Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
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03/09/2014
El punto con el que se acaba un escrito o una división importante de un texto se llama punto final, no punto y final.
Esta expresión se emplea también para aludir a lo que da por terminado un asunto:
Sin embargo, en los medios de comunicación se emplea a menudo la variante impropia punto y final:
El Diccionario panhispánico de dudas señala acerca de esta variante:
«No es correcta la denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte».
Se recomienda, pues, evitar punto y final para aludir tanto al punto que da fin a un texto como a aquello con lo que termina un asunto, y emplear en todos los casos punto final.
Los gatos hacen lo que quieren.
Conclusión: Los gatos son reencarnaciones de mujeres.
Un perro se pasa el día estirado en el sofá (depende de la raza).
Conclusión: Los perros son reencarnaciones de hombres.
NotaCMP: Quien escribió esto no sabe mucho de perros.
02/09/2014
Los verbos evitar e impedir incluyen en su significado el intento de que algo no suceda.
Por esto, cuando se usan seguidos por una negación (evitar/impedir que no…) pueden dar lugar a frases que dicen lo contrario de lo que se pretende expresar.
En los medios se pueden leer con alguna frecuencia frases como
En todos esos casos, dado que la negación ya está implícita en los verbos empleados, el uso del adverbio no altera el sentido de las frases, de modo que parecen decir que se busca el modo de que haya más muertos, que se colocan las láminas, lonas y telas para que el agua pueda filtrarse, o que se pretende que el paro crezca más.
Lo apropiado en esos casos habría sido escribir
Otra opción, si se quiere mantener la palabra no, es cambiar los verbos por otros o incluso eliminarlos:
01/09/2014
Miguel Gilarte
Es antiquísima, está relacionada con las estrellas y las constelaciones y, al contrario de lo que se pueda creer, se utiliza en los días más calurosos.
Hace unos 5.300 años, el fenómeno de la canícula (que es el período de más calor del año, y en los países mediterráneos se da entre el 24 de julio y el 02 de septiembre) aparecía hacia el 21 de junio, coincidiendo con la salida matutina, por primera vez y tras reaparecer por detrás del Sol, de la estrella Sirio, la estrella más brillante de la constelación de Canis Major, llamada la luminaria Sirio “la abrasadora”.
Pero ahora Sirio, por un fenómeno astronómico que se llama “precesión de los equinoccios”, aparece en septiembre antes del amanecer.
La precesión de los equinoccios hace que el eje de la Tierra cambie de orientación y dé una vuelta completa cada 25.776 años, el movimiento es similar al de un trompo o una peonza que está a punto de pararse y caer. Ello hace que el eje terrestre no siempre apunte a la estrella Polar como ahora, sino que vaya cambiando de posición en el cielo haciendo un círculo enorme.
Hace 3.000 años la estrella Polar era la estrella Alfa de la constelación del Dragón.
Sirio es la estrella más brillante del cielo y pertenece a la constelación del Canis Major o Perro Mayor, “canis” o “can” por tanto significan perro, y canícula hace referencia a la constelación del Can Mayor, que también se la conoce por este nombre. Canícula significa “perrita”.
En la región de Centroamérica, y debido al calor entre el 15 de julio y el 15 de agosto, se dejaba de sembrar y, durante este tiempo, alcanzaba su máxima altura la constelación del Canis Minor (Perro Menor). De ahí también la palabra canícula, que proviene de la palabra can que significa canino o perro.
Así que tenemos dos constelaciones, el Perro Mayor y el Perro Menor, que hacían antes sus apariciones en los días de más calor del año.
Por todo ello, la frase “hace un día de perros”, proviene de los días más calurosos, cuando la constelación del Perro Mayor (canícula), hacía su aparición en el cielo en los días de más calor. Al caernos la canícula encima, nos deja jadeando como perros, cansados, agobiados, sin aliento y a la sombra. Un mal día para cualquiera.
Esta expresión se suele utilizar también en días lluviosos, tormentosos, de viento, un mal día en el trabajo, pero en realidad está asociada al calor. Así que constelación de perro más día de calor sofocante, es igual a día de perros.
La relación de Sirio con los egipcios
La constelación del Can Mayor y su estrella más brillante, Sirio, que los egipcios llamaban Sotis, resultaron de vital importancia para conocer los tiempos de siembra y calendario (año Sotíaco) para aquéllos.
