[*ElPaso}– «Soldado de aquella guerra». Su autor y yo (1/2)

Carlos M. Padrón

Adolfo Taño Perera —más conocido como Álvaro Taño, o Taño a secas— y yo somos parientes, lo cual descubrí en 1995 cuando comencé la larga tarea de armar el árbol genealógico de mi apellido Padrón. Nuestro antepasado común, Francisco Padrón Vergara, nacido en la última década del sigo XVIII y punto de origen de ese árbol (pues no pude llegar más atrás), es chozno de Taño y tatarabuelo mío.

Al igual que yo, Taño nació en El Paso, y por años y hasta su jubilación, ocurrida sobre el año 2000, desempeñó en nuestro pueblo, creo que desde 1961, el cargo de administrador de Correos.

También al igual que yo, era de Letras, pero él gustaba de la Política, y yo no; y yo gustaba de la Psicología, y él no. Y en esto seguimos iguales, pues aunque él sabe qué tendencia política le gusta, y en ella ha militado, yo sólo sé la que no me gusta, que es precisamente la que le gusta a él.

Nuestra relación comenzó cuando yo tenía 16 años y él 20, lo cual le agradezco porque su amistad fue una deferencia para conmigo ya que a esas edades cuentan mucho 4 años, y el que tiene 20 considera generalmente como vergonzante reunirse y amigar con un “niño” de 16.

Recuerdo que me fascinaba escuchar el relato de sus aventuras con féminas de nuestro pueblo o de otros pueblos de la isla, pues él, al igual que mi amigo Juancho, el de Bailando con Máscaras, le resultaba atractivo a las muchachas, y vivía casi obsesionado con el misterio del amor y la eventual capacidad que él tuviera para darlo y recibirlo, pues todo lo relacionado con el sexo, todo lo de género erótico, era importante para él, y con fruición y detalle me relataba y comentaba episodios de “Trópico de Cáncer”, de Henry Miller, o de las andanzas del Marqués de Bradomín, personaje de las novelas de ese género escritas por Ramón del Valle-Inclán.

Desde que dejé Canarias a mediados de 1961, cada vez que he vuelto a El Paso he pasado a saludar a Taño —primero en el edifico de Correos y luego, ya retirado él, en su apartamento de Los Llanos—, y desde hace mucho me contó, y repitió en posteriores encuentros, que estaba escribiendo una novela, lo cual no me extrañó habida cuenta de su vocación por las Letras.

Y cuando este pasado junio volví a El Paso, supe que ya la novela de Taño había sido publicada bajo el título de “Soldado de aquella guerra”, Una para mí muy grata noticia porque significaba que Álvaro Taño había realizado si no su sueño sí una de sus más caras aspiraciones.

Cuando, como de costumbre, lo visité, esta vez en compañía de Chepina, nos regaló un ejemplar y nos lo dedicó,

En las páginas finales de “Soldado de aquella guerra” aparece, además de la foto de Taño, un muy resumido perfil biográfico suyo:

Según en parte puede verse en la contraportada del libro,

la acción de la novela, basada en un hecho real, transcurre en Moca, un pequeño pueblo de República Dominicana al que, después de pasar por otros países de Hispanoamérica, llegó un muchacho vecino de El Paso a quien Taño llama Flores.

Me propuse que en el vuelo de regreso a Venezuela leería “Soldado de aquella guerra”, y a poco de despegar el avión desde el aeropuerto de Los Rodeos (La Laguna de Tenerife) comencé la lectura.

Cuando en la trama de la novela apareció una tal Dra. Tolosa, médico, y Taño no sólo la describe como inteligente, atractiva y sensual, sino que cuenta que Flores, el protagonista de la novela, apenas vio a la Tolosa, y como en una suerte de flechazo, se había sentido atraído por ella, por su cuerpo, su voz, su cadencia al caminar, etc., me dije que esos dos llegarían a algo que permitiría que Taño se explayara dando a los lectores algo de las andanzas del Marqués de Bradomín, encarnado en Flores, y narradas al estilo de “Trópico de Cáncer”. Así que interrumpí la lectura de la novela para disfrutar de ese seguro episodio en ambiente más apropiado que el de un avión en vuelo.

