Monolito que se alza en la parte más profunda de La Caldera de Taburiente.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
Capítulo que recoge artículos de mi cosecha, de otros, siempre que sean relativos al terruño, y de secciones selectas.
Monolito que se alza en la parte más profunda de La Caldera de Taburiente.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
10-12-12
Carlos M. Padrón
El Dr. José María Brito es, sin duda, el cardiólogo más reputado nacido en El Paso, ya que fue el mejor cirujano de cardiología infantil de Canarias y, posiblemente, de toda España.

Por tal motivo, no sólo se le nombró Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso sino que en este pueblo, nuestro querido El Paso, se le dio su nombre a una calle.
Además, ha sido invitado a dictar charlas en universidades de otros países, y ha recibido en ellos merecidos reconocimientos.*
Retirado desde hace años, ha sabido ahora que un servicio —de importancia capital para Canarias, que él ayudó a fundar y del que fue director— ha sido cerrado, lo cual es sobrado motivo para que publicara, en un órgano de prensa de Canarias, el artículo que copio a continuación.
Es lamentable que tales cosas ocurran sin que la muy conocida crisis sirva para justificarlas, aunque tal vez se quiera hacerlo parecer así.
Fue en 2009 la última vez que tuve oportunidad de compartir con José María Brito en dos reuniones de amigos acerca de las cuales conté oportunamente en este post.
Y por el aprecio y admiración que le tengo, y por el daño que con el tal cierre se le ha hecho a Canarias, me uno desde aquí a su más que justificado reclamo y frustración.
(*): Si ese enlace fallara, el vídeo puede verse también AQUÍ.
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07-11-12
José María Brito Pérez
Como mínimo, sorprendido leo en los medios de comunicación la noticia del cierre del Servicio Canario de Cirugía Cardiaca Infantil.
Quizá ser uno de los cirujanos que iniciaron en España esta especialidad hace más de cuarenta, y el haber gestionado desde el comienzo varios servicios, entre éstos el de Canarias (2001), me permita hacer algunas reflexiones que considero urgentes.
La cirugía cardiaca Infantil se inició en Canarias como respuesta a una necesidad sentida y sufrida por la comunidad. La lejanía de las Islas, las dificultades de un transporte oportuno, y los sufrimientos de las familias, fueron razones más que suficientes para justificar dicho servicio.
No fue el número, quizá no muy grande de casos, ni siquiera el costo económico, fue el costo social en vidas, complicaciones y desarraigo familiar, la razón para hacer esta cirugía en Canarias con un centro en Las Palmas para todas las Islas. Pero con los resultados y costos evaluados posteriormente se comprobó que fue una inversión de indiscutible beneficio local.
En los primeros cinco años se operaron más de 450 casos, con resultados comparables a la media nacional publicada. Se pudieron hacer procedimientos intervencionistas con cateterismo que requieren la presencia de cirugía para resolver alguna emergencia.
De hecho, varios niños recibieron el beneficio del soporte de cirugía y, en resumen, más de 700 casos durante 5 años fueron resueltos en Canarias sin necesidad de ser trasladados a la Península.
Simultáneamente se operaron más de 30 casos de adultos con cardiopatías congénitas, se ayudó al necesario desarrollo concomitante de otras especialidades, y se impulsaron con su presencia avances en la investigación y el crecimiento profesional del personal sanitario.
Por éstas y otras razones me asaltan las siguientes inquietudes:
Estas preguntas puntuales son el iceberg de una marea de inquietudes preocupantes que me asaltan en este momento.
Los gestores justifican el cierre del Servicio por razones económicas y por el bajo número de intervenciones. De las razones económicas prefiero no hablar, y por el número de intervenciones habría que cerrar al menos 6 de los 13 Servicios que hay en España cuyo rendimiento es manifiestamente inferior al de Canarias.
Probablemente los gestores que han tomado decisión tan delicada y de consecuencias más que predecibles, aunque debieran, quizá no son conscientes de lo que están generando, aunque sea su responsabilidad.
Probablemente la sociedad que debiera saberlo no lo sabe porque le falta información o la recibe distorsionada.
Creo que los gestores deben ser responsables de lo que hacen, la sociedad debe conocer la verdad, y es mi obligación como Canario y conocedor del tema, y por la defensa de los niños, dar la voz de alerta por una decisión tremenda no sé hasta dónde consultada con los estamentos y profesionales pertinentes, y que creo sinceramente —por antecedentes que conozco y denuncié en su momento a las autoridades sanitarias, sin recibir ninguna respuesta que — que se está intentando “salvar el pellejo” de quienes. por acción u omisión, por soberbia o ignorancia, puedan pasar a la Historia como responsables de una gestión con graves implicaciones en el manejo de los niños con cardiopatías congénitas y de la cual la sociedad les pedirá cuentas.
Canarias debe defender lo que es un patrimonio innegociable de los niños.
