[*Opino}– España. La búsqueda de un Estado moderno

30-08-12

Carlos M. Padrón

El artículo que copio más abajo me llegó con esta nota de cabecera:

NO COMPRES  EL DIARIO “EL MUNDO

A partir del día de hoy, que nadie compre “El Mundo”. NADIE, hasta que echen a este payaso.

Boicot a “El Mundo” hasta que despidan a este impresentable, y que él sepa lo que es estar en paro. ¿A que somos capaces de hacernos sentir?

que supongo que habrá sido escrita y puesta en circulación por funcionarios o, más probable aún, por alguien que está en el paro.

Sin embargo, después de leerlo completo me parece que el autor tiene razón en todo excepto en lo de las vacaciones, pues éste es un derecho laboral que busca proteger la salud del trabajador y, como no, aumentar su productividad.

Si el resto de los trabajadores no reciben paga extra, ¿por qué habrían de recibirla los funcionarios?

Si alguien, sea o no funcionario, incumple con sus condiciones de trabajo, ¿por qué no puede ser despedido? La prohibición de despido sólo contribuye, como muy bien dice Sostres, a fomentar la vagancia, la improductividad, la búsqueda de la excelencia, y una larga lista de otros males.

Lo de los sindicatos y partidos políticos es una verdad como un templo: sólo sirven para eso y, por tanto, que los mantenga sus afiliados. De sindicatos ya he contado en este blog.

Y lo de las Autonomías está muy claro; lo que no entiendo es que, sin son 17, cuáles serían las dos que se salvarían de la sabia, y casi imperiosa, decisión de eliminarlas. ¿Serán Cataluña y País Vasco? Si así fuera, sería un trabajo mal hecho.

Lo de que muchos trabajadores «trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada» lo he visto comprobado en muchos casos. Y también sé de casos en que el «trabajador» en paro ha amenazado a quien lo contrate, o, preguntado sobre qué haría cuando se le termine el paro, ha respondido tranquilamente «Robar».

Tanto que defienden las libertades, ¿por qué no reconocen el derecho que todo patrono tiene a despedir a quien libremente contrató para llevar a cabo una tarea específica durante un horario de trabajo también muy específico? Así como lo contrató, tiene todo el derecho de despedirlo si no cumple con aquello para lo que lo que lo contrató, o si ya no precisa de sus servicios.

Y el señor Sostres tiene todo el derecho a dar su opinión, pero, según parece, para quienes escribieron la nota que copié en rojo arriba, eso sí es motivo de despido. ¡Que viva la libertad de expresión!

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13/07/2012

Salvador Sostres

Un Estado moderno

Rajoy continúa sin hacer lo que tiene que hacer, que es crear las bases de un Estado moderno y verdaderamente útil a sus ciudadanos, y no este insalvable lastre.

Sobra el 40% de los funcionarios, pero no sólo por la crisis, sino porque un Estado no puede ser esta demencial maquinaria de burócratas. Ni los maestros ni los médicos tienen que ser funcionarios, ni que la Sanidad y la Educación sean servicios universales significa que la red que los provee tenga que ser pública. Sobran 15 autonomías, con sus 15 parlamentos y sus 15.000 cargos duplicados.

La paga extra de los funcionarios —que, según Rajoy, se ha suprimido de forma temporal— tiene que suprimirse para siempre y como concepto, porque nadie tiene que recibir nada extra por realizar bien su trabajo; y tiene, en cambio, que poder ser despedido si su rendimiento no es satisfactorio.

Del mismo modo, la prestación por desempleo no sólo tiene que reducirse a siete meses, sino que tendría que quedar como un mero cojín de emergencia —uno o dos meses para parar el golpe— y que ir al paro no fuera una opción como lo ha sido hasta ahora para muchos caraduras, que trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada.

Las subvenciones anulan la voluntad, el esfuerzo y la tensión que nos hacen vivir despiertos y aprovechar cada oportunidad como si fuera la única. Cuando perder el empleo no sea visto por tantos gandules como una ocasión de tomarse un descanso pagado, y todos tengan claro que sin su trabajo no son nada, tal vez lo cuiden con más responsabilidad y menos días personales, y entonces seremos una sociedad mucho más dinámica y competitiva.

