[*ElPaso}– Ermita de la Virgen de El Pino, y la bajada trienal – Retazos históricos / José Guillermo Rodríguez Escudero

VIRGEN DE EL PINO (EL PASO) – SU BAJADA TRIENAL, SU PINO Y SU ERMITA

La ermita de la Virgen de El Pino, en el término municipal de El Paso, aún se cobija bajo la sombra de un inmenso pino canariensis, considerado el ejemplar más alto de Canarias y catalogado como uno de los mejores del archipiélago. Para algunos investigadores y estudiosos ha quedado demostrado que según estudios científicos este magnífico árbol ya se encontraba en aquel mismo lugar desde los tiempos de la conquista de la Isla. Hay otros reacios a creer tal aseveración, como veremos más adelante.

El histórico pino y el costado sur de la ermita.

El pequeño oratorio se erigió junto al transitado camino real de la Cumbre Vieja, la vía más conocida y usada por viajeros, caminantes y arrieros desde el siglo XVI de entre todos los senderos que recorrían toda la Isla de La Palma ya que unía las comarcas del Oeste y del Este, en el llamado “Paso de la Cumbre”.

Es curiosa la descripción que el viajero portugués Gaspar Frutuoso en el siglo XVI hace en su obra: “Hay de este barranco a Los Llanos menos de media legua, y del mismo a la Ciudad tres, si se va por la Cumbre por el camino recto que pasa por el Pino de Vacía Borrachas, bajo cuya sombra hacen los sedientos caminantes esta necesidad que le dio tal nombre; desde el pino a la Ciudad hay dos leguas fáciles de transitar hasta la Cumbre, que por esta parte no es muy alta…”.

Vacía borrachas es un tipo de pino canario, y el autor intenta explicar este nombre en portugués: ‘borracha’ es bota, y su traducción, vacía botas. Podría referirse a vaciar las botas de agua o de vino. El árbol al que hace referencia, por su posición, podría ser el Pino de la Virgen que nos ocupa. No cita la ermita porque aún no estaba construida.

Muchas leyendas se han tejido en torno a esta zona y a esta advocación. Verneau, por ejemplo, cuenta que uno de los soldados que acompañaban al Adelantado Alonso Fernández de Lugo en la conquista de la Isla en el siglo XV encontró la estatua diminuta de la Virgen entre las frondosas ramas de un pino. Un prodigio, según opinaron unánimemente las huestes españolas.

Una análoga historia se cuenta a propósito de la Virgen de El Pino de Teror (Gran Canaria).

Continúa el viajero diciendo que: “El domicilio que ella había elegido no pareció a estos hombres piadosos digno de la Madre de Dios. Se pusieron manos a la obra para construirle una vivienda más confortable, y muy pronto una pequeña capilla se elevó al lado del pino. Se transportó con gran pompa a la Virgen a su nuevo local, un cura la colocó en el altar con todas las señales del más profundo respeto y, cuando se preparaba para oficiar la misa, ante la estupefacción de todos los asistentes, la Virgen cayó a tierra. Vueltos de su estupor, los fieles pensaron que podían haberla sujetado mal. Fue alzada piadosamente y colocada en el sitio que le habían asignado. Esta vez, todas las precauciones habían sido tomadas. Cuando cada uno se preparaba a oír misa, de nuevo la milagrosa estatua se precipitó al suelo. Una tercera y cuarta tentativas no dieron mejor resultado. Había que rendirse a la evidencia: el lugar no convenía. Puesta de nuevo en el árbol, no se cayó más. Expresaba con demasiada claridad su voluntad para que nadie pudiera confundirse. Sin embargo, los españoles no se dieron por vencidos. Habían decidido no dejar a la Virgen expuesta a las inclemencias del tiempo, y se les ocurrió hacer, en el mismo tronco del pino, un nicho que fuera capaz de recibirla. La operación tuvo un éxito maravilloso, la estatua quedó tranquila y el árbol resistió la mutilación. Allí pude ver, en 1878, la milagrosa Virgen, que está lejos de ser una obra de arte…”.

Verneau prosigue su narración de cómo se había colocado una alcancía al lado de la diminuta efigie para recibir las dádivas de los fieles, y a unos metros, las ruinas de la pequeña capilla. Sigue diciendo que “Me han afirmado hace pocos meses que ya no queda nada de todo esto. Un bárbaro, para poner aquellos terrenos en cultivo, descargó sobre el pino su hacha sacrílega…”.

Así, un precioso paraje emblemático de la isla fue el elegido más tarde para levantar la ermita y la plaza, junto al majestuoso pino (original o no) que sobresale desde lejos a los pies de la subida del Reventón de la Caldera de Taburiente.

Otras historias y leyendas cuentan cómo a través de los tiempos estos incansables viajeros y lugareños encontraban cobijo y tranquilidad bajo la inmensa sombra del gigantesco árbol. Allí se contaban numerosas crónicas y relatos, envueltos en la devoción y la leyenda que el propio lugar inspiraba. Se contaba cómo en el tronco del árbol se hallaba una pequeña talla de la Virgen, alumbrada con un farol, que iluminaba al perdido y agotado caminante como un faro hacía con los bajeles en noches de tormenta. Agradecido, éste invocaba a la Virgen con una oración y depositaba dádivas y exvotos en prueba de su devoción.

En numerosos grabados y láminas se conservan reproducciones de este mítico lugar, en los aledaños del antiguamente conocido como “Pino Santo”. Un encantador paisaje, paso de romerías y de gentes que comerciaban, paso de animales y paso desde la “banda” del Oeste a la del Este. De ahí el nombre de El Paso.

En 1876 se construyó una pequeña capilla de mampostería dedicada a esta advocación mariana (sin embargo, recordemos que Verneau decía que en 1878 había visto tan sólo ruinas de la antigua capilla). Fue la materialización de la profunda devoción de doña María Magdalena Rodríguez Pérez, conocida por ello como Magdalena del Pino y que llegó a ser durante mucho tiempo la ermitaña de la capilla.

En 1927 se colocó la primera piedra del pequeño santuario que hoy conocemos. Las autoridades religiosas y civiles estuvieron presentes en la ceremonia, al igual que una gran cantidad de vecinos. Muchos de estos hijos de El Paso donaron sus terrenos para lograr que el sueño fuera una realidad. La comisión creada para esta fundación dio sus frutos y se recaudaron muchos fondos. El 30 de agosto de 1930 se bendijo la nueva imagen de la Virgen de El Pino, que también fue adquirida por suscripción popular.

Fueron padrinos los hermanos Luis y Mercedes Sotomayor y Vandewalle, hijos ambos de don Tomás Sotomayor y Pinto, Gentilhombre de Su Majestad.

La solemne ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, fue presidida por el párroco don Carlos González Estarriol. Al día siguiente se procedió a la bendición de la ermita del monte y se llevó en procesión a la actual imagen.

La solemne función religiosa fue concelebrada, y uno de los sacerdotes fue el párroco de la Concepción de La Laguna, don Maximiliano Montesinos, quien pronunció la homilía. Se hallaban presentes, entre otros ínclitos personajes, los padrinos del nuevo altar: el alcalde don Antonio Cordovez y doña Adelina Fernández, también el vicepresidente del Cabildo, así como otras autoridades

La talla original, de menos de 30 cm. fue custodiada en la sacristía donde aún se encuentra, dentro de una urna de cristal y arropada por un pequeño manto de terciopelo verde. El paso del tiempo ha hecho mella en esta efigie y también se ha deteriorado por los constantes repintes a los que ha sido sometida. Se cree que se trata de la antigua imagen que visitaba las casas particulares de aquellos feligreses que así lo solicitaban.

La actual escultura, de inspiración clásica y de aproximadamente 90 cm. de altura, fue comprada en Valencia en los años 30 del siglo XX. Porta al Niño Jesús en su mano izquierda, mientras que en la derecha sostiene una rama de pino verde recién cortada. Una vez seca es entregada a los devotos, que la guardan con respeto y veneración en sus domicilios como si de una reliquia se tratase. El Niño sostiene una piña en la mano izquierda, atributo de la advocación mariana.

La imagen comienza a salir procesionalmente y de forma regular al núcleo poblacional de El Paso en 1955, aunque ya lo había hecho en alguna ocasión anterior. Ésta es la fecha que viene marcando su descenso trienal hasta el casco urbano. Una bajada que se recuerda fue la de 1951 en la que hubo numerosos festejos recogidos por la prensa insular, como “bailes típicos, parrandas y comparsas”.

