[*Opino}– Las mujeres y los hombres ‘maduros’, y el ‘déficit sexual masculino’

17-04-12

Carlos M. Padrón

Según Rita Rudner —una useña. comediante, escritora y actriz—,

La antigua teoría era: «Cásate con un hombre mayor porque son maduros». Pero la nueva teoría es: «Los hombres no maduran; cásate con quien te dé la gana».

Como esta señora se permitió generalizar, yo lo haré también.

Sigo sin saber, porque no he conseguido que nadie me lo explique de forma lógica, qué consideran las mujeres que es la madurez, tanto en ellas como en nosotros, los hombres.

Según el DRAE, madurez es buen juicio o prudencia, sensatez.

Entonces, ¿podría decirse que lo que sigue es madurez?

  • Emperifollarse para ir a cualquier lado
  • Tener un montón de vestidos y zapatos
  • Tratar con las amigas temas sobre moda, vida ajena, intrigas en el trabajo, infidelidades, caza del varón socialmente bien posicionado
  • Ir a cada rato a la peluquería a «disfrazarse», criticar, etc.,… para impresionar a sus congéneres
  • Ver telenovelas
  • Implantarse siliconas en los pechos para dar envidia a sus congéneres
  • Pretender que su marido sea un «Yesman» (el que dice ‘sí’ a todo), la mime, la consienta, y acepte siempre los consejos que ella le da, aunque él no los haya pedido.
  • Etc.

¿Podría decirse que la frivolidad es madurez?

Pues la mayor parte de estas cosas, si no todas y más, son frivolidades que hacen la mayoría de las mujeres, si es que no llegan a comportarse como las de «Zánganas emparejadas» (= Mujeres desesperadas).

Insisto en que si se quiere saber cómo es realmente una mujer, no hay mejor forma que verla y escucharla, sin que ella se dé cuenta, cuando está reunida con sus amigas. Lo elevado de los temas y lo profundo y constructivo de los comentarios son exponentes de una gran «madurez», algo como para que el mundo salga de la crisis financiera en que está sumido.

Al dar con el artículo que copio a continuación, me pregunto si no será que las mujeres consideran como inmadurez del hombre que éste, aunque tenga su pareja, siga mirando a otras mujeres y no pueda evitar hacer comparaciones.

Sí, tal vez tenga mucho que ver lo que en el tal artículo llaman ‘déficit sexual masculino’.

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13 de Abril de 2012

Por Remedios Morales

Catherine Hakim, doctora en Sociología y profesora en la London School of Economics, ha escrito un libro titulado «El capital erótico» que, como reza el subtítulo, es el poder de fascinar a los demás. Y yo añado que mediante el atractivo sexual.

Hakim ha estudiado a fondo las encuestas disponibles sobre el sexo, y ha descubierto una mina: el «déficit sexual masculino», que no significa que los hombres tengan depauperadas sus partes secretas sino, más bien, lo contrario.

La doctora le asigna ese término económico al hecho de que los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres, cosa que sitúa a éstas en posición de negociar con ventaja, y a los hombres los deja en precario porque padecen escasez crónica de sexo.

La doctora cree que ha puesto un huevo enorme con su descubrimiento, pero eso es porque no se lee el suplemento dominical de LD. Si lo hiciera, sabría que en estas páginas yo me he referido a ese fenómeno muchas veces con otro término económico: «exceso de demanda sexual masculina», y quizá también de otras formas menos finas.

La mayor demanda sexual masculina no es un fenómeno exclusivamente humano sino que se extiende a todas las especies en las que los machos consideran a las hembras un bien escaso y hacen lo posible por acumularlas, llegando a competir abiertamente entre ellos para ver lo que pillan.

Un buen puñado de biólogos se ha referido a este mayor apetito sexual de los machos, y lo ha explicado. Yo me fijé en las implicaciones que este exceso de demanda tenía en los humanos, y en cómo éstos han hecho las cosas a su manera, desarrollando, junto al mercado sexual, sin costos para los hombres, otro mercado paralelo, el matrimonial, en el que el macho humano asume el papel de padre.