Hay que eliminar también el concepto de las vacaciones pagadas, y que nadie vuelva a creer nunca más que va a cobrar sin trabajar. Es justo que nos paguen por nuestro trabajo, pero si tenemos la ocurrencia de querer vacaciones, que sea por nuestra cuenta (y, sobre todo, por nuestro riesgo, tal como están las cosas).

He de decir igualmente que me sorprende escuchar tantas voces preocupadas por la crisis, y tantos discursos sobre la solidaridad, y que ningún trabajador haya tenido el gesto de renunciar a sus vacaciones para arrimar el hombro y emplearse a fondo en el propósito de ayudar a su empresa y de proteger su puesto de trabajo.

Cuando en septiembre te encuentres en la calle, no digas que no te lo esperabas, y pregúntate si hiciste algo para salvarte. Estoy harto de los que tantos discursos dan sobre la solidaridad sin que nadie vaya nunca a reclamársela.

Tampoco es suficiente reducir un 20% las subvenciones a partidos políticos y sindicatos. Tanto unos como otros tendrían que vivir de las cuotas de sus militantes y afiliados, y de las contribuciones privadas que recibieran. Si no hay suficientes afiliados para mantener a los sindicatos es porque ya no representan a nadie, ni defienden a nadie más que a sus cuadros de secretarios, agitadores profesionales y liberados.

Ésta es la única verdad de unos sindicatos que viven fuera de la realidad y que son contrarios a la prosperidad.

No se trata sólo de ahorrar, sino de establecer un nuevo contrato, entre el Estado y el ciudadano, basado en la libertad y en la iniciativa personal, en nuestras cualidades de hombres y en nuestra misión de desarrollarlas. Se trata de aceptar el reto, de recuperar el espíritu explorador y el sentido del honor, de alzarnos y de alargar los dedos hasta tocar la cara de Dios.

Fuente: El Mundo

Cortesía de Leonardo Masina

[*ElPaso}– El pino más viejo de Canarias, que está en El Paso, tiene achaques

27/08/2012

Esther R. Medina

Un equipo de expertos determinará cuál es el tratamiento que precisa el longevo e histórico árbol, ubicado en la plaza de la ermita del Pino, en El Paso (La Palma).

Pierde vigor. No se sabe si es debido a la edad, a las agresiones que ha sufrido en el entorno en el que se halla, o a las propias condiciones ambientales, pero lo cierto es que el pino, catalogado como el más viejo de Canarias, con una edad aproximada de 1.000 años, tiene achaques y necesita un tratamiento que le ayude a recobrar vitalidad.

 

Pino de La Virgen (El Paso). Foto de los años ’40s y de 2010. Cortesía de lectores de este blog.

Desde 2006, este longevo e histórico ejemplar de 32 metros de altura, ha perdido una tercera parte de su copa. Un equipo de expertos determinará en los próximos meses qué cuidados precisa, para intentar recuperar su frondosidad. Se ha pensado, incluso, en introducir una sonda que le aporte vitaminas.

El concejal de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento de El Paso, Andrés Carmona, está “muy preocupado” por la salud de un pino que considera “uno de los elementos culturales vivos más importantes de La Palma e, incluso, de Canarias”.

El ejemplar, que se localiza en la plaza de la ermita de Nuestra Señora de El Pino, será declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por su valor histórico y cultural, por sus dimensiones, por su simbolismo, y por su interés científico. El trámite para otorgarle la citada figura de protección se encuentra en exposición pública.

Según cuenta la tradición popular, en el tronco de este emblemático coloso vegetal se encontró una pequeña imagen de una virgen. A partir de entonces, el árbol pasó a denominarse Pino de la Virgen, y en su entorno se levantó una ermita en la que cada primer domingo de septiembre se celebra la festividad de El Pino.

