Mes: junio 2013
[LE}– La distinción entre ‘empresario’ y ‘emprendedor’
25-06-13
A. de Miguel
Es algo parecido a contrastar el escritor con el intelectual.
El primer término indica una posición social (un estatus, en la jerga sociológica), y el segundo un papel social (un rol, en esa misma jerga). El estatus es más sustantivo y objetivo; el rol (palabra castellanísima de origen marinero) lo ponen los demás.
El emprendedor se sustantiviza cada vez más. Viene a ser un empresario, un directivo, un científico o profesional, en definitiva, una persona con algún proyecto novedoso y rentable.
El emprendedor no es un empresario cualquiera sino el que acumula ciertas dotes sobresalientes de creatividad, innovación, liderazgo, etc.
Emprendimiento es otro neologismo necesario para abstraer el tipo de acción de los emprendedores.
Fuente: Libertad Digital
[Hum}– Frustración en el museo
[*Opino}– ¿Dormir en camas separadas?
26-06-13
Carlos M. Padrón
¿Que las parejas se pelean 167 veces al año en la intimidad de su habitación? Por favor, ¡esos ingleses sí que son peleones!
Si las camas matrimoniales son en UK como las más comunes en España, no me extraña la opinión del señor Neil Stanley, contada en el artículo que copio abajo, porque en tales camas no puedo dormir con mi pareja; son demasiado estrechas.
En cambio, en las de 2 x 2 metros, que uso desde 1976, no he tenido problema alguno. En ésas se podría hacer cómodamente hasta un «menage a trois«. 🙂
Esto me hace recordar lo que al respecto dijo una señora pasense que una vez nos visitó en Caracas y que, por supuesto, estaba acostumbrada a las camas matrimoniales que son comunes al otro lado del charco.
Al ver en mi casa la de 2 x 2 exclamó: «¿Y eso es una cama? ¡Eso es un campo de fútbol!».
Además, las causas aducidas por Neil Stanley requieren no sólo dormir en camas separadas sino en habitaciones separadas.
En cambio, sí creo que las consideraciones que se hacen en favor de dormir juntos son todas válidas, aunque, en honor a la verdad, he de reconocer que, bajo ciertas circunstancias, dormir en camas separadas tiene sus ventajas, pues siempre será mejor que dormir con el enemigo, como en la famosa película.
26 de junio de 2013
Natalia Martin Cantero
Dormir en camas separadas, ¿mejor para la pareja?
Que corra el aire: ventajas y desventajas de tomar distancia (literal) en el descanso nocturno en compañía.
Las parejas se pelean 167 veces al año en la intimidad de su habitación. La causa número uno no es otra que sufrir el robo de la sábana o la colcha. Los siguientes culpables en la lista de las trifulcas conyugales nocturnas son roncar y la igualmente espinosa cuestión de la regulación de la temperatura, de acuerdo con esta encuesta.
Unos datos que revelan esta realidad: la mayoría duerme mejor por separado.
El experto británico en sueño, Neil Stanley, lo tiene hasta cuantificado, y asegura que las parejas que comparten cama tienen un 50% más de posibilidades de padecer interrupciones que aquéllas que deciden “divorciarse” temporalmente de noche.
A los agravios mencionados en el párrafo anterior podríamos añadir muchos otros. Por ejemplo: compañero que se revuelve como si tuviera pulgas; compañero que se levanta a orinar con frecuencia; que habla (o grita) por la noche, víctima de pesadillas; que le da por consultar el significado de estas pesadillas en la Wikipedia a las 3 de la mañana.
“Compartir cama con alguien que hace ruido y con quien tienes que luchar para mantener tu trozo de colcha no tiene sentido”,
escribe Stanley, expresidente de la Sociedad Británica del Sueño.
Este experto asegura que históricamente nunca hemos compartido cama, y que el hábito se remonta a hace relativamente poco tiempo, los comienzos de la revolución industrial, cuando las familias se trasladaron en masa a las ciudades, donde disponían de menos espacio. Stanley señala que en la Roma antigua, la cama era un lugar para sexo, pero no para dormir.
Y eso que los romanos —cuyas costumbres eran, en fin, algo peculiares en estos aspectos— no tenían laptops, iPads o celulares que meter bajo las sábanas. Los aparatos electrónicos dan lugar hoy a contenciosos, tanto o más graves que los que desencadena la regulación de temperatura.
La cuestión es que cuando dormimos somos tremendamente egoístas.
“El sueño es la cosa más egoísta que puedes hacer. Si eres feliz compartiendo cama, genial, pero, en caso contrario, no deberías tener reparo en dormir en una cama separada”,
apunta Stanley, que recuerda que dormir bien es crucial para la salud física, mental y emocional.
