[*Opino}– Sobre la forma de escribir títulos de libros, de películas, etc.

28-05-2015

Carlos M. Padrón

Sigo sin aceptar que, cuando esos títulos tienen más de una palabra, se les ponga mayúscula sólo a la primera palabra, o no se les entrecomille, pues eso causa confusión al lector.

Por ejemplo, en el título mencionado al final del artículo que copio abajo, que es el de la traducción al español del título la película Minority Report, se escribe El informe de la minoría, así tal cual.

Si hubieran escrito, por ejemplo, El informe de la minoría atenta contra los derechos humanos, ¿cómo sabría el lector cuál es realmente el título de la película?

Ante esto, lo mejor es escribir

  1. El Informe de la Minoría atenta contra los derechos humanos, o, mejor,
  2. «El informe de la minoría» atenta contra los derechos humanos

Y, si se quiere complacer a los más recalcitrantes, se usarían las llamadas comillas latinas y se escribiría «El informe de la minoría» atenta contra los derechos humanos.

Usar mayúsculas o comillas es la mejor forma de evitarle dudas al lector, pues, por ejemplo, si se da el caso de que alguien escriba —que ya lo escribieron y publicaron así— «El Diccionario de la lengua española de 2014 y sus nuevas reglas es de uso obligado para escritores», ¿cómo va a saber el lector si el nombre de esa obra es ‘El Diccionario de la lengua española’, ‘El Diccionario de la lengua española de 2014’ o ‘El Diccionario de la lengua española de 2014 y sus nuevas reglas’?

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28/05/2015

Los nombres propios extranjeros no necesitan cursiva

En los medios de comunicación se les añaden en ocasiones comillas o cursivas innecesarias:

  • «El “Foreign Office” indicó que los especialistas colaborarán con las autoridades nigerianas»,
  • «Además de música en directo, habrá un homenaje a El Último de la Fila y otro a “The Beatles”» o
  • «Las aerolíneas “British Airways”, “Lufthansa” y “Swiss”, entre las mejor valoradas por los viajeros».

Aunque los nombres comunes se escriben como norma general en cursiva si no están adaptados al sistema fonológico y ortográfico del español, los nombres propios, sean de un lugar, una persona, una marca, un organismo…, ya tienen el destacado de la mayúscula y, por tanto, no es necesario añadirles ni comillas ni cursiva.

Por ello, en los ejemplos anteriores habría sido preferible

  • «El Foreign Office indicó que los especialistas colaborarán con las autoridades nigerianas»,
  • «Además de música en directo, habrá un homenaje a El Último de la Fila y otro a The Beatles» y
  • «Las aerolíneas British Airways, Lufthansa y Swiss, entre las mejor valoradas por los viajeros».

En cambio, en los títulos, bien en cursiva o bien entrecomillados, tampoco se distinguen los españoles de los extranjeros: «La película Minority Report está basada en un relato titulado El informe de la minoría».

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[*Opino}– Los hombres, las mujeres y Darwin. Entrevista con el neurobiológo Gerald Hütter

19-05-2015

Carlos M. Padrón

No soy científico ni he leído completa la teoría de Darwin.

Sin embargo, el artículo que copio abajo contiene varias afirmaciones que en este blog, y de mi cosecha —en las secciones Opino y Drogamorhe escrito varías veces, como éstas:

  1. Los hombres somos, y en varios campos, el sexo débil.
  2. Son las mujeres las que eligen pareja.
  3. Salvo que estén dedicadas a la caza de algún varón, se arreglan y emperifollan para presumir ante a otras mujeres, no para deslumbrar a los hombres.
  4. Como, además y a diferencia de los hombres, cuentan con un órgano —el clítoris— cuya única función es dar placer, y son multiorgásmicas, para el sexo pueden arreglárselas entre ellas mucho mejor que los maricones entre sí.

O sea, que hay que tenerles miedo porque, además, son marionetas del más fuerte de los instintos: el maternal. Por eso es que, en su sabiduría ancestral, muchos pueblos, algunos de origen árabe o ligados al Islam, las tienen anuladas: poder para compensar la debilidad, como establece el artículo de abajo. Y con la ablación anulan el punto 4.

También he dicho que a la Naturaleza no le importa para nada nuestra felicidad; sólo le importa la perpetuación de la especie.

En lo que sí no estoy de acuerdo es en eso de que, cuando un padre dedica tiempo a las tareas que han sido por siempre responsabilidad de la madre, como son las de cuidar a sus bebés, aprenderá a tratar mejor a las personas. Si eso fuera cierto, las mujeres que han sido madres deberían dar demostraciones de ese buen trato, peeroooo……

Artículo(s) relacionado(s):

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18/05/2015

Pilar Quijada

«Para compensar su debilidad frente a las mujeres, los hombres buscan el poder»

Así lo asegura el neurobiológo Gerald Hütter, de la Universidad de Gotinga, que de la obra de Darwin se ha hecho una lectura sólo parcial.

“Se ha adoptado la idea de que la competencia es el motor esencial en el desarrollo de todas las formas de vida. Y, dado que la competencia coincidía con la forma de pensar analítica y diseccionadora de las ciencias naturales clásicas y con las nociones de una buena parte de la población [de la Inglaterra del XIX], no hubo para los herederos de Darwin ninguna razón de peso para salir en busca de otro principio evolutivo de los sistemas vivos”.

Sin embargo, asegura, se ha desatendido la parte de la obra de este naturalista inglés que proporciona una fuerza no competitiva, una fuerza que une: el amor. Lo explica en su libro “La evolución del amor”, editado por Plataforma actual, un ensayo que da cuenta de “lo que Darwin ya sospechaba, y los darwinistas se niegan a aceptar”.

Hütter visitó Madrid invitado para dar una conferencia sobre el papel del amor en la investigación evolutiva.

—¿Qué sospechaba Darwin sobre el amor?

—Darwin tenía la intuición de que debería existir una segunda fuerza, además de la selección natural, que contrarrestara ésta y permitiera que las formas de vida se puedan encontrar y fusionar. Y escribió sobre la selección sexual y su importancia para la perpetuación de la especie. Proponía que en la mayoría de las especies eran las hembras las que elegían a su pareja, y esto no fue apreciado en un mundo gobernado por hombres, era algo inaceptable, por lo que esta idea cayó en el olvido.