Pero no voy a hablar de todo esto por no repetirme.

Hakim cree que el capital erótico tiene una importancia digamos que… capital. Lo que pasa es que el patriarcado impidió asignar un valor a este activo de las mujeres porque era algo que se daba por supuesto. En cambio, las penalizaba cuando carecían de él.

Las feministas niegan el déficit sexual masculino, como niegan y tachan de «esencialista» cualquier sugerencia acerca de una diferencia entre los sexos que no provenga de la cultura patriarcal y que sea inamovible.

Según ellas, si las mujeres no se sintieran oprimidas ni dominadas tendrían la misma conducta sexual que los hombres. Falso, dice Hakim con mucha razón. En la actualidad, los anticonceptivos y la mayor transigencia con respecto al sexo ya no permiten, de ninguna manera, achacar a la cultura patriarcal esa mayor desgana sexual de las mujeres que, de forma universal, se refleja en las encuestas y ocurre, sobre todo, a partir de los treinta años.

En este sentido, el feminismo radical es más limitador que liberador porque no anima a las mujeres a explotar abiertamente en su provecho ese exceso de demanda sexual masculina.

A las mujeres no las aparta del sexo la opresión patriarcal ni ninguna zarandaja por el estilo. El baremo de la sexualidad no tiene por qué marcarlo la apetencia sexual de los hombres.

A las mujeres no les pasa nada; son así, y este desajuste sexual tiene su explicación en las diferentes estrategias reproductivas de los sexos, que también he explicado otras veces, aunque estoy segura de que Hakim lo desconoce.

El déficit sexual masculino concedería, pues, una ventaja a las mujeres que fueran capaces de negociar con su capital erótico; y yo digo que ellas lo utilizan constantemente, por ejemplo, para ascender de categoría mediante el matrimonio.

Sin embargo, la negociación con el capital erótico como moneda de cambio puede ir mucho más allá, y de ello dan fe bonitos ejemplos desde la antigüedad.

Ahora me viene a la memoria Ester, que se engalanó para hallar gracia ante los ojos de su esposo, el rey Asuero, y pedirle protección para los judíos. Hasta tuvo el morro de desmayarse para dejarlo anonadado con su belleza lánguida y evitar su cólera.

Y ahí está Cleopatra, mujer inteligente y negociadora, que fue al encuentro de Marco Antonio después de ser embellecida, maquillada y masajeada durante horas por un contingente de esclavas. Incluso llegó al extremo de perfumar las velas de su nave, consiguiendo, según Plutarco, que «los vientos enfermaran de amor».

Sin embargo, trasformar abiertamente el capital erótico en dinero siempre fue un asunto mal visto, tanto por las feministas como por el patriarcado, por ser cosa de prostitutas.

Consecuente con su pensamiento y con el mío, a Hakim le parece mal que se metan con las prostitutas. Ella está a favor de que toda mujer aproveche sin escrúpulos su poder de fascinación para alcanzar la riqueza y el poder. Yo misma he dicho alguna vez que el sexo debe ser caro para los hombres, y, por cierto, eso no ha sentado muy bien.

La doctora da consejos para desplegar todo el potencial sexual: cuidar la imagen, adelgazar, ponerse buena ropa, y pasar por el quirófano si es el caso. Es duro, pero la vida de una mujer puede mejorar muchísimo. Veamos el ejemplo que propone.

Son dos hermanas, una guapa, que acumula capital erótico como una hormiguita, vela por su belleza con celo renovado y va por ahí coqueteando más que una gallina y sacando partido de todo. En contraposición, la otra hermana es como una cigarra que descuida su imagen, no se maquilla, engorda y se muestra torpe e insegura.

