[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hdez. y Castillo: La guadaña de la muerte

La guadaña de la muerte

Creados los primeros pobladores
que habían de empezar la Humanidad,
en sus hijos surgió la iniquidad
y los siempre titánicos rencores.

Y pasa por mil épocas la Tierra
que ven multiplicarse al ser humano,
y ven que en lucha, hermano con hermano,
provocan los horrores de la guerra.

Y sigue siempre el hombre su anhelar
con luchas que pretende disfrazar
con un falso y mentido patriotismo;
mas, aunque sea poderoso y fuerte,
le humilla para siempre, en su egoísmo,
la invencible guadaña de la muerte.

[*IBM †}– Marianela Navarrete de Torres

  • Murió: 06-12-2010    
  • Lugar: Caracas
  • Causa: Alzhéimer
  • Edad: 69
  • Última posición en IBM: Organización y Métodos.
  • Nació en Caracas el 31-03-1941

Información adicional

Fue esposa del exIBMista Florencio Torres, quien suministró los datos que siguen:

En Organización y Métodos elaboraba manuales de procedimientos en el Data Center. Trabajaba con Eduardo Dapena y Julio Carrilllo, y su jefe era Gerónimo Machado.

[*MiIT}– Cómo rebajar el peso de los archivos de Outlook, sin perder información

05-12-10

Carlos M. Padrón

En un artículo previo dije que todas mis cuentas de correo las manejo con Outlook (OL). Por años usé la versión 2003, y desde hace varios meses uso la 2007.

Y también creo haber dicho que, para evitar males mayores, los tres archivos de trabajo del OL —el de direcciones (.pab, no usado en OL-2007), el que llamo «Activo», y el histórico, que llamo «Archive», (ambos .pst—) los pongo en un disco que no sea aquél en que está instalado el Windows con sus programas, pues es en éste donde el OL coloca los suyos por default (defecto) y, en caso de algún desastre, como la entrada de un virus, ¡adiós archivos de OL!

Sin embargo, no importa donde estén esos archivos, los .pst van creciendo con el uso hasta alcanzar un peso tan elevado que entorpece la operación, y es el momento de hacer algo para reducir tal peso.

El procedimiento que con Outlook 2007 he aplicado para reducir el peso del «en uso» es éste:

1. OL en pantalla inicial

2. Import and Export a file (Importar/exportar un archivo) > Next (Siguiente)

3. Export to a file (Exportar a un archivo) > Next (Siguiente)

4. Personal Folder file (.pst) / [Archivo personal (.pst)] > Next (Siguiente)

5. Seleccionar Personal Folders (‘Archivos personales’), que está arriba de todo, y tildar Include SubFolders (Incluir subcarpetas), que está abajo a la izquierda. > Next (Siguiente)

6. Colocar en ventana el nombre del archivo a crear, p.ej. ‘XOL-BUPs=fecha (p.ej. 101204).pst’  —en lugar de la X iría la letra correspondiente al disco— y tildar Do not export duplicates (No exportar duplicados) > Finish (Terminar)

7. Tildar No encryption (No encriptar) > OK (Aceptar)

El crear este respaldo tomará varios minutos; en mi caso tomó casi media hora. Terminado el respaldo,

1. Cerrar OL

2. Abrir Control Panel (Panel de Control)

3. Mail (Correo)

4. Data Files (¿Archivos de Datos?)

5. Añadir el archivo exportado y marcarlo como default (por defecto).

Aunque parezca mentira, el archivo exportado pesó 1.91 GB pero —siempre hay algún ‘pero’— el procedimiento tiene el problema de que se pierden algunos atributos de los folders (carpetas), como el formato de los mensajes en ellas guardados, el nombre de las carpetas en el área de Favorites (Favoritas), y los parámetros que se hayan dado a las carpetas para el pase de mensajes al Archive (Archivo histórico).

Los nombres de las carpetas en Favoritas presentarán delante «Copy of…» (Copia de….) y luego el nombre que antes tenían.

La solución que apliqué fue de tres pasos, a saber,

1. Guardar en Define Views (Definir vistas) el formato estándar de carpeta que yo tenía configurado previamente, para así aplicarlo luego, como último paso, a cada carpeta.

