[*Otros}– La mejor cámara del mundo, en el Gran Telescopio Canario (Grantecán)

19/12/2011

El Grantecán (GTC) empleará la cámara ultrasensible más rápida del mundo.

Es una que cuadriplica la resolución y triplica la velocidad de instrumentos similares, y con la que podrá vencer las turbulencias de la atmósfera terrestre para obtener imágenes con una nitidez similar a las del Hubble.

Según el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en los próximos días se inician los trabajos para instalar esta cámara ultrasensible en el sistema de óptica adaptativa actualmente en desarrollo en el GTC.

 

Con este nuevo dispositivo, el más rápido de sus características hasta la fecha, el telescopio óptico más grande del mundo podrá sacar aún mayor partido a su espejo primario de 10,4 metros de diámetro pues, según los responsables de la nueva cámara, llamada OCAM2, permitirá que el GTC obtenga imágenes con la misma calidad que las que registra el telescopio espacial Hubble.

Como en cualquier otro telescopio terrestre, una de las principales cortapisas del GTC es la propia atmósfera.

A pesar de ubicarse en el Observatorio Roque de los Muchachos (La Palma) y bajo uno de los cielos de mayor calidad del mundo, las turbulencias atmosféricas restan nitidez a las observaciones.

Para evitarlo, se emplea una técnica denominada óptica adaptativa, un sistema que corrige en tiempo real las turbulencias para que el astrónomo reciba una imagen más clara.

Los sistemas de óptica adaptativa deben trabajar con velocidades muy elevadas y en niveles de iluminación muy débiles.

En este terreno es donde OCAM2 tiene sus puntos fuertes, pues es capaz de captar 1.500 imágenes por segundo en un estado próximo a la oscuridad absoluta (menos de 1 electrón de iluminación).

«El GTC será el primer telescopio del mundo en beneficiarse de esta innovadora tecnología que permitirá obtener imágenes a una resolución inigualable», explica Jean-Luc Gagh, creador de este ingenio desarrollado por los laboratorios de Astrofísica de Marsella y de Grenoble y el Observatorio de Haute-Provence.

«Este tipo de cámaras representan un punto de inflexión en el campo de la óptica adaptativa», explica el jefe del proyecto, Philippe Feautrier.

La mejor resolución de la Tierra

Comparada con los instrumentos de la generación anterior, OCAM2 ofrece una resolución cuatro veces superior y multiplica por tres la velocidad, lo que situará los niveles de sensibilidad del GTC en pie de igualdad con Hubble, el telescopio espacial de la NASA que, al orbitar sobre la Tierra a unos 600 kilómetros sobre el nivel del mar, ha logrado vencer la barrera de las turbulencias atmosféricas.

La cámara OCAM2 y su detector ultrasensible se incorporarán al sistema de óptica adaptativa del telescopio palmero, GTCAO.

En concreto, se integrará en su sensor de frente de onda y, una vez instalado en los laboratorios del IAC, serán necesarios dos años de ajustes para que el sistema óptico adaptativo esté totalmente operativo.

El proyecto OCAM es el resultado de cinco años de trabajo financiados por la Comisión Europea, el Observatorio Europeo Austral, y el Institut National des Sciences de l’Universe (CNRS).

Tras conocer y analizar la primera versión de la cámara, el GTC firmó en 2009 un acuerdo de colaboración científica con el equipo francés para la concepción y producción de esta segunda versión del dispositivo adaptada a las exigencias del telescopio canario.

Fuente: El Mundo

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Impresora IBM/1403 (3/3) – A la memoria de Henry Meza / Leonardo Masina

02-01-12

En la serie de temas de IBM que fueron tratados en 2003 mediante intercambio de e-mails, hoy va el tercero y último de un lote de tres que tratan sobre la Impresora IBM/1403.

Carlos M. Padrón

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14-10-2003

Leonardo Masina

Leo Masina, 1972

Este otro recuerdo quiero dedicarlo a un gran compañero y una gran persona que, desafortunadamente, ya no está con nosotros: HENRY MEZA (q.e.p.d.).

Estaba Henry en el IVIC con un problema con la 1130 y me pidió si podía ir a darle una mano y, de paso, que le llevara aceite hidráulico de carro para la 1403 (la caja hidráulica de la 1403 utilizaba un tipo de aceite compatible con el de algunos modelos de carro), ya que la caja estaba medio vacía.

Al llegar me di cuenta de que lo que la 1403 tenía dentro no era ya aceite sino una cosa muy viscosa, más parecida a la grasa, así que le dije a Henry que era mejor cambiar la caja.

Llamamos al stock y, desafortunadamente, no quedaba ninguna caja, pero estaba un compañero desocupado al que le pedimos el favor de que le sacara la caja a una de las máquinas del almacén y nos la subiera al IVIC mientras nosotros sacábamos la caja de la 1403 y arreglábamos el problema a la 1130.

Pasaron algunas horas y el compañero no apareció. Disimuladamente intentamos localizarlo, pero no estaba ni en el stock ni en el almacén, y en IBM nos decían que había salido hacía horas para el IVIC.

Al ver que pasaba el tiempo y no teníamos noticias de él, y ya era tarde y no quedaba casi nadie en el IVIC, se me ocurrió una idea. Frente al centro de computación estaba el laboratorio de electrónica. Entramos, y a una persona que quedaba de guardia toda la noche le pedí si tenía algún solvente, y me dio una garrafa de plástico llena.

Eché un poco de solvente en la caja de la 1403 para que el aceite se diluyera, y así lo fuimos sacando. Luego vacié un poco más en la caja y la dejé funcionar para que fuera limpiándose, y el solvente, un líquido transparente, fue tomando un color achocolatado. Pero lo raro era que iba evaporándose y así prácticamente tuve que echar la garrafa entera.

Cuando el líquido ya salía más limpio, terminé de vaciar lo poco que quedaba en la garrafa, echamos el aceite hidráulico y la impresora empezó a trabajar perfectamente.

Tanto a Henry como a mi empezó a pesarnos mucho la cabeza y estábamos como un poco mareados. Pensamos que era el cansancio y el no haber almorzado ni cenado a pesar de la hora, y en eso apareció el técnico que nos había dado el solvente. Venía a preguntar cómo nos había ido, y dijo: «¡Qué olor tan raro hay aquí! ¡Es mareante!».

Entonces le pregunté qué era lo que como solvente me había dado, y él, cándidamente, me contestó: «Cloroformo». O sea, que a Henry y a mí nos había puesto groguis y a volar “esnifando” cloroformo.

Decidimos salir afuera a tomar un poco de aire fresco para despejarnos, y dejando las puertas del centro abiertas para que se ventilara el local. Nos sentamos en el césped y nos quedamos dormidos.

No sé quién fue el que se despertó primero, pero el susto fue tremendo cuando miramos el reloj y nos dimos cuenta de que ya eran pasadas las 2 de la madrugada. Creo que nos quedamos dormidos unas buenas cuatro horas.

Volvimos adentro a toda carrera, tapamos las máquinas, cerramos todo, y salimos para volvernos a casa, acordando antes no comentar nada en la oficina para no descubrir al compañero que nos había dejado colgados al no aparecer con la caja para la 1403.

Salimos del parking, en el que estábamos solos. Yo arranqué delante y Henry detrás. Había varias curvas hasta llegar a la salida donde estaba la alcabala de salida. Me detuve para identificarme y vi dque detrás de mí había un carro que me hizo señas con las luces.

Salí por la Panamericana hacia casa cuando ya eran como las 3 de la madrugada, y siempre tuve detrás las luces del otro carro que, al llegar por Las Mercedes, se desvió, y yo seguí para El Marqués.

A las 8:00 de la mañana siguiente me fui a la oficina como si no hubiera pasado nada. Me agarró Uwe Petersen y me preguntó:

—Bandido, pirata, ¿qué ha pasado ayer en el IVIC?

Yo le contesté que nada, y entonces me comentó que justo había llamado Henry para decirle que le había fallado el carro y se había tenido que quedar toda la noche allá, en el IVIC.

Eso nunca me lo perdoné, pero en mi conciencia yo estaba seguro de que el carro que me seguía era el de Henry. A partir de entonces, cuando íbamos en más de un carro, yo era iba siempre de último.

Otro cantar fue cuando Henry y yo agarramos al otro técnico, el que nunca llegó con la caja para la 1403.

Cuando le preguntamos qué había pasado, cándidamente nos dijo que, cuando subía hacia el IVIC, al comienzo de la Panamericana se paró a darle la cola a una muchacha, y como estaba buena y disponible, se fueron a un motel y, desde casi mediodía, estuvieron toda la noche hasta el amanecer.

