[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Doloras (V)

De un inocente pastor
la mujer muy grave estaba;
el buen esposo la amaba,
y en busca fue de un doctor.

Mas, tras él, un gran señor
a aquel galeno buscaba,
para su esposa que acaba,
de sentir leve dolor.

De las dos, ¿cuá1 fue atendida?
¡Oh, condición de la vida!
Del gran señor, la mujer,
primero fue y visitó;
cuando a la pobre fue a ver,
¡muerta en su lecho la halló!

[Hum}– Nunca llegues tarde

Al Padre Pascual le estaban haciendo su cena de despedida por 25 años de trabajo en una parroquia.

Un político miembro de la comunidad fue invitado para dar un breve discurso. Como el político tardaba en llegar, el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo para llenar el tiempo, y habló así:

«Mi primera impresión de la parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. Pensé que me había enviado el obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que había robado un televisor, que les había robado dinero a sus padres, había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener aventuras sexuales con la esposa de su jefe. También en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas. Y, para finalizar, confesó que le había trasmitido una enfermedad venérea a su cuñada.

Me quedé asombrado y asustadísimo, pero con el transcurrir del tiempo fui conociendo más a la gente y vi que no eran todos así. Vi una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio».

Justamente en este momento llegó el político, por lo que se le dio la palabra. Por supuesto, pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo:

«Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el Padre a nuestra parroquia. De hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él».

Cortesía de Antonieta Rodríguez

[Hum}– Emergencia aérea

Una hermosa useña, atontada y rubia —y valga la redundancia— iba con su esposo en la avioneta de éste. Durante el vuelo, el hombre sufrió un ataque cardíaco y murió. Ella, desesperada, comenzó a gritar por la radio:

—Mayday! Mayday!  ¡Auxilio! ¡Ayuda! ¡Mi esposo acaba de morir y no sé volar este aparato! Por favor, ¡ayúdenme!

Desde tierra le llega la respuesta desde la Torre de Control Aéreo (TCA):

TCA: Aquí le habla la Torre de Control Aéreo. Tranquilícese, tengo mucha experiencia en este tipo de situaciones y le vamos a ayudar. Conserve la calma y le ayudaré a aterrizar…

ELLA: ¡Okay! ¡Okay!

Después de unos segundos, vuelve la voz:

TCA: Bien. Ahora dígame su altura y posición..

ELLA: Mido 1.65 y voy sentada en el asiento junto al del piloto.

Una interminable pausa, y luego:

TCA: Bien, ahora repita conmigo: «Padre nuestro que estás en el cielo,…».

Cortesía de Esteban Zajía

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: 1998 ó 1999. Kment y Yánez

21-08-12

Carlos M. Padrón

Ya no recuerdo de dónde saqué esta foto o quién me la envió, pero Kment me dijo que fue tomada en uno de esos dos años y en el mirador de la Cota Mil (Caracas).

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1, Erwin Kment;  2, Richard Yánez

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COMENTARIOS

Alberto Lema S,
Seguro que fue en 1989 cuando ellos dos eran parte del Dpto. de Seguridad, y venia el HPC de Caracas, el que nunca se dio por el Caracazo. Tal ves ellos estaban evaluando sitios de interés para llevar a pasear a los Convencionistas de IBM.

Y, al parecer, sí tuvieron mucho trabajo…, pero para sacar del país a los que habían llegado en medio del zaperoco del 27 y 28 Feb,1989.

[*Opino}– Sobre las huelgas de hambre

20-08-12

Carlos M. Padrón

Del artículo que sigue me ha llamado la atención el concepto de que el Estado debe respetar el derecho que sobre el propio cuerpo tienen los ciudadanos.

En ese derecho incluye el articulista, entre otros, el consumo de drogas y hasta la eutanasia, y todo esto me lleva a preguntarme por qué demonios tiene el Estado que preocuparse por quienes libremente deciden hacer huelga de hambre.

Si alguien decide no comer —en particular si está preso—, hay que respetar su decisión, y no gastar el dinero de los contribuyentes en mover villas y castillos para que ese alguien coma cuando, para colmo, eso es ceder al chantaje.

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2012-08-19

Carlos Alberto Montaner

¿Qué es el friedmanismo?

 

Milton Friedman nació en 1912, hace cien años, y los vivió casi todos. Murió en 2006, a los 94, lúcido y combativo. Su centenario ha revivido la polémica en torno a su legado.

En 1976 recibió el Premio Nobel de Economía. Lo suelen presentar como «el padre del neoliberalismo» o la cabeza de la Escuela de Chicago, pero fue mucho más que todo eso. De su obra se deduce la más sencilla y formidable definición de la libertad: ser libre es poder elegir sin interferencias ni coacciones externas.

En 1980 Friedman y su mujer, Rosa, filmaron una magnífica serie de televisión titulada Free to Choose. Fueron 10 memorables capítulos en los que el matrimonio examinó algunos casos exitosos, como el de Hong Kong, próspero debido a la libertad que tenían ahí los individuos para producir y vender, frente al fracaso de la India, entonces estancada por la planificación centralizada y en manos de los burócratas, aberración que los hindúes comenzaron a abandonar poco tiempo después.

