[*Opino}– Ver para creer: palabrejas que ahora acepta el DRAE

29-10-14

Carlos M. Padrón

Después de leer lo que copio abajo no me extrañaría que en la próxima edición del DRAE recibieran su bendición «tamién», en vez de también, «perfeto» en vez de perfecto, «esato» en vez de exacto, «adatar» en vez de adaptar (ya lo hacen con la palabra Mapfre que todos pronuncian «mafre»),… y cualquier otro vocablo cuya pronunciación conlleve cierta dificultad para el aparato fonador de los españoles, ése que, según Amando de Miguel, no está preparado para, por ejemplo, pronunciar la S líquida de la palabra «stop».

Esto de la RAE ya tiene visos de relajo y de invitación a que no se haga esfuerzo por aprender a hablar y escribir correctamente nuestro idioma, así que no me extrañaría que hasta se metieran con los signos de puntuación y aceptaran que en vez de coma, punto, y punto y coma se usaran puntos suspensivos, como se ve cada vez más en la Red.

Artículo relacionado:

~~~

29/10/2014

Elena Mengual

22 palabras que nunca imaginarías que están admitidas por el DRAE

Este octubre (u otubre) ha llegado a las librerías la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, que incorpora, entre otras novedades, palabras como amigovio (sí, lo que en España se conoce como «follamigos», término que la RAE no descarta incorporar próximamente ), papichulo o bótox. A cambio, salen otras por no emplearse desde hace siglos.

Y luego están esas palabras que, cuando las oyes, frunces el ceño presa de la duda mientras desarrollas el siguiente diálogo interior: «¿Arremangarse existe? Bueno, si lo dice la vicepresidenta, que es una mujer muy cultivada, tiene que existir, claro. Entonces… ¿Pasará lo mismo con ‘arrascarse’? Porque a mí me suena igual de mal».

Son esas palabras que originan polémica en las reuniones de amigos (si bien ahora con san Google en el ‘smartphone’ todas esas discusiones bizantinas son prácticamente cosa del pasado).

Recopilamos algunos de esos términos que,. hasta que no los ves en el DRAE, no te los crees:

Palabro

La palabra palabro parece un palabro. Pero no, es el término para referirse a una «palabra mal dicha o estrambótica».

Almóndiga

Tú te reías cuando oías a tu vecina de patio desde su cocina decir que iba a hacer «almóndigas». Pues resulta que la buena mujer usa un término recogido por el DRAE, si bien el propio diccionario señala que está «en desuso» y es un vulgarismo. También puede que la hayas oído decir que ella las cocina «asín» . Ay, amigo, tu compañera de descansillo no es ninguna erudita, pero en ninguno de los dos casos ha cometido incorrección. ¿»Cocretas»? Vale, ahí sí la has pillado. El DRAE sólo admite como forma correcta croquetas. Todo se andará.

Apechusques

En La Mancha, Andalucía y Murcia se utiliza este término para hacer referencia a los trastos, utensilios o cachivaches. No obstante, en la comarca de La Manchuela, «apechusque» se utiliza también para referirse a una «enfermedad repentina de la cual no se sabe muy bien la causa», tal y como recoge ‘El Bienhablao’.

Culamen y pompis

Culamen es una incorporación reciente al Diccionario de la RAE para referirse al culo. Una palabra que ya tiene unos cuantos sinónimos: trasero, pandero, posaderas, nalgas, pompis… Todas ellas recogidas en el DRAE. Sí, también pompis.

Otubre, conceto

Tanto reírnos de Manuel Manquiña y su «conceto» en ‘Airbag’, y resulta que está admitido. Eso sí, como forma «en desuso». Lo mismo sucede con otubre para hacer referencia al décimo mes del año.

Descambiar

En contra de lo que mucha gente piensa, descambiar es correcto. Según el DRAE, es sinónimo de destrocar, esto es: deshacer el trueque o cambio. También es válido su uso, frecuente en la lengua coloquial, con el sentido de «devolver una compra», ya que, tal y como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas, «en definitiva, se trata de deshacer un cambio previo realizado en el momento de la adquisición, al entregar dinero a cambio del artículo

Uebos

Sí, sí, lo que leen. Procede del latín opus, y el DRAE lo define como «necesidad, cosa necesaria». De hecho, la expresión «Manda huevos» —que tan célebre hizo Federico Trillo cuando era presidente del Congreso— es en realidad una distorsión de «¡Manda uebos!», del latín ‘¡Mandat opus!’, es decir, ‘¡La necesidad obliga!’ Lo correcto sería sin h y con b.

Arremangarse

Cierto es que en muchas regiones, como en Andalucía, no suena extraña esta forma, si bien remangarse está más extendida. No sucede lo mismo con «arrascarse», que es un vulgarismo muy extendido y que no está admitido.

Ño. Norabuena

Apócope de señor. Es tan correcto como norabuena para decir enhorabuena. Y si dices: «Norabuena, ño», cierras el círculo.

Ño es además una interjección muy recurrente en Canarias. Tanto que un supermercado lanzó una campaña cuyo lema era: «¡Ño! ¡Qué precios!».

