[*IBM}— Del baúl de los recuerdos: El rincón de Fernando Lacoste. (Reedición)

Resumen de lo publicado en este blog acerca de Fernando Lacoste.

 

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19 Octubre, 2006

 

Paquete en línea para Bancos

 

Carlos M. Padrón

 

Con la aparición de la IBM/360, su para entonces gran capacidad de memoria, su gran velocidad de procesamiento y el uso del sistema operativo, hicieron posible el desarrollo del concepto de teleproceso (TP), o proceso a distancia, hoy más conocido como operación en línea o, simplemente, online.

En Venezuela no sólo se instaló una de las primeras /360 en modo nativo sino que también se desarrolló y puso en operación el primer Paquete en línea para Bancos (éste era el nombre que tenía): un conjunto integrado de programas (paquete) que permitió que, por primera vez, un cliente de Banco pudiera retirar fondos de su cuenta desde cualquier agencia que su Banco tuviera en línea, y no necesariamente —y como siempre ocurrió antes— de la agencia en la que ese cliente había abierto la cuenta en cuestión.

El concepto era en apariencia simple: en la agencia bancaria se instalaba un terminal de uso general pero con adaptaciones (en su expresión más simple era una máquina de escribir eléctrica con ranura especial para impresión de libretas de ahorro) que se comunicaba, a través de una línea telefónica común, con la computadora IBM/360 instalada en la sede central del Banco.

A través del terminal se le preguntaba a la computadora la validez y el saldo de la cuenta que el cliente quería afectar con un depósito o un retiro, y si la respuesta, que llegaba a través del mismo terminal, era positiva, el operador o cajero de la agencia efectuaba la operación y, como consecuencia, la computadora aumentaba el saldo de la cuenta (si depósito) o lo rebajaba (si retiro), y dejaba una detallada constancia de la operación efectuada.

Pero la realización del concepto no eran tan simple, pues hubo que lidiar por primera vez con líneas telefónicas (conmutadas o no conmutadas, equivalente a compartida o muerta/dedicada) , hilos (half o full duplex) módems, ecualización, ancho de banda, multiplexado, esquemas de conexión (punto a punto, multipunto, cluster, concentrador, loops), códigos de transmisión (EBCDIC, USASCI, etc.), disciplinas de transmisión (start-stop, BSC, SDLC, etc.) y modalidades de transmisión (sincrónica o asíncrona), protocolos de diálogo (addressing, polling, acknowledgement, retraso de propagación, etc.), y software especializado —software que entonces debió hacerse desde el primero al último bit, instrucción por instrucción— como bases de datos, gestión de líneas, manejo de colas y volúmenes, buffers, etc.

De esta larga aunque no completa lista, todo correspondía al para entonces mundo interno de la computación, excepto las líneas telefónicas, y ésas fueron un gran dolor de cabeza porque, en su mayoría, habían sido instaladas desde hacía años y tenían problemas físicos, como humedad, corrosión, etc., que producían ruido y mermaban su eficiencia, y para cuya corrección se requería de ecualización, o sea, igualar el ancho de banda o capacidad de transmisión de forma que, desde un extremo al otro de la línea, pudiera transmitirse a la “enorme” velocidad de 1.200 baudios o bps (bits por segundo).

Hoy el común de los módems transmite a 56KB, y ya existen programas, hechos y probados, que manejan, en forma transparente para el programador, todas las tareas antes descritas y muchas más, y la mayoría de los usuarios de hoy poco saben de las vicisitudes por las que pasaron los pioneros del TP y que permitieron que hoy podamos encender nuestra PC y estar en línea en cuestión de segundos accediendo —por interconexión entre varios mainframes, servidores, terminales, concentradores, etc.— a información que puede estar cerca de nosotros o al otro lado del mundo, y haciendo tal acceso a través de satélites, fibra óptica, etc., y no sólo, como antes ocurría, a través de líneas telefónicas de cables de cobre.

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(Fernando Lacoste en 1970)

Es bueno recordar, aunque sólo sea por aquello de que “Al césar lo que es del César”, que en Venezuela vivió y trabajó Fernando Lacoste, uno de esos pioneros que con un esfuerzo casi sobrehumano escribió en 1967 —ayudado por tres expertos analistas de sistemas y programadores, y en lenguaje físico de máquina (Physical I/O Language)— el primer paquete en línea para Bancos, para manejo de cuentas de ahorro, que existió en el mundo. Lacoste y su equipo lo instalaron en el Banco de Venezuela (hoy Banco de Santander), donde también Lacoste había instalado la primera IBM/360 en modo nativo.

En 1969, el equipo liderado por Lacoste le añadió a ese paquete los módulos necesarios para el manejo de cuentas corrientes, y el estreno de la versión así ampliada correspondió al entonces Banco Unión (hoy Banesco). A partir de ahí lo adoptaron casi todos los Bancos del país.

En 1973, este paquete, una vez convertido a COBOL y adaptado a terminales bancarios especializados, recibió el nombre de SAFE/3600 (Sistema de Aplicaciones Financieras En línea, para terminales IBM /3600) y se convirtió, que yo sepa, en el único producto informático made in Venezuela que se instaló con éxito en varios Bancos de 57 países de Centro y Suramérica, Asia y Europa, y hoy, pasados ya 33 años, aún opera en algunos de tales Bancos.