Pocos días después, y ya en mi casa, en Caracas, la retomé, y pronto la ilusión mantenida por esos pocos días se tornó en ira, pues encontré que la Dra. Tolosa se las arregló para convencer a Flores de que debía ir a Ciudad Trujillo; para que en ese viaje fueran los dos solos y en el auto de Flores; para que, una vez allí, tuvieran que pernoctar; para que fuera Flores quien escogiera en el hotel la habitación o habitaciones donde pernoctarían,… y él escogió una doble, no dos sencillas.

Al llegar aquí me dije: “La mesa está servida ¡Ahora viene la expresión del Taño erótico!”. Y seguí leyendo entusiasmado.

La pareja salió a pasear y, de regreso al hotel, al traspasar la puerta de la habitación, la Tolosa le dijo a Flores: “Yo en estas ocasiones me vuelvo del todo una mujer primitiva”.

Ante tal por demás sugerente declaración, me dispuse a disfrutar de los para mí inminentes e inevitables efluvios verbales que acerca de lo erótico caracterizaron a mi amigo Taño de finales de los 50, preguntándome cómo se las arreglaría para que encajaran en el comedimiento que la novela requería.

Iluso yo, pues con esa frase de la Tolosa terminó todo lo relativo al relato de pasión que palpé y aseguré que vendría tras ese encuentro, Taño lo liquidó con esa frase de la “mujer primitiva” puesta al final de un párrafo que ni siquiera termina con puntos suspensivos —como para invitar al lector a que le añada lo que quiera—, ni con un punto final y cambio de página, ni con punto final y capítulo nuevo. No, ¡el párrafo termina con un vulgar punto y aparte! Y el nuevo párrafo, pegado al anterior, comienza con un decepcionante “Amanece un día espléndido,…” que me dejó boquiabierto.

¡Qué frustración! Preguntándome iracundo qué diablos le ha pasado al Taño de nuestros tiempos, lancé la novela por los aires mientras dedicaba a su autor unas palabras no aptas para reproducirlas aquí.

Después de un mes, ya más tranquilo, decidí que, por consideración al amigo, tenía yo que terminar de leer su novela, y así lo hice.

Apenas días después de la castrante no-narración del encuentro en el hotel, la Tolosa se fue de Moca —el pueblo donde habitaba Flores y donde ella había abierto su consultorio—, y su corto paso por la novela me hace pensar que el personaje de la Dra. Tolosa, aparte de para poner un toque de erotismo en el relato, fue creado sólo para que ella, con su autorizada opinión médica, expresara la teoría del propio Taño acerca de la extraña actitud de Flores con respecto a sus padres.

El que la frustración por la falta del elemento erótico que era de esperar me hubiera hecho recordar cómo era el Taño de finales de los 50, trajo a mi memoria muchas anécdotas vividas con él, y también un poema que, para hacerle una broma por la depresión en que se sumió cuando hubo de quedarse solo en Santa Cruz de Tenerife en diciembre de 1960, le compuse ese mismo mes.

Pero eso será tema del próximo capítulo.

[*ElPaso}– La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (3/4): Historia del “Alma de Tacande”

José Pérez Vidal

El recuerdo del hecho se conserva, muy extendido, en la tradición de la isla. Lo recoge también el romance que publico a continuación y que no debe de ser anterior a la segunda mitad del siglo XVIII. A continuación del mismo, figuran siempre, en las copias manuscritas en que se han conservado, los “Cantares que cantaba el Alma de Tacande” y una nota sobre la autenticidad del texto. Trascribo fielmente una copia que debo a mis buenos amigos don César Pereira y don Pedro Hernández y Hernández.

Historia del “Alma de Tacande”

Del Atlante en una roca
que tiene por nombre Palma,
tal vez la más pintoresca
entre todas sus hermanas,
cuyo armonioso conjunto
se conoce por Canarias,
sucedió un treinta de enero,
allá en la remota etapa
de mil seiscientos veintiocho,
un hecho que al orbe pasma.

Tiene esta isla un lugar,
puesto del sur a sus faldas,
que denominan Tacande,
en donde el hecho pasara,
que, por sumamente raro
y cierto según lo parlan
y afirman sus habitantes,
merece con mucha calma
ponerlo en papel o en bronce
o de plata pura en planchas.

Parece ser que en la fecha
que arriba está mencionada
en ese lugar, Tacande,
llegó por acaso un alma,
mandada por el Eterno
para que en él descargara
sus culpas y sus pecados,
alegrías y borrascas
que acá en nuestra humana vida
dentro su pecho encerrara.