El primer domingo de septiembre ya se celebraba, con anterioridad a 1955, la fiesta de la Virgen, con misa y procesión. Poco a poco se le fue añadiendo una comida de romeros, carrera de caballos (que llegó a ser considerada como una de las mejores de la Isla), un recital de versadores (que se perdió y luego se recuperó en 1975), etc.

Numerosos romeros llegados desde todos los puntos de la geografía insular se dan cita en estas fiestas. Tradicionalmente es a mediodía (sobre la una y media o las dos de la tarde) del último domingo de agosto cuando da comienzo la bajada de la sagrada efigie, acompañada por una multitud de devotos y romeros, por todo el itinerario tradicional de aproximadamente seis kilómetros hasta su llegada a la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, en el casco urbano de El Paso.

La romería trienal —la más importante fiesta del municipio pasense— es presidida por la Virgen, y detrás del trono, cargado a hombros de cuatro romeros, comienzan a andar los grupos folklóricos y parrandas que bailan y cantan, y numerosas carrozas y carretas. Con éstas están representados los barrios del municipio y asociaciones de vecinos, o simplemente amigos que se reúnen a pasar una alegre jornada.

Esta romería trienal transcurre por hermosos caminos flanqueados por pequeñas casas tradicionales que se pintan y embellecen para la ocasión.

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BIBLIOGRAFÍA

HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, C.C.P.C., Litografía Romero, Tenerife, 2001.
FRUTOSO, Gaspar. “Descripción de las Islas Canarias” de Saudades da Terra, C.C.P.C. , 2004.
VERNEAU, R. Cinco años de estancia en las Islas Canarias, La Laguna, 1981.

Artículo cortesía de su autor, José Guillermo Rodríguez Escudero

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Al borde del abismo

Poesía inspirada en una foto del artista Manuel Rodríguez Quintero titulada “Senderos sobre el abismo».

AL BORDE DEL ABISMO

No ves que somos muy poquita cosa.
Empezando a morir cuando nacemos,
en polvo y en olvido nos perdemos
bajo la tierra negra y silenciosa.

Sólo un soplo de luz, luz misteriosa,
que es luz de Dios, que a Dios le devolvemos,
quedará en nosotros. Esperemos
en la Esperanza alegre y milagrosa.

Envueltos en las sombras circundantes
que cierran los caminos inquietantes
con movibles fantasmas y espejismos,

en esta noche y por la noche vamos
al puerto del mañana que buscamos
por senderos que van sobre el abismo.

1961

[*Drog}– Sobre el drogamor, la pareja, el matrimonio, felicidad …

Abajo copio parte de una entrevista hecha al psicólogo, escritor y conferencista internacional Walter Rizo.

Tal parece que en lo del drogamor a distancia es válido aquello de que no existen enfermedades sino enfermos, pues uno de mis episodios de drogamor resistió incólume 31 meses de separación física, y, de haber sido necesario, tal vez yo habría resistido más. Sin embargo otro, en el que no hubo separación, lo sufrí por 24 meses, y me tomó casi otros 24 zafarme de él.

Tres abogados de Venezuela me dijeron que el 90% de los divorcios por ellos manejados habían sido producto de una decisión de las mujeres de las respectivas parejas en trámites. Tal vez esto sea cierto en la cultura latina, pero volvemos a la misma pregunta: ¿no fueron mujeres quienes educaron a esos hombres que, por lo visto, padecen de “mamitis”?

No comparto la opinión de que el temor a la soledad sea también propio de una cultura; para mí, es personal. Por ejemplo, mi hermano temía tanto a la soledad que hasta se resistía a ir solo a comer en un restaurante, en cambio yo disfruto de la soledad.

Lo de la fidelidad es asunto de voluntad y de autoestima. El cuento de los cuernos es un invento social para ejercitar la burla, pero un invento que no resiste un análisis lógico. Si soy fiel, es más por respeto a mí mismo que a mi pareja, pues sin con ésta tengo, por ejemplo, tres hijos, y mi mujer me es infiel, el problema es de ella, ante sí misma y ante sus hijos; no es mío, pues si no tengo la potestad de controlar la conducta ajena, ¿cómo van a responsabilizarme por ella?

Y sí, se puede amar, con amor de verdad, a más de una persona, pero, como ya estableció Scott Peck, como el amor requiere trabajo, los recursos que tenemos disponibles para eso no alcanzan para mantener muchos amores; pero si se trata de drogamor, se puede estar una vida saltando de uno en otro. Por tanto, ambos requieren de la disciplina si se desea llevar una vida digna y sin hacer daño a otras personas.

Debo destacar, porque ya hablé al respecto en este blog, lo de los ‘puntos’ y lo de la felicidad.

Acerca de los por Rizo llamados ‘puntos’ en que se basa el posible éxito de una pareja, ya había establecido yo cinco:

* CONFIANZA. Fundamentada en los valores morales del otro, como lealtad, fidelidad, honestidad, etc.

* RESPETO. Por lo que el otro es y por cómo maneja su vida; por su prudencia en el hacer, el decir y el callar; por su integridad social, o una misma personalidad ante todos los demás; por cómo reacciona ante situaciones críticas o del día a día; por cómo trata a quienes cree superiores o inferiores. (Incluye lo que Rizo divide entre Admiración y Respeto).

* COMUNICACIÓN. Para exponer los hechos y estados de ánimo importantes para la relación, para alimentar el diálogo sobre intereses comunes y enfoques individuales relevantes, y para conciliar. (Incluye lo que Rizo divide entre Humor-sintonía, y la propia Comunicación). Y,

* VOCACIÓN DE PAREJA. Deseo de compartir una vida en común, y de aceptar, por tanto, las renuncias que ello conlleva. (Punto que, al igual que el de Confianza, echo de menos en la lista de Rizo. Sin embargo, Rizo dedica todo un aparte a la desconfianza).

Y éstos tienen asiento sobre unos cimientos o plataforma común que es también de ‘doble vía’,

* QUÍMICA. Atracción física asociada a esa vocación, a un deseo de pertenencia, de proteger y salvar lo que se tiene. (Es lo que Rizo llama Deseo-atracción).

Como la de todo edificio, la construcción de éste comienza por los cimientos, y se desarrolla y fortalece con la aplicación mutua de la fórmula
que llamo ERA (Espiral de la Reciprocidad Activa): ‘No doy menos de lo que me dan ni acepto menos de lo que doy’, pues amar a quien no te corresponde no te reportará amor sino amargura.

Y también había dicho yo que la felicidad no existe, que sólo existen momentos felices.

El amor se construye día a día —incluyendo la aplicación del ERA— y, por tanto, implica atención y trabajo. No es, como popularmente se cree, un sentimiento; es un acto de voluntad, como dijo el Dr. Scott Peck.

A quienes siguen creyendo en el drogamor como guía segura para formalizar una relación, eso de que el matrimonio no es sólo un problema de amor sino de conveniencia también debe sonarles a blasfemia, pero es una verdad como un templo, porque si llegar al matrimonio por vía del drogamor es una locura, y si el éxito de éste depende de los puntos arriba mencionados, el amor requiere trabajo

Y poca cosa es el paso por este mundo si no se tiene ese “sentido de vida”, ese bregar hacia el mejoramiento espiritual y el desarrollo de talentos naturales. El darse buena vida no es sentido de vida; el vivir para la alternancia social, la ostentación, la frivolidad, etc. no es sentido de vida.

Carlos M. Padrón

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FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA A WALTER RIZO

¿Por qué la desconfianza en la pareja y cómo se puede eliminar?

Hay una desconfianza que es fundamentada o lógica si ves a tu pareja desnuda abrazando a otra persona desnuda, pero hay una desconfianza que no depende de los hechos objetivamente sino que es ‘idiosincrática’, muy personal.

Una persona que sienta una desconfianza exagerada puede ser que tenga una historia previa de pérdidas o engaños, o que tenga una enfermedad psicológica; para estos casos hay que buscar ayuda profesional.

Hay una desconfianza más común, que surge de la inseguridad personal, cuando empiezas a pensar: ‘Que bueno que la tengo yo a ella’, en vez de pensar: ‘Qué bueno para ella que me tenga a mí’. Para solucionar eso, hay que elevar la autoestima.
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¿Cómo se mantiene una relación a larga distancia?

