que no hablaba sino que emitía algo como mugidos. Sin embargo, cuando se le incitaba a que dijera lo que sabía, recitaba —guturalmente, que era su forma de “hablar”— una especie de vieja tonada popular que al principio uno no entendía, pero que sí resultaba medio inteligible una vez que en boca de otra persona se escuchaban los cuatro versos que la componían:

Éste que viste levita,
éste que viste “leloj”,
éste que viste tan bien,
anda lo mismo que yo.

Según me cuenta mi amigo Juan Antonio Pino, fue su padre, don Antonio Pino, quien enseñó a Cuncún esta tonada, que a veces hasta la bailaba dando vueltas sobre sí mismo, y que es lo único que, además del mugido, escuché salir de su boca. Y también el enseñó esta “larga” serie de preguntas y respuestas:

—Don Antonio: “¿Cuántos perritos tiene el agua?».
—Cuncún: “Veintiuno quemados”.
—Don Antonio: “¿Quién los quemó?”.
—Cuncún: “El perrito traidor. ¡Piérdula, piérdula por ser baladrón”.

A veces, llevando sujeto bajo su brazo izquierdo el manojo de hierba o charamuscos, detenía su deambular y. alzando la mano derecha, señalaba con el índice hacia el horizonte mientras fijaba esa mirada vacía en algún punto perdido que sólo él conocía.

Así lo plasmó mi amigo Wifredo Ramos en este dibujo que viene a ser el único recuerdo gráfico que de Cuncún tengo.

En el dibujo, Wifredo incluyó el detalle de una mancha oscura en el antebrazo derecho de Cuncún, mancha que en la realidad era una abultada cicatriz sangrante porque a veces algunos gamberros del pueblo —especie que, lamentablemente, nunca falta— lo mortificaban tirándole de la camisa e impidiéndole caminar, y cuando el pobre Cuncún montaba en cólera por la impotencia para defenderse, mordía desesperado su antebrazo derecho hasta hacerse sangre. Como los gamberros no lo dejaban tranquilo, la herida de esas mordidas nunca cicatrizaba.

Se decía que la condición infrahumana de Cuncún fue consecuencia de que, siendo él niño, su madre —madre soltera a quien no conocí—, teniendo que ganarse la vida haciendo tareas de limpieza en casas de familia, cuando en la mañana salía para el trabajo dejaba a Cuncún, aún niño, encerrado en una habitación de la casa en la que criaban gusanos de seda, y que el niño, viéndose solo y con hambre, se comía los gusanos. No sé si es cierto o es lo que hoy llaman una leyenda urbana.

Mi amigo Luis Herrera —pasense como yo, pero que, como siempre ha vivido en El Paso, tiene acerca de estos personajes más información de la que tengo o recuerdo—, me cuenta, y copio textualmente su relato:

«Cuncún deambulaba por caminos y veredas con su sombrero de paño acartonado por la mugre y bien enterrado hasta las orejas; tal parecía que para portar ese mugriento y raído sombrero era para lo único que servia su desamueblada cabeza. Pero, no obstante su condición de subnormal profundo, alguna chispa de pillo le saltaba de vez en cuando.

Doña Maria Pestana, vecina de Tenerra, tenía, al igual que los más de los vecinos del pueblo, varias cabras a las que, además de con otros pastos, alimentaba también con pencas.

Eran tiempos difíciles de postguerra, pero, aún así, esta mujer socorría en lo posible a los indigentes que tocaban a su puerta, y Cuncún, que era un habitual de aquella casa, algunas veces conseguía en ella algo que llevar a su boca.

Un día, doña Maria estaba barriendo pencas —o sea, sacándoles las púas o picos que las pencas tienen por ambas caras— cuando llegó Cuncún, y a ella se le ocurrió encomendarle esa tediosa labor.

No fue tarea fácil, pero consiguió que el menesteroso aprendiera a despojar de picos las pencas que luego servirían de alimento a las cabras, labor que, a partir de aquel día, se convirtió en moneda de cambio para compensar las limosnas recibidas.

