[*MiIT}– Computación Personal, herramienta indispensable. 16: Tipos de Inteligencia

Carlos M. Padrón

Con su gran capacidad de memoria, la computadora puede llegar a hacernos creer que es inteligente, pues la memoria juega un gran papel en el ejercicio y expresión de la inteligencia.

Por ejemplo, es sabido que las personas que tienen buena ortografía tienen también una buena memoria gráfica, o sea, recuerdan bien la forma y los detalles de la palabra bien escrita, y cuando la ven sin acento, o con ‘b’ en lugar de ‘v’, enseguida la visualizan bien escrita y, por contraste, se dan cuenta de que algo anda mal y de qué es lo le falta o le sobra a esa palabra para que esté correctamente escrita.

Por otra parte, no creo que se hayan registrado muchos casos de personas amnésicas que hayan creado o producido algo para lo que el ejercicio de la inteligencia era realmente necesario, y es que, repito, para crear hace falta información, y ésta reside en la memoria.

Para construir un edificio hacen falta materiales de construcción que están en uno o diferentes galpones (memoria), pero en esos mismos galpones no están las ideas que usará el arquitecto para que con esos materiales se haga realidad el edificio.

Al igual que la información, la creación de ideas reside también en el cerebro, órgano que para cuando alcanzamos los cinco a?os de edad culmina su crecimiento y llega a tener un trillón de células, la misma cantidad de células que tenía el cerebro de Einstein,… pero no todos somos Einstein. ¿Por qué?

Que se sepa hasta ahora, porque tanto o más que la cantidad de células cuenta la conexión entre ellas, y la conexión se amplía con el estímulo, pero mientras la ciencia no tenga la respuesta correcta a este «¿por qué?», difícilmente el hombre podrá construir una máquina, robot, o lo que sea, que tenga realmente inteligencia… como la de Einstein.

Y digo «como la de Einstein» porque el concepto de inteligencia, que por siglos se atuvo a la escueta definición de «la capacidad de entender o comprender», se volvió muy complejo y esquivo cuando las investigaciones al respecto llegaron a la conclusión de que existen varios tipos de inteligencia, y no sólo, como por tiempo se creyó, ésa del tipo que tan brillantemente demostró tener Einstein.

Howard Gardner, un profesor de Harvard, fue quien en 1983 lanzó la teoría de que la inteligencia está formada por al menos siete ─a lo mejor ocho, posiblemente nueve, o tal vez más─  distintas habilidades o tipos que pueden trabajar solos o en equipo. Según Gardner, los siete tipos básicos de inteligencia son:

▬ Inteligencia lingüística, o sea, habilidad verbal, creación con la palabra. Es, por ejemplo, la inteligencia que permite hacer poesía.

▬ Inteligencia lógico-matemática, la más comúnmente reconocida: la que exhibió Einstein.

▬ Inteligencia musical. No hay mucho que explicar al respecto, pues basta con mencionar nombres como Mozart y Beethoven, por citar sólo dos.

▬Inteligencia espacial: la que tienen los buenos arquitectos.

▬ Inteligencia «quinestética» (perdonen el barbarismo, pero no encuentro término mejor), que se demuestra en la perfecta coordinación de los movimientos del cuerpo. También como ejemplo les daré dos nombres: Michael Jordan e Isadora Duncan.

▬ Inteligencia interpersonal: la que demuestran los muy buenos vendedores.

▬ Inteligencia intrapersonal, que tiene que ver con lo que ahora conocemos como «inteligencia emocional» : la que nos permite el conocimiento de nosotros mismos.

Gardner continuó ahondando en el tema, y años después anunció un octavo tipo de inteligencia cuya aceptación no fue precisamente unánime en la comunidad científica (lo cual es normal porque los expertos pocas veces están de acuerdo en algo): la inteligencia naturalista, que, según Gardner, se caracteriza por la habilidad para reconocer, clasificar y encontrar patrones comunes en plantas, animales, nubes, rocas, etc., o sea, la que demostró tener Darwin.

¿Que qué tiene que ver todo esto con la computadora? Al momento, mucho, pues si bien podemos poner en la memoria de la computadora las mil mejores poesías de la lengua española, las reglas de la métrica y la rima, de los cuartetos, sonetos, etc., la computadora no sería capaz de crear un poema que nos transmitiera la emoción de un grafismo épico como, por ejemplo, el de El Capitán Pirata:

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar sino vuela,
un velero bergantín

…../….

Podemos poner en su memoria toda la música navideña hasta ahora escrita, y no sería capaz de crear algo que nos llegue tan hondo como las sencillas notas de «Silent Night» (Noche de Paz). Para eso hace falta sentimiento y sensibilidad, cualidades humanas que las computadoras de hoy no tienen porque no ha sido posible reducir a lenguaje de máquina la esencia, origen y alcance de los sentimientos y otros elementos de que se alimenta la inteligencia humana.

[*FP}– Neblina (2/7): Dos víctimas más

Carlos M. Padrón

Un hotel “tranquilo y bueno”

Víctima: Leonardo M.

A Neblina no había que pedirle que te organizara nada, y menos con tiempo, porque te armaba unos líos tremendos, pero si lo llamabas y le decías: «Tengo que salir ya para….», su respuesta era siempre: «Camino al aeropuerto, pasa por aquí a recoger el billete».

Una vez me armó una buena.

Resulta que por una emergencia en Santo Domingo tenía yo que salir de urgencia. El primer vuelo que Neblina me consiguió era esa misma noche, y con escala en Puerto Rico para pasar allí la noche y, a las 07:30 de la mañana siguiente, tomar otro vuelo de San Juan a Santo Domingo. Todo organizado, billetes y hotel. Cuando fui a recoger la documentación, Neblina me dijo: «Parece que en San Juan hay alguna convención y el hotel no es de los recomendados por IBM, pero tranquilo que es un buen hotel».