Gracias a SAFE, buscando su expansión y el diseño de un sustituto, le di la vuelta al mundo dos veces. Y gracias al genio de Fernando Lacoste que creó el “Paquete en línea para Bancos”, fueron muchas las personas que en IBM, adjudicándose indulgencias con escapulario ajeno, escalaron posiciones y ganaron mucho dinero —y algunos siguen ganándolo— sin concederle por ello a Fernando el más que merecido reconocimiento, y sin ni siquiera acordarse de llamarlo o visitarlo en su retiro en Florida.

A decir del propio Fernando, el que más dinero ganó fue uno que le impusieron como jefe, y que se autodenominó “Coordinador de Teleproceso” aunque de eso nada sabía.

Como sostengo desde hace mucho tiempo, la ingratitud es hija de la bajeza, hermana de la injusticia y madre de la desconfianza. A veces, también puede matar.

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Comentarios

Comentario por Giulio Stoppa Poggi
Fecha 27/03/2008

Carlos, tengo que felicitarte de la manera más efusiva por la excelente pagina que has logrado.

Mi comentario es por el reconocimiento a Fernando, más que merecido, de lo cual doy fe ya que fue mi SEM (System Engineering Manager) durante 5 años.

Fernando Lacoste ha sido el único jefe que he tenido, ya que desde mi retiro de IBM he trabajado por mi cuenta, y debo reconocer que le debo muchísimo por todas las enseñanzas y consejos que oportunamente, en mi juventud, me diera y que tanto me han ayudado en el transcurso de mi vida.

No puedo dejar de mencionar en estas líneas a su maravillosa esposa Delia, a la cual mi costilla Mayra y yo le tenemos un cariño muy especial. ¿Será posible comunicarnos con ellos? Nos encantaría.

Gracias, felicitaciones, un abrazo,

Mayra y Giulio.

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Comentario por Roger Dupouy
Fecha 30/10/2008 at

Hello, Carlos.

Recuerdo muy bien a Fernando Lacoste quien fue el que me hizo ingresar en la IBM de Venezuela en el año 1976 cuando yo no hablaba sino inglés. Él participó en los trámites de mi visa de transeúnte para poder ir a trabajar en IBM de Venezuela.

Lo recuerdo como una persona con maravillosos sentimientos humanos. En mis 25 años en IBM-Francia e IBM-Venezuela, seguramente fue uno de mis mejores jefes, y todavía lo recuerdo con mucha complacencia.

Me gustaría que le pasaras mis más cálidos saludos e e-mail.

Saludos,
Roger

 

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21 Enero, 2009

 

La opera prima de Fernando Lacoste

 

Carlos M. Padrón

Cuando aún los sistemas de almacenamiento de información eran de acceso secuencial, como las cintas magnéticas, en 1956 IBM revolucionó ese área con el anuncio del RAMAC (Random Access Method of Accounting and Control), que fue la primera unidad de disco magnético que constaba de un paquete fijo compuesto por 50 discos o platos cuyo contenido era grabado/leído por cabezas montadas en brazos movibles.

clip_image002(Fernando Lacoste en 2004)

La unidad que llegó a Venezuela, objeto de este artículo, podía almacenar en esos 50 discos la para hoy más que ridícula cantidad de 5 millones de caracteres de 7 bits cada uno, para un total de 4.4 de nuestros MB (mega bytes) de hoy, aunque era un mamotreto, como puede verse en la foto, que reproduzco más abajo, en la que se ve cuando tratan de subirla a un avión de la desaparecida Pan American Airways (PAA).

Cada uno de esos 50 platos tenía poco menos de 61 cm de diámetro (24 pulgadas) y 200 tracks o pistas, 100 por cada lado.

La RAMAC se mercadeó como unidad de almacenamiento de la computadora IBM-305, anunciada el 13/09/1956, y de la que se vendieron 650 unidades. Como consola tenía una máquina de escribir, novedosa en aquellos tiempos porque en vez de usar la que luego fue famosa bolita de la Selectric, usaba una especie de prisma que, al igual que la tal bolita hizo después, subía, bajaba y giraba hasta posicionar contra el papel el caracter que debía imprimir.

clip_image003(Plato de la RAMAC).

Para instalar en Tamayo y Cia., IBM de Venezuela pidió una IBM-305-RAMAC —conjunto al que se le llamaba RAMAC porque esta unidad era en él la más novedosa y distintiva— y como en el centro IBM de Rochester (Minnesota) se impartieron cursos acerca de esta máquina, a uno de ellos, que duró casi un mes, asistió Fernando Lacoste por parte de IBM de Venezuela, donde para entonces trabajaba como técnico de hardware. Y es importante destacar que el hardware de esa época carecía de software y que, por tanto, Lacoste no tenía por qué saber de software.

Salvo él y Adrián Morales, otro técnico de IBM-Venezuela, el resto de los participantes en ese curso eran useños, y como tales se guiaban by de book, o sea, que sin ver muy bien los libros, aunque tal vez sí los mirarían bien, seguían lo que éstos decían, pero sin hacer mayor uso de imaginación ni creatividad para la búsqueda de soluciones alternas, un recurso que suele ser común en los latinos y que en Lacoste estuvo siempre extraordinariamente desarrollado.

clip_image004Por ejemplo, la RAMAC usaba tubos de vacío —como los que antes del transistor usaban los aparatos de radio, pero más pequeños— y Lacoste, con su facilidad para asimilar nuevos conocimientos y su ojo crítico de acucioso observador, había ya aprendido que cuando en uno de esos tubos se encendía una diminuta luz, como fluorescente, era porque el tubo se había estropeado.

