[Hum}– Cosas de las que me he percatado hoy

  • Que la esquina de mi casa está dos veces más lejos que antes
  • Que, además, en el camino a casa hay una pequeña subida en la que antes no me había fijado
  • Que los peldaños de las escaleras son ahora son mucho más altos
  • Que no sirve de nada pedirle a la gente que hable más claro, porque todos ahora hablan tan bajo que no se les entiende casi nada
  • Que la ropa que quiero comprarme la hacen ahora tan apretada, sobre todo en la cintura y en las caderas, que me resulta muy desagradable
  • Que la gente ha cambiado. Ahora es mucho más joven que cuando yo lo era, y, por otro lado, la gente de mi edad es mucho más vieja que yo. 
  • Tanto es así que el otro día me encontré con una antigua conocida, y ha envejecido tanto ¡que no me reconoció!
  • También he dejado de correr detrás del autobús, porque me di cuenta de que ahora va  mucho más rápido que antes

De todo esto caí en cuenta esta mañana, mientras me arreglaba frente al espejo.

Y, a propósito, ¿se han dado cuenta ustedes de que los espejos ya no son tan nítidos y claros como hace 50 años?

[LE}– ‘Preferentista’, término adecuado

29/05/2013

Preferentista es una palabra adecuada para referirse a la persona que suscribe participaciones preferentes de determinadas entidades bancarias.

El término, que se ve con frecuencia en los medios de comunicación, está formado por la palabra preferente y el sufijo -ista y sigue el paradigma de otros como accionista, rentista,…

Su utilización es adecuada en frases como

  • «Un juez ordena devolver también los intereses a un preferentista» o
  • «Los preferentistas pueden solicitar arbitraje hasta el 30 de junio».

Al tratarse de una palabra correctamente formada y cuyo significado es claro, no es preciso destacarla con cursivas ni comillas.

Preferentista no está recogida aún en el Diccionario Académico, que sí incluye en su edición digital una enmienda con la voz acción preferente, aquélla que ‘confiere algún derecho especial a su titular’.

Fuente: Fundéu

[Hum}– The box under Bill & Hillary’s bed

When Bill and Hillary first got married Bill said,

—I am putting a box under the bed. You must promise never to look in it.

In all their 30 years of marriage, Hillary never looked. On the afternoon of their 30th anniversary, curiosity got the best of her and she lifted the lid and peeked inside. In the box were 3 empty beer cans and $81,874.25 in cash.

She closed the box and put it back under the bed. Now that she knew what was in the box, she was doubly curious as to why there even was such a box with such contents. That evening, they were out for a special anniversary dinner.

After dinner, Hillary could no longer contain her curiosity and she confessed, saying,

—I am so sorry, Bill. For all these years, I kept my promise and never looked into the box under our bed. However, today the temptation was too much and I gave in. But now I need to know, why do you keep the 3 beer cans in the box?»
Bill thought for a while and said,

—I guess after all these years you deserve to know the truth. Whenever I was unfaithful to you, I put an empty beer can in the box under the bed to remind myself not to do it again.
Hillary was shocked, but said,

—Hmmm, Jennifer, Paula and Monica. I am very disappointed and saddened by your behavior. However, since you are addicted to sex I guess it does happen and I guess 3 times is not that bad considering your problem.
Bill thanked her for being so understanding. They hugged and made their peace. A little while later Hillary asked Bill,

—So, why do you have all that money in the box?
Bill answered:

—Well, whenever the box filled up with empty cans, I took them to the recycling center and redeemed them for cash.

Courtesy of Bob Meehan

[LE}– ‘Injerencia’, no ‘ingerencia’

28/05/2013

El término injerencia, escrito con j y no con g, es el adecuado para referirse a la acción de ‘entrometerse o inmiscuirse en asuntos ajenos’.

Sin embargo, en los medios es frecuente la aparición de la forma ingerencia en lugar de injerencia:

  • «Cuestionan ingerencia de la primera dama en la labor presidencias» o
  • «Imponer planes de ajuste supone una ingerencia en sus competencias».