Albericoque

Pues sí, al albaricoque también se le puede decir albericoque. No da licencia esto para pensar que todo el campo es orégano: ni «molocotón» ni «mondarina» están admitidos.

Jonrón

Aunque en España suena raro, el término jonrón (de «home run«) no resulta tan extraño en países donde el béisbol es un deporte popular, como Venezuela o Cuba. ¿El plural? Jonrones, con perdón.

Abracadabrante

Si se te agotan los sinónimos de sorprendente o desconcertante, siempre puedes sacar abracadabrante de la chistera.

Toballa

Cuando tenías tres años y te referías a la tela con la que te secabas como toballa, en realidad lo estabas diciendo bien. Toballa está admitida.

Bluyín y yin

Al reparar en que en buena parte de Hispanoamérica nadie habla de pantalones vaqueros, sino de «blue jeans«, la RAE decidió incorporar el término, pero, eso sí, adaptando la grafía al español. Y ése es el resultado: blueyín.

Güisqui

He aquí otro caso similar al del bluyín. Nos permitimos fantasear con el momento de su inclusión:

Capuzar, chapuzar

Si nos lee desde el levante sur español, probablemente esta palabra le resulte de lo más normal. Del latín caput (cabeza) y *putere (sumergir), capuzar quiere decir exactamente eso: sumergir la cabeza en el agua. Y la acción y efecto de capuzar es un capuzón.

Agibílibus o agílibus

No es el nombre de la empresa de autobuses más rápidos de la zona. Agílibus hace referencia a la habilidad, el ingenio, a veces pícaro, para desenvolverse en la vida. Algo parecido a la «Inteligencia Emocional» que con tanto éxito acuñó Daniel Goleman.

Pinchaúvas

Si alguna vez te metes en una máquina del tiempo, viajas cuatro siglos atrás y te llaman pinchaúvas, que sepas que no te están diciendo precisamente «bonito», sino más bien «hombre despreciable», tal y como recoge la segunda acepción del DRAE. La primera, más literal, se refiere al «pillo que en los mercados comía la granuja, picándola con un alfiler, palillo u otro instrumento».

Apartotel

Ni «apartahotel», ni «aparthotel». La forma correcta para referirse a un hotel de apartamentos es apartotel. Es un anglicismo que se ha adoptado tal cual.

Quitaipón

Quitaipón o quitapón es «el adorno, generalmente de lana de colores y con borlas, que suele ponerse en la testera de las cabezadas del ganado mular y de carga». No confundir con «de quita y pon».

Papahuevos

Papahuevos es el papanatas de toda la vida. También conocido como pazguato, cándido o bobalicón.

Zangolotear, zangolotino

Zangolotear hace referencia a un movimiento continuo y violento, de una parte a otra, sin concierto ni propósito. Niño zangolotino, tal y como recoge el DRAE, es el «muchacho que quiere o a quien se quiere hacer pasar por niño».

Fuente

[*Opino}– El estigma de ser portugués en España

20-10-14

Carlos M. Padrón

En los artículos José Mourinho me ha dado la razón y El Real Madrid, Mourinho, los jugadores portugueses, y la prensa española dije que los problemas de Mourinho en el Madrid —así como los que su hijo tenía en el colegio— venían de que eran portugueses.

Eso de que Mourinho era arrogante, jactancioso y demás eran pretextos para ocultar el verdadero motivo de la inquina que se le tenía, pues a él se le escogió para hacer ganar al Madrid, no para ganar un concurso de popularidad.

Y, ¡por fin!, en el artículo que copio abajo, su autor —que de fútbol, de la Liga BBVA, de España y demás, sabe mucho más que yo— pone el dedo en la llaga al denunciar textualmente «un ambiente hostil que al final degeneró en xenofobia pura y dura hacia todo lo que viniera desde Portugal».

No andaba yo muy descaminado en el origen de esa xenofobia, como tampoco en lamentar la ida de Mourinho, quien —simpático o no, arrogante o no— ya tiene a su equipo, el Chelsea, liderando la tabla de posiciones de la Premier League.

Otro asunto que va resultando cierto es que el Barcelona no tiene a Messi, sino que Messi tiene al Barcelona. Otra prueba de esto es lo que, al final, dice el artículo que sigue y que, en opinión de su autor, merece el calificativo de messidictadura.

~~~

20 de Octubre de 2014

Juan Manuel Rodríguezclip_image001

Cristianodependencia y messidictadura

Cuando llegó Mourinho al Real Madrid todo el mundo daba por hecho que el Barcelona ganaría de calle las siguientes diez Ligas, ocho Copas y cinco Champions. Y si Mou tuvo tantos problemas en España fue, entre otras cosas, porque el portugués osó discutir uno de los recientes mandamientos instaurados por el periodismo deportivo español: «El Barça ha sido, es y será el mejor equipo de todos los tiempos».

Una cosa llevó a la otra y, al final, los rivales se apartaban de los jugadores azulgrana, ni se atrevían siquiera a mirarles, y la superioridad acabó siendo también moral y hasta estética.