Y así, cuando la máquina fallaba, los useños abrían sus libros e iniciaban una afanosa búsqueda para tratar de encontrar el posible motivo de la falla, pero después de pasado un tiempo razonable, Lacoste, que no utilizaba el libro porque ya se lo había leído, apuntaba a un cierto tubo y decía: “Aquí está la falla. Hay que cambiar este tubo”. Y, para asombro y consternación del resto de la clase, profesores incluidos, en cuanto cambiaban el tubo la falla desaparecía.

Por supuesto, Lacoste nunca reveló el secreto de su “clarividencia” que tenía maravillados a los useños —y creo que hizo bien, pues el tal “secreto” estaba en el libro— y cuando terminó el curso recibió el número 1 como el mejor participante, y como premio especial le regalaron un pasaje a Buenos Aires donde vivían familiares suyos.

Personalmente fue al puerto de La Guaira (Venezuela) a recibir la RAMAC destinada a Tamayo y Cia., y supervisó la operación de descarga, pues la máquina era tan delicada, pesada (casi una tonelada) y grande (compárese con el operador, en la foto de arriba, a

la derecha, o con el personal de PAA en la que sigue) que traía su propia grúa.

clip_image005(IBM-RAMAC).

Para ese entonces no existían lenguajes de programación como los que comenzaron a popularizarse desde mediados de los años 60 (el FORTRAN apareció en 1957), y la programación de la RAMAC debía hacerse en machine code, o código de máquina, o sea, el lenguaje crudo y duro que la máquina usaba internamente.

Lacoste enfrentó el reto de modificar el programa de demostración que la RAMAC trajo, y así, y aún siendo técnico de hardware y no de software —o sea, no siendo programador, repito, pues es dato clave para entender su proeza— realizó el programa destinado a aplicaciones relativas a ventas (facturación, inventario, órdenes de transporte, etc.) para el que Tamayo había pedido esa máquina.

Pero ni el mercado ni el cliente estaban maduros para esta incipiente tecnología, y Tamayo devolvió a IBM de Venezuela la RAMAC que tantos desvelos había costado a Lacoste, y aceptó en su lugar una máquina de otra marca que le ofreció JF Dorta, quien para entonces trabajaba como vendedor en un competidor de IBM, pero que con el tiempo, y al igual que yo, recaló en IBM.

Y así, esa RAMAC, a falta de otro cliente que la quisiera, fue a dormir el sueño de los justos en los depósitos de IBM.

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clip_image006(Carlos M. Padrón y Fernando Lacoste durante la cena habida en Caracas en septiembre de 1982 para hacerle entrega a Fernando del pin del Quarter Century Club en reconocimiento a sus 25 años en IBM).

En 1962, IBM de Venezuela recibió invitación para participar como expositor en una feria de tecnología a celebrarse en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Enrique Fuenmayor, un IBMista que tenía contacto con la UCV, llevado por una de sus frecuentes ideas originales —como la que en 1970 le llevó a instalar en un pasillo de IBM-Capriles una fuente que lanzaba al aire chorros de agua y mantenía mojado el piso del pasillo— le propuso a Lacoste que programara en la RAMAC algo llamativo para que IBM participara con ella en esa feria de la UCV.

Lacoste, ni corto ni perezoso, puso manos a la obra, y en tres meses tuvo listo un programa al que al dársele el número correspondiente a cualquier año de los últimos 2.000, lograba que la RAMAC, luego de emitir extraños ruidos haciendo girar su pila de discos, imprimiera en la consola los hechos más relevantes ocurridos ese año.

Pero Lacoste, usando de nuevo su chispa latina, añadió algo que fue el gran éxito de esa feria: en un lugar escondido pero siempre a su alcance (pues él permaneció como cancerbero junto a la RAMAC casi 12 horas diarias mientras duró la feria), le montó a la máquina un pequeño botón que al ser oprimido hacía que al final de la respuesta que acerca de los hechos ocurridos en un año diera la RAMAC, apareciera una línea que decía: “Este año nació una bella dama que ha tenido la delicadeza de venir a visitarme hoy”. 

Y claro, Lacoste oprimía ese botón cuando quien se acercaba a formular una pregunta a la máquina era una mujer atractiva que, además, daba como año a consultar uno que hacia pensar que era el de su nacimiento. Y el comentario impreso por la máquina tenía el efecto de que la dama se derritiera en pura vanidad.

El éxito de esta demostración fue tal que la gente hacía cola para poder formular sus preguntas acerca de un año dado, y, en consecuencia, IBM de Venezuela ganó el primer premio de los otorgados en esa feria: una medalla rectangular, de unos 4 x 7 cm, de oro macizo enmarcada junto a un diploma alusivo al primer premio, conjunto este que por 20 años estuvo colgado en la cara interna de la puerta de la oficina de turno de Lacoste en IBM, pues era sentir unánime que sólo a él le correspondía. Esto no obstante, Lacoste olvidó llevárselo cuando a principios de 1983 dejó IBM.

Y creo que fue a partir de esa feria cuando Lacoste salió del área de hardware y pasó de lleno a la de software y programación, en la que estaba en 1970, como gerente de analistas de sistemas, cuando yo lo conocí rodeado ya de la fama de genio que entre la proeza aquí narrada y la del Paquete Online para Bancos había ganado más que merecidamente.