Además nos pidió que, por favor, si su mujer nos llamaba, le dijéramos que había estado toda la noche en el IVIC con nosotros.

No faltó nada para que Henry, la persona más pacifica que he conocido, y yo, lo matáramos, pero Uwe llegó justo a tiempo para salvarle la vida.

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COMENTARIOS

Leonardo Masina
Tienes razón, José. Piensa en Cumaná (UDO): lo más cerca que tenía era Cadafe Cumaná que tenía una 1401, luego Puerto la Cruz a unos 100 Km, y, por supuesto, Caracas.

Cuando te mandaban “al monte” a montar algo (generalmente era un MES con varios cambios, y estamos hablando del verano de 1971) lo hacías con las horas contadas, pues cuando los vendedores vendían normalmente daban los tiempos de instalación de Caracas, donde podías recurrir al stock o al depósito de máquinas y, en una hora, hacerte con lo que pudieses necesitar.

Pero, ¿qué te voy a contar a ti que entre Valencia y alrededores habrás tenido que correrte esa autopista hacia Caracas varias veces a buscar alguna pieza urgentemente?

En esas condiciones, cualquier tontería podía retrasarte una instalación, como mínimo y con suerte, medio día, ya que el solo hecho de llamar a Caracas y que te enviaran urgentemente un repuesto a Cumaná, te podría llegar en la tarde suponiendo que lo hubieras pedido por la mañana, pero si lo pedías ya pasado mediodía, hasta el día siguiente no te llegaba.

Esa fue la disyuntiva en que me encontré: el cliente dijo que si en un día no estaba todo instalado, echaba todo para atrás y contrataba una HP.

Así que, sin documentación ni manuales sino con mi experiencia, modifiqué la impresora para que trabajara a 600 líneas.

En efecto, como bien dices, la /370-125 del FNCB llegó toda completa desde USA, y la instalación fue impecable; no faltaba nada y todo encajaba a la perfección.

En esa misma instalación, años después, quisieron montar unos discos 2311, reemplazando los 2310 que llevaba la 1130, y para eso había que reemplazar el board del adapter de los 2310 por el del 2311, y sólo ese paso se tardaba su tiempo, ya que siempre todo era contra reloj.

De aquélla estaba Santiago Villegas como técnico residente en Cumaná que había intentado instalarlo sin éxito.

Cuando fui, tropecé como él en la misma piedra: los discos no arrancaban, y recuerdo —ya que el cliente sólo nos había dado un día— que hice uno de mis clásicos inventos y, ya que la 1133 (el Channel Multiplexor) tenía un board vacío, logré instalar los dos adapters simultáneamente y así evité tener que instalarlo y desinstalarlo cada vez que se quería ver si funcionaba.

Resulta que el problema era de la unidad de discos 2311 que necesitaban un RPQ para que pudiesen funcionar, pero eso no estaba especificado en ningún sitio, ni en los prerrequisitos ni los TSI especificaban nada.

En la documentación del MES, como el que quiere pero no quiere explicarlo, encontré una referencia a un RPQ, pero eso pasaba totalmente desapercibido.

Llamé a Caracas, y nada, tuve que desistir. Pero dejando la máquina lista para poder trabajar con cualquiera de las dos unidades de disco y, ya en Caracas, logré averiguar que hacía falta un RPQ parecido al de la 1403. ¡MALDITA GRACIA!

José Padrón (el Técnico)
Como digo siempre, voy a meter mi cuchara para ampliar un poquito lo señalado por Leonardo.

La impresora 1403 fue la compañera de la 1401 (CPU), 1402 (lectora-perforadora) y las TU 729 (tape unit).

En Venezuela, Hugo Smitter y Antonio Parravano eran los grandes gurúes de este sistema.

La 1403 imprimía a la “astronómica” velocidad de 600 lpm (líneas por minuto). Una de sus partes, entre otras, la constituía una cadena de impresión formada por 5 alfabetos. Esta cadena se mantenía lubricada por una pequeña bomba que, mientras estuviera llena de aceite, cumplía su objetivo sin falla.

Cuando vino la /360, la 1403 simplemente pasó a tener una unidad de control (2821), que también controlaba a la lectora perforadora (2540), y llegaron las 1403-N1 de 1.100 lpm y tapa eléctrica (tremenda novedad).

Estas unidades modelo N1, en vez de cadena de impresión tenían un tren de impresión (1416). La bomba de lubricación no era lo suficientemente eficiente y en el tiempo se producía un desgaste que fue un gran dolor de cabeza hasta que se empezó con un plan especial de lubricación semanal, especialmente para los trenes de impresión de la 1403-N1.

El ‘xx03’, se hizo parte de la nomenclatura de las impresoras, y así la 1440 tenía a su vez la 1443, la /360-20 tuvo su 2203, y el S/3 tuvo su 5203.

Posteriormente se derivó en una 3203, que era un injerto entre la 1403-N1, rediseñada, y los controladores IPA (Integrated Printer Adapter) que se habían desarrollado para la 1403.

La unidad que rompió este esquema de nomenclatura (xx03) fue la 3211 de 2.000 lpm.

Como aclaratoria: en la /360-25, /370-115, /370-125, /370-135, /370-138, 1130 y S/3, las 1403, o 1403-N1, se instalaban vía IPA, y para la alimentación, aparte de lo señalado por Leonardo de los +12v, era mandatorio que la impresora fuera de +60v.

En los conectores había una conexión (intercierre) que no la dejaba encender, y hay que señalar que el tal interceierre estaba muy poco documentado y era difícil llegarle por su condición de RPQ.

Por supuesto, había un RPQ que señalaba esto, pero a Leonardo le tocó su parte del parto que ya habíamos tenido otros cuando instalamos /360-25 que fue donde vimos el primer IPA.

Seguramente, cuando Leonardo instaló la /370-125 del First National City Bank, que tenia IPA, le llegó el equipo completo y, como todos cuando instalamos el equipo completo y nuevo, por supuesto que nos llegó nuestra 1403 correcta.

El asunto era los parches que había que hacer cuando se instalaba un MES.

José Padrón
La cintica (CCT) funcionó de maravilla en 1401, 1440 y 360 (DOS). El problema real, y que si dio muchos dolores de cabeza, fue para controlar las formas no estándar bajo HASP, en OS.

Aunque fueron pocas las experiencias que viví, al menos tengo algunas.

Cuando a la 1403-N1 y que su adapter tuviera UCS, se le hacia un trabajito a la 1416, (cambiar unos slug de caracteres por algunos numéricos, y configurando adecuadamente el UCS), y la velocidad de impresión se incrementaba a bastante más de 1.100 lpm.

Una de las experiencias dignas de recordar, por lo que pudo haber pasado, fue ocurrida con la 1403 instalada en el IPA de la 360/25 del centro de facturación de Cadafe, en Maracay.

El compañero Wolfang Fortner estaba ayudando a instalar el equipo y metió el brazo y parte de la cabeza para tratar de localizar un cable debajo del piso falso, y la 1403 —que realmente hasta que se colocaban las patas era muy inestable— se rodó y le aprisionó la cabeza entre un travesaño del piso falso y el piso real.

Afortunadamente, la máquina quedó apoyada en otro travesaño y no se cayó totalmente.

Juan Ruiz, Abdón Carderón y mi persona, no imagino de donde sacamos fuerzas para levantar parcialmente la máquina y sacar a Wolfang de donde quedó aprisionado.

Se le llevó a la clínica y, gracias a Dios, sólo fue un gran susto, unido al hecho de que Fortner tenía en esa época — enero de 1970— una cabeza muy dura.

Leonardo Masina
Javier, tienes razón: esa “maldita” cinta del carro era, para muchísimos clientes, un dolor de cabeza mayor que luego se reflejaba en llamadas al técnico ya que no lograban hacer funcionar la impresora correctamente.

Mientras fuera la clásica página de impresión con salto de página normal, no había problema, pero cuando se trataba de formularios, facturas u otro tipo de formatos raros, la cosa se ponía muy peluda.

Otro fallo muy tonto de esa impresora era la cinta de impresión, la de la tinta, que, si no se ajustaba bien, a la tercera pasada ya no era una recta sino un círculo, pues se estiraba de un lado y no había manera de que siguiese trabajando recta, sino se desviada hacia un lado.

Lo ideal era darle la vuelta periódicamente para que la deformación fuese por los dos lados y que así se mantuviera lo más recta posible.

