[*Drog}– Drogamoramiento, locura y estupidez

Carlos M. Padrón

Dice Noel Clarasó que “Cuando se habla de estar enamorado como un loco, se exagera; en general, se está enamorado como un tonto”.

Creo que ni una cosa ni la otra, pues el drogamoramiento incluye los ingredientes de la locura y la estupidez.

Pero si he de decantarme por uno, sería por la locura, pues un tonto tal vez no experimente los estados de excitación que produce el drogamoramiento, pero un loco tal vez sí, pues se dice que algunos locos creen ver y oír lo que nadie ve ni oye, y creen estar en poder de la verdad, de haber dado con la Piedra Filosofal y encontrado la fuente de la dicha eterna.

Pero los locos tienen algunas ventajas sobre los drogamorados, como, por ejemplo:

• La locura suele ser permanente, pero el drogamoramiento no

• Los locos no serán víctimas de la decepción, pero los drogamorados sí

• Los locos tal vez no se percaten jamás de los desastres que han hecho con su vida, pero los drogamorados sí

• Los locos tal vez no tengan que dar marcha atrás en lo hecho durante su periodo de locura, pero los drogamorados sí.

[*ElPaso}– Andanzas y faenas de tres «santos» de mi entorno

04-08-2009

Carlos M. Padrón

Manuelito

Fue, desde pequeño, el dolor de cabeza de sus padres, pues era un muchacho realmente malo, especialista en hacer ruindades y jugarle malas faenas a todo el que podía.

Tal vez con alguna jugarreta ya en mente se metió a monaguillo, y ahí hizo lindezas como las que, a título de muestra, describo a continuación.

Cuando le daban ganas de merendar (los días entre semana iba a la iglesia sólo en las tardes) comía hostias sin consagrar y las acompañaba con vino del destinado a consagrar, pues espió al cura y pudo averiguar dónde éste escondía la llave de la alacena en la que guardaba hostias, vino y otros objetos que ameritaban cuidado.

Sabedor de las costumbres de los feligreses, había comprobado que la sirvienta de una casa de familia cercana a la iglesia venía a confesarse todas las semanas, el mismo día y a la misma hora. Uno de esos días en que el cura no estaba, Manuelito montó guardia apoyado en la baranda Este de la Plaza Nueva, y cuando vio que la sirvienta veía hacia la iglesia, fue, y en presencia del otro monaguillo, se metió en el confesionario.

Para ese momento, en la iglesia había sólo un par de mujeres que, no sabiendo que el cura no vendría, rezaban a dúo el rosario haciendo tiempo a que comenzara la novena. Apenas la sirvienta entró a la iglesia fue directamente al confesionario y, cuando se arrodilló en él, Manuelito la confesó “a fondo”, o sea, le preguntó de todo con pelos y señales, tanto que la pobre muchacha, alarmada, decidió dar por terminada aquella extraña confesión, y retirarse.

Al notar esto, Manuelito salió del confesionario y se paró frente a la atónita sirvienta que avergonzada y asustada saltó hacia atrás como un resorte, mientras soltaba un grito de espanto, y salió en carrera de la iglesia sin parar de gritar.

Desde ese día, enrojecía y bajaba la cabeza cada vez que se cruzaba con Manuelito, quien, para mortificarla más, le picaba el ojo o le mencionaba palabras “clave” relacionadas con pecados que ella había contado durante la confesión.

Otras de sus diabluras está relacionada con la comunión durante la misa.

En aquellos tiempos, en que se decían las misas en latín y el oficiante daba la espalda a los feligreses, la comunión era impartida sólo por el sacerdote, y en el acto lo ayudaba un monaguillo que bajo la barbilla del comulgante colocaba la patena a guisa de platillo para evitar que, si la hostia se caía, llegara al suelo.

Pues bien, cuando Manuelito era el monaguillo que prestaba ese servicio, sostenía la patena con sus dedos índice y pulgar, y al colocarla bajo la barbilla de las jóvenes extendía el dedo medio y les acariciaba la garganta.

Siendo aún muy joven, Manuelito dejó El Paso y vino a Venezuela, donde aún reside, si es que no ha muerto. Nunca ha vuelto a su pueblo natal.

Cuando todavía vivía mi madre, Manuelito le dispensó una visita en uno de sus esporádicos viajes a Caracas y relató ante ella todas estas travesuras.

Asombrada, mi madre, que no daba crédito a lo que oía, le preguntó que por qué había confesado a la sirvienta, a lo que él respondió que lo hizo para enterarse de lo que en materia de sexo pensaban o hacían las mujeres.

A la pregunta de por qué se comía las hostias, su respuesta fue muy simple: “Porque tenía hambre”.

Y a la pregunta de que si acariciaba la garganta de todas las comulgantes, contestó: “No, qué va; ¡sólo acariciaba a las que me gustaban!”.

***

Alfonso

También fue tormento, principalmente de su padre.

Siendo aún un niño de unos 10 años, sus travesuras fuera de la casa, que iniciaba en las tardes después de almorzar, causaron que un día don Dimas, su padre, desesperado por no saber ya qué hacer con Alfonso, al término del almuerzo lo metiera dentro de un grueso saco, cerrara bien la boca de éste y lo colgara, con Alfonso dentro, de un gancho que había en el techo de la despensa de la casa. Así, se dijo, no podría salir a la calle a hacer diabluras.

Cuando anocheció, estando ya próxima la hora de la cena, don Dimas, decidido a liberar a Alfonso de su prisión colgante, se dirigió a la despensa y por poco se infarta al comprobar que en el colgante saco no estaba ya su hijo,…. sino una buena porción de excremento que éste le dejó como recuerdo.

Don Dimas había olvidado que Alfonso llevaba siempre consigo, al igual que los más de los muchachos de entonces, una navaja plegable.

Cuando tenía 15 años jugaba con un grupo de muchachos de 19 que lo aceptaban porque era muy despabilado.

Entre esos muchachos mayores estaba mi hermano Raúl, y él contaba que una vez que jugaban fútbol en un terreno baldío bastante cercano a la casa en que habitaba Carolina, una muchacha de 18 y no de muy buena reputación, notó que un gran tonel de madera —como las llamadas pipas usadas en las grandes bodegas para guardar vino— que estaba arrinconado por inservible en una esquina del terreno, se movía de forma por demás extraña.

Intrigado dejó de lado el juego, se acercó al tonel, y para su sorpresa comprobó que metidos en su interior estaban Alfonso y Carolina en plena faena sexual.

El recuerdo de ese suceso molestaba mucho a mi hermano, y cuando terminaba de narrarlo decía siempre algo así como:

—¡No jodas! Nosotros, de entre 19 y 20 años, jugando al fútbol como unos pendejos, ¡y Alfonso, de sólo 15, cogiéndose a Carolina! Y lo peor es que eso era lo que todos queríamos hacer, ¡pero no podíamos conseguirlo!

***

Perico

A la edad de 20 años adquirió complejo de Antonio Machín [1], y cuando le daba la veneta [2], que era siempre veraniega, subía a la azotea de su casa y a voz en cuello anunciaba, como lo haría un locutor de radio: «Señoras y señores, ¡a continuación Antonio Machín canta para ustedes “Dos gardenias”!», y acto seguido rompía a cantar la mencionada canción mientras gesticulaba como si estuviera en un concierto en vivo y ante numeroso público.

