[*Opino}– Acerca del Papa Negro y las profecías de San Malaquías

15-03-13

Desde finales de los años ’60s, y con motivo de la aparición del libro “El retorno de los brujos”, comenzó en mí el interés por lo esotérico, como la ouija, y en 1972 comencé a interesarme por las profecías de Nostradamus y las de San Malaquías; a estas últimas se refiere el artículo que copio al final.

Y desde 1972 he tratado de encontrar en esas profecías algo que encaje con los hechos realmente ocurridos.

En este proceso aprendí que los tales profetas pierden “exactitud” a medida que, en el tiempo, lo que profetizan se aleja del día en que la profecía fue hecha, y que la parábola disfraza, las más de las veces, sus aseveraciones.

San Malaquías usó para cada Papa una frase, como si fuera un lema o eslogan, que define, o a la persona del Papa o a rasgos de su papado. Y en el caso de Francisco I me ha llamado la atención el artículo firmado por Rubén Amón y que copio a continuación porque, basándome en lo de la parábola, ¿qué tal si lo del Papa Negro no se refiere al color de la piel de éste sino al del hábito que por años llevó antes de llegar al papado?

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15/03/2013

Rubén Amón

Del Papa negro al Papa blanco

Jorge Mario Bergoglio vuelve a reunirse esta mañana con los cardenales. Una audiencia prevista en el aula clementina que tiene un sentido protocolario y que resuelve la agenda oficial del Papa, pues no existe noticia de otras actividades hasta la cumbre con la prensa de mañana y hasta el ángelus del domingo.

Será la ocasión de reencontrarse con los fieles y de habituarse a un color, el blanco, que parecía inaccesible, cuando no prohibido, a los miembros de la Compañía de Jesús, cuya trayectoria de casi cinco siglos con las prioridades programáticas de la educación y la evangelización nunca ha aportado el revulsivo de un solo Pontífice.

Semejante evidencia no contradice el poder histórico ni contemporáneo de los jesuitas. Hasta el extremo de considerarse ‘Papa Negro’ a la máxima autoridad de la Compañía. Una manera de significar su extraordinaria influencia temporal, más allá de otras acepciones convencionales, como el color negro de las sotanas de los jesuitas y el papel de consejero, o de Papa en la sombra, que ha caracterizado algunas bicefalias que gobernaron la Santa Sede.

En realidad, la ausencia de pontífices jesuitas, hasta la designación de Bergoglio no obedece tanto a la discriminación como a que los principios fundacionales de la Compañía, elaborados al dictado de San Ignacio de Loyola en 1540, excluían las pretensiones de ocupar dignidades eclesiásticas, siempre y cuando no fueran establecidas por el criterio del eventual Papa.

Entre los votos característicos de los jesuitas tanto figuran los tres habituales de las órdenes religiosas —obediencia, pobreza y castidad— como un cuarto específico que concierne a la obediencia al Papa, de tal forma que un Papa jesuita sería una especie de anomalía o de fenómeno endogámico.

O no lo sería si la designación de Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires y como cardenal primado de Argentina “por orden” del Papa, implicara, como es el caso, una dispensa de los votos, una “suspensión” y, por la misma razón, una posición compatible con la carrera al trono de San Pedro.

Efervescencia e incertidumbre

Este trono lo ocupa, desde las siete de la tarde del martes, Jorge Mario Bergoglio, motivo por el cual la sede romana de la Compañía se atiene a una mezcla de efervescencia e incertidumbre.

Efervescencia por la novedad de un jesuita al frente de la Iglesia. Incertidumbre porque ellos, los jesuitas, han desempeñado un papel independiente, incluso aristocrático, muchas veces origen de los recelos de otras órdenes e instituciones.

Recelos que ahora crecen y que mantienen en situación de alerta a los movimientos conservadores que pujaron al abrigo de Wojtyla.

Empezando por los neocatecumanales y los Legionarios de Cristo, y por la prelatura del Opus Dei, cuyos exponentes romanos nos confiesan “sottovoce” que Bergoglio no les agrada y que hubieran preferido la alternativa sudamericana y continuista del brasileño Scherer.

Se entendería así el apodo conciliador que ha buscado y encontrado Bergoglio. No se llama Francisco en homenaje a los santos más ilustres de la Compañía (Francisco Javier, Francisco de Borja), sino en alusión al San Francisco de los pobres y de los damnificados.