Doménico Modugno, un cantante italiano de la época de los ‘60s, tiene una canción que dice que la distancia es como el viento porque apaga los fuegos pequeños pero enciende los grandes. No conozco una relación a distancia que funcione después de determinado tiempo.

Según las estadísticas, después de un año y medio estas relaciones se acaban porque, por puro azar, puedes conocer a alguien más.
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¿Cómo convencer a un hombre en proceso de divorcio de entrar en una nueva relación?

Hay hombres que se quedan toda la vida ‘en proceso’.

En la cultura latina se separan más fácilmente las mujeres que los hombres. Las mujeres son más valientes y no le temen tanto a la soledad como los hombres; al hombre hay que echarlo de la casa.

Los hombres piensan que cuando se separan, se separan de los hijos, la televisión, la esposa, de todo, porque se casan con mujeres que tienen complejo de mamá y los ‘adoptan’. Entonces el hombre no quiere dejar a la mamá-esposa.

Cuando un hombre dice que está ‘en proceso de separarse’, yo le digo a la mujer que está en espera de que tal separación ocurra que deje de comunicarse con él y que le diga con dignidad personal: “El día en que estés disponible para mí y que termines tu ‘proceso’, me llamas. Si yo estoy disponible, bien; y si no, te jodiste. Es un riesgo que vas a correr tu, no yo”.
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¿Por qué ocurre la infidelidad tanto en hombres como mujeres?

Tengo un libro completo sobre esto, ‘Jugando con fuego’. El ser humano tiene dos fuerzas que se oponen: la búsqueda de familia y estabilidad, y la otra, la variabilidad. Los científicos dicen que esta variabilidad —tener muchas parejas— tiene una raíz profunda en el hecho de que el hombre tenía necesidad de desparramar genes, y las mujeres de asegurar la alimentación de sus crías

Puede existir la fidelidad, un autocontrol, pero hay que entender que nos podemos enamorar de dos personas al mismo tiempo.
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¿En verdad se puede amar a dos (o más) personas a la vez, y con la misma intensidad?

Tres sería un suicidio. No conozco un caso, pero mi consultorio está lleno de personas que aman a dos personas. Las ponen a las dos en la balanza y ésta no se mueve. Yo diría que el 90% de la gente tiene un amor oculto debajo de la almohada, un amor que no comenta, un amor imposible, lo que pudo haber sido y no fue, el santuario inconcluso.

No sé si es sano o no, lo que no es sano es sufrir por eso, porque no tiene nada que ver con la infidelidad. Puedes amar a dos, y puedes ser fiel.
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¿Cómo se sabe que la pareja que uno tiene es la adecuada para casarse, y que luego uno no se va a arrepentir?

Hay que tener estos seis puntos:

1. Deseo-atracción
2. Admiración
3. Humor-sintonía
4. Comunicación
5. Sensibilidad por el otro; y,
6. Respeto.

Cuando estas seis cosas se dan, el pronóstico es buenísimo; si una sola de éstas no está, el pronóstico es malo. Algunas personas conviven antes de casarse; a algunas les funciona, a otras no.

Las personas que dudan sobre comprometerse o no, deben saber que cuando uno realmente quiere a alguien no piensa tanto. Cuando uno realmente quiere a alguien, le encanta tener compromisos. Si no, que revise cuáles son sus sentimientos.

¿Qué hacer cuando el sexo es afectado por el tiempo y las deudas?

La única forma de llegar al matrimonio es empezar a ceder en algunas cosas, y llegar a acuerdos sobre lo fundamental. Si al tocar temas álgidos y fundamentales uno no puede ponerse de acuerdo, entonces el matrimonio no va a funcionar. Si la mujer dice que puede vivir sin sexo, y el hombre es un maniático sexual, pues ahí está complicada la cosa. O él se vuelve eunuco, o ella se hace un tratamiento.

¿Cual es el momento para casarse?

Es cuando uno conoce bien a la persona. El matrimonio no es sólo un problema de amor, sino de conveniencia también. Hay que ver si la persona te conviene para muchas otras cosas. Hay que ver si en el balance costo-beneficio la probabilidad de fracaso no es muy alta.

Para eso de casarse yo no confiaría mucho en el amor sino en la razón.

¿Cómo se puede ser feliz eternamente con tu pareja?

La felicidad no existe, es un concepto que crea la mente; existen los momentos de alegría.

Una buena pareja no es la que no pelea, es la que pelea y avanza en cada discusión, pero que no pone en juego, por cualquier estupidez, el telón de fondo, que es el amor. Hay personas que en cada discusión terminan con que se van a separar.

No existe el amor eterno; el amor se construye en el día a día, y por lo menos dura hasta que nos muramos. No creo en las almas gemelas ni en el amor en otras vidas, etc.

¿Que le puede aconsejar a alguien que está soltero?

No hay que darle tanta importancia al matrimonio. En nuestra cultura de Latinoamérica se ve el matrimonio como un bien supremo, por lo que el hombre que no se casa es sospechoso, y la mujer que no se casa es pobrecita. No evalúan, como los europeos o anglosajones, que la soltería puede ser una elección de vida tan válida como cualquiera otra. ¿Quien dijo que casarse es un privilegio?

¿Que le aconsejo a los solteros y solteras? Que se busquen 100 mujeres ó 10 amigos. La mujer que está casada sufre, y las que escogen la soltería deberían estar felices. Tu realización debe estar en el desarrollo personal.

Si la persona se quiere casar y no encuentra a nadie, que revise su sentido de vida, de pronto está fallando. Debería tener un sentido de vida más profundo.

¿A qué conclusión ha llegado después de tantos libros, estudios y consultas privadas?

Si uno no tiene sentido de vida, no tiene nada. Hay que hacer un vuelco a lo espiritual. Pero no como un monje budista, con cara de kung-fu y en la punta de la montaña, sino un sentido de vida de trascendencia.

Yo creo que cuando una persona encuentra el sentido de su vida (su misión fundamental, su vocación, el desarrollo de sus talentos naturales), no cae en las enfermedades del amor

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El texto de la entrevista a Walter Rizo lo debo a una cortesía de Manuel Alberto Gutiérrez

[*FP}– Barú, turismo de aventura (2/2): El reencuentro

21.03.08

Carlos M. Padrón

Para iniciar el tour —para mí, zafari— a Barú, a las 08:00 de la mañana del domingo 16/03 nos recogió en el hotel un vehículo llamado “chiva” que es un autobús muy ancho, con asientos en filas transversales abiertas por sólo el costado derecho, y decorado con abalorios de todo tipo (espejitos, tablitas multicolores, cueros repujados, figuras de santos, y otros detalles igualmente cursis e inútiles),

Apenas subir a la chiva fuimos acosados por los buhoneros que vendían lentes (gafas) de sol, gorras “de hasta 8 funciones”, collares, sortijas, etc., y que no paraban de hablar exponiendo las bondades de sus mercancías.

Para el momento, ya mis aprensiones habían aflorado, y empeoraron cuando en la segunda parada luego de salir de nuestro hotel escuchamos como Ingrid, nuestra guía para ese tour, mientras hablaba por radio, con no sé quién, dijo: “Sí, ya el Sr. Padrón y la Sra. Chepina están en la chiva”.

“¿Qué diablos está pasando aquí? —me pregunté con renovada suspicacia—. ¿A quién carajo le importa si ya estamos o no en este carromato?”

Cuando la chiva completó su periplo por no sé cuantos hoteles hasta que todos los puestos estuvieron ocupados, nos dejó en el puerto de Cartagena donde abordamos una lancha de dos motores fuera de borda y con capacidad para unos 60 pasajeros.

Nuestra lancha era de este tipo.
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Al abordar, nos obligaron a ponernos chalecos salvavidas,

La incipiente sonrisa por la proximidad a la meta que se divisa allá en el horizonte.
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La resignación.

Y una vez recibido el permiso oficial, la lancha partió a full chola (toda pastilla) hacia la Isla del Encanto, un lugar netamente turístico al estilo moderno, que de isla no tiene nada, pues está donde termina la línea roja que parte desde la Bahía de Cartagena y que indica nuestro recorrido de ida. (En el de regresó entró por Bocachica, el estrecho junto al número 66).