Era de suponer que el cociente intelectual del protagonista de esta historia no le permitiera evaluar el precio del favor recibido, y menos aún establecer comparación entre el esfuerzo titánico que para él suponía ponerse a barrer pencas a cambio de lo que, sabe Dios qué, recibiría por esa tarea.

Pues no, señor. Pasados algunos días, de debajo de aquel mugriento sombrero surgió la ocurrencia, que no idea, de, al llegar a casa de doña María, antes de entrar a mendigar alguna mísera papa dura y fría sobrante del día anterior, asomarse primero para cerciorarse de si había pencas que barrer.

Y a partir de ese día siempre hubo pencas, y, en consecuencia, y nunca tanto como antes, Cuncún volvió a comer papas frías de ayer en la casa de doña Maria.

Como dice un amigo mío, “No era tan coño»,… ni podía resistirse a un buen par de alpargatas nuevas, y si quien las calzaba se lo permitía, se postraba a sus pies y comenzaba a prodigar caricias a las bigoteras, cordones y talones de ese entonces popular calzado, hasta alcanzar una erección “cuncúnea” que ponía de manifiesto el placer que él derivaba de acariciar algo nuevo y que, en su opinión, era también sexy, aunque se tratara de unas alpargatas».

Ante esto último que cuenta Luis Herrera, se me ocurre que la Ciencia bien podría bautizar como “Fetichismo Cuncún” el basado en alcanzar la excitación sexual manoseando unas alpargatas.

[Opino}– Crítica a un escrito mío, y mi respuesta

Carlos M. Padrón

El pasado día 22/11/07 recibí, en relación con el artículo “Gazapo del día: Cucarachas y no moléculas” este comentario, que copio textualmente:

22/11/2007 @ 02:12 • Email: juanmmi@gmail.com • IP: 80.58.205.97 • No Spam Karma

En respuesta a: [*Gaz}– Gazapo del día: Cucarachas y no moléculas
Comentario de: Juanmi [Visitante]

Estimado señor:

Habiendo leido sus comentarios sobre el correcto uso de la lengua española, quisiera exponerle lo siguiente:
1.- Su “primera prioridad” es totalmente inadmisible por redundante. “Prioridad” se refiere a la anterioridad o preferencia de algo con respecto a otra cosa.
2.- Su “segunda prioridad” es inapropiada por absurda, pues lo segundo carece de la característica prioritaria. Algo prioritario no sería segundo.
3.- Usted escribe: “contribuir… a que DE SU PASADO no se pierda lo que yo aún recuerdo». ¿No está usted cayendo en el error que precisamente intenta señalar?
4.- “Todo contado en artículos…, Y que también se ocupan…». ¿Y? ¿Por qué esa conjunción ahí?.
5.- En el segundo párrafo abusa del verbo “recoger». Estoy seguro de que a eso usted le daría un nombre.
6.- “Opiniones personales relativas a…” ¿Quizá pretendía usted escribir “referidas a»? Una opinión no guarda relación con algo; se refiere a algo.
7.- En el tercer párrafo, su uso del punto y coma es alarmante, especialmente cuando lo emplea en lugar de dos puntos. “…esotéricos o insolitos; (!)…”
8.- ¿E-mail? ¿Se refiere usted a “correo electrónico»? Quizá sea más largo, pero no creo que eso le preocupe.

Sin otro particular, esperando que sea de su interés, le saluda

Juanmi

Por fin, este fin de semana, que tuve más tiempo porque los fines de semana no posteo nada en el blog, caí en cuenta de que el comentario se refiere a la columna de presentación de mi blog, la que aparece a la derecha, inmediatamente debajo de mi fotografía.