2. Subir luego a Favoritas las carpetas que con su nombre correcto aparecen en la lista general.

3. Sacar de Favoritas (no borrar, sino mover fuera de esa área) las de nombre largo.

Creo que bajar el peso desde 5.77 GB a sólo 1.91 GB justifica la casi media hora de espera más los 10 ó 15 minutos de trabajo posterior.

~~~

P.D.: Otro problema que tuve, debido a un error mío, fue que al conectar a OL el nuevo archivo de 1.91 GB no funcionó el calendario, y un mensaje me decía que tal vez no aparecerían algunos recordatorios.

En mi búsqueda del origen de este problema —que luego solucioné por mi cuenta— di con una página de Microsoft que decía que la solución era una de éstas:

Solución 2

Cuando crea recordatorios, asegúrese de que se guardan en la carpeta principal calendario o tareas. Para comprobar que el correo se entrega para seguir estos pasos:

  1. En el menú Herramientas, haga clic en servicios.
  2. En la ficha entrega, el mensaje se entrega a la ubicación de entregar correo nuevo en la siguiente ubicación .

Solución 3

Para establecer una ubicación de entrega, siga estos pasos:

  1. En el menú Herramientas, haga clic en Servicios.
  2. En la ficha entrega , haga clic para seleccionar una ubicación de la lista entregar correo nuevo en la siguiente ubicación.

 

Allá me fui, pero sólo para descubrir que al clicar en Herramientas (Tools) no aparece ninguna opción llamada Servicios (Services).

La persona que escribió esto, o a la compañía que permitió que no fuera revisado para comprobar que decía lo que debía decir, o es incapaz o irresponsable.

Se trata de algo que se atañe a computadoras, actividad en la que se sabe que una instrucción mal escrita o faltante, causa que un programa no trabaje; así de simple, aunque todo el resto de tal programa esté perfecto.

Por tanto, debido a la mencionada falta de comprobación —léase ausencia de control de calidad— cuando el pobre usuario llega donde yo llegué, se le termina el camino y se queda sin solución.

Repito: Esas instrucciones equivocadas son obra de incapaces, con muy poca preocupación por dar un buen servicio (descuidados irresponsables),… o con la deliberada intención de que sean sus víctimas, los usuarios, quienes les hagamos ver sus errores para luego ellos corregirlos sin haber gastado un centavo en control de calidad.

 

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: 197X, fotos tomadas en IBM-Valencia, y premio a José Padrón

Fotos cortesía de José Padrón.

Todas, excepto la última, fueron tomadas en Valencia (Edo. Carabobo), durante la década de los ’70s.

Si alguien sabe a qué año corresponde alguna, agradeceré el dato.

Foto 1. Tomada después de un desayuno funcional.

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De derecha a izq., y sólo los de cara completamente visible:

1, Mario Molinet † (el que está de espaldas)
2, Gabriel Terán (de frente, al extremo derecho y mirando hacia la derecha)
3, X. Buzzolo (el de lentes, técnico de /360 y de I/Os)
4, Juan Ruiz
5, Carlos Ramírez
6, Julio Nemetz †
7, José Padrón
8, ?
9, Javier Umaran

***

Foto 2.

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1, Jaime Trillas †
2, Claudio Montero
3, Carlos Mejías
4, Felipe Romero
5, Luis Fernando Guerra
6, José Padrón

***

Foto 3.

JPadrón, LFGuerra, GFuenmayor, REdreira -JPadrón

1, José Padrón
2, Luis Fernando Guerra
3, Guillermo Fuenmayor
4. Rogelio Edreira

***

Foto 4.

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1, José Padrón
2, Luis Fernando Guerra
3, Guillermo Fuenmayor
4. Rogelio Edreira
5, Jaime Trillas †
6, José Herrera
(de perfil)
7, Juan Ruiz (sólo se le ve la cabeza)

***

Foto 5. Esta carta, como indica su fecha, es de febrero de 1974.

19740204=Premio a José Padrón -JPadrón

Y acerca del objeto de ella explica José Padrón lo siguiente:

«Esta carta fue por mi cuarto premio «IBM significa servicio», pero después logré el quinto. José Rotundo, de OP, acumuló también cinco, y Salvador Martínez también fue reconocido con 4 ó 5, no recuerdo exactamente. Después de 1983 hubo varias personas que lograron varias veces el «IBM significa servicio».

Sin que signifique querer ser yo mejor que los demás, vale señalar que, al principio, se entregaba un solo «IBM significa servicio» dentro de toda la IBM de Venezuela; después fueron dos, y llegó un momento en que fueron varios».