El vuelo, que tenía que salir en la tarde desde Maiquetía, salió con bastante retraso, así que llegué a San Juan como a las 2 de la madrugada. Salí del aeropuerto, tomé un taxi y le dije al taxista que me llevara al hotel, del cual le di nombre y dirección. Me pareció raro que el taxista me preguntara si yo estaba seguro de que quería ir a ese hotel, pero al final me llevó y me dejó en un sitio un poco apartado. El hotel no era muy grande; había mucha gente pero no le hice mucho caso ya que mi preocupación era que tenía que madrugar para estar a las 6:00am en el aeropuerto.

La habitación no tenia nada de especial. Muchos espejos y luces raras, pero como a mí lo que me importaba era dormir, no le di mayor importancia a esos detalles.

No llevaba ni media hora acostado cuando me tocaron a la puerta y dijeron: «¡Es la hora!». Me senté en la cama en un sobresalto, despierto totalmente, miré el reloj y vi que eran las 3:00am. Abrí la puerta, noté que en el pasillo había mucha gente, una cantidad inusual para esa hora, pero no vi al que me había despertado.

Volví a la cama y volví a dormirme, y de nuevo me tocaron a la puerta y una voz dijo: «¡Es la media!». Miré el reloj y eran las 3:30am. Me levanté, corrí hasta la puerta y la abrí, pero allí no había nadie.

Ya la cosa me estaba tocando las narices, así que me mantuve despierto, y justo a las 4:00am estaba yo, alerta, pegado detrás de la puerta. Apenas oí que tocaron en ella la abrí, sorprendí al hdp que se la pasaba en eso, y le dije de todo.

Cuando, después de mi sorpresivo ataque verbal, el tipo pudo hablar, me dijo: «Perdone, señor, pero es que esto es un burdel, y tengo que hacer la ronda y avisar cada media hora». Le dije que yo estaba solo, que lo que necesitaba era dormir, que me dejara tranquilo y que, por favor, que a las 5:30am sí me despertara de verdad.

A la mañana siguiente me di cuenta de que aquello de hotel no tenía nada: era una vulgar casa de citas que en el cajón de la mesilla de noche tenía, en lugar de la Biblia, preservativos. En el hall quedaba alguna que otra mujer que se ve que no había hecho todavía su cuota, pero, cuando al regreso le hice a Neblina el consiguiente reclamo, su respuesta fue: «Pero al final dormiste, ¿no?»

Por contar de Neblina tendría muchas otras historias de horror, como no tener reservado carro en el aeropuerto al que yo llegaba, o tenerlo reservado en otro aeropuerto diferente; haberme emitido billetes para conexión con vuelos inexistentes; darme conexiones de enlace de dos horas de espera entre NY-Kennedy y Newark (NJ),… aeropuertos que quedan bastante cerca el uno del otro, prácticamente “a la vuelta de la esquina”, etc.

Cada vez que uno iniciaba un viaje preparado por Neblina nunca sabía qué sorpresa podía esperar.

***

Pasajes por partida doble

Víctima: A. López.

Allá por julio de 1987, a última hora —como siempre— de un jueves en la noche decidieron en IBM que el domingo a más tardar debía estar yo en Acapulco asistiendo y dándole soporte a IBM de México en la Convención de Canales de Comercialización de aquel año.

Por supuesto, al día siguiente caí en manos de Neblina, porque así lo dispusieron arriba, para que él arreglara todo lo concerniente a mi viaje —el cual sería el sábado a las 06:30am con Aeropostal vía Ciudad de México con trasbordo para Acapulco— en compañía de un vendedor de Canales cuyo nombre no recuerdo en este momento.

Tarde, como siempre, a eso de las 10:00pm (22:00) del día viernes nos entregó Neblina los dos pasajes y las dos tarjetas de entrada a México, y a esa hora salí yo para mi casa a hacer las maletas y descansar un poco, ya que teníamos que estar en el aeropuerto, como muy tarde, entre las 04:30 y 05:00am, o sea, de la madrugada. Así que quedé con mi compañero de viaje en encontrarnos a esa hora en el aeropuerto, y en que yo llevaría los pasajes y papeles de viaje de ambos.

El sábado a las 05:00 de la mañana llegué al counter de Aeropostal y allí estaba ya mi compañero de viaje, de primero en la cola para cuando abrieran. Como a los 15 minutos abrieron las operaciones y procedimos al chequeo de pasajes y pasaportes. Yo entregué la documentación, y apenas mirarla el empleado me dijo:

—Sr. López, discúlpeme pero éste no es su pasaje ya que tiene otro nombre.

—¡Oh, sorpresa!—, me digo para mis adentros. Y al del counter le dije:

—Lo que pasa es que los billetes de pasaje están intercambiados con mi compañero de viaje.

—Perdón, Sr. López, pero el boleto de su compañero está correcto

—¡¡¡¿Cóooomo?!!!—, exclamé con cara de tonto y asombro.

Pues sí, resultó que el Sr. Neblina había elaborado los dos pasajes a nombre de mi compañero.

A esa hora, y así de repente, uno no sabe cómo reaccionar: si matar al del counter, a Neblina o a otra persona,…

Al calmarme y caer en cuenta de que las únicas opciones eran comprar un boleto nuevo o quedarme en tierra, por supuesto, decidí comprar, con mi tarjeta de crédito, un boleto nuevo para así poder viajar. Lo malo de esto era que en cada ciudad que fuera yo tocando debía hacer lo mismo.