“En realidad, San Ignacio de Loyola tomaba ejemplo de San Francisco de Asís”, aclaraba en plan corporativo Antonio Spadaro, quien es el director de la revista Civiltà Cattolica, un azote impenitente a la gestión de Bertone como subalterno de Benedicto XVI, y una plataforma mediática en la que se han expresado los teólogos jesuitas más beligerantes hacia el conservadurismo de los últimos 35 años.

Han sido los medios de comunicación un “arma” de los jesuitas romanos, como lo demuestra la titularidad de la Radio Vaticana, aunque la salud de la ubicua Compañía no puede considerarse demasiado entusiasta, especialmente por el descenso de las vocaciones y por la escasez de valedores en el ámbito episcopal —67 obispos en todo el mundo—, aunque la llegada providencial de Bergoglio ha obrado una singular proeza cromática: el negro se convirtió en blanco.

Fuente: El Mundo

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15-03-13

El Papa Negro y las profecías de San Malaquías: la superstición acompaña a Francisco I

Desde el principio de los tiempos, las civilizaciones pasadas han creado un mundo imaginario lleno de supersticiones, leyendas y mitos que explicaban desastres naturales y los fenómenos que no podían comprender.

En lo referido a la religión católica, al nuevo Papa le acompañarán las supersticiones en torno a su trono en Roma. Por ejemplo, circulan las famosas Profecías de san Malaquías, más respetadas en estos círculos que las de Nostradamus.

Las Profecías de san Malaquías son dos textos que se publicaron en 1595 y en 1690, cuyo contenido se atribuyó durante varios siglos al arzobispo san Malaquías de Armagh, de ahí su nombre.

Este hombre vivió entre el 1094 y 1148, por lo tanto, antes de los cismas entre cristianos. Actualmente existen no sólo serias dudas sobre la veracidad de tales profecías, sino también sobre su atribución a este santo y también a su propia autenticidad.

La más conocida de las profecías es la llamada ‘Profecía de los Papas’, descrita en el libro de éxito en su época ‘El árbol de la vida, el ornamento y la gloria de la Iglesia’, libro de 1595, el cual habría sido publicado por el monje benedictino de nacionalidad belga, Arnoldo Wion, y en el que, entre otros temas, se habla sobre la figura de san Malaquías.

En el texto, se asegura que san Malaquías predijo que habría otros 112 Papas desde el contemporáneo a él, Celestino II (cuyo papado trascurrió entre los años 1143-1144), hasta la llegada de un supuesto Pedro el Romano, e incluyendo a los antipapas.

Se entiende que dijo que habría 112 Papas más, y que con el último acabaría el mundo conocido, llegando por tanto el mencionado por el cristianismo como ‘día del Juicio final’.

Según estos cálculos, Benedicto XVI habría sido el penúltimo ya que fue el 111º, con lo cual habría llegado ahora… ¿Pedro el Romano, último papa? Pero su nombre es Francisco I, al menos a la luz del mundo.

El Papa negro

La otra gran profecía en torno al mundo papal es la del Papa Negro.

Se trata de una profecía de Nostradamus acerca de la llegada, en el siglo XXI, de un hombre de color con mucho poder que anunciaría el fin de los tiempos.

“Al principio habrá enfermedades mortales como advertencia, luego habrá plagas, morirán muchos animales, habrá catástrofes, cambios climáticos, y finalmente empezarán las guerras e invasiones del rey negro”, rezaba la profecía de Nostradamus.

Por lo que ha pasado en estos años durante el tiempo en que Benedicto XVI ha estado en la Santa Sede, podemos decir que lo hemos visto todo: plagas, catástrofes, y hasta casos de abuso sexual a menores en los que la misma Iglesia se ha visto involucrada; algo que deja hasta corto el apocalíptico presagio de Nostradamus.

Ahora bien, ese hombre de color, que muchos entendidos vaticinaron que vendría después de la muerte de Juan Pablo II, tampoco ha aparecido tras la sorpresiva renuncia de Benedicto XVI, ya que Bergoglio, Francisco I, es también de raza blanca.

Los supersticiosos se sostendrán ahora, quizás, en que es argentino, latinoamericano, y que, por tanto, es el rasgo novedoso que precede al gran cambio.

Fuente: Política Digital

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