Fuente: Canarias 7
09-12-12
Carlos M. Padrón
Ignoro si es por la tal «tríada oscura» —que menciona el artículo que sigue—, pero sí sé que Sharon Stone, tanto en Instinto Básico como en otras películas —de las que al momento sólo recuerdo la titulada Sliver—, me resulta un millón de veces más atractiva, deseable y poseedora de materia gris que la rubia plástica, tonta y descafeinada de Marlyn Monroe, cuyo supuesto «encanto» nunca le vi por ningún lado aunque los useños, y algunos otros, hayan hecho de ella un icono sexual.
Para gustos…
P.D.: En cuanto al artículo que sigue, en la sección de «[HG}– Híper y Gazapos» de hoy haré un análisis de los ‘horrores’ gramaticales que tiene el original, y que yo corregí en la versión que copio.
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09/12/2012
¿Es cierto que las «personalidades oscuras» son más atractivas?
Sharon Stone se convirtió en una de las mujeres más deseadas de los 90 gracias a su papel protagonista en la película Instinto Básico, en la que interpreta a una mujer de carácter narcisista y psicótico, dos cualidades con las que la actriz encandiló al público masculino.

El poder de atracción del personaje de Stone invita a pensar si ese tópico cinematográfico de que a las mujeres les gustan los chicos malos, y que los hombres pierden la cabeza por las ‘femme fatal’ es sólo un mito o tiene algo de cierto.
Un estudio de la Universidad de Washington resuelve este enigma al demostrar que las personas que poseen una «personalidad oscura» resultan más atractivas físicamente.
Nicholas Holtzman y Michael Strube, los autores de esta investigación publicada en la revista Scientific American, se plantearon demostrar si las personas con rasgos como el narcisismo, la psicopatía o el maquiavelismo, características a las que denominan en su estudio «la tríada oscura», son más atractivas.
Para ello, realizaron una investigación en la que participaron 111 estudiantes que fueron fotografiados con la ropa, el peinado y el maquillaje con el que llegaron al laboratorio.
Después de tomar esta instantánea, Holtzman y Strube vistieron a todos los jóvenes con la misma ropa, un pantalón gris y una camiseta, y pidieron a las mujeres que se desmaquillasen y se recogiesen el pelo para realizar una nueva fotografía.
Las imágenes del antes y del después fueron mostradas a un grupo de extraños que se encargó de evaluar el grado atractivo de cada sujeto.
Los investigadores compararon los resultados de ambas fotos y obtuvieron dos conclusiones. La primera fue cómo las personas son capaces de cambiar su apariencia física y resultar mucho más favorecedores mediante el simple uso de ropa, maquillaje y accesorios.
La segunda y más reveladora fue la constatación de que las personas cuya personalidad podía identificarse con «la tríada oscura» eran consideradas más atractivas cuando llevaban su propia ropa y maquillaje, pero perdían su encanto al despojarse de ella.
Holtzman y Strube demuestran con este estudio que las personas que tienen una «personalidad oscura» no son más atractivas que el resto, simplemente son capaces de parecerlo gracias a su capacidad de impresionar.
Fuente: ABC
Nuestra eterna visitante, la brisa, y el sol naciente tras ella cuando aún pueden verse algunas estrellas en nuestro cielo, casi siempre límpido.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
04-12-12
Carlos M. Padrón
Lo que copio al final comenzó porque en el artículo Ínclitos dislates ubérrimos, don Amando de Miguel escribió esto:
«Gabriel Ter-Sakarian comenta mi asombro ante la expresión, tan oída, de «yo soy de los que creo». Me propone esta otra que también se repite: «Yo soy un hombre que a mí me gusta hacer las cosas bien». Es claro que ambas son retorcidas. Lo correcto sería decir «yo soy de los que creen» o «yo soy un hombre de los que les gusta»».
A lo cual, ese mismo día le escribí contestándole así:
«No estoy de acuerdo con que «Lo correcto sería decir ‘yo soy un hombre de los que les gusta’. En mis tiempos de estudiante, la expresión correcta era —no sé si han cambiado las reglas— «Yo soy un hombre de los que gustan de…», o «Yo soy un hombre de ésos a los que [o a quienes] les gusta….»».
Hoy, en su artículo La Gramática apasionada y polémica, dice don Amando:
«Carlos M. Padrón me critica, con razón, mi frase » Yo soy un hombre de los que les gusta…». La verdad es que no suena bien. Don Carlos propone una versión más larga y certera: «Yo soy un hombre de esos a los que les gusta…». Lo mejor será evitar ese circunloquio de que uno es parte de ese conjunto que piensa o actúa de una u otra forma. Más fácil es decir «A mí me gusta…»».
03/12/2012
Carlos M. Padrón
Mejor no comento nada; lo dejo a discreción del lector.
Sin embargo, AQUÍ puede escucharse algo interesante al respecto, que me llegó por cortesía de Leonardo Masina.
Por si acaso ahí no pudiera escucharse, lo he guardado AQUÍ como mp3 y hay que bajarlo para escucharlo. Para ello, clicar después en Download (Descargar).