La primera triunfa fácilmente, y a los cuarenta años es una rica empresaria, ha tenido varios novios, viaja mucho y frecuenta restaurantes de lujo. Mientras, su desmañada hermana es una pringada, que trabaja para otros, en empleos esporádicos mal pagados. Pero, además, ¡qué horror!, la principal fuente de ingresos familiar es su marido, «una estrella en el campo de la ciencia».

Esta parábola me ha hecho reflexionar mucho porque refleja lo que se considera las metas correctas para una mujer moderna: independencia, soledad, trabajo y dinero.

Y pienso que quizá no coincidan, exactamente, con la idea de felicidad que tienen muchas mujeres (y hombres). Invertir en armas de seducción para acumular responsabilidades, novios, horas de avión y fiestas, a lo mejor no merece la pena. Yo siento la tentación de quemar la faja reductora, el sostén reforzado «sublime» y la crema del papo, porque estar tan buena y resultona puede proporcionarme un halo de atracción que me haga polvo la vida.

En la historia de la Ciencia se han dado casos en que dos científicos descubren lo mismo simultáneamente. Darwin y el pobre Wallace, coincidiendo en desarrollar la teoría de la evolución. Y Newton y Leibniz en el desarrollo del cálculo diferencial.

Bueno, pues la doctora Hakim y yo representamos la última contingencia de este tipo. Hakim, es usted un grano en la zona glútea de mi cerebro. Una de las dos está de sobra en esto del sexo. Ni siquiera me queda el consuelo de rebatirla porque me ha calcado algunos de mis razonamientos más elegantes.

Sin embargo, como no quiero ser una triunfadora, la perdono por esta vez si deja de poner malos ejemplos, que los tiene a montones.

En cualquier caso, mi término «exceso de demanda sexual masculina» me gusta infinitamente más que el suyo del «déficit sexual masculino», que me suena equivoco e irritante.

Fuente: Libertad Digital

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXIV

–  XXIV

Cuántas veces un ser en la pobreza
te ha pedido limosna, y tú, ¡inhumano!
le has dicho con insólita presteza:
«Perdóneme por hoy. Váyase, hermano».

Hambriento ha vuelto el pobre  un nuevo día,
y a tu puerta llamó, mas al portero
has díchole con aire de ironía:
«Que se vaya ese pobre majadero».

Por vivir en constante ambicionar,
no has querido cumplir con tu deber,
ni comprendes, avaro, el gran placer
que siente el alma, una limosna al dar.

No has saciado la sed del egoísmo
y, por eso, en tu loca vanidad,
no conoces lo que es el Cristianismo,
ni comprendes lo que es la Caridad.

La Caridad, emanación del Cielo,
que alivia de la vida los pesares.
Practiquémosla todos y, con celo,
visitemos los míseros hogares.

La Caridad, esencia del amor,
que embellece a las almas candorosas;
la Caridad, alivio del dolor,
sendero de azucenas y de rosas.

La Caridad, lo excelso, lo sublime
que al Cielo vinculiza con la Tierra;
virtud la más grandiosa que redime
y liberta a los hombres de la guerra.

Socorre siempre al mísero infelice,
y, por lo poco que le dé tu mano,
contesta lo que ayer tu afán te dice:
«Perdóname por hoy. ¡Adiós, hermano!»

[Hum}– ‘El retrato’, o la idiosincrasia femenina

Una mujer casada a la que le diagnosticaron una enfermedad terminal, y, como mucho, le dieron sólo dos meses vida, decidió ir a un pintor para que le hicieran un retrato y así dejar un bello recuerdo a su familia.

El día que llegó al taller del pintor, se sentó para posar y el pintor comenzó su trabajo.

Al cabo de un rato, ella le dijo: 

—Perdón, ¿podría pintarme una diadema de diamantes en la cabeza?

—Sí, señora, por supuesto.

Apenas minutos después. dijo de nuevo la señora: 

—¿Y un collar de perlas en el cuello?

—Por supuesto, señora.

Y así fue pidiendo que le pintara también una sortija con un rubí, una pulsera de oro macizo, etc.