Como creo que a Juanmi, el autor, le debo una respuesta por cuanto se tomó la molestia de analizar párrafo por párrafo la mencionanada columna, y, como creo que no tiene sentido dar tal respuesta bajo el artículo de las cucarachas, aunque ahí esté ya el comentario de Juanmi, hago del caso —comentario de Juanmi y respuesta mía— este artículo que, por su índole, pondré en esta sección de Opino.

~~~

Sr. Juanmi:

Después de darle curso a su comentario pero seguir sin verle relación alguna con las cucarachas de que trata el artículo en el que usted lo puso, caí en cuenta de que se refiere a la columna de presentación de mi blog aunque en él diga usted que se refiere a mis también comentarios sobre el correcto uso de la lengua española, algo que, repito, nada tiene que ver con las cucarachas.

Pero le tomo la palabra, le anticipo las gracias —por haber leído mi blog, por el comentario y por el tiempo que le tomó armarlo— y respondo a sus observaciones usando para mis respuestas el mismo orden usado por usted para sus planteamientos.

1.- Su “primera prioridad” es totalmente inadmisible por redundante. “Prioridad” se refiere a la anterioridad o preferencia de algo con respecto a otra cosa.

2.- Su “segunda prioridad” es inapropiada por absurda, pues lo segundo carece de la característica prioritaria. Algo prioritario no sería segundo.

No sé dónde viva usted, pero, generalmente, al lado oeste del charco, donde vivo yo, con ‘prioridad’ ha ocurrido como con ‘alternativa’, que inicialmente sólo podía ser una (= la otra opción) pero que desde hace tiempo se usa con el significado de ‘opción’, y así como puede haber varias opciones puede también haber varias alternativas.

Tal parece que el diccionario ya se hizo eco de ese uso, como debe ser, y acerca de ‘prioridad’ dice (las negrillas las puse yo):

— Anterioridad en orden o en el tiempo de una cosa respecto de otra: su vida privada tiene prioridad absoluta.

— Precedencia o superioridad de una cosa respecto de otra: el organigrama establece la prioridad de los componentes.

Es lógico que si existe una prioridad absoluta es porque puede también existir una relativa. Y si el organigrama establece prioridades, en plural, es porque hay varias, y, por supuesto, con jerarquías, unas más importantes —o más prioritarias, valga la redundancia— que otras. Por tanto, no veo nada malo en hablar de una primera prioridad, una segunda, una tercera, etc.

3.- Usted escribe: “contribuir… a que DE SU PASADO no se pierda lo que yo aún recuerdo». ¿No está usted cayendo en el error que precisamente intenta señalar?

No entiendo su planteamiento. Lo que dije, y repito, es que quiero que del pasado de mi pueblo no se pierda lo que yo aún recuerdo, pues si yo no lo escribiera tal vez se perdería, mientras que si lo escribo, que es lo que hago, aumentan las probabilidades de que no se pierda.

4.- “Todo contado en artículos…, Y que también se ocupan…». ¿Y? ¿Por qué esa conjunción ahí?.

En este caso, el párrafo al que usted se refiere dice “Todo contado en artículos de mi cosecha, o escritos por otras personas —a veces con comentarios míos—, y que también se ocupan de eventos o personajes del presente”.

Si antes hablé de asuntos del pasado, aquí destaco que, también y además, pienso hacerlo de asuntos del presente. esto no obstante, su observación me ha hecho caer en cuenta de que el guión largo me permite prescindir de la coma, así que ya la he sacado, y aproveché para añadir lo de vigencia en el tiempo.

5.- En el segundo párrafo abusa del verbo “recoger». Estoy seguro de que a eso usted le daría un nombre.

No creo que si en un párrafo de 84 palabras uso dos veces ‘recoger’ pueda decirse que abuso de ese término, máxime cuando, precisamente para mejor justificar la segunda mención, concluyo con punto y coma la primera parte, la que contiene el primer ‘recoger’, e inicio la segunda con “; y recoger además”. No trato de evitar el ‘recoger’ sino que lo enfatizo.

6.- “Opiniones personales relativas a…” ¿Quizá pretendía usted escribir “referidas a»? Una opinión no guarda relación con algo; se refiere a algo.