En el estudio «Longevidad y anillos de crecimiento en el Pino de la Virgen», los profesores María del Mar Génova, Carlos Santana y Ernesto Martín, aseguran que es “uno de los ejemplares más viejos de pino canario que existe en la actualidad en el Archipiélago, y que posee un enorme valor histórico, científico y cultural, que hay que conservar y proteger adecuadamente”.

Saneamiento y cirugía arbórea

Pero el Pino de la Virgen, que llegó a tener una cobertura de copa de 300 metros cuadrados, desde hace tiempo no goza de buena salud. Pierde volumen y color. Su tronco se encuentra aprisionado por el pavimento de la plaza de la ermita, unas obras que se iniciaron en el año 2001 y que impiden la oxigenación de las raíces.

El Ayuntamiento de El Paso encargó en 2008 un informe a la Unidad de Fitopatología Vegetal de la Universidad de La Laguna para conocer el estado del ejemplar. En aquella ocasión se recomendó un saneamiento general del pino, cirugía arbórea y remodelación del entorno.

El árbol sí fue sometido a un tratamiento biológico en la corteza, a un sellado de los huecos del tronco y a un proceso quirúrgico, pero la obra civil, que contempla el levantamiento de parte del pavimento que lo rodea, el agrandamiento del alcorque y la ampliación de la baranda de protección, no se ha ejecutado.

Andrés Carmona, que siempre ha mostrado un particular interés por este emblema del municipio, considera que “no se puede actuar por cuenta propia sin contar con los expertos, porque se pueden cometer errores irreversibles”, advierte, y adelanta que, después del verano, se celebrará una mesa redonda en El Paso en la que diferentes técnicos darán su opinión sobre la salud del árbol y determinarán qué medidas se deben tomar para que recupere frondosidad.

“Serán actuaciones a desarrollar a corto, medio, largo y muy largo plazo, porque esperamos que el pino siga en pie por muchos años más. No hay informes nuevos, y estamos esperando la opinión de expertos de la Universidad de La Laguna, pues el pino está más afectado de lo que parecía”, declara el concejal de Patrimonio.

Entre las posibles actuaciones que se barajan para revitalizar el árbol se encuentran la apertura del alcorque, la remodelación del entorno, el levantamiento del adoquinado, para facilitar la oxigenación de las raíces, y la introducción de una sonda que le suministre vitaminas.

Este año, y debido a la prolongada sequía, los servicios municipales de parques y jardines se han visto obligados a regar el pino con una cuba. “Le hemos puesto un poco de agua algunos días, pero tampoco es bueno regarlo mucho”, dice Carmona.

El estado de salud real de este emblema de El Paso es una incógnita. “Sabemos, por ejemplo, cómo responde un pino ante un incendio, pero no cómo lo hace después de haber estado tanto tiempo enterrado por el pavimento de la plaza, que está sellada, lo que facilita la proliferación de hongos y bacterias. Lo que está claro es que hay que determinar si los problemas que presenta se deben a la edad, a que está enfermo o a las condiciones medioambientales”, dice el referido edil.

En opinión de Andrés Carmona, la declaración de BIC del Pino de la Virgen servirá para “dar a conocer uno de los elementos culturales vivos más importantes de La Palma y de Canarias, lo cual será un aval para que otras instituciones se impliquen” en la causa de salvar al legendario ejemplar de pino Canario que vive en un apacible paraje del monte público de El Paso, a 930 metros de altitud.

Fuente: Canarias Ahora

Cortesía de Eleuterio Sicilia

[*Opino}– España. Presencia en los puestos de trabajo

22-08-2012

Carlos M. Padrón

Esto del espíritu de trabajo que caracteriza a los más de los españoles, sobre todo cuando están en España, es ya un tema recurrente.

Se ha tratado en varios artículos de este blog que han recibido comentarios corroborando la aversión que por el trabajo sienten esos españoles, y poniendo ejemplos puntuales. Están, además, los excelentes escritos de César Vidal que en muchas de sus entregas abordan directamente este tema.

Si tantos opinan lo mismo, deber porque hay mucho de cierto.