Cuántas idioteces hemos tenido que escuchar a lo largo de estos últimos años, ¿a que sí?… Los Messi, Xavi, Iniesta y compañía retozaban sobre el césped con absoluta libertad como si en vez de competir estuvieran disfrutando de un soleado domingo de picnic en la campiña. Mourinho —que lo que quiere es ganar y que, como ha declarado recientemente, no cree en los modelos— demostró que a aquel Barcelona se le podía derrotar jugando de otro modo: aquello fue su perdición.

Cristiano Ronaldo llegó un año antes que Mourinho y, a la situación general de la rivalidad existente entre Real Madrid y Barcelona, sumó la suya particular. Como el club azulgrana, Messi también había sido, era y sería en el futuro el mejor jugador de la historia. Y si Messi era mejor que Di Stéfano, Pelé y Maradona, ¿cómo podía pensar Cristiano, siquiera ni por un minuto, que él podía darle la vuelta a la situación?

Pero, como Mou, Cristiano, a quien insultaron personalmente y trataron de hacer la vida imposible oponiendo su prepotente figura a la angelical del humilde Leo, ha demostrado que ahora mismo es mejor futbolista que Messi, más decisivo para su equipo. Cristiano no se dejó intimidar por un ambiente hostil que al final degeneró en xenofobia pura y dura hacia todo lo que viniera desde Portugal.

Claro que existe la Cristianodependencia, pero , y a las pruebas de lo sucedido en el último partido del Barça en Liga me remito, a la dependencia de Leo añaden en el club catalán la Messidictadura. Luis Enrique ha quedado definitivamente retratado después de lo sucedido en el partido contra el Éibar.

El asturiano se atreve con Piqué, pone en su sitio a Xavi y le da una patada en el trasero a Deulofeu… pero cuando se trata de sustituir a Messi tan sólo unos minutos se convierte en el Botones Sacarino. Eso fue el sábado Luis Enrique, el botones de Messi, su empleado, el ayuda de cámara, un mero comparsa.

Cuando Leo se canse de él le enseñará el camino de salida como hizo con Guardiola, Martino, Ibrahimovic o Villa. Es cuestión de tiempo y también de resultados pero, al final, Sacarino se irá y Messi seguirá aquí. Pero de esta dictadura no hablarán en TV3.

Fuente

[*Opino}– Usos de las palabras ‘cultura’ y ‘bizarro’

13-10-14

Carlos M. Padrón

Como ya dije en Más sobre la cultura,

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros: uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi. El primero es ejemplo de civilización; el segundo lo es de cultura»

Y es esto lo que recoge la acepción número 2 que, según el artículo que copio abajo, da el DRAE a la palabra cultura: «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico».

Sin embargo, y como cuenta el referido artículo, hoy cultura se usa para todo, incluso para algo que es lo opuesto a esa acepción 2, y creo que ese relajo viene por influencia del inglés, idioma en el que hasta la barbarie del Estado Islámico se considera como una manifestación cultural.

En cuanto a bizarro, al menos en los países hispanoamericanos que conozco siempre la han usado, y por indudable influencia del inglés bizarre, con el significado de estrafalario, raro o estrambótico.