Según aclara el Diccionario Panhispánico de Dudas, todas las formas del verbo injerir, que quiere decir ‘introducir una cosa en otra’, así como el sustantivo injerencia se escriben con j y no deben confundirse con las formas del verbo ingerir, que significa ‘introducir por la boca comida o alimentos’.

Por tanto, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido decir

  • «Cuestionan injerencia de la primera dama en la labor presidencial» o
  • «Imponer planes de ajuste supone una injerencia en sus competencias».

Fuente: Fundéu

NotaCMP.- Ante casos como éste me queda claro que muchos de los que escriben para la prensa no usan correctores de texto, lo cual indica que uso correcto de su herramienta de trabajo, que es el idioma, les importa un comino.

[*Otros}– En busca de la ruta del vino de El Hierro (Canarias)

24/05/2013

Guía Repsol

Este pequeño territorio insular concentra una sorprendente paleta de paisajes: la oscura roca volcánica, el azul del siempre cercano Atlántico, y el verde de los bosques y viñedos.

Después del paso obligado por Valverde, capital de la isla más joven y occidental de las Canarias, iniciamos la ruta del vino de El Hierro en Echedo, localidad enclavada en medio de una zona agrícola donde predomina el cultivo de la vid.

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Probablemente plantó la primera cepa un inglés llamado Juan Hill, allá por el siglo XVI, del que el prestigioso periodista y escritor herreño José Padrón Machín afirma que debería ser considerado uno de los personajes más interesantes de la historia de la isla.

Entre otras razones, porque hoy el vino herreño forma parte de los caldos seleccionados por los sumilleres. La tradición familiar de cultivar la viña todavía se mantiene aquí con mimo, y no hay tasca donde la consumición más solicitada no sea un cuartito de «vino de pata», como lo llama la población local.

En Echedo también empezamos a paladear la variedad de escenarios naturales que acogen los apenas 270 km2 de El Hierro: desde los 1.500 metros de altitud del Pico Malpaso hasta el siempre cercano océano, sin olvidar sus fondos marinos, paraísos del buceo y de la pesca subacuática, y los sobrecogedores acantilados.

La mirada se deleita con el contraste entre las formaciones de lava y las verdes masas arbóreas de pino Canario, las sabinas o los bosques de laurisilva, una joya botánica del Terciario.

Más de la mitad del territorio herreño tiene algún tipo de protección medioambiental. Tras contemplar las casas tradicionales de piedra volcánica de Echedo, rodeadas de parras, descendemos por una carretera en zigzag hasta Charco Manso.

Esta espectacular piscina natural está rodeada de rocas de ceniza negra y roja, cubiertas a su vez por un manto de plantas autóctonas de color amarillo intenso.

Con vistas a la bahía

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De vuelta a Echedo, la ruta prosigue por la HI-5 hasta Frontera, verdadera capital del vino herreño.

En el camino es obligado detenerse en el Mirador de la Peña, donde el artista lanzaroteño César Manrique fusionó la tradición y la arquitectura moderna. Desde aquí se contempla uno de los paisajes más impresionantes del recorrido: la bahía de El Golfo y el valle del mismo nombre, un anfiteatro natural de unos 25 km de longitud, cuyas paredes -forradas de bosque verde- caen mirando al mar desde una altura de 1.200 m.

Siguiendo hacia Frontera por la HI-5 se pasa un túnel para llegar a Las Puntas. Según el Guinness de los récords, este pueblo cuenta con el hotel más pequeño del mundo, el Punta Grande, emplazado frente a los Roques de Salmor.

Por la misma carretera se llega al Lagartorio, nombre del Centro de Reproducción y Cría en cautividad del lagarto gigante de El Hierro, especie endémica en peligro de extinción.