Durante el trayecto, que tomó una hora, Ingrid —bilingüe y bien preparada— recitó su letanía, y yo, como siempre desde hace muchos años, volví a sentir lástima por quienes ejercen este trabajito que les obliga a repetir cada día la misma cantaleta, con los mismos chistes, advertencias, etc.

Ingrid impartiendo instrucciones.

Lo último que a Chepina le habían dicho era que Mariela vendría desde Barú a reunirse con nosotros en Isla del Encanto, así que al llegar a ese lugar tomamos asiento y nos pusimos a esperar la llegada de Mariela.

Terminal turístico de Isla del Encanto visto desde el mar.

De pronto alguien dijo: “Al Sr. Padrón y a la Sra. Chepina los buscan los de lancha que está en el muelle”, y al mirar hacia el muelle vimos una pequeña lancha con motor fuera de borda y dos hombres dentro de ella.

Al entusiasta “¡Vamos!”, que de inmediato me espetó Chepina, respondí, más suspicaz aún, que lo de la tal lancha no estaba en el programa, que ésta había salido de la nada, y que por qué teníamos que montarnos en una lancha cuyos ocupantes eran unos desconocidos que igual podrían ser de las FARC.

Pero Chepina se mostró muy confiada, y yo, víctima de la pesadez y lentitud de reflejos de la condición climática que me pone apático e incapaz de reaccionar normalmente, acepté, subí a la lanchita y nos sentamos en la tabla transversal del centro teniendo a nuestra espalda al piloto, y de frente a un hombre gordo con cara de pocos amigos.

La lanchita arrancó a full chola hacia mar abierto, y de pronto dobló a la izquierda, atravesó un estrecho paso entre macizos de manglares, se adentró en una laguna, y en menos de 5 minutos (tal vez menos, pero el susto hizo que me parecieran más) de haber salido de Isla del Encanto, llegamos a Barú, que desde el mar se vimos así:

Cuando, para mi tranquilidad, pusimos pie en “el muelle internacional de Barú”,

“Muelle internacional” de Barú.
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uno de los dos hombres le dijo a gritos a una niña que estaba en tierra firme que nos llevara donde Mariela —personaje que, como supimos luego, es como un ícono en esa zona, más que conocido de todos y responsable de los hechos que me pusieron suspicaz—, así que seguimos a la niña hasta que entramos en “downtown Barú” y poco después en la “Barú main street”.

Barú main street, con su “alta congestión” de tráfico automotor, como en todo el poblado,… en el que sólo hay alguna que otra moto.

Y allí, bajo uno de los árboles, esperaba la tan buscada Mariela.

El abrazo entre ella y Chepina fue del tipo que cabe esperar después de 22 años sin verse.

Y Juanchito, el hijo de Mariela, quien lucía así cuando de pequeño vivió en casa de Chepina,

y que había expresado serias dudas acerca de que ésta fuera a Barú, al fin lo creyó cuando la vio allí y pudo abrazarla.

y posar luego a su lado para esta foto,

Y aquí, Chepina junto a Juancho, el marido de Mariela y padre de Juanchito,

Luego de todos los abrazos y presentaciones, otra foto con pose:

El almuerzo, a base de pescado fresco, fue en casa de Mariela y con bastantes vecinos congregados en el terraplén frente a esa casa, y en el exterior de las casas vecinas, atraídos, supongo, por la novedad de nuestra visita.

Camino hacia el “muelle internacional de Barú”, y muy cerca de éste, un niño almorzaba feliz sentado a horcajadas sobre el mostrador de un “restaurante 5 estrellas” que anuncia su menú en un gran cartel. Y cuando una niña que estaba dentro del local se percató de que yo iba a tomarle una foto al niño, vino corriendo y se colocó junto a él.

A las 02:45 de la tarde abordamos, en el “muelle internacional de Barú”, esta lancha,

que, junto con Mariela, Juancho y Juanchito, nos llevó hasta Isla del Encanto desde donde a las 03:33 partimos, con mar picada y grandes saltos de la lancha, hacia la bahía de Cartagena, a la que llegamos, sanos y salvos —yo no lo podía creer— a las 04:30.

El domingo 16 de marzo de 2008 será recordado en los anales de la “metrópolis” de Barú como —parodiando a Woody Allen— “El día en que Chepina reencontró a Mariela”, y los baruleros (que éste es su gentilicio) recordarán también que Chepina llegó acompañada de un extraterrestre rubio y medio loco, pues sólo ese origen y condición puede tener —pensarán ellos— alguien que va al hirviente Barú vistiendo camiseta bajo una camisa de manga larga, pantalón de jean, y calzando sneakers (tenis) con medias gruesas y de caña alta hasta justo debajo de la rodilla.

Dejando de lado el sarcasmo, debo reconocer que la visita a Barú fue para mí como un viaje en el tiempo hacia una comunidad afroamericana de corte tribal que está a menos de 5 minutos en lancha desde un centro turístico del siglo XXI, y en la que todos parecen ser parientes en algún grado, y, por lo que vi, viven en paz y gracia de Dios, tienen abiertas siempre sus casas, y llevan una vida frugal con un mínimo de ropa y cero calzado, pues todos, tanto niños como adultos, andan descalzos.

El altruismo de esta gente tiene en Mariela un claro exponente, pues cuando hace años una de las mujeres del pueblo, que ni siquiera era pariente de Mariela, dio a luz a una niña, tuvo problemas después del parto, y al saber que iba a morir le pidió a Mariela que cuidara de su niñita recién nacida.

Al morir la madre, Mariela —y no para liberarse de ninguna responsabilidad sino para cumplir con una— buscó al padre de la criatura y le preguntó qué se haría con la niña. El hombre contestó que él no la quería, que Mariela y Juancho la registraran como suya, y se la quedaran.

Y así se hizo, sin mayor preocupación, estoy seguro, acerca de cómo o con qué recursos criarían ellos a esa niña. Pero Nathalie, que así se llama, tiene hoy 9 años y es el amor de Juancho que anda con el seso sorbido por esa niñita, que aparece en esta foto junto a Mariela y a Chepina

Mariela está a cargo de un taller de decoración de pareos pintados a mano sobre telas de algodón, que patrocina la llamada Fundación Aviatur

Aquí se la ve trabajando en uno de esos pareos.

Otras mujeres del pueblo trabajan también ahí,

Obsérvese el calzado, común a todos los baruleros.

Y las niñas se acercan para ir aprendiendo de las mayores.

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Aunque en Barú tienen, además del taller de pareos, iglesia, escuela y centro de salud con médico residente, seguro estoy de que, así como los baruleros nada supieron sobre la crisis entre Venezuela, Ecuador y Colombia, tampoco saben —ni les importa— de la crisis financiera internacional, la devaluación del dólar, la guerra de Irak, el calentamiento global (al cual, por cierto, poco contribuyen ellos) u otras tantas cosas que a nosotros nos llenan de preocupaciones renovadas día tras día.

Durante la hora que tomó el regreso a Cartagena, yo no podía dejar de pensar que el mundo sería un mejor lugar si hubiera muchos Barú. Pero, de acuerdo a algunos planes, lamentablemente le queda poco tiempo a su relativo paradisiaco aislamiento y a su pacífica condición social.

En favor de Cartagena debo decir que sentí envidia al palpar y comprobar lo mucho que los cartageneros quieren a su tierra —sin caer en el rancio nacionalismo de otros latinoamericanos—, y lo mucho que respetan y respaldan al Presidente de su país.

[*Opino}– ¿Consecuencia de envejecer… o realidad que asusta?

Carlos M. Padrón

Las comillas en “hombre” ─títlo del artíclo que copio al final─ las puse yo, pues creo que procede hacerlo así porque, en el sentido sexual de la palabra, el tal Thomas Beatie de hombre tiene muy poco.

Éste es uno de esos casos que harían que mi difunta madre exclamara, agitanto sus brazos sobre su cabeza, “¡Fin de mundo! ¡Fin de mundo!”, y es la primera vez en que han dado ganas de hacer lo mismo, pues como parte del proceso de envejecer, uno comienza a sentir que ya no encaja en el ambiente que le rodea, que cada vez hay más y más manifestaciones sociales que le resultan chocantes, fuera de lugar e inaceptables, y que, en resumen “antes no era así”. Y también por eso, cuando comparamos nuestra vida de hoy con la de nuestros tiempos jóvenes decimos que si nuestros padres o abuelos regresaran de sus tumbas, esa “vida de hoy” los mataría de infarto, pues no podrían ni entenderla y muchos menos aceptarla.