Artículos relacionados

~~~

10 OCT 2014

Rut de Las Heras Bretín

¿Por qué ‘cultura’ es la palabra más buscada?

¿A qué nos referimos cuando usamos la palabra cultura? Esta pregunta se la han repetido 51.085 veces durante el pasado mes de septiembre los 15.085 usuarios que la han buscado en la edición digital del diccionario de la Real Academia Española (DRAE), de lo que se deduce que algunos la han buscado más de una vez.

Un resultado sorprendente, al que no se encuentra una explicación evidente. Al propio director de la 23ª edición del Diccionario de la Lengua, Pedro Álvarez de Miranda, le resulta «chocante» y no halla una respuesta. No sabe qué lleva a los usuarios a buscar tantas veces esa palabra, y confirma que los que, como él, conocen las interioridades del Diccionario no dan con el motivo.

Coincide con la académica Soledad Puértolas en que se ha podido trivializar el significado de cultura. «A veces la usamos y no significa nada. En algunos contextos, como el político, lo hacen porque queda bien», explica Puértolas, que se teme que haya quedado como una palabra comodín, recurrente, un concepto vago que se aplica a todo.

Ambos académicos coinciden en que es una palabra muy amplia, con gran peso semántico (el mismo caso que amor, que ocupa el número seis en este ranking del DRAE). Tratan de imaginar si ése puede ser el motivo de tantas consultas, que el usuario quiera cerciorarse o acotar el significado. Pero mantienen que son hipótesis muy difíciles de comprobar porque no responden a ningún hecho concreto.

También es destacable que cultura no sólo sea la palabra más buscada el pasado mes de septiembre, sino que lo es desde que en 2012 la Real Academia Española (RAE) comenzó a usar Google Analytics para examinar los resultados de sus búsquedas en Internet. Solamente ha sido desbancada de ese primer puesto en momentos puntuales, como en junio de 2014, cuando abdicar y puto ocuparon las primeras posiciones.

La primera está directamente vinculada con el anuncio y la posterior abdicación de Juan Carlos I. La mayoría de las búsquedas de puto se realizaron desde México, ya que la FIFA amenazó con sancionar a su Federación de fútbol durante la celebración del Mundial de Brasil por la connotación homófoba de este insulto, usado por los aficionados mexicanos en los partidos contra Camerún y Brasil.

Darío Villanueva, secretario de la RAE, concluye que, aunque sin saber el motivo, lo que muestran los resultados es que cultura es el término por el que los hispanohablantes sienten más curiosidad, y se plantea: «¿Qué significa cultura hoy día? Se habla de cultura de la droga, cultura del crimen, cultura de la muerte, cultura de la tapa…». Se ha ampliado el concepto.

Villanueva explica que las palabras se arraigan cuando son muy usadas, y si este uso se confirma, se crea una nueva acepción y comienzan a tener significados adicionales. Los actuales de cultura son:

  1. Cultivo.
  2. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
  3. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social…

No es un defecto que acusen a la Academia de ir por detrás de la sociedad. «Es cierto e inevitable, lo que va por delante es el uso de la lengua, en eso consiste su dinamismo», comenta Villanueva, que explica cómo las nuevas herramientas de análisis ayudan a «tomarle el pulso a la lengua».

El número de consultas que han tenido las palabras bizarro y procrastinar es fruto de esta fluctuación del uso del idioma. Bizarro ocupa el segundo lugar con 35.172 búsquedas de 21.645 usuarios. Este número indica que realmente ha sido buscada con menos frecuencia, pero por más personas, que cultura, consultada por poco más de 15.000 personas —lo que Google Analytics denomina «usuarios únicos»—.

La utilización de la palabra bizarro, como procrastinar (diferir, aplazar), responde a modas —estaban en desuso—. Entre los académicos surge la duda de si se le estará dando el uso correcto: valiente, generoso, lucido, espléndido. Álvarez de Miranda se teme que se haya recuperado por la influencia del inglés y se esté utilizando como estrafalario, raro, estrambótico, lo que responde a la traducción de la palabra inglesa bizarre.

Una observación a tener en cuenta es que todas estas palabras aparecen en el diccionario. Hay otro listado en el que figuran las que se buscan, pero no están admitidas por la RAE; éste lo encabezan los nombres Facebook y Google, el que, por cierto, da 642 millones de resultados cuando se introduce cultura como término a localizar.

A pesar de las modas, cultura es la palabra que se mantiene en la parte más alta de la lista de las más buscadas, quizá, como dice el ensayista argentino José Emilio Burucúa, «porque vemos en ella nuestra tabla de salvación».

Fuente

[*Opino}—La arrogancia de Stephen Hawking

10-10-14

Carlos M. Padrón

Al Festival Starmus, celebrado recientemente en Tenerife (Canarias), asistió Stephen Hawking quien es considerado como una de las mentes más brillantes de la actualidad.

Además de declarar que ‘No hay ningún dios. Soy ateo’, en una redundancia que podría entenderse que, como él es ateo, no hay Dios. Además, como ateo es quien no cree en Dios, que Hawking diga que es ateo y añada que Dios no existe es también una especie de contradicción, pues está afirmando la no creencia en algo que no existe, y no tiene sentido creer o no creer en algo que no existe.

Para colmo, dijo también ‘Ahora mismo no sé aún por qué existe el Universo’.

Ese aún implica que él tiene la esperanza, o tal vez la convicción, de que algún día llegará a saber por qué existe el Universo, algo que, para mí, implica una pretensión y arrogancia fuera de todo límite. Sólo pediría yo que Hawking rebasara los 100 años de edad, y que yo pudiera vivir, con buena calidad de vida, el tiempo que él tardara en averiguar por qué existe el Universo.

Este señor, que está casi totalmente paralítico y en una silla de ruedas muy especial, dice que no quiere inspirar lástima, pero me temo que transpira resentimiento contra lo que le rodea o contra quienes no aceptan lo que él predica.

[*Opino}– Falta de concordancia (¿un siete que padece?) y de coma

07-10-14

Carlos M. Padrón

El subtítulo del artículo «Lo que la adicción esconde» reza así:

«Siete de cada 10 pacientes adictos padece otro trastorno mental y la mitad de pacientes psiquiátricos abusa de alguna sustancia«.

Que me perdone la RAE pero eso de «pacientes adictos que padece» y «mitad de pacientes que abusa» carece de concordancia y, sobre todo, de lógica, pues si se habla de pacientes, en plural, el verbo que a ellos se refiere debería estar también en plural, o sea, que el subtítulo que tendría sentido sería «Siete de cada 10 pacientes adictos padecen otro trastorno mental, y la mitad de pacientes psiquiátricos abusan de alguna sustancia».

Además, a pesar de que todavía haya alguien que diga, y aplique, lo de que antes de ‘y’ no se pone coma, en este caso sí debe ponerse porque lo que sigue a esa ‘y’ no es continuación de lo que la precede. No procedería poner esa coma si la frase fuera, por ejemplo, «padecen trastorno mental y emocional», pues, en ese caso, lo que viene después de la ‘y’ sí es continuación de lo que la precede.

Otro titular de hoy es éste: «El PT vence en zona rurales y Río y sufre un desastre en São Paulo«, que debería haberse escrito así: «El PT vence en zona rurales y Río, y sufre un desastre en São Paulo«.

Artículos relacionados:

[*Opino}– Acerca de la pronunciación de ‘nobel’ cuando se refiere a Premio Nobel

06-10-14

Carlos M. Padrón

Otro enredo más de Fundéu o de la RAE.

En el artículo que copio abajo, se dice que nobel puede pronunciarse indistintamente /nobél/ (como palabra aguda) o /nóbel/ (como palabra llana).

Sin embargo, comoquiera que en España, y en casi todo el mundo hispanohablante, no se hace diferencia entre la pronunciación de la ‘b’ y la ‘v’. cuando alguien diga /nobél/ puede interpretarse que se refiere a novel, término del que el DRAE dice esto:

  • novel (Del cat. novell, nuevo). 1. adj. Que comienza a practicar un arte o una profesión, o tiene poca experiencia en ellos.

lo cual puede crear confusión.

Por tanto, y comoquiera que /nóbel/ no crea confusión alguna, en relación a Premio Nobel creo que lo prudente es usar la pronunciación /nóbel/ (como palabra llana).