Y llegó el alma a Tacande
y a Tacande llegó el alma,
y eligió por aposento
la agreste y honrada casa
de Andrés Martín de Alcalá,
y en ella estuvo callada
diz que ochenta y siete días;
mas, al fin de esta jornada,
habló con Andrés Martín
y le dijo estas palabras:

Hermano Andrés, marcha al punto,
muy ligero y sin tardanza,
y ve al pueblo de Los Llanos,
penetra en la iglesia santa,
donde encontrarás dos hombres
que en oraciones sagradas
pasan constante su vida
dándole a Dios alabanzas.
Y al padre fray Juan Montiel
dile que venga a esta casa
para con él descargar
todas mis culpas pasadas;
dile que venga sin miedo,
que yo soy alma cristiana.

Con el habrá un don Rodrigo,
y si en éste hay gran instancia
de venir con Juan Montiel,
dile con buenas palabras
que a él no lo necesito,
que no quiero su compaña,
que a Montiel es a quien quiero,
que él es mi paño de lágrimas”.

Esto oyendo Andrés Martín,
y al mirar no viendo nada,
de temor quedó espantado,
más inmóvil que una estatua,
pues la gente de aquel pago,
sin ciencia aún, ignoraban
que muerto después de muerto
y después de viva su alma,
camina por el vacío
sin ser de nadie mirada,
y se mete en cualquier parte,
y a cualquier viviente le habla,
y al arbitrio de su espíritu,
gira, corre, sube y baja.

Mas al cabo marchó Andrés,
más ligero que las aspas
de un molino entrado en viento,
al pueblo que lo mandara.

Llegó y le dijo a Montiel
que en su casa estaba un alma,
y lo más que ya está dicho,
a lo cual él contestara:

Señor Andrés, yo no voy
con tal objeto a su casa,
porque me acobarda el miedo
y es serio hablar con un alma
”.

A esto repuso Rodrigo,
que era el párroco que estaba
sirviendo aquella parroquia:
Caro Montiel, ponte en marcha;
échate al cuello reliquias
y una estola sin tardanza.
Complace al punto a Martín
y ve a que descargue esa alma,
que es misión del sacerdote
por todos medios salvarla
”.

Obedeció fray Montiel
de Rodrigo las palabras;
se puso encima la estola,
reliquias en su garganta,
y montándose a caballo
emprendieron la jornada.

Llegaron fray Juan Montiel
y Andrés Martín, ya era cerca
de las dos, al aposento
que éste tenía por vivienda,
y de pronto dijo el alma:

Bienvenidos. Buena sea
la hora en que habéis llegado
para descargar mis penas;
pero antes es necesario
que coma su reverencia
”.

Fray Juan Montiel quedó atónito
al escuchar la parlera
voz del alma que le hablaba,
y sin contemplar su esencia.

Mas fray Juan Montiel no quiso
aceptarle la merienda
por más que el alma mandara
con cariñosa insistencia.

Y eso que, al mandar un alma
tiembla de miedo la tierra,
porque un alma cuando manda
todo lo creado tiembla.

Hizo el alma muchas cruces,
no de acción, sí en la madera,
cuyas cruces hoy existen
y hay hombres que las conservan;
sobre todo en una caja
dejó tres el alma impresas,
y esta caja existe hoy día
intacta en plena evidencia.

Transcurrido un breve plazo,
dijo el alma con voz llena:
Padre fray Juan, ya la hora
en que descargue se acerca;
eche usted algunos asperges
y salmos con reverencia,
para que ahuyenten al malo
porque mi angustia es inmensa
”.

A lo que le dijo el alma,
fray Juan Montiel le contesta:
Alma, el espíritu malo
de nuestro lado se ausenta,
y ya me podréis decir
quién sois y las culpas vuestras
”.

Repuso el alma: “Yo soy
Ana González, y en prueba,
que se presente aquí Juana,
que quiero hablarle de cerca
para pedirle perdón
de un exceso de mi lengua.
Y a ese niño salvador,
que habéis en vuestra presencia,
dale mil besos y abrazos
porque sus lágrimas vierta
en recuerdo de su madre,
que soy yo la verdadera.
¡Hijo de mi corazón,
mis entrañas te recuerdan!
”.

Dijo el alma, llegó Juana,
y estando ésta presente
el alma le grita: “¡Juana,
querida hermana!, ¿recuerdas
cuando estando en camino
junto a la cancela vieja
del hermano Rodrigo Pérez,
te encontré, y mi mala lengua
te dijo que embarazada
estabas?… ¿No me contestas?