Las horas que él prefería para sus conciertos eran las de la siesta veraniega, o sea, las de después del almuerzo de los días de verano, tal vez porque entonces no debía prestar ayuda a sus padres. El problema con estos conciertos era para los vecinos, pues cuando ellos recién estaban comenzando a adormitarse, la estentórea voz de Perico los regresaba a la calurosa realidad y los dejaba desvelados.

De nada sirvieron las protestas de estos vecinos ni los sermones que a Perico le daban sus padres, pues a ambos respondía con sonoras carcajadas.

Sin embargo, Doña Bernarda, la vecina más próxima, que era mujer de malas pulgas y de armas tomar, no perdió su tiempo en hacer un educado reclamo a Perico o a sus padres, sino que optó por subir también a la azotea de su casa e insultar a Perico a grito limpio mientras éste estaba absorto en la interpretación de “Madrecita”, “Angelitos negros”, “Mira que eres linda”, u otra de las varias canciones de Machín que entonces estaban de moda, pero en especial “Dos gardenias”, que era su preferida.

Molesto por esas bruscas interrupciones que cercenaban su creatividad artística, Perico, que a esa vecina la llamaba “Bernardí” en son de burla y para enojarla, ideó una cruel venganza.

No sé de dónde, pero consiguió lo que llamábamos un cristel [3], que no era otra cosa que un cilindro metálico (como de unos 10 cm de diámetro y unos 30 cm de largo) provisto de un émbolo que se introducía por uno de sus extremos y se accionaba mediante un mango, mientras que el otro extremo terminaba en un estrecho tubo. O sea, una jeringa gigante pero sin la aguja, y se usaba para succionar líquidos que luego podían expulsarse, lejos y con mucha presión, por el estrecho tubo.

En las más de las casas había un pequeño estanque que recogía las aguas producto del fregadero de las cocinas o de la pileta donde se lavaba la ropa. Si ese estanque no se vaciaba con regularidad, el agua represada en él terminaba corrompiéndose, en su superficie aparecía una espesa costra que se llenaba de gusanos, y despedía un olor putrefacto.

Una tarde de mucho calor, Perico llenó el cristel con el agua pestilente del estanque de su casa, y a la hora de su concierto diario, en vez de subir a su azotea se ubicó cerca de la ventana de Doña Bernarda, a quien suponía haciendo siesta, y comenzó a gritar: “¡Bernardí, Bernardí! ¡Hoy voy a cantarte aquí, cerca de tu ventana, para que me oigas mejor!”. Y después de repetir un par de veces esa terrible amenaza, rompió a cantar.

No había pasado medio minuto cuando en el interior de la casa de Doña Bernarda se escucharon los gritos de ésta insultando a Perico mientras se acercaba a la ventana que abrió de par en par y sacó fuera medio cuerpo para hacerse escuchar mejor. En el momento en que ella mantuvo abierta su boca para sostener la última sílaba del insultante grito de turno, Perico le descargó, en plena cara y a máxima presión, el “perfumado, sabroso y saludable” contenido del cristel.

Ignoro en qué terminó el incidente, pues cuando a los furibundos e insultantes gritos de Doña Bernarda, luego de superado el atragantamiento, salieron a la calle los padres de Perico, yo me retiré prudentemente, pero nunca olvidé aquel drama vecinal de acuosa y perfumada inyección,… que le recordé a Perico todas las veces que lo vi en Venezuela, y todas las veces soltó una sonora carcajada.

***

[1] Tanto mi padre como mi tío-abuelo Juan Sosa detestaban profundamente a Machín, y cuando a oídos de cualquiera de ellos llegaba la plañidera voz de ese cantante exclamaban: “¡Ahí está Joaquín jozando mierda!”.

[2] Veneta.- Decisión generalmente inesperada y a veces alocada. “Le dio la veneta de irse a Venezuela, y se fue”. “Le dio una veneta, y se botó por el barranco”. Palabra del Léxico Pasense que he recopilado

[3] Nombre incorrecto pero usado allá y entonces. Creo que ahora se les llama “bomba manual de vacío”.

[*Opino}– Ejemplo del «profesional» que no sabe usar su herramienta más importante

Carlos M. Padrón

Un buen amigo experto en informática, suele enviarme por e-mail y acerca de este tema algunos artículos que él considera que podrían interesarme. Me ha enviado varios conseguidos en un blog —cuyo nombre omito para no hacerle propaganda explícita— que están realmente muy mal escritos, pero hace como dos semanas me envió uno que si compitiera en un concurso de errores de escritura ganaría un premio.

A la versión original de ese artículo —pues lo publiqué ya corregido— le intercalé, resaltados en color, mis comentarios, y el resultado se lo hice llegar por e-mail a las dos direcciones que en el blog de marras encontré.

Éste fue el contenido del e-mail enviado por mí a esas dos direcciones:

No sé si son ustedes dos u otra(s) persona(s) quienes escriben lo publicado en el blog XXX y que a veces me hace llegar un amigo.

En todos y cada uno de los artículos que de tal blog me ha enviado ese amigo he encontrado el para mí pedante estilo “papal” de hablar en plural, involucrando al lector en algo que él no ha pedido.

Tal vez eso podría pasar, pero en lo que acerca del artículo en referencia copio a continuación hay demasiados atentados contra el idioma español que, en mi opinión, son una falta de respeto hacia los lectores.

Quienquiera que haya escrito este artículo tal vez sepa de informática, pero no le vendría mal un curso de gramática española y redacción.

***

Disk Analyzer: Programa gratis para limpiar nuestro disco duro (¿y cómo puedo obtener mi parte de ese disco?)

Posted: 09 Jul 2009 06:31 AM PDT

Hacia (falta el acento: es ‘hacía) fácil 6 meses que no limpiaba el disco de mi computadora, principalmente por falta de tiempo y sobre todo de ganas, y como muchos de ustedes vivirán en carne propia sabrán que en 6 meses de instalaciones, desinstalaciones y descargas una computadora suele juntar mucha basura.

El problema es que limpiar nuestro (arriba es ‘mi’ disco, pero ahora es ‘nuestro’) disco rígido (antes era ‘duro’, ahora es ‘rígido’)  es una tarea ardua y muy aburrida, pero por suerte existen herramientas que nos ayudan a acelerar este trabajo, para permitirnos salir airosos de una limpieza de archivos (antes era limpieza del disco duro, ahora es de archivos).

La herramienta en cuestión es Disk Analyzer, software gratuito para analizar la composición y organización de nuestro disco duro desarrollado por la empresa Extensoft. (Según esto, lo que es de Extensoft es el disco duro, no la herramienta, pues ‘herramienta’ es femenino pero ‘desarrollado’ es masculino).

Lo que me pareció muy bueno de esta herramienta, (aquí falta la coma que ya puse yo) que descubrí gracias a Stumble, es que nos permite navegar (tal vez él quiera navegar, yo no) por las distintas carpetas guardadas en nuestro disco rígido y sigue queriendo darme propiedad en el bendito disco!) a medida que vamos viendo de una forma muy visual (¿es que hay forma de ver que no sea visual?) el tipo, peso y extensión de cada archivo, algo que si bien se puede hacer de forma convencional no es tan fácil como acá (¿como acá? ¿dónde es ‘acá’? ¿en el lugar donde vive el que escribe?).