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03/12/2012
El último libro de la trilogía escrita por Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret, «La infancia de Jesús», sigue descubriendo aspectos poco conocidos.
El primer revuelo surgió cuando se desveló el pasaje del libro que recuerda que en el Portal de Belén no había ni buey ni mula, ya que no aparecen en el Evangelio. En el libro destaca también un pasaje que afecta al momento del Nacimiento: los Reyes Magos pudieron haber sido andaluces.
El Pontífice asegura en su obra que sus majestades no venían de Oriente, como se ha creído tradicionalmente, sino de Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.
«Así como la tradición de la Iglesia ha leído con toda naturalidad el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1,3, y de este modo llegaron al pesebre el buey y el asno, así también ha leído la historia de los Magos a la luz del Salmo 72,10 e Isaías 60. Y, de esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes, y con ellos han entrado en el pesebre los camellos y los dromedarios», relata Benedicto XVI
Y continúa: «La promesa contenida en estos textos extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis, Tartessos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa».
Las revelaciones del Papa Benedicto XVI han convertido a su último libro «La infancia de Jesús» en uno de los más vendidos de no ficción en Italia, España y Portugal.
Fuente: ABC
01-12-12
Carlos M. Padrón
Entre los años 1949 a 1953 —y por motivos que nunca entendí bien, pues yo tenía entonces entre 10 y 14 años—, a mi casa natal, en El Paso, acudían por las noches de ciertas épocas del año, y preferiblemente de sábados o domingos, varios vecinos, la mayoría mujeres solas, pero algunas con sus maridos.
Todos ellos, con mis padres, mis dos hermanas y yo (mis hermanos estaban ya en Venezuela) nos sentábamos a la mesa del comedor, y, dependiendo de la cantidad de asistentes, se jugaba lotería o baraja (Brisca o Ronda).
En la mesa del comedor, en el sentido de las agujas del reloj: 1, Victoria Pérez Martín, mi madre; 2, Tomás Padrón Sosa, mi padre, siempre en su puesto en la cabecera de la mesa; 3, María del Carmen Padrón, mi hermana menor; 4, María Celia Padrón, mi hermana mayor; 5, Antonio Martín Pérez, el llamado Toto Castillo; 6, Carlos M. Padrón; 7, Elsa Armas, la mujer de mi hermano Raúl que fue quien tomó la foto.
Se me ocurre que el motivo por el cual fue escogida para eso nuestra casa y no otra era porque estaba equidistante de las casas de esos vecinos que a la nuestra venían.
Pero volvamos al objeto de las reuniones.
Cuando la lotería o la baraja aburrían, o el número de asistentes no era el adecuado para los requerimientos del juego, inventaban que se leyera de nuevo alguna de las novelas que en casa había, novelas que ya conocían todos los habituales a esas reuniones pero que —por masoquismo, en mi opinión— las mujeres querían volver a escucharlas de nuevo.
De las tales novelas recuerdo, tal vez porque fueron los más leídos, sólo tres títulos y algo de sus temas:
Genoveva de Brabante. Según supe años después, era una versión novelada y bastante alejada de la leyenda que sobre el caso se hizo popular. En esa versión novelada, cuando una joven, soltera y aristócrata, aparece embarazada, el padre la echa de la casa, ella se refugia en un bosque y allí tiene a su hijo al que cría entre animales.
Que Dios se lo pague. Un padre cae en desgracia y termina como pordiosero. En cambio, un hijo suyo alcanza una buena posición económica, y el padre toca varias veces a la puerta del hijo para pedir limosna. El hijo no sabe que el pordiosero es su padre.
La isla misteriosa (o algo así). No recuerdo el nombre de la isla, o el adjetivo que le pusieron, aunque era la única de las novelas que me gustaba, pues trataba de las aventuras vividas por los pasajeros de un avión que cayó en una isla perdida en el océano y habitada sólo por extraños animales y peligrosas tribus indígenas.
Cuando en esa tertulia vecinal no estaba mi primo Antonio Martín Pérez —más conocido por Toto Castillo, por lo mismo que al tío Pedro lo llamaban Pedro Castillo—, la lectura, tal vez por aburrida, duraba poco.
Pero cuando se presentaba Toto, se dejaba de lado la baraja o la lotería y se le pedía a él que procediera a leer la novela que se escogiera por votación.
(Antonio Martín Pérez, Toto Castillo)
Toto, de carácter colérico y altamente emotivo, vivía intensamente lo que leía.
Imitaba la voz masculina o femenina, daba a los diálogos la entonación adecuada, respetaba muy bien las pausas, en especial para generar suspense, y hasta, cuando los diálogos lo justificaban, soltaba sobre la mesa un puñetazo que hacía saltar del susto a los más de los asistentes.
La emoción que ponía al leer, y la índole melodramática del argumento de aquellos culebrones, hacían que, a poco de comenzar Toto su «recital» —pues parecía más eso que una simple lectura—, todas las mujeres estuvieran llorando a moco tendido y, como no podía faltar, soltando, y casi siempre gritando, todo tipo de comentarios en favor o en contra de lo que hacían o decían los personajes de las novelas.