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Dr. Domingo Fernández de Cubas

 

Respecto a los méritos característicos que constituyen la personalidad de este eminente hijo de las Afortunadas, El Eco de las Canarias se encargara de describirlos:

«La popularidad es la nota saliente del Dr. Cubas», dice el mencionado semanario.

«A él lo conoce todo el mundo, y todo el mundo lo quiere bien».

«En su hogar es un padre tierno; en su bufete un médico amigo, consejero y confidente de su clientela; en el trato con los que dependen de él, amaba hasta la paternidad; en la cátedra, un colegial sabio; en todas partes enérgico en sus decisiones, claro y conciso para emitir su parecer, entusiasta, decidido, franco, leal, benévolo y enamorado por intuición de todas las ideas que van reformando el modo de ser de los pueblos y sirven de zapadores a la civilización y el progreso».

«Las líneas de su rostro denotan una complexión activa y enérgicamente valerosa.

Hombre de acción, debe a la naturaleza un raro equilibrio de condiciones inmejorables para luchar y salir triunfante».

«Poseyendo una inteligencia superior, dispone de una palabra elocuente, fácil, galana y vigorosa para emitir sus ideas, dándolas a luz vestidas de trajes simpáticos, cuando han de cautivar, o de corazas de acero cuando han de ser combatidas».

«Buen cuerpo, buena cabeza, buena alma y, en el carácter, grande aliento, generosas inspiraciones, tenacidad en los propósitos, constancia inquebrantable en la persecución de un fin. Tal es el Dr. Cubas».

«En la Villa de San Sebastián, capital de La Gomera, nació el tres de agosto de 1833 el hoy popular e ilustrado Dr. Domingo F. de Cubas. A los nueve años había terminado con éxito sus estudios de primera enseñanza. De esa misma edad ingresó en el Instituto de San Cristóbal de La Laguna, y en dicho establecimiento recibió el título de bachiller en Filosofía.

Entones era un joven de 21 años, ardiente, de pura sangre africana y ansioso, como buen hijo de una raza emprendedora, de surcar el piélago que continuamente bate sus rudos oleajes sobre las rocas Canarias.

Violentando la autoridad paterna, el joven bachiller se dio a la mar, y en el año 1854 pisó por primera vez los muelles de la ciudad de La Habana, e ingresó en la Universidad de La Habana matriculándose en la Facultad de Medicina.

El Dr. Domingo León y Mora fue uno de sus catedráticos al par que una de las inteligencias perspicaces que adivinaron lo mucho que podía esperarse de las valiosísimas dotes de inteligencia y de carácter de su joven compatriota. Más de una vez vaticinó que aquel escolar era uno de los hombres llamados a marchar en las primeras filas del ejército social.

Cubas estudio con fe, y trabajó cuanto fue necesario para coronar sus esfuerzos, que algo se vieron recompensados en 1863 cuando recibió el grado en la licenciatura y se le abrió con ese galardón el camino amplio de la ciencia para lograr un puesto predilecto.

Su inteligencia, su bello carácter, su laboriosidad y ese don especialísimo que posee don de vida y animación, le granjearon pronto una buena clientela.

En 1876 recibió la muceta del doctor y el nombramiento de catedrático y rector interino de la Universidad Literaria de Cuba. En 1877 fue nombrado en propiedad catedrático de Patología General.

En 1884 fue nombrado catedrático de la de ascenso, haciéndose estimar siempre de sus discípulos, a quienes trataba en la cátedra como amigos, en la calle como compañeros, y, en el fondo de su alma noble, como a sus propios hijos.

Ha sido director del Hospital San Felipe y Santiago, médico del Hospital Militar durante la nunca suficientemente llorada Guerra Civil que arruinó a este país, dejando a su paso peor huella que la del caballo de Atila.

Nuestro doctor ha sido también médico de Mazorra.

Es miembro de la Junta Superior de Beneficencia, de la Real Sociedad Económica, de la de Estudios Clínicos de la Antropológica, de la de Socorros Mutuos de Médicos, y, hasta hace poco, perteneció a la Junta de Gobierno del asilo La Misericordia.