Los consejos de Stanley parecen resonar, al menos en el mundo anglosajón. En Estados Unidos, la Asociación Nacional de Constructores prevé que, para el 2015, el 60% de las viviendas de nueva construcción tengan dos habitaciones principales. El 25% de las parejas de ese país duermen en camas separadas, según un estudio de la Fundación Nacional para el Sueño de EEUU. Mientras, en Gran Bretaña, una de cada diez parejas hacen lo propio.
Visto lo visto, ¿por qué no desterrar, entonces, la anclada costumbre? Para empezar, muchas personas (la inmensa mayoría) no disponen de un aposento extra para pasar la noche.
Pero el principal inconveniente es menos prosaico: puede convertirse en un primer paso hacia un mayor grado de separación. Compartir lecho es un símbolo de intimidad. Tu pareja es la única persona con que lo haces, recuerda Paul Rosenblatt en su libro «Two in a Bed» («Dos en una cama», sin traducción al español).
Acceso a relaciones sexuales, un lugar donde mantener la privacidad, o la posibilidad de reflexionar sobre los eventos del día en la oscuridad son factores que, para la mayoría de las parejas, continúan pesando más que todos los inconvenientes mencionados.
“La cama marital no es sólo un lugar donde dormir. Representa proximidad, compartir, la definición misma de matrimonio. Sin una cama que compartir al final del día, ¿sois algo más que dos personas bajo el mismo techo?”,
se pregunta el columnista Tim Lott.
Si la cosa se pone fea, no obstante, siempre es posible optar por soluciones de compromiso: de lunes a viernes separados, fines de semana juntos, o a la inversa. O por dos camas en la misma habitación.
Claro que esto no solucionará el problema del compañero que se levanta diez veces al baño, que se empeña en dormir en una heladera o en un horno, ni el de las pesadillas, la luz o el iPhone en mitad de la noche.
Fuente: El País
[LE}– La RAE informa
Interesante resumen sobre algunos usos que mentes «muy ilustradas» han tratado de imponer en nuestro idioma, como lo de «ciudadanos y ciudadanas», el signo de @ para representar el masculino y el femenino, etc..
Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ.
[Hum}– Foto de la VÍA LÁCTEA
Cortesía de Fernando Lacoste
[*Otros}– Vistas aéreas del Corpus Christi 2013 en La Orotava (Tenerife)
[Hum}– Lógica contundente
Cortesía de Fernando Lacoste
[*Otros}– Los juanistas pactaron con los ingleses ocupar Canarias
2013-06-21
Pedro Fernández Barbadillo
En los años comprendidos entre la rendición de los franceses ante el Eje y el desembarco aliado en Normandía, el mapa de Europa se modificó varias veces.
Los pequeños rondaron la mesa de los grandes para recibir las migajas. En la Conferencia de San Francisco incluso hubo una delegación de los que entonces se llamaban bosniacos para suplicar la independencia de su país.
Francia y el Imperio británico, que habían ido a la guerra para defender la independencia de Polonia, aceptaron que Stalin se anexionase el territorio pactado con Hitler (más Lituania, Letonia y Estonia) y convirtiese el país en un satélite.
Tanto el pretendiente a la Corona de España, Juan de Borbón y Battenberg, como sus escasos partidarios se acercaron a los Aliados y al Eje según la marcha de la guerra para buscar la restauración de la monarquía.
Adolf Hitler aceptaba a los reyes siempre que cumpliesen sus órdenes y se sometiesen a la hegemonía alemana; mantuvo una excelente relación con el rey búlgaro Boris III, y lamentó mucho su muerte. Después de la desmembración de Yugoslavia como fruto del sistema de Versalles, los italianos instauraron una monarquía en la persona de Aimone de Saboya, nieto de Amadeo II de España
En este juego, se realizaron maniobras con los dos bandos. El infante Juan no abandonó Italia por la neutral Suiza hasta entrado 1941. Tanto él como su madre, la exreina Victoria Eugenia de Battenberg, recibieron información confidencial de los Aliados por medio de sus familiares ingleses, como Lord Mountbatten.
Al mismo tiempo, el pretendiente recibió una invitación para una montería con el mariscal del Reich Hermann Göering.
En vez de Normandía, el golfo de Rosas
Uno de los planes elucubrados por los aspirantes a cortesanos de don Juan fue el de establecer una junta monárquica en Canarias bajo protección británica en caso de invasión alemana de la Península.
El primero en desvelar estos tejemanejes fue el periodista juanista Víctor Salmador (Don Juan de Borbón. Grandeza y servidumbre del deber). En 1942 los cortesanos se convencieron de que los alemanes iban a perder la guerra.