Puede que tenga usted razón, pero en esta parte del mundo ‘referido/a’ se reserva para otras acepciones, como para referirse a alguien, dar referencias de algo o alguien, sustituto de ‘mencionado/a’, etc. Además, el diccionario dice:

— Relativo: Que guarda relación con alguien o con algo.

Yo dije que en mi blog “… o reflejan opiniones personales relativas a temas de mi interés”, o sea, opiniones que guardan relación con temas de mi interés. Tal vez, repito, el término ‘referidas’ podría ser más apropiado, pero, al menos para este uso, suena mal a mi oído y, seguro estoy, también al de muchos de mis lectores.

7.- En el tercer párrafo, su uso del punto y coma es alarmante, especialmente cuando lo emplea en lugar de dos puntos. “…esotéricos o insolitos; (!)…”

Como ese tercer párrafo menciona, uno tras otro, el contenido de algunas secciones del blog, me habría gustado formatearlo por puntos (= ‘bullets’ en inglés; no encuentro ahora el término en español), o sea, una línea para cada concepto (como haré ahora, más abajo), pero eso habría alargado la columna.

Para ahorrar espacio vertical, usé el punto y coma como signo divisor del conjunto de elementos dentro de cada sección. Si usted observa bien, entre un punto y coma y el próximo, todo se refiere a una sección en particular, así:

• «hechos curiosos, esotéricos o insólitos;» se refiere a la sección “Esotérico”, conformada por temas curiosos, esotéricos o insólitos, por lo cual no hay lugar para dos puntos antes de ‘esotéricos, pues se trata de tres temas diferentes’.

• «frases, reflexiones y anécdotas (de historia, ciencia, personajes, efemérides, etc.);» se refiere a la sección “Anécdotas, personajes y frases memorables”.

• «información sobre el correcto uso de nuestra lengua española;» se refiere a la sección “Lengua española”.

• «humor,» se refiere, por supuesto, a “Humor”.

• «y arte (en fotos o sonido).» se refiere a la sección “ArtyMundo”.

Para facilitarle la vida al lector, y evitarle posibles confusiones o dudas mientras lee, tengo por costumbre personal usar líneas bullets cuando debo dar una serie de elementos, ideas, conceptos, etc. que conforman una especie de lista.

Si no lo hago por bullets (como en el caso de las cinco líneas de arriba, que comienzan todas con un punto), recurro a la coma para separar los elementos integrantes de la lista. Pero si dentro de la explicación de uno o más de esos elementos se impone el uso de coma, entonces para separar los elementos uso el punto y coma. Y éste es el caso del tercer párrafo que usted cita.

8.- ¿E-mail? ¿Se refiere usted a “correo electrónico»? Quizá sea más largo, pero no creo que eso le preocupe.

Sí, tiene usted razón: por E-mail me refiero a correo electrónico; y sí, me preocupa usar ‘correo electrónico’ en vez de ‘e-mail’ porque, como ya he dicho en varios artículos, prefiero la economía, la claridad, la brevedad y la menor posibilidad de confusión.

E-mail es más corto, claro y conciso que ‘correo electrónico’. Y si bien puede que en España (40 millones de habitantes) se diga correo electrónico’ o el “graciosísimo” emilio, aunque entienden muy bien e-mail, en Hispanoamérica (365 millones de habitantes) se dice e-mail. Y el 80% de los lectores de mi blog están en Hispanoamérica.

El idioma de la informática es el inglés, aunque a algunos no les guste, y usar términos como “ventana emergente” en vez de ‘pop-up’, “correo no deseado” en vez se ‘spam’, “bitácora” en vez de ‘blog’, “compaginador de vinculación” en vez de ‘linkage-editor’, etc. me parece, más que manifestación de cursilería, de rencorosa rebeldía ante términos dela lengua inglesa, aunque luego se usen otros, y mal usados, como ‘puenting’, que no existe en lengua inglesa pero que en España viste bien, supongo.

Me imagino la angustia (¿o rabia?) que tendrán algunos al verse obligados a transigir con ‘hacker’ y otros términos que, precisamente por no ser equívocos pero sí precisos, van imponiéndose cada día.