Por mi parte, sigo sin entender la legalidad que pueda haber, si hay alguna, en la costumbre de llegar, muchas veces tarde, al puesto de trabajo, y salir luego a desayunar. Existe una jornada laboral que generalmente es de 7 horas (p.ej., 09.00 a 17.00, ó 08.00 a 16.30) con una hora libre para el almuerzo, y, por tanto, existe —o debería existir— la obligación de cumplirla.

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19 Ago 2012

Javier Martín

Todos trabajan el jueves a las once

A los españoles se nos puede llamar ladrones, pero ¡ay del que ose calificarnos de vagos! Ni de broma.

El español está siempre trabajando, desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Lo que ocurre en esas 14 horas es algo que ni el INE ni las más prestigiosas consultoras han podido desentrañar. “Lo que pasa en la oficina se queda en la oficina”, se podría decir.

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Con la llegada del celular, la localización del currante es difícil de descubrir (a menos que se delate activándola en su smartphone), pero, según el INE, un jueves a las once de la mañana es el día y hora con mayor probabilidad de encontrar al trabajador delante de su mesa.

A las once, el 70% de los empleados se encuentran en su puesto (74,3% de los hombres, por el 64,6% de las mujeres). Ni a las diez ni a las doce, pues ya se baja unas décimas, y, por supuesto, ni a las nueve, cuando el porcentaje cae 9 puntos, ni a la una de la tarde, que cae 10.

Pero en ese pico de diez a doce de la mañana hay diferencia de sexos. El hombre se va a desayunar a las diez (73,1%), y la mujer, a las doce (63,3%). Como si hubiera un relevo de sexos en la oficina… y en la cafetería. ¿Es que van a la misma? Tampoco nos lo dice el INE, pero diríase que no.

Ese nivelazo de asistencia no se vuelve a recuperar. A las dos de la tarde ya sólo es del 36% de los empleados. “Claro”, dirán ustedes, “porque se ha acabado la jornada laboral”. Pues no los busquen a las ocho de la mañana, cuando sólo hay un 40%. “Bueno, pero es que llegarán después de comer”. Pues va a ser que tampoco. Ese 70% no se verá más, ni el jueves ni en toda la semana, pues el viernes la coincidencia laboral cae dos puntos.

Si en hábitos laborales parece que, con pequeños matices, no hay mucha diferenciación entre sexos, lo mismo ocurre si se mira por nivel de formación de los empleados.

Da igual el gremio sin estudios que el universitario: a las once, unos ponen ladrillos, y los otros, triples A o bonos basura. La única diferencia no es, pues, ni por sexo ni por educación, sino por edad. A los menores de 25 años, mejor llamarles a las doce y del jueves. El domingo, por favor, que sea la una.

¿Qué pasa a la hora de comer? ¿Cómo es la desbandada? ¿Es cierto que el hombre alarga más la comida que la mujer? Parece que no, los dos sexos se van incorporando al trabajo paulatinamente hasta las cinco de la tarde.

Después de esa hora empieza a caer más bruscamente en el caso de la mujer. Sin embargo, de ocho a nueve de la noche hay porcentualmente más mujeres que hombres trabajando (17,9% contra 17,7%); en cualquier caso, porcentajes que chocarían con las costumbres laborales de los países luteranos.

Según otra encuesta del INE, el español no emplea más de dos horas al día en comer y beber, da igual que sea trabajador, parado o jubilado. Dos horas para desayunar, almorzar y cenar, ejemplo de productividad.

En esa misma tabla choca que la población que más tiempo dedica a hacer deporte no sea la menor de 25 años, sino los mayores de 65 (63 minutos al día).

No es extraño que se nos resistan las medallas en Londres 2012, aunque nos aseguren la gloria en los torneos de veteranos si nuestros abuelos se calman un poco, pues dedican a la diversión casi el mismo tiempo que los jóvenes. No les busquen a las once en la oficina, pregunten por el gimnasio.