Yo no fui ningún genio pero, al darme cuenta del problema (y tener unos clientes un poco pichirres, sobre todo los que no utilizaban las cinta originales IBM, que se deformaban menos), aprendí a ajustar el mecanismo tractor de modo que funcionara sin casi la intervención de la rueda correctora, que era la que hacía deformar a la cinta, alargándole de mucho la vida a la cinta.

Era el clásico trabajo de chino: muchísima paciencia y ensuciarse hasta los bigotes.

Leonardo Masina
Gracias, Roberto, pero el “sonido” no es lo que me esperaba: es una 1403 que no imprime, ¡está silenciosa!

Debe tener una tapa no de N1 sino de N2.

Javier Palacios
¿Carriage control tape?

Uno de los dolores de cabeza, al pasar una S/360 a un sistema que usaba spooling —i.e. Power|HASP, de un sistema en el que se imprimía en directo y que reducía la S/360 a un unit record, pues iba a la velocidad de la impresora— era cómo simular ese bendito carriage control tape, y cómo coordinar después el montaje de la cinta para impresión de formas especiales (estados de cuenta, facturas, cheques, etc).

Me acuerdo de que muchos programadores y operadores llegaron a su ‘nivel de Peter’ en ese trance.

Roberto Robles
Leo, aquí tienes el ring-tone que necesitas para tu móvil. Je je je

Recuerda que después salió la 1403-N1, con tapa acústica de cierre automático que reducía el ruido bastante, con 132 posiciones de impresión a 1.100 líneas por minuto (1.400 LPM con el universal character set).

Había expertos en programar el puto papelito llamado Carriage Control Tape.

[*FP}– Mi descubrimiento de la Psicología, y sus consecuencias

18-12-11

Carlos M. Padrón

En esta sección he contado que desde niño me llamaban raro, protestón, etc. porque yo objetaba lo que la gente tomaba por cierto sin preguntarse nada al respecto, como si fuera un dogma de fe.

Tal vez porque yo quería encontrar alguna explicación a esas objeciones, y porque mi inclinación siempre fue por Letras y no por Ciencias, mi encuentro en bachillerato con la asignatura de Psicología fue de amor a primera vista.

También he mencionado más de una vez mi «pasión» por las piernas femeninas, algo que luego, y sin casi darme cuenta, comencé a extender a la relación entre el físico y el carácter de sus propietarias sin entender mucho por qué lo hacía,… hasta que en la biblioteca del médico del pueblo, casado con una tía mía, encontré un libro que, basándose en los rasgos faciales de las personas, las dividía en tres tipos, C, M y F.

Según el autor de ese libro, los tipos C tienen, entre otras características, rasgos redondeados, labios más bien carnosos, nariz ancha y expresión generalmente risueña; son de carácter afable y condescendientes. Como ejemplo, de todos conocido, Juan XXIII.

Los tipos F, en cambio, tienen rasgos alargados, labios delgados, nariz también larga y delgada y expresión adusta; son de carácter más bien frío y autoritarios. Como ejemplo, Pío XII o Abraham Lincoln.

Los M son los que tienen rasgos de ambos. Tipos intermedios que, por cierto, son difíciles de distinguir.

Un C puede hacer buenas migas con otro C, pero no un F con otro F. Un M podría hacer buenas migas con cualquiera de los otros dos.

De ahí pasé a estudiar los rasgos de las parejas de matrimonios que había en el pueblo, y descubrí que las más de las veces uno de los cónyuges era F y el otro C, aunque también había algunos C-C y unos pocos F-F.

Como en un pueblo pequeño se sabe la vida y milagros de todo el mundo, seguí investigando en base a mis observaciones y descubrí que algunas parejas F-F habían llegado a serlo por conveniencia y, lo que es peor, tenían hijos que no destacaban precisamente por su inteligencia.

Me di a la tarea de, entre algunos de mis amigos, adivinar cuáles muchachas les gustaban y cuáles no, y anticipar los problemas que posiblemente tendrían los tipos C que iniciaran una relación con una muchacha F, o viceversa.

Recuerdo que durante la campaña electoral entre John Kennedy y Richard Nixon busqué las fotos de los presidentes anteriores y noté una curiosa alternabilidad entre tipos F y C, lo cual me llevó a pronosticar que ganaría Kennedy, un tipo C, no sólo porque su contrincante, Richard Nixon, era F sino porque su predecesor, Eisenhower, también lo era.

Y así, casi sin darme cuenta, seguí aplicando en mi vida lo que luego descubrí que era una habilidad innata que tengo para la Psicología, aunque mi gusto por esta disciplina casi se había desvanecido cuando en 1958, viviendo yo, ya por mi cuenta, en Santa Cruz de Tenerife, me enfermé seriamente porque no conseguía dormir —pues además de trabajar las horas reglamentarias desde las 9 de la mañana, estudiaba en las noches hasta las 4 de la madrugada—, y mi familia me llevó a consulta con el psiquiatra Carlos Pinto Grote.

Menos mal que, como el psiquiatra es también médico, el Dr. Pinto pudo curarme, como tal, de una alteración de mi sistema neurovegetativo causada por el esfuerzo antes dicho, pero me quedé sin saber por qué me llevaron a él, pues muy pronto descubrí que, aunque el tratamiento dio resultado, la gente creía a pie juntillas que sólo los locos iban a ese doctor.

Por tanto, había que ocultar cualquier visita a un psiquiatra.

Mi «graduación en Psicología» ocurrió cuando en 1984 IBM me asignó la tarea de reclutar personal para marketing (vendedores) y sistemas (ingenieros en informática).

Aquello me gustó tanto que durante 15 días laborables comenzaba yo a las 08:00, interrumpía a mediodía para almorzar, y continuaba luego hasta las 09:00 de la noche, hora en la que, aunque parezca mentira, en la sala de espera fuera de mi oficina había aún candidatos para ser entrevistados.

Diseñé un método de preguntas —algunas muy capciosas ideadas para, además de causar respuesta verbal, causar una reacción gestual que me decía mucho— y, según la alta gerencia de la compañía, mis aciertos fueron tales que, en serio, me asignaron esa tarea cada vez que había que entrevistar gente, y, en broma, me llamaban «El psicólogo».

Por motivos de formación profesional tuve que entrar en relación con varios psicólogos o psiquiatras que trabajaban en o para IBM; y por motivos personales entré en tratos con otros más.

Así supe de los diferentes métodos, como la Gestalt  o el cuándo convenía o no aplicar, por ejemplo, Psicoanálisis, etc., pero lo mejor que de todo eso obtuve fue la comprobación de su innegable utilidad.

Es cierto que una terapia toma tiempo, pero, las más de las veces, funciona.

Eso sí, no todos los terapeutas sirven para un determinado paciente, pues si, por el motivo que fuere, a éste no le gusta el terapeuta, mejor que se busque otro hasta que dé con uno con el que se sienta cómodo.

Ante todo este background no es de extrañar que Elena, la menor de mis hijas, escogiera Psicología como carrera universitaria, que concluyó en Berkeley y culminó en Minnesota con un doctorado (Ph.D.) en Attachment (= apego), rama de la Psicología Infantil que se ocupa de la relación entre un niño y sus padres, sean éstos biológicos o adoptivos.

De hecho, al momento Elena lidera en San Francisco un proyecto de investigación, ideado por ella, enmarcado en el attachment.

Debido a la profesión de mi hija no sólo he tenido contacto con más profesionales de esa disciplina sino que me he beneficiado con las aclaratorias, explicaciones y enseñanzas que la propia Elena me ha dado, todo lo cual viene a ratificar lo ya dicho antes sobre lo equivocado del mal concepto que mucha gente tiene acerca de los terapeutas, y sobre la realidad de los beneficios que ellos pueden brindar.

He comprobado que quien más se niega a ir a terapia es quien más la necesita.

[*Opino}– Al menos en algo acerté con Steve Jobs

18-12-11

En Steve Jobs: Murió el hombre,… y nació el mito ya dije que para este hombre, como para casi todos los de su clase, no encontraba yo un lugar en la lista de los que de verdad me merecen admiración.

El saber ahora, por el artículo que copio más abajo, lo que le hizo a su socio, excede con creces mis motivos para no sólo no ponerlo en esa lista si ponerlo en la de los que se mueven por dinero.

Pero ya sé que lo que le hizo a Steve Wozniak no evitará que bajen a Jobs ni siquiera un escalón del pedestal en que lo han puesto, y sigan llenándolo de loas.

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15/12/2011

Wozniak lloró cuando se enteró de que Jobs le timó con la versión de Pong

Más de dos meses han pasado desde que el cofundador de Apple, Steve Jobs, falleciera tras luchar contra un cáncer que finalmente acabó con su vida a los 56 años.