Cuando Fernando Lacoste dejó IBM de Venezuela, materializando lo que para mí fue una enorme pérdida para esta compañía, no se llevó el cuadro con la medalla y el diploma, pero sí la satisfacción de haber logrado, solo y mondo, lo que en 1962 fue una increíble proeza en la informática del momento, proeza que él valora por encima de la más conocida e internacional del Paquete Online para Bancos.

Aunque para mí ese paquete fue una obra titánica, no me queda sino respetar el sentir de Lacoste y, como homenaje personal, hacer pública aquí su gran logro con la RAMAC — logro que él considera su opera prima—, ya que muchos que le deben sus más o menos exitosas carreras en IBM, y gran parte del dinero que en esa compañía ganaron, no se molestan siquiera en averiguar qué es de la vida del genial técnico, destacado ser humano y excelente amigo que ha sido Fernando Lacoste, quien vive retirado en Aventura (Florida, USA) con serios problemas de salud.

A partir de 1987, en mi oficina de IBM de Venezuela tuve enmarcada por años, al igual que Lacoste tuvo en la suya su bien merecida medalla, esta reflexión que siempre viene a mi mente cuando repaso lo mucho que Fernando Lacoste dio a IBM —en términos de imagen y de dinero—, lo mucho que dio a quienes con él trabajaron —o, mejor dicho, a quienes él enseñó a trabajar y formó como verdaderos analistas de sistemas— y lo mucho que dio a algunos de los vendedores que, como yo, nos beneficiamos de sus admirables logros.

Honor a quien honor merece.

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Comentarios

Comentario por Leonardo Masina
Fecha 21/01/2009

Carlos, desafortunadamente IBM tiene un grandísimo defecto dentro de algunas virtudes: si por un lado vamos a decir que ha sido una empresa que ha tratado “decentemente” a sus empleados, por otro, muy fácilmente se olvida de ellos una vez que toman la puerta de salida, tanto sea porque han alcanzado su edad de jubilación, como porque han decidido retirarse. En la IBM “mundial” he notado que aplican el dicho: “Muerto el perro, muerta la rabia”.

Eso lo he podido constatar en Venezuela —donde Fernando es justo uno de los ejemplos— al igual que en Estados Unidos, Italia, España y también a través de contactos que he tenido con personal de IBM, tanto de países latinoamericanos como europeos.

En los 25 años que estuve en IBM conocí muchas personas, muy valiosas, con las cuales he intentado siempre mantener contacto, pero desde el día en que dejaron IBM, prácticamente no he logrado obtener más información de ellas.

Lo único que logra mantener en pie cierta unión, son AMIGOS, como tú, que por medio de mandarnos noticias de Venezuela en los ‘90 —cuando yo estaba en la fábrica de Valencia— e-mails después, y ahora con tu blog, has logrado mantener junto un grupo que, de otra forma, habría perdido el contacto.

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Comentario por CMP
Fecha 21/01/2009

Gracias, Leo.

Que IBM “olvide” no es lo que me afecta, pues, al fin y al cabo, IBM es un ente corporativo que vive para hacer dinero, y eso no obstante, ni de mí ni de otros que conozco se ha olvidado.

Lo que me afecta es el olvido de los entes naturales, de las personas de carne y hueso con quienes uno trabajó codo a codo por años y, muy en especial, de ésas que debiendo mostrar gratitud por lo que por ellas hizo otra, ignoran a esta otra, la dejan de lado, y le vuelven la espalda como si nunca hubiera existido.

Tal parece, como dije en mi reflexión, que vengan los favores recibidos, como si de afrentas se tratara, en su deseo de demostrar al mundo que tales favores nunca existieron y que, por tanto, nada hay que pagar o agradecer.

En el caso que nos ocupa, recuerdo ahora tres individuos que deben a Fernando Lacoste todo lo que lograron dentro de IBM y buena parte de lo que luego lograron fuera. Pero una vez que ya no estuvieron junto a Fernando, bajo el techo de IBM, ninguno se ha dignado ni levantar el teléfono para saludarlo o interesarse por su estado de salud.

Curiosamente, dos de ellos son varones domados declarados, lo cual explica un tanto su execrable actitud, aunque en nada la justifica.

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Comentario por Alberto Lema S.
Fecha 26/01/2009

Carlos, excelente este escrito sobre la personalidad de Fernando Lacoste. Hay que reconocer su genialidad (¿irónica asertividad?) y su don de gente, por su humildad en el trato con los que tuvimos la suerte de conocerlo en IBM.

Por cierto que él fue quien me entrevistó y dio un OK para mi entrada a IBM, gracias al Tocayo y amigo común. Espero que la salud de Fernando mejore y se mantenga bien.

No sé si la poca o ninguna consideración (¿tirados al olvido?) hacia los valores que pasaron por la compañía, y hacia sus aportes a las sólidas fortalezas que cimentaron el liderazgo legendario de IBM en Venezuela —gracias a los(as) que entregaron los mejores días de sus brillantes carreras, casi conyugales (o la que les llevó al divorcio…), para su éxito en los negocios— se deba a política no escrita o a simple falta de interés de aquéllos a quienes correspondía mantener vivas esas leyendas en esta empresa en los grandes momentos de los avances tecnológicos.

Creo que con la excepción de la publicación del libro de los 50 años de IBM en Venezuela, no existe ningún cuadro de honor a esos héroes hoy anónimos, pues sabemos quiénes fueron y qué lograron, y qué aportaron en su momento personas como Fernando, y muchos más, en sus respectivas áreas de trabajo, no sólo de soporte técnico sino también en ventas o gerenciales, de staff y administración.