Pero así tuve que hacerlo a pesar de todos los inconvenientes que ello me acarreó ya que, al no tener cupo confirmado, resultaba un poco difícil conseguirlo en los vuelos pautados. Pero lo logré y pude asistir a la reunión.

Lo bueno fue al regreso, ya que, estando ya hasta el gorro de Neblina y de todos los desastres e inconvenientes que le hacia pasar a uno, expuse oficialmente mi queja, y hasta demostré que el total de los boletos comprados por mi persona era casi 50 dólares menos que lo facturado por Neblina. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando me informaron que el culpable había sido yo porque no procedí a la revisión de los boletos. ¿Qué tal?.

Fue tal la arrechera (cabreo) que cogí que desde aquel momento nunca mas permití que un viaje mío fuera tramitado por Neblina.

***

Hasta aquí, cuatro relatos de muestra que otros IBMistas me han enviado sobre las “gratas” experiencias que viajar con Neblina les deparó.

En las próximas entregas, los relatos de mis propias experiencias en viajes “organizados” por ese individuo quien, además de las mañas ya citadas, tenía la de inventarse un localizador, que tranquilamente dictaba por teléfono a un viajero escaso de tiempo, o escribía de su puño y letra en el billete aéreo, frente al viajero y mientras simulaba una llamada telefónica a la línea aérea correspondiente, todo con tal de convencer a sus confiados clientes de que sí tenían una reserva de vuelo u hotel que Neblina, por supuesto, nunca había hecho.

[*Opino}– ¡Todos funcionarios! / Francisco Cabrillo

Carlos M. Padrón

Mientras trabajé en España hice contacto con un consultor que era —no sé si motu proprio o por imposición de la compañía en la que militó antes de entrar en IBM, donde lo conocí—, un estudioso del tema de la idiosincrasia del español.

En una de sus presentaciones más solicitadas decía que España era un «gran funcionariato», donde incluso los que ejercían una profesión liberal —como médicos, abogados, etc.—, creaban suspicacias porque las más de las veces abrazaron esa profesión no porque tuvieran una vocación por ella sino para heredar la cartera de clientes/pacientes de su padre/madre e ir sobre seguro.

A partir del día en que supe esto, puse interés y atención en el punto y concluí que el tal consultor llevaba razón. Y al leer ahora el artículo que sigue recordé que en un programa radial de Julia Otero, allá por noviembre de 1994, un señor, que fue presentado como un reputado psiquiatra español, afirmó que “toda persona que pudiendo evitarlo se quede en el trabajo un minuto más de la hora de salida, amerita terapia”.

Llamé al programa, dieron luz verde a mi llamada, y me enzarcé con los panelistas haciendo un panegírico de las propiedades sanadoras del trabajo cuando se realizaba con gusto, de cómo era la mejor terapia contra la depresión causada por problemas familiares, etc.. Esta parte de “trabajo con gusto” fue para el psiquiatra una contradicción de tal calibre que volvió a recomendar terapia. Sólo Sánchez Dragó me dio la razón,… pero entiendo que nació, creció y vivió —no sé hasta que edad—fuera de la España peninsular, en Ceuta o Melilla, si mal no recuerdo.

Y la prédica de IBM por la búsqueda de la excelencia en el trabajo era vista por muchos IBMistas como algo enfermizo que ameritaba burla, al igual que ameritaba flagrante violación pública la norma de no fumar en los salones de reunión y clase.

***

13.02.2007

Francisco Cabrillo

Les pregunté cuántos se habían planteado crear una empresa al terminar sus estudios. Sólo uno de cincuenta dijo que le gustaría ser empresario. Para la mayoría, su innegable inteligencia y capacidad de trabajo debían servir para preparar unas oposiciones.

Los datos no dejan lugar a duda: lo que quieren los jóvenes españoles es convertirse en funcionarios públicos. La idea de que en la vida merece la pena correr riesgos, ser innovador, conocer ciudades o países nuevos, tener ideas originales o buscar un trabajo creativo es totalmente ajena a la mayoría de los españoles que hoy están estudiando o tratando de encontrar su primer empleo. Lo que a estos muchachos les atrae es, en cambio, ser funcionarios, llegar a la oficina con aire cansino por la mañana, y salir de la misma forma a las tres de la tarde, con la idea de que, al día siguiente, y al mes siguiente, y al año siguiente,… y muchos años después, continuarán haciendo lo mismo.

Es triste, sin duda; pero no me sorprende. Hace algunos años dirigí en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander un curso dirigido a los estudiantes que habían terminado el bachillerato con los mejores expedientes académicos de España. Hablé bastante con aquellos chicos y creo que llegué a entender qué pensaban y cuáles eran sus objetivos. Un día les pregunté cuántos se habían planteado crear una empresa al terminar sus estudios. Sólo uno de cincuenta dijo que le gustaría ser empresario. Para la mayoría, su innegable inteligencia y capacidad de trabajo debían servir para preparar unas oposiciones que les permitieran, entre otras cosas, seguir viviendo en su ciudad, de la que muy pocos querían salir. Recuerdo a una chica que, a sus dieciocho años y con grandes posibilidades de hacer algo interesante con su vida, tenía como principal objetivo ser funcionaria del pueblo del interior de Andalucía en el que vivía. «Es lo que me recomienda mi madre», me explicó. Y aquella respuesta me pareció tan deprimente que todavía hoy la recuerdo como si acabara de escucharla.