~~~

06/10/2014

Premio nobel, en minúscula si designa al galardonado

Premio Nobel se escribe con iniciales mayúsculas cuando hace referencia al galardón instituido por el químico sueco Alfred Nobel, pero con minúsculas cuando alude a la persona que lo ha recibido.

Este criterio es el indicado en la Ortografía de la Lengua Española, que advierte de que los sustantivos y los adjetivos que forman parte del nombre de los premios se escriben con mayúscula inicial:

  • «Los Premios Nobel son los más prestigiosos del mundo» o
  • «La gala de los Nobel se celebrará en diciembre».

Con ese uso, la palabra Nobel es invariable en plural, como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas: 

  • «La Academia dará a conocer la próxima semana los Premios Nobel de este año».

En cambio, cuando premio y nobel designan al galardonado, se escriben con minúsculas y tienen un plural regular:

  • «José Saramago, premio nobel de literatura, murió a los 87 años» o
  • «Al congreso acudieron varios premios nobeles de medicina».

En todos los casos se trata de una palabra aguda y, por tanto, su pronunciación adecuada es /nobél/, pese a que la llana /nóbel/ está muy extendida, incluso entre personas cultas, como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Asimismo, se recuerda que la denominación de cada una de las categorías de los grandes premios internacionales se escribe con mayúscula inicial en todos sus componentes significativos, como puede verse en los ejemplos

  • «El Premio Nobel de Medicina ha recaído en Robert Edward» y
  • «El Nobel de la Paz fue para…».

Fuente

[*Opino}– Acerca de cómo escribir apodos y nombres propios

02-10-14

Carlos M. Padrón

Sinceramente, a veces no entiendo ni a Fundéu ni, lo que es peor, a la RAE.

Insisten en que los nombre propios se escriben con mayúscula inicial, pero, sin embargo, si se trata de apodos que llevan artículo, peste ha de escribirse con minúscula. Por ejemplo, dicen que el apodo de Pablo Simeone, director técnico del Atlético de Madrid, se escribe «el Cholo», y el del cantante José Luis Rodríguez, «el Puma».

Pero ocurre que a «el Cholo» no lo llaman Cholo, ni al «el Puma» lo llaman Puma, sino que ambos apodos van siempre precedidos del artículo ‘el’, por tanto, para mí ese ‘el’ forma parte del apodo y, por tanto, debería escribirse también con mayúscula inicial, o sea, El Puma y El Cholo.

Caso diferente es el de Juana «la loca», pues como nadie se refiere a ella como La Loca, sino como Juana «la loca», el apodo no funge como nombre propio.

En lo que copio abajo se insiste de nuevo en que el artículo que suele preceder al apodo se escribe en minúscula, y ponen como ejemplo «el H», apodo del jefe de un cártel mejicano. Como a ese individuo no lo llaman ‘H’, sino ‘el H’, opino que su apodo debe escribirse El H.

Y tal parece que Libertad Digital me da la razón:

Y esto es ya para confundirse más. Según Fundéu, «Se recuerda además que, cuando un artículo forma parte de un nombre propio, como en el caso de La Meca, lo apropiado es escribirlo en mayúscula (no la Meca), según señalan la Ortografía de la Lengua Española y el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Artículo relacionado:

~~~

02/10/2014

Cartel’ y ‘cártel’, grafías válidas

Tanto cartel como cártel son grafías adecuadas para referirse a una ‘organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas’ o a un ‘convenio entre empresas para eliminar la competencia’, conforme al Diccionario Académico.

Con motivo de la detención del capo Héctor Beltrán Leyva, en los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «El cartel de los Beltrán Leyva es acusado de numerosos casos de secuestro, tortura y asesinatos en el centro del país»,
  • «Detienen al capo mexicano Héctor Beltrán Leyva, heredero de un poderoso cártel familiar» o
  • «Héctor Beltrán Leyva coordinaba las operaciones del cártel desde Querétaro».

De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, tanto la acentuación aguda como la llana son adecuadas, por lo que los tres ejemplos anteriores se consideran correctos, si bien esta misma obra prefiere la forma aguda (cartel).

Sus plurales respectivos son carteles y cárteles.

Asimismo, se recuerda que los apodos no necesitan comillas, salvo que aparezcan entre el nombre de pila y el apellido, y que el artículo que suele preceder al apodo se escribe en minúscula, por lo que en un ejemplo como

  • «Detenido “El H”, líder del cartel de los Beltrán Leyva»,

lo apropiado habría sido escribir

  • «Detenido el H, líder del cartel de los Beltrán Leyva».

Fuente

[*Opino}– El atrofiante uso de algunas tecnologías

20-09-14

Carlos M. Padrón

En estos pocos días que he pasado en USA he podido comprobar cuánta razón tiene Nicholas Carr en las opiniones que describe el artículo que copio abajo.

Aunque ya he dicho que para mí los smartphones deberían llamarse complicatedphones, tengo uno que uso sólo para llamadas, mensajes de texto y WhatsApp; o sea, poco o nada de búsquedas en la Red. Por tanto, para mejor poder usarlo en USA —y especialmente para usar WhatsApp— necesito instalarle una tarjeta SIM de alguna operadora celular de ese país.

La última vez que estuve aquí, que fue en 2012, quise comprar una tarjeta SIM apenas llegar en tránsito al aeropuerto de Plastaforma, pero me dijeron que en los aeropuertos no las vendían, así que la compré en AT&T al llegar a San Francisco, mi destino final, y tuve que rellenar varios formularios en los que puse datos personales, tiempo de permanencia en el país, etc.

Pero ahora, al llegar igualmente en tránsito al mismo aeropuerto supe que en los establecimientos de cambio de moneda (Currency Exchange) venden las tarjetas SIM, así que compré una de T-Mobile que funcionó de maravilla durante las muchas horas que estuve en ese aeropuerto, pero que me ha fallado varias veces aquí en California, área en la que, según la gente de T-Mobile, tienen ellos muy buena cobertura.

Estando hoy en la sala de espera de un consultorio, en Santa Rosa (California), mi celular avisó que no tenía cobertura para internet. Extrañado, lo guardé, pero más extrañado quedé cuando a la sala de espera entró una pareja y, apenas sentarse, comenzaron a teclear en sus celulares.

Les pregunté —aunque aquí no es muy bien visto hacer eso— qué operadora usaban; él me dijo que Horizon, y ella que AT&T. En busca de un café, salí fuera de la sala de espera y, ¡oh, sorpresa!, apenas cruzar la puerta si tuve señal de T-Mobile. Para probar, entré de nuevo a la sala, y cero señal.

¿Será que esas tarjetas SIM que venden en los aeropuertos están «recortadas»? ¿O será que así es el servicio de T-Mobile?

Hablando sobre el caso supe que, a pesar del papeleo que en 2012 me hizo llenar AT&T para venderme una tarjeta SIM, ahora uno puede comprar, sin trámite legal alguno, un celular desechable, que usan mucho los delincuentes. Sinceramente, una contradicción difícil de entender, sobre todo en un país que, como éste, padece de legalitis.

Pero vayamos al grano.

Las personas con las que estos días he circulado en sus vehículos usan el celular para que una app les diga cómo llegar a cualquier lugar al que quieran ir. En un viaje usando ese recurso y hacia un lugar al que el conductor ya había ido antes, falló la cobertura celular en un tramo del camino, la indicación de la app no fue recibida por el conductor, éste tomó la ruta que no era, y nos perdimos.

«Si ya ha ido otras veces al mismo lugar —me pregunté—, ¿por qué diablos tiene que usar la bendita app para ir de nuevo?».

Para colmo, como el conductor debe estar pendiente de las instrucciones que la app le dé, no puede mantener con sus acompañantes una conversación decente, si es que no pide que todo el mundo guarde silencio. Un claro caso de aislamiento social, de camino a la atrofia y a una peligrosa dependencia.

He visto que a la app llamada Siri le preguntan hasta por el resultado de operaciones aritméticas básicas. De seguir así, pronto la gente olvidará como multiplicar usando una calculadora, al igual que ya muchos han olvidado la ortografía porque confían en lo que les digan los correctores de texto que, por cierto, suelen no estar actualizados y, por supuesto, en ciertos casos no pueden decidir qué es lo correcto. En fin, que me temo que al alzhéimer le irá cada vez mejor.

~~~

21 SEP 2014

Joseba Elola

Vivir en modo piloto automático

Delegamos cada vez más en la tecnología. Guía nuestros pasos, relaciones, trabajos. Y vamos externalizando capacidades. El ensayista Nicholas Carr alerta de los peligros de la revolución digital

En la primavera del año 1995 el transatlántico Royal Majesty encalló, inesperadamente, en un banco de arena de la isla de Nantucket. A pesar de estar equipado con el más avanzado sistema de navegación del momento, hundió el morro en esta isla situada a 48 kilómetros de Cape Cod, Massachusetts, en Estados Unidos.

Procedía de las islas Bermudas y se dirigía hacia Boston, con 1.500 pasajeros a bordo. La antena del GPS se soltó, el barco fue desviándose progresivamente de su trayectoria y ni el capitán ni la tripulación se dieron cuenta del problema. Un vigilante de guardia no avistó una importante boya junto a la que el barco debía pasar, y no informó: ¿cómo se va a equivocar la máquina?