Además el programa va avisándonos en cada carpeta la cantidad de residuos de fácil de depuración que se encuentran, (No, es mejor así: Además, el programa va indicando qué cantidad de residuos de fácil de depuración se encuentran en cada carpeta) algo interesante si lo que estamos buscando, además de una fácil organización,  es la de liberación de espacio disponible en disco (si el espacio ya está disponible, ¿a qué liberarlo?).

La herramienta está disponible para Windows, es completamente gratuita y apenas pesa 11 MB. Más simple imposible.

***

Un par de horas después recibí, de una joven (lo de joven lo explicaré más abajo) llamada Tamara, la respuesta que copio a continuación.

Señor Padrón:

Yo no he escrito este artículo y realmente me siento muy ofendida por el tono de su email. Podría haber leído la nota (ya que obviamente entró para obtener nuestros emails) y fijarse quién la había escrito, si es que realmente quería lograr una crítica constructiva, aunque considero que no fue el caso. Su altanería me parece realmente de mal gusto y creo que podría dedicarse a cosas más productivas que faltarle el respeto a las personas.

Se nota que es una persona grande que tiene mucho tiempo para perder y debería, “en mi opinión”, tomar conciencia de la pedantería de su email antes de criticar la de los demás.

Sea y deje ser señor, o dedíquese a la docencia en los ámbitos dónde se lo solicita.

Por último le recomiendo que se interiorice a cerca de los términos que son válidos en informática ya que está marcando errores que no son tales. Aprenda, luego corrija a los demás.

Muchas gracias.

Tamara.

 

Y aquí va esa misma respuesta pero troceada, y a color va mi comentario bajo cada trozo. No me molesté en hacérsela llegar a Tamara; prefiero hacerla del dominio público por si le fuera útil a alguien.

Yo no he escrito este artículo …
Dije claramente que “No sé si son ustedes dos u otra/s persona/s quienes escriben lo publicado en su blog”, y luego dije también que “Quienquiera que haya escrito este artículo….”.

… y realmente me siento muy ofendida por el tono de su email.
¿Será por aquello de que “Quien se pica es porque ajos come”? Sabido es que las meteduras de pata en los medios escritos, a las que se les llama ‘gazapos’, han sido siempre objeto de burla, y en el caso que nos ocupa no se trata de un gazapo sino de toda una madriguera, lo cual justifica con creces el tal tono.

Podría haber leído la nota (ya que obviamente entró para obtener nuestros emails) y fijarse quién la había escrito, si es que realmente quería lograr una crítica constructiva, aunque considero que no fue el caso.
No me interesa el nombre de quien lo haya escrito, pero sí me molesta que, como lector, me pongan a adivinar qué quiso decir el escritor.

Su altanería ….
Obsérvese que, aunque ella dice no ser la autora de esta “joya”, considera que el haber hecho yo notar los errores es altanería de mi parte.

… me parece realmente de mal gusto y creo que podría dedicarse a cosas más productivas que faltarle el respeto a las personas.
¡El colmo! Lo que yo hice porque, como lector, me faltaron al respecto a mí, esta joven lo entiende como falta de respeto de mi parte. Seguro que pertenece a esa tolda de especialistas en darle la vuelta a la tortilla e imputar a otros sus propios pecados.

Se nota que es una persona grande …
Si por ‘grande’ se refiere viejo, acertó, pues creo que ya entré en esa categoría, y debo darle las gracias por el eufemismo de ‘grande’.

… que tiene mucho tiempo para perder …
No, suelo aprovecharlo bastante bien, aprendiendo y, siempre que puedo, ayudando al prójimo como, por ejemplo, enseñando al que no sabe.

… y debería, “en mi opinión”, tomar conciencia de la pedantería de su email antes de criticar la de los demás.
Si mi pedantería es reprobable, ¿por qué no puedo criticar la de los demás? El peor ignorante es el que cree que no lo es. Creo que Tamara debe ser de esa generación que, por obra y gracia del deterioro en los sistemas educativos y la Ley del Mínimo Esfuerzo, no acepta críticas a la mediocridad, y considera pedantería, intolerable insulto o cosa de fachas, la búsqueda de la excelencia.

Sea y deje ser señor …
Falta una coma antes y después de ‘señor’. Eso de “Sea y deje ser” es una forma de decir “Deje que uno sea mediocre y no se lo haga notar”.

… o dedíquese a la docencia en los ámbitos dónde se lo solicita.
Cuando alguien que se dedica a escribir para que otros lean, me ofende si no sabe manejar su principal herramienta, que es el idioma en el que escribe, y en ese caso tengo todo el derecho a defenderme, sin pedir permiso, porque ese alguien está faltando al respecto a quien lea lo que él/ella escribe.

Por último le recomiendo que se interiorice …
Según el DRAE, la palabra ‘interiorizarse’ no está en el Diccionario. Es lógico, pues no es verbo reflexivo.

… acerca de los términos que son válidos en informática ya que está marcando errores que no son tales. Aprenda, luego corrija a los demás.
Creo que Tamara tiene menos años de edad (de aquí lo de joven) de los que yo tengo lidiando con computación —luego llamada informática— y por eso es seguro que conozco muchos más términos informáticos que Tamara. No obstante, me gustaría saber a cuáles se refiere. Si es a ‘disco duro’, nada tiene de especial. Si es a ‘navegar’, se usa referido a Internet; las carpetas no se “navegan”, se revisan. Antes de que existiera Internet existían las carpetas pero nadie habló de navegar por ellas.

Reconozco que lo del estilo que llamo papal —obviamente por el Papa— es asunto de gustos y, al menos para mí, de respeto a mi audiencia. En los muchos años en los que dediqué gran parte de mi tiempo a dictar charlas en vivo, evité siempre ese estilo y opté por el impersonal, a menos que tuviera que contestar una pregunta hecha por alguien, en cuyo caso en mi respuesta involucraba a ese alguien, si había lugar para ello, y por el mismo motivo: respeto.

Y también reconozco, después de saber lo que sigue, que salí bien librado con Tamara.

Una sobrina mía consiguió en una panadería de la urbanización donde vive un panfleto publicitario que incluía datos para contactar al fabricante del articulo publicitado.

Como en el panfleto aparecía escrita la palabra ‘ocación’ —así, con ‘c’ en vez de ‘s’—, mi sobrina quiso que ese fabricante se percatara del error ortográfico y le envió un e-mail que requería que ella pusiera su dirección electrónica y un número telefónico.

Un par de días después recibió a ese número telefónico la llamada de una mujer que muy amable le preguntó dónde había conseguido el folleto de marras, y dónde vivía.

La respuesta de mi sobrina fue que lo había conseguido en una panadería de la urbanización en que vive, pero no dio ni el nombre de la urbanización ni ningún otro dato que pudiera servir para ubicar su lugar de residencia.

Siempre con tono muy amable, la mujer al otro lado de la línea continuó con preguntas que a todas luces pretendían descubrir dónde vivía mi sobrina, y cuando se convenció de que no iba a conseguir su propósito, el tono amable se tornó de pronto en amenazador e insultante, y luego de un rosario de groserías terminó diciéndole a «Tarde o temprano descubriré donde vives y voy a ir a darte un par de coñazos para que aprendas a no meterte en lo que no te importa”.

Otra manera de decir “Dejen que yo sea mediocre y no me lo hagan notar”.