Es verdad que no todo el mundo es así, afortunadamente. Participo, de vez en cuando, en comisiones de selección de becarios ya licenciados, que quieren ampliar estudios en el extranjero. Y entre ellos encuentro no sólo buenos expedientes académicos, sino también gente con ganas de comerse el mundo, de hacer carrera fuera de España, de llevar adelante un proyecto innovador, sea éste empresarial o académico. Da lo mismo; lo importante es querer hacer algo nuevo, destacar en el campo que hayamos elegido. Ser ambicioso no significa querer hacerse rico pronto. Ésta es una forma de serlo, tan válida como otra cualquiera. Pero se puede tener ambición de ser un gran científico, de escribir una obra literaria brillante, de crear una organización de ayuda al tercer mundo. Hay tantas cosas más atractivas para un joven que trabajar de burócrata de segundo o tercer nivel en algún organismo de la administración pública.

Pero no debe culparse sólo a los jóvenes. El mensaje que reciben de la sociedad en la que viven es éste, en gran medida. Cuando en la escuela o en las instituciones oficiales se ataca el pensamiento libre y el espíritu innovador, es normal que lleguemos a estos resultados. Ya tenemos en España casi tres millones de funcionarios. Y cada año habrá más. En una economía cuya productividad se ha estancado y se buscan fórmulas de todo tipo para elevarla, habría que plantearse hasta qué punto esta obsesión por trabajar para el Estado y negarse a asumir riesgo alguno es un factor determinante en la escasa productividad de una mano de obra como la española.

El mundo está cambiando muy deprisa. En muchos países hay millones de jóvenes cada vez mejor formados y con ganas de trabajar y luchar. Me preguntó qué será de nuestros viejos jóvenes cuando de verdad tengan que competir con ellos.

LD.

[*Drog}– La Ciencia ya sabe qué mecanismos cerebrales actúan cuando estamos enamorados

Lo que sigue explica muy someramente las consecuencias de lo que llamo drogamor. Sólo faltó que mencionaran abiertamente la palabra ‘droga’, aunque sí mencionan efectos que sólo la droga produce.

Le pregunta que cabe formularse ante “descubrimientos” como éste es por qué la sociedad como tal, basándose un tanto en la máxima de que “guerra avisada no mata soldado”, no hace nada para al menos anticiparse a lo que el drogamor puede causar. ¿Por qué en los ahora tan de moda cursos de educación sexual no se explica, desde a niños y hasta a adolescentes, los perniciosos efectos del drogamor y lo que para contrarrestarlos podría hacerse?.

Recuerdo que a los jóvenes de mi tiempo nos casi obligaban a observar el comportamiento de fulanito o menganito cuando estaban borrachos, y luego nos hacían ver que nadie en su decente y sano juicio querría comportarse así, haciendo el ridículo en público, destruyendo su salud física y hasta financiera, avergonzando a su familia, etc. No habría que esforzarse mucho para filmar horas y horas de escenas y situaciones que dejen bien a las claras lo que en el programa “House M.D.” de esta semana dijo el protagonista: «Todo enamorado es imbécil». ¿Y a quién le gusta serlo?.

Así como se le hace saber al público en general qué efectos nocivos trae el consumo de cocaína, heroína, etc., habría que hacerle saber también a todos, jóvenes y no tanto, qué efectos nocivos trae el dejarse llevar sin más por el drogamor. Al menos eso sembraría en algunos la semilla del alerta, del beneficio de la duda, y cuando se sorprendieran creyendo que la persona con la que tienen, o buscan tener una relación, es perfecta, podrían recordar que se les dijo y demostró que eso es anormal y síntoma de posibles males mayores, y en ese momento podrían poner en práctica un plan de decactetización que, doy fe de ello, funciona. El tal curso tendría necesarimanete que enseñar qué es y cómo funciona el catectizar y el decatectizar.

Estoy convencido de que algún día se pondrán en práctica programas sociales de este corte.

Carlos M. Padrón

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11.02.07

En una semana en que San Valentín será el protagonista, la pasión se viste de largo para festejar ese sentimiento tan humano como amar a otro. Días de bombones, rosas, poemas y cama. ¿Y la ciencia? La ciencia también se enamora. Lo hace a través de lo que llaman neurobiología del amor.

El poema científico lo han redactado un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio (EEUU) que se han dedicado a estudiar “el amor sin límites”. Ya lo dijo el maestro Neruda “te amo sin saber dónde, ni cómo, ni por qué”.

Pero ese sentimiento, del que han dicho que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”; ahora parece que sí lo entiende la razón. Y es que, según los expertos, se ha determinado qué mecanismos están conectados en el cerebro para que se produzca.

El trabajo de investigación consistió en detectar qué regiones del cerebro se “iluminan”, y cuáles no, cuando a una persona se le muestra la fotografía del ser amado.

Se observó que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban áreas que pertenecían al sistema de recompensa cerebral, que contiene una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina.

El amor es ciego

Con estudios como el realizado en la Universidad de Ohio se ha podido comprobar que el amor es ciego. Al menos, cuando estamos frente a la imagen de la persona amada se desactivan los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas y de la evaluación socia, y el fuerte lazo emocional de una persona hacia la que aquélla a quien ama inhibe las emociones negativas y afecta el circuito neural involucrado en realizar un juicio social, objetivo y racional, sobre la persona amada.

Esto se traduce sencillamente en que cuando alguien nos gusta (mucho, pero mucho) sólo lo juzgamos por sus aspectos positivos; ¡los negativos ¡se esfuman!

Por ello, enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir, la pareja.

PD

[*Opino}– «El Principio 90/10»

Carlos M. Padrón

Esto de «El Principio 90/10» tiene algo de lo que llamo “Filosofía de Selecciones [del Reader’s Digest]”, y la versión que varias veces me llegó presentaba abundante y clara evidencia de haber sido traducida del inglés por alguien que entre lo poco que sabe de español no está el que las más de las veces el verbo lleva implícito el pronombre, por lo cual el escrito original estaba lleno de pronombres innecesarios por redundantes. Por todo esto, y aunque me fue enviado unas cuatro veces, lo descarté hasta que hoy decidí hacer algo al respecto.