Cuando después de muchas horas estuvo listo el retrato que mostraba a la señora llena de joyas, el pintor, sin poder contenerse, le preguntó:

—Perdone usted, señora, ¿para qué ha querido que le pinte tantas joyas?

—¡Para que la zorra con la que se case mi marido se vuelva loca buscándolas!

Cortesía de Esteban Zajía

[*Otros}– La base del Teide se formó en sólo 40.000 años

12/04/2012

Hasta ahora existían varias hipótesis sobre la formación de la depresión de la caldera de Las Cañadas en la que surgieron los volcanes del Teide (3.718 metros) y Pico Viejo (3.135 metros) de la isla de Tenerife.

Un nuevo estudio confirma que la caldera se formó como respuesta a un deslizamiento geológico, y que el grueso del relleno del valle de Icod, que sirve de base al estratovolcán, se produjo en un periodo de 40.000 años.

 

«A escala geológica se trata de un intervalo de tiempo muy corto», dice a SINC Vicente Soler, investigador de la Estación Volcanológica de Canarias y coordinador del estudio publicado en Geomorphology.

Esta nueva datación ha sido posible porque, por primera vez, los científicos han tenido acceso subterráneo a las primeras lavas emitidas tras el deslizamiento.

En total, el equipo de científicos recogió un centenar de muestras para conocer el momento en que se produjo el deslizamiento, hace 180.000 años. Según los resultados, el sistema respondió hace 160.000 años, y el nuevo volcán se empezó a formar hace 120.000 años.

El ‘hueco’ en el que nació el Teide

El deslizamiento produjo «un hueco» que formó la gran depresión de la caldera. En la misma zona del archipiélago Canario «creció el volcán del Teide como respuesta geológica», comenta el investigador.

Durante las últimas décadas, el origen geológico de esta depresión había sido motivo de controversia científica. Hasta ahora había dos respuestas plausibles al origen de estas depresiones, tanto la de las Cañadas del Teide, como los valles de Güímar y la Orotava.

La primera hipótesis atribuía su formación a un hundimiento posterior a una erupción, que vació la cámara magmática y creó el hueco de la caldera. Después de varias investigaciones, se confirma la segunda hipótesis, que apuntaba a un deslizamiento desde el norte de la isla hacia el mar. La zona está ahora rodeada por paredes verticales, a excepción de la parte superior, que «serían la cicatriz provocada por aquel gran deslizamiento», confirma Soler.

Con el paso del tiempo, la gran depresión se fue rellenando hasta formar el Teide, que se convirtió en el pico más alto de España por «un caprichoso azar de la Naturaleza», una erupción que «se pudo producir en el siglo XIV», pronostica el geofísico.

Datar rocas Canarias

El estudio también permitió saber cuánto tardaron los magmas, originalmente basálticos, en evolucionar hacia otro tipo de material.

«La edad de las rocas se ha deducido por la relación de su contenido en potasio y en argón, ya que la cantidad de los dos elementos químicos es proporcional al tiempo transcurrido desde su enfriamiento», explica Soler.

Desde hace 120.000 años, los magmas se han diferenciado hasta conferir las características actuales al entorno del Teide. La máxima diferenciación se encuentra en Montaña Blanca, donde hay piedra pómez de una erupción ocurrida hace 2.000 años.

Pero hay otras rocas típicas de la zona, como las rocas traquitas y las fonolitas, que dejaron de ser basalto cuando se empobrecieron de hierro y ganaron en dióxido de silicio.

Soler comenta que el análisis geoquímico de las rocas permite conocer el estado del sistema magmático, saber en qué punto se encuentra y cómo evoluciona.

Fuente: El Mundo

[*FP}– Cuando viajar era un placer

11-04-12

Carlos M. Padrón

Tal parece que en mi destino estuvo siempre el viajar.

Y así lo quería mi padre, pues cuando descubrió lo mucho que me gustaba el arroz, y lo poco que de él se comía en casa porque era caro, me dijo «Cuando vayas a América te cansarás de comer arroz».