Mis saludos y respetos a todos esos amigos que conocí y a los que me referenciaron por sus hazañas en sus diferentes épocas, pero sobre todo a aquéllos que están actualmente pasando penurias por enfermedad o desidia/abandono de sus compañeros que se decían amigos.

Salud a todos, y gracias, Carlos, por este momento de reflexión de una persona que le dedicó a IBM tan sólo 23 años,… y un poco más. !!Uff!!

Abrazos.
Alberto

 

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04 Mayo, 2010

 

Del baúl de los recuerdos de IBM: Dos genios

Carlos M. Padrón

Hay IBMistas que aseguran que en la IBM-Venezuela de nuestros tiempos —la que conocimos hasta 1990— hubo dos genios: Hugo Smitter y Fernando Lacoste.

De las genialidades de Hugo (q.e.p.d.) supe por sus compañeros; de las de Fernando, por mi contacto personal con él, y por eso puedo dar fe al respecto.

A final de los años 40 entró Hugo en IBM-Venezuela, y Fernando lo hizo en 1957 en IBM-Argentina, y en 1958 llegó a IBM-Venezuela.

Ambos entraron en el departamento técnico, el que se ocupaba del arreglo del hardware de las entonces máquinas más sofisticadas, y fue aquí donde destacó y perduró la genialidad de Hugo.

Luego pasaron al software, pero en áreas diferentes —Hugo en soporte, y Fernando en desarrollo—, y fue en esta área en la que Fernando Lacoste demostró su genialidad, según ya conté en el artículo sobre lo que él considera su opera prima, y en el que trata sobre el Paquete en línea para Bancos, que es la que considero su obra genial.

En estas fotos del baúl de los recuerdos, tomadas en 1957 y 1959, aparecen, Fernando en una y Hugo en la otra, junto a otros IBMistas.

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Curso de máquinas IBM-Convencionales dictado en Lima (Perú) en julio/1957. Foto cortesía de Horacio Malcervelli

De izquierda a derecha: Jorge Outeda (argentino), Ramón Sitja (español), Horacio Malcervelli (argentino), y Fernando Lacoste (italiano), todos de IBM-Venezuela.

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Curso de la máquina IBM-650 dictado en Caracas por Hugo Smitter en julio/1959. Foto cortesía de Horacio Malcervelli

1: X Franchini,, técnico de IBM-Argentina; 2: Y Burotto, técnico de IBM-Argentina; 3: Z Correa, técnico de IBM-Colombia; 4: Luis Somoza, argentino de IBM-Venezuela; 5: Armando Girola, argentino de IBM-Venezuela; 6: Horacio Malcervelli, argentino de IBM-Venezuela; y 7: Hugo Smitter, técnico de IBM-Venezuela, e instructor del curso.

Si alguien sabe el nombre de X, Y o Z agradeceré que me los envíe por e-mail, pues los apellidos ya me los envío Carlos Kasis, exIBMista, luego de hablar con Armando Girola. Mis gracias a ambos.

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Comentarios

Comentario por Eladio Oliva
Fecha 04/05/2010

Carlos, éste si es el baúl de los recuerdos; muy buena la reseña. Conocí a ambos y coincido contigo. A Luis Somoza, quien aparece en la segunda, foto lo conocí en Maracaibo

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Comentario por Horacio E. Malcervelli
Fecha 04/05/2010 at

Carlitos, gracias por la referencia a mi nombre, la publicación de las fotos y el rescate de un pasado lleno de magia y fantasía creado por la sigla IBM.

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Comentario por José Padrón (El Técnico)
Fecha 04/05/2010

Definitivamente cierto. De Don Hugo, ni hablar de sus genialidades: 2050 Fellow en Poukiepsie.

Fernando, cuando era técnico, fue mi primer compañero en CANTV-Maderero, cuando sólo existía allí Unit Record, 421s, 077s, etc.

Por si vale el recuerdo, Fernando atendió la RAMAC 305.

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Comentario por Leonardo Masina
Fecha 05/05/2010 at

Una pregunta: ¿Quién copió a quién con la pajarita, Fernando a Ramón o viceversa?

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Comentario por CMP
Fecha 05/05/2010

Leo, esa pregunta de la corbata pajarita me la hice apenas vi la foto de Fernando Lacoste luciendo esa prenda, pues hasta ese momento Ramón López era, para mí, el único que en IBM-Venezuela la usaba.

Creo que en este caso tendremos que aplicar el a veces sabio consejo de “Vive la intriga y no indagues”.

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Comentario por Fernando Lacoste
Fecha 15/05/2010

Aclaratoria sin importancia. Estoy casi seguro de que yo usaba la “pajarita” en Italia y Argentina cuando Ramón López iba todavía de pantalón corto.

 

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11 Mayo, 2010

 

Más acerca de “Del baúl de los recuerdos de IBM: Dos genios”

Carlos M. Padrón

A una semana de haber publicado aquí el artículo Del baúl de los recuerdos de IBM: Dos genios, éste ha recibido algunos comentarios, y yo algunos e-mails, en algunos de los cuales —tanto comentarios como e-mails— se ratifica lo dicho en el artículo, pero en otros se argumenta que en IBM-Venezuela hubo otros genios además de Hugo Smitter y Fernando Lacoste.