La pasé por los filtros COGER (Cursilería, Ortografía, Gramática, Estilo, y Redacción), pero no pude extirparle lo de la tal filosofía porque es la esencia misma del mensaje contenido en el escrito, ése que, para incorporarlo permanentemente a nuestra conducta, habría que tener sangre de horchata, condición ésta que nunca ha sido considerada una virtud.

Hay situaciones en que se impone reaccionar en la forma que Mr Covey dice que NO debemos hacerlo, pues, si no, sí que nos meteríamos en serios problemas: nos atropellarían y nos pasarían por encima sin consideración alguna, o sentaríamos un precedente por el cual deberíamos pagar el resto de nuestras vidas. Por no mencionar el hecho de que si uno se traga constantemente esa oleada de enojo que hizo explotar al padre del ejemplo del escrito que sigue, es candidato seguro a, por lo menos, un infarto. He conocido personas así, que jamás explotaron ni desahogaron nada que estuviera entre el enojo y la ira, y terminaron en operación de corazón abierto.

Durante los 30 años que estuve en IBM asistí en USA a decenas de cursos, seminarios, charlas, presentaciones, etc. en los que, muchas veces, se presentaba algún “mesías” que le decía a la audiencia cómo hacer para alcanzar la felicidad, dejar de fumar, reencaminar a un hijo descarriado, llegar a ser un vendedor estrella, convertirse en un exitoso gerente, etc. El plazo usualmente fijado para lograr lo que en estas presentaciones se prometía era de 10 días o de 10 sesiones, pues el número 10 parece ejercer una especie de fascinación en estos alquimistas de la conducta humana, autoproclamados portadores de una suerte de panacea, que trataban a su audiencia como si fuéramos todos párvulos y que, al menos a mí, me hacían sentir vergüenza de estar allí, oyéndolos.

Más de una vez me levanté y abandoné el local donde alguno de estos gurúes explicaba sus pócimas mágicas, y más de una vez me gané conatos de reprimendas por eso, que disfruté mucho porque me dieron la oportunidad de explicar a quien pretendía reprenderme cuáles eran los motivos por los que yo había abandonado el local. Las más de las veces no los entendieron porque la fama del expositor o gurú los cegaba, y ni siquiera pasaba por sus mentes la idea de cuestionar o poner en tela de juicio lo que éste dijera. Las pocas veces que logré hacerme entender fue cuando hube de dilucidar el asunto con un latinoamericano, un canadiense o un europeo.

Aunque no digo que Mr Covey sea uno de esos gurúes mesiánicos, pues de su cosecha sólo he leído lo que sigue, me pregunto qué reacción aconsejaría él en el caso de que la niñita del ejemplo derramara el café tres veces durante una misma semana. Y, no sé por qué, cuando pienso en esa posibilidad no puedo dejar de acordarme del artículo “Un llamado de alerta a los padres” que publiqué en este blog el pasado 24/12/2006.

Estoy de acuerdo con Mr Covey en que muchas veces —y hasta tal vez las más— lo mejor es reaccionar como él aconseja, pero creo que debió decir que hay otras veces en que hay que explotar, enarbolar el látigo y, a latigazos —perdón por el exabrupto— sacar del templo a los mercaderes. Y de éstas nada dice Mr Covey.

***

Stephen Covey

¿Cuál es este principio? Que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa; el 90% restante está relacionado con la forma cómo reaccionas a lo que te pasa.

¿Qué quiere decir esto? Que realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede. No podemos evitar que el carro se descomponga, que el avión llegue tarde, etc., lo cual echará a perder todo nuestro plan.

Un automovilista puede obstaculizarnos en el tráfico, pero no tenemos control sobre eso, que sería parte del 10%. El otro 90% es diferente, pues tú lo determinas. ¿Cómo? Con tu reacción.

No puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti; tú puedes controlar cómo reaccionas.

Veamos un ejemplo.

Estás desayunando con tu familia, tu hija derrama una taza de café y mancha tu camisa cuando ya estabas listo para ir al trabajo. No tienes control sobre lo que acaba de pasar, pero lo que suceda a continuación será determinado por tu reacción.

Maldices. Regañas severamente a tu hija porque derramó el café, y ella rompe a llorar. Después de regañarla, te vuelves hacia tu esposa y la criticas por haber colocado la taza de café demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Vociferando, subes a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando, terminando el desayuno y alistándose para la escuela. Pero pierde el autobús.

Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo, así que metes a tu hija en tu carro y llevas a la escuela. Como ya estás atrasado, manejas a 40 millas por hora en una zona en que la velocidad máxima permitida es de 30 millas por hora.

Después de 15 minutos de retraso y de ganarte una multa de tráfico de $60.00, llegas a la escuela. Tu hija sale corriendo del carro sin decirte adiós. Al llegar a tu oficina, 20 minutos tarde, te das cuenta de que se te olvidó el maletín. Tu día empezó muy mal, y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa.

Y cuando por fin llegas encuentras un pequeño distanciamiento en la relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a cómo reaccionaste en la mañana. ¿Qué causó que tuvieras un mal día?.

a) El café

b) Tu hija
c) El policía que te puso la multa
d) Tú

La respuesta es la ‘d’, pues tú no tenias control sobre lo que pasó con el café, pero la forma cómo reaccionaste durante los 5 segundos que siguieron al derrame del café fue lo que causó tu mal día.

Esto es lo que debió haber sucedido.

El café mancha tu camisa, y tu hija está a punto de romper a llorar. Tú, gentilmente, le dices, “Está bien, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”. Y después de ponerte una camisa limpia y coger tu maletín, regresas abajo, miras a través de la ventana y vez a tu hija tomando el autobús. Ella se vuelve y te dice adiós con la mano.

¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual pero ambos terminaron diferente. ¿Por qué? Porque realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede; el otro 90% lo determinó tu reacción.

He aquí algunas formas de aplicar «El Principio 90/10».

Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no lo tomes muy a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, en ser despedido, en que te estreses, etc.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes la calma? ¿Golpeas sobre el volante? ¿Maldices? ¿Te sube la presión? ¿A quién le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo? ¿Por qué dejar que los carros te arruinen tu viaje?.

Recuerda “El principio 90/10” y no te preocupes por eso.

Perdiste el empleo. ¿Por qué perder también el sueño y enojarte? No funcionara. La energía y el tiempo que podrías usar en preocuparte por eso, úsalos para encontrar otro trabajo.

El avión se atrasó y eso va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué descargar tu malhumor con el encargado de la aerolínea? Él no tiene control de lo que está pasando. El tiempo que deberás esperar, úsalo para estudiar, para conocer a otros pasajeros, etc. ¿Por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor.

Éste es “El Principio 90/10”. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. “El Principio 90/10” es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican.

[*ElPaso}- Valores humanos de mi pueblo: Don Pedro Martín Hernández y Castillo / Ismael González G.

Don Pedro Martín Hernández y Castillo —más conocido como don Pedro Castillo, o como “tío Pedro” en el seno de mi familia—, era hermano de mi abuela materna, tío de mi madre, Víctoria Pérez Martín —más conocida como Victoria Castillo— y, por tanto, tío-abuelo mío.

Como bien dice el autor del artículo que sigue, tío Pedro nació y se crió en El Paso, y pasó también en El Paso la mayor parte de su vida, concretamente hasta, si recuerdo bien, abril de 1949, cuando con su esposa —tía Nila— e hijas se fue a vivir a Santa Cruz de Tenerife (yo viajé con ellos en la que fuera mi primera salida de La Palma) y no regresó más a El Paso. Murió en Santa Cruz de Tenerife el 11/06/1963.

Las fotos aquí incluidas son de mi colección personal. Una, del libro que tío Pedro me regaló, dedicado por él, el 19/07/1961, exactamente el día en que salí de Tenerife rumbo a Venezuela. La otra, tomada con mi cámara un domingo de abril de 1958.

Carlos M. Padrón

***

Ismael González G.
(Artículo publicado en el Diario de Las Palmas, Canarias, el 24/03/1972)..

En la isla de San Miguel de La Palma, entre el jugueteo de la brisa lánguida que se despeña desde las cumbres pasenses para lamer la policroma flor del almendro exuberante, nació don Pedro Martín Hernández y Castillo. Apenas si traspuso los umbrales del perímetro insular; creo que no. Nació, creció y vivió en su pueblo de El Paso, hasta avanzada edad. Murió fuera de los límites geográficos donde discurrió su vida en una perseverante actividad ilustrativa a la que se entregó avaramente.

En su persona coexistía una concreción de elementos para, por su medio, impartir y difundir cultura, hasta lo inconcebible, en el campo de las Ciencias y las Artes, a pesar del reducido espacio y medio disponible al quehacer de su autodidacta instrucción.

Con un despliegue ancho, encaminado a la docencia, con vocación de pedagogo monacal, estudioso y sapiente, y con una voluntad sin límite puesta al servicio de sus discípulos, operaba en el campo abierto de su magisterio, e iba inculcando el máximo de rendimiento de las enseñanzas que prodigaba.

Aunque se haga condensada y someramente, es imposible circunscribir al reducido espacio de una croniquilla de ochocientas o mil palabras la magnitud de la obra de don Pedro Martín Hernández y Castillo —conocido como don Pedro Castillo— como hombre múltiple, inmerso totalmente en la trayectoria de su vida, en ese oleaje de mar agitado por las distintas facetas que presentaba y producía su magisterio.

La cabeza leonesa, de pelo revuelto y abundante, sobre una frente ancha, despejada y despierta, y una mirada aguda que profundizaba en el examen de su curiosidad intuitiva, escudriñando más allá de nuestros deseos cuando sosteníamos con él un cambio de palabras o conversación encaminada siempre al buen provecho de sus enseñanzas. Fue maestro, en el amplio concepto de la palabra; pedagogo nato, literato, compositor y músico.


Foto que aparece en el libro “Notas Canarias o Espejo de la Vida”.

Era de una percepción diáfana cuando la necesidad o el caso lo empujaban a imbuirse en ello. Poseía una extraordinaria memoria, y en su inmenso archivo computaba y seleccionaba la correlación de sucintos hechos de su vida que, a veces, aireaba adobados con la fértil y viril verborrea de que era poseedor.

No sabemos —o, por tal, no sé yo— que, con la seriedad y la serenidad que el asunto amerita, se haya tomado en cuenta el sacar del anonimato la personalidad innegable de don Pedro Castillo, para elevar su obra al nivel de paralelismo en que merece estar.

No es aventurado pensar y decir que, en todo el lapso del vocacional magisterio de don Pedro, un elevado número de jóvenes pasenses le deben en parte su acceso a la cultura universitaria, mientras que otros, los más, le deben el haber sido rescatados del analfabetismo en que estaban inmersos.

Y se da la particularísima circunstancia de que, intrínseca e íntimamente unidos, don Pedro Castillo y su esposa, doña Petronila González Guélmez —conocida como doña Nila—, compartían el magisterio, por lo que, a más de los varones, también las hembras pasenses desde hace setenta y hasta treinta años, más o menos, fueron en gran parte ilustradas en las exquisitas enseñanzas de pintura y labores decorativas del hogar bajo la tutela de doña Nila, de quien se hace necesario un cometario aparte por ser también esta abnegada maestra otro más de los valores humanos de mi pueblo.