[*ElPaso}– La pirinola de Pachencho

28-07-2009

Carlos M. Padrón

El clima de El Paso es extremista: fríos intensos, y luego, en algunos días de verano, un calor simplemente asfixiante. Es el asociado con lo que llamamos “Tiempo de levante” que afecta a la mayor parte de la isla de La Palma pero que, afortunadamente, suele durar sólo entre una o dos semanas.

Sin embargo, aunque relativamente corto, ese periodo parece una eternidad, pues el bochorno es total; ni una leve ráfaga de viento, ni una hoja se mueve, y los animales, agobiados, permanecen en silencio. Con tiempo de levante se tiene la sensación de que uno está dentro de un horno, y de que el aire, de tan denso, se ha solidificado aunque permanezca invisible.

En mis tiempos de adolescente recuerdo que en el exterior el calor era tal que de día resultaba menos duro refugiarse dentro de las casas y cerrar puertas y ventanas. Pero cuando después de la puesta de sol comenzaba a bajar la temperatura, la gente abría puertas, ventanas y postigos para que saliera de las casas el aire caliente represado en ellas durante el día.

Después de la cena, los vecinos solían reunirse en el patio de la casa que más espacio aireado ofreciera y allí departían mientras hacían tiempo para irse a la cama después de que el interior de las casas estuviera menos caliente.

***

Doña Marucha era, a mis ojos de adolescente, una mujer “mayor”, o sea, mayor que mi madre que para entonces tendría unos 50 años. Pero a diferencia de mi madre, doña Marucha, con lo poco agraciada y lo varonil que era, nunca se casó, y consciente de que ése era su destino confesó a varias de sus vecinas más cercanas que no querría morirse sin ver antes los genitales de un hombre adulto, pues los de los niños, que había visto muchas veces, no saciaban su curiosidad.

Una de esas noches veraniegas de tiempo levante se reunió con otros vecinos en el patio de la casa de don Adolfo Pachencho y su esposa, doña Marta. Allí estaban también don Ernesto y doña Rosa y las hijas de esas dos parejas.

Poco antes de la media noche, don Pachencho se levantó y dijo que la reunión estaba muy buena, pero que él y su mujer iban a acostarse porque tenían que madrugar al día siguiente. Ambos entraron a su dormitorio, cuya puerta daba al patio donde los demás quedaron reunidos. Don Pachencho la cerró, se desnudó totalmente y se echó sobre la cama junto a doña Marta, mientras afuera seguían los demás en su animada tertulia.

Los cables eléctricos de las casas pasenses de aquella época, cuyos techos eran en exceso altos, no estaban protegidos por tubos empotrados en las paredes, sino que corrían por el exterior de éstas, generalmente pegados al ángulo formado por la pared y el techo.

Por motivos que nunca se supieron, pero en los que tuvo mucho que ver el intenso calor, apenas don Pachencho y doña Marta habían conciliado el sueño, a ella la despertó un intenso olor a quemado, y al mirar hacia el techo vio que el cable eléctrico estaba ardiendo y las llamas avanzaban lentamente a lo largo de él.

A su grito de “¡Fuego! ¡Fuego!” don Pachencho se incorporó en la cama sobresaltado y, al ver cómo las llamas devoraban el cable, echó mano de una sábana, se colocó bajo la zona del fuego y, al tiempo que saltaba —era hombre de baja estatura— proyectaba la sábana hacia las llamas en un intento por apagarlas.

Pero el grito de doña Marta llegó también a oídos de los que aún estaban reunidos en el patio, y doña Marucha, que ocupaba el asiento más cercano a la puerta del dormitorio donde se había desatado el fuego, saltó de su silla y, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, empujó la puerta del dormitorio y quedó petrificada bajo el dintel, impidiendo adrede la entrada de otros, al ver que Pachencho, a escasos dos metros de ella, no sólo estaba desnudo, lo cual dijo a los demás como pretexto para no dejarlos entrar, sino que con cada salto que daba, saltaban y bamboleaban también sus genitales.

Como hipnotizada por aquel espectáculo no tuvo mejor ocurrencia que ponerse a gritar entusiasmada “¡Salta, Pachencho, salta!” para que continuara la visión que tanto ella había anhelado. Y don Pachencho, que en su preocupación ni había reparado en doña Marucha, seguía saltando para regocijo de ésta.

De pronto doña Marta cayó en cuenta de lo que estaba ocurriendo, y a voz en cuello le gritó a su marido:

—¡Pachencho! ¡¡que estás desnudo, Pachencho!!

Él se detuvo en seco, y al reparar por fin en doña Marucha se apresuró a cubrir sus genitales con la misma sábana que había estado usando para apagar el fuego.

Ante esto, doña Marucha lo miró con sarcasmo y, antes de abandonar la puerta para irse al patio, ya que la «fiesta» había terminado, le dijo,

—¡Ja, a buena hora¡ ¡¡ya yo te vi la «pirinola»!!

[*Opino}– La vieja regla de que no se pone coma antes de ‘y’

Desde que a temprana edad comencé a interesarme por la Gramática del idioma español se me dijo que antes de ‘y’ NUNCA se pone coma. Entonces me lo creí y lo puse en práctica, pero hace años que caí en cuenta de que esa norma no resiste un análisis de lógica, pues no todas las ‘y’ son iguales.

Algunos ejemplos que he sacado de la prensa digital española.

1. “Una persona que hace ejercicio físico, no bebe mucho alcohol, come suficientes frutas y verduras y no fuma puede vivir catorce años más”.

La primera ‘y’ es el enlace entre un mismo concepto: el señalado por ‘come’. Pero como la segunda ‘y’ nada tiene que ver con ‘come’ sino con ‘fuma’ —pero escrito así bien podría servir para añadir otra condición, como “frutas y verduras y fibra”— procede colocar una coma antes de esa segunda ‘y’ y dejarlo así:.

“Una persona que hace ejercicio físico, no bebe mucho alcohol, come suficientes frutas y verduras, y no fuma puede vivir catorce años más”.

***

2.- “Clinton y Romney ganan en Nevada y McCain en Carolina del Sur”.

La primera ‘y’ bien podría ser el inicio de la mención del nombre de otro estado como, por ejemplo, “Clinton y Romney ganan en Nevada y Kansas y McCain en Carolina del Sur”.

Como no lo es porque en Nevada termina la lista de los estados en que ganaron Clinton y Rommey, procede poner una coma después de Nevada y dejar la frase así:

“Clinton y Romney ganan en Nevada, y McCain en Carolina del Sur”.

***

3.- Un caso similar es éste:

“Siete comunidades en alerta por nieve y dos por vientos costeros”.

Lo correcto sería:

“Siete comunidades en alerta por nieve, y dos por vientos costeros”.

***

4.- Y éste, escrito en el artículo “Dimite el jefe del espionaje español” publicado en Yahoo Noticias (España) del 02/07/09, está redactado de forma tal que la ‘y’ que sigue a ‘beneficio’ crea confusión porque bien podría servir para decir, por ejemplo, “en su propio beneficio y en el de su hijo”.

“El director del Centro Nacional de Inteligencia, Alberto Saiz, presentó el jueves su dimisión tras haber sido acusado de usar los servicios de inteligencia del país en su propio beneficio y probablemente será sustituido por Félix Sanz Roldán, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa”.

Pero si antes de esa ‘y’ se pone una coma, no hay confusión:

“El director del Centro Nacional de Inteligencia, Alberto Saiz, presentó el jueves su dimisión tras haber sido acusado de usar los servicios de inteligencia del país en su propio beneficio, y probablemente será sustituido por Félix Sanz Roldán, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa”.