Pero la Historia nos dice que siempre los mayores han dicho y pensado lo mismo al comparar sus tiempos con aquéllos de cuando eran jóvenes, y, por tanto, la razón debería decirnos que así es la vida, y que los cambios continuarán a pesar de todo. Esto no obstante, se impone la pregunta de ¿hasta cuándo? ¿No habrá también en esto un “meterse en camisas de once varas”? ¿No nos dice también la Historia que éste, como muchos otros aspectos de la vida, se rige por ciclos, y que cuando uno de ellos se pasa de la raya sobreviene una guerra, con su secuela de desastres y pérdida de vidas, que marca el inicio de un ciclo nuevo?

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Aparecido el 27/03/08 en varios medios digitales.

Un transexual será el primer “hombre” del mundo que dará a luz una hija

Un transexual que habita en Oregon (Estados Unidos) está ya transitando su quinto mes de embarazo. Sí, aunque cueste creerlo, así es: si las cosas no se complican, en alrededor de cuatro meses se convertirá en el primer “hombre” en dar a luz a un bebé.

El “hombre” se llama Thomas Beatie y relató su experiencia a la revista The Advocate, dirigida al público homosexual. En realidad, Beatie nació mujer, pero decidió hacerse un cambio de sexo que consistió en quitarse los pechos y en ingerir hormonas masculinas (testosterona).

La gran diferencia con muchos otros transexuales, es que Beatie siguió conservando los órganos reproductivos que lo habían hecho mujer al nacer.

En pareja hace 10 años con una mujer llamada Nancy, el futuro padre embarazado decidió en un momento dejar de tomar la testosterona para poder, justamente, quedar encinta.

Tomada en conjunto, la movida tuvo que ver con el hecho de que su pareja no puede tener hijos: una grave enfermedad hizo que se sometiera a una histerectomía hace años.

“Dejé de ponerme las inyecciones de testosterona. Había estado ocho años sin tener la menstruación, así que no fue una decisión fácil de tomar. Mi cuerpo se reguló por sí mismo después de cuatro meses y no tuve que tomar estrógenos o progesterona o cualquier otro fármaco que favoreciera la fertilidad para ayudar la concepción», explica Beatie en el artículo de la revista.

De todos modos, con eso no alcanzó, y la pareja debió recurrir a la inseminación artificial y a un banco de semen. Fue a partir de entonces que se logró lo que parecía imposible.

Pero antes de llegar a esa concepción feliz, todo fue cuesta arriba, como es de imaginarse. Lo primero que hicieron Beatie y Nancy fue ir a un endocrinólogo experto en reproducción, con el que pasaron varios meses e invirtieron miles de dólares en pruebas.

Un día, el especialista confesó que ya no podría atenderlos porque él y su equipo “se sentían incómodos tratando a alguien como yo». Después de eso llegaron las consultas a otros ocho especialistas. Un año después de haber tomado la decisión de ser padres, consiguieron el acceso a un banco de esperma.

Hubo un primer embarazo, pero fue ectópico y no llegó a término. Después se produjo éste, que avanza (aparentemente al menos) con normalidad.

“El embarazo es una sensación increíble. Mi barriga crece día tras día, pero yo me siento hombre y cuando nazca mi hija, que está previsto para el mes de julio, yo ejerceré de padre y Nancy de madre», explica Beatie en el artículo de la revista

Yahoo Noticias

[*Opino}– Por qué a los españoles les cuesta tanto hablar inglés

Carlos M. Padrón

Para mi satisfacción, este artículo confirma algunas de mis teorías sobre lo que, usando la exageración, he calificado como “impedimento genético de los españoles para hablar otra lengua, especialmente el inglés”.

Por supuesto, como el artículo dice, ese impedimento no se debe a un cromosoma perdido.

¿Por qué si el gobierno socialista de Zapatero, que ha demostrado su inquina hacia el franquismo eliminando muchos vestigios de él, no ha eliminado también el doblaje de las películas y ha optado por las versiones originales subtituladas en español?

Es porque si lo hiciera, la gran mayoría de los cinéfilos españoles se quedarían en blanco ya que no podrían leer los subtítulos a la debida velocidad, pues ni tienen costumbre de hacerlo —de ahí lo del fracaso comercial que menciona Méndez-Leite— y, lo que es peor, tampoco ganas, que, según entiendo, es la “actitud negativa del público” a la que, con toda razón, se refiere también Méndez-Leite.

Los españoles prefieren seguir soportando lo que para cinéfilos de otras latitudes resulta patético: escuchar —para dar sólo un ejemplo— cómo un negro del Bronx habla castizo o, lo que es el colmo, cómo escudándose en el doblaje, en España adulteran el argumento de algunas películas, o demuestran su aversión hacia lo gringo con detalles como el de “Terminator II”, film en el que Arnold Schwarzenegger dice en claro español “¡Hasta la vista, baby!” pero en la versión doblada en España lo pusieron a decir “¡Hasta la vista, chaval!”. Si el guionista de ese film hubiera querido que Schwarzenegger usara el equivalente de ‘chaval’ le habría hecho decir ‘boy’ o ‘kid’, pero usó ‘baby’ porque ese término tiene una connotación muy particular que no es precisamente la de ‘chaval’ sino una que, según el contexto, puede ser cariñosa o despectiva.

¿Es que acaso en España no se entiende el significado de “baby”? Por supuesto que sí, pero no quieren usarlo porque creen que eso sería “darle a los gringos el gusto”, lo cual a los españoles les resulta humillante.

El colmo del descaro es el de algunos que en España se hacen llamar críticos de cine que, aún sabiendo —pues me permito suponer que sí lo saben— que el 60% del valor actoral reside en la declamación, tienen los riñones de criticar el trabajo de los actores basándose en filmes doblados, y no en la versión original. Al menos deberían emular la intención de los avisos puestos en las cajetillas de cigarrillos, advirtiendo sobre los peligros de fumar, y antes de soltar sus críticas sin fundamento decir que no están basadas en la versión original de la película sino en la versión doblada, o sea, adulterada.

Porque es cierto: el doblaje es una aberración. Y aunque Méndez-Leite considera como crimen ver una película doblada, el verdadero crimen es permitir que la doblen, pues con eso, que de seguro es un buen negocio para alguien, se mantiene a millones de personas en un cierto oscurantismo, y por eso “España, siendo la octava economía del planeta, suspende en inglés”.

El que los angloparlantes hablen español peor que los españoles el inglés, no es justificación alguna, es sólo consuelo de tontos, pues el asunto está en la importancia que en el mundo de hoy tienen esos dos idiomas, y no en si los angloparlantes tienen o no mejor vida que los españoles.

Esa frasecita de que “[la vida de los negocios] está en las antípodas de la buena vida” es muy decidora de lo que en Venezuela se describe como “mear fuera del perol”, pues ¿qué rayos tiene que ver la buena vida con la importancia de un idioma?

Cierto es que en EE.UU. hay gringos y hay useños, como en España hay godos y peninsulares, pero eso no le quita ni le pone nada a la importancia del idioma que se habla en esos países. Usar lo de buena vida como argumento en este asunto es, además de una tontería, una manifestación de hedonismo o producto de la aversión del mundo católico hacia las profesiones liberales, hacia el comercio y los negocios, aversión que los Protestantes no tienen, y ocurre que la mayoría de ellos son angloparlantes.

En enero de 2007 crucé e-mails con don Amando de Miguel en relación con su afirmación de que el aparato fonador de los españoles no está preparado para ciertas pronunciaciones como la ‘s’ líquida presente en palabras como ‘speak’. Al respecto, él publicó esto en su columna Lengua Viva, de Libertad Digital (LD):

Carlos M. Padrón (Caracas, Venezuela) no está de acuerdo con mi argumento de que la ese líquida es de difícil pronunciación para los españoles. La prueba, dice, es que se despiden con un “hasta luego” que pronuncian “sta luogo».

Es una observación muy atinada. A mí también me maravilla ese “staluogo” de los españoles actuales. Otras pronunciaciones del español actual de España que anotó don Carlos: satamente (= exactamente), Mafre (= Mapfre), At-lántico (= Atlántico).