Ya en Frontera, merece la pena visitar la iglesia de la Candelaria, que tiene su campanario encima de un promontorio de ceniza roja en cuya ladera sur crecen las viñas. En una ermita de Frontera se encuentra la imagen de la Virgen de Los Reyes, patrona de la isla.

El pueblo más joven

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La HI-1, en dirección a la cumbre del Malpaso, conduce hasta el Mirador del Golfo. Así se llega a la vertiente este de la isla, donde se enlaza con la HI-40.

El próximo destino es el municipio más joven de España: El Pinar de El Hierro, constituido como tal en 2007. En esta zona, de tierras más áridas que las recorridas anteriormente, se pueden contemplar los viñedos desde el mirador de la montaña de Tanajara, que da nombre a uno de los vinos locales más selectos.

Desde aquí se baja a la costa por la HI-4 y la HI-410 para disfrutar del atardecer en la Cala de Tacorón, otro de los lugares donde se entiende por qué esta isla con forma de estrella fue declarada Reserva de la Biosfera.

Rincón del Vino del Hierro

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El cultivo de la vid forma parte del acervo cultural de El Hierro. La propiedad de los cultivos está dividida en pequeñas parcelas, de manera que casi todos los herreños poseen algún terreno para obtener su propio caldo.

Las distintas variedades de uva —sobre todo las antiguas cepas, como el baboso negro, el verijadiego, el negromuelle o la más extendida, el listán blanco— se han adaptado al suelo volcánico y a las condiciones ambientales.

Las viñas de la zona de El Golfo presentan una orientación al norte, tanto en su zona baja, como en la media y la alta. En el área de El Pinar, las vides están a mayor altitud, con una orientación sureste, sometida a la acción de los vientos.

Todos los vinos de la D.O. tienen en común su contenido en agua, alcohol, azúcares, ácidos orgánicos, sales minerales, vitaminas y antioxidantes (taninos, flavonoides, resveratrol,…), más abundantes en los tintos que en los blancos. Un consumo moderado en personas adultas sanas es cardiosaludable y característico de la Dieta Mediterránea.

LO QUE SE TIENE QUE SABER

Productos de la zona

Las quesadillas son un postre típico de la isla. De calidad excelente, el queso herreño se elabora con una mezcla de leche de vaca, oveja y cabra y, posteriormente, se ahuma con madera de higuera.

Entre las frutas, la piña, los plátanos y los higos secos —reputados como los mejores de Canarias— resultan exquisitos.

Qué comprar

Hay mantas, tapices y cubrecamas hechos en antiguos telares con lana hilada a mano. En madera, se pueden conseguir peculiares cuencos denominados gavetas, jarros para el ordeño, cucharas o chácaras, similares a unas castañuelas pero de mayor tamaño. También se elaboran productos de cestería y cerámica.

Cuándo hacer la maleta

En primavera, época del azufrado en la viña, toda la isla es un jardín de tonalidades. Pero si se quiere ver la recogida de la uva, los meses clave son agosto y septiembre.

Fiesta

La principal fiesta de la isla es la Bajada de La Virgen de Los Reyes, una romería de 42 km que se inicia en la ermita de La Dehesa hasta Valverde.

Se celebra cada cuatro años el primer sábado de julio; durante un mes la patrona de la isla une a todos los herreños.

El 10 y 15 de agosto, en Frontera, se celebran las festividades de San Lorenzo y de La Candelaria, respectivamente, con competiciones de lucha canaria.

Sorpresa

El Faro de Orchilla, en el sur de El Hierro, es la zona más occidental de España. Contemplar el paisaje de este enclave quizás explica la creencia del mundo antiguo de considerar este punto el fin del mundo: en el siglo II de nuestra era, Ptolomeo lo definió como el Meridiano Cero.

Sus puestas de sol, con el océano a los pies del espectador, son verdaderamente mágicas. Junto al faro se practica el buceo.

Visita obligada

En lo alto de la montaña de Tanajara hay un mirador desde el que se observan los viñedos de El Pinar. Aquí, los cultivos de secano son más modernos, disgregados en terrazas y alineados en espaldera, lo que facilita la mecanización.