«Un alto personaje de la diplomacia estadounidense ofreció a un grupo de conspiradores el siguiente plan: el general Kindelán se haría con el mando militar en Cataluña y proclamaría inmediatamente la monarquía; los alemanes cruzarían los Pirineos para derrotar a los rebeldes y entonces los juanistas solicitarían el apoyo aliado, facilitándose el desembarco de sus tropas en la histórica bahía de Rosas».
Este plan, cuenta Salmador, hubiera adelantado posiblemente un año el final de la guerra mundial en Europa. (…), y la España monárquica, moderada y sin bandería, habría podido sentarse a la mesa de las naciones triunfantes en las conferencias internacionales posteriores a la guerra.
Aparte de consistir en una versión guerrera del cuento de la lechera, el precio habría sido la transformación de España en campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Y los muertos que se produjeron en Francia en 1944 se habrían producido aquí. Pero Salmador prosigue su relato:
El plan de Cataluña se abandonó, porque entonces, como siempre, lo mejor es enemigo de lo bueno. Y lo mejor parecieron las islas Canarias.
Tanto los nazis como los aliados planeaban la ocupación de las Canarias para impedir o facilitar los desembarcos anglosajones en Europa y África. Los primates monárquicos relacionados con los servicios secretos británicos estaban dispuestos a trasladarse a Canarias en los buques de Su Majestad.
Pedro Sáinz Rodríguez (Testimonio y recuerdos) cuenta lo siguiente:
«Durante ese período [1942] continué desde Portugal mis gestiones con los ingleses para la tarea que ya queda expuesta, que era la formación de una junta monárquica que se situaría en Canarias en el caso de una invasión alemana de la Península, para constituir en las Islas un Gobierno defensor de la independencia de España. (…). He de decir que Inglaterra tomaba tan en serio esta gestión que, cuando el desembarco estadounidense en África, tuve a mi disposición en el Tajo un barco de guerra inglés que me trasladaría a Canarias».
Una de las piezas capitales de esta conspiración era el general Francisco García-Escámez, al que Franco mandó en 1940 a Las Palmas como gobernador general, y en marzo de 1943 lo ascendió a capitán general del archipiélago. García-Escámez estaba dispuesto a sublevarse contra su jefe y acoger a los británicos y a los juanistas.
Según Salmador,
«Un gobierno monárquico en Canarias, con un estatus como el de Chiang Kai Shek en Formosa, puede visualizarse como algo de más sólida arquitectura que los etéreos poderes de De Gaulle y de la Francia libre, que, sin embargo, se concretaron y materializaron como consecuencia de la victoria aliada».
Cabe decir que Estados Unidos abandonó al generalísimo Chiang Kai Shek, aliado en la guerra y combatiente a los japoneses desde los años 30, ante los comunistas de Mao Zedong.
A Don Juan no le gustó el plan
¿Estaba el infante Juan al tanto de estos planes? Salmador afirma que sí y reproduce sus palabras.
«La proposición para establecer ese gobierno allí aparecía rodeada de todas las lógicas, fuerzas y apoyos que son necesarios para viabilizar cualquier conspiración, me dijo don Juan. Yo no actué en ningún instante como promotor, como inspirador de la conspiración ni intervine directamente en ella. La conocí, sí, y el gobierno británico exploró mi actitud ante tal hipótesis».
A don Juan, aquí más sagaz que sus consejeros, el plan no le gustaba:
«Mostraba cautelas patrióticas ante el propósito de vincular la Monarquía al proyecto. (…) Que lo de Canarias no esté antes [de la invasión alemana] sino después; que no sea un factor desencadenante, sino una consecuencia».
De estas palabras se deduce que los británicos estaban dispuestos a desembarcar en Canarias antes de que los alemanes pusieran un pie en la España peninsular, y que algunos monárquicos estaban de acuerdo en participar en esa invasión, implicando a su rey.
Con razón sostiene el historiador Ricardo de la Cierva que fueron los cortesanos los que le hicieron perder a don Juan el favor de Franco y, por tanto, el trono.
El plan de estos monárquicos recuerda en mucho al del socialista Juan Negrín, presidente del Gobierno de la España roja, que quería alargar la guerra civil hasta que estallase la europea, porque entonces, pensaba, Inglaterra y Francia se unirían a la URSS para combatir al nazi-fascismo.
Pero en agosto de 1939 la URSS y Alemania se convirtieron en aliados y se repartieron Europa Oriental.
Por fortuna, la política exterior española la fijaban otras personas. En el mismo libro, Salmador reproduce lo que le dijo el infante sobre el comportamiento del Gobierno franquista con Hitler para evitar la entrada en la guerra:
«Aquellas tan difíciles relaciones fueron bordadas por parte española. Habilidad, astucia, talento, paciencia,… todo. Las divisiones alemanas estacionadas en los Pirineos igual que perros de presa; Hitler acuciando… Chapeau! Chapeau!».
Fuente: Libertad Digital