Además de reiterarle mi agradecimiento por su interés, me permito enfatizar  que, precisamente por cuidar el idioma —y, en particular y sobre todo, por respeto al lector—, antes de publicar en mi blog algo escrito por mí, lo leo y releo muchísimas veces para tratar de mejorarlo, buscar los términos más apropiados, usar los signos de puntuación que contribuyan a que el lector no tenga problemas al leerlo, etc.

Esto, por supuesto, no es garantía de que yo no comenta errores, pero por lo menos trato de no cometerlos, y por eso agradezco comentarios como el suyo.

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Pobreza

POBREZA

Puerto de la puerta abierta
cansado ya de esperar,
ni siquiera estás alerta:
toda tu prisa es bogar.

Está la mar tan desierta
que sólo sabes llorar,
y por esa mar despierta
nadie te viene a buscar.

Marineros pescadores
pescados por la pobreza,
pescan del mar sus rigores,
y en un rincón olvidado
flota un halo de tristeza
sobre un velamen arriado.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: La Tejera

19-11-2007

Carlos M. Padrón

Según contaba mi madre, a mediados del pasado siglo XX vivió en El Paso una señora, de nombre Josefa, a quien apodaban La Tejera y a quien todos consideraban boba.

Practicaba la mendicidad, y, entonado el mismo “tarararí”, deambulaba de casa en casa pidiendo comida y, sobre todo, vino. Del que fuera, de cualquier color, cosecha o condición; no importando cómo estuviera el vino, ella se lo bebía, por lo que cabe suponer que estaría alcoholizada y en permanente estado de ebriedad. De ahí tal vez la constante cantaleta del “tarararí”.

Un día llegó a la casa de una vecina justo en el momento en que la familia estaba almorzando. Como era obvio que esperaba que le dieran de comer, a guisa de pretexto la señora de la familia le dijo:

—De haber llegado un poco antes habría podido darte algo, pero, como ves, ya todos nos servimos y no quedó nada en la olla.

A lo que La Tejera contestó de inmediato:

—Si se saca un poquito de cada plato se puede hacer uno para mí.

Otro día llegó a mi casa y le pidió vino a mi madre. Nunca tuvimos buen vino, y en aquel momento el que había servía sólo como vinagre suave, y así se lo hizo saber mi madre a La Tejera, pero ésta contestó que bebería cualquier cosa que se pareciera a vino aunque fuera vinagre puro. Horrorizada, mi madre exclamó:

—¡Jesús! ¡Dios nos dé cabeza!

A lo que, sin ni siquiera pensarlo, La Tejera contestó:

—No, que Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos.

Ante estas dos anécdotas suyas cabe preguntarse qué tan boba era La Tejera, a quien mi amigo Wifredo plasmó, emitiendo su “tarararí”, en este dibujo,

que lleva como por lema el “Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos”, expresión que La Tejera hizo famosa en El Paso.

Un domingo, en plena celebración de una misa en la Iglesia Nueva, La Tejera entró en el templo y, sin titubeos, se dirigió al púlpito.

La feligresía en pleno contuvo la respiración temiendo que, una vez sobre ese respetado lugar, se disparara con algún discurso adobado con sus “filosóficos” dichos. Pero no, llegó sobre el púlpito, paseó su mirada por toda la iglesia, bajó y se fue tan en silencio como había entrado.

Cuando, allá por los tiempos de antes de la Guerra Civil Española, el Ayuntamiento de El Paso estaba en un inmueble adosado al lado norte de la Iglesia Vieja, uno de los recintos en los bajos de ese inmueble fungía como cárcel municipal, y como a pesar de ello estaba abierto la mayor parte del tiempo, La Tejera lo usaba para pernoctar. Luego, a guisa de pícara justificación, comentaba que la gente de El Paso era tan buena que las puertas de la cárcel de ese pueblo permanecían abiertas.

Mi amigo Juan Antonio Pino Capote me cuenta que recuerda a La Tejera con su pamela —en su opinión, más ancha que la del dibujo—, y rodeada de tocas y toquillas de colores. Y que otros dichos de La Tejera, además del “Dios nos dé juicio, que cabeza todos tenemos”, eran: “Obligada estoy a decir la verdad y no a que me crean», “La razón no quiere fuerza»; y “A las pruebas me remisiono».

Hay quien atribuye este último a Josefita, otro de los personajes que incluiré en esta serie.