Y así era frecuente escuchar, dicho con toda la emoción y el énfasis posible, y con lágrimas en los ojos:
—¡Cuadro! ¡Que sólo eres un cuadro, un trafallo! Ya sabía yo que ése la haría tarde o temprano.
—¿¡Y eso es un padre!? ¡Buena clase de padre! ¡Guárdame un cachorro!
—¡Ay, pobre muchacha! ¡Qué será de ella!
—¡Todos los machos son iguales! ¡Sinvergüenza! ¿Es que no tienen corazón?
—¡Bien hecho, bien hecho y bien hecho! ¡Cuánto me alegro!
—¡Lee eso otra vez, Toto!
Sabiendo que Avelina, una de las infaltables a esas tertulias, detestaba a los «machos», que era así como ella llamaba a los hombres, no faltaba alguno que, para atizar el fuego, le decía:
—¿Ves, Avelina, como sí hay machos buenos?
—¿¡Buenos!? —exclamaba ella—, ¡todos son unos trapamejas y zurriagos!
Esas constantes expresiones, coreadas por las demás mujeres mientras los hombres intercambiaban miradas y sonrisas burlonas, no gustaban a Toto porque «le cortaban la nota», o sea, rompían el hilo de su lectura, pues le obligaban a interrumpirla hasta que «el gallinero» callara.
Era en esos momentos cuando todos temían que apareciera su carácter colérico, botara el libro y abandonara la tertulia. Pero no, supo siempre controlarse porque, supongo, a su ego le gustaba la aprobación que, de forma evidente, daba la audiencia a su forma de leer.
En realidad, y mirando en retrospectiva, dudo que entonces ni siquiera Hollywood contara con los recursos necesarios para recrear el realismo que nosotros vivíamos cuando, por ejemplo, estando reunidos en una fría noche de invierno, escuchábamos cómo la copiosa lluvia golpeaba sin cesar sobre el tejado, sentíamos sobre nuestra cabezas el ensordecedor ruido de los truenos, quedábamos casi cegados por la luz que de los relámpagos entraba por la ventana, oíamos el aullar del viento y los ruidos que éste arrancaba a ventanas y puertas al sacudirlas inclemente….
Y, en medio de los elementos así desatados, Toto, tal vez inspirado por ellos, alzaba su voz muchos decibeles para que los truenos y los gimoteos de las mujeres no la ahogaran, y, con el mayor dramatismo de que era capaz, leía la descripción de cómo una pobre doncella rechazada por su familia, paría sola en una cruda noche de invierno refugiada en la oscuridad de una cueva perdida en el bosque, expuesta al ataque de fieras, y teniendo de fondo la furia de los mismos elementos que a nosotros nos asustaban en aquel preciso momento.
En aquel medio, más realismo era entonces imposible.
No sé cuántas veces escuché leer esas novelas, y no sé cuantas veces, viendo tanto llanto, mi frágil entereza de niño fallaba y, para que no me vieran llorar, iba a refugiarme en mi cuarto. Y las veces que hice eso estando aún bajo los traumáticos efectos de ese realismo, me costaba conciliar el sueño.
Cuando un par de años después pensé entusiasmado que, por simple aburrimiento, ya no habría más lecturas de culebrones, nos cayó el mayor de ellos.
En el verano de 1951 llegó a El Paso, procedente de Venezuela, mi hermano Raúl (q.e.p.d.) con su mujer embarazada, y con el deliberado propósito de que la criatura naciera en El Paso.
Contó mi hermano que en Caracas estaba haciendo furor una novela radiofónica titulada «El derecho de nacer», del autor cubano Félix B. Caignet, novela que tenía la virtud de detener la vida en la ciudad cuando en la radio comenzaba su transmisión, pues nadie quería perderse el capítulo del día.
Comoquiera que otros pasenses venidos también de Venezuela contaron lo mismo —en esa época, la mitad de la población pasense masculina y en edad de trabajar, estaba en Venezuela—, el interés que los contertulios que se reunían en mi casa desarrollaron por «El derecho de nacer» fue tanto que mi hermano prometió que en cuanto llegara de vuelta a Caracas comenzaría a reunir los capítulos de esa novela, que a la sazón se vendían impresos, y nos los mandaría apenas tuviera oportunidad.
Y, por suerte para unos y por desgracia para otros, como yo, cumplió su promesa.
La primera remesa, de unos 10 capítulos, llegó a finales de 1952, y la noticia de su llegada se propagó por todo el vecindario.
Enseguida los vecinos hicieron con mi madre los arreglos necesarios para celebrar una reunión de lectura, a la cual, por supuesto, invitaron a Toto.
Desde el primer capítulo, todos quedaron enganchados, el interés se propagó y, en consecuencia, a las siguientes reuniones vinieron vecinos que nunca antes había venido a sesiones de ese tipo y, por consideración a ellos, volvían a leerse los capítulos que esos vecinos no habían escuchado.