Sí, Juana, yo te lo dije,
y era tal tu angustia acerba
al escuchar mis palabras
de rabia y enojo llena,
eran tus ojos torrentes,
y yo acusándote, necia.
Y se lo dije a Rodrigo,
y fue su cólera inmensa.
Pero todo fue mentira.
Perdóname, hermana buena,
que Dios me manda a tu lado
para que alivie mis penas,
y después al Purgatorio,
que es el lugar que me espera.
Perdóname, hermana mía,
de mis palabras tu afrenta,
que al que perdona al culpable
el Altísimo lo premia”.

Entonces le dijo Juana:
Cuñada, si estás en pena,
ya puedes marchar tranquila;
te perdono, y encomienda
mi alma también al Altísimo
cuando estés en su presencia
”.

Díjole entonces el alma:
Gracias, cuñada querida,
ya me marcho a lo infinito,
pero con suma alegría
después de oír tu perdón,
que es quien me trajo a la vida.

Adiós, padre Juan Montiel,
que éste es el último día
en que he de hablar con vosotros,
pues mi senda así está escrita“.

A esto dijo fray Montiel:
Antes de que te marches, hija,
deja una prueba de que eres
fuerza de otro orbe no vista,
y que haces cuanto tú quieres,
y en tu esencia se imagina
”.

Luego que fray Montiel
estas frases profería,
se siente un ruido espantoso,
una puerta se desquicia
de un puñetazo, y el techo
de la casa se derriba,
cayendo en el aposento
una piedra tan grandísima,
así poco más o menos
de un cuarterón, no era chica,
porque era un alma de fuerza,
sobre todo decidida
a darles una lección
de poder y fuerza intrínseca.

Después de esto, fuese el alma
por el espacio tranquila,
dejando a la gente atónita
y, sobre todo, creída;
tanto, que hoy en nuestro siglo
como una verdad se afirma;
y que esto pasó es muy cierto,
y en el hecho no hay malicia.

***

Falta narrar otra cosa
que en la historia es lo más serio.

Dice a su final la historia
que al llegar al aposento
de Andrés Martín la tal alma,
tomó a su casa por juego.

Que todos los que allí estaban
como a bruja la temieron,
por ser grandes las diabluras
que escucharon sin sosiego.

Se sentía un tamborcito,
después, tocando panderos,
como cien mujeres bailaban
y tocaban castañuelas,
y cantando a voz en cuello,
no dejaban esas brujas
que se conciliase el sueño

Lloraba también un niño
de diez días poco menos,
y una bruja lo arrullaba
y otra cantaba unos versos
que eran: “San José y la Virgen
arrullarán al chicuelo”.

Castiga a las personas
que había en aquel aposento
con bofetadas y palos
que nunca sufriera el cuerpo.

Y otra vez de pajarillo
se entraba con raudo vuelo,
y se posaba sumisa
en un oculto agujero
que en la pared de la casa
años y siglos hicieron.

Ésta es la historia del alma,
que es historia, que no es cuento,
y el que crea lo contrario
verá cómo el Ser Supremo
por ateo y descreído
lo ha de mandar al Infierno.

[*ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: La Fuente del Pino

Antes de que los españoles conquistaran las Canarias, cuyos aborígenes se llamaban guanches, en la Caldera de Taburiente —ese enrome cráter, del que tanto he hablado en este blog, que está dentro del término municipal de El Paso, en la isla de La Palma (Canarias)—, se asentaba el cantón Aceró del cual era mencey (rey) el guanche Tanausú, cuya esposa se llamaba Acerina.

Después de un año de permanente lucha, el conquistador español Alonso Fernández de Lugo, que no había conseguido someter a Tanausú, lo citó a una reunión en la Fuente del Pino para celebrar allí un supuesto pacto de caballeros.

Tanausú dejó confiado el seguro refugio que le brindaban los escarpados riscos de la Caldera de Taburiente y bajó hasta la Fuente del Pino, donde fue víctima de una emboscada en la que los españoles lo hicieron prisionero.

Los Reyes Católicos, ante lo mucho que les estaba costando conseguir la rendición de Tanausú, habían pedido que, cuando lo apresaran, lo llevaran ante su presencia.

En cumplimiento de esa real petición fue encadenado y subido a un barco que partió rumbo a España, pero cuando el perfil de su Benahoare —nombre que los guanches daban a la isla llamada hoy La Palma— se perdió en el horizonte, Tanausú se negó a comer, y murió en alta mar.