—Ambas cosas siguen ocurriendo aún…

—Sí, los hombres creemos que elegimos, pero no es cierto… Y en el colegio se estudia la teoría de la evolución, y se enseña que va moldeando las especies. Pero el otro enfoque de Darwin, el de la selección sexual, se ha dejado de lado, el de la fuerza cohesión. Es un ejemplo que demuestra que el conocimiento científico lo utiliza la sociedad de manera selectiva, y lo que no encaja en los modelos imperantes simplemente se obvia. Eso no ha cambiado mucho desde entonces.

Para contextualizar, conviene recordar que, cuando recopilaba evidencias sobre su teoría de la selección natural y la evolución de las especies, Darwin observó que ciertos caracteres que aparecían en los machos de muchas especies, lejos de servirles para cazar mejor o escapar de sus depredadores, en definitiva servían para ayudarles a sobrevivir, podían hacerles más vulnerables.

Por ejemplo colores muy llamativos, apéndices o protuberancias, que resaltan su presencia, o comportamientos de exhibición o “pavoneo”, que les llevan a hacerse visibles en lugares abiertos y donde pueden convertirse en un bocado fácil. Por el contrario las hembras, más discretas en sus coloraciones y ornamentos, se limitaban a mirar el desfile “masculino”.

Darwin pensaba que estas estructuras y comportamientos no cuadraban con la “supervivencia del más apto”, sino que conferían una mayor vulnerabilidad. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que en realidad lo importante no era la supervivencia del individuo, sino la de la especie, a través de la reproducción.

Y esos elementos que no encajaban en su teoría eran los que incrementaban el éxito en la búsqueda de pareja. De ahí que pensara en la selección sexual como fuerza que contribuye al mantenimiento de las poblaciones.

—Aunque la sociedad está gobernada por los hombres, en general, usted sostiene que son el sexo débil…

—El mayor problema de los hombres es que, en efecto, son el sexo débil. Ser hombre significa tener una constitución corporal en desventaja porque, a diferencia de la mujer, les falta el segundo cromosoma X. Por eso nacen como promedio con peor constitución corporal.

—Pero son más fuertes y más corpulentos…

—Pero al nacer no, por eso los bebés prematuros mueren con más frecuencia si son niños. Y las mujeres saben que criar un niño es más difícil, porque son más delicados en los primeros años. Para compensar esa debilidad, los hombres buscan la estabilidad en el mundo exterior, y por eso buscan el poder. Y tienen en mente esta lucha por el poder.

—¿Y eso es difícil de cambiar?

—En algunos países, como Suecia, está cambiando ya. Se pueden ver muchos padres paseando a sus hijos por la calle en horario laboral, más hombres que mujeres. Porque tienen la posibilidad de obtener una baja durante el periodo de crianza y reciben parte de su salario, igual que las mujeres, durante un periodo de tiempo que oscila entre seis meses y un año. Y muchos padres son los que se acogen a esa posibilidad.

En Alemania también lo tenemos, pero no se utiliza tanto. En Suecia las empresas lo aprecian porque saben que, después de este periodo, el padre tendrá una nueva mentalidad, y habrá aprendido lo que puede exigir a los demás, y a ser tolerante con su hijo. Y en la compañía valoran que sabrá tratar mejor a las personas.

—Visto así, parece que los hombres son expertos en sacar ventajas de situaciones que desfavorecen a las mujeres, como tomar una baja por maternidad, que las lleva a perder oportunidades en su trabajo.

—Es porque nuestra sociedad sigue funcionando con los antiguos modelos, a diferencia de la sociedad escandinava, que ya ha aprendido que hacen falta otros tipos de relaciones para tener éxito.

Hoy en día, la vida en las empresas y en la Universidad es tan compleja que todo el mundo tiene que sentirse muy motivado para asumir responsabilidades. Para tener éxito hoy en día no se puede actuar sobre ese antiguo modelo, y la sociedad escandinava lo ha entendido antes que los demás. Las compañías con más éxito animan a los trabajadores a tener ese tipo de iniciativas.

—Habrá que cambiarse país….

—Sí, tarda en llegar, sobre todo en los que han funcionado con una estructura piramidal muy fuerte, y España es un ejemplo de ello.

—Volviendo al amor, que es el tema de su libro, ¿es una invención humana para definir esa selección sexual que planteaba Darwin?

—Las ideas que tenemos sobre el amor sí son muy humanas, lo llamamos amor pero en realidad nos referimos a un estado: el enamoramiento. Pero esta fase no tiene nada que ver con el amor.

—Entonces, ¿cómo lo definiría?

—El amor es el principio que permite desarrollarse a las distintas especies en coevolución. Para los humanos, el amor es un estado mental. Primero tenemos que sentirnos felices con nosotros mismos, y no deberíamos tratarnos como objetos cuando nos autoevaluamos; nos tenemos que querer. Y si uno tiene una buena relación consigo mismo tendrá la mente suficientemente abierta para ofrecer a otras persona ese tipo de relación amorosa, que se caracteriza porque dos personas tratan de animarse e inspirarse mutuamente para desarrollar todo su talento y su potencial de forma individual y en pareja.

Hay otras expresiones para el amor. La más científica es que el amor se produce si dos personas dejan de tratarse como objetos y se tratan como sujetos. Y en la educación de los niños el amor aparece si los padres ejercen el liderazgo, se sienten responsables y les ayudan a abrirse al mundo, sin marcarles el camino que, como padres, tienen en mente para sus hijos.

—Esa definición tan amplia de amor, ¿tiene cabida en nuestra sociedad?

—Se está perdiendo, porque nuestra sociedad estaba basada sobre pensamientos económicos, y el principio básico de la economía es la competencia. Por eso he escrito este libro. Estamos en un punto de transición y nos vamos dando cuenta de que, empujados por la competitividad, no podemos seguir mejorando lo que hemos construido. La competencia no nos permitirá llegar a muchas innovaciones, sólo iremos mejorando algo lo que ya existía.

—¿Y entonces?

—En la sociedad actual necesitamos inventar otro modo de vida, algo nuevo. Y eso es lo que sienten los jóvenes, que están cada vez más hartos de este egocentrismo y entorno competitivo en el que vivimos hoy en día, regidos por la economía. Intentan encontrar nuevas formas de estar en contacto con las nuevas tecnologías; en definitiva, intentan crear otro mundo.