Así es, aunque no debería serlo.

Si los españoles pueden pronunciar correctamente la ‘s’ líquida de “staluogo”, ¿por qué no la de “speak”? Pues porque apenas ven escrita esa palabra la identifican como inglesa, y el rechazo, por la tirria no exenta de envidia —sentimiento que llamaré “tirrenvidia”— que en España se le tiene a lo gringo, les imposibilita la correcta pronunciación. No les entra el inglés porque les falte un cromosoma sino por un ‘no quiero’ que se presenta como un ‘no puedo’.

Si aplico la teoría de don Amando de Miguel, el aparato fonador de los Canarios está peor dotado que el de los españoles, pues en Canarias practicamos, como en Hispanoamérica, el llamado seseo, y no pronunciamos ni la zeta ni la ‘c’ que suena como zeta, y por eso, en ciertas partes de España, a los Canarios nos llaman sudacas.

Sin embargo, conozco muchos Canarios que emigraron a Inglaterra y regresaron hablando muy buen inglés, y yo mismo no tuve problemas para adaptarme, ya de 22 años, a la pronunciación del inglés, idioma que aprendí por libros y que, por tanto, no pude sensibilizar a ella mis oídos. ¿Por qué sí pude manejarlo luego? Porque yo no tenía “tirrenvidia” hacia EE.UU,, pues nadie me habló mal de ese país que, al menos en mi pueblo natal, era considerado como el más tecnológicamente avanzado y, por ello, digno de admiración. Y hace muchos años que el idioma inglés, el cine más famoso, y los productos de tecnologías de punta se asocian más con USA que con UK.

El remedio para que los españoles no suspendan en inglés está en que, si al igual que los franceses no pueden superar su complejo ante EE.UU., al menos saquen al inglés fuera de los efectos de tal complejo y lo vean y traten como una lengua que, por razones de conveniencia para el comercio y el enriquecimiento cultural personal, hay que aprender.

Que olviden también su manía de buscar un equivalente español a términos ingleses que son aceptados como tales por el resto del mundo excepto, claro está, por Francia, cuya corrosiva aversión hacia EE.UU. es una confirmación de lo que acerca de los favores escribí en 1987 y publiqué en este blog:

Tres son las posibles reacciones humanas a un favor recibido: agradecerlo, olvidarlo o vengarlo. Cualquiera de las dos últimas es una flagrante muestra de ingratitud, que es hija de la bajeza, hermana de la injusticia, y madre de la desconfianza.

Está claro que los franceses han optado por vengar el favor que EE.UU les hizo en la Segunda Guerra Mundial, y preferirían que eso desapareciera de la Historia.

Y acerca del origen del para mí horrible y detestable nombre de ‘ordenador’ que en España le dan a un computador o computadora, en la antes mencionada columna de don Amando de Miguel encontré el 23/03/08 la confirmación de mis sospechas:

23.03.08

A. de Miguel

En su día los españoles aceptamos ‘ordenador’ para seguir a los franceses. Nunca he entendido por qué un neologismo del francés resulta más aceptable que otro que provenga del inglés.

Me extraña que don Amando no sepa que la explicación a lo que dice no entender está en la “tirrenvidia” que ambos, franceses y españoles, tienen a lo que venga de EE.UU.

Por ejemplo, los franceses se empecinan en afirmar que el origen de la computadora es la máquina sumadora inventada por Blas Pascal en 1642, o el telar, en base a tarjetas perforadas, inventado por Joseph Jacquard en 1799, y que, por tanto, la computadora es un invento francés.

Sin embargo, los más de los investigadores están de acuerdo en que el ancestro de la moderna computadora fue la máquina tabuladora —palabra clave en este caso por cuanto esa máquina sí que se limitaba principalmente a ordenar— que el useño Herman Hollerith, inspirándose en las tarjetas del telar de Jacquard, inventó en 1890 y con la cual ganó la licitación para el censo nacional de población de EE.UU. ¿Acaso el trabajo requerido por un censo podría haber sido hecho por un telar?

Por supuesto que no. Por eso, afirmar que el inventor de la moderna computadora fue Joseph Jacquard es como afirmar que la invención del automóvil se debe al inventor de la rueda. Pero tal parece que a la hora de vengar un favor, todo vale.

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Resumen del artículo que con el título “¿Por qué [a los españoles] nos cuesta tanto hablar inglés?” publicado en El País (España) el 23/03/08. Luego siguen mis comentarios. Lo resaltado en negrillas lo puse yo.

23.03.08

¿Qué es un español? Alguien que se pasa su vida aprendiendo inglés. Y, se podría añadir, que nunca lo aprende.

Búlgaros, húngaros y turcos son los únicos que alegan hablar menos inglés que los españoles. El 65% de los españoles reconoce que no es capaz de hablar, ni de leer ni de escribir en ese idioma. ¿Por qué lo hablamos tan mal?

Es cierto que se trata de un problema arrastrado. La dictadura de Franco cerró las fronteras al inglés durante 40 años, se centró en la defensa del español, y España se convirtió así en un país acostumbrado a ver cine doblado. En la actualidad, el dominio del inglés sigue siendo uno de los factores educativos que más marca la diferencia entre unas clases sociales y otras.

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“El verdadero problema es que, si se miran las estadísticas, el porcentaje no se ha movido a través de los años», dice Ramón Aspa, director ejecutivo de la escuela de idiomas de Esade. Los datos son chocantes. El 70% de los españoles reconocen que el inglés es importante o muy importante, pero sólo el 4% lo estudian, según la consultora Ipsos para la editorial Océano. El informe revela que el 17% leen correctamente este idioma, el 14% lo entienden cuando lo escuchan, y el 11% aseguran hablarlo bien.

Mientras España enmudecía, otros tomaban ventaja como Portugal y Grecia, que se adaptan lingüísticamente a la ampliación de la Unión Europea, y con ello a la importancia del inglés como lengua franca. “Es el latín del siglo XXI», observa Aspa, que no tira la toalla: ¿Por qué los telediarios no nos dejan oír la voz de Obama? ¿En lugar de doblar, no se puede subtitular?“.

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Eso demuestra que la educación española tiene un problema. Un problema no: dos. Porque la inversión —sobre todo la privada, la de las familias— en este idioma, mueve millones (../…) pero España, siendo la octava economía del planeta, suspende en inglés, aunque más justo sería decir que suspende en un segundo idioma. Ni ingleses, ni useños son unos cracks en otro idioma. Hay una teoría: los países con lenguas que cuentan con un gran número de hablantes, como Francia e Inglaterra, no sienten la necesidad de aprender otros idiomas. Lo seguro científicamente es que el español no tiene un cromosoma perdido que le impida hablar inglés con corrección.

El secretario general del Ministerio de Educación, Alejandro Tiana, confirma la tesis. Tener una primera lengua fuerte hace que sus hablantes soporten menos presión para aprender otros idiomas. “En España, el dominio del inglés todavía es insuficiente. El sistema educativo no le ha dado tradicionalmente una gran importancia a las lenguas extranjeras. Aunque peores que nosotros son los ingleses“, explica Tiana.

No hay una edad ideal para empezar a aprender un idioma, sino un análisis de las características de cada país y una decisión que implique a todos. “Existe la evidencia de que empezar a una edad temprana el aprendizaje de aspectos centrales, como la gramática y la pronunciación, es muy importante», afirma la investigadora Nuria Sebastián.

Algunas escuelas españolas ya se han apuntado al inglés en serio y ofrecen asignaturas en ese idioma. Los niños no estudian Naturaleza sino Science. Y no pasa nada. Bueno, nada, nada…

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“El sistema educativo debe dar el salto cualitativo y dejar de enseñar el inglés como lengua extranjera, e impartirlo como una habilidad básica del sistema», subraya Miquel Berga, presidente de la Asociación de Profesores y Profesoras de Cataluña (APAC). El problema, según Berga, es que en la primaria y la secundaria hay mecanismos que garantizan el contacto con el inglés, pero en la universidad no. Hay distintas iniciativas que tratan de ponerle remedio.

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Las promesas electorales también ayudan a ser optimistas, aunque ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy se manejan en esta lengua. Sólo uno de los cinco presidentes que han gobernado España desde 1975 dominaba el inglés: Leopoldo Calvo-Sotelo.