No dijo «si vas a América», no; él daba por hecho que yo, al igual que ya habían hecho mis dos hermanos, me iría a América, como también lo había hecho él, mi padre, y mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, choznos, etc., y a veces también sus cónyuges, pues mi abuela paterna era cubana. O sea, que los Padrón a los que pertenezco hemos sido emigrantes por siglos.

Por pertenecer a una familia así, no es raro que entre los relatos que recuerdo de mis años infantiles estén los de los viajes que mi padre hizo a Cuba, y los que hicieron tíos y vecinos. Todos ellos daban gran importancia a esos lances en su vida, y mi antena infantil captaba esa importancia.

El primer viaje que hice fue en abril de 1950, cuando mi tío Pedro Castillo y su mujer, tía Nila, se mudaron a Santa Cruz de Tenerife —y nunca volvieron a El Paso—, y mi padre me mandó con ellos para que en Tenerife me viera el oftalmólogo don Corviniano, ya que mi maestro de primaria, don Enrique Campos (q.e.p.d.), le había dicho a mi padre que yo no veía bien, pues aún sentándome él en la primera fila del aula de clase, me costaba mucho leer lo escrito en el pizarrón.

Fue un viaje en barco, con salida, en la noche, del puerto de Santa Cruz de La Palma, para llegar al de Santa Cruz de Tenerife a primeras horas de la mañana del día siguiente.

Por supuesto, mareé de lo lindo, pues entonces los barcos, llamados de cabotaje, que cubrían las travesías interinsulares eran pequeños y viejos, y se movían a todo dar. Pero para mí valió la pena, pues por fin había hecho un viaje.

Luego hice muchos más, siempre en barco y siempre desde el puerto de Santa Cruz de La Palma hasta el de Santa Cruz de Tenerife, y viceversa, cuando a partir de 1951 iba yo a presentar exámenes de bachillerato.

Cuando en septiembre de 1957 «abandoné el nido» —como llamaba mi padre al acto crucial de dejar el hogar para volar por cuenta propia— y con mi maleta de cartón me dirigí a La Plaza (centro del pueblo) para abordar la guagua que me llevaría a Santa Cruz de La Palma, el marido de una prima mía acertó a salir de la casa justo en el momento en que yo pasaba frente a ella.

Sabedor de que yo dejaría mi casa ese día, al verme maleta en mano me dijo algo que — en aquel momento en que me sentía asustado, con el corazón en un puño y con ganas de llorar— me pareció una frivolidad nacida de la necesidad de no quedarse callado. Señalando a mi maleta sentenció: «Ten cuidado porque crea hábito».

Sí, fue una sentencia por ni siquiera él supuso que el tal hábito llegaría a ser lo que fue.

Desde Santa Cruz de Tenerife viajé cada año, desde 1958 a 1961, entre Tenerife y La Palma, pero en avión, en los viejos DC-3 que cubrían el trayecto entre Los Rodeos —entonces el único aeropuerto de Tenerife—, y el único aeropuerto de La Palma, uno con una pista de apenas el largo mínimo que, para «tranquilidad» de los viajeros, comenzaba en un barranco y terminaba en un cementerio, o al revés, según se vea.

Después de probar el avión concluí que lo prefería, con mucho, al barco, lo cual no es raro porque nunca me agradó el mar.

Y en 1961 ocurrió el gran viaje: de Canarias a Venezuela, en barco. En uno, el «Bianca C», que en su regreso a Italia hizo escala en la isla de Grenada, y una explosión en el interior del barco desató un fuego que acabó con él en un accidente que le ganó el sobrenombre de «El Titanic del Caribe».

Ya en Venezuela, durante mi vida laboral en Olivetti, hice, siempre en avión, varios vuelos nacionales —el primero, en un Caravelle— y mi primero internacional (Caracas – New York – Milano – Madrid – Tenerife – La Palma – Tenerife – Las Palmas – Caracas). Y durante mi vida laboral en IBM ya rompí cualquier medida que el marido de mi prima hubiera siquiera soñado.