Tía Nila, tío Pedro y Carlos Padrón. Foto tomada frente a la iglesia de San Agustín, en La Laguna (Tenerife).

Ha dicho Pedro Hernández, el sensitivo poeta y escritor llanense, que el día que se piense en serio hacer una antología de poetas palmeros habrá que tener en cuenta a don Antonio Pino Pérez. Muy bien, pero, ¿y no sería asimismo loable tener en cuenta también a don Pedro Castillo?.

Creemos —creo yo, digo— que don Pedro, este otro genial pasense, tiene producida suficiente obra para que se le tome en cuenta, en consideración a las diversas facetas de su personalidad artística como músico, y hasta musicólogo, orador, escritor y poeta, y por su vasta actuación en el peregrinaje de su magisterio, que abarca desde sus años mozos hasta casi los últimos días de su vida. Por todo, bien merece don Pedro Castillo una página señalativa, con algunos de sus conceptuales y sonoros poemas, en la inminente composición de esa antología de poetas palmeros que, a no dudar, alguien idóneo ha de abocarse al trabajo de darle luz.

Su libro “Notas canarias o Espejo de la Vida” nos da una idea somera de la sensibilidad que poseía don Pedro, aunque luego, en la madurez de sus años, se robustecen su actitud y sus facultades poéticas y literarias. Del mencionado libro extraemos algunos fragmentos que señalan indefectiblemente la sutil exquisitez del vate. Dice:

Por el amor que siento a la Belleza,
a las Artes y Ciencias, lo sublime,
y a todo lo que al hombre lo redime

y le lleva a un estado de grandeza.

Y, más adelante, prosigue:

Cuando el alba en sus célicos fulgores
del Sol anuncia su primer destello,
extático te admiro entre lo bello,
henchido de alegría en tus amores.

Por lo limitado del espacio periodístico no puedo extenderme en la reproducción de fragmentos emotivos captados en su libro, pero, en verdad, existe material abundante para el comentario halagador hacia este poeta palmero, don Pedro Martín Hernández y Castillo. Sea, pues, este escrito un humilde homenaje a aquel perseverante inculcador de cultura, y uno más de los valores de mi pueblo.

[*Opino}– Las estadounidenses (useñas) prefieren la ropa al sexo

08.02.07

Carlos M. Padrón

Sostengo que la mujer se arregla —se viste, maquilla, perfuma y, en general, usa el gancho del RPM (Ropa, Peluquería y Maquillaje)— para impresionar a otras mujeres, no a los hombres,… a menos que esté en «temporada de caza».

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La mayoría de las mujeres de Estados Unidos prefieren disponer de un armario atestado de ropa antes que mantener relaciones sexuales, según una encuesta realizada a mujeres de diez de las mayores ciudades del país.

De acuerdo con el estudio, realizado por la empresa Unilever, un 61% de las estadounidenses considera que le resultaría más traumático perder su prenda de ropa favorita que quedarse sin practicar sexo durante un mes.

El grado de abstinencia, además, va en aumento en relación con el objetivo del ropero, según el informe, pues la mayoría de las mujeres dejarían de mantener relaciones sexuales durante quince meses, si al finalizar ese periodo se encontraran con un armario repleto de ropa nueva. Incluso un 2% de las encuestadas asumiría sin problemas tres años de abstinencia si se encontraran con la misma recompensa.

Pero el sexo no es el único objetivo a desechar en esta batalla: en la lista de preferencias femeninas, las relaciones sentimentales, el amor y los hombres también aparecen por debajo de la ropa.

La media de encuestadas de entre 18 y 54 años han mantenido en el armario su prenda de ropa favorita durante doce años y medio, un año más de lo que ha durado su relación sentimental más larga. Y una amplia mayoría de las mujeres se muestran convencidas de que existe el amor a primera vista,… pero sólo en lo que a la ropa se refiere.

El ‘flechazo’ es auténtico para el 70% de las encuestadas cuando se enamoran de alguna falda, blusa o zapatos, mientras que esa cifra se rebaja al 54% en lo que se refiere a la detección a primera vista del hombre adecuado.

Entre el poder que para hacer sentir bien a las mujeres tienen el sexo opuesto y la ropa, tampoco hay lugar a dudas. Para un 48% del millar de encuestadas, un hombre no les puede transmitir tanta seguridad ni hacerles sentir tan ‘sexy’ como sus prendas de ropa favorita.

Fuente

[*IBM †}– Roberto Mispireta Silva

  • Fecha: 07-02-2007    
  • Lugar: Quebec, Canadá
  • Causa: Cáncer
  • Edad: ~58
  • Última posición en IBM: Representante de Ventas DP en Sucursal Industria
  • Nació en: Lima, Perú
  • Reposa en Canadá

Información adicional

Aporte de Jorge Castillo por vía de Pedro Mazzei.

Dice Jorge Castillo: «Desde hace unas semanas estaba tratando de confirmar el  fallecimiento de Roberto, excompañero de IBM y buen amigo, y hoy me lo confirmó su hija.

El 7 de Febrero del 2007 falleció en Canadá. Le habían diagnosticado cáncer al riñón.

En IBM de Venezuela trabajó primero en Valencia y luego en Caracas.

[*FP}– Neblina (1/7): Introducción y dos víctimas

Carlos M. Padrón

Conocí a Neblina cuando en 1974 IBM de Venezuela, en una operación de centralización de oficinas, mudó a su sede principal —el llamado Edificio IBM, ubicado en Chuao, Caracas— las que operaban en el Centro Capriles, ubicado en Plaza Venezuela, también en Caracas.