Afortunadamente, el accidente no produjo heridos.

El prestigioso ensayista useño Nicholas Carr utiliza este episodio para ilustrar hasta qué punto hemos depositado nuestra fe en las nuevas tecnologías, que no siempre resultan infalibles. En algunos casos, pueden arrastrarnos a lugares a los que no queríamos llegar.

En su nuevo libro, Carr, de 55 años, explica que hemos caído en una excesiva automatización, proceso mediante el cual hemos externalizado parte de nuestras capacidades.

La tecnología guía nuestras búsquedas de información, nuestra participación en la conversación de las redes, nuestras compras, nuestra búsqueda de amigos, y nos descarga de labores pesadas.

Todo ello, poco a poco, nos conduce a lo que Carr denomina complacencia automatizada: confiamos en que la máquina lo resolverá todo, nos encomendamos a ella como si fuera todopoderosa, y dejamos nuestra atención a la deriva. A partir de ese momento, si surgen problemas, ya no sabemos cómo resolverlos.

La pequeña historia del Royal Majesty, de hecho, encierra toda una metáfora: hemos puesto el GPS y hemos perdido el rumbo.

Algo así es lo que nos viene a explicar el experto estadounidense: “Estamos embrujados por las tecnologías ingeniosas”, dice en conversación telefónica desde su casa en Boulder, Colorado, en las Montañas Rocosas. “Las adoptamos muy rápido porque pensamos que son cool o porque creemos que nos descargarán de trabajo; pero lleva tiempo darse cuenta de los peligros que encierran, y no nos paramos a pensar cómo estas herramientas cambian nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar en el mundo”.

Las tecnologías nos están robando talentos que sólo se desarrollan cuando se lucha duro por conseguir las cosas.

Este estudioso de las nuevas tecnologías, que en 2011 fue finalista del premio Pulitzer con su anterior obra, «Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras vidas?», estima que la complacencia automatizada está mermando nuestras capacidades. Y usa un ejemplo bien sencillo: gracias a los correctores automáticos, hemos externalizado nuestras habilidades ortográficas. Cada vez escribimos peor. Desaprendemos.

“A medida que empresas como Facebook, Google, Twitter y Apple compiten más ferozmente por hacer las cosas por nosotros, para ganarse nuestra lealtad, el software tiende a apoderarse del esfuerzo que supone conseguir cualquier cosa”.

Pregunta: ¿Qué nos están robando las nuevas tecnologías?

Respuesta: Nos están robando el desarrollo de preciosas habilidades y talentos que sólo se desarrollan cuando luchamos duro por las cosas. Cuanto más inmediata es la respuesta que nos da el software diciéndonos adónde ir o qué hacer, menos luchamos contra esos problemas, y menos aprendemos.

Nos roba también nuestro compromiso con el mundo. Pasamos más tiempo socializando a través de la pantalla, como observadores. Reduce los talentos que desarrollamos y, por tanto, la satisfacción que se siente al desarrollarlos.

El discurso tecno-escéptico de Carr puede ser rebatido desde muchos flancos. No son pocas las voces que se alzarían diciendo que esas mismas tecnologías están permitiendo expandir la capacidad de comunicación de las gentes, las posibilidades de aprender o incluso de organizarse para cambiar las cosas y comprometerse con el mundo.

El propio Carr matiza su discurso alabando las inmensas posibilidades que la Red ofrece para acceder a información y comunicarse. Pero hay costes asociados.

Mantener la atención en el nuevo escenario tecnológico, de hecho, no es cosa fácil. Los estímulos y distracciones que almacenan los teléfonos inteligentes que llevamos con nosotros, o las pantallas a las que estamos conectados nos impiden centrarnos. Nos hacen sobrevolar las cosas. Pasar de una otra, sin ton ni son, en un profundo viaje hacia la superficialidad.

Fuente

[*Opino}– USA y las propinas

19/09/2014

Carlos M. Padrón

Totalmente de acuerdo con lo que dice el artículo que copio abajo.

A pesar que desde noviembre de 1968, cuando hice mi primer viaje a USA, he visitado este país (lo de «este» es porque al momento estoy en él) muchas más veces de lo que a primera vista me parece, y hasta viví aquí todo un año, no termino de aceptar de buen grado la bendita costumbre de la propina.

Allá por los años 80, después de haber terminado mi almuerzo en un restaurante de Manhattan, dejé el pago sobre la mesa y me dispuse a salir. Antes de llegar a la puerta, me interceptó la camarera y, con acento agrio y cara de pocos amigos, me preguntó qué había hecho ella de malo.

Desconcertado por la pregunta, que no entendí, pregunté a mi vez a qué se refería, y su respuesta me dio lástima: «Usted no dejó propina, y yo vivo de eso».

Mi primera intención fue decirle que no era mi culpa que ella hubiera aceptado vivir de propinas en vez de buscar un trabajo en el que le pagaran un salario, pero luego recordé en qué país estaba, regresé a la mesa, y añadí la propina al pago que ya había dejado allí.

