Llega un cubanazo a un bar y, casi gritando (cosa rara), dice:
—Tragos pa’ to’el mundo porque mi mujer me ha dado un varón de 25 libras!!
—¡COÑOOOO!—, exclaman todos en el bar, dándole la mano y felicitándolo.
Abrazos, tragos pa’ él, tragos pa’ca, etc.
Dos semanas después, el mismo cubanazo regresa al mismo bar, y el dueño del bar le pregunta:
—¿Usted no es el padre de ese cubanito que pesó 25 libras al nacer?
—Sí, yo soy—, dice orgulloso el tipo.
—Óyeme, viejo, ¿y cuánto pesa ahora?
El orgulloso padre le contesta:
—¡ Pues 17 libras !
El del bar, perplejo, le dice:
—¿Y que pasó? ¿Él no pesó 25 libras al nacer?
El cubano, muy orgulloso, se echa tremendo trago, sonríe y dice:
—¡Es que ya le hicimos la circuncisión!