Al temperamental Toto le molestaron esas repeticiones, y alguien decidió que, como Carlitos —o sea, yo— tenía ya 13 años y estudios hechos, era el indicado como lector sustituto.
Yo, que me había estado temiendo eso, desde tiempo atrás había tomado buena nota del «arte» del primo Toto, y, salvo la imitación de voces según sexo y los puñetazos en la mesa, aprendí a declamar casi tan bien como él,… y ésa fue mi desgracia, pues entonces Toto, tal vez herido en su amor propio, se hacía el remolón para volver a las reuniones, aunque con eso se privara de seguirle el hilo a la novela.
Al contrario que a él, me gustaban las pausas que me veía obligado a hacer a causa de las emotivas expresiones de las damas asistentes que, en el caso de esta novela, eran de este corte:
—¡Yo no paso a creer que don Rafael bote a María Elena de la casa!
—¿Y ustedes creen que la pobre María Dolores pueda criar sola a esa criatura? ¡Ay, Dios mío, qué vida tan triste le espera a Albertico!
—¡Ese Jorge Luis Armenteros es un zurriago! ¿¡Cómo es posible que haya engañado a esa pobre niña!?
Para mi sorpresa, el tema de la novela era ya del dominio de todo el pueblo y, también para mi sorpresa, en el mayor bar que allí había escuché un día cómo varios hombres discutían si podía decirse que el tal Jorge Luis había engañado a María Elena o, por el contrario, ella había decidido dejarse «engañar».
Eso me impactó tanto que, por años y llevado por mi curiosidad psicosocial, me dediqué a investigar al respecto y concluí que, en casos de mujeres ya adultas, de engaño, nada.
Al llegar al punto en que Don Rafael perdió la voz, aquello fue el paroxismo. Las expresiones de satisfacción y los deseos de venganza y retaliación no cesaban, y creo que fue éste el punto de mayor audiencia de la lectura de la novela que, si mal no recuerdo, mi madre la prestó a otras personas en cuyas casas se celebraron reuniones de lectura como en la nuestra.
Llegó un momento en que ya no sabía yo qué inventar para que no me llamaran a leer. El pretexto de los estudios se me agotó porque yo comenzaba a estudiar como a las 6 de la tarde, luego de salir de la academia, y las lecturas comenzaban entre 9 y 10 de la noche, y a esa hora casi se me obligaba a dejar los estudios aduciendo que con 3 horas seguidas era más que suficiente.
Pero cuando cumplí los 14, mi padre, que se dio cuenta de que yo tenía más interés, y también necesidad, de ocuparme del cine, de las muchachas y de los bailes, que de leer culebrones, se las arregló para dejar que me escapara diciendo que iba al cine o al baile, y así pude perder de vista «El derecho de nacer».
Lo último que de esa novela supe fue una de las varias películas que de ella hicieron y que vi, un par de años más tarde, en el hace tiempo desaparecido Cine La Paz, de Santa Cruz de Tenerife.
Lo que nunca he sabido, tal vez porque nunca he preguntado, es dónde fueron a parar los muchos folletos de «El derecho de nacer» que mi hermano mandó desde Venezuela.
01-12-12
Carlos M. Padrón
Sé que muchos de los que lean esto creerán que es mentira, que nunca existieron normas tan dictatoriales, obsesivas y ridículas.
Pero sé bien que existieron y que a los de mi generación, y a los de varias generaciones anteriores, nos jorobaron la vida.
Y uno que, en mayor o menor grado, sufrió todo esto, ya no se pregunta nada sino que maldice a quienes con estas prácticas arruinaron tantas vidas y torcieron tantas conductas.
Está claro que la inmoralidad sólo existe en la mente de inmorales como los que redactaron, aprobaron e impusieron estas normas.
Espero que quienes eso hicieron estén en un lugar en que, con las manos atadas, se les obligue a leer libros eróticos, a ver películas porno, y parejas bailando lambada y teniendo sexo explícito y variado.
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30-11-12
Escándalo público
Durante el régimen de Franco, la estrecha alianza entre Iglesia y Estado animó a los moralistas católicos a regular toda actividad que pudiera despertar las pasiones prohibidas: la exhibición del cuerpo en playas y piscinas, las peligrosas excursiones campestres, los bailes con demasiado contacto físico, y los espectáculos y escritos capaces de despertar la concupiscencia.
Hoy pueden chocarnos las prescripciones que siguen, pero en ellas está el origen de muchos de los sentimientos de vergüenza que aún nos invaden.
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Playas y piscinas
El baño al aire libre en playas o piscinas es altamente higiénico y saludable, pero con pretexto de él se cometen gravísimos escándalos.
Lo ideal sería la separación absoluta de sexos, como se ha establecido ya en algunas playas beneméritas y en muchas piscinas públicas. Pero, como es muy difícil que se generalice esta sana costumbre, he aquí las normas a que han de atenerse las personas de buena conciencia que no quieran cargar con la grave responsabilidad del pecado de escándalo
Pinturas y estatuas
Son reos de grave escándalo los que las pintan o esculpen, los que las exhiben al público en oficinas, escaparates, jardines, cines, etc., o las venden indistintamente a cualquiera, aunque sea so pretexto de que son obras de arte. En los museos deben colocarse en salas aparte, con acceso restringido a sólo los profesionales o técnicos artistas.