Fuente: El País

[*Opino}– Lo legal y lo justo

24-08-2012

Carlos M. Padrón

Lo que revela el artículo que sigue me reafirma en mi convicción de que me interesa más la justicia que la Ley.

Y de ahí que me moleste tanto escuchar con qué fruición los gringos dicen It’s the law! (= ¡Es la Ley!) sin reparar en si el hecho que eso les hace decir es o no justo.

Tanto me molesta que cuando escucho esa expresión y creo que el hecho que la provoca es injusto, siento unas ganas locas de violar la bendita Ley.

Ese apego —las más de las veces ciego, y muchas veces insensible e irracional— es la causa de que en USA abunden tanto los abogados, al extremo que se considera grave que alguien carezca de uno, y la causa de la legalitis que padece ese país, enfermedad que, en mi opinión, terminará haciéndole mucho daño.

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24/08/2012

Elena Sanz

Los humanos tendemos priorizar que no se cometan injusticias

Una persona rechazaría un vaso de agua, incluso teniendo sed, si considera que la oferta que le hacen es injusta, según se desprende de un nuevo estudio del University College de Londres, en Reino Unido.

El hallazgo tiene implicaciones importantes para entender qué criterios valoramos más cuando tomamos decisiones.
Mientras que los
chimpancés, nuestros parientes más próximos, están dispuestos a aceptar cualquier oferta sin valorar en base a criterios subjetivos si es “justa” o “injusta”, varios experimentos muestran que los humanos estamos dispuestos incluso a renunciar a ganar dinero si consideramos que nos hacen una propuesta inapropiada, por ejemplo si a otra persona le ofrecen, en las mismas condiciones, más cantidad.

Investigadores del Centro de Neuroimagen Wellcome Trust decidieron averiguar si esto también se cumple cuando las ofertas afectan a necesidades fisiológicas, como la comida, el agua o el sexo.

En sus experimentos trabajaron con 21 participantes sanos y, tras someterlos a sed extrema, les ofrecieron vasos de agua con 62,5 mililitros, mientras que la persona que hacía la oferta se quedaba con una botella de 500 mililitros. Los participantes tenían 15 segundos para aceptar o rechazar la propuesta, y, en la mayoría de los casos, dijeron que no al vaso, incluso cuando sus análisis de sangre mostraban que fisiológicamente necesitaban beber.

“Sorprendentemente, los humanos tendemos a rechazar una propuesta injusta basada en una recompensa primaria, como agua o comida, incluso si se encuentran en situación de necesitarla”, aclara Nick Wright, coautor del trabajo.

Esta motivación parece ir en contra de sus propios intereses, por lo que resulta fascinante tratar de “entender cómo este sentimiento subjetivo de la justicia influye en nuestras decisiones cotidianas, incluyendo las relacionadas con el mercado laboral”, añade el investigador.

Fuente: MUY

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Doloras (V)

De un inocente pastor
la mujer muy grave estaba;
el buen esposo la amaba,
y en busca fue de un doctor.

Mas, tras él, un gran señor
a aquel galeno buscaba,
para su esposa que acaba,
de sentir leve dolor.

De las dos, ¿cuá1 fue atendida?
¡Oh, condición de la vida!
Del gran señor, la mujer,
primero fue y visitó;
cuando a la pobre fue a ver,
¡muerta en su lecho la halló!

[*Opino}– Sobre las huelgas de hambre

20-08-12

Carlos M. Padrón

Del artículo que sigue me ha llamado la atención el concepto de que el Estado debe respetar el derecho que sobre el propio cuerpo tienen los ciudadanos.

En ese derecho incluye el articulista, entre otros, el consumo de drogas y hasta la eutanasia, y todo esto me lleva a preguntarme por qué demonios tiene el Estado que preocuparse por quienes libremente deciden hacer huelga de hambre.

Si alguien decide no comer —en particular si está preso—, hay que respetar su decisión, y no gastar el dinero de los contribuyentes en mover villas y castillos para que ese alguien coma cuando, para colmo, eso es ceder al chantaje.

