[*FP}– Impresiones de un viaje por España. Diez años después (1 y 2/3)

Carlos M. Padrón

Cap. 1 de 3 – Prólogo.

Cuando estuve viviendo en Madrid, desde 1993 a 1995, hice en mi carro (coche) dos viajes largos con los que completé lo que podría llamarse una vuelta a España, aunque hice también dos incursiones a Portugal y una a Francia. Luego, en carro, avión o tren, fui a visitar, ya con más calma, los lugares que durante la “circunvalación” llamaron más mi atención. Éstos estaban, aparte de en Madrid y sus cercanías (Toledo, Segovia, Cuenca, Aranjuez, etc.), en el noroeste de la península, o sea, en Galicia, Asturias y el País Vasco. Y ahí, a esos lugares, me propuse llevar a Chepina.

Así que, terminada la estada en Canarias —Chepina llegó a La Palma el viernes 18/08/2006, justo con tiempo para descansar e ir luego a la romería de la Bajada de La Virgen de El Pino—, volamos a Madrid el lunes 04/09. Estuvimos en Madrid y alrededores hasta el domingo 10/09. El lunes 11/09 salimos en carro hacia Galicia y Asturias, regresamos a Madrid en la noche del viernes 15 (unos 1.400 k de recorrido), sólo a dormir en un hotel del aeropuerto, para volar de regreso a Caracas el sábado 16/09.

NOTA IMPORTANTE: De este recorrido omitiré observaciones sobre lo que yo había visto antes, entre 1993 y 1995, y haré una especie de simple lista con sólo lo nuevo y lo que, en comparación con aquella época, me llamó la atención ahora.

Primero debo destacar lo,

COMÚN A TODOS LOS LUGARES

1. La precariedad del supuesto aire acondicionado. Y digo supuesto porque, para mí, es “acondisoplado”. En consecuencia, pasé mucho calor, en todos lados. De hecho, de las 48 noches que dormí al otro lado del charco sólo una pude arroparme en la cama; de resto, me echaba sin nada arriba —si era en El Paso abría todas las ventanas que pudieran ventilar mi dormitorio— y ni los somníferos lograban hacerme conciliar más de 2 ó 3 horas de sueño por noche.

Ese problema de aire “acondisoplado” es común en toda Europa, donde también pareciera que el hielo es artículo de lujo. Según mi experiencia, en confort hotelero no hay estilo mejor que el gringo.

2. La enorme cantidad de carros, y lo difícil de encontrar donde estacionar. Un triste ejemplo: la ciudad de Los Llanos de Aridane, en La Palma (Canarias), ciudad vecina a El Paso, es la que en España tiene mayor promedio de carros por familia. En consecuencia, a Los Llanos íbamos en guagua (autobús) o en el carro de un amigo si éste “nos daba la cola”.

3. El alto costo de prácticamente todo, salvo —que yo pudiera comprobar— una excepción: el modesto restaurante de Madrid en el quem cuando yo vivía allá, solía comer los sábados porque servía comida casera, era familiar, bastante rústico y estaba cerca de mi casa. Me cobraba 1.000 pesetas (6 euros) por primer plato, segundo, postre, una botella de vino, café y orujo; ese mismo menú cuesta hoy en ese restaurante 8,50 euros, un aumento razonable.

4. El poco cumplimiento que se le da a la ley que prohíbe fumar en lugares públicos. En algunos restaurantes o cafés en que estuvimos había avisos que decían “Aquí se permite fumar”. Y en muchos otros, simplemente se fumaba como si nada.

5. Lo severo de la nueva reglamentación de tránsito en cuanto a límite de velocidad y consumo de alcohol,… y el no mucho caso que se le hace. Aunque el límite de velocidad en las autopistas (autovías) es de 120 k/hora, yo iba a 110 y sólo subía a 120 para adelantar a otro vehículo, pero los carros me adelantaban como alma que lleva el Diablo.

En cuanto al alcohol, si varios amigos salen juntos y saben que van a beber, suelen echarlo a suerte y el que resulte “afortunado” es el conductor designado, y éste ya sabe que sólo podrá beber o un vaso de vino o una cerveza. Si bebe más y tienen la mala suerte de que los pare la Policía, le aplicarán el alcoholímetro, y el conductor recibirá la consiguiente penalización de descuento de puntos de los 12 que tiene el permiso de conducir. Si se incurre en exceso de velocidad por encima del 30% de la máxima permitida (120 k/hora), no serán sólo los puntos sino también detención por delito.

Una alternativa para evitar el alcoholímetro es usar caminos vecinales, cuando los hay, en vez de vías principales, pues es en éstas donde la Policía monta puntos de control.

6. El espacio que en los estacionamientos de los hoteles, y en algunos públicos, destinan a los carros, sigue siendo tan reducido como hace 10 años. Ya en esa época fue algo que me llamó tanto la atención que una vez tomé las medidas de uno de esos puestos de estacionamiento considerados en España como normales para un carro, y al compararlo con los que tenía el hotel Tarrytown Marriott (en Westchester County, New York) —que no es de 5 estrellas ni mucho menos—, resultó que era del mismo tamaño que los puestos que ese hotel destinaba a estacionar las motos.

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Cap. 2 de 3 – Madrid, Toledo y Segovia.