La biografía oficial que se publicó posteriormente sacó a la luz algunos datos curiosos, como que Steve Jobs engañó a Steve Wozniak cuando éste le ayudó a escribir una versión de Pong. El ingeniero Wozniak ha reconocido que lloró cuando se enteró.

Wozniak y Jobs, cofundadores de Apple y socios desde 1976 —al igual que el ingeniero Ronald Wayne, quién se marchó del proyecto— siempre tuvieron objetivos diferentes en este sector de la tecnología. Por un lado, Wozniak pretendía centrarse más en la ingeniería y, por otro, Jobs en el diseño. Sin embargo, y a pesar de las diferencias que pudieran tener, dieron lugar a productos de éxito.

Un documental sobre Jobs presentado en la televisión en Reino Unido ha ahondado en su imagen «despiadada».

Sin ir más lejos, Jobs engañó a un joven Wozniak en la escritura de un código para una versión de Pong que le encargó Atari.

Le dijo que le habían pagado una cantidad determinada, pero, sin embargo, se embolsó la mayor parte del pago a sí mismo.

En ese sentido, Wozniak admitió que lloró cuando, tras la publicación de su biografía de Jobs, se enteró de esta estafa de su socio.

Del mismo modo, Wozniak ha explicado que Jobs «siempre había querido dirigirse a la gente, ser un pensador importante y desarrollar un camino como el que se ha dado en Apple».

Igualmente, este cofundador ha dicho que «estaba tan cerca de Steve Jobs, que nunca pudo ver esta transición», ya que, «sólo quería dedicarse a la ingeniería, nunca quiso dirigir una compañía».

No obstante, «Jobs muy claramente lo hizo y quiso ser un alto ejecutivo y un importante pensador en el mundo», añadió.

«Jobs siempre se centró en si podía construir cosas y venderlas». De esta forma, tener una compañía era «la manera de hacer dinero», afirma Woznaik.

Aunque Jobs también «levantó un negocio cercano» y lo enlazó con la psicología de «cómo hacer las cosas bien con la gente», porque, aunque no lo parezca, él no «solo quería dinero», explicó Wozniak.

Además, Wozniak afirmó que «cualquier empresa, cuando se hace pública y llega a ser más grande, se hace diferente».

Primero, «el objetivo de Apple no era cambiar el mundo, sino incrementar el valor de las acciones», tal y cómo señalan en el documental.

Sin embargo, este cofundador también ha reconocido que Apple tiene «muchas cosas conservadoras» y la compañía tiene «muy poca tolerancia».

Fuente: ABC

[*Otros}– San Borondón, la misteriosa isla Canaria, fue fotografiada ante testigos

14-12-2011

Mi paisano y amigo Juan Antonio Pino Capote me ha hecho llegar un interesante material que recibió de su amigo Paco Toledo —palmero y catedrático de Radiología— sobre San Borondón, la isla fantasma que de vez en cuando aparece en ciertos lugares del mar del archipiélago de las Canarias.

Por la bibliografía que aparece al final del escrito, éste es obra de María Victoria Hernández, hoy cronista oficial de Los Llanos de Aridane (La Palma), a quien corresponde el crédito y de quien ya he publicado en este blog tres artículos,

Y la excelente, casi insólita foto, fue tomada por el fotógrafo profesional Manuel Rodríguez Quintero, quien aparece en ella y quien, al menos en mis tiempos —década de los ’50s— tenía su estudio en la parte Este, la más alta, de Los Llanos de Aridane, y era por todos conocido por el apodo de Cernícalo, tal vez porque el cernícalo —un ave rapaz— tiene una excelente vista a la que no escapa nada, y Manuel Rodríguez Quintero tenía también un ojo excelente para la fotografía.

Don Antonio Pino, el poeta pasense cuyos poemas aparecen en el libro titulado Dándole vueltas al viento, y que ya publiqué en este blog, dedicó a Manuel Rodríguez Quintero uno de ellos: Luz en la sombra.

Nunca pensé que la esquiva y misteriosa isla de San Borondón, que he visto un par de veces frente a Las Breñas (La Palma), había sido fotografiada, y nada menos que por un excelente profesional de la fotografía.

La explicación más común acerca de San Borondón es que se trata de un espejismo porque al calentarse las capas atmosféricas, éstas hacen como de lente y mandan hacia ciertas partes de Canarias el reflejo de otra isla.

Ante esto, las primeras preguntas que se me ocurren son dos:

  1. ¿De cuál isla?
  2. ¿Por qué siempre al oeste de La Palma, aunque no exactamente en el mismo lugar?

Y ahora, al ver la foto tomada por Cernícalo, me pregunto también por qué nadie ha ubicado una isla real, o un trozo de tierra real, cuya figura sea la que aparece en la foto.

Seguiremos disfrutando del misterio.

Mis gracias a Juan Antonio Pino Capote por hacerme llegar esta joya.

Carlos M. Padrón

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Una tarde de 1958 —o, tal vez, de 1957—, Manuel Rodríguez Quintero (1897-1971) deambulaba, con su inseparable cámara fotográfica, por las Martelas de Arriba, en Los Llanos de Aridane.

En las represas-estanques propiedad de Gregorio Camacho Gómez estaban bañándose tres niños, entre ellos Arístides Sánchez y Evaristo Pérez Barreto.

Era un día de horizonte y cielo limpio, y, de pronto, una isla se dibujó mar afuera; apareció de repente.

No era El Hierro, pues la isla llamada del meridiano estaría más al sur, a la altura de Fuencaliente. Era la isla encantada de San Borondón; no podía ser otra.

Rodríguez Quintero tomó conciencia de la importancia de aquella visión y disparó su cámara fotográfica en dirección oeste, sobre Las Martelas de Abajo y en la costa próximo al barrio de San Borondón en Tazacorte.

El fotógrafo debió darse cuenta de que difícilmente cuando mostrara la foto a los convecinos éstos iban a admitir que hubiera obtenido una fotografía de la «encantada», «errante», «encubierta» y mítica isla de San Borondón.

Así que, a gritos, llamó a los niños, que se daban un remojón veraniego en la represa de agua, y les hizo mirar hacia abajo donde estaba, y se apreciaba perfectamente, la silueta de San Borondón.

Los niños se convirtieron, junto al fotógrafo, en testigos de aquella visión única de la antigua leyenda, y años más tarde los entrevistábamos y así lo confirmaron.

Evaristo [a. Lepanto] en 1982 nos decía:

«Cuando eso yo tenía 11 años, pero lo recuerdo perfectamente… La vimos durante más de veinte minutos hasta que desapareció. Quintero nos dijo que miráramos aquello que quizás no lo íbamos a ver nunca más» […] «Era la silueta de una isla, muy alta; luces no había».

Por su parte, Arístides también lo corroboraba:

«Recuerdo que estábamos bañándonos en la represa junto a dos compañeros más. De repente, don Manuel nos llamó para que viéramos algo. Cuando miramos, era verdad: allí en el mar había una isla. Quintero se fue a la carretera y paraba a todos los coches y camiones que pasaban para Puerto Naos, y así otras personas la vieron, como nosotros, pero no sé quiénes fueron».

La copia de la entrevista se encuentra en el Archivo General del Cabildo Insular de La Palma.

Quintero, no conforme con el testimonio verbal que pudieran dar los niños bañistas, los captó con su cámara, vistiendo los tres bañador.

El fotógrafo disparó dos instantáneas a la misteriosa isla, y una, la tercera, a los niños. Correlativamente se conservan todas en el cliché que hoy guarda su familia, los también fotógrafos Lonque y Ángeles Rodríguez Castro (Foto Helénica) en Los Llanos de Aridane, y aparecen —además de la foto del propio Quintero, y de una ilustración de la ballena mencionada más abajo— en este histórico collage:

 

La constancia de esa «aparición» de la isla «errante» fue visionada por numerosos vecinos de Tazacorte, que aún hoy lo recuerdan y dan detalles del hecho.

Debió ser por esos años una gran novelería en el Valle de Aridane.

La fotografía debió ser entregada o remitida al recordado arqueólogo catalán, afincado en Tenerife, Luis Diego Cuscoy (1907-1987).

Cuscoy preparó un documentado artículo que se publicó en el periódico de Madrid, ABC [10-08-1958 pág. 6 y 7]. Un gran reportaje en dos páginas con las ilustraciones de la foto de San Borondón, otra de la costa occidental de La Palma en que se que aprecia Tazacorte y su barrio de San Borondón, ambas de Quintero, y un dibujo geográfico de Canarias con marcas de las últimas apariciones de la Isla errante.