Además, esta atalaya permite contemplar el Parque Rural de Frontera, que mira al Mar de las Calmas y la costa de El Pinar de El Hierro.

Fuente: ABC

[*Opino}– El auge del vino sin maquillaje, o vino natural

27-05-13

Carlos M. Padrón

Por supuesto, como Canario que soy estoy muy de acuerdo con lo que, en el artículo que copio más abajo, llaman vino natural. 

Para mí, es el que resulta de meter la uva en un lagar, pisarla y seguir todo el ritual que en mi niñez y adolescencia vi muchas veces —y hasta intervine en él—, y del que resulta primero mosto y luego vino, sin nada añadido, o sea, cero química.

Por supuesto, aunque el origen de las uvas sea siempre el mismo viñedo, el vino resultante de cada año no sabe igual al de años anteriores, pero, eso sí, cuando es bueno —a veces podría resultar avinagrado— es el que me gusta por encima de cualquier vino comercial embotellado. Y me consta que no produce resaca.

Ese vino natural es uno de los motivos por los que me gusta volver a El Paso, mi pueblo, pues allá tengo amigos de la infancia que poseen viñedos, y cada año obtienen de ellos el correspondiente vino natural.

Algunos tienen también lo que llaman «bodega» que, en este caso, es un lugar de reunión, generalmente en el campo, en el que suelen estar o no los toneles, o pipas, donde se guarda ese vino, y donde se hacen reuniones con pinta de comilonas que siempre son generosamente regadas con vinos naturales.

En el par de celebraciones que hasta ahora hemos hecho de nuestra odisea en La Caldera, celebramos con vino natural, y puedo jactarme de que, si me rasqué —según puede leersr en este artículo, de 2006, y en este otro, de 2009— , fue por un motivo muy válido y con vino natural, ambos argumentos exculpatorios ante cualquier tribunal versado en la materia. 🙂

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24-05-13

Anahí Aradas

El auge del vino sin maquillaje

«El vino natural es como una mujer sin maquillaje. Es importante que el vino sea sexy, y la sensualidad es pureza, es por ello que estos vinos no tienen maquillaje».

Lo dice Elisa Ucar, de la bodega Domaines Lupier, en su stand de la Feria del Vino Artesano, que tuvo lugar esta semana en Londres.

Hace cuatro años, Elisa y su marido, Enrique Basarte, decidieron hacerse con varios antiguos viñedos abandonados de garnacha, ubicados a 700 metros de altura en una región montañosa de la provincia española de Navarra, con la idea de producir un vino como aquél que se consumía antes de la Segunda Guerra Mundial.

Un vino natural, sin aditivos, hecho a base de uva orgánica, con viñas de hojas tersas y raíces profundas en un suelo «vivo» donde Elisa asegura (con una sonrisa que roza lo místico) que la uva sabe a uva, y el vino resultante expresa como nunca el lugar de donde vino.

A la antigua usanza

El vino natural, que no hay que confundir con el vino orgánico, lleva varios años dando que hablar en el mundillo enológico. Muchos hablan de tendencia, algunos de «vino del futuro», a la vez que otros tratan de comprender qué se entiende por vino natural.

Se trata de un movimiento iniciado en los años 70 en Italia y Francia, y hoy extendido principalmente en Europa y Estados Unidos, que reivindica la producción de un vino rigiéndose por las normas de la no intervención.

Todos los procesos de producción, no sólo el cultivo de la vid, sino el tratamiento y la fermentación del mosto, se hacen a la antigua usanza: sin aditivos, sin químicos, sin tratar de corregir artificialmente la acidez del vino, o rectificar su exceso de agua, y, si es posible, sin sulfitos para su conservación.

En muchos casos la uva se cultiva obedeciendo los ciclos lunares, en lo que se conoce como cultivo biodinámico, y las viñas, en lugar de con químicos, se tratan a base de otros recursos naturales, como infusiones de valeriana, lavanda o manzanilla.