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[*Opino}– El enredo con la tilde en Dubái

07-05-15

Carlos M. Padrón

A mí que me den una razón más válida que la dada en el artículo que copio abajo.

Eso de que «Dubái se tilda por la misma razón que se tildan Panamá, Cereté, Itagüí, Chocó, Barú…» no me convence, pues todas éstas son palabras agudas, pero Dubai no lo es. Lo sería si se escribiera Dubaí, pero al sacarle la tilde en la <i> debe pronunciarse Dubai que es la pronunciación correcta. Entonces, ¿para qué hace falta la tilde?

Esta para mí rara regla, y complicada para quienes quieran escribir correctamente, viene a explicarme por qué le ponen acento al nombre del estadio oficial del Real Madrid: Bernabéu. En este caso, aunque se prescinda de la tilde y se escriba Bernabeu, se pronunciaría igual.

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27 may. 2014

¿Dubái se tilda por la misma razón que se tildan Panamá, Cereté, Itagüí, Chocó, Barú, que son palabras agudas (acento en la última sílaba) terminadas en vocal?

El asunto no es tan claro en Dubái, porque la vocal que lleva el acento, la a, no es la última vocal de la palabra, aunque sí pertenece a la última sílaba. Alguien pensará que se trata de una voz grave, Du-bá-i; es decir, con el acento en la antepenúltima sílaba, caso en el cual no llevaría tilde, se escribiría Dubai. Sin embargo, se trata de un bisílabo, Du-bái, cuya última sílaba es un diptongo, formado por una vocal abierta predominante, la a, y una cerrada, la i. En consecuencia, es vocablo agudo terminado en vocal, y debe llevar tilde, Dubái.

En aplicación de la misma norma se tildan, entonces, dalái, bonsái, samurái, Inpáhu, Fundéu, Paláu, Hawái, que son agudas terminadas en vocal, como también debe hacerse con voces como Baréin, aguda, terminada en n, y Matéus, aguda terminada en s. La norma que exige marcar la tilde se aplica a las agudas terminadas en vocal (excepto i griega) y n o s precedidas de vocal.

Por eso, nombres como Uruguay, Camagüey, Sibundoy, Cocuy, que son agudos terminados en vocal, ya que la letra i griega (y) cumple función de vocal en ellos, no se tildan. Y nombres como Isaacs, Orleans, estands, agudos terminados en s, tampoco, porque la norma cobija las agudas terminadas en -as, -es, -is, -os, -us, como Caifás, Andrés, Asís, yoyós, Jesús, y no simplemente en s.

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[*Opino}– La Inquisicón y las redes sociales

06-05-15

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ratifica —aún más, si cabe— mi decisión, tomada hace años, de no participar en ninguna red social.

Para mí, Facebook es un centro de chismorreo, ostentación y hasta narcisismo. Y, por lo que leo abajo, Twitter tampoco se presta a nada muy bueno.

Por otra parte, de no ser jóvenes que no tienen mejor cosas que hacer, ¿qué puede uno opinar de adultos que dedican tiempo a ese «deporte»?

Según el contenido del artículo que sigue, ¿qué esperaba ganar la chica del primer ejemplo cuando contó que había ido a la biblioteca? ¿qué esperaba David Bisbal cuando dio su opinión sobre las pirámides? ¿qué esperaba la que contó que iba a África, mencionó el sida y dijo que era blanca? ¿No son éstos ejemplos de una exposición innecesaria, de creerse tan importante (¿narcisismo?) como para pensar que al mundo le interesa la vida de uno o la opinión que nadie le ha pedido?

Para colmo, con ese censurable proceder sólo se consigue, como muy bien dice el artículo, «dejar a Google cientos de miles de dólares de beneficio» porque «cada vez que se enciende la pira de los ‘Inquisidores 2.0’, hay en Silicon Valley una cuenta de beneficios creciendo al calor de las llamas.

En modo alguno defiendo el ciberlinchamiento, pero me temo que las víctimas de él —al menos las mencionadas abajo— se lo buscaron al usar las redes sociales para informar sobre algo banal, o dar opiniones que nadie le había pedido, pero que, repito, quien las dio pensó que, como eran suyas —y, por tanto, muy importantes (¿narcisismo?— interesarían al mundo.

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27 ABR 2015

Javier Salas 

El 19 de agosto de 2014, una joven periodista y escritora se decidió a publicar en Twitter sus impresiones sobre el machismo vigente en la sociedad española.

Y empezó a enumerar situaciones de su «día a día» que le parecían sexistas. Arrancó: «He ido a la biblioteca a estudiar como todas las mañanas y el chico de enfrente me ha dicho que si quería tomar un café».

La shitstorm («tormenta de mierda», como la denominan los expertos) que provocó es de las más agobiantes que se recuerdan. «Eres demasiado fea para invitarte a café», «Menos biblioteca y más médicos para tratar tu retraso», «Tranquila, a ti nadie te va a violar», «Invitarte a un café no lo sé, pero tirarte cacahuetes seguro», «¿Cómo se conocieron tus padres? La única hipótesis que barajo es que sean hermanos»…

Son sólo algunos de los ejemplos menos ofensivos de entre las barbaridades que le dijeron durante los siguientes días: millares de tuits, algunos con imágenes desagradables y de sexo explícito. Ella borró su publicación pasados unos días, pero en su lugar seguiría circulando el pantallazo de sus palabras, para poder mantener la orgía de chascarrillos aunque ella no quisiera permanecer en el ojo de ese huracán.

Al margen de si su percepción era exagerada o no, se desató una violencia verbal contra esta joven que todavía no se ha diluido. Ella ya no quiere ni hablar del tema. Aquel tuit significó convertirse en el pimpampum de los más cutres y pertinaces machistas de la Red; días, semanas y meses de chistes sexistas.

No es casual que estos linchamientos tengan un sesgo claramente machista: aunque las mujeres representaban el 53% de los usuarios de Twitter a comienzos de 2013, estudios posteriores muestran un declive de esa proporción en favor de los hombres, quizá porque el ecosistema de internet sigue rezumando demasiada testosterona.

El 72,5% de los casos de ciberacoso los sufren mujeres, según la organización Trabajando para Detener el Abuso Online (WHOA, por sus siglas en inglés). Las periodistas reciben el triple de mensajes abusivos que sus colegas hombres, según Demos, y hasta la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se mostró «alarmada» en febrero por el creciente número de amenazas hacia mujeres periodistas en entornos digitales.