Hasta ese momento la cartografía de la isla errante abarcaba siglos en mapas y portulanos.

El referido artículo de ABC se publicó bajo el título: «La Isla Errante de San Borondón. Ha sido fotografiada por primera vez«.

En el desarrollo del texto Cuscoy refiere:

«Hace unos días, a los cinco años de su última aparición, la islita ha surgido a sotavento de La Palma, como antes, como siempre. El último dibujo de la silueta de San Borondón fue trazado en el siglo XVII. Y, lo que son los tiempos: tres siglos después, San Borondón ha sido fotografiado.

Al atardecer, quebrado de luces el poniente, en colisión el fiel alisio con vientos que, ya cálidos, ya fríos, mejor es no saber de dónde vienen, frente a un pueblecito del occidente de La Palma, San Borondón ha surgido con una silueta muy semejante a la se trazó en el siglo XVII. Y ha surgido —tal es la fidelidad— frente a un caserío que lleva el nombre de San Borondón, entre Tazacorte y Los Llanos de Aridane.

La geografía no inventa, y la toponimia es memoria vigilante. Los habitantes del caserío San Borondón, desde las ventanas tocadas dulcemente por la luz del atardecer, han podido contemplar cómo la islita errante dejaba que el crepúsculo se disolviese en el mar para sumirse ella de nuevo en el misterio.

El afortunado fotógrafo, verdadero testigo de excepción, ha dejado fiel constancia del hecho. Uno más que ha creído, hasta última hora, en la realidad de esa tierra fluctuante».

En los últimos años la fotografía de San Borondón ha sido publicada en numerosas monografías de conocidos investigadores, entre ellos el profesor medievalista y Secretario de la Real Academia de la Historia, Eloy Benito Ruano.

El último gran trabajo monográfico «La Isla perdida. Memorias de San Borondón desde La Palma», lo firman Manuel Poggio Capote y Luis Regueira Benítez, publicado por la editorial palmera Cartas Diferentes Ediciones, 2009.

En este trabajo se fecha la fotografía de Quintero en el mes de septiembre de 1957. Ignoramos lo que debió suceder para que Diego Cuscoy, un año después, dijera, en el periódico ABC, 1958*: «Hace unos días, a los cinco años de su última aparición, la islita ha surgido a sotavento de La Palma».

Es lo menos importante ante la constancia documental fotográfica de la isla de San Borondón.

Memoria de la leyenda

Mito, leyenda, tradición y misterio oceánico que deambula errante por los mares de La Palma.

En el año 480 de la Era del Señor nació Brandán en Irlanda. Desde muy joven entra en la orden benedictina.

Cuentan que un día que navegaba en busca de tierras que evangelizar, cuando el crepúscu­lo se apoderaba de la noche, encontró una isla.

Los navegantes saltaron a esa supuesta tierra firme a descansar de jornadas en un mar tenebroso y desconocido.

El silencio y la oscuridad atrajeron a los marineros que se entregaron al sueño y, mientras, Brandán rezaba, observaba el cielo y el camino de los astros, hasta que se dio cuenta de que lo que creía que era tierra firme se movía hacia Oriente.

Con el alba reunió a sus compañeros y les dijo: «No dejemos de dar gracias al Soberano y Dueño de todas las cosas, a este Dios cuya Providencia nos ha deparado en medio de los mares un nuevo bajel que no tiene necesidad ni de nuestras velas, ni de nuestros remos».

Estaban navegando sobre el lomo de una gran ballena.

El viaje continuó lentamente, durante 40 días, por mares abiertos y confiados en la Divina Providencia.

Por fin la ballena, a la cual llamaban Jasconius, les arribó a una isla exuberante, altanera, con alegres cantos de mirlos y otros pájaros desconoci­dos, y aguas de mar cristalinas donde los peces de mil colores jugaban con la espuma.

Todo era quietud, paz, soledad en esa isla de limpias arenas negras, surcada por riachuelos, con extraños carneros, poblada de ricos frutos y de gratos aromas.

¿Sería el Paraíso? Durante siete años la habitaron.

Y a ese paraíso de isla la leyenda le puso el nombre de San Barandán o San Borondón. Y el mito y el misterio siguió corriendo los siglos, hasta que el mismísimo Cristóbal Colón, en su diario de a bordo, anotaba, el 9 de agosto de 1492, que juraban muchos hombres honrados «que cada año veían tierra al Oeste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de La Gomera afirmaban otro tanto, con juramento».

Y el almirante puso rumbo al Poniente, por donde aparecía San Borondón, en busca de tierras firmes.

La isla aparece y desaparece llamando a navegantes y aventureros. Se hicieron expediciones en su busca que afirmaban haber estado en ella.

Errante, viajera, inestable y misteriosa. Unas veces la han visto por el poniente de La Palma, más al norte o al sur, entre El Hierro y La Palma, y otras frente al Puerto de Tazacorte.

Los palmeros continúan mirando al horizonte en busca de esa isla de aves y plantas exóticas, seres extraños, arroyos cristali­nos, aromas dulces, tiempos aplacibles y frescos, nieve en el reino del aire, mar limpio repleto de peces de mil tonalida­des, gigantescos dragos que parecen dragones, montañas de formas redondas, y barrancos abismales.

La toponimia insular quiso llamar San Borondón a un lugar del municipio de Tazacorte, y ahora uno duda: ¿Será La Palma la misteriosa y mítica isla de San Borondón, ­y la otra, que aparece y desaparece en el horizonte, un espejismo?

Leyenda o realidad; dejémoslo en leyenda.

***

Bibliografía

  • Hernández Pérez, María Victoria. «Manuel Rodríguez Quintero: El fotógrafo de San Borondón», Día de Fiesta: suplemento dominical de «El Día» (Santa Cruz de Tenerife, 28 de marzo de 1982), p. i.
  • Hernández Pérez, María Victoria. «La leyenda San Borondón y el fotógrafo Manuel Rodríguez Quintero», Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 13 de mayo de 2001), p. 28.

***

(*): NotaCMP. Me inclino por 1957, pues  ahora, al leer este artículo de María Victoria Hdez., creo recordar que en septiembre de 1957, antes de yo dejar El Paso para ir a establecerme en Santa Cruz de Tenerife, escuché algo sobre este caso.

Cabe pensar que el error se deba a una confusión del linotipista quien al estar montando el artículo en 1958, le puso ese año en vez de 1957.

[*Opino}– A vueltas con un par de buenas piernas femeninas. ¡Y luego dicen que yo!

 11-12-11

Carlos M. Padrón

En algunos comentarios puestos en el artículo El (supuesto) atractivo de las piernas largas, varias mujeres me han tildado de machista, cerdo, acomplejado, etc. Son mujeres que, seguramente, tienen piernas que en nada se parecen a las que describí como bellas.

Me pregunto qué dirán estas mujeres al leer el artículo que sigue, en el que, en cierto modo, se ratifica mi apreciación sobre el valor de unas buenas piernas, que no son precisamente las que califico de caprinas.

¿Y qué dirían de mí las que cuentan con un par de buenas piernas y las usan, como describe el tal artículo, como «capital erótico»?

¿Son machistas los que dan valor a ese capital, o es la envidia de otras mujeres lo que incrementa ese valor?

Si es que esos hombres son machistas, ¿despotricarán de ellos las mujeres que haciendo uso de su capital erótico lograron encandilarlos?

Si así fuera, ¿es malo el machismo? ¿O es que el machismo es como el colesterol, que lo hay malo y bueno?

La conclusión subyacente al artículo que sigue es que «La mujer debe invertir bien el capital erótico que le dio la Madre Naturaleza, antes de que se lo devalúe el Padre Tiempo».

P.D.: La piernas de la foto no son muy bonitas que se diga; están ligeramente torcidas.

 ***

11/12/2011

Silvia Hinojosa

El capital erótico sirve a la mujer como atajo al éxito

Un par de buenas piernas pueden ayudar a llegar lejos. Y no sólo en la pasarela, en cualquier profesión.

Ocurre en las mejores oficinas: un par de buenas piernas pueden ser de utilidad para dar la zancada; sin mala conciencia, sin reparos, sin temor a que debiliten la inteligencia.

Distintos académicos y expertos del ámbito de la sociología defienden, no sin polémica, que la mujer puede usar su capital erótico en el trabajo Xavier Cervera

¿Revolucionario? La polémica está servida. Una parte de la sociedad estaría dispuesta a admitir que una mujer puede ser femenina, usar maquillaje, llevar un vestido bonito y zapatos de tacón sin que se cuestione su talento, sin tener que hacer esfuerzos adicionales para demostrar que además de guapa es eficiente.