Los fundamentalistas del vino

Tildados por algunos productores tradicionales como los «fundamentalistas» del vino, la falta de datos precisos sobre la producción de vino orgánico o natural, dificulta saber, a ciencia cierta, cuánto ha crecido su mercado en los últimos años.

En parte la falta de datos se debe a que no existe una denominación reconocida como «vino natural», y muchos en la industria tradicional suelen tratarlos con recelo, ya que su mera existencia parece insinuar que los vinos de consumo masivo son «no naturales».

Según los últimos datos de Organic Monitor, el vino orgánico representaba el 17% del mercado global del vino en 2010, y es considerado uno de los nichos de mercado más prometedores en un momento donde los consumidores, sobre todo de países desarrollados, se muestran cada vez más interesados por todo alimento de elaboración artesanal.

Pero el vino natural cae en una categoría distinta dentro de lo orgánico, y su éxito se mide hoy por la proliferación de ferias dedicadas a este tipo de vino, también conocido como crudo o artesanal.

Un ejemplo es el el RAW Fair, la feria de vino artesano que tuvo lugar esta semana en Londres y en la que participaron unos 170 productores.

La mayoría de las bodegas allí presentes pertenecían a matrimonios o familias que gestionan pequeños minifundios con una producción anual de entre 40.000 y 50.000 botellas, a un precio de venta que oscila entre los US$18 y los US$60 la unidad.

Japón, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Nueva Zelanda, son algunos de sus principales mercados de exportación, donde estos vinos son bien apreciados en restaurantes de lujo, tiendas de vino alternativas, y en círculos de paladar selecto.

«La gente está eligiendo comprar vinos más caros. Entienden que hay un valor real en el hacer cosas lentamente y bien.  Cuando eliges un vino no sabes qué bebes, y eso no pasa con el natural. La gente no sabe cómo se hace el vino, se piensan que es zumo de uva, pero no es así»,

afirma la organizadora de la feria Isabelle Legeron, quien asegura descubrió este tipo de vino underground cuando estaba aburrida del vino tradicional.

Un vino diferente

A pesar del cada vez mayor interés que despiertan este tipo de vinos, muchos de los presentes reconocen que el vino natural nunca va a convertirse en algo masivo, sino que su consumo se extiende progresivamente en restaurantes gourmet y entre aquellos que buscan sabores diferentes.

Y es que si algo se puede decir del vino natural, es que su sabor es muy diferente al del vino que muchos de nosotros consumimos.

Vinos blancos con sabor a miel, con aroma a manzana o perfumes florales, con tonalidades dorado oscuro, rosados turbios y tintos descaradamente ácidos de paladar profundo, es lo que uno va a encontrarse en una de estas ferias.

Los adeptos al vino natural aseguran que en un mercado vinícola extremadamente saturado, los sabores tienden a estandarizarse, a adaptarse al paladar de la mayoría, homogenizando la oferta.

En contrapartida, los vinos naturales recuperan tradiciones vitivinícolas de antaño, resucitando los sabores olvidados del simple zumo de uva fermentado que es lo que, en definitiva, es el vino.

No da resaca

«Se está popularizando. Le da una oportunidad a pequeños productores, y tiene mejor sabor, es más intenso, es el sabor concentrado de la Naturaleza. Además, al casi no tener sulfitos no da resaca, pues son los sulfitos, que se añaden para conservar el vino más comercial, los responsables de ese fuerte dolor de cabeza del día después. Sin embargo, con el natural es imposible que te pase, siempre y cuando bebas suficiente agua para evitar la deshidratación «,

aseguró a BBC Mundo el sommelier francés Benoit Bigot, .

«Es el futuro. Veo a cada vez más gente interesada. Este vino tiene otro valor de marketing”,

finaliza, por su parte, el también sommelier y comerciante de vinos, Constanzo Scala,

Fuente: BBC Mundo