***

5.- Escrito en El Mundo (España) en el artículo titulado “Vivir en pareja protege contra la demencia” publicado el 04/07/09:

“Krister Hakansson y su equipo entrevistaron a unas 2.000 personas en Finlandia de unos 50 años de edad y dos décadas después, les pasaron de nuevo el cuestionario…”.

Aparte de que ‘en Finlandia’ está mal ubicado, pues debería ir después de ‘entrevistaron’ (“Krister Hakansson y su equipo entrevistaron en Finlandia a unas 2.000 personas…), como la ‘y’ que viene después de “50 años de edad” no está precedida de una coma, el lector espera encontrarse con una continuación del concepto que lo trajo hasta ese punto, como podría ser “50 años de edad y que nunca habían tenido pareja”. Por tanto, una coma antes de esa ‘y’ evita la falsa expectativa.

***

6.- No va coma antes de la ‘y’ que hay en esta frase,

“En diversos estudios se ha relacionado la felicidad con la salud y el éxito en muchas áreas de la vida”.

porque “salud y éxito” tienen el mismo origen y la misma vinculación. Pero si la frase fuera ésta:

“En diversos estudios se ha relacionado la felicidad con la salud y el éxito en muchas áreas de la vida es importante para la felicidad”.

entonces es necesaria una coma antes de la ‘y’ porque ya “salud y éxito” no tienen ni el mismo origen ni la misma vinculación, pues ‘la salud’ está vinculado a ‘la felicidad’, mientras que ‘el éxito’ lo está a ‘muchas áreas de la vida’. La frase correcta sería, por tanto, ésta:

“En diversos estudios se ha relacionado la felicidad con la salud, y el éxito en muchas áreas de la vida es importante para la felicidad”.

que requiere coma antes de la ‘y’.

7.- En lo que sigue falta una coma:

El proyecto propuesto por la empresa estadounidense abarcará tres grupos principales: productos de eficiencia energética, productos de gestión de la energía y productos de generación/almacenaje de energía.

Comoquiera que se anuncia la mención de TRES grupos, el lector espera que se le den bien delimitados, pero la falta de la coma antes de la ‘y’ que sigue a ‘energía’ puede hacer creer que ahí no termina el grupo dos sino que podría esperarse algo así como, por ejemplo, “gestión de la energía y de los recursos renovables”.

Poniendo coma antes de la ‘y’ que sigue a ‘energía’ se evita esta posible confusión. El párrafo quedaría así:

“El proyecto propuesto por la empresa estadounidense abarcará tres grupos principales: productos de eficiencia energética, productos de gestión de la energía y productos de generación/almacenaje de energía.

[*Drog}– Esposa y amigo

Como ya escribí en Por qué se va el (drog)amor, hay que dar gracias a Dios de que el drogamor dure tan poco, a menos que bajo sus efectos alguien decida casarse, en cuyo caso, del desastre que esto supone viene el famoso consejo que tanto enfurece a la mayoría de los jóvenes y a muchos que ya no lo son: “No te cases enamorado”. Sabias palabras.

 Según esta reflexión,

 El hombre debe elegir por esposa solamente a la mujer que elegiría por amigo si ella fuera hombre.

Joseph Joubert, su autor, comparte lo de no casarse enamorado, pues un hombre (OJO: he dicho HOMBRE) no se enamora, y menos se drogamora, de un amigo, pero si elige por pareja o esposa a una mujer con unas condiciones personales tales que si ella fuera hombre la elegiría como amigo, y confiaría en ella como lo haría en un verdadero amigo, en la relación así formada no tendrá lugar la decepción derivada de la desaparición del drogamor.

La parte que veo difícil en la reflexión de Joubert es el riesgo de que el drogamor haga creer al hombre drogamorado que la mujer objeto de su drogamor podría ser, si fuera hombre, un buen amigo. Es por eso necesario aplicar un análisis muy crítico a toda relación de drogamor.

[*FP}—Reencarnación. Análisis personal

10 Julio, 2009

Como ya expliqué, a fin de dar cabida a más posts en la lista de los más vistos, procederé a editar como uno solo los temas que hayan sido publicados por entregas, como es el caso del titulado [*FP}–  Rencarnación.

Por este motivo, juntos van aquí los cinco artículos, con sus comentarios hasta ahora, que con ese título fueron  publicados por separado en cinco entregas marcadas 1/5 a 5/5 entre el 04 de febrero de 2009 y el 04 de marzo de 2009, entregas éstas que ya han sido borradas.

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Carlos M. Padrón

Mientras estuve en Canarias, y tal vez por el contubernio que entonces existía entre franquismo e Iglesia Católica, nunca escuché hablar ni de astrología —lo cual ya dije en otro articulo— ni de reencarnación. De ambos conceptos escuché por primera vez estando ya en Venezuela, país al que llegué a mediados de 1961.

Sin embargo, luego de vivir fuera de Canarias por 47 años, y después de haber leído mucho acerca de la teoría de la reencarnación, me he formado una idea de cómo podría encajar en esa teoría.

Pero antes de llegar a mi conclusión, describiré algunos hechos un tanto difíciles de explicar, y que me llevan a ella.

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C A P Í T U L O S

1.- De aguas y de montaña
2.- El toque moruno
3.- Italia y su lengua
4.- La lengua francesa
5.- Las palmeras “copa de pata larga”, y conclusión

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1. De aguas y de montaña

La inmensa mayoría de las casas de El Paso tenían lo que llamábamos ‘estanque’, un embalse en el que se recogía agua para regar las huertas en las que se sembraban papas (patatas), millo (maíz), tomates, cebollas, coles, tabaco, etc. Eran embalses de tamaño entre pequeño y mediano, y yo estaba más que acostumbrado a verlos; es más, en dos de ellos aprendí a nadar,… si es que lo que hago puede llamarse nadar.

Sin embargo, el día en que mi padre me llevó a ver el aljibe de Enrique —un hueco en la tierra cubierto por una placa de madera ligeramente alzada del piso, y a cuyos lados había bocas por las que podía verse, a nivel bastante bajo, el agua oscura y quieta— sentí un extraño miedo, y nunca quise acercarme mucho por ese lugar aunque estaba muy próximo a la finca que en Enrique tenía mi padre.

Años más tarde, cuando comencé a visitar el área de la costa y me acerqué a uno de los grandes embalses en los que se recogía agua para regar las plantaciones de plátanos (cambures), me impresionó ver lo profundos, anchos y largos que eran algunos, y que estuvieran rebosantes de agua. Pero el asombro se tornó en terror pánico el día en que me acerqué a uno de los que más me gustaba ver y, a pesar de su profundidad, lo encontré casi vacío. Sin poder contenerme, di media vuelta y me alejé sintiendo que el corazón quería salírseme por la boca.

Como no me gusta sufrir de dependencias, adrede volví a acercarme a ese embalse —y lo he hecho cada vez que he vuelto a Argual, pues es ahí donde está— y lo más que he logrado es voluntad suficiente para permanecer mirándolo, pero el miedo no he podido evitarlo. He probado con otros de los muchos que hay en lo que llaman Valle de los Espejos —por cómo esos grandes embalses reflejan la luz del Sol— y sigo sintiendo rechazo si son grandes y están llenos, pero tanto más miedo cuanto más lejos del borde esté el agua.