El calendario egipcio era muy exacto. Utilizaban no al Sol, sino a Sirio para su año de 365 días. Al emplear a Sirio como referencia, tenían en cuenta su primera aparición por el horizonte, tras haberse separado del Sol como para que fuera visible antes del amanecer, denominado orto helíaco.
Y supieron que desde un orto de Sirio hasta el cuarto orto no habían transcurrido 365 x 4 = 1.460 días, sino 1.461 días, es decir, cada 4 años sumaban un día más, que es nuestro año bisiesto.
Los egipcios en sus mejores tiempos utilizaban a Sirio cuando aparecía en el horizonte justo antes de la salida del Sol: ése era el primer día del año y el comienzo de la festividad de la diosa Isis.
La relación de Sirio con Isis coincidía con las crecidas del Nilo, que regaba con su limo el suelo, fertilizándolo, así podrían tener nuevas cosechas en el otoño.
La aparición de Sirio en el cielo significaba la pronta crecida del Nilo y la prosperidad para aquel pueblo. Tres de los cuatro canales de ventilación de la Gran Pirámide estuvieron en su momento orientados a las estrellas. El canal norte de la cámara del Rey miraba en dirección de la estrella Alfa de la constelación del Dragón; el canal norte de la cámara de la Reina, en dirección al cinturón de Orión (las tres Marías); y el canal sur de esta cámara, en dirección a Sirio.
La estrella Sirio está a ocho años luz, es de las más cercanas a nosotros, de color blanco azulado posee una estrella compañera enana blanca (Sirio B). Esta estrella enana tiene la masa del Sol, pero es tan pequeña como la Tierra, por lo que su densidad es tremenda, orbita en torno a Sirio cada 50 años. Se especula con la posibilidad de que exista una tercera estrella, una enana roja (Sirio C).
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Miguel Gilarte Fernández es el Director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y Presidente de la Asociación Astronómica de España.
Cerrar su farmacia porque no le quedó más remedio.
El exIBMista y amigo Juan Llorens cree que esta premiación tuvo lugar en 1974, cuando él trabajaba en Information Systems —antes lo había hecno como vendedor en la Sucursal Finanzas—, y Duilio Viloria en el desarrollo de un sistema que pudo ser el Control de Inventario de repuestos para el Departamento Técnico.
Duilio Viloria, y Juan Llorens
¿Sabe alguien quién es el que aparece en la esquina inferior derecha?
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COMENTARIOS
Duilio Viloria
Estimado excompañero Duilio Viloria,
1. Lo del deceso del compañero Juan Llorens lo publiqué en su momento en Necrología IBM.
2. Si tienes esas fotos, agradeceré que me las envíes por este medio, indicando lugar, fecha y nombre de los que en ellas aparecen.
Gracias por tu comentario.
Duilio Viloria
Trabajó para el Departamento de Contabilidad en los años 1972 – 1974. Los de contabilidad de esa época deben saber el nombre.
CMP
En respuesta a Lily Taboada.
Gracias, Lily. En el blog hay muchas fotos de José Padrón (q.e.p.d.), pero no creo que el que nos ocupa sea él. Más bien se me parece a Rodolfo Mora, uno que estuvo asignado por Puerto Ordaz y que luego vendía Herbalife. Creo que se llamaba así.
Lily Taboada
Estoy casi segura de que el de la foto es José Padrón. Estaba en el Dpto. Teénico y jugaba softball con Jaime Trillas. Revisa su foto en tu archivo de personas fallecidas.
Carlos
Carlos, creo que es de apellido Abenante y de nombre Jesús. Era de origen español-norteafricano. Tal vez alguien lo puede confirmar con más propiedad.
Luisa
A mi no me parece que sea Sergio; él tenía el cabello demasiado liso.
Gabor Simon
Tengo la misma impresion que Javier Palacios, me parece que podria ser Sergio Grigoletti.
Javier Palacios
El de las patillas, exageradas aun para esa época, me parece que es Sergio Grigoletti.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
29-08-14
Carlos M. Padrón.
Don Amando de Miguel trató este tema en dos entregas, una del 20-08-2014 y otra de hoy. Me he tomado la libertad de reunirlas en un solo artículo que copio abajo, y hago aquí mis comentarios a él.