Sin llegar a este extremo de peligrosidad, son también más o menos escandalosas las pinturas y estatuas que, por su desnudez parcial o actitud provocativa, son aptas para excitar las pasiones humanas.
Teatros y espectáculos en general
Los espectáculos, en general, no son malos de suyo, e incluso podrían ser altamente educadores del pueblo, como lo fueron en otros tiempos a través, por ejemplo, de los famosos autos sacramentales de nuestro siglo de oro. Pero, por desgracia, son hoy uno de los principales focos de corrupción de las almas y azuzamiento de las pasiones del pueblo. Resumimos en unos principios fundamentales esta amplísima materia:
Primero
Son gravemente escandalosos los espectáculos en que se representan cosas notablemente obscenas, o en los que aparecen personas medio desnudas, o se dicen cosas altamente provocativas. chistes o coplas indecentes, etc., o se ridiculizan las buenas costumbres, o se preconiza el vicio o la inmoralidad.
Tales son la mayor parte de las llamadas revistas, muchos espectáculos de variedades, las películas u obras teatrales calificadas de gravemente peligrosas por la censura eclesiástica (con el número 4, y con frecuencia con el 3 R), muchas emisiones de radio y televisión y otras cosas semejantes.
Cometen gravísimo pecado de escándalo los compositores de la letra y música, las empresas que los representan en sus salones, los actores que actúan en ellos y los que contribuyen con su dinero y aplauso a sostener esos espectáculos. y pecan gravemente los que asisten a ellos a sabiendas de su inmoralidad o peligrosidad. Si animan a otros a hacer lo mismo, son reos de grave escándalo.
Segundo
En otro aspecto, cometen gravísimo pecado de escándalo el autor, compositor, empresario, actores y colaboradores de una representación en la que se impugna o ridiculiza la religión, o la fe, o las costumbres cristianas. Pecan gravemente los que asistan a ella, aun descontando el peligro propio y toda aprobación de lo irreligioso en cuanto tal.
Tercero
Hay muchos espectáculos (deportes, toros, etc.) que en sí nada tienen de inmoral, pero que, entregándose a ellos con demasiada vehemencia, pueden excitar las pasiones populares, provocar odios y enemistades terribles entre los partidarios de los clubes o equipos rivales, y otros inconvenientes por el estilo.
Cometen pecado de escándalo los que fomentan esos odios o rivalidades, insultan públicamente a los contrarios o faltan gravemente a la debida compostura y educación.
Corolario
.Los autores, compositores, empresarios y artistas católicos que se esfuerzan en moralizar los espectáculos (teatro, cine, televisión, etc.) a base de obras verdaderamente artísticas y educadoras, realizan una obra de altísimo apostolado, cada vez más urgente y necesario en los tiempos actuales.
Es una especie de predicaci6n, con frecuencia muchísimo más eficaz que la de nuestros templos, por su mayor amplitud y por la clase de público sobre el que recae. No cabe duda de que los que trabajan en moralizar los espectáculos con el fin de reconquistar para Cristo, a través de ellos, a las masas alejadas de la Iglesia, son beneméritos de la religión y de la patria, y alcanzarán de Dios una espléndida recompensa.
Bailes
El baile o la danza se ha practicado en todos los pueblos y razas desde la más remota antigüedad, y en muchas de sus formas populares o artísticas nada tiene de inmoral. Sin embargo, tal como suele bailarse hoy resulta en extremo peligroso, y muchas veces un verdadero semillero de pecados y escándalos.
He aquí las normas principales de moralidad en tomo a ellos.
Primera
EN GENERAL deben desaconsejarse los bailes modernos a base de danzar abrazados, por los grandes peligros que encierran, sobre todo para los jóvenes de uno y otro sexo. Pero podrían tolerarse alguna vez si se reunieran las siguientes cuatro condiciones, bastante difíciles en la práctica:
No negamos que, aunque difíciles, estas condiciones son perfectamente posibles; en cuyo caso, sin aconsejarlos positivamente, no podrían condenarse esos bailes en nombre de la moral cristiana.
Una excesiva rigidez de criterio en este punto hará mucho más daño que provecho; pues serán poquísimos los que renunciarán en absoluto al baile, y cabe el peligro de deformar su conciencia, haciéndoles creer que pecan gravemente, o de alejarles por completo de los sacramentos.
Segunda
CADA PERSONA EN PARTICULAR debe examinar si para ella constituye el baile una ocasión próxima de pecado; en cuyo caso debe renunciar en absoluto a él, y no podría ser absuelto si no estuviera dispuesto a ello. En la práctica se conocerá que constituye ocasión próxima cuando la mayor parte de las veces que baila suele pecar, al menos con el pensamiento o el deseo.