Como explicaba recientemente un artículo en el Washington Post, son muchas las voces feministas que están dando un paso atrás en internet para huir del clima irrespirable. La mayor shitstorm de la historia probablemente sea el Gamergate, que estalló también en agosto pasado, en el que los hombres de la comunidad de videojuegos cargaron salvajemente contra las mujeres que criticaban el sexismo del sector.

Cuando Twitter empezó a tener éxito en España, comenzaron a darse razias en las que el traspiés de un famoso congregaba a una multitud que se abalanzaba sobre él y, tras disfrutar de un rato de vapuleo entre chanzas, insultos y hashtags, la manada se disolvía tan fugazmente como había caído sobre la presa.

Un caso de libro fue cuando David Bisbal escribió durante la Primavera Árabe: «Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta». El cachondeo que desató todavía resuena en los confines de la galaxia internetera.

Esos mismos días, unos tuits parodiando el antisemitismo dejarían al director de cine Nacho Vigalondo sin su blog en este periódico. Los medios empezaron a colocar entre las noticias más vistas estos tropezones que incendiaban las redes sociales, generando un ciclo de retroalimentación con los usuarios.

Pero, de un tiempo a esta parte, el fenómeno se está haciendo cada vez más indiscriminado: no importa que seas un político, un personaje popular o un don nadie. No estamos dispuestos a tolerar un desliz; ni siquiera se tolera el arrepentimiento. Hacemos un pantallazo de todo para que no puedas esconder tu error borrándolo, aunque este gesto equivalga a reconocer de forma bastante explícita la equivocación.

Es algo que está pasando en todo el mundo, y quizá el ejemplo más paradigmático sea el que sufrió Justine Sacco. Su vida descarriló para siempre por culpa de un tuit estúpido, un mal chiste fuera de lugar que provocó una de las mayores escenas de linchamiento digital que se recuerdan. En apenas unas horas, esta joven de relaciones públicas con una exitosa carrera en Nueva York, pasó del más apacible de los anonimatos al estrés postraumático, a noches de pesadillas y porqués.

Sólo fueron 65 caracteres, no hizo falta usar los 140 que permite Twitter. Sacco publicó estas palabras justo antes de embarcar hacia Sudáfrica para pasar la Navidad junto a su familia: «De camino a África. Espero no coger el sida. Es broma. ¡Si soy blanca!». Era el último tuit de una ristra de chascarrillos malos y poco correctos. Durante media hora, hasta que apagó su celular dentro del avión, estuvo refrescando su pantalla, pero nadie hizo ni caso.

Tampoco le extrañó que su tuit pasara tan desapercibido como los anteriores; sólo tenía 170 seguidores, garantía de escaso impacto. Por lo general, un tuit que no ha recibido ninguna interacción en ese tiempo, caerá en el pozo del olvido para siempre.

No fue así. Nada más aterrizar, al encender el celular tenía un mensaje de alguien a quien no veía desde el colegio: «Siento muchísimo ver lo que está pasando». El tuit no sólo no había pasado desapercibido sino que se convirtió en la diana de cientos de miles de mensajes indignados por el racismo que destilaba.

El asunto fue el más comentado en esta red social durante horas, y su autora fue de inmediato juzgada, condenada y sentenciada mientras dormía una siesta a 10.000 metros de altura: Sacco era una «pija blanca racista que se burlaba del sufrimiento en África». Numerosos tuits pedían su muerte, le deseaban violaciones que le contagiaran el sida, y exigían que su empresa la despidiera.

Este último objetivo se cumplió de inmediato, después de que todas las cabeceras informativas contaran cómo las redes sociales habían descubierto el racismo de la relaciones públicas de una importante compañía editorial.

Todo esto pasó durante las 11 horas del vuelo de Sacco, sin que la joven pudiera explicarse o disculparse, borrar su tuit o eliminar sus perfiles de otras redes sociales que fueron convenientemente destripados por la jauría. Nadie se puso de su parte, nadie publicó que quizá se estaba exagerando.

El fenómeno fue tal que incluso hubo quien se acercó al aeropuerto de Ciudad del Cabo para fotografiar el momento en que Sacco llegaba, para informar al mundo.

«Y entonces mi teléfono empezó a explotar», recuerda la propia Sacco en el libro que el periodista Jon Ronson acaba de publicar («So you’ve been publicly shamed, Pilcador») y que es el resultado de tres años dedicados a descubrir lo que queda de las personas que, como Sacco, han pasado por este terrible proceso de deshonra y vejación, una especie de lapidación en la plaza pública global que deja cicatrices en forma de resultados en Google. 

Sacco le explica a Ronson que su tuit sólo pretendía parodiar esa mentalidad tan de estadounidense blanco que cree vivir en una burbuja que le protege. Pero ya da igual. Una vez la jauría digital se desata es imposible frenarla y la sentencia te acompaña para siempre: cada vez que alguien te busque en internet, tu imagen devolverá ese retrato deforme y monstruoso creado con retales de titulares sensacionalistas, frases sacadas de contexto y fotos de tu pasado rescatadas para humillarte.

«Justine Sacco es la primera persona que entrevistaba que había sido destruida por nosotros», escribe Ronson. También se puso en contacto con Lindsey Stone, una joven que compartía con una compañera una afición bobalicona: fotografiarse desafiando carteles. Fumando delante de carteles de «Prohibido fumar», por ejemplo.

Hasta que en un viaje de trabajo fueron a visitar al célebre cementerio de Arlington, en Washington DC, en el que descansan los caídos por EEUU. Allí, junto a un cartel que pedía «Silencio y Respeto», Stone se fotografió haciendo una peineta con el dedo y fingiendo gritar. Y su amiga la subió a su muro de Facebook.

Un amigo veterano de guerra les dijo que la foto era desagradable, pero Lindsey le explicó que se trataba de un chiste habitual y que no pretendía ser ofensiva. La foto cayó en el olvido hasta que, cuatro semanas después, comenzó a recorrer foros y redes a lomos de la indignación de los más patriotas.

De nuevo, amenazas de muerte y de violación, a las que se sumaron los insultos vejatorios por su sobrepeso. Y de nuevo, un deseo cumplido de inmediato: que la joven perdiera su trabajo. El buzón de Life, la ONG para cuidar adultos con discapacidad intelectual en la que trabajaba Lindsey Stone, se inundó de rabia contra su empleada.