De alguna manera, la mayor parte de los males económicos tenían el mismo origen: el Estado, un «ogro filantrópico» que, cuando pretendía ayudar, generaba ciudadanos indefensos incapaces de ganarse la vida, mientras los funcionarios dilapidaban enormes cantidades de recursos que se esfumaban en medio de la corrupción y la forja de estructuras clientelistas que lastraban y a veces imposibilitaban la creación de riquezas.

La historia de la lucha por la libertad es la historia de la conquista del derecho individual a decidir. Las personas fueron más dichosas y más ricas cuando pudieron elegir el dios al cual adoraban, o no adorar a ninguno. Cuando pudieron trabajar, vestir, leer, escribir, casarse, divorciarse o militar libremente.

Alcanzaron cierta felicidad cívica cuando dejaron de ser súbditos obedientes, se convirtieron en ciudadanos altivos y transformaron a los mandamases en temerosos servidores públicos.

Si existe el friedmanismo, éste consiste en tres ideas-fuerza fundamentales:

  1. La ardiente convicción de que nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que deseamos y lo que nos conviene,
  2. La firme creencia en la libre competencia para perfeccionar gradualmente los bienes y servicios que adquirimos o producimos, y
  3. La necesidad de que los individuos asuman responsablemente el control de sus vidas.

El friedmanismo, claro, tiene importantes consecuencias en el debate actual. De alguna manera está vinculado al creciente derecho del consumidor. El consumidor vota con su dinero, y el Estado no debe imponerle productos que no desea, ni debe tener la prerrogativa de fijar los precios ni, mucho menos ——como sucede en Argentina y en tantos países—, criminalizar la tenencia de moneda extranjera.

Tampoco el Estado debe arrogarse el derecho a decidir qué sustancias puede utilizar la persona. Si un adulto decide libremente fumar marihuana, esnifar cocaína o inyectarse heroína, a sabiendas de que puede convertirse en un pobre adicto, ese estúpido comportamiento, nada recomendable, absolutamente pernicioso, forma parte del derecho sobre el propio cuerpo, y el Estado, humildemente, debe respetarlo, como debe admitir que cualquier persona en la plenitud de sus facultades mentales decida que ya no quiere seguir viviendo porque sufre demasiado. «Vivir —decía un famoso suicida español— es un derecho, no un deber».

El friedmanismo consiste, también, en creer que los vouchers son un método eficiente de estimular la competencia, pues sirven para que los padres seleccionen las mejores escuelas públicas para sus hijos, o la mejor institución sanitaria para el cuidado de la familia, lo que obliga a éstas a mejorar la calidad de sus ofertas.

Hay mucho de sentido común en las propuestas de Friedman, pero también hay una enorme dosis de confirmación empírica. Los países más ricos y dichosos son aquéllos en los que se combinan la libertad económica y la libertad política, y en los que el Estado no dirige la economía ni ejerce las tareas de los empresarios, limitándose a auxiliar la creatividad de los individuos aportando instituciones de derecho e infraestructuras materiales.

Milton Friedman lo dejó dicho es una frase clarísima: «Uno de los más grandes errores es juzgar los programas y políticas por sus intenciones, en vez de por sus resultados». Fue el más práctico de todos los teóricos, y tuvo razón.

Fuente: Libre Mercado

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Doloras (IV)

A un país donde impera el caciquismo,
llegó un joven doctor,
quien se anuncia con alto patriotismo
del pueblo redentor.

Del hombre en la actitud perseverante,
creyó la población;
y ésta, at fin, lo nombró representante
en pública elección.

Llegó el doctor donde llegar quería,
y, en vez de una esperanza,
en su electo vio el pueblo la falsía
de un hombro de mudanza;

porque uniéndose at grupo caciquil,
cierto pacto firmó.
¡Oh, qué pago! Su paso fue tan vil,
que al pueblo lo arruinó.

[Hum}– Un mendigo en Navidad

En pleno diciembre y en Venezuela, un mendigo toca el timbre en una casa y, cuando la señora le abre, le dice:

—Señora, regáleme algo para comer, por favor, pero que no sea ni hallacas ni ensalada de gallina ni pan de jamón ni pernil. ¡Estoy cansado de comer esa vaina!

—Ahh, bueno, ¿le gusta el pescado?

—¡Si!

—Entonces ¡¡venga en Semana Santa!!

Cortesía de Eva Matute

[Hum}– Forgot my glasses

Yesterday my daughter asked why I didn’t do something useful with my time. She suggested I go down to the senior center and hang out with the guys.

I did this, and when I got home last night I told her that I had joined a parachute club. She said,

—Are you nuts!? You’re almost 70 years old and you’re going to start jumping out of airplanes?

I proudly showed her that I even got a membership cardand she said to me,

—For heaven’s sake, where are your glasses! This is a membership to a Prostitute Club, not a Parachute Club!

I’m in trouble again and don’t know what to do! I signed up for five jumps a week!

Life as a senior citizen is not getting any easier.