El soneto que sigue recuerda el dolor de Acerina por la pérdida de Tanausú, víctima de la cobarde maniobra que permitió someter a los guanches de toda la isla y marcó el inicio de la extinción de esa raza en Benahoare.

Se dice que esto llevó a Acerina a pedir el “Vacaguaré” (= quiero morir), y, según la costumbre, fue complacida por sus familiares que acondicionaron la cueva que a tal efecto ella escogió —se construía dentro de ella una especie de cama sobre la que, a guisa de colchón, ponían pinillo (aguja de pino seca), y al lado, en el piso, un gánigo (cántaro) de leche fresca y frutas— y una vez instalada Acerina en ese lecho, cerraron con piedras la entrada de la cueva.

La escogencia de este tipo de muerte era bastante común entre los guanches de Benahoare.

Carlos M. Padrón

***

LA FUENTE DEL PINO

Ya no bullen canciones de alegría
las cristalinas aguas de la fuente,
espejo de Acerina, que fluía
para copiar las rosas de su frente.

Hoy llora entre lamentos de agonía
una furtiva lágrima doliente,
para lavar aquella cobardía
con la raza inmolada por valiente.

El dolor que diluye su corriente
para contarnos el pesar que siente,
brota en la roca por la herida abierta.

Y en un clamor sus aguas angustiadas
rezan a Dios, al verse liberadas,
una plegaria por la raza muerta.

1946

[*ElPaso}– La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (2/4): El lugar de los hechos

José Pérez Vidal

El lugar de los hechos

Tacande de Abajo y Tacande de Arriba son quizá los barrios más antiguos del término. En el segundo, sitúa la tradición unánimemente el desarrollo de los hechos relativos a la aparición del alma, que, por el lugar de su presentación, se ha venido conociendo con el nombre de Alma de Tacande.

Pero, si existe unanimidad respecto al barrio en que ocurrió el extraordinario caso, no se da la misma coincidencia sobre el sitio del barrio en que los hechos acaecieron. Según unos, tuvieron lugar en una de las fincas llamadas Hacienda de Tacande, y, según otros, los menos, en la propiedad conocida con el nombre de Los Cabezotes.

En este predio sólo se conservan, como vestigios de haber servido de morada, un trozo de pared, correspondiente a una casa antiquísima, y en sus alrededores algunos árboles frutales. Es una prueba más de la facilidad con que el pueblo localiza, en las ruinas y edificios abandonados, las más alucinantes historias. En una de las haciendas, la Hacienda de Arriba, existe, en cambio, una casa conservada en bastante buen estado, casa donde la mayor parte de los ancianos de hoy sitúan los hechos.

Casa en la que se presentó el Alma de Tacande. Parte del naciente donde aparecen los almendros junto al aljibe y el naranjo. (Foto Llamas)

Esta casa se encuentra cerca de la montaña de la Asperilla, por donde sube el camino que va a Enrique. Enfrente se eleva la montaña de Miguel Sosa. En la época en que los hechos ocurrieron, los bosques de El Paso llegaban hasta esa casa.

Tiene ésta unos veintidós metros de largo, en dirección Este-oeste, y unos seis metros de anchura, en sentido norte-sur. Es baja, de unos dos metros de altura hasta los tirantes, y está cubierta de madera de tea y de teja del país. Se halla un poco enterrada, por lo cual hay que bajar dos escalones para entrar por su puerta principal. No tiene hueco alguno por el naciente y el norte. Por el poniente tiene una puerta baja, y por el sur la puerta principal, y, a los lados de ésta, dos postigos pequeños. Está orientada de acuerdo con las normas que, en general, se han tenido presentes en la construcción de las casas rústicas de la isla.

En la pared del naciente puede verse grabada una pequeña cruz conmemorativa de los hechos.

Cruz conmemorativa en la fachada del naciente. (Foto Llamas)

Hasta hace poco existía también la huella de una mano en la cal de la pared. El origen de la cruz y de la mano es muy posterior a los sucesos.

Junto a la casa, por el lado del norte, se conserva un ruinoso aljibe.

Fachada norte y aljibe. (Foto Llamas)

de seis metros por ocho de boca y tres de profundidad. De su cubierta o soallado (1) de tea, sólo quedan las traves (2).

Junto al aljibe crecen cuatro frondosos almendros; y entre el aljibe y la casa, un viejo naranjo y retoños o “redrojos” de ciruelos y nogales.

