[*Opino}– ¡Pobre idioma! No es economía, es ridículo esnobismo

15-05-13 (Reedición con 37)

Carlos M. Padrón

Alguien dijo que la economía es algo que usa siempre la Naturaleza.

No sé si es cierto, pero sí sé que aplico economía cada vez que puedo, desde el manejo del dinero hasta el uso del tiempo, incluyendo los clics que debo dar para llegar a algo en una computadora.

Sin embargo, si en el uso del idioma, sobre todo escrito, la economía puede crear confusión al lector, entonces me inclino por la claridad. Y términos como los de la lista que sigue parecen, tal y como ahora se usan, ideados para hacerse el esnob o para crear confusión:

Muestras de esnobismo simplón:

  • Apostar
  • Apuntar

Creadores de confusión:

  • Poner
  • Quedar
  • Ingresar

Los dos primeros ya son como epidemia en los medios españoles: todo el mundo apunta o apuesta.

Acabo de editar un artículo del que eliminé nada menos que siete «apunta», pues se trataba de una entrevista, y cada vez que el periodista autor del tal artículo se refería a algo dicho por el entrevistado, usaba «apunta», con lo cual el entevistado nunca dijo ni comentó ni declaró, etc., sólo apuntó.

Como soy de la época en que apuntar era tomar apuntes, destacar un indicio, o señalar con el dedo, con un puntero o con un arma, me niego a usar ese término con la acepción que ahora le da la moda.

Apostar era, en esa misma época, algo que conllevaba el uso de dinero en una competencia. Ahora parece ser una simple intención o preferencia, así que también me niego a usarlo.

Los tres son algo que raya en lo ridículo y constituyen el epítome de la confusión. ¿Poner contento, poner triste, poner de rodillas, poner contra la pared,..? ¿Poner qué?

¿Y qué decir de quedar? ¿Quedar sin blanca, quedar solo, quedar mudo,…? ¿Quedar qué?

Nótese el contrasentido que encierra este frase, que apareció hoy en este artículo de ABC.es, y el cual reemplacé por ‘citarse’ el segundo ‘quedar’: «Si algo quedó pendiente es mejor quedar expresamente para hablar de ello». ¡Por favor!

Y de ingresar cabe preguntarse, ¿ingresar dónde? ¿en la universidad? ¿en un manicomio? ¿en un convento?

Este titular es un buen ejemplo: Queda con una mujer para recoger su currículo, y la viola en presencia de su hija

Los añadiré a la lista de términos que me niego a usar.

Nota a posteriori: Véase este artículo que es una buena muestra del ridículo abuso de ‘apuntar’.

[*Otros}– Lanzarote, un vídeo inolvidable

19/01/2014

Guacimara Hernández

«Algunos sitios en el mundo son especiales. ¿Has oído hablar del efecto Lanzarote?».

Con esa frase provocadora comienza un vídeo sobre esta isla canaria que está recibiendo miles de visitas a la vez que elogiosas críticas en la red social Vimeo.

La producción, debida a los realizadores franceses Lea Amiel y Nicolas Libersalle, dura apenas cuatro minutos y está registrada con la técnica de «time-lapse», basada en la captura de imágenes fotográficas durante largos minutos u horas, pero después reproducidas en una película de alta velocidad.

Además de los paisajes volcánicos, las playas, las salinas y la naturaleza salvaje, también muchas caras de vecinos lanzaroteños se presentan en el vídeo, mientras una voz en «off» sugiere que «puedes ser transportado a otro universo y, si sigues el camino correcto, verás caras que nunca olvidarás»

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[LE}– ¿Almóndiga o albóndiga?: Dudas y curiosidades del español

20/01/2014

Irene Gómez Peña

Cagada puede sonar fea, soez, malsonante, inapropiada e incluso escatológica.

Sin embargo, la palabra cagada, incluida en el subtítulo de esta información, forma parte de la musical orquesta que es la lengua española.

Recogida por el Diccionario de la Real Academia, se refiere en modo coloquial a la «acción que resulta de una torpeza». En Cuba también se utiliza para designar a una persona «idéntica o semejante a otra en el físico o en su manera de comportarse». ¿A que no lo sabías? «Tu hermano es cagadito a ti…»*.