No niego que los hubiera, y por eso en el mencionado artículo no dije que Hugo y Fernando fueran los únicos. Pero ocurre que sí son los únicos acerca de cuyas genialidades sí he recibido opiniones y relatos de diferentes IBMistas (caso de Hugo), y en el caso de Fernando no sólo ha ocurrido lo mismo sino que personalmente pude vivir y comprobar varias de sus genialidades y el tremendo alcance que una de ellas tuvo.

Si acerca de otros IBMistas recibiera yo informaciones de diversas fuentes, como las recibidas acerca de Hugo, y detalles de las genialidades de esos otros, con gusto escribiría en este blog acerca de ellos.

Por ejemplo, en uno de los comentarios recibidos, el amigo y exIBMista Leonardo Masina me dice que en la lista de genios deberían estar Alfredo Carvallo y Ramón López, pero carezco de información de apoyo al respecto.

Mi trato con Alfredo fue casi nulo, como nulo es también el conocimiento que tengo acerca de su andadura en IBM. Sólo sé que pertenecía al departamento técnico, así que poco puedo decir acerca de él.

En cambio a Ramón lo traté mucho y desarrollé por él gran respeto y mayor aprecio, y hasta el propio Fernando Lacoste me ha dicho también que Ramón merece el reconocimiento de genio, pero ni Fernando ni otros han aportado hechos relevantes que yo pueda publicar aquí.

Para colmo, al amigo Ramón López, aunque experto en electrónica, lo conocí siempre como gerente técnico, posición en la que resulta un tanto difícil producir esos hechos, aunque he sabido de uno que merece mención.

En 1962 Ramón López hizo una sugerencia para modificar varias cosas en la máquina IBM-1620, entre ellas los circuitos de multiplicación para que cuando esa máquina multiplicara por 0 (cero) diera un salto al próximo dígito del multiplicador y no efectuara toda la rutina de 3 x 0 = 0, etc.

Por tal sugerencia Ramón recibió de IBM un premio de $250, y a fin de 1962 recibió otro premio porque su sugerencia fue reconocida como la mejor del año y aplicada por IBM, con gran propaganda, a la 1620-2.

En uno de los e-mails arriba mencionados me ha contado Ramón que cuando Hugo Smitter le preguntaba algo sobre electrónica, entendía siempre muy bien la explicación, y al final decía “No hay cosas difíciles, lo que hay es gente que no sabe explicarlas“. Y que defendía la idea de que las ciudades debían estar hechas como un tablero de ajedrez: los cuadros negros con parques, y los blancos con viviendas.

Dicho esto debo añadir que sobre cualquier otro IBMista que mereciera el calificativo de genio no podría yo escribir con tanta extensión y detalle como lo he hecho con las genialidades de Fernando Lacoste, porque algunas de las suyas las viví y hasta me beneficié de ellas, pues me permitieron hacer muy buenos negocios, y no sólo entre los clientes de IBM-Venezuela sino de muchos otros países de América Latina.

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Julio/1957. Mitad izquierda de la foto de la cena de graduación del curso de máquinas convencionales dictado en Lima (Perú).| Fila de los de frente a la cámara. De izquierda a derecha: Oscar del Barco, de IBM-Venezuela; Eduardo Romero, de IBM-Venezuela; X1 Méndez, de IBM-Colombia; Jorge Outeda, de IBM-Venezuela; X2 Meléndez, de IBM-Colombia; Fernando Lacoste, de IBM-Venezuela; Akos Puky, de IBM-Venezuela.| Fila de los de espaldas a la cámara. De izquierda a derecha: X3 Gainza, de IBM-Perú, instructor del curso; X4 Ruiz, de IBM-Colombia; X5, técnico de IBM-Chile; Horacio Malcervelli, de IBM-Venezuela. | Si alguien sabe nombres, apellidos u otros datos de los que llevan la ‘X’ (1 a 5), agradeceré que me los envíe por e-mail.

 

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Julio/1957. Mitad derecha de la foto de la cena de graduación del curso de máquinas convencionales dictado en Lima (Perú).

De izquierda a derecha: Y1 Rodríguez, Gerente Técnico IBM para el Área Suramericana; Ernesto Dusio, instructor del curso, de IBM-Uruguay, que luego vino a IBM-Venezuela; Y2 Soler, de IBM-Colombia.

Estos nombres/apellido y cargos, al igual que algunos correspondientes a la otra foto, los he sabido por cortesía de Oscar del Barco. Si alguien sabe nombres, apellidos u otros datos de los que llevan la ‘Y’ (1 a 2), agradeceré que me los envíe por e-mail.

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Alguien dijo que el genio es 1% de inspiración y 99% de trabajo, y hasta en esto encaja Fernando, según podrá comprobarse en lo que sigue, referido al viejo Banco de Venezuela (BV) y a algunas personas que en 1967 formaban parte de su tren ejecutivo.

Se trata de algo que, según el propio Fernando, puedo publicar porque los ejecutivos involucrados o han muerto o ya no están en aquel BV, desparecido en los años 90.

Fueron ellos personas que, como José Antonio Ramírez Carabaño, Antonio José Castro Hernández (y otro, de origen español, cuyo nombre pondré aquí cuando lo averigüe), tomaron una decisión que, según explicaré más abajo, fue riesgosa pero valiente e histórica porque cambió la forma de operar de la Banca en Venezuela, y tal vez en varios otros países.