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2012-08-19

Carlos Alberto Montaner

¿Qué es el friedmanismo?

 

Milton Friedman nació en 1912, hace cien años, y los vivió casi todos. Murió en 2006, a los 94, lúcido y combativo. Su centenario ha revivido la polémica en torno a su legado.

En 1976 recibió el Premio Nobel de Economía. Lo suelen presentar como «el padre del neoliberalismo» o la cabeza de la Escuela de Chicago, pero fue mucho más que todo eso. De su obra se deduce la más sencilla y formidable definición de la libertad: ser libre es poder elegir sin interferencias ni coacciones externas.

En 1980 Friedman y su mujer, Rosa, filmaron una magnífica serie de televisión titulada Free to Choose. Fueron 10 memorables capítulos en los que el matrimonio examinó algunos casos exitosos, como el de Hong Kong, próspero debido a la libertad que tenían ahí los individuos para producir y vender, frente al fracaso de la India, entonces estancada por la planificación centralizada y en manos de los burócratas, aberración que los hindúes comenzaron a abandonar poco tiempo después.

De alguna manera, la mayor parte de los males económicos tenían el mismo origen: el Estado, un «ogro filantrópico» que, cuando pretendía ayudar, generaba ciudadanos indefensos incapaces de ganarse la vida, mientras los funcionarios dilapidaban enormes cantidades de recursos que se esfumaban en medio de la corrupción y la forja de estructuras clientelistas que lastraban y a veces imposibilitaban la creación de riquezas.

La historia de la lucha por la libertad es la historia de la conquista del derecho individual a decidir. Las personas fueron más dichosas y más ricas cuando pudieron elegir el dios al cual adoraban, o no adorar a ninguno. Cuando pudieron trabajar, vestir, leer, escribir, casarse, divorciarse o militar libremente.

Alcanzaron cierta felicidad cívica cuando dejaron de ser súbditos obedientes, se convirtieron en ciudadanos altivos y transformaron a los mandamases en temerosos servidores públicos.

Si existe el friedmanismo, éste consiste en tres ideas-fuerza fundamentales:

  1. La ardiente convicción de que nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que deseamos y lo que nos conviene,
  2. La firme creencia en la libre competencia para perfeccionar gradualmente los bienes y servicios que adquirimos o producimos, y
  3. La necesidad de que los individuos asuman responsablemente el control de sus vidas.

El friedmanismo, claro, tiene importantes consecuencias en el debate actual. De alguna manera está vinculado al creciente derecho del consumidor. El consumidor vota con su dinero, y el Estado no debe imponerle productos que no desea, ni debe tener la prerrogativa de fijar los precios ni, mucho menos ——como sucede en Argentina y en tantos países—, criminalizar la tenencia de moneda extranjera.

Tampoco el Estado debe arrogarse el derecho a decidir qué sustancias puede utilizar la persona. Si un adulto decide libremente fumar marihuana, esnifar cocaína o inyectarse heroína, a sabiendas de que puede convertirse en un pobre adicto, ese estúpido comportamiento, nada recomendable, absolutamente pernicioso, forma parte del derecho sobre el propio cuerpo, y el Estado, humildemente, debe respetarlo, como debe admitir que cualquier persona en la plenitud de sus facultades mentales decida que ya no quiere seguir viviendo porque sufre demasiado. «Vivir —decía un famoso suicida español— es un derecho, no un deber».

El friedmanismo consiste, también, en creer que los vouchers son un método eficiente de estimular la competencia, pues sirven para que los padres seleccionen las mejores escuelas públicas para sus hijos, o la mejor institución sanitaria para el cuidado de la familia, lo que obliga a éstas a mejorar la calidad de sus ofertas.

Hay mucho de sentido común en las propuestas de Friedman, pero también hay una enorme dosis de confirmación empírica. Los países más ricos y dichosos son aquéllos en los que se combinan la libertad económica y la libertad política, y en los que el Estado no dirige la economía ni ejerce las tareas de los empresarios, limitándose a auxiliar la creatividad de los individuos aportando instituciones de derecho e infraestructuras materiales.