Grandes tesoros con dejes peculiares guarda nuestro querido español.

Pero el español, de palabras hermosas, pulcro, formal y en negro sobre blanco prefiere los eufemismos y se acomoda, en ocasiones, en las incorrecciones. Con tal de no ofender maquillamos la realidad, y en lugar de la palabra cagada solemos usar el término «equivocación», «metedura de pata» o «torpeza» en registros formales.

No obstante, este empeño del hispanohablante por asear su lenguaje puede provocar imprecisiones, y son estas mismas las que ha puesto de relieve (que no en relieve) el libro «ReAprender Español: las 101 cagadas —y otras curiosidades- de nuestra lengua» (Ed. Bolchiro), escrito por un equipo de periodistas para Irazusta Comunicación y con prólogo de la letra g de la RAE, la escritora Soledad Puértolas.

Obama es negro, y no miento

Sin miramientos, lo primero que abordan es el uso de eufemismos, como cuando utilizamos la palabra negro para describir a una persona «de color». Obama es negro, aseveran. Y tienen razón. Su color de piel es «oscuro» pero queda feo decírselo a uno en la cara, aunque de este modo le estemos mintiendo al mismísimo presidente de los Estados Unidos o, mejor dicho, estemos «faltando a la verdad».

Otro aspecto que abordan es el refranero español. «Nunca digas de este (esta) agua no beberé, ni este cura no es mi padre». En esta expresión el artículo demostrativo «este» es incorrecto aunque socialmente aceptado, al igual que la palabra biquini, escrita con la «q» española pese a que la «Ortografía de la lengua» aconseje que se escriba con k de whisky que, por otro lado, está mejor escrito con diéresis (güisqui). Un lío, vamos.

Los autores de este manual, María Irazusta, Beatriz Fernández, Nacho Miquel y Noemí Sánchez, aseguran que hasta el mismísimo Lázaro Carreter, e incluso Lope de Vega, cometían lo que originalmente eran errores y que con el uso del castellano se han ido aceptando. Miguel Delibes era un profundo laísta. Sabía que lo hacía mal y le gustaba, y Lázaro Carreter usaba el vulgarismo «espúreo» en lugar de «espurio». Todo ello sin ánimo de engañar.

Al rescate de la lengua

«El objetivo que persigue este libro es claramente que en las redes sociales se hable mejor. Muchas veces no somos conscientes de que las expresiones que utilizamos no son las correctas», cuenta María Irazusta, quien advierte de que los medios de comunicación contribuyen a esto aunque no son los culpables. «Lo que queremos es salir al rescate de la lengua movidos por el amor al lenguaje», confiesa.

El equipo de Irazusta lanza este libro con mucha ilusión y empeño en que se convierta en un manual rápido de consultar, porque «todos, hasta los más cultos, a veces tenemos dudas». Para facilitar su lectura lo han publicado en formato electrónico, que podrá comprarse a través de Amazon por 4,99€, además de visualizarse en el celular.

«ReAprende español» pretende ser el más rebelde de los manuales, siempre en consonancia con lo que estipula la RAE. «Nosotros partimos de palabras que están aceptadas. Sin embargo, ponemos el acento en aquéllas que suenan raras». Se refieren a términos como «almóndiga» y «albóndiga» o «asín» y «así», que sí están recogidas en el diccionario, y a superlativos como «nigérrimo» (negro, negrísimo), que no lo están.

«Periodiquismos»

Asimismo, ponen el acento en palabras que en origen tenían un significado y que con el tiempo han ido ciñéndose a otro. En este sentido, destacan términos como álgido, que ha pasado de ser frío a caliente, o lívido, que hacía referencia a un color amoratado, aunque en la actualidad tire más hacia el blanquecino. En cuanto a los «periodiquismos», en este libro se recogen estructuras como «en base a», «a nivel de», muy habituales en los medios de comunicación, pero que son erróneas.

Lo cierto es que la lengua la hacen los hablantes, hecho por el que la RAE se adapta con cada vez más celeridad a los cambios en el idioma, incluyendo anglicismos y tecnicismos. Que no resulte raro que en un futuro acepten la palabra «whasapearse» en lugar de «nos escribimos un mensaje». A dónde vamos a parar…

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(*) NotaCMP.- En el Paso, mi pueblo, se usaba mucho esta expresión.