Cuando tuve como cliente al BV, traté con los dos primeros, ya muertos (q.e.p.d.), pero en especial con el Sr. Ramírez Carabaño a quien apodaban cariñosamente Ramirote y que se ganó mi afecto y mi respeto. 

En 1967 —y según conté en parte en Paquete en línea para Bancosfue el Banco de Venezuela el se prestó como conejillo de indias para que Fernando Lacoste intentara hacer realidad lo que luego fue el manejo online de las cuentas de ahorro.

Tal ofrecimiento fue producto de la gran preocupación que causó en el Banco el hecho de que, manipulando el sistema de cuentas de ahorro, que entonces se manejaba mediante un tarjetón impreso por una máquina de registro directo, un operador había desfalcado al BV cinco millones de bolívares, para entonces más de un millón y medio de dólares,… de aquella época.

Para evitar este tipo de desfalcos, Rafael Mora, entonces vendedor IBM para el BV —y en 1971 mi primer gerente en IBM— tuvo la idea de instalar en el escritorio del supervisor de cuentas de ahorro del Banco un terminal IBM-1050 que avisara sobre cada operación fuera de lo normal que se hiciera en esas cuentas. Como suele ocurrir en el caso de ideas nuevas, ésta, y también la que le siguió, encontraron bastante oposición dentro de IBM-Venezuela.

Fue el propio Fernando quien, desde USA, donde había ido a estudiar en detalle el terminal IBM-1050, informó de que éste no serviría para poner en práctica la idea de Rafael Mora.

Pero cuando poco tiempo después se anunció el terminal IBM-1060, Fernando vio que sí sería viable la realización de un proyecto más ambicioso que el anterior: el manejo online de las cuentas de ahorro mediante un ‘paquete’ de programas.

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Julio/1957. Horacio Malcervelli y Fernando Lacoste durante el curso de máquinas convencionales dictado en Lima (Perú)

Se consiguió la necesaria aprobación del BV —que, como ya dicho, presionado por lo del desfalco se ofreció de conejillo de indias—, y para ese proyecto online se formó un equipo en el que, además de Fernando, estaban Jorge Outeda y Julián Mejías, pero la idea de cómo hacer el paquete online y la responsabilidad de ponerlo a funcionar fueron de Fernando, y fue él quien, programando en el difícil lenguaje de Physical I/O, o lenguaje de máquina, concibió y realizó los programas.

Una vez casi listos éstos, y  debidamente empaquetados —de ahí el nombre de ‘paquete’—, las pruebas, o paralelo de operaciones, para determinar qué tan bien realizaba el paquete su trabajo tenían que hacerse en la noche cuando el BV había desocupado su computadora IBM-360.

Era entonces, en plena noche, cuando Fernando entraba en el BV, comparaba los resultados de las transacciones hechas en el día por las agencias, desde los terminales1060, con las transacciones del reporte general que con todas ellas generaba la IBM-360, y trabajando en las diferencias —muchas de las cuales ponían en evidencia errores de algunos de los programas integrantes del paquete, o de algún terminal—, hacía las consiguientes correcciones y lograba el cuadre, que era vital para el Banco.

Los ya mencionados ejecutivos del BV no sólo asumieron el riesgo de aceptar la idea del paquete online sino que permitieron a Fernando que entrara a la sala de máquinas, ubicada en el interior de la oficina principal del BV, en la Av. Urdaneta (Caracas), a cualquier hora del día o de la noche y de cualquier día de la semana. O sea, que por mucho tiempo le dieron acceso libre y no vigilado a la oficina principal del Banco en la forma que hoy se llama 24/7 (= 24 horas los 7 días de la semana).

Por si esto fuera poco, junto a esa sala de máquinas instalaron una cama para que Fernando pudiera dormitar un rato durante su trabajo nocturno.

A veces el dormitar no lograba reducir la presión que ese trabajo y la responsabilidad a él asociada le producían, y, según Julián Mejías me contó una vez, en horas de la madrugada, cuando la ciudad aún dormía, Fernando solía irse a Sabana Grande —la que en la Caracas de entonces era la “Quinta Avenida”, o sea, la vía comercial por excelencia— y le hablaba a los maniquíes exhibidos en los muchos escaparates, lo cual hizo que Mejías temiera por la salud mental del abnegado Fernando quien, luego de su “conversación” con los maniquíes —en la que cabe suponer que les contaba sus problemas con el paquete y los terminales—, regresaba al Banco e implementaba la solución que por ese extraño medio había descubierto.

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Foto, cortesía de Horacio Malcervelli, tomada en julio de1959 en el centro de cómputo de IBM-Venezuela cuando estaba en la Av. Urdaneta, esquina de Urapal.

De atrás hacia adelante, y de izquierda a derecha: Horacio Malcervelli, técnico de IBM-Venezuela;  Y1, técnico de IBM-Colombia; Y2, técnico de IBM-Argentina; Eduardo Mireles, entonces gerente de ese centro; Y3 (sentado), técnico de IBM-Argentina; Elba Soto [1], “Miss IBM-Urapal” porque, según me cuentan, traía de cabezas a todos los hombres que allí trabajaban; y en cuclillas, Armando Girola, técnico de IBM-Venezuela.

Si alguien sabe nombres, apellidos u otros datos de los que llevan la ‘Y’ (1 a 3), agradeceré que me los envíe por e-mail.