Pero que una chica utilice su atractivo físico como parte de su estrategia para prosperar en la vida, para subir peldaños en la empresa, suena tan machista, superficial y anticuado que no parece el mejor consejo que una madre daría a su hija.

Una madre diría que es mejor una titulación académica, mejor trabajar duro y dejarse de frivolidades. De acuerdo. Pero usar el encanto personal para triunfar puede ser una estrategia más moderna de lo que parece, y su eficacia ya está siendo defendida desde tribunas de prestigio. Con gran controversia, lógicamente.

La pionera en el estudio de una disciplina que puede cambiar las relaciones personales es la socióloga británica Catherine Hakim, de la London School of Economics, que ha acuñado el término capital erótico para referirse a una combinación de atractivo estético, social y sexual que las personas ejercen sobre el resto de la sociedad y, de forma especial, sobre el otro sexo.

Y defiende que ese atractivo —construido a partir de una inversión inteligente en la propia imagen, en la forma como uno se mueve, habla y se comporta— debe ser utilizado en beneficio propio.

La tesis de Hakim es una extensión del análisis del sociólogo francés Pierre Bourdieu sobre las diferencias sociales y el éxito.

Bourdieu clasificó en tres grupos los recursos que cada persona pone en juego:

  • El capital económico: lo que se tiene, dinero.
  • El capital cultural: lo que se sabe, titulaciones; y,
  • El capital social: la red de relaciones, a quién se conoce.

Y planteó un cuarto tipo de recurso, que llamó simbólico porque no es inherente a cada uno sino que existe en la medida en que los demás se lo reconocen, y que incluiría la autoridad, el prestigio, la reputación, y el talento.

Pero Catherine Hakim sostiene que al capital económico, cultural y social hay que añadir el capital erótico, que puede ser un activo innato pero también se puede adquirir, acumular y sacarle provecho.

Ser atractivo incluye la elegancia en el vestir, las habilidades interpersonales e incluso el sentido del humor, añade.

Esta socióloga, experta en teorías sobre el posicionamiento de la mujer en la sociedad, explica que durante años se ha tejido una ideología moral que impide que las mujeres aprovechen su capital erótico para lograr beneficios económicos y sociales.

Pero, en lugar de ignorarlo, debería ser tenido en cuenta y trabajar en él, como se potencia el patrimonio económico, académico o social. Según sus cifras, «la gente guapa puede ganar de un 10% a un 15% más que las personas de aspecto normal».

Y añade: «Dado que funciona, debería usarse sin sentimiento de culpa, y es un potencial que no depende de la clase social».

A las tesis de Catherine Hakim se suma el profesor de la Universidad de Texas, Daniel Hamermesh, en su libro «Beauty pays» (= La belleza paga), en el que sostiene que ser atractivo ayuda a ganar más dinero, a encontrar una pareja mejor, y a conseguir mejores negocios.

Los trabajadores atractivos, asegura, ganan más que los que no lo son; los profesores guapos obtienen mejores valoraciones, y algo parecido ocurre con los políticos.

«Al principio me sorprendió lo útil que podía resultar medir el impacto económico de la belleza en diversos ámbitos, pero no tiene por qué sorprender ya que la belleza es algo escaso, y la economía se ocupa de medir el impacto de la escasez», señala.

Hamermesh concluye también que «las diferencias salariales motivadas por la imagen son mayores entre los hombres que entre las mujeres».

Los hombres

Catherine Hakim opina que el capital erótico no es una ventaja de género, pero «dado que, en general, las mujeres poseen más que los hombres, éstos niegan su existencia o que tenga algún valor. Y han tomado medidas para que las mujeres no se aprovechen legítimamente de esta ventaja», señala.

El patriarcado, dice Hakim, pone trabas a que las mujeres utilicen su capital erótico, les infunde mala conciencia. Pero hay otros culpables: «El feminismo puritano anglosajón condena el capital erótico, con estrechez de miras, mientras que los feminismos mediterráneos jamás criticarían a una mujer por vestir con elegancia o utilizar su encanto; no condenan la sensualidad», señala.

La psicóloga Carme Freixa lo analiza desde otra perspectiva. Piensa que en una sociedad con una competitividad feroz, a hombres y mujeres les han impelido a pensar que si utilizan su atractivo físico tendrán más éxito social.

«Es la profecía autocumplida —señala—, si crees algo desarrollarás conductas que acabarán haciéndolo realidad. Si piensas que tu físico es una parte de tu atractivo, desarrollarás las conductas de seducción más diversas, y harás que se cumpla la profecía. En cambio, si tienes una autoestima baja en lo referente a tu físico, no lo harás».

Freixa señala que «la sociedad actual hace que esto sea posible, que creas que el físico es una parte mucho más importante de lo que lo es para una relación de éxito, ya sea laboral o de pareja».

Su teoría es que los hombres alcanzan el éxito por el «circuito de los campos de golf», y las relaciones sociales, mientras que las mujeres deben saltar vallas y no tienen tiempo para el golf.

«El patriarcado las ha hecho pensar así. No estoy de acuerdo con Catherine Hakim en que el patriarcado condene que la mujer utilice su capital erótico, es al revés, ha promovido que la mujer sea reconocida por su valía física más que por la intelectual», defiende.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– Más sobre el doblaje de películas

11-12-11

Carlos M. Padrón

Me temo que el Sr. Lucea Deltoro, autor del artículo que copio más abajo, podrá mondarse todo lo que quiera, pero creo no ha visto muchas películas subtituladas, pues ¿de dónde saca él —por sólo mencionar uno de sus ejemplos— que el beneficio de ver versiones originales subtituladas es que los niños, al alcanzar la mayoría de edad, hablan varios idiomas?

No, señor, en referencia a los niños, el beneficio está en que no sólo aprenden a leer rápido, sino que hacen el oído a pronunciaciones para las cuales, según dicen algunos, no está preparado el aparato fonador de los españoles y, en consecuencia, esos niños tienen luego mucha más facilidad para aprender un idioma extranjero.

Lo del aparato fonador da vergüenza ajena.

En un programa de «Españoles en el mundo» cuya mayor parte trascurrió en San Petersburgo (Rusia) entrevistaron a varios españoles que habían residido allí entre 4 y 17 años.

Es increíble, pero ni uno solo de ellos logró pronunciar bien el nombre de esa ciudad en la que por tanto tiempo habían vivido.

Unos decían «peteSburgo» y otros «peteRburgo», pero ninguno «peteRSburgo». Por lo visto su aparato fonador —¿o su oído?— no puede con el sonido RS, como no puede con la P de Mapfre.

Es muy cierto que parte importante de la actuación es la declamación; se le atribuye nada menos que el 60% de importancia, de aquí que el solo hecho de doblar la voz es una flagrante adulteración, cuando no una arrogancia.

En 1994 ó 95 vi en la TV española una película protagonizada por Maribel Verdú (española) y Orlando Urdaneta (venezolano), y me quedé de piedra al comprobar que allá, en España, habían doblado la voz de Orlando para que éste hablara castizo. ¿No es esto algo arrogante y peyorativo?

Y los dobladores podrán ser todo lo actores que quieran, pero sólo logran engañar a quienes no han probado las bondades de las versiones originales.

Sus risas, lloros, gemidos y gritos son, las más de las veces, patéticos por lo poco convincentes. Y no digamos cuando tratan de imitar un acento de Brooklyn, caribeño, etc. Sólo engañan a quienes no hayan tenido contacto real con gentes de esos lugares.

Precisamente porque los subtítulos son un extracto es por lo que el espectador termina complementándolos con lo hablado en el otro idioma y, aunque alguien no lo crea, así se aprende también la que es tal vez la parte más importante de ese otro idioma: la básica, la del habla de la calle, la más común.

Cuando tuve que entrevistar a jóvenes, varones y hembras, que aspiraban a un puesto de trabajo en el que hablar inglés era requisito obligatorio, me sorprendí al dar con varios que lo hablaban bien porque, según me dijeron, esa parte básica e inicial la habían aprendido escuchando canciones en ese idioma.

Confieso que al primero que me lo dijo no le creí, aunque no había motivos para que me diera tal explicación. Pero cuando fueron varios los que, sin conocerse entre ellos, me dijeron lo mismo, tuve que cambiar mi opinión, que luego validé con profesores de inglés.

A veces sospecho que el motivo por el que en España se doblan las películas y series de TV es porque el doblaje resulta tremendo negocio para alguien o para muchos.