La Sociedad de Beneficencia Canaria y Protección Agrícola se honra por tenerle por uno de sus socios más preeminentes, siendo uno de sus fundadores. Desde su inauguración —dos de marzo de 1872— viene formando parte de su directiva ya como vocal, secretario y presidente durante la larga serie de cinco años.

El doctor Cubas es presidente honorario a perpetuidad de tan respetable corporaci6n.

En una palabra: en las suscripciones, casi continuas, que se han promovido en este hospitalario país, este hijo de las Canarias ha dejado bien puesto su nombre demostrando sus sentimientos altamente caritativos.

Seria tarea interminable, como dice El Pilareño del seis de febrero de 1887, describir uno por uno los infinitos rasgos que colocan a nuestro eminente comprovinciano en primera línea, entre los que han sabido, a la par que honrar al país que tuvo la dicha de mecer su cuna, sacrificarse también en aras de la tierra de sus antecesores, que sería bastante menos infortunada si contara con muchos caracteres de tan noble temple y de sentimientos tan humanitarios como lo es el esforzado émulo a quien no nos cansaremos de citar como modelo de caballerosidad y de almas levantadas, como otro de nuestros comprovincianos, el nunca bien llorado Domingo de León y Mora.

Pero para cerrar estos apuntes históricos y biográficos del Dr. Cubas, diremos que donde más hemos notado su carácter enérgico, expansivo y eminentemente patriótico fue en las distintas comisiones que, en unión de sus apreciables compañeros de la Asociación Canaria, Dres. Gordillo, Valencia, Falangón y Martell, tuvo que desempeñar ante el Círculo de Hacendados de La Habana y ante el poderoso Conde de Casa Ibáñez, secundados por sus comprovincianos Miguel Castañeda, Guillermo Zamora y Salazar, Antonio Fernández, Nicolás Martorano, Francisco Pérez Delgado, Francisco Medina, Ramón Torrens, Leandro Díaz, Antonio Moreno, Santiago Milián, Vicente Moreno, Francisco Mallorquín, Enrique Martínez, Penichet, Falcón, Tiburcio Carvajal, Tomás Hernández, y tantos otros benemeritísimos comprovincianos que sería cansado enumerar aquí y de los cuales pensamos ocuparnos al tratar de la inmigración a Cuba y de la colonización agrícola en general. Pues jamás asociación alguna de colonización en América se ha colocado a tanta altura.

Igualmente diose a conocer la energía y carácter humanitario de nuestro biografiado Dr. Fernández de Cubas ante el Consejo Militar del 27 de noviembre de 1871 —cuando tuvieron lugar los graves y comprometidos sucesos de aquella luctuosa fecha— defendiendo la inocencia de nueve jóvenes estudiantes que iban a ser ejecutados, como efectivamente lo fueron en el campo de la Punta, acusados de haber cometido actos de sacrilegios en el Cementerio de Espada.

En ese memorable día que quisiéramos borrar de las páginas de la historia, el catedrático canario estuvo a punto de ser víctima de los perturbadores en el momento de salir del Consejo.

Aunque tarde, el tiempo ha venido a dar la razón al hijo de las Canarias, siendo ésta la mejor página que en su larga vida ostentará su hoja biográfica.

¡Qué remordimiento de conciencia, que rechinar de dientes no habrían sufrido aquéllos que en un momento de obcecación trataron de echar por tierra las glorias adquiridas, durante muchos años, por la nación ibérica, hidalga y generosa!… ésos que, mal aconsejados los unos y empujados los otros por la fuerza irresistible de un sentimiento secreto extraviado, pedían con desaforados gritos la última pena para unos inocentes jóvenes, y para el ilustrado y valiente hijo de las Afortunadas, Dr. Cubas, que, irrespetuosamente proclama ante el Tribunal Militar la inocencia de sus discípulos.

Se ha dicho y afirmado por algunas personas que el hecho de que nos ocupamos manchaba el uniforme del cuerpo de voluntarios de La Habana. ¡No! De ninguna manera. Puede sólo decirse que aquello fue un acontecimiento aislado, ¡pero de terribles consecuencias!

Nosotros hemos conocido a muchos conciudadanos, honrados padres de familia, que protestaban desde el seno del hogar contra semejante determinación. Mas, había cierta corriente subterránea, que no nos hemos podido explicar a ciencia cierta, que precipitó los sucesos, y el río se desbordó produciendo los efectos que se lamentan ahora, y quisieran, a costa de cualquier sacrificio, borrar de los anales de Cuba».