«Literalmente, de la noche a la mañana perdí todo lo que conocía y amaba», explicaba tiempo después la joven, que pasó un año sin salir de casa, sumida en una depresión, con noches truncadas por pesadillas. La turba nace en las redes pero puede convertirse en algo muy real.

En mayo del año pasado, una tragedia sacudió Colombia cuando 33 niños murieron abrasados en un accidente de autobús. Antes de entrar en clase en su facultad, Jorge Alejandro Pérez Monroy comenzó a tuitear chistes muy desagradables sobre la desgracia. Cuando salió de clase, una multitud pedía su cabeza frente a su aulario, dispuesta a lincharle. Sólo pudo salir de allí después de que los antidisturbios cargaran contra la muchedumbre y vistiendo como uno de ellos. Tuvo que cambiar de celular, de facultad, de carrera y hasta de nombre.

«En estos casos se activa un componente de supuesta justicia, en el que los linchadores se agarran con rabia a algún elemento moral que lo justifique», explica el sociólogo Javier de Rivera, especialista en redes sociales, coincidiendo con las conclusiones que el propio Ronson alcanza en su relato. Los justicieros de la Red creen estar haciendo el bien, poniendo las cosas en su sitio, y la única forma de hacerlo es mediante esa humillación pública.

Ronson recuerda que en 1787 se inició un movimiento cívico en EEUU para acabar con el castigo de la deshonra pública, considerado más cruel que los castigos físicos, más ajustados y que debían infligirse en privado. De Rivera considera que se reproducen las normas de agresión básicas de la antropología: deshumanizar y justificar.

En Twitter, con sus 140 caracteres y sus pequeñas fotos de perfil, es fácil ignorar la empatía si no queremos estropear el espectáculo, porque en todos estos casos, fueron pocos los aguafiestas que se atrevieron a decir: «Nos estamos pasando».

Funciona el linchamiento como espectáculo, como lo fue siempre. Pero, además, se suman otras dinámicas digitales: «Quizás lo diferente sea que en redes sociales debemos de ser conscientes de que lo que hagamos puede acabar siendo criticado en cualquier parte del mundo y por mucha gente. Mucha más de la que nos esperamos. Por eso el linchamiento digital tiene una dimensión, alcance y velocidad que no esperamos», explica Esteban

Moro, experto en redes sociales de la Universidad Carlos III.

En cualquier caso, el ecosistema digital español parece menos propicio para una terrible tormenta perfecta contra un usuario porque está tan polarizado que cualquier tuit ofensivo para muchos es rápidamente defendible por otros tantos. Para los que se enzarzan más habitualmente en estas riñas las reglas de la turba y sus peligros son bien conocidos, al contrario de lo que ocurrió con las incautas de los casos anteriores. Todos los tuiteros peleones son bastante conscientes de lo que hacen cuando retuitean barbaridades de otros y cuando desean que quede constancia en Google de su error, para perjudicar tanto ahora como en el futuro.

Quizá todo este clima de acecho haya provocado la aparición de una espiral de silencio en las redes sociales, como mostraba un reciente estudio de Pew Research: los internautas temen abordar determinados temas o posturas porque saben que pueden generar una respuesta negativa en su contra. Y ya no es sólo una mala contestación de un amigo o conocido, pueden ser miles de personas desde cualquier punto del globo quienes te afeen una opinión.

El problema es tan grave que, incluso el propio jefe de Twitter, Dick Costolo, reconoció abiertamente en un informe interno filtrado a la prensa: «No es ningún secreto, y todo el mundo habla de ello: perdemos usuario tras usuario por no afrontar el tema de los acosadores. Apestamos en nuestra forma de afrontar los abusos, y hemos apestado durante años».

En marzo, la plataforma incluyó nuevas opciones para que los usuarios puedan denunciar con más facilidad los abusos. Sin embargo, como señala una de las víctimas del Gamergate: «Tal y como está actualmente diseñado, Twitter gana durante las campañas de acoso y nosotras perdemos».

¿Y después? Los buscadores se convierten en una cicatriz monstruosa en el currículum de las víctimas de los linchamientos digitales. Sacco y Stone generan cientos de miles de resultados en Google (la primera fue objeto de 1,2 millones de googleos en aquellos días). Personas corrientes se ven obligadas a hacer un máster apresurado de gestión de crisis y de defensa de su imagen pública.

«En el momento, lo mejor es no hacer nada. Cualquier intento va a ser visto con malos ojos, como un acto de censura, y va a generar más problemas», explica el abogado Samuel Parra, de un despacho especializado en solucionar estos problemas. Estas personas anónimas deben asistir silentes a su descuartizamiento público y, después de semanas o meses, tratar de recomponer discretamente los pedazos.

Aquí, como en el caso de los políticos corruptos, no aplica el tan de moda «derecho al olvido», torpedeado por Google y que en realidad sólo se concede en contadísimos hechos, poco noticiosos y que ocurrieron hace décadas.

La única forma de rescatar tu imagen de las arenas movedizas de Google es tratar de cambiar personalmente los resultados, un «derecho al olvido» de pago para los que se lo puedan permitir: recurrir a especialistas que eviten que lo más horrible aparezca entre las primeras respuestas del buscador.

Parra, por ejemplo, consiguió años después que todas las webs que publicaron un topless de Interviú lo borraran de sus servidores, logrando que desapareciera del buscador. «Somos dueños de nuestra imagen, nadie puede hacer circular una foto nuestra sin nuestro consentimiento», explica. A veces, la mejor estrategia es crear contenido para empujar hacia abajo los malos resultados —el 90% no mira más que los primeros enlaces que devuelve Google—, como hacen en Eliminalia: «La gente puede llegar a traumatizarse por el miedo a que su imagen online les impida encontrar trabajo», explica su presidente, Didac Sánchez.

Esta empresa, según Sánchez, ha ayudado a un hombre que fue acosado tras declararse antiaborto en redes sociales, y a un joven perseguido después de subir a YouTube un vídeo de denuncia de brutalidad policial en Cataluña.