Artículos relacionados:

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11/12/2011

Víctor Lucea Deltoro

El doblaje

El doblaje de las películas es un asunto recurrente. Me refiero a las opiniones a favor y en contra. Tarde o temprano aparece en algún debate.

El pasado día 5 de diciembre del 2011, La Contra de este diario, recogía la opinión del señor Augusto M. Torres que recomienda la visión de películas en versión original subtitulada.

No es nuevo. Le doy toda la razón cuando dice que nos perdemos las voces de los actores. Es una parte importantísima de su actuación. Los dobladores también son actores. No son traductores. Ríen, lloran, gimen, gritan de pánico si toca…

Pero creo yo que hay un problema. Las críticas al doblaje incluyen indefectiblemente un argumento que me llama la atención. Es el de la cultura. El de que en otros países europeos, en los que los niños se acostumbran a las versiones originales subtituladas, resulta que al alcanzar la mayoría de edad hablan no se sabe cuantos idiomas.

Y perdónenme pero eso no me lo trago. Los subtítulos son un extracto, una síntesis de las conversaciones que cruzan los actores en la escena de turno. A lo largo de una película subtitulada se pierden cientos de palabras del idioma original. Es imposible asociar una palabra traducida a otra pronunciada, puesto que no sabemos dónde encajan.

Si se tradujeran todas las frases sería imposible seguir el hilo de la narración; no nos daría tiempo a acabar de leer; la escena ya sería otra.

Dice el señor Augusto M. Torres que los jóvenes, con los subtítulos, aparte de mejorar la ortografía, también aprenderían idiomas, como por ejemplo el inglés.

Y aquí, con todos mis respetos, me mondo. ¿Alguna alma cándida puede creer que tras ver quinientas películas suecas subtituladas acabará hablando sueco?

Fuente: La Vanguardia

[*FP}— Del baúl de los recuerdos de IBM: 1979 – Un seminario para el Banco Provincial. Los peligros de generalizar

11-12-11

Carlos M. Padrón

Al igual que otras anécdotas del «Baúl de los recuerdo de IBM» publicadas en esta sección y en la de Colaboraciones, la que sigue la distribuí en 2003 entre los IBMistas y exIBMistas cuyas direcciones tenía yo entonces en mi libreta.

Y justo lo hice el día 1° de ese mes, cuando se cumplían 34 años de mi entrada en IBM de Venezuela.

Nota previa: Tanto en Cuba como en Venezuela a los Canarios se nos suele llamar isleños. De ahí que, en esos países, decir ‘isleño’ es sinónimo de Canario.

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01-10-2003

Carlos M. Padrón

El estigma que basado en generalizaciones pesa sobre los gentilicios —sobre unos más que otros— suele dar lugar a situaciones jocosas que a veces resultan aleccionadoras.

En 1979, a poco de iniciarme en primeras nupcias como Gerente de la Sucursal Finanzas, me llamó un día el presidente del Banco Provincial, y me fui a verlo.

El Sr. Remigio Elías Pérez, que así se llamaba, era hijo de isleños, y al menos su hermano mayor había nacido en Canarias. No sé si él nació allá o aquí, pero si nació allá había llegado aquí muy pequeño.

Le gustaba que lo llamaran “El Capitán” porque había sido capitán de la Marina Mercante, y así lo llamaban.

Lo que El Capitán quería de mí era saber si yo podía armar algo que sirviera para que los ejecutivos de su Banco le perdieran el miedo a la computación, pues él se había propuesto hacer del Provincial el primer Banco del país, y estaba convencido de que la computación era elemento indispensable para lograr su propósito.

Pero, según él, los ejecutivos del Banco, elementos también indispensables para el mismo fin, le tenían miedo a esta herramienta clave y no se decidían a usarla en la forma debida.

En varias reuniones sucesivas dimos forma al programa y al menú de un seminario que, debidamente actualizado, se dictaría una vez cada año, con duración desde la mañana de un viernes hasta el mediodía del siguiente domingo, y al que, por decreto suyo, deberían asistir los ejecutivos a los que él invitara personalmente.

 

Si algún ejecutivo no era invitado a asistir al seminario de determinado año, debería entender que estaba fuera de los planes del Banco.

Una vez establecido el programa de temas a exponer y la lista de asistentes, montamos en el Centro de Educación IBM del Macuto Sheraton (Caraballeda) el primero de la serie de esos seminarios.

Por la estructura y temas a exponer en el primero de ellos, me tocó hablar 18 horas durante esos dos días y medio. (Fue en repetidas burradas como ésta donde estropeé mi garganta).

A primera hora del viernes, después del desayuno, El Capitán abrió el seminario, y en su charla repitió las “reglas de juego” que mencioné más arriba, dejando bien claro a todos los miembros de su equipo la importancia que él concedía a este entrenamiento, y la atención, participación e interacción que de ellos esperaba a la teoría del seminario y, una vez de vuelta en el Banco, a la aplicación práctica de lo que durante el mismo hubieran aprendido.

Luego tomé yo la palabra e inicié mi primera presentación.

A poco de estar en ella noté cuchicheos entre la audiencia, hasta con pase de papelitos, y durante el coffee-break, que vino después de mi segunda presentación, se me acercó un grupo encabezado por uno de los ejecutivos que destacaba por lo extrovertido, y éste me preguntó directamente:

—Carlos, ¿de dónde eres tú?

Una pregunta que, antes y después, me han hecho muchas veces y en diferentes países.

Le contesté con otra pregunta:

—¿De dónde crees que soy?

—Hemos tratado de ubicarte, pero ni modo.

—Pues sigan tratando a ver si la pegan—, fue mi respuesta, y los dejé en el suspense.

Terminó el coffee-break, entramos al salón, y cuando ya terminé mi tercera charla e iba a dar paso a otro expositor, el mismo ejecutivo me detuvo y me dijo:

—Un momento, un momento, Carlos. No hemos podido ubicarte. Por favor, dinos de dónde eres.

—¿De dónde creen ustedes que soy? A ver quién adivina.

Unos dijeron que mexicano, otros que chileno, varios que cubano, etc.. Miré de reojo a El Capitán y vi que sonreía con socarronería.

—Pues nada de eso. Soy Canario—, les dije.

Y, sin poder evitarlo, el portavoz del grupo, con tono de total incredulidad marcada por un acento claramente despectivo, exclamó:

¿¡Isleño!? ¡No jodas, chico!

Error garrafal que debe haberle pesado mucho, pues al oír esa respuesta se hizo un repentino y extraño silencio en el salón. El Capitán se puso un tanto rojo y con cara de pocos amigos miró de frente al indiscreto empleado y le dijo:

Yo soy isleño también, ¿algún problema?

Entonces el silencio prácticamente se materializó, podía casi tocarse.

Tomado por sorpresa, no pude reaccionar con la celeridad con que debí hacerlo, pero después de unos milisegundos, en tono de chiste dije algo así como que era lógico que la mayoría me hubiera tomado por cubano porque, de mis hermanos, los tres mayores que yo habían nacido en Cuba y, mal que bien, hablaban, al igual que mis padres y como casi todos los hombres mayores de mi pueblo natal, con un cierto acento cubano que se me pegó en mi niñez.

Algunos de los ejecutivos de mayor jerarquía quisieron bajar la presión haciendo bromas acerca de lo que iban a decir los muchos empleados Canarios que para entonces tenía el Provincial.

Entre risas un tanto forzadas le di paso al otro expositor, y no se habló más del asunto; no al menos en mi presencia.

Nunca quise mencionarle el tema a nadie del Banco, por lo que nunca supe el nombre ni la posición del autor de la desafortunada indiscreción, y no recuerdo haberlo visto en los seminarios de los años posteriores.

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Foto tomada el 15-Marzo-1980, al final del seminario correspondiente a ese año.

De delante hacia atrás (4 filas), y de izquierda a derecha.

  • FILA 1 (la delantera):  1, José Manuel Montes (también Canario);  2, Capitán Remigio Elías Pérez (q.e.p.d.);  3, Bertha Mola de Rincón (era entonces mi secretaria en IBM);  4? (francés, creo que de apellido Lafayette, que representaba los intereses que entonces tenía el Crédit Lyonnais en el Banco Provincial);  5, X. Bethencourt (también Canario).
  • FILA 2:  1?;  2, Arturo Gantaume;  3?;  4?;  5, José María Nogueroles;  6, Ramón Lander (q.e.p.d.)
  • FILA 3:  1, Jaime Puig Miret;  2?;  3?;  4?;  5, Douglas Reina Vizcarrondo (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)
  • FILA 4 (la trasera):  1, Carlos M. Padrón (apenas se me ve la cara);  2? (se me parece a Antonio Parra, de IBM, quien también trabajaba conmigo en Suc. Finanzas, pero no estoy seguro);  3?;  4?;  5?;  6, Carlos Fernández Landa (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)

P.D.: Espero que no extrañe la gran cantidad de ‘?’, pero si a veces no recuerdo los nombres de exIBMistas con los que, por años, me crucé casi a diario, ¿cómo voy a recordar los de funcionarios del Banco Provincial a quienes pocas veces vi?