Milton Friedman lo dejó dicho es una frase clarísima: «Uno de los más grandes errores es juzgar los programas y políticas por sus intenciones, en vez de por sus resultados». Fue el más práctico de todos los teóricos, y tuvo razón.

Fuente: Libre Mercado

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Doloras (IV)

A un país donde impera el caciquismo,
llegó un joven doctor,
quien se anuncia con alto patriotismo
del pueblo redentor.

Del hombre en la actitud perseverante,
creyó la población;
y ésta, at fin, lo nombró representante
en pública elección.

Llegó el doctor donde llegar quería,
y, en vez de una esperanza,
en su electo vio el pueblo la falsía
de un hombro de mudanza;

porque uniéndose at grupo caciquil,
cierto pacto firmó.
¡Oh, qué pago! Su paso fue tan vil,
que al pueblo lo arruinó.

[*Opino}– Siéntate aquí, chaval / Arturo Pérez-Reverte

12-08-12

Carlos M. Padrón

Aunque nunca fui aficionado a leer periódicos, tal vez porque la tinta de su papel me causaba un cierto tipo de alergia, sí puedo establecer la clara y abismal diferencia entre cómo se escribía antes y cómo se escribe ahora; entre el interés que antes se tenía por escribir bien, y la ausencia de interés que ahora hay por eso.

Durante los cuatro años que viví y trabajé en Santa Cruz de Tenerife, conocí gente que compraba a diario el periódico principalmente para leer una sección sobre lengua española (significado de palabras, uso de expresiones, formas correctas de redactar, denuncia de gazapos, etc.), y de ahí me viene mi aplicación por ese tema y el que yo tenga en este blog una sección dedicada sólo a él.

Sin embargo, el interés actual es tan poco que ésa es la sección menos visitada de este blog. Por eso, y aunque nunca fui periodista, entiendo muy bien la queja implícita, y la denuncia explícita, en este excelente artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Tal vez yo no llegue a verlo, pero, de seguir esto como va, se llegará al español escrito sin acentos y con una reducción en las letras del alfabeto y su forma de pronunciarlas:

  • La ‘s’ sustituirá a la ‘c’ suave, y desaparecerá la ‘z’
  • La ‘k’ se usará en lugar de ‘c’ fuerte y de ‘q’
  • La ‘b’ será válida también para ‘v’, que desaparecerá
  • La ‘g’ será siempre fuerte, y no hará falta la diéresis
  • La ‘j’ sustituirá a la ‘g’ suave
  • Etc.

cambios éstos que tal vez hasta sean útiles, pero también desaparecerán las normas sobre el uso de signos de puntuación, y muchos de ellos (como el punto, la coma, y el punto y coma) vendrán a resumirse, como se vislumbra ya en inglés y en muchos que dicen escribir en español, en los puntos suspensivos y el guión.

Me pregunto cómo se haría entonces en casos como los ejemplificados en este archivo que me llegó por cortesía del amigo Juan Antonio Pino Capote.

Para verlo en formato PPS, clicar en File (Archivo) —arriba, a la izquierda— y después en Download (Descargar), que está al final del menú resultante.

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12 de agosto 2012

Arturo Pérez-Reverte

Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo

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Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo, y eras un redactor novato que pisaba por primera vez la redacción, había dos personajes a los que mirabas con un respeto singular, mayor que el que te inspiraban los redactores jefes en mangas de camisa con tirantes y una botella de whisky metida en un cajón de la mesa, o los grandes reporteros con firma en primera página, a cuyas leyendas soñabas con unir un día la tuya.

Los dos personajes a los que más podía respetar un joven periodista eran el corrector de estilo y el redactor veterano.

El primero solía ser un señor mayor con la mesa cubierta de libros y diccionarios, encargado de revisar todos los textos para detectar errores ortográficos o gramaticales antes de que se convirtieran en plomo de linotipia. A veces, a medio redactar un artículo, te levantabas e ibas a plantearle una duda.