Por más que se han buscado, no se han podido encontrar ya restos del olivo que hasta hace poco existía. Respecto a este punto, refiere la tradición que el Alma de Tacande, para demostrar su fuerza, arrojó una gran piedra entre la casa y el aljibe, y que en aquel lugar nació un olivo, árbol de la paz, hasta entonces desconocido en el término.

La casa no sirve ya de vivienda. Dividida interiormente en dos partes, en una pernocta alguna vez, en las noches crudas de invierno, algún pastor con su rebaño de cabras; la otra está destinada a establo y pajar.

Fachada sur de la casa. Con la mano apoyada en la puerta, Antonio Pino Pérez, y a su lado Sandalio Páez Perera, vecino del Camino Viejo. (Foto Llamas)

La misteriosa casa dista del camino principal, que sube al pinar y montaña de Enrique o Henríquez, unos doscientos o trescientos metros, distancia aproximada que era costumbre dejar entre las casas y los caminos para evitar que desde éstos fueran vigilados sus moradores.

Al otro lado del camino existe una casa en ruinas, y, junto a ella, otra más reciente, en la que no hace mucho ocurrieron aterradoras escenas de locura y brujería.

No es raro que toda esta parte se halle tan penetrada de recuerdos de maleficios y apariciones. Distantes de las demás casas de El Paso las que aquí se encuentran —adentradas ya en el monte, que en otro tiempo estaba densamente poblado— han ofrecido las condiciones más favorables para servir de escenario a los huéspedes de las tinieblas… y a las imaginaciones del pueblo.

El caso más extraordinario de cuantos en este lugar han sucedido es, como queda indicado, el de la aparición de un alma en pena a una sencilla familia cuyos miembros habían vivido, desde hace siglos, en la casa que se ha descrito.

***

(1) Del portugués ‘Soalhado’ (= tablado, entarimado).
(2) Del portugués ‘Trave’ (= viga).

[*El Paso}– La leyenda de “El Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (1/4): Introducción y contexto geográfico

Desde que tengo uso de razón escuché hablar en El Paso acerca del “Alma de Tacande”, pero nunca supe más detalles de esa leyenda, hasta ahora que mi amigo y paisano, Juan Antonio Pino Capote —hijo del autor de los poemas que he publicado bajo el título común de “Dándoles vueltas al viento”—, cumpliendo un ofrecimiento que me hizo se ha tomado el trabajo de transcribir a formato digital el texto de la tal leyenda y hacérmelo llegar por e-mail junto con las fotos, en una de las cuales aparece su padre.

Gracias, Juan Antonio.

Mi primer recuerdo del “Alma de Tacande” está asociado al dicho “Una y no más, como el Alma de Tacande”, que desde muy pequeño he escuchado en boca de la gente de mi pueblo y que, al igual que los miembros de mi familia, sigo usando aún como dicho propio para ocasiones que uno no quiere que se repitan. Sin embargo, en la relación de la leyenda no encuentro basamento alguno para ese dicho.

Por cierto, en la lengua de los guanches, los aborígenes de las Islas Canarias, ‘tacande’ significa ‘tierra quemada’, pues por el lugar al que en El Paso se llama Tacande pasó hace siglos un brazo de lava volcánica que, por supuesto, calcinó y cubrió una gran extensión de tierra y la dejó por muchos años inservible (quemada por la lava) para la agricultura.

Carlos M. Padrón

***

LA LEYENDA DEL “ALMA DE TACANDE»”
Por José Pérez Vidal

Publicado en la “Revista de Dialectología y Tradiciones Populares”.
Tomo X, 1954, cuaderno 4º.

M A D R I D
C/Bermejo Impresor, 122
1964

Trascripción a formato digital por JUAN ANTONIO PINO CAPOTE. Agosto de 2007.

***

Introducción y contexto geográfico

Los seres fantasmales y tenebrosos —brujas, duendes, aparecidos— abundan principalmente en los lugares quebrados, montuosos y sombríos. Las sombras de este mundo favorecen a las del otro. Por eso en España, la húmeda zona norteña, la más cargada de nieblas y valles umbríos, resulta también la más ensombrecida por estas supersticiones de trasmundo.

En las partes llanas, abiertas y soleadas, los perfiles y límites de las cosas se muestran más precisos, aparecen más claras las fronteras entre ésta y la otra vida. La luz hace difíciles los manejos de los huéspedes de las tinieblas. Por algo la hora mágica de las impresionantes apariciones ha sido siempre la medianoche y nunca el mediodía.