Si el peligro fuera remoto (v.gr., porque nunca, o muy raras veces, suele pecar), podría bailar —guardando las condiciones ya explicadas— con alguna justa causa, como sería, v.gr., por evitar disgustos familiares, encontrar o conservar un buen partido para el matrimonio, o divertirse un rato honestamente.
Pero tome toda clase de precauciones y no olvide nunca que tiene que procurar evitar, por todos los medios a su alcance, no sólo el peligro o pecado propio, sino también el de la propia pareja.
Tercera
LAS AUTORIDADES tienen obligación grave de no permitir que se introduzcan bailes públicos donde no hay costumbre de ellos, o vigilar por medio de los agentes a sus órdenes, o por otras personas responsables, la forma en que se desarrollan los ya existentes que no les sea posible evitar, procediendo sin contemplaciones a la clausura y prohibición de los mismos cuando se produzca alguna extralimitación, porque entonces les obliga y ampara la ley divina y humana.
Libros, revistas y periódicos
En general, se consideran malos o escandalosos los libros, novelas, revistas o periódicos contrarios a la fe y a las buenas costumbres. Su composición, edición, venta, compra, lectura o mera retención están, o pueden estar, prohibidas por derecho natural a causa del peligro próximo de pecar, del escándalo y de la cooperación. En otro lugar hemos expuesto las leyes de la Iglesia con relación a los libros prohibidos.
El peligro próximo de perversión o de pecado está en relación directa:
Teniendo en cuenta estos principios, hay que llegar a las siguientes conclusiones:
Fuente: Taringa
Antonio Royo Marín. Teología Moral para seglares BAC (1961)
26-11-12
Carlos M. Padrón
Lo que cuenta el artículo que copio más abajo no me ha sorprendido mucho, pues, desde hace años, viene circulando la especie de que la BBC está infiltrada por el IRA.
Por mi parte, sólo he usado de ella la página, en español, BBC Mundo, y terminé dejándola de lado porque, en un alto porcentaje, los artículos sobre descubrimientos, en especial los relativos a salud, terminaban diciendo «Hacen falta más estudios». Y gran parte de los otros tenían el toque cursi de los de Selecciones del Readers’s Digest de los años ’50s.
Quienes en BBC Mundo hacen las traducciones al español deberían estudiar antes algo más de gramática, y quienes controlan las suscripciones deberían ser un poco más considerados, pues cuando aún no había yo descubierto en BBC Mundo las para mí fallas ya dichas, me suscribí a su resumen diario de titulares.
Luego, cuando descubrí las tales fallas, pedí que me dieran de baja, y lo hicieron al cabo de una semana. Pero ahora, sin aviso ni protesto, han vuelto a enviarme ese resumen, y a mis reiteradas peticiones de baja han hecho caso omiso.
Sí debo reconocer la buena calidad de las series para TV que la BBC ha producido años ha.
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24-11-12
La niebla de Londres, el atraco a un tren y el discurso de un político conservador de la época protagonizaron, en un boletín de noticias del 14 de noviembre de 1922, el modesto estreno de la BBC como un servicio público que acabaría tornándose en referente mundial.
Desde aquella primera emisión radiofónica —accesible entonces a los apenas dos millares de hogares con transistor— hasta su conversión en un gigante audiovisual con una audiencia global de casi 300 millones de personas, los británicos han mantenido una fidelidad inquebrantable a una de sus grandes instituciones, apodada cariñosamente “la tiíta” (Auntie).
Todo un signo de identidad, comparable a la monarquía o el té de las cinco, cuya calidad, rigor, creatividad y férrea independencia del poder político les ha compensado el pago de un canon anual para mantenerla a lo largo de nueve décadas.
La British Broadcasting Corporation (BBC) acaba de soplar las velas de ese aniversario, pero muy lejos, sin embargo, de la fanfarria que sugeriría ese prestigioso legado, pues lo ha hecho sumida en la crisis más grave de toda su historia, y capeando los recientes escándalos que han puesto en entredicho su gestión, buen juicio, e incluso el propio modelo de radiotelevisión pública.
La corporación siempre ha tenido enemigos entre los grupos privados que compiten por el mismo mercado, y ciertos sectores que la consideran un bastión progresista, pero nunca hasta ahora había afrontado la pérdida de confianza del público.
“Recuperar la credibilidad es indispensable para nuestra supervivencia”, ha admitido el propio presidente del consejo que gobierna el ente, Chris Patten, a la hora de responder sobre el cuestionado papel de la BBC en un doble frente que viene acaparando titulares este otoño: el encubrimiento de las actividades sexuales ilícitas de uno de sus presentadores legendarios —el ya fallecido Jimmy Saville—, y la emisión de un programa en el que se acusó erróneamente de pedofilia a un antiguo político conservador.
Por primera vez, desde que la consultora YouGov mide la adhesión de los británicos a sus principales instituciones, quienes desconfían de la BBC (47%) ya superan a los que creen que sus periodistas “dicen la verdad” (44%).