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No todo el mundo es partidario de inclinarse por el inglés: “Debe de ser muy bueno para los negocios, pero no lo son todo en la vida; de hecho, están en las antípodas de la buena vida“, asegura Jordi Llovet, catedrático de literatura comparada.

Otro freno histórico al impulso del inglés en España es que la televisión y el cine no se emitan en versión original. Finlandia y Holanda son un ejemplo a seguir. Ambos países, con un gran nivel de inglés, ven el cine y la televisión en versión original, con excepción de las películas infantiles, que sí las doblan. Un país con un idioma tan especial como el finlandés no tenía capacidad para doblar todo y, al final, la necesidad se transformó en virtud.

En España son pocas las opciones. A principios de los años cuarenta, Franco aprobó una ley prohibiendo las películas en versión original. El objetivo, defender el castellano. “A finales de los años 50, las distribuidoras useñas intentaron exhibir dos películas, “La ley de la horca” y “La Montaña Siniestra”, en inglés y con subtítulos. Debió ser un fracaso comercial y no se repitió el tema“, explica Fernando Méndez-Leite, director de la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Hubo que esperar hasta 1963 para ver en inglés “West Side Story”, musical de gran éxito.

A mediados de los 60, la ley de salas de arte y ensayo permitió proyectar algunas películas de autor en versión original. El doblaje se afincó de tal forma en nuestra sociedad que ha llegado hasta nuestros días, dejándonos aislados. En Alemania o Italia siguen doblando filmes, pero vecinos como Portugal o países más pequeños ven absolutamente todo en versión original. Esto facilita la exposición al idioma y la identificación de sus sonidos desde edades muy tempranas.

“Es muy difícil volver atrás porque existe una actitud negativa del público. Además, las distribuidoras useñas quieren doblar», asegura Méndez-Leite, un defensor de la versión original que considera un “crimen” ver una película doblada. Otro factor es que en España el sector de doblaje es muy potente. La recién aprobada Ley del Cine plantea una serie de incentivos y apoyos especiales a la versión original. “Sin embargo no existe ninguna previsión de prohibir el doblaje», aclara Fernando Lara, director del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales.

../…

El País

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Señor

SEÑOR

Aquí me tienes a tus pies rendido
sin merecer siquiera ni adorarte.
De todo mi pasado arrepentido,
sólo encuentro el consuelo de buscarte.

Tú sabes cuántas veces me he perdido
por huirte, Señor, y traicionarte,
y tú sabes también que en el olvido
intentó mi extravío sepultarte.

Sabes mi poquedad, mi nadería,
mi claudicante fe, mi desvarío,
mi caminar sin norte de alegría,

porque todo los sabes santamente;
y también sabes que me mata el frío
si tú no alumbras mi dolor creciente.

1959

[*ElPaso]– El duelo y la figuración social

24-03-2008

Carlos M. Padrón

Bernardita Perera era una dama de El Paso de Arriba que, en mis tiempos, ya estaba entrada en años y seguía soltera.

Si mal no recuerdo vivía sola, pues sus padres habían muerto, y tenía un solo hermano que emigró a Cuba y no había vuelto más a El Paso. Supongo que entre ellos mantendrían alguna correspondencia, pero no estoy seguro.

Sí lo estoy de que para ella la figuración social, el qué dirán, tenía gran importancia, y, por ejemplo, en su opinión el uso de gafas (lentes) no se debía a la necesidad de corregir un problema visual, sino a la conveniencia de destacar socialmente llevando puesto algo que, creía ella, estaba de moda entre gente importante, y daba prestigio, razón por la cual cuando una vez tuvo que ir a Santa Cruz de Tenerife, vino a mi casa —esto lo contaba mi madre—, a pedir prestados un par de lentes de los de mi padre, no importa cuál, para ella llevarlos en su viaje y usarlos en Tenerife, pues si llegaba allá sin gafas, ¡qué diría la gente!

Un día, Antonio Simeón, un vecino suyo, recibió el poco agradable encargo de hacerle saber a Bernardita que su hermano había muerto en Cuba.

A media mañana del día siguiente, hora que don Antonio creyó prudente, se dirigió a casa de Bernardita y comenzó a prepararla con otros temas de conversación hasta que, cuando lo consideró oportuno, le hizo saber la mala nueva.

Para su sorpresa, Bernardita no mostró tristeza, no soltó una lágrima ni hizo comentario que denotara dolor, pero sí exclamó:

—Bueno, ¡cosas de la vida!

Y mirando a su alrededor, como queriendo cambiar de tema, dijo:

—Esta casa mía no está para visitas.

Si bien era cierto que la casa estaba hecha un desastre en cuanto a orden y limpieza, la inexpresividad emocional de Bernardita desconcertó a don Antonio que, considerando que había cumplido su encargo, emprendió el camino de regreso a su casa, pero no dejaba de darle vueltas a su cabeza tratando de encontrar explicación a tan extraña reacción, o falta de ella, de parte de aquella mujer, máxime cuando, sobre todo las mujeres de aquel pueblo y en aquella época, dramatizaban mucho las desgracias, en particular si se trataba de una muerte, y sus expresiones de dolor eran a gritos acompañados de llanto.

Una vez en su casa, y transcurrida una media hora larga, don Antonio encontró la respuesta que buscaba, pues de repente retumbaron en el vecindario los horrísonos gritos de Bernardita que a todo pulmón clamaba,

—¡Ay, mi hermano, que no te voy a ver! ¡¡Ay mi pobre hermano!!

Gritos que lograron su cometido, pues en pocos minutos la casa de Bernardita se llenó de preocupados vecinos y vecinas,… que encontraron, tanto a Bernardita como a su casa, perfectamente arregladas, o sea, listas para recibir visitas.

[*FP}– Barú, turismo de aventura (1/2): Prolegómenos

21.03.08

Carlos M. Padrón

Allá por 1981, Chepina, cuya hija era aún bebé, contrató los servicios de Mariela, una joven colombiana, para que la ayudara en las labores domésticas, y sobre todo en el cuidado de la bebé, mientras ella, Chepina, trabajaba en IBM, y algunos años después además de mantener ese trabajo también estudiaba Mercadotecnia.

Mariela Zúñiga

Chepina y su hijo Henrique en 1981, el año en que Mariela entró en sus vidas.

En 1986 Mariela decidió regresar a Barú (Cartagena, Colombia), su pueblo natal, situado en lo que llaman una isla del Archipiélago del Rosario, frente a Cartagena, y digo “en lo que llaman” porque, como puede apreciarse en el mapa que sigue, Barú es una península.

Tal vez fue isla en los tiempos de la Colonia, pero siendo de bajo fondo el brazo de mar que la separaba del continente, los manglares ocuparon esa área, señalada en el mapa como Ciénaga Honda, y hoy día aparece como península. Esto es sólo una suposición de Chepina y mía, ya que no pudimos encontrar quien nos diera una mejor explicación a lo de isla.

Desde 1986 Chepina no volvió a ver a Mariela, pero mantenía hacia ella un permanente recuerdo y un gran afecto por lo mucho y bien que la había ayudado, de ahí que, cada vez más, expresara su deseo de ir a Cartagena y de allí a Barú a reencontrarse con Mariela.

***

En febrero de 1998 estuve en Cartagena y supe cómo es su clima,… o al menos eso creí.

Por un problema de salud —tal vez innato en mí pero que se manifestó desde la primera vez que fui a una playa en Venezuela, y que en los años ’60 me diagnosticaron como variante de hiperventilación— el calor a nivel del mar, y el aire denso y preñado de humedad, me ponen sentir muy mal. Me siento alicaído, con dolor de cabeza, mareos, empapado de un sudor frío y con una desesperante sensación de estar en un segundo plano, de que voy lento, cada vez más lento y alejado de la acción que a mi alrededor transcurre a una velocidad que yo, por más que me esfuerzo, no logro alcanzar porque, además, no puedo pensar bien, todo lo cual me pone irritable.

El único paliativo que contra esto he encontrado es fumarme un puro, recurso que descubrí en 1965 durante la boda de un amigo pasense que en la correspondiente celebración cumplió con el muy palmero ritual de distribuir cigarros puros entre los invitados varones.

