[Hum}— El chino y el torero

En un pueblo del sur de España vivía un reconocido torero llamado El Curro.  Para desgracia suya, un chino se mudó muy cerca de su casa.

Apenas el chino reconoció a El Curro quiso saludarlo, pero como, chino al fin, no sabía pronunciar las erres, el saludo fue:

—Buen día, señol Culo.

El Curro, muy molesto, dejó pasar el incidente, pero como al día siguiente, y otra vez al siguiente, pasó lo mismo, se compró dos perros asesinos y los entrenó para que, a una orden suya, atacaran al chino.

La próxima vez que, entrenados ya los perros, el chino volvió al consabido saludo, El Curro se los echó, pero apenas vio el chino que se le venían encima con muy malas intneciones, sacó de entre sus ropas dos afiladas dagas, se paró en posición de arte marcial y se dispuso a defenderse.

Viendo El Curro que el chino iba a liquidar a sus perros, soltó un penetrante chiflido y los perros dieron media vuelta y entraron en la casa.

La escena se repitió varios días, hasta que, ya cansado, el chino fue a la comisaría a hacer la correspondiente denuncia.

Al preguntarle el comisario cuál era su problema, el chino explicó:

—Mile, señol comisalio, mi denuncia es polque los pelos de El Culo no me dejan caminal

Al advertir el comisario que la cosa era de guachafita, respondió:

—Bueno, amigo, ¡córteselos!

A lo que el chino respondió:

—Sí, señol, eso es lo que quielo hacel, pelo cada vez que los voy a coltal El Culo chifla y los pelos se van pala adentlo

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