[Hum}– Lawyer and wife

An attorney arrived home late, after a very tough day trying to get a stay of execution. His last minute plea for clemency to the governor had failed and he was feeling worn out and depressed.
As soon as he walked through the door at home, his wife started on him about,

—What time of night to be getting home is this? Where have you been? Dinner is cold and I’m not reheating it.

And on and on and on.

Too shattered to play his usual role in this familiar ritual, he poured himself a shot of whiskey and headed off for a long hot soak in the bathtub, pursued by the predictable sarcastic remarks as he dragged himself up the stairs.

While he was in the bath, the phone rang. The wife answered and was told that her husband’s client, James Wright, had been granted a stay of execution after all. Wright would not be hanged tonight.

Finally realizing what a terrible day he must have had, she decided to go upstairs and give him the good news.

As she opened the bathroom door, she was greeted by the sight of her husband, bent over naked, drying his legs and feet.

—They’re not hanging Wright tonight—, she said.

He whirled around and screamed,

—FOR THE LOVE OF GOD, WOMAN, DON’T YOU EVER STOP?!

[LE}– ‘Nominar’ es ‘proponer como candidato’

17/01/2014

El verbo nominar significa ‘proponer como candidato para algo’, tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Nominados al Óscar: las predicciones para hoy»,
  • «Si fuesen valientes, nominarían a la que de verdad ha sido la mejor actriz del año: Adèle Exarchopoulos» o
  • «Cristiano Ronaldo nominó a Falcao, Bale y al alemán Mesut Özil».

Pese a considerarse, inicialmente, este significado de nominar como un calco innecesario del inglés to nominate, los principales diccionarios de referencia, tanto académicos como de uso, recogen desde hace años esta acepción (el Diccionario de la Lengua Española desde 2001), por lo que su empleo se considera hoy apropiado.

Se recuerda, no obstante, que existen expresiones alternativas, como proponer, presentar como candidato, votar, o postular, según el contexto.

Así pues, en los ejemplos anteriores también podría haberse escrito

  • «Candidatos al Óscar: las predicciones para hoy»,
  • «Si fuesen valientes, propondrían como candidata a la que de verdad ha sido la mejor actriz del año: Adèle Exarchopoulos» o
  • «Cristiano Ronaldo votó a Falcao, Bale y al alemán Mesut Özil».

Con este significado de ‘proponer como candidato para algo’, nominar puede ir seguido de como o a:

  • «El jugador del Valencia, Javi Fuego, ha sido nominado como/a mejor centrocampista de la Liga BBVA 2012/13».

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[LE}– La elegancia en la lengua escrita

2014-01-15

Amando de Miguel

Antaño los que escribían eran unos pocos; sistemáticamente los letrados o los escritores.

Ya no hay una casta de escribas o escribanos. Ahora todos o casi todos juntan letras cotidianamente, o mejor, teclean en los artefactos electrónicos.

La consecuencia es que la comunicación se empobrece, se licúa la noción de que un texto pueda ser correcto o incorrecto. Las cartas de antes podían llegar a ser un género literario, el epistolar. Los mensajes o meils de ahora pueden ser perfectamente ilegibles o por lo menos ileíbles (= se pueden leer, pero no se entienden).

Ante esa inundación de las costumbres de las comunicaciones escritas cabe insistir en que se debe insistir en algo tan olvidado como el estilo. No hay una lengua perfecta. Eso de que el alemán es para dar órdenes a un caballo, y el español sirve para hablar con Dios es una majadería. No creo que se le ocurriera a Carlos V.

La lengua española es muy expresiva en algunos aspectos. Por ejemplo, permite adjetivar con maestría, y no digamos insultar. Contamos con esa maravilla del subjuntivo (que desgraciadamente desaparece) y con la magnífica diferencia entre ser y estar.

El español presenta la gran riqueza de haber importado voces de otras lenguas. Así, podemos decir «óleo» y «aceite». Aun así, admiramos la mayor facilidad que tiene el inglés para asimilar palabras de otros idiomas. Un tornado en los Estados Unidos no es más que la tronada de los españoles.