El archipiélago canario disfruta de un clima luminoso, pero el suelo, en la mayoría de las islas, se ofrece muy accidentado. Valles estrechos y profundos, barrancos que tajan los montes hasta el pie, violentas fracturas y dislocaciones volcánicas, grandes cráteres y abundantes cuevas, ponen fuertes contrastes de sombras en un terreno que se alza imponente, sobre reducida base, desde el nivel del mar hasta alturas en que las cumbres tienen que atravesar mares de nubes. La vegetación, exuberante en algunas partes, y, desde luego, mucho más rica antes que ahora, ha contribuido no poco a este acusado claroscuro del paisaje.

Antiguamente, ni la vivienda alegraba y ponía una nota animadora en los campos. Las casas, grises, de piedra seca, chatas, diseminadas y medio ocultas en los desniveles del terreno, no se atrevían a desentonar de la severidad circundante. Cercadas por la soledad, representaban un doble aislamiento: el de un islote dentro de la isla.

En este medio recio y fuerte, más bien hosco que amable, en que si la luz ciega, también las sombras y la soledad sobrecogen, no es raro que las sencillas gentes hayan sido soñadoras y temerosas. Sus temores y sueños, en apretada urdimbre, han servido de raíz y soporte a numerosas fábulas y supersticiones de muertes y de miedos.

En una de las islas más abruptas de Canarias, la de La Palma, y en el término de El Paso, en que está enclavado el nudo y centro de los montes de la misma, localiza la tradición la «historia verdadera del “Alma de Tacande”», que, recogida en un romance, publicamos aquí.

El Paso, uno de los municipios más bellos y prósperos de la isla, extiende su término por montes que, en gran parte, pertenecen a la Caldera de Taburiente, el gigantesco cuenco volcánico de dos leguas de diámetro y de espantosa profundidad. Sobre este suelo, movido y accidentado, se ha venido desarrollando la vida de un pueblo que no tiene menos hondura que sus simas. Viejas tradiciones religiosas, artesanas, poéticas, supersticiosas —el Pino de la Virgen, los tejidos de seda, los bellos cantos, el Llano de las Brujas— muestran en El Paso las hondas raíces de su vida.

[ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: Madre de los emigrantes

Poema dedicado a la Virgen del Pino —de la que ya he hablado varias veces en este blog— cuya ermita se encuentra en el monte, en el borde Este del pueblo de El Paso, junto a un pino milenario en cuyo tronco se dice que apareció, hace siglos, la imagen de la Virgen llevando en sus brazos al niño Jesús, como se la ve en esta foto de la imagen actual que es una réplica, en grande, de la encontrada en el tronco del pino.

El pino y parte de la ermita, tal y como se ven hoy.

Hasta principios del siglo XX, la principal emigración de los canarios era hacia Cuba, y cuando aún no existía la carretera que posteriormente permitió a los pasenses ir en automóvil hasta Santa Cruz de La Palma, donde estaba y aún está el puerto marítimo, para llegar desde El Paso hasta ese puerto había que cruzar caminando la Cumbe Nueva, ésa donde cabalga la brisa, y ésa en cuyas estribaciones se encuentra la mencionada ermita.

Así, los nativos de El Paso que dejaban sus hogares para emigrar, pasaban, caminando y con maleta en mano, junto a ese pino que dio su nombre a la Virgen, y, posteriormente, pasaban junto a la ermita, cuando fue construida. De ahí la relación entre el emigrante y la Señora del Pino, y el epíteto de Madre de los Emigrantes.

Carlos M. Padrón

***

MADRE DE LOS EMIGRANTES

Luminosa Señora del camino,
norte y guía del triste caminante
que pasó por tu bosque, peregrino,
rumbo a lo incierto de un país distante.

Orientas desde el Templo de tu Pino
la incertidumbre del dolor errante
para infundirle, con fervor divino,
una verde esperanza al caminante.

Lo sigues protectora en sus andanzas
por el mar de la vida con desvelos
acallando recuerdos y esperanzas.

Y al retornar de lejos vencedores
les sonríe tu risa de los Cielos
mientras ellos bendicen tus amores.

1958

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Amanecer en la Caldera

NotaCMP.- Para entender más sobre la base de este poema, puede buscarse en el blog usando las palabras Aceró o Caldera de Tburiente.