No obstante, Parra no ve que seamos más conscientes de este peligro: «La gente se preocupa únicamente cuando llega la catástrofe, no hay prevención». Los internautas deberían aprender a manejarse con cuidado, a conocer las opciones de privacidad de cada plataforma, pero ¿es una responsabilidad exclusiva de los usuarios? Twitter reconoce que «apesta» a la hora de hacer frente a los acosos. En el caso de Lindsey Stone, la joven admite que no sabía cómo estaban configuradas sus opciones de Facebook: la foto era pública, porque así lo había dispuesto por defecto la plataforma, pero ni ella ni su amiga eran conscientes.

«He pensado mucho en eso estos meses. Facebook funciona mejor y gana más dinero cuando todo el mundo comparte», dice en el libro de Ronson, que calculó que las búsquedas relacionadas con Justine Sacco proporcionaron a Google cientos de miles de dólares de beneficio. Todos sumamos nuestro granito de arena en cada humillación pública, pero sin duda hay una responsabilidad compartida por estas empresas que son el ruedo en el que se suceden estos linchamientos. Cada vez que se enciende la pira de los inquisidores 2.0, hay una cuenta de beneficios creciendo al calor de las llamas en Silicon Valley.

Monica Lewinsky lo resume perfectamente, ahora que acaba de romper un largo silencio que ha durado 17 años, en los que estuvo luchando por recuperar las riendas de su vida, tras cometer un error de juventud: enamorarse de la persona equivocada, tener una aventura con el presidente Bill Clinton mientras era becaria en la Casa Blanca.

El 19 de marzo realizó una charla conmovedora y combativa en la que relató el infierno que casi la empujó a quitarse la vida mientras los demás bromeábamos con vestidos manchados. Para ella, el horror se desató antes de la era de las redes sociales, pero gracias a foros e emails fue víctima del ciberbulllying antes incluso de que el concepto se hubiera inventado.

Lewinsky habla porque quiere luchar contra esta «cultura de la humillación» que se ha instalado en la sociedad. «La humillación pública es una mercancía, y el oprobio una actividad económica. ¿Cómo se hace el dinero? Clics: a mayor humillación, más clics. Cuantos más clics, más ingresos por publicidad. Estamos en un ciclo alarmante (…) y alguien está ganando dinero con el sufrimiento de otras personas». Para que la «humillación como deporte» desaparezca, Lewinsky —licenciada en psicología social por la London School of Economics— propone compasión y empatía, ponerse en el lugar de la persona que recibe tuits y titulares.

«Hay que fomentar el aprendizaje digital, integrar su manejo en nuestros valores, para generar otras dinámicas menos destructivas», sugiere el sociólogo De Rivera. Los usuarios de las redes sociales deben ser conscientes de que detrás de cada perfil hay una persona que, por muy grave que sea su error, puede sufrir las consecuencias mucho más allá del entorno digital y mucho más allá del aquí y ahora.

Una demostración ejemplar de empatía la realizó la historiadora británica Mary Beard, acosada online por sus charlas feministas. Al principio, sometía a sus acosadores a la ignominia para darles una lección, aprovechando sus muchos seguidores en las redes. Pero más tarde comprendió que esto les podría perjudicar personalmente, y comenzó a entablar conversaciones privadas con ellos e incluso a escribirles cartas de recomendación.

«Aunque era muy tonto, imprudente y en ese momento no muy agradable, no creo que un tuit deba arruinar sus perspectivas de empleo», explicaba Beard sobre su acosador. Una verdadera lección vital.

Después de hablar con una docena de personas que pasaron por este tormento, el periodista Jon Ronson compara su impresiones, después de haber mirado a los ojos de los linchados, con las que le llevaron a hacerse vegetariano: «Echaba de menos los filetes, pero no podía olvidar el matadero».

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[*Opino}– El ‘phablet’ se come a la tableta

05-05-15

Carlos M. Padrón

Esto ni me extraña ni me disgusta. Y hasta celebro que Steve Jobs se haya equivocado.

Como ya he dicho muchas veces, soy alérgico a las miniaturas, por lo que mi celular —un clone del Samsung Note— tiene una pantalla de 5.5 pulgadas que no sólo me permite ver mejor iconos y textos, sino también escribir un poco mejor —pero nunca realmente bien— en esos ridículos y odiosos teclados que tienen los celulares.

Llevar siempre conmigo una tableta es algo realmente engorroso, pero llevar un «phablet» que tenga una pantalla de hasta, por ejemplo, 7 pulgadas, no sólo lo veo factible sino conveniente, en especial si con él puede hacerse lo mismo que con una tableta.

Además, para mantener mi celular bien alejado de la zona púbica y evitar un nuevo episodio de horribles vibraciones, lo llevo colgado al cuello, como se dice que los perros San Bernardo llevan el barrilito de brandy, y poco me importa que tenga esas dimensiones; con sólo una bolsa mayor resuelvo el problema.http://padronel.net/2010/07/22/misc-salud-alerta-personal-y-seria-sobre-la-modalidad-de-vibracin-de-los-celulares/

Sin embargo, a la hora de escribir, nada es comparable a un teclado de PC de escritorio, de ésos que tienen 43 cm de largo y con los que uno puede usar las dos manos. Curiosamente, los mejores de esos teclados siguen siendo los que salieron con las primeras PCs de IBM.

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05/05/2015

J. M. Sánchez

Pareciera que un celular de grandes dimensiones (por encima de las 5.5 pulgadas) iba a ser un armatoste innecesario y cuyo manejo, engorroso para algunos usuarios, iba a fracasar estrepitosamente.

Según las previsiones de gurús tecnológicos y otros expertos en la materia, como el insigne Steve Jobs, los teléfonos que superaran las 4 pulgadas estaban condenados al desastre. Craso error.

El formato ««phablet»» ha llegado para quedarse, y lo ha hecho rompiendo récords de ventas. Su crecimiento ha sido muy superior de lo estimado previamente, y ha dibujado un panorama en el que la tableta, con el iPad como principal exponente, va perdiendo interés.

Si en enero del pasado año, los ««phablet»s» representaban únicamente el 6% de los dispositivos utilizados, bien entrados en el presente año su uso se ha triplicado, según la firma de análisis de datos móviles Flurry, propiedad de Yahoo.