Si alguien me ayuda al menos con una de las muchas ‘?‘, vayan desde ya mis gracias anticipadas.

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a Jose María Nogueroles.

Gracias, José María. Ya hice las adiciones y correcciones.

Puedo asegurar que el de bigote que está a tu izquierda es Douglas Reina.

Jose María Nogueroles
Fila 1: 1, José Manuel Montes †; 2, Cap. Remigio ELÍAS †; 4, Robert Laffaille †; 5, Juan Betancourt.

Fila 2: 1, Aníbal Moreán; 2, Arturo Ganteaume; 3, Miguel Prato; 4, Alberto Báez; 5, José María Nogueroles; 6, Pablo Silva.

Fila 3: 1, Jaime Puig; 2, Eliu Monasterios; 3, Germán Parada; 4, Charles Roccia.

Fila 4: 5, Ricardo Díaz Zuloaga (detrás de Charles Roccia)

Hasta ahí llega mi visión.
Un abrazo

Pedro Fernández
¡Qué recuerdos del Provincial! Una institución de la cual me arrepentiré siempre de haberme retirado.

Estuve en ella hasta finales de los años ’70s, siendo apenas un simple empleado de cuentas corrientes. En ese digno Banco, quien tenía tesón, fe y ganas, progresaba.

Yo tomé otro rumbo, pero siempre guardaré mis gratos recuerdos.

Saludos.

CMP
En respuesta a David Riddick.

Tranquilo, David, que yo he hecho y hago lo mismo: primero fue Equal y luego Splenda. Y también los he usado para el café después del postre y por la misma razón: el sabor.

Esto que cuentan tú y Javier me hace recordar que yo pude participar en ese tour, en el gran negocio del Mercantil ?que dejé ya en marcha?, y muchos más,… pero alguien tuvo la “brillante” udea de sacarme de la gerencia de la Suc. Finanzas y mandarme a la más ingrata posición que tuve en IBM.

Como no hay mal que por bien no venga, de no haber sido así tal vez Chepina y yo no habríamos trabajado nunca juntos, y hoy no sería ella mi pareja.

David Riddick
Hola, Javier. ¡Qué buena memoria, caramba!

Claro que yo sabía que estuviste con nosotros ya que estabas allí asignado en TP CTr, ¿no?

También comimos en el tope del edificio más alto de Tampa, viendo al río, con el VP del Banco, ¿no? ¿Era ése el lugar del famoso restaurante que mencionas?

Carlos, la verdad es que, desde que probé el Equal , siempre lo usé. Y hoy igual con el Splenda. Per es verdad: después de postres y hartadas, usarlo es como “oximoron”, y más el sabor que otra vaina.

Cerrando capítulo, es que con El Capitán teníamos que andar por lo alto en todas las atenciones, más comidas y bebidas. Y el Freddy Winckelman maravillado ya que ¡sin límite en la cuenta de gastos! Smile

Buenos tiempos. Un saludo a Javier y a los allegados.
David

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Javier: NPI. No recuerdo de nada al tal Marcia; ni cara ni nombre. Y lo pero es que, por lo que dices, trabajó en la Suc. Finanzas

Javier Palacios
El que aparece en la fila 3, entre El Capitán y tu guapa secretaria, se me parece mucho a Marcia (no recuerdo su primer nombre; ¿Rolando quizá?), un centroamericano, especialista en Assembler y en el Paquete en Línea, recomendado de Mario Esquivel, por paisanismo, a Jaime Puig.

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

De esto me quedan en claro dos cosas:
1) Que Javier es goloso, y que,
2) David quiso “jalarle” un poco a El Capitán

¡Qué horror! Sólo un goloso recuerda, a ese nivel de detalle, un evento de comida; y sólo un “jalete gordo” como David, pide Equal después del postre.

¡De lo que uno se entera en este “programa”! -:)

Javier Palacios
David, yo también guardo recuerdos de ese tour por Tampa de personeros del Banco Provincial e IBM, y del Equal.

Fue por la cena en el que entonces era —y creo que aún es— el mejor steak restaurant de aquí: Bern’s Steak house.

Después de comer opíparamente (i.e. como obispos), y de saborear de la carreta de desserts, por la cual es famoso este sitio, al pedir un cafecito cubano para acompañar los Marlboros, David pidió Equal, en vez de azúcar, para su “negrito”.

Casi 30 años después, ¡todavía me hace gracia aquello!

David Riddick
Carlos, se me olvidó comentar una anécdota.

Cuando yo estaba en Suc. Finanzas como gerente de marketing le propusimos a El Capitán, y logramos que aceptara, un viaje de executive briefing —a un Banco en Tampa, al centro de TP-IBM, y a Carolina del Norte (4700)—, con este servidor y Freddy Winckelman.

El Capitán, que conocía a mi padre, me pidió si podíamos pasar a ver unos barcos veleros grandes (de 45 pies+) a un lugar en el que él iba a comprar uno o a ver repuestos.

Y así pasamos varias horas juntos, luego almorzamos al fresco… y nos “introdujo” al edulcorante Equal, que entonces estaba aún en beta.

Lo que sí sabemos es que el viaje sirvió para luego remplazar los famosos terminales 2970, vender unos nuevos CPUs, … y gozar.

Salud, a las memorias y detalles, ¡y que pasen una Feliz Navidad!

CMP
En respuesta a David Riddick.

David, conocí a Alberto Báez Duarte cuando, en segundas nupcias (1987 a 1989), estuve de Gerente de la Suc. Finanzas, y el que dices que en esta foto de 1980 es él no se me parece en nada con el que, 7 a 9 años después, conocí en el Mercantil.

A ver si alguien aclara esto.

David Riddick
Carlos, estoy casi seguro de que el que está antes de Nogueroles es Alberto Báez Duarte, quien luego se fue al Mercantil y a quien tuve el placer de atender luego, post ustedes, en ese Banco siendo yo Gerente de Marketing de la Suc. Finanzas.

CMP
En respuesta a Oscar De León.

Cierto, Oscar, ¡ése es el nombre! Ya lo puse. Gracias.

Oscar De León
El #2 de la Fila 2 se parece a Arturo Gantaume.

CMP
En respuesta a Jaime Villalta Lladó.

Gracias, Jaime.

Cuando acerca de Antonio Parra mencionaste hechos de los años ’60s pensé que hablábamos de personas diferentes, pero al mencionar que lo encontraste en Margarita me convencí de que hablamos de la misma persona, pues lo último que otro exIBMista me dijo de él, hace ya varios años, es que lo había visto en Margarita. Otros exIBMista han tratado de localizarlo en esa isla, pero sin suerte.

Lo vi por última vez cuando, reportando a mí, aceptó el SOP de 1982 y dejó IBM. Cuando alguien me dio para él una dirección electrónica, le escribí varias veces pero no obtuve respuesta. Y lo siento, pues creo haber dicho cuánto me gusta mantener el contacto con las personas que se han cruzado en mi vida, y las vidas de Antonio Parra y la mía entraron en contacto desde que en 1971 debuté como vendedor en la Sucursal Financas y él era allí analista de sistemas. El contacto duró once años.

Y sí, Jaime Tejeiro no está en la foto. Tal vez porque para entonces no era gerente y —y esto es seguro— porque no necesitaba recibir los conocimientos que el seminario pretendía impartir.

José Padrón (El Técnico)
Banco Provincial: Sinónimo de presión, especialmente en lo referente a servicio.

Jaime Puig, y la Sra. Pacheco, en operaciones del Centro de Computación, eran personas extremadamente exigentes; hay algunas anécdotas, no muy afortunadas y no “contables”.

Jaime Villalta Lladó
Carlos, buenos días.

El personaje de la última fila sí es Antonio Parra, compañero mío de juventud en el Club Casablanca y en el centro Catalán, en los ’60s. No sabía que también era IBMista. Me lo encontré hace un año en Margarita como gerente de dos tiendas de ropa de caballero en la 4 de Mayo.

Me figuro que aparte de Jaime Puig y José Ma. Nogueroles (paisanos míos también y que, como buenos catalanes, todavía siguen trabajando), en la foto también debe estar Jaime Tejeiro de, el Provincial.