En el sótano 1 de ese Edf. IBM, sótano dedicado en su mayor parte a estacionamiento de vehículos, había sin embargo dos pequeñas oficinas, y en una de ellas operaba la filial de una agencia de viajes que se ocupaba de todo lo que en relación a esa actividad necesitáramos los empleados de IBM.

A cargo de tal filial estaba Neblina, a quien llamaré así no tanto por dejar en el anonimato su verdadero nombre o por no hacerle propaganda —pues entiendo que sigue aún en el negocio de los viajes— sino porque la neblina suele ocasionar que los viajeros equivoquen su dirección y no lleguen nunca a su destino. Y hacer que eso ocurriera una y otra vez era, precisamente, la especialidad de Neblina.

La gaveta inferior del ala derecha de su escritorio, una de considerable profundidad porque era la destinada a colocar carpetas colgantes, la tenía Neblina llena de pasaportes. Tal vez reposaban allí porque estaban vencidos y requerían renovación, tal vez porque lo que requerían era renovación de alguna visa, o tal vez porque su dueño había olvidado dónde lo había dejado —que seguramente había sido en manos de Neblina— y lo daba por perdido (Neblina, por supuesto, decía no saber de él), pero es el caso que allí estaban por docenas, amontonados sin orden ni concierto.

Un día salió a la luz que, muchas veces, ante el airado reclamo de alguna de sus víctimas que había descubierto, a veces demasiado tarde, que no tenía reservas de vuelo o de hotel, Neblina juraba y perjuraba que él había hecho todo muy bien, y cuando para querer demostrarlo tomaba el teléfono y formulaba a su vez un aún más airado reclamo a una línea aérea o gerencia de algún hotel,… le hablaba en realidad al vacío porque el teléfono ¡estaba desconectado!.

El por qué —a pesar de lo dicho, y más— mantenían a Neblina en IBM, una empresa que exigía la excelencia en el trabajo, es algo a lo que nunca encontré explicación, a menos que fuera porque Neblina llegaba a niveles de servilismo en todo lo relativo a la alta gerencia, y tal vez ésta gustaba de que le rindieran “culto a la personalidad” y se hacía de la vista gorda ante las barbaridades que Neblina cometía con el resto del personal, barbaridades con cuyo relato podría hacerse un libro de los voluminosos, pues, como escribió mi amigo Leonardo, “Quien habiendo trabajado en la IBM de aquellos tiempos no tenga comentarios sobre las hazañas de Neblina, es porque nunca tuvo que viajar”.

Como ejemplo, siguen cuatro historias “neblinescas”, contadas por sus víctimas. Era típico que, a título de justificación, cuando éstas le formularan los consiguientes reclamos, siempre remataba Neblina con respuestas como las descritas en cada historia, respuestas que acompañaba con su característico tic nervioso consistente en un ligero movimiento lateral y ascendente de su cabeza, como queriendo subirla estirando hacia arriba el cuello, acompañado del recurrir a las mangas de su camisa para, en forma alternativa, pellizcar una a la vez a la altura del codo y tirar de ella hacia arriba como si la manga fuera muy larga. Cabeza, manga izquierda, manga derecha; cabeza, manga izquierda, manga derecha,….

***

Un hotel fantasma
Víctima: Alberto L.

Con motivo de una reunión que teníamos en New York inmediatamente después de Semana Santa, programé con Neblina aprovechar de irme antes a Las Vegas. Según él, todo lo mío lo tenía ya confirmado: boletos aéreos, conexiones de vuelos, hoteles y carro de alquiler.

Todo empezó bien en Maiquetía, y siguió bien en Dallas donde hice la conexión a Las Vegas. Al llegar al aeropuerto de Las Vegas recogí las maletas y pregunté dónde quedaba el counter de atención del Hotel MGM donde, supuestamente y según Neblina, tenia mi habitación reservada con carro incluido. Cuál no fue mi sorpresa cuando me informaron de que ese hotel se había quemado hacía aproximadamente unos dos años. Y ahí empezó mi calvario ya que no tenía hotel y, para empeorar las cosas, como era temporada alta se haría muy difícil conseguirlo.

Después de estar como unas tres horas varado en el aeropuerto me consiguieron por fin cupo en un hotel.

Por supuesto, cuando le comenté a Neblina lo que me había pasado contestó, como siempre contestaba, con una respuesta muy propia de él: «Pero bueno, ¡llegaste y disfrutaste, ¿no?!».

***

AM vs PM
Víctima: Francisco L.

Yo tenía que ir a Italia a tomar un curso, y Neblina, como siempre, me preparó todo lo relacionado a pasajes, alojamiento, etc.

Cuando me entregó el billete del pasaje aéreo me leyó en voz alta el itinerario y luego me dijo:

—Como ves, llegarás a Madrid a las 8:55am y saldrás a las 10:55am, sólo dos horas, etc.

Y luego me preguntó:

—¿Todo bien?

—Perfecto—, le respondí,… sin haber leído antes el billete.

Llegué a Madrid justo como Neblina me había indicado y enseguida me fui a averiguar dónde estaba la puerta de abordaje del próximo vuelo, a fin de llegar a ella antes de las 10:55am. Pero cuando pregunté en información me dijeron que mi próximo vuelo saldría a las 10:55, tal y como me dijo Neblina, pero de la noche, o sea, a las 10:55pm (22:55).

Por mala suerte, yo no tenía visa para España, y el único restaurante que entonces había en el aeropuerto de Barajas estaba en remodelación, por tanto estuve sin comer hasta las 8:30pm, hora en que apareció una señora vendiendo bocadillos, de ésos que hacen con el pan durísimo y una laminita transparente de jamón.

De más está decir que me comí dos, uno tras otro, y sin ninguna bebida que me ayudara a tragarlos.