«Parece que los consumidores de todo el mundo han sido seducidos por la pantalla de gran tamaño. De hecho, en algunos de los primeros mercados, como Taiwán y Hong Kong, el porcentaje de usuarios activos en «phablet»s es del 50%. Seis meses después del lanzamiento del iPhone 6 Plus, los «phablets» son ahora el segundo dispositivo más utilizado, después de los teléfonos medianos (como el iPhone 6)», asegura Jarah Euston, vicepresidente de la firma de análisis.

Los datos del informe destacan que un tercio de los «phablet»s activados fueron sobre el sistema operativo Android, el de mayor penetración del mundo actualmente. De esta manera, y pese a la irrupción de Apple el pasado año con el iPhone 6 Plus, que supuso un cambio de rumbo dentro de una compañía que en temporadas anteriores había estigmatizado este formato, Android continúa como el rey de esta categoría, a caballo entre el celular y la tableta tradicional.

Estos datos refrendan los ofrecidos por otras firmas de análisis, como DisplaySearch, que desde el pasado año ha observado cómo la categoría del ««phablet»» está robándole terreno a las tabletas, otrora tecnología llamada a sustituir a las laptops (computadoras portátiles tradicionales) y que, a efectos prácticos, no ha sido así.

También la situación obligó a la firma de análisis International Data Corporation (IDC) a replantearse las previsiones para vaticinar que para 2019 la mitad de los dispositivos celulares vendidos serán «phablets».

Y es que el mercado de las tabletas se ha contraído por segundo trimestre consecutivo. Los envíos generales de las tabletas y dispositivos llamados «2-en-1» se redujo a 47.1 millones en el primer trimestre del 2015, lo que representa un descenso del 5,9% respecto al mismo trimestre del año anterior, según los datos preliminares de IDC.

«La desaceleración del mercado de que fuimos testigos en el último trimestre continúa para impactar en el segmento de la tableta, pero vemos algunas áreas de crecimiento que están empezando a materializarse», asegura Jean Philippe Bouchard, analista.

Con todo, y pese a registrar un retroceso, Apple sigue dominando la categoría de ventas de la tableta con el iPad como principal exponente. Cinco trimestres consecutivos de bajada han activado las alarmas. La compañía useña vendió 12.6 millones de unidades en el primer trimestre (cuota de mercado de 26.8%) pero este dato supuso una reducción del 22.9% en comparación al mismo periodo de 2014.

Los datos de Apple contrastan con un nuevo récord gracias a los iPhone 6 y iPhone 6 Plus, que han vendido 61.7 millones de unidades en todo el mundo.

Por su parte, Samsung (19.1% de cuota) mantuvo su segundo lugar en el mercado a pesar de una disminución de 16.5% en los envíos con respecto al mismo período del año pasado. Sin embargo, su ingenio con la gama Note le ha salido bien. Con todo, Lenovo (5.3% de cuota) es el tercero en discordia, seguido de Asus (3.8%) y LG (3.1%).

Entre las principales razones que esgrimen los analistas para justificar la reducción de las tabletas se encuentra la escasa renovación de estos productos. La falta de una gran evolución de los mismos (pese a ligeras mejoras en cada temporada) unido al uso que realizan los usuarios (navegar por internet, consumir contenidos audiovisuales) ha provocado que su crecimiento se ralentice.

Además, muchos de los consumidores siguen optando por los PC de escritorio y laptops para el entorno laboral. Ahí es donde algunas marcas están haciendo énfasis, y ya surgen aplicaciones y dispositivos pensados para la productividad.

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[*ElPaso}– El Museo de la Seda, reducto de una cultura milenaria única en Europa

04/04/2015

El Museo de la Seda, de El Paso, es reducto de una cultura milenaria que tiene sus orígenes en China.

Las artesanas que integran Las Hilanderas, empresa que gestiona en la actualidad este espacio museístico, único en Europa, muestran al visitante el proceso de elaboración de un tejido que se confecciona siguiendo las mismas técnicas que en el siglo XVI.

La web http://www.palmerosenelmundo.com, que administra Fernando Rodríguez, ha elaborado un reportaje sobre estas singulares instalaciones que comparte con los lectores de LA PALMA AHORA.

Las artesanas del Museo de la Seda hacen funciones de guía, y también muestran al público en vivo el laborioso proceso que hay que seguir para elaborar esta preciada tela. Esta actividad ancestral ha sido incorporada recientemente por el Gobierno regional al catálogo del Patrimonio Histórico de Canarias como Bien de Interés Cultural (BIC).

El Museo de la Seda mantiene vivo este relevante valor patrimonial, que se ha convertido, además, en un importante reclamo turístico. Las instalaciones abren sus puertas de lunes a viernes, en horario de 10.00 a 14.00 horas, y los fines de semana y festivos atienden visitas concertadas de grupos de turistas.

En las salas de este espacio se pueden contemplar diferentes piezas confeccionadas con seda, y hasta dos pares de estilizados zapatos donados por el palmero Manolo Blahnik, el zapatero más famoso del mundo, que dan aún más prestancia al museo.

El número de artesanos dedicados a la elaboración de la seda es cada día menor por la ausencia de relevo generacional, y en la actualidad esta cifra se reduce a menos de 15 personas. La sericicultura, en épocas pretéritas, dio trabajo a muchos palmeros, especialmente de la zona Este, donde esta labor tenía un mayor arraigo.

El Museo de la Seda de El Paso, que se recomienda visitar con tranquilidad, custodia una cultura milenaria que, en Europa, sólo pervive en La Palma.

Estas instalaciones merecen todo el respaldo institucional para evitar que muera un legado en el que muchos palmeros han puesto alma y sentimiento.

Mantener este espacio supone una muestra de respeto a los artesanos que, con denodado esfuerzo e infinita paciencia, han logrado mantener hasta el siglo XXI una actividad ancestral.

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Cortesía de Roberto González Rodríguez

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[*Opino}– Palabras agudas que deberían llevar tilde, pero que es ‘incorrecto’ ponérselo

17-03-2015

Carlos M. Padrón

Ahora resulta que hay que ser adivino para saber pronunciar con el acento adecuado palabras que en español deberían acentuarse pero que, por una norma muy difícil de tragar, está prohibido ponérselo. La norma es: «porque se trata de una marca que no se adapta al español».

Además, ¿qué significa que no se adapta? Entiendo que algo sea difícil de pronunciar en español, como Shakespeare, pero petrobras podría ser muy bien una palabra española.

¿Cómo puede saber el ciudadano de a pie que Petrobras es la grafía correcta pero que, aunque no tiene tilde en la ‘a’, debe pronunciarse Petrobrás?