Y las aljibes siguen sin gustarme, estén donde estén, pues generalmente sus aguas están bajas, a varios metros por debajo de la boca de la aljibe.

Y es que, en general, el agua me gusta sólo para beberla y para ducharme. A pesar de haber nacido y de haber sido criado en una isla, detesto la playa y no me gusta el mar. Sin embargo, mi difunto hermano Raúl adoraba el mar y todo lo con él relacionado, como la playa, nadar, navegar, etc. En cambio, si estaba en la montaña —lugar que me gusta a cualquier hora— se las arreglaba para alejarse de ella antes de que anocheciera, pues no soportaba estar en la montaña cuando moría el día.

Ni a mí me ocurrió nunca nada malo en relación al mar, aljibes o embalses de agua en general, ni a Raúl le pasó nunca nada malo en relación a los atardeceres en la montaña, peeeero…..

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2. El toque moruno

Desde El Paso, y a pesar de que a los más no les disgustaba el flamenco (el baile, cante jondo y demás), que sólo veíamos en el cine, yo lo detesté desde el primer día. Vi una primera película relacionada con eso y ninguna otra, y, si podía, apagaba la radio cuando ponían música, instrumental o cantada, de ese corte.

Además, no me gustaban las actrices, cantantes o actores que eran iconos de lo flamenco, como Carmen Sevilla, Lola Flores, Antonio Molina, etc. Me atrevería a decir que yo era el único del pueblo a quien esta gente no le gustaba, lo cual me causó más de un problema.

Para colmo, en mi casa no se desvivían por el flamenco, pero tampoco lo detestaban. Es más, entre la colección de CDs de mi difunto hermano Raúl se encontraron muchos con música de ese género. ¿Por qué yo sí lo detestaba y sigo detestándolo?

Por lo ya dicho acerca de las dependencias, durante los muchos años que tuve por hobby grabar y escuchar música, me esforcé por librarme de esa aversión, y lo más próximo al flamenco que he logrado que me guste son los arreglos al piano de Felipe Campuzano. El cante jondo, el taconeo, las contorsiones de los bailarines, etc., y las corridas de toros; en fin, todo eso que tiene una raíz mora, me causa sentimientos de un rechazo atávico, o al menos de naturaleza que no sé explicar.

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3. Italia y su lengua

Mi primera exposición al idioma italiano fue en el “Bianca C”, el barco en el que en 1961 vine a Venezuela. Buena parte del personal, en especial los camareros, hablaban italiano, y me sorprendió entender algunas palabras de lo que hablaban entre ellos. Lo atribuí a que durante el bachillerato había estudiado yo latín.

En septiembre de 1962 entré a trabajar en Olivetti de Venezuela, una compañía que para entonces era como lugar de tránsito para emigrantes italianos, españoles y canarios, que entraban en Olivetti como vendedores de máquinas de escribir y de calcular, mientras encontraban un trabajo mejor. De ahí que en esa compañía hubiera muchos italianos —incluso la gerencia más alta era detentada toda por italianos— que entre ellos sólo hablaban italiano, y mi oído se acostumbró a escuchar a diario ese idioma, como también tuvo que haberse acostumbrado el oído de los otros muchos hispanoparlantes que allí trabajaban, entre los cuales era yo uno de los de menor antigüedad en la compañía.

Mientras yo hacía antesala para hablar con la persona que me entrevistaría en relación con un trabajo en Olivetti, vi cómo una máquina de color verde, mucho mayor que la mayor de las calculadoras por mi vistas, imprimía sola registros contables sobre un tarjetón preformateado con el diseño propio de una hoja de libro Diario.

¿Una máquina haciendo sola, sin intervención humana, asientos contables? Eso me fascinó. Así lo dije en la entrevista en la que fui aceptado como vendedor de Mecanización Integral, posición en la cual no sólo tenía yo que vender las máquinas Audi —que así se llamaban las del modelo que me había fascinado— sino también programar las que vendiera. Y para que yo aprendiera a programarlas, mi jefe me dio unos manuales escritos en italiano. Para mi sorpresa, entendí casi todo lo que en ellos se explicaba, y pocas veces recurrí a algunos italianos natos que aceptaron darme el significado de las palabras que yo no entendía.

A los de Mecanización Integral se nos dijo un día del verano de 1967 que nuestro gerente en funciones se iría de la compañía y que, para reemplazarlo, vendría alguien directamente desde Italia.

En los primeros días de septiembre de 1967 llegó ese alguien, de nombre Gaspare Cinque, un napolitano que en su primera reunión no nosotros nos hizo saber, con ayuda de un intérprete, que no pensaba estar en Venezuela más de dos años, y que tampoco pensaba aprender español, por lo cual nosotros deberíamos aprender italiano si queríamos entendernos con él.

A mis compañeros les molestó mucho esa declaración, que calificaron de arrogancia, pero yo me la tomé como un reto, y, para mi propia sorpresa, pasados quince días estaba yo hablando italiano con Cinque.

Todos en la compañía se quedaron más que boquiabiertos, pero algunos de mis compañeros me acusaron de adulador porque, según dijeron, para ellos estaba claro que yo me había puesto a estudiar italiano desde que, un par de meses antes, me había enterado —vaya usted a saber por dónde— de que pronto tendría por jefe a un italiano.

Tal acusación era falsa, pues nadie me dijo nada sobre el jefe italiano, y, aunque me lo hubieran dicho, el hecho de que el italiano que llegó declarara su negativa a aprender español sorprendió a todos por igual, desde las niveles más bajos hasta los más altos.

Sin embargo, el más sorprendido fui yo, pues aunque al principio atribuí el caso a mis estudios de latín —muy pobres, por cierto— enseguida caí en cuenta de que entre los hispanohablantes ya mencionados había varios que habían estudiado para Cura, y algunos de entre ellos habían permanecido en el Seminario católico durante ocho años, o hasta el día anterior a su ordenación, día en que salieron corriendo. Ésos sí que de verdad habían tenido que estudiar latín, pero aún habiendo estado en Olivetti más años que yo, nunca hablaron italiano ni lo entendieron.

La primera vez que fui a Italia —en un viaje por cuenta de Olivetti, que será objeto de otro artículo—, me sentí muy a gusto en ese país, pero no en el ambiente empresarial de Olivetti, que era de un insoportable culto a la personalidad, sino interactuando con la gente de la calle. Encontraba en eso algo familiar y agradable.

Durante ese viaje, y terminada ya la parte de trabajo, Cinque me dijo que yo tenía que ir a Venecia. Le hice caso e inicié mi viaje saliendo en tren desde la estación principal de Milano, un sábado muy temprano.

En el compartimento que escogí o que me asignaron —ya no recuerdo— iba yo solo, pero en cada estación subía más y más gente hasta que el compartimento se llenó, y en la próxima estación entró a él una viejita que miró buscando asiento y puso expresión muy triste al no ver ninguno disponible. Cuando la pobre iba ya dando media vuelta para, ayudada por su bastón, buscar asiento en otro compartimento, la llamé y le di el mío, que era uno de los más cercanos a la ventanilla. Yo bajé la mesita plegable que había bajo esa ventanilla, y medio me senté en ella, de espaldas al vidrio y tapando casi toda la luz que entraba desde el exterior.

Y desde esa posición continué hablando con los demás pasajeros, pues sabido es que entre italianos no puede esperarse precisamente silencio.