Amanecer en la Caldera

A Miguel Jurado Serrano, con luces de amistad.

I
Las sombras huyen, y la luz que viene
lo envuelve todo en claridad inefable,
cuando pinta en la selva impenetrable
el milagro de amor que la sostiene.

Juega en las ramas, y su juego tiene
caprichos de una danza inimitable:
es etérea y fugaz, es impalpable
porque en nada que pesa se detiene.

Estas luces que alumbran ideales
en las ramas, son almas transparentes,
mensajeras de amores inmortales

que llegan desde Dios esclarecidas
a despertar los sueños inocentes
en el embrujo incierto de las vidas.

II

Y baña de prestigio los pinares.
y las rocas se cubren de quimera
porque reina la dulce Primavera
colgada en los abismos estelares.

Aquí olvidé el dolor de mis pesares
ante la excelsitud de la Caldera:
el sueño luminoso que se espera,
el agua que musita con cantares.

Y que más corazón que la belleza
embriagada de luz a borbotones
y derramada aquí por su grandeza

en incesante riada de colores,
para vestir de fe las ilusiones
y alumbrar nuestras ansias de fulgores.

III

La gloria de este día que florece
en desvelada soledad medita,
y hay algo indescifrable que palpita
en una luz de alertas que amanece.

¡La Raza muerta! Perdonad que rece
en la cueva esparcida en que dormita,
porque yo sé que no se fue, que habita
esta mansión, y en ella permanece.

Que Aceró es Camposanto benahorita
donde duerme el silencio eternidades
que viven en la luz que resucita.

Y no turbéis su sueño, que es locura
profanar tan excelsas cualidades
con sombras de pecado y desventura

1957

[*ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: Aceró

Como explica el párrafo que sigue, extraído de http://www.mundolapalma.com/lapalma/, Aceró era lo que hoy es la llamada Caldera de Taburiente, de la cual ya he hablado bastante en este blog.

«Tras el intento fallido de conquista de Guillén de Peraza en 1447, el 29 de septiembre de 1492 desembarcó en Tazacorte Alonso Fernández de Lugo al mando de 900 hombres.

Mediante pactos y algunos combates fue aislando la resistencia aborigen, hasta reducirla al “Cantón de Aceró” situado en el centro de la isla de La Palma (en la hoy Caldera de Taburiente), fortaleza natural inexpugnable para las tropas españolas, las cuales, mediante la falsa promesa de paz, capturaron a Tanausú, último jefe aborigen, eliminando así toda resistencia local a la conquista española».

Este poema de don Antonio Pino está dedicado al imponente espectáculo natural de la Caldera, en particular a los empinados riscos de lo que fuera Aceró, cuyo mencey (rey), Tanausú, salió del seno de Aceró confiando en la sinceridad de la invitación que para negociar había recibido de las tropas españolas, pero fue traicionado y hecho prisionero porque la tal negociación era sólo una emboscada.

Por la mucha guerra que había dado a los españoles, los Reyes Católicos habían pedido que fuera capturado vivo y llevado a su presencia. Cuando consumada la traición cayó prisionero, fue embarcado en un velero rumbo a España, pero murió a bordo porque dejó de comer cuando dejó de ver a su querida

Carlos M. Padrón

***

Aceró

El vértigo, el abismo y el desierto
te dieron su belleza conjugada,
y, como un mundo hacia otro mundo abierto,
brotabas de la entraña desgarrada.

Sobre las rocas de tu grito muerto
la vida se hizo bosque enamorada.
Y Dios, para arrancarte de lo incierto,
te regaló la luz de una mirada.

El milagro que expanden tus vertientes
se conjuga en azules trasparentes
por el sueño y la luz de cada día,

mientras tus cumbres, remontando el vuelo,
se funden y confunden con el cielo
en los misterios de la lejanía.

1955

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Llamada primaveral

Llamada primaveral

Primavera que traes lo soñado
derrochando esperanza y paz bendita,
dame el beso en mis ansias esperado,
haz nacer la canción que en mí se agita.

Arráncame este ritmo atormentado
que en mi entraña recóndita palpita,

y espera en lo indecible y lo increado
la fuerza de tu amor que resucita.

Quisiera derramarme en explosiones
como tú te derramas conmovida
por renacer a nuevas floraciones,

que necesito en tu alentar fundirme
por darme todo entregas a la vida

y en tus milagros hacia Dios abrirme.

1962