La pasada semana, mi hija Elena me pidió que tratara de ubicar datos de un evento ocurrido entre 1990 y 1992. Eché mano de mis agendas y no pude menos que asombrarme al descubrir que cada 15 días viajaba yo a algún otro país, casi siempre a USA, por motivos de trabajo.

Haciendo memoria al notar eso, caí en cuenta de que, desde 1985 y hasta 1997, podría decirse que viví montado en un avión, sobre todo entre 1990 y 1995.

Era algo que me gustaba, pues siempre me he sentido seguro al volar, tanto más cuanto mayor el avión. Además, no había ni la congestión que hay ahora en los aeropuertos, ni los malditos controles de seguridad que casi obligan al pasajero a hacer streeptease.

En todas las filiales de IBM había una o más agencias de viajes que se encargaban de los preparativos de los viajes de los empleados de la compañía, y por eso me acostumbré a que, al querer viajar, no tenía yo que molestarme en hacerme cargo de eso..

Pero los tiempos cambian y, una vez que dejé IBM, sí tuve que hacerlo, y a veces con malos resultados que implicaron gasto de tiempo y dinero, que pude haber evitado de haber contado entonces, como cuento ahora con el acceso a organizaciones especializadas que trabajan vía internet y que me facilitan enormemente la búsqueda de un vuelo barato que se ajuste mi presupuesto.

Dados los precios que ahora tienen los vuelos, mejor es contar con ayudas de este tipo, pues sin un soporte así no es nada fácil dar con el vuelo adecuado a nuestro bolsillo, con su tarifa, su horario, etc., y, una vez encontrado todo, hacer las debidas reservas o comprar de una vez los pasajes.

Viajé tanto que ahora, de sólo pensar en hacerlo, ya me siento mal, pero la facilidad que da internet para contactar con estas organizaciones, y el ahorro que ellas proporcionan, es lo que viene a mitigar ese malestar, ya que no pueden evitarme el mal trago de las horas perdidas en los aeropuertos por la anticipación que, debido a los dichosos controles de seguridad, piden las líneas aéreas, y, sobre todo, debido a los controles en sí.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Juan Delgado Vera del Castillo, y Agustín de Quesada

Nació Juan Delgado Vera del Castillo, apreciable compatriota, en el año de 1809, en el pueblo de Candelaria, de la isla de Tenerife.

Muy joven emigró a Puerto Príncipe, en unión de su primo, D. Juan del Castillo, después de haber concluido el bachillerato en la Universidad Literaria de San Cristóbal de La Laguna, obteniendo brillantísimas notas en sus exámenes de curso.

En Puerto Príncipe se dedicó al comercio, adquiriendo, por su buen comportamiento, las mejores relaciones de la sociedad cama­güeyana.

En dicho punto contrajo matrimonio con la señorita Doña Belén de Castro y Agüero, perteneciente a una de las familias más distinguidas de la comarca.

Desempeñó varios e importantes cargos en la Administración. Más tarde se trasladó a la ciudad de Holguín, dedicándose nuevamente al comercio por mayor y a grandes cortes de madera en una hacienda de su propiedad.

Pero la suerte, que a veces se muestra ingrata, al querer realizar sus valiosísimos bienes para trasladarse al país natal, falleció repentinamente en 1856, desapare­ciendo su cuantioso capital entre manos extrañas, sin que sus legíti­mos herederos pudieran percibir ni un centavo.

Todo se convirtió en humo, entre el tribunal llamado Jurado de Difuntos, y las imaginarias cuentas del gran capitán, presentadas por uno de sus asociados, como lo asegura la voz pública.

No es sólo el capital de nuestro compatriota Juan Delgado Vera del Castillo, acumulado en los primeros pasos de su vida, para su descanso en el día de mañana, lo único que ha desaparecido sin que pudieran disfrutarlo sus legítimos herederos, pues la misma suerte corrió el de nuestro compatriota, D. Agustín de Quesada, a su muerte en la floreciente ciudad de Cienfuegos.