El caso que me ocurrió hace apenas unos días es tal vez peor, pues con mi hija y su novio asistí a un tour de vinos en un viñedo de Napa (California), y al final nos llevaron a una especie de restaurante donde uno podía comer algo y le daban a catar los diferentes vinos de ese viñedo, en la esperanza de que, al final, uno comprara al menos una botella de alguno de ellos.

Decidí comprar una de tinto —como ya he dicho aquí, para mí el vino ha de ser tinto; todos los otros me parecen adulteraciones—, y al pagar con tarjeta de crédito no añadí la propina porque pensé en darla después en efectivo.

La cara que puso el dueño del restaurante cuando vio que no añadí la propina fue como para asustarse, y la verdad es que ese gesto no me gustó porque no se trataba de un camarero que, como dijo la del almuerzo antes mencionado, vivía de eso; se trataba del dueño del local.

Para colmo, el monto de la propina no es voluntario; nada de eso. En los tiempos del caso de la camarera era 10% del total de la factura; años después era 12%; y al momento es, que yo sepa, 15%. Es una especie de ley no escrita que, en un país que padece de legalitis, se ha de cumplir aunque nadie crea ya, si es que alguna vez lo creyó, que la propina sea para recompensar un buen servicio.

~~~

19/09/2014

La dictadura de la propina

Javier Ansorena

En EE.UU. es algo tan automatizado, que a veces se olvidan de su esencia: recompensar un buen servicio.

Jimmy’s No. 43 es mi bar preferido del East Village. Es una cava oscura, con mesas apretadas y ambiente tabernario. La barra cuenta con una docena de grifos de cerveza, la especialidad de la casa, que rotan cada semana.

Si no sabes qué pedir entre los distintos tipos de lúpulos y fermentaciones, el camarero lo resuelve con una charla y la degustación de un par de variedades locales.

A un par de manzanas está el Village Pourhouse, un bar como tantos otros en este barrio: pantallas enormes con fútbol americano o béisbol, comida grasienta, tiradores con cervezas comerciales y universitarios a los gritos. La camarera no dice ni hola, abre la boca mientras mastica chicle, no presta atención a la espuma, y cuando dice el precio no mira a la cara.

Tanto ella como el camarero de Jimmy’s se llevarán su propina.

Las «tips» o la «gratuity», como aquí se llama a la propina, es algo tan incorporado a algunas transacciones comerciales, que a veces uno se olvida de su esencia: recompensar un buen servicio. Sorprende al recién llegado y al turista que la norma sea añadir dólares al precio cuando quien realiza el servicio, en muchas ocasiones, no aporta valor añadido.

¿Por qué pagar propina por servir una copa de vino? ¿O por llevarme en taxi del Flatiron a Wall Street?

La lista de ocasiones en las que se da propina no deja de crecer: al camarero, al taxista, a la peluquera, al repartidor de pizza, a la que hace las uñas, al guardarropa, a los músicos de un bar… Es el resultado de un sistema —para algunos perverso— en el que el salario de estos trabajadores, o un porcentaje importante, recae en los clientes. Sus empleadores nos endilgan esa responsabilidad.

Esta semana se ha incorporado otro grupo de trabajadores a la propina: la cadena de hoteles Marriott ha empezado a dejar un sobre en sus habitaciones con el siguiente mensaje: «Gracias por hospedarse en Marriott Hotels. Nuestro servicio de habitaciones ha disfrutado al procurarle una estancia cálida y confortable. Por favor, deje una propina si lo desea para expresar su agradecimiento por sus esfuerzos».

La palabrería se resume en un nuevo intento por traspasar al cliente el pago del salario del personal.

Acostumbrarse al sistema de propinas requiere un proceso.

  1. La primera fase es de sorpresa.
  2. La segunda, enfado, con conatos de rebelión aplacados por quienes llevan más tiempo en el país.
  3. La tercera, aceptación, a la que ayuda que el servicio en EE.UU. oscila entre lo correcto y lo excelente. Es difícil que alguien expuesto a propinas no dé un trato educado, aunque pueda ser seco o indiferente.

Sistema injusto

Pero lo peor del asunto es que, como explica un artículo de Vox, el sistema de propinas es injusto e ineficiente, para todas las partes: los trabajadores que viven de propinas tienen más posibilidades de vivir por debajo de la línea de la pobreza que los que tienen un salario regulado (son el 12,8% frente al 6,7% en EE.UU.)

  • El sistema es profundamente antidemocrático y enraizado en una tradición aristocrática
  • No sirve a su función original —recompensar un servicio— como demostró un estudio en 21 restaurantes, que concluyó que «la propina apenas está relacionada con la calidad del servicio» y no motiva al camarero a hacer un mejor trabajo;
  • La propina también es discriminatoria, ya que los datos dicen que se recompensa menos a trabajadores de minorías raciales; y
  • En muchas ocasiones crea un clima negativo entre los empleados que perjudica al negocio.

Algunos restaurantes han empezado su guerra para acabar con la práctica. Sushi Yasuda, al lado de la estación Grand Central, y Per Se, uno de los mejores restaurantes de la ciudad, son dos ejemplos en Nueva York, aunque hay casos por todo EE.UU.

Este mismo fin de semana, en la barra de algún bar, quizá me plantee la desobediencia civil a la propina.

Fuente