2. La conjunción copulativa ‘y’ resulta imprescindible
Me extraña que no mencione lo de la errónea obligatoriedad de poner siempre coma después de esa conjunción.
4. El castellano aborrece los periodos largos
Es una opinión personal que no siempre puede resultar la mejor opción; también habló de ella en el punto 10. Me extraña que, en cambio, haga gala de una pobreza en signos de puntuación, como en estos párrafos:
«Ha quedado el número siete para las famosas plagas que asolaron a Egipto, quizá porque en hebreo el siete significa ‘mucho’. La Biblia enumera diez plagas. Es igual. A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda, al menos tenerlos en cuenta».
«Un extraño principio de la corrección de textos. Uno mismo detecta mal los errores. Es mejor que la operación la haga otra persona. El método óptimo es que el texto sea leído en voz alta por el corrector y el autor. Lleva tiempo, pero compensa. La corrección automática del computador suele ser pobre, insuficiente e incluso equivocada. No he logrado entender por qué el corrector automático aborrece ciertas voces perfectamente incorporadas a nuestro idioma».
que parecen emular a quienes, no sabiendo qué signo usar, usan sólo puntos suspensivos, pues don Amando usa sólo punto y seguido. Y también parecen ratificar, entre otras cosas, lo que el mismo don Amando dijo una vez: que el punto y coma está en vías de extinción. Que yo sepa, no sólo tiene vigencia, sino utilidad, además de contribuir a romper la monotonía, vicio que don Amando condena.
8. La plaga de los demostrativos (este, ese, aquel, etc.)
Pues dígalo quien lo diga, yo seguiré poniendo acento (o sea, poniendo tilde) en esos pronombres, así como también en los adverbios cómo, aún, y sólo cuando, según la norma antigua, deban llevarlo.
Según las referencias autorizadas de nuestra lengua, entre las que se cuenta el DRAE, estos pronombres no llevan tilde, pero don Amando escribió estragante, y esa palabra no aparece en el DRAE.
9. La cuestión del leísmo
Que me perdone don Amando, pero sí lo que él propone incluye que digamos la di de comer en vez de le di de comer, no estoy de acuerdo con él.
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29-08-14
Amando de Miguel
Ha quedado el número siete para las famosas plagas que asolaron a Egipto, quizá porque en hebreo el siete significa mucho. La Biblia enumera diez plagas. Es igual. A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda, al menos tenerlos en cuenta.
Las expongo sucintamente, por si pudiera servir de aviso para escritores y lectores.
A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda; al menos tenerlos en cuenta.
1. El idioma español presenta la desventaja de la monotonía
Hay que cuidar mucho las repeticiones, reiteraciones de ciertas palabras, que se convierten en comodines. Por ejemplo, la preposición ‘en‘, necesaria pero sobreabundante. Hay que tratar de sustituirla a veces por otras: de, a través de, etc. Nuestra desgracia es que con esa preposición empieza el Quijote. «En un lugar de La Mancha…». La rima más odiosa es la de las voces terminadas en –ón. No hay soneto que la resista.
2. La conjunción copulativa ‘y’ resulta imprescindible
Pero a veces choca un poco, sobre todo al principio de la frase. Resulta un horror la serie de noticias de los telediarios cuando comienzan sistemáticamente con la dichosa y, sin venir a cuento. La y al comienzo de una oración da buen resultado en la lírica, pero la prosa la rechaza.
Ahora nos invade la moda de la pregunta: «¿Y?». Hay que ser argentino para dominarla.
3. Los artículos determinados o indeterminados son necesarios
Pero, una vez más, molesta su uso reiterativo. Ajústese el oído a cada caso. Por ejemplo, suena fatal «subir a dirección», «bajar a planta» o «chutar a portería».
A mí me gusta decir «los Estados Unidos», «la India», «el Japón», «el Perú», «la Argentina», etc., pero reconozco que puede resultar pesadito. Naturalmente, cabe decir “la España contemporánea” o “la Inglaterra victoriana”, al llevar un adjetivo.
4. Al ser una lengua monótona, el castellano aborrece los periodos largos
Yo me he impuesto la norma de que las frases no excedan de 30 palabras, los párrafos de 30 líneas, y los capítulos de 30 páginas. La reducción a esos límites siempre mejora el texto. Lo he comprobado mil veces.