Quesada era natural de la Villa de Gáldar, y sus bienes eran valiosísi­mos y suficientes como para dar títulos nobiliarios a distintas personas.

A tristes comentarios se prestan ambas biografías en el epílogo de sus vidas, pero los dejamos al lector.

[Hum}– ¡Hola!

ELLA: «Hola, mi amor, ¿dónde estás?».

ÉL: «En mi casa, a punto de dormir. ¿Y tú?».

ELLA: «En la discoteca, detrás de ti».

Cortesía de Esteban Zajía

NotaCMP.- Éste es uno de esos chiste que llamo inaceptables porque son casi un insulto a la inteligencia ya que carecen de lógica.

¿Cómo se supone que al contestar él la llamada de ella, no escuchó de fondo el ruido, por no decir escándalo, que es una constante en las discotecas?

¿O cómo se supone que él no supo que ella escucharía ese ruido, que no es precisamente el del dormitorio de alguien que está a punto de dormirse?

[*Opino}– ¿Conectados pero solos? Un serio problema social

04-04-12

Hace meses, mientras almorzaba con mi mujer en un restaurante, vimos con asombro que los miembros, hombre y mujer, de una pareja que ocupaba la mesa de al lado estaban enfrascados en el uso de sus aparatos celulares, y no se dirigían palabra.

Luego, a una celebración de cumpleaños que tenía lugar en la casa del cumpleañero y era sólo para algunos parientes y allegados, llegaron unos jóvenes. Inmediatamente después de saludar, uno se sentó, sacó su smartphone y se puso a «jugar» con él sin ocuparse de nada más.

Y algunos otros de los allí presentes, de más edad que el tal joven, también hicieron lo propio, aunque participando de vez en cuando en la conversación.

Son comportamientos que, lamentablemente, se ven cada vez más, y que, en el caso del primero, es una lamentable y peligrosa pérdida de la necesaria comunicación de pareja; y, en el caso del segundo, es, cuando menos, una falta de educación. Y son, además, un serio peligro.

Acerca de esta ya más que preocupante manifestación social, mi hija Elena, la psicóloga, me ha hecho llegar lo que puede verse en este enlace, del famoso programa TED, en el que la también psicóloga Sherry Turkle*, en una conferencia titulada Connected, but alone? (= ¿Conectados pero solos?) analiza las implicaciones de este —por demás desagradable y, según ella, también peligroso— fenómeno social.

De la conferencia de Sherry Turkle —que está en inglés, aunque muy bien pronunciado y con posibilidad de subtítulos en el mismo idioma— voy a referirme sólo a algunos puntos que llamaron mi atención.

Tras este fenómeno se esconde el temor a la soledad, y la consiguiente modificación del famoso «Pienso, luego existo» en un erróneo «Comparto, luego existo». Y de ahí que se haya tenido la peregrina idea de, por ejemplo, usar robots, llamados «sociales» y pensados para dar compañía a personas ya mayores quienes, en algunos casos, viven situaciones críticas como la pérdida de un ser querido, algo para lo que creo que sirve mucho mejor un perro que, al menos, tiene la capacidad de sintonizar con los sentimientos de su amo.

Esto sólo ocurre porque, como dice Sherry Turkle, esperamos más de la tecnología que de nuestro prójimo, y porque, al menos los jóvenes de hoy, no sólo no saben conversar sino que tienen miedo a hacerlo porque una conversación transcurre en tiempo real, mientras que los mensajes de texto pueden ser corregidos o borrados.

Para colmo, esta tecnología gusta más a quienes son más vulnerables, y a quienes se sienten solos y temen la intimidad. Para esta gente, sentirse solos les lleva a echar mano del smartphone para conectarse y tener la sensación de que ya no están solos.

