19-02-13
Carlos M. Padrón
Según el artículo que sigue, la preparación que en España tienen los estudiantes en cuanto a ortografía, prosodia y demás, es un desastre.
Ante esto, me atrevo a aventurar que la preparación que en cuanto a eso tienen los profesores que no son de Lengua deja también mucho que desear, lo que indica que la cosa viene de viejo, de al menos una generación.
Recuerdo que, allá por los años ’80s, recibí, escrito por una profesora de Ciencias del colegio de mi hija, un informe que contenía cualquier cantidad de faltas de todo tipo.
Era tal desastre que me tomé la molestia de resaltar en amarillo todos los errores que contenía, y devolvérselo a la profesora en sobre cerrado que entregué a mi hija.
Para mi sorpresa, me contestó, por el mismo medio y forma, que ella era profesora de Biología y no de Lengua.
Si antes de contratarla, el colegio le hubiera hecho un examen escrito, posiblemente no habría obtenido el trabajo; o sea, que es el colegio el primer responsable porque, tal vez, sus directores tampoco saben escribir.
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19 Feb 2013
Para el profesorado, incluido el de la enseñanza superior, la mala ortografía es un quebradero de cabeza.
Los alumnos de hoy tienen una preparación que es la envidia de sus mayores: saben —más o menos— idiomas, ven mundo y acceden a altos títulos universitarios. Les falta, sin embargo, aquel afán por la caligrafía y la ortografía que los viejos maestros colmaban a base de reglas y dictados.
Ahora, dicen los profesores, el panorama es desolador, y el que está a punto de licenciarse es capaz de rellenar un examen con errores que hacen daño a la vista: vailar, habrir o derrepente.
La sospecha más generalizada es que los docentes han ido bajando el listón paulatinamente frente a las crecientes incorrecciones ortográficas de los exámenes de sus estudiantes; y éstos no acaban de ver la utilidad de poner una ‘h’ en su sitio, o eliminar una tilde allá donde las normas dicen que no debe de estar.
Así, se da la paradoja de que, en un país como España, que ha superado con creces sus viejos índices de analfabetismo y que lee más que nunca, las faltas de ortografía se hayan convertido en una lacra contra la que los profesores se sienten incapaces de luchar, si bien hay quien sueña con la pequeña transformación que promete una de las reformas del ministro de Educación, José Ignacio Wert: aumentar el número de clases de Lengua en secundaria.
Algunos ya se están adelantando, como la Comunidad Valenciana, que prevé penalizar a los alumnos con faltas en los exámenes de acceso a la universidad.
Paradójicamente también, esta despreocupación por la ortografía tiene relación con el uso de las nuevas tecnologías, las mismas que ponen los mejores textos y diccionarios a tiro de clic. Porque si lo importante es comunicarse, ¿por qué no ahorrarse tiempo con unas letras y tildes de menos?
Como pescadilla que se muerde la cola, habría que señalar el aumento del índice de lectura: el 92% de los españoles dice leer “algo”, y ello incluye mensajes instantáneos, de celular, donde los códigos no son los del viejo dictado.
Y ahí hay mucho que leer. Un dato: por el sistema gratuito WhatsApp circulan cada día mil millones de mensajes. Demasiado trabajo para los correctores.
Fuente: El País