En mi desesperación —pues la tal celebración tuvo lugar en San Felipe (Edo. Yaracuy, Venezuela) en una finca de cambures (plátanos) y con un para mi insoportable nivel de humedad y una alta temperatura a pesar de que fue en la noche— tomé un puro, lo encendí, y para no molestar con el humo a las asombradas personas que me acompañan en la mesa y que jamás me habían visto fumar porque yo no era fumador, me interné entre las plantas de cambures, y después de unas diez chupadas al puro mi malestar desapareció como por arte de magia.

Desde entonces, y aunque sigo sin ser fumador, cada vez que he viajado he llevado conmigo una dotación de cigarros puros comprados en La Palma (Canarias). Unos 50 me duran más de dos años, pues evito tanto como puedo caer en la maldita combinación de calor + nivel de mar + mucha humedad, muy abundante en el trópico donde el común de los mortales ama la playa, que yo detesto. Amo las temperaturas de entre 15 y 20°C, y el aire ligero que suele encontrarse en lugares altos y montañosos, combinación que me permite ir totalmente vestido y un tanto abrigado, y sentirme así muy bien.

Y es que en materia de vestimenta no tengo términos medios: o estoy totalmente desnudo (para la práctica de deportes de cama, pues si es para dormir uso pijama de cuerpo entero) o estoy totalmente vestido. El andar semidesnudo, como suele andar la gente en las zonas de playa —si es que no andan disfrazados de mamarrachos, con shorts o bermudas, en chancletas o descalzos, y con el ombligo al aire─ no va conmigo.

Para empeorar esta condición, sufro de alergia a los cambios de temperatura, y si en medio de un cuadro climático como el descrito se me ocurre despojarme de algo de ropa, de inmediato me resfrío. Por tanto, siempre ando con camiseta que me arrope bien la garganta, y a veces también con chaqueta.

***

A pesar de mis temores al asunto climático, y como al fin y al cabo sobreviví a mi estada en Cartagena en 1998, decidí llevar a Chepina a Barú este mes de marzo, con motivo de su cumpleaños. El pasado diciembre compré los pasajes, y Chepina, por Internet, reservó el hotel.

Para aumentar mis renuencias y suspicacias, ocurrió lo del problema entre Venezuela y Colombia, y con él aumentaron mis temores de perder tal vez los pasajes, y mis dudas sobre la posibilidad de viajar bajo riesgo de entrar a Colombia pero tener problemas para salir, de que los colombianos se mostraran hostiles hacia los venezolanos, etc. Pero el impasse se resolvió, y el sábado 15/03/2008 viajamos a Cartagena vía Bogotá.

La Cartagena que encontré ahora está más cuidada y hospitalaria que hace 10 años, pero también más cara, pues ha caído en esa plaga llamada turismo. Legiones de barrenderos, uniformados y hasta con tapabocas, la mantienen relativamente limpia, y la cantidad de buhoneros que importunan a uno en las calles es sólo superada por la cantidad de taxis cuya tarifa básica, para un trayecto de apenas 10 a 15 minutos, es de 5.000 pesos (aproximadamente $2.00), mientras que un taxi de la parada del aeropuerto de Bogotá cobra 15.000 pesos por hora.

Un detalle no muy bueno para conservar al turismo es que aunque el hotel que Chepina reservó se anunciaba como de 3 estrellas, con aire acondicionado y con precios propios de tal categoría, en realidad no llegaba ni a dos.

Si bien la habitación tenía baño privado —el colmo sería que no lo tuviera, en cuyo caso yo no me habría quedado en él— de la ducha, que era eléctrica, lo que salía era un menguado chorrito de agua apenas tibia y que caía verticalmente, con lo cual había que hacer cabriolas si uno no quería mojarse la cabeza.

Bidet no había, y la llave de agua caliente del lavamanos estaba de adorno, pues nada salía por ella, con lo cual opté por afeitarme, y sólo superficialmente, cada dos días, pues para darme una afeitada en regla necesito agua casi hirviendo. Si no es así, hasta me hago sangre en la cara, pues además de que mi piel es “delicagadita”, el vello de mi barba tiene consistencia de alambre y crece anárquico en todas direcciones. Y como el espejo situado sobre el lavamanos no tenía luces a su alrededor, mi afeitada era casi adivinando, pues la única luz del baño estaba en el techo y provenía de una bombilla de apenas unos 40 vatios.

La cama de la habitación, que aunque dizque para dos personas no llegaba ni a tamaño queen, tenía una sola mesa de noche en la cual no había siquiera una lámpara. La única luz de la habitación estaba en el techo, era de unos 60 vatios, y su interruptor quedaba a medio camino entre la cama y la salida de la habitación, por lo cual tuve que hacer uso de los recursos que siempre que viajo llevo en el por mis hijas bautizado “Bolso de Macyver”, y sobre la única silla que allí había, y que acerqué a mi lado de la cama a guisa de mesa de noche, coloqué una linterna para poder llegar sin tropiezos a la cama una vez apagada la ventiúnica luz, o para alumbrarme si necesitaba luego llegar al interruptor y no correr el riesgo de golpearme contra el filo del vidrio de una pequeña mesa ubicada justo debajo del interruptor y sobre la cual estaba el teléfono.

El aparato de aire acondicionado, que era del tipo llamado de ventana, caía en la categoría del llamado aire “acondisoplado” —muy frecuente en Europa— pues aunque colocado para que enfriara al máximo, yo dormía apenas cubierto con una sencilla sábana.

Como se ve, era una habitación “muy funcional”.

En lo tocante a seguridad, la puerta principal carecía de cerradura interna, de la cual carecía también la puerta que comunicaba con la habitación contigua y contra la que coloqué las maletas porque no tenía yo garantía de que no pudiera ser abierta desde esa habitación vecina. Así, si alguien intentaba entrar a la nuestra, la puerta tropezaría con las maletas y el consiguiente ruido nos alertaría.

Como se ve, era una habitación “muy segura”.

Si bien detesto los hoteles de lujo —los llamados de 5 estrellas— y las veces que en ellos estuve fue por decisión de IBM, me encantan los que en USA llaman “business hotels” (= hoteles para asuntos de negocios), que son tremendamente funcionales y que nunca he encontrado fuera de USA. Y creo que los moteles decentes, sobre todo ésos en los que uno puede estacionar el carro (coche) frente a la habitación, son una gran invención.

Sin embargo, aunque cabría suponer que las estrellas indicativas de la categoría de un hotel son válidas a nivel internacional, y que su valor representativo es el mismo en cualquier lado, no es así, pues ya supe que no lo son en Marrackech, y ahora averigüé que tampoco en Colombia.

Las dos última veces que he estado en Santa Cruz de Tenerife me he alojado en un apartotel cuyos apartamentos son para mí el ideal para vivir: un dormitorio grande con un closet de pared a pared, mueble gavetero con escritorio incorporado, TV y una gruesa cortina que cubre totalmente el ventanal y permite oscuridad casi total; salón amoblado, también con TV, Internet, aire acondicionado, y mesa de trabajo; cocina bien equipada; y un baño con todas las piezas, repisas grandes y amplias, y una bañera grande con una regadera de la que fluye agua abundante a buena presión. Categoría de ese apartotel: 3 estrellas. Entonces, ¿de dónde salen las 3 estrellas del hotel de Cartagena?

Habiendo yo vivido en pensiones 5 años de mi vida (4 en Tenerife y 1 en Caracas), y habiéndome quedado como huésped en varias de ellas en diferentes ciudades de Venezuela mientras en los años ’60 trabajé en Olivetti, puedo asegurar que ese hotel, si dejamos de lado el baño privado, el teléfono y la TV, no pasa de ser una pensión glorificada, por lo cual, como la primera noche no pude casi dormir, las noches subsiguientes, y a pesar de la inseguridad, tuve que tomar doble dosis de somnífero.

Pero hay más. La Cartagena de marzo/2008 estaba también más calurosa que la de febrero/1998: a las 08:30 de la mañana los termómetros ubicados en las calles de la zona hotelera marcaban 32°C, la humedad era altísima, el sol era como para derretir las piedras, y yo me sentía desfallecer.

La noche del domingo 16 era tal el calor que busqué refugio en el único de los restaurantes, de los alrededores del hotel, que tenía aire acondicionado, sin importarme si la comida era buena, regular, mala, peor, barata o cara. Ha sido la única vez en mi vida que he deseado que el servicio de camareros fuera lento de verdad, que tardara lo más posible.

Continuará…