Aunque la encuesta sigue situando la valoración de la radiotelevisión pública por encima de los restantes medios, tanto audiovisuales como escritos, y fue realizada “en caliente” tras la dimisión, el 10 de noviembre, de su director general, George Entwistle, la piedra angular de la credibilidad aparece hoy tambaleante.
El público que sufraga y disfruta de la oferta informativa y de entretenimiento de la BBC, de sus documentales, programas culturales y series multipremiadas, ha acogido con aprensión las revelaciones de que Saville abusó de centenares de menores a lo largo de los años, a la par que presentaba, entre otros, emisiones infantiles.
El rigor y transparencia de la televisión también se han visto comprometidos. Considerado hasta ahora un modelo de investigación periodística, el mismo programa Newsnight, que el pasado diciembre canceló una emisión sobre las oscuras actividades del personaje, ha tenido que volver a pedir disculpas a principios de este mes por implicar (sin citarlo por el nombre) al extesorero tory, lord McAlpine, en el abuso de niños en un hospicio de Gales.
En el primer caso se aplicó la autocensura, para no empañar la imagen de quien fuera una de las figuras más reconocibles del medio. En el segundo, el hoy dimisionario Entwistle admitió que desconocía el contenido del programa, a pesar de ser el máximo responsable de la línea editorial de la BBC, abundando en la noción de descontrol en el ente.
Las 450.000 libras (556.000 euros) que percibirá como indemnización por tan sólo 54 días en el cargo han atizado, además, la recurrente polémica sobre las remuneraciones exorbitantes de los directivos y presentadores estelares del medio público.
Demasiado cara, demasiado grande, demasiado burocratizada, es el retrato que han venido presentando invariablemente los adversarios de la BBC, pero que empieza a tener verdadero calado.
Los analistas de los medios —y, en primer lugar, los propios responsables de un gigante con 22.800 trabajadores y 3.900 millones de libras de presupuesto anual— subrayan la urgencia de una profunda reestructuración.
Pero si en estos tiempos precarios las reformas suelen ser sinónimo de recortes, su plantilla ya ha venido encajando en los años recientes una merma de efectivos que en 2017 habrá supuesto un 20% del total.
El gobierno conservador de David Cameron ha congelado durante seis años la cuantía de la cuota que pagan los hogares con televisor (145,5 libras), lo que ha forzado otras medidas de austeridad, como el desplazamiento de trabajadores a Manchester, y el cierre del edificio, en forma de rosquilla, que albergaba sus estudios históricos de la capital.
Reputados periodistas de la casa, como Jeremy Paxman (uno de los presentadores de Newsnight) o Jonathan Dimbleby, identifican los recientes escándalos y el general deterioro de la calidad, con ese tijeretazo que se ha cebado más en la nómina de periodistas que en la de los gestores.
“En la BBC tenemos más dirigentes que el Partido Comunista chino”, suele bromear Patten sobre el voluminoso entramado de jefes y directivos que hoy precisa de “una revisión estructural radical”.
La labor va a recaer en Tony Hall, cuyo nombramiento esta semana como nuevo director general ha sido muy bien recibido: se trata de un personaje fichado fuera de la BBC (hasta ahora era director ejecutivo de la Royal Opera House), pero que conoce bien sus entresijos porque fue periodista de su plantilla durante 28 años y dirigió el servicio de noticias.
La naturaleza de los parabienes que desde todo el espectro político se han dedicado a la designación de lord Hall da la medida de los retos que le esperan: el Gobierno considera esencial “que restaure la confianza del público”, mientras la oposición laborista reclama “el retorno de la estabilidad en estos tiempos difíciles para la BBC”.
Un indisimulado sabor a venganza revestía, en cambio, la misiva lanzada el pasado domingo en su cuenta de Twitter por el magnate de las comunicaciones, Rupert Murdoch, él mismo acuciado por el escándalo de las escuchas ilegales en algunos periódicos de su propiedad: “El desastre de la BBC procura a Cameron una oportunidad de oro para reorganizar apropiadamente la gran emisora pública”, escribió el autoproclamado enemigo número uno de la corporación.
En otras palabras, reducir el tamaño y papel de la radiotelevisión pública en un mercado definido por la oferta de multicanales y plataformas de pago, como la poderosa BSkyB que controla el empresario de origen australiano.
Los medios privados y sus intereses comerciales están aprovechando la frágil posición de la BBC para redundar en las críticas contra la “competencia desleal” de un ente público que se mide con ellos en la batalla por la audiencia, y sin los molestos cortes publicitarios.
“La BBC es una parte absolutamente esencial del Reino Unido que tiene además un impacto increíble en el resto del mundo”, ha declarado un lord Hall empleado en poner la casa en orden para recuperar la confianza del público y reivindicar que la solidez de la radiotelevisión pública británica merece todavía una presencia destacada ya bien entrado el siglo XXI.
En plena era tecnológica, el desafío pasa por demostrar que la “tiíta” no se ha vuelto demasiado anquilosada y obsoleta.
Un gigante público
Fuente: El País