Pasadas algunas estaciones más, cada vez que nos acercábamos a otra, la viejita me preguntaba si íbamos a llegar a Brescia. Yo me limitaba a mirar por la ventanilla, leer el nombre de la estación, y decirle que no, que la próxima no era Brescia.

Como a la tercera vez que me preguntó, al mirar por la ventanilla y no ver ningún nombre todavía, le dije que yo no sabía si la próxima estación sería Brescia, ante lo cual la señora se molestó y en todo airado me dijo que yo no quería ayudarla. Cuando extrañado le pregunté por qué decía eso, su respuesta me sorprendió:

—¡Porque no es posible que siendo tú de Brescia no conozcas las estaciones de tu región!

—Señora, yo no soy de Brescia; yo ni siquiera soy italiano, y ésta es la primera vez que vengo a Italia—, fue mi respuesta.

Y entonces no sólo la viejita sino muchos de los otros pasajeros me llamaron mentiroso, pues para ellos estaba claro que yo no sólo era italiano sino de Brescia pero que, por algún oscuro motivo, quería negarlo, y eso no estaba bien. La presentación de mi pasaporte medio logró convencerlos.

¿Por qué aprendí italiano con tanta facilidad y rapidez?

¿Por qué si, como aducen algunos, lo aprendí por ósmosis —pues “se me pegó” al escucharlo a diario en Olivetti de Venezuela, cosa que ni antes ni después le ocurrió en esa compañía a nadie más, al menos hasta que me fui de ella— tuve que adoptar el acento de Brescia si, como averigüé después, entre los italianos de esa Olivetti no había ninguno de Brescia, y sé ciertamente que no era de Brescia ninguno de los que trabajaron cerca de mi?

¿Por qué a la primera me gustó la Italia popular, algo que no me ha ocurrido con ningún otro país?

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Comentarios

Comment from Leonardo Masina
Time 18/02/2009

Estamos empatados, Carlos.

Salvador Covelo, en una reunión de departamento en mis comienzos en IBM, me preguntó: “¿De qué lugar de Castilla eres?”. “Yo soy vallisoletano; de Valladolid”.

Te recuerdo que yo llegué a Venezuela en 1957 pero me volví a Italia a estudiar en 1960, hasta volver definitivamente a finales de 1968, entrando en IBM en enero de 1969.

Luego de que llegué a España en 1984, todavía no he logrado encontrar la persona que adivine de dónde soy. Inicialmente me decían que era canario —posiblemente mi influencia venezolana—, luego me empezaron a trasladar a Andalucía y algunos a Galicia. Como tú, tengo que enseñar mi documentación para demostrar que soy italiano.

Lo del idioma debe de ser una facilidad o don que tiene uno de nacimiento. Yo, por la época en que estudié, como segundo idioma tenía el francés. Cuando entré en IBM, los idiomas que yo sabía no me servían para nada, porque todo estaba en inglés.

Como al año —junto con Roberto Alibardi, un compañero de trabajo—, nos metimos a estudiar en el English Lab, que estaba en El Rosal, y ahí estaban, en nuestro grupo, justamente la señora de Covelo y una muchacha llamada María Gracia. Por trabajo (casi siempre de viaje) y, porque a mi me ladillaba esa manera de aprendizaje, abandoné las clases dejando al pobre Roberto solo, que todavía ahora, luego de casi 40 años, me reprocha haberlo abandonado y dejarlo solo con María Gracia, con la cual lleva unos 37-38 años felizmente casado.

Para terminar el cuento, ese verano decidí ir a aprender inglés por mi cuenta y me fui a pasar unas vacaciones en Londres, y visto que en la calle sólo podía aprender paquistaní, hindú, portugués y otros idiomas, un día me fui a una oficina de IBM y les expliqué que yo era técnico en IBM de Venezuela y quería aprender inglés. Estuve casi un mes trabajando con ellos, y parece que les fui de tanta ayuda que querían pagarme los gastos de estadía y pedirle a IBM de Venezuela que me dejase un par de meses más.

A la vuelta a Venezuela surgió la oportunidad de ir a Los Ángeles a estudiar la /370-125, y el más indicado por background era yo, pero, según la gerencia, yo no tenía el suficiente nivel de inglés, Uwe, mi jefe, dijo que yo estaba capacitado, y apostó por mí.

En febrero de 1973 me fui a Los Ángeles, primero a hacer un montón de cursos “prerrequisitos” en FIS, que era un terminal, como una máquina de escribir, al que te conectabas a la espantosa velocidad era de 2.400 bps, y te daba el plan de estudio. Tenías que leerte los manuales y luego te reconectabas para que te hiciese los tests, y si aprobabas, pasabas al siguiente nivel y/o curso, y así estuve como 3 meses, y en los horarios más disparatados, ya que durante el día ese terminal lo utilizaban para funciones administrativas y a mí me lo dejaban por las noches y los fines de semana.

Tengo que reconocer que jugué con trampa y ventaja, ya que aprendí cómo saber por adelantado cuál era el plan de estudio, y lo imprimía. Luego me lo estudiaba en el hotel, con calma, y luego me conectaba sólo para hacer los tests. El resultado que obtuve fue “overstanding” ya que, según el terminal, como estuve conectado muy poco tiempo, yo debía ser un genio, pues lo normal era que a cada estudiante le asignaran 1 ó 2 horas de terminal para estudiar un tema y hacer luego el test, y yo a los 10 minutos ya estaba haciendo el test,… porque me lo traía bien preparado.

Reconozco que mi esfuerzo en esa primera parte del curso fue más de aprender y practicar inglés que los malditos FIS de “prerrequisito”, como el DOS y otros utilities.

Como yo estaba hospedado en el Airport Marina Hotel, un hotel de más de 1.000 habitaciones que estaba al lado del aeropuerto y en el que se hospedaban la mayoría de las asistentes de vuelo de casi todas las líneas aéreas, yo, que entonces estaba soltero, despreocupado y con muchísimos años menos…. pues tuve la oportunidad de practicar mucho la “lengua”.

Luego de ese viaje, tuve muchísimos más a USA, hasta que en 1983 me fui por año y medio a Endicott. Yo estaba junto al grupo de españoles, pero también había un grupo de brasileños e italianos que tenían locos loco a los americanos, que me preguntaban por qué a mí me entendían cuando les hablaba, mientras que a todos los demás no. Decían que yo hablaba con acento de New England.

Para que veas que lo del idioma es un don y, por más que uno se esfuerce a estudiarlo, si no le entra, siempre predominará su acento originario.

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4. La lengua francesa

Ya en en “Sadismo y arrogancia campeando en la ignorancia. Confesión 54 años después” dije que tal vez mi rechazo hacia Moncada sea el responsable de la aversión que desarrollé en contra del idioma francés, pero es el caso que cuando ya en Venezuela me topé con películas habladas en francés —pues las películas que pasaban en Canarias estaban todas dobladas al español o, mejor dicho, al castellano— a los 5 minutos tenía yo dolor de estómago, y más de una vez abandoné la sala porque no soportaba seguir escuchando ese idioma que, por otra parte, entiendo bastante bien en forma escrita.

Se dice que, según un principio de la Gramática Generativa, si fuera posible recluir en un lugar, como una isla desierta, a un grupo de alemanes que no hubieran aprendido a hablar, terminarían “reinventando” el alemán, y lo propio harían un grupo de españoles, franceses, italianos, etc. La idea es que el idioma, la lengua que habla un pueblo, es fiel reflejo de su idiosincrasia.