Se huye de la intimidad, y se tiene una ilusión de compañía, pero sin buscar, y menos exigir, amistad de la verdadera, que no es precisamente la que proclaman las redes sociales que han degradado el sentido y contenido de esta palabra.

Todo esto ha llevado a una peligrosa inversión de términos que aumenta la soledad y, por tanto, el temor a ella. Antes se decía «Siento algo, y necesito hacer una llamada», pero ahora se dice «Quiero sentir algo, y necesito enviar un texto».

Contra los perniciosos efectos de este fenómeno, hay que desarrollar la capacidad de saber estar solo.

Así como ahora vemos en todos lados sitios libres de humo, en nuestra casa hay que demarcar sitios «sagrados», o sea, sitios libres de smartphones y artilugios similares y, por tanto, libres del mortificante —y, cuando menos, grosero— bip bip que anuncia la llegada de un nuevo mensaje que requiere revisión y, casi siempre, respuesta.

Se trata de estar junto a seres humanos, no de estar conectados a quienes están lejos y a quienes, muchas veces, no son en nuestra vida tan importantes como la persona que tenemos a nuestro lado, persona a quien se está desatendiendo mientras se atiende a esos otros.

Esta tecnología nos está llevando adonde no deberíamos querer ir, y lo grave es que los llamados smartphones no sólo han cambiado lo que hacemos sino lo que somos.

Sigo creyendo que un teléfono celular es, primero y ante todo, un teléfono, o sea, un aparato para llamar y recibir llamadas. Los mensajes de texto sólo deberían usarse como medio de ahorro, o como medio para enviar, por ejemplo, algo, como un número telefónico o una dirección electrónica, que podría o ser mal copiado si nos los dijeran verbalmente, o que se requiere que lo conservemos en nuestro celular.

Los textos, e-mails y chats no ayudan a conocerse, no ayudan en verdad a comprenderse, no pueden jamás reemplazar el contacto personal y la conversación de tú a tú, mirando a los ojos de nuestro interlocutor.

Debería ser obligatorio que esta conferencia fuera presentada en colegios y, por supuesto, en toda familia en que haya adolescentes.

Todo esto me reafirma en mi decisión de no participar en redes sociales.

Sigue gustándome la conversación cara a cara, y aunque en mi trabajo gerencial en IBM mucha gente me consideraba poco sociable, algunas personas, las más de ellas mujeres, descubrieron que yo no era así, que no sólo era sociable sino también que sabía escuchar y crear empatía, en especial cuando alguien me buscaba para que «le prestara mi hombro» porque ese alguien tenía un problema.

Una vez, en un curso de IBM, un psicólogo contratado al efecto por la compañía, pidió a los asistentes, gerentes todos con años en la posición, que nos definiéramos con la menor cantidad posible de palabras.

Recuerdo haber escrito que yo me veía como un “un humanista que busca la excelencia por vía de la docencia y el ejercicio de la gerencia”.

Eso no gustó mucho al tal psicólogo, ni a los moderadores del curso, que esperaban una respuesta «de negocios» y no de corte humanista. Pero para mí la gerencia fue siempre un medio para acercarme a lo humano, y, como bien dice Sherry Turkle los smartphones y redes sociales no hacen precisamente eso.

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(*) Sherry Turkle is Abby Rockefeller Mauzé Professor of the Social Studies of Science and Technology in the Program in Science, Technology, and Society at MIT and the founder (2001) and current director of the MIT Initiative on Technology and Self.  Professor Turkle received a joint doctorate in sociology and personality psychology from Harvard University and is a licensed clinical psychologist. She has been studying our changing relationships with digital culture for over three decades, charting howmobile technology, social networking, and sociable robotics are changing our work, families, and identity. Profiles of Professor Turkle have appeared in such publications as The New York Times, Scientific American, and Wired Magazine. She is a featured media commentator on the social and psychological effects of technology for CBS, NBC, ABC, CNN, the BBC, and NPR, including appearances on such programs as Nightline, Frontline, and 20/20.