5. Los neutros son muy peligrosos: aquello, esto, eso, lo, lo que, etc.
En mis escritos constituyen una plaga. Trataré de reducir su presencia.
6. Otro fallo de mis textos es el abuso de los adverbios
Sobre todo los terminados en –mente, y las expresiones adverbiales, por ejemplo, esto es, la verdad es que, con todo, por lo menos, etc.
No hay que llegar a la tontería de García Márquez, quien suprimió bonitamente todos los adverbios en –mente. Sin embargo, tengamos cuidado con su abundancia. Cuando se juntan dos -mente en la misma frase, la rima se hace odiosa.
7. Los verbos auxiliares (ser, estar, haber, tener) son utilísimos
Pero, una vez más, su exceso puede adormecer al lector. Es fácil sustituir el es por consiste en, aunque ya hemos introducido la maldita preposición en. Es cosa sabida, al corregir un error, se cuela otro.
Un extraño principio de la corrección de textos. Uno mismo detecta mal los errores. Es mejor que la operación la haga otra persona. El método óptimo es que el texto sea leído en voz alta por el corrector y el autor. Lleva tiempo, pero compensa. La corrección automática del computador suele ser pobre, insuficiente e incluso equivocada. No he logrado entender por qué el corrector automático aborrece ciertas voces perfectamente incorporadas a nuestro idioma.
8. La plaga de los demostrativos (este, ese, aquel, etc.) nos cerca por todas partes
Claro que son útiles para no tener que repetir nombres, pero muchas veces despistan. La diferencia entre ellos depende de la posición del observador o del que emite la información. Es evidente que por ahí se llega a continuas indeterminaciones.
El más peligroso —una especie de ébola gramatical— es el pronombre aquel. Debe huirse de él. Cabe sólo apelar a esa indeterminación cuando se desee transmitir un sentido de soledad y nostalgia.
Recuérdense los famosos versos de Bécquer sobre las golondrinas: Pero aquellas que el vuelo refrenaban / tu hermosura y mi dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres…/ esas… ¡no volverán!
Por cierto, ningún pronombre demostrativo lleva ya tilde. Me parece maravillosa la expresión tener su aquel, pero aquí no es demostrativo sino sustantivo. Equivale a encanto, ángel, espíritu.
9. Está la cuestión del leísmo
No afectaba mucho cuando se reducía en España a una franja geográfica a ambos lados de la carretera o el ferrocarril de Madrid a Irún. Pero ahora se ha generalizado, por influencia, quizá, de los modos iberoamericanos.
No tiene mayor importancia. Acabaremos todos siendo leístas: la preferencia por le en lugar de la o lo como complemento directo de cosas o personas. Digamos que se trata de una plaga benigna, algo así como una gripe común.
10. La plaga más general es el natural barroquismo de la tradición española en tantos aspectos de la vida
Llega a ser estragante cuando se abusa de tal recurso. Me he acostumbrado a no soportar frases de más de 30 palabras, aunque las hay de más de ciento.
Una concesión barroca que me encanta es la sucesión de tres adjetivos, nombres o verbos, siempre que se precise la triada. Por ejemplo: «Bueno, bonito y barato». No debe abusarse de un recurso, en principio tan elegante.
Un virus reciente es el del verbo poder por influencia estadounidense. No sé si los gramáticos lo consideran un verbo auxiliar, pero así me lo parece en numerosas ocasiones.
En sí mismo no dice mucho, a no ser que le añadamos la acción principal. Podemos hacer el inri o podemos ser más imaginativos. Si no le agregamos la acción principal, el verbo poder adquiere una connotación de fuerza, mando, voluntad, autoridad, presión, dominación, imposición, victoria.
Es evidente la conexión de esas voces con los frentes o movimientos fascistas de toda laya, en definitiva, con ansias totalitarias. Recordemos el viejo juego infantil a ver quién puede más. Nótese que el dichoso verbo poder no admite la construcción pasiva. En inglés resulta todavía más defectivo. Se conjuga en presente (I can, we can), pero no admite el futuro. En tal caso hay que recurrir a una perífrasis: I will be able (= seré capaz).