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Esta conducta de Fernando es prueba de pudor profesional, trabajo arduo, sacrificio personal, dedicación sin límites, y búsqueda de la excelencia, algo que no viene necesariamente con un título aniversario que, por cierto, Fernando no tenía, como tampoco lo tenían otros muchos IBMistas que con sus logros contribuyeron al crecimiento, negocio y prestigio de IBM.

En la ristra de estas cualidades, todas ellas entre las que componen el 90% de trabajo requerido para llegar a ser genio, falta algo que poco tiene que ver con la genialidad: la honradez.

Por mucho tiempo Fernando tuvo, sin vigilancia alguna, libre acceso a todas las cuentas de ahorro del BV, y, como tuvo la oportunidad y el conocimiento necesarios, bien pudo distraer dinero de ellas aunque sólo fuera para forzar un cuadre y trabajar menos.

Pero no lo hizo, correspondiendo así a la total confianza que los ejecutivos del BV habían depositado en él y en la empresa para la que trabajaba: IBM, la compañía que por muchos años fuera, en Venezuela y en el resto del mundo, la más apetecida por quienes buscaban un buen lugar donde trabajar.

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[1] El nombre de esta dama me llegó primero por vía de Noel Ramírez. Hubo opiniones en contra, pero la confirmación me llegó luego por vía de Jairo Martínez y, por último, de Jaime Villalta. Mil gracias a todos.

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Comentarios

Comentario por Fernando Lacoste
Fecha 12/05/2010

Carlos:

Simpática e ingeniosa la publicación “Del baúl de los recuerdos IBM: Dos genios” en tu enciclopédico blog. Como yo estuve ahí, puedo confirmar que el relato de los hechos es correcto e imparcial.

Interesante la reacción del mundillo de los ex colegas a la afirmación de los dos “genios”. A mí me parece obvio que se usó ese adjetivo como hipérbole conversacional, y no creo que debió entenderse con la “G” (estos tipos suelen ganar Nobels y vainas).

En la IBM trabajaron varios que eran súper inteligentes pero, obviamente, los diferentes niveles de genialidad sólo podrían ser anecdóticos. A mí me tocó resolver un desafío, y su solución ha sido cuantificable en muchos $$$$. ¡Así es la vida!

En la creación del paquete trabajaron como esclavos el selecto grupo de Jorge Outeda, Claudio Fisinessi, Julián Mejías, Enrique Novella, y Luis Barbero. Cada uno aportando ideas, sudor y lágrimas.

Y en este punto, más de 4 décadas después y pasando los 80, me avengo a revelar que en las entrañas y en el concepto del paquete hay unas cuantas soluciones “geniales” y MÍAS.

Me gustaría resaltar algo de lo que se habló poco pero que fue muy pesado para el grupo. Me refiero a la pobreza increíble de recursos físicos con los que tuvimos que enfrentarnos: una sola, mínima IBM-360/30, una IBM-2702 (transmission control) defectuosa que producía las fallas más enloquecedoras, unas líneas telefónicas del tiempo de Morse, falta de tiempo de máquina, etc.

El proyecto se llevó a cabo en un vacío total, sin contactos externos y sin la bendición de la IBM mundial. ¡El paquete fue realmente parido sin padrinos!

Tienes mi permiso para poner estos comentarios en el “baúl”.

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Comentario por Javier Palacios
Fecha 16/05/2010

Hola, Carlos.

Pues para mí ha sido de mucho interés, y una revelación, saber cómo empezó ese paquete bancario a cuyo soporte me uní en los 70, cuando ya los terminales IBM-1060s y el famoso control de teleproceso IBM-2702 auto poll pasaban a la historia, reemplazados por los terminales IBM-2970s y las computadoras IBM- 370/x como TCU.

¡Lo que me perdí, caray!

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Comentario por Juan Fermín Dorta
Fecha 23/08/2010

A FERNANDO LACOSTE Y NÉSTOR ESNAOLA HERRERA (q.e.p.d.)
(Los pecadillos secretos de dos men in black).

Mencionar a Fernando es abrir la Caja de Pandora. No hay quien no lo reverencie ni que lo siente a la diestra de Dios Padre. Y dígame si el que toma la palabra es nuestro master blogger, panegirista excelso de la vida y obra del querido Fernando.

Aceptada la adoración universal al propio, quiero, humildemente, dar una pequeña pista sobre su cultura.

Un día, hablando de literatura enrevesada, mencionándole como ejemplo el “Ulises” de James Joyce, ¡y el Fernando nos presta la mejor traducción castellana del texto!

Ferdinando, misterioso personaje, técnico, analista de sistemas, que tenía tiempo para leer. ¡SALVE!

Y DEL INOLVIDABLE NÉSTOR, compañero de módulo ¿qué podemos recordar? Pues casi nada. No sólo nos obligó a leer al intrincado Cortázar sino que fue nuestro guía en la nueva literatura iberoamericana.

Como alguien comentaba en este blog “No es necesario ser bachiller para…”. Les ratifico que nunca pregunté por los títulos de este par de especímenes que tanto me enseñaron.

Cuídate, Fernando, y un abrazo virtual a Néstor.

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Comentario por Fernando Lacoste
Fecha 23/08/2010

Me agradó encontrar en los comentarios, y en la lúcida prosa de Juan Fermín Dorta, unas referencias aparentemente favorables a mi persona (¡todas verdaderas!).

El episodio del Ulyses de Joyce me retrotrajo a las interesantes e instructivas tertulias que nos mandábamos en tiempo IBM, cuando éramos felices y no lo sabíamos.

Recuerdos para todos.

Fernando.

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