Más interesante es darse cuenta de las dificultades que presenta la lengua de Cervantes para escribir con soltura y precisión.

Por ejemplo, abundan las palabras llanas (acento en la penúltima sílaba), lo que lleva a una cierta monotonía en el habla. Hay que festonearla con algunas voces esdrújulas. Esa uniformidad que digo hace que nuestra lengua tolere mal las repeticiones de palabras en el mismo párrafo, y no digamos en la misma frase.

Otra consecuencia desgraciada es el peligro de las rimas, sobre todo las de -ón; hay que evitarlas a toda costa. No se deben decir cosas como «la repetición de la conversación en un medio de comunicación es un tostón».

Más sutil es otro obstáculo para conseguir un estilo aceptable. Consiste en el peligro de lo que podríamos llamar los adjetivos cristalizados por el uso.

Se ha recurrido tantas veces a ellos que resultan estragantes. (Por cierto, el DRAE recoge estragar pero no estragante. Los inmortales es que son así de caprichosos).

Pongo algunos ejemplos: lengua viperina, entera confianza, mundanal ruido, lágrima furtiva, densos nubarrones, lluvia pertinaz, cumbres borrascosas, doble vara de medir, denodado esfuerzo. Hay muchos más. El primero que se atreve a colocar un adjetivo nuevo a un sustantivo es un poeta. Pero la repetición cansina de ese hallazgo puede contribuir a la hartura. (No debo decir el hartazgo para no caer en el vicio de la rima).

Quizá el defecto mayor de nuestra lengua sea su carácter retórico, con repeticiones y circunloquios. Es muy arduo de evitar. Por eso mismo hay que marcarse una disciplina. Ofrezco el ejercicio, que yo practico desde hace muchos años: las frases entre punto y punto no deben superar las 30 palabras.

Parece un capricho de dómine, pero tiene su aquel. Por cierto, el vocablo aquel debe ser evitado a toda costa, salvo cuando se quiere indicar algo difuso o indeterminado, como en esa magnífica expresión de «tener su aquel». Recuérdese el «aquellas» (golondrinas) del famoso poema de Bécquer. En la prosa corriente el aquellos debe sustituirse ventajosamente por «los que».

Las normas anteriores no son tales, las Gramáticas no las incluyen, pero pueden ser útiles para conseguir esa deseada elegancia de los escritos cotidianos. Son más bien trucos del oficio, pues no es otro el mío que escribir todos los días de mi vida consciente.

Un último argumento suasorio. Tampoco es que tengamos que ser todos eximios vates, simplemente debemos comunicarnos con eficiencia. La razón es que hoy son muchos los textos que hay que leer, y si no están bien construidos, esa tarea puede ser cansina.

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[LE}– ‘Cuanto más’, no ‘contra más’

16/01/2014

Las expresiones contra más y contra menos no son adecuadas con el sentido de cuanto más y cuanto menos, según recoge el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Con frecuencia se oyen o se leen frases como

  • «Contra más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» o
  • «Contra más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid»

en las que se utiliza impropiamente la preposición contra, que siempre tiene significado de ‘oposición a’.

En su lugar, lo adecuado es utilizar cuanto, que expresa cantidad, siempre en concordancia con el sustantivo que va detrás, por lo que en las frases anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Cuanta más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» y
  • «Cuanto más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid».

Tampoco son correctas las deformaciones populares cuantimás, contimás y contrimás. El Diccionario Panhispánico de Dudas añade que mientras más es una variante coloquial aceptable, y que la forma entre más se emplea en México y el área centroamericana, pero sólo en esta zona se considera parte de la norma culta.

Por otro lado, cuanto más también es una locución que significa ‘con mayor motivo’ y, con este sentido, no debe confundirse con cuando más, otra locución que significa ‘a lo sumo’, tal como indica la citada obra académica.

Así, son correctas frases como

  • «Ayuda a todo el mundo. Cuanto más a sus amigos» y
  • «Su actitud fue cuando más educada, pero no amistosa»,

pero no

  • «Ayuda a todo el mundo. Cuando más a sus amigos» ni
  • «Su actitud fue cuanto más educada, pero no amistosa».

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