Solían ser cultos, educados y pacientes. A uno del diario Pueblo —lamento no recordar ya su nombre— debo desde 1973 un truco para no equivocarme nunca, después, al manejar debe y debe de.

Cuando es obligación, me dijo, pon siempre debe; cuando es suposición, debe de. Tampoco he olvidado su aclaración sobre leísmo y loísmo: Lo violó a él, la violó a ella, les violó la correspondencia.

El otro personaje era el redactor veterano. El primer día de trabajo, cuando te internabas entre aquel incesante tableteo de máquinas de escribir y teletipos mirando en torno con aire de parvulito desamparado, siempre había un fulano de cierta edad, sonrisa fatigada y ojos vivos, que señalaba la mesa que tenía al lado y decía: «Siéntate aquí, chaval». Así lo hacías; y de él, en los siguientes días y meses, aprendías sobre tu oficio más que cuanto escuelas de periodismo y universidades podían enseñarte jamás.

Solía tratarse de periodistas curtidos en la redacción; hombres en su mayor parte, aunque no faltaban mujeres. Anónima infantería, toda ella, sin demasiado futuro. Veteranos maduros, desprovistos ya de ilusiones o esperanzas, seguros de que su carrera profesional no iría mucho más lejos de aquella mesa y de la desvencijada Olivetti que había encima. Conscientes, a esas alturas, de que nunca llegarían a redactores jefe, y tal vez ni siquiera a jefes de sección.

Ese periodista veterano solía ser poco gregario, vagamente cínico, con un punto de simpática misantropía. Respetado por todos, aunque a menudo se mantuviera algo aparte de los compañeros que aún tenían ambición y esperanza.

Y tú, intuyendo que era precisamente él quien poseía las claves del oficio, la experiencia y las certezas que te faltaban, te dejabas adoptar con aplicación y respeto, procurando hacerte digno de su estima. Aprendiendo a la vez de sus conocimientos, su cinismo y su ternura. Yéndote luego de madrugada, al cierre de la edición, a tomar con él una copa -—ese personaje solía beber hasta el amanecer— y formular las preguntas oportunas para hacerlo hablar, y contarte, para escuchar de su boca los secretos fundamentales del oficio y de la vida.

Y él lo hacía con gusto, cómplice, generoso como si tu futuro empezase exactamente allí donde terminaba el suyo. Contagiándote el amor por el oficio, la fiebre que en su juventud tuvo, y que al hablar le afloraba todavía, pese a los desengaños, en las palabras y la sonrisa.

Y el día que, al fin, firmabas en primera página, te miraba orgulloso como un padre miraría a un hijo, o un maestro a un alumno aventajado. Sabiendo que tu triunfo también era suyo.

Ya no hay gente así en las redacciones. Ni corrector de estilo, ni viejos maestros con la clave del gran periodismo en los ojos cansados. Ni siquiera quedan apenas redacciones. Los tiempos cambiaron mucho las cosas, los periódicos de papel mueren despacio, las ediciones digitales sustituyen a los grandes rotativos que antes se apilaban en los quioscos —edición especial: Franco ha muerto— y los propietarios de medios informativos, prensa, radio y televisión, hace tiempo jubilaron a esa clase de gente.

Nadie quiere correctores de un estilo que no importa un carajo, y que, además, se consigue gratis, aunque de manera torpe e imperfecta, con los correctores informáticos. Tampoco hacen falta, ni conviene tenerlos cerca, molestos veteranos que abran los ojos a la carne de cañón barata que ahora exigen las empresas: jóvenes becarios mal pagados, pendientes de una pantalla de computador, nutridos con notas de prensa y mediante Internet, que ni siquiera duran allí lo suficiente para enseñar al joven que los sustituirá en el periodismo superficial e irresponsable, al que nuestro tiempo nos condena.

Sin nadie que el primer día de trabajo, al señalar una mesa cercana y decir «siéntate aquí, chaval» le abra generoso, desinteresado, las puertas del que en otro tiempo fue el oficio más hermoso del mundo.

Fuente: Finanzas.com

Cortesía de Leonardo Masina