De ser esto cierto, explicaría por qué no me resultan simpáticos los franceses en general, y por qué ellos me pagan con la misma moneda. Ha sido de lugares públicos de París y de Quebec, ciudades donde se habla francés, de los únicos que hasta ahora me han botado en este mundo por, supuestamente, el “horrible pecado” de no hablar francés pero sí español, inglés e italiano, que fue el orden en que intenté hacerme entender en los dos casos.

Lo del español pareció no importarles, y lo del inglés tampoco, pero el italiano fue tomado como un insulto que causó que, en ambos casos me dijeran, en perfecto inglés y en tono muy alterado, “¡Váyase de aquí!”.

Si bien en El Paso había casi unanimidad en cuanto a que la lengua extranjera que uno debería aprender era el francés, a mí me resultaba repulsiva su fonética oscura y machacona, y por eso, en cuanto tuve oportunidad —que fue al terminar la reválida de quinto año de bachillerato— dejé de lado el francés y opté por el inglés, lo cual fue por muchos calificado de locura por cuanto no había profesores disponibles, pero me las arreglé con sólo libros de texto, que es la peor forma de aprender un idioma, y de ahí que, después de tantos años de lidiar con el inglés, esté yo acusando aún los efectos de haberlo aprendido por libros.

Pero ante la reacción que me causaban las películas habladas en francés, al igual que hice con el rechazo a los embalses, me propuse vencerlo, y desde hace años puedo soportar una película hablada en ese idioma, que sigue sin gustarme.

¿Cuál es la explicación a esta mi aversión al francés si, como ya dije, en El Paso, donde me eduqué, se consideraba que era el idioma extranjero que uno debía estudiar, y si ninguno de los compañeros de estudios que tuve la desarrollaron, y algunos siguieron estudiando francés y lo hablan bien?

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5. Las palmeras “copa de pata larga”, y conclusión

Ya en Venezuela, viendo una vez en TV una película rodada en Los Ángeles (California, USA), apareció en pantalla una toma de toda una avenida llena de esas palmeras muy altas, de tronco delgado, y que rematan en su tope con una especie de capullo que las hace aparecer como una copa con la pata exageradamente larga y un tanto torcida.

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La visión de esas palmeras fue para mí como un golpe directo al estómago. Tanto que me quedé perplejo. ¿Que me han hecho a mí esas benditas palmeras? me pregunté. ¿A quién se le ocurre sentir aversión por un árbol? Pero cada vez que clip_image002aparecían en la pantalla, algo dentro de mí las rechazaba.

Apliqué la misma fórmula que con las películas habladas en francés, y ya tolero las tales palmeras, pero siguen sin gustarme y prefiero no verlas.

El 24/05/1980 fue mi primera visita a la ciudad de Los Ángeles y mi primer encuentro, en vivo y en directo, con las para mí desagradables palmeras que, por cierto, no son nativas de esa ciudad o zona; son del desierto y fueron traídas a Los Ángeles por misioneros católicos. Allí volví a sentir por ellas la misma aversión de la primera vez, aunque sin golpe al estómago.

En Marrackech me topé, en enero de 1995 y también en vivo y en directo, con las tales palmeras, y esta vez en su medio ambiente natural. Mi aversión por ellas, aunque grande, quedó chiquita ante mi aversión hacia el conjunto formado por el francés que allí hablaban, la topografía toda del lugar, la idiosincrasia de su gente, la vestimenta, el ambiente que se respiraba, etc. De allí no me botaron, como si lo hicieron de París y de Quebec, pero sí me engañaron y quisieron robarme, como ya conté en la serie de cinco artículos “Un alfiler en África”.

Si a eso añado la terrible repulsión que me causó el cante jondo que durante el vuelo de Madrid a Casablanca entonaron y bailaron a todo trapo unos moros que iban en grupo, debo deducir, a la luz de mis lecturas sobre reencarnación, que en alguna otra vida fui italiano, o mi lengua nativa fue el italiano con acento de Brescia, y que, en Marruecos, o en un país similar cuyas gentes hablaban francés y gustaban del baile y cante jondo, morí ahogado al ser arrojado a un embalse profundo en el que la superficie del agua estaba muy baja, a mucha distancia del borde del embalse, y no había manera de que yo saliera de allí.

En un libro de Rafael Argullol encontré algo que hice mío y que, ligeramente modificado, lo enmarqué y lo tengo colgado en la pared detrás de la PC con la que lidio muchas horas cada día:

«Siento, aunque esté completamente solo, que hay alguien que me está observando. De pequeño creía que era el ángel de la guarda, y más tarde, cuando las enseñanzas fueron más solemnes, Dios.

Ahora creo que es alguien en cierto modo muy parecido a mí, casi como yo mismo, pero mucho más lúcido porque posee todos los conocimientos, experiencias y progresos que he logrado en cada vida pasada. Alguien que se ríe cuando trato de ignorarlo, negarlo ó engañarlo, y me recuerda que él es el autor de la obra que con su asesoría yo mismo escogí, y que ahora, como actor, estoy representando».

M. Scott Peck dijo en una de sus obras que no aceptaba la idea de la reencarnación porque no podía creer en una teoría que lo explica todo. El día en que leí esa declaración suya perdí buena parte del respeto que por él sentía, pues entre quienes dieron crédito a la reencarnación, o al menos la tomaron en serio, se encuentran personajes como:

• Benjamin Franklyn
• Jack London
• Napoleón Bonaparte
• Mark Twain
• León Tolstoi
• Henry Ford
• Johann Wolfgang von Goethe
• Freidrich Nietzsche
• Mahatma Ghandi
• Ralph Waldo Emerson
• General George S. Patton
• Albert Schweitzer
• Walt Whitman
• William Wordsworth
• Carl Jung
• Henry David Thoreau
• Sócrates
• Voltaire
• Josephus (el más conocido de los historiadores judíos de los tiempos de Cristo)
• Honore de Balzac
• Arthur Schopenhauer
• Paul Gauguin
• George Harrison
• Pitágoras

[*Opino}– Quote of the Century

Whatever you give a woman, she will make greater.

• If you give her sperm, she’ll give you a baby.

• If you give her a house, she’ll give you a home.

• If you give her groceries, she’ll give you a meal.

• If you give her a plant, she will make a garden.

• If you give her a smile, she’ll give you her heart.

She multiplies and enlarges what is given to her. So,

• if you give her any crap, be ready to receive a ton of shit.

Courtesy of Eva Matute.

Till here, is a copy of what I received from Eva Matute. What follows is my own, applicable to most women:

• If you give her your finger, she’ll take your arm.

• If you give her something that eventually could be used against you, big chances are she will.

Carlos M. Padrón

[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2008 – Arte del pueblo pasense (Reedición con vídeo)

Carlos M. Padrón

Bajo este mismo título, el 13-Junio-2008 publiqué, con texto y fotos, el post relativo a la fiesta del Sagrado celebrada en El Paso en junio de 2008.

Ahora reactivo ese post para incluir un vídeo hecho por Tomás Cabrera (a quien, de paso, felicito por su trabajo) acerca de esa fiesta.

El vídeo —que recibí por cortesía de Juan Antonio Pino Capote— puede verse en YouTube.