Una prioridad del idioma escrito es evitarle al lector dudas o confusiones, y en este caso se las crea. Además, ¿a quién haría daño esa tilde?

Todavía recuerdo cuando hace muchos años se decía que los nombres y apellidos de personas no llevaban tilde.

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17/03/2015

Petrobras se escribe sin tilde

El nombre de la empresa estatal brasileña de petróleo es Petrobras, sin tilde, pues se trata de una marca que no se adapta al español.

En los medios de comunicación, sin embargo, aparece ocasionalmente escrito Petrobrás, como en

«Un policía monta guardia frente a la sede de Petrobrás»,

«La Fiscalía General de Brasil investigará a 34 legisladores por el escándalo de Petrobrás».

La propia empresa escribió antiguamente Petrobrás, pero a principios de los años 90 decidió suprimirle el acento gráfico, por lo que actualmente es preferible la forma Petrobras, aunque su pronunciación sigue siendo aguda.

Además, al ser una marca de procedencia extranjera no se hispaniza, sino que se respeta su grafía original.

Por todo ello, en los ejemplos anteriores habría sido mejor 

«Un policía monta guardia frente a la sede de Petrobras»,

«La Fiscalía General de Brasil investigará a 34 legisladores por el escándalo de Petrobras».

[*Opino}– Dicen que la cerveza es muy popular y muy antigua, pero yo paso

12-03-15

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo me ha dejado un tanto preocupado.

Y es porque, después de muchos años de intentar que me guste la cerveza, al menos de forma parecida a como gusta a una mayoría, no lo he logrado.

Recuerdo que la probé en Santa Cruz de Tenerife cuando tenía yo 18 años, pues antes viví en El Paso y allí imperaba el vino que, además, lo cosechábamos y no teníamos que comprarlo, pero la cerveza sí había que comprarla.

Desde que la probé me resultó extremadamente amarga e imposible de tragar sin más, así que, a fin de poder beberla, necesitaba yo comer algo seco, pescado o, mejor aún, mariscos.

Viviendo ya en un país tropical, como es Venezuela, me surgió otro problema con esa bebida, pues la beben casi helada; cuanto más fría, mejor, pero si la tomo así siento —sobre todo si, además de fría, contiene gas— como si me quemara la garganta, y no soporto más de un trago a la vez; tengo que beberla a sorbos.

El paliativo que he encontrado —ante el asombro de los camareros— es pedir que me traigan un vaso que no esté frío, verter en él la cerveza —que, por supuesto, vino en una botella helada—, y esperar a que se «desenfríe» para así poder beberla sin mayor problema, pero, eso sí, comiendo algo como lo dicho arriba, pues si yo no como, no bebo.

En Alemania nunca he tenido el problema de la cerveza fría, pues allá la sirven a temperatura ambiente… como debe ser, digo yo.

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12/03/2015

Ocho increíbles avances históricos que debemos a la cerveza

La cerveza es una de las bebidas más populares y antiguas del mundo. Se dice que sus orígenes se remontan al Neolítico, cuando el ser humano comenzó a cultivar sus propios cereales y aprendió a fabricarla. Hablamos de miles y miles de años de historia, en los que este líquido ha sido testigo de todo tipo de cambios, evoluciones y avances.

Lo que desconocíamos es que, además de acompañar el curso de los acontecimientos, la cerveza había sido protagonista directa de algún que otro episodio; pero en Listverse nos descubren una lista de importantes progresos que debemos agradecer al popular «zumo de cebada».

¿Tienes un frigorífico en casa? ¿Te imaginas vivir sin él? Pues quizá podrías verte obligado a hacerlo de no ser por la cerveza. Carl von Linde trabajaba para la compañía Spaten cuando lo inventó, con el objetivo de que la bebida, ya embotellada, pudiera aislarse del calor de las máquinas que continuaban fabricando más y más litros.

Su invento acabaría resultando útil para muchas cosas más. Lo mismo ocurrió con las propias botellas de vidrio: el estadounidense Michael Joseph Owens ideó la primera máquina capaz de fabricar en serie estos envases, con el objetivo inicial de dedicarlos a la comercialización de cerveza.

Pero con tantos años de historia regados por este «oro líquido», podemos irnos mucho más atrás.

¿Habría sido viable sin cerveza la era de los descubrimientos? Es más que probable que la respuesta sea negativa. Se sabe que los grandes exploradores, como Cristóbal Colón, no zarpaban sin proveerse de varias decenas de barriles, dado que en las largas travesías el agua terminaba por estropearse.

La «birra» también colaboró activamente en la posterior colonización de América, dado que muchos europeos caían enfermos allí al no estar acostumbrados al agua del Nuevo Mundo. La cifra de mortalidad descendió cuando pudieron empezar a fabricar su bebida favorita.

En el siglo XVIII, el inglés Joseph Priestley descubrió el dióxido de carbono… y sí, también lo hizo gracias a la cerveza. Lo que despertó su curiosidad no fue otra cosa que observar, en una cervecera próxima a su casa, cómo había gases que «caían» al suelo durante el proceso de fermentación, de modo que tenían que pesar más que el aire y ser «otra cosa».

Por cierto, fue también analizando la fermentación como se inventó la escala de PH. Con ella resolvieron en Carlsberg sus problemas para medir con total exactitud los niveles de acidez de sus bebidas.

Trabajando en una cervecera, James Joule creó los precisos y todavía utilizados termómetros de mercurio. Incluso se dice que Louis Pasteur estaba intentando averiguar por qué se estropeaba la cerveza, cuando inventó el proceso de pasteurización.

Como puede verse, además de refrescante y sabroso, el contenido de las ‘cañas’ es un elemento trascendental en la historia de la Humanidad.

Fuente

[*ElPaso}– Ya mi pueblo tiene su himno

El sábado 27/12/2014 tuvo lugar en El Paso (La Palma, Canarias) la presentación del himno oficial de ése, mi pueblo natal.

Medalla de Oro a la Banda de Música

Letra del himno oficial de El Paso

Himno oficial de El Paso

Banda Municipal de el  Paso

El acto fue filmado por el pasense Orestes Díaz Perera, y el vídeo resultante puede verse/bajarse clicando AQUÍ. Si esto no resultara, entonces AQUÍ.

Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

 

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