LA LISTA

La estada en la península fue muy productiva gracias a Manuel Fernández, agente de viajes profesional, a quien conocí en IBM-Madrid, cuando yo trabajaba allá, porque él era una de las personas que, trabajando para Wagon Lit, atendía desde dentro de nuestras oficinas los asuntos de viajes del personal de IBM. De hecho, se encargó de todos los viajes de negocios y, personales que hice mientras estuve viviendo en Madrid.

Esta vez, y aunque ni él ni yo estamos ya en IBM, Manuel nos preparó, de forma espontánea, profesional y desinteresada —y comenzando desde que aún estábamos en Canarias—, un plan que incluía renta de carro, reserva de hoteles, sugerencias de lugares a visitar, vías a usar, indicación de distancias, etc. En fin, todo —repito: TODO— lo que debe considerarse para un viaje por carretera, ordenado cronológicamente, impreso a color y debidamente encuadernado. De no haber sido por esta enorme ayuda, no le habríamos sacado a este viaje ni un tercio de lo que de él obtuvimos. Desde esta página, y una vez más, ¡mil gracias, Manuel!.

Por ejemplo, la noche del martes 05/09, Manuel nos recogió en su carro en el hotel a eso de las 8:30 de la tarde y nos dejó a las 3 de la madrugada, y en esas seis horas y media de recorrido por la capital, con cena y luego copas en lo alto de un hotel del Centro, aprendí más de Madrid que en los dos años y medio que estuve viviendo allí.

Manuel nos decía, y con justa razón, que “en Madrid están buscando un tesoro, desde hace meses, y aún no lo han encontrado”, pues la ciudad está patas arriba por obras en todas partes. Algunas son la apertura de túneles que conectan el Centro con la M-30, la vía de circunvalación más próxima a éste, y que sólo permiten salir de la ciudad, no entrar a ella. Los que ya están en uso han aliviado bastante la enrome congestión vehicular que me pareció uno de los problemas que ahora encontré allá en todas partes: la cantidad de carros. Como ya dije, hay tantos que hallar un lugar para estacionar es una tarea que puede resultar un calvario.

Santa Cruz de Tenerife, La Laguna y La Cuesta —ésta está entre las otras dos ciudades— ya unidas las tres y formando físicamente una sola ciudad, están también patas arriba por la construcción de un tranvía, estacionamientos subterráneos, etc. La cantidad de gente y de carros, los embotellamientos y el calor me hicieron sentir como encasillado y eché mucho de menos lo que estos lugares eran hasta comienzos de los años 60.

* En los vuelos internos, Iberia no sirve nada gratis. Si uno quiere comida o bebida debe comprarla, y no precisamente a precios de ‘duty-free’.

* La famosa nueva Terminal T-4 de Barajas me pareció muy incómoda. Tan grande que hay que caminar mucho, a pesar del tren, los ascensores y las bandas mecánicas; y tan complicada que uno se encuentra con gente perdida, desorientada por la difícil señalización, o protestando o llorando porque ha perdido vuelos.

* El Metro se ha expandido con nuevas rutas, y presta un servicio excelente a un precio que es, si mal no recuerdo, el único bajo que allá encontré.

* Al lado del edificio donde yo vivía, calle de por medio, había un solar. Hoy está ahí el hotel Puerta de América,

un hotel de lujo para cuya decoración interior escogieron un arquitecto diferente por piso, o sea, cada uno de los pisos de ese hotel fue decorado por un arquitecto diferente y, si entendí bien, todos eran de renombre y de países diferentes.

* A pesar de que la casi totalidad de los dos años y medio que estuve viviendo en Madrid la pasé sin pareja, me era difícil ver en la calle, en la oficina, etc., una mujer cuyo físico me resultara atractivo. Ahora, 10 años después, las encontré por docenas: en la calle, en el Metro, en los bares, en los restaurantes, en los centros comerciales, de día o de noche; era impresionante la cantidad de cuerpos bien estilizados, el donaire al caminar, la desenvoltura, etc. No sé qué habrá pasado, pero me atrevo a aventurar la hipótesis de que lo mucho que en Madrid se camina es parte de la explicación. A diferencia de Caracas, Madrid es una ciudad que invita a caminar, y la gente camina. Y hasta si se viaja en Metro, para cambiar de ruta dentro de algunas estaciones hay a veces que caminar bastante y subir y bajar muchas escaleras, pues no todas son mecánicas.

Esto me hizo recordar un artículo, que una vez me mandaron como adjunto a un e-mail, que decía que “Canarias es la primera comunidad autónoma en cuanto a obesidad infantil, y la segunda en obesidad de adultos”.
http://www.gordos.com/defaultSecciones.aspx?ID=111

Y comparando las féminas que en abundancia había visto yo en Canarias con las que en más abundancia veía ahora en Madrid, entendí el por qué de ese artículo, al que le faltó mencionar que los cirujanos plásticos que han hecho su agosto en Venezuela aumentando con bolsas de silicona el volumen del busto de las damas no tendrían mucho futuro en Canarias.

* El viaje a Toledo, que tantas veces hice en mi carro, lo hicimos ahora en un tren AVE, desde Atocha. Apenas media hora para la ida y media para la vuelta, sin escalas. Creo que vale la pena hacerlo así, pues tampoco es fácil estacionar en Toledo.

De esta vez ya me quedó claro que las pinturas de El Greco me deprimen, y que, tal vez porque soy muy pragmático y dado a lo funcional, los trabajos como el de esta puerta, de la catedral de Astorga,

me dan grima, me ponen piel de gallina. Cuando los veo me pregunto “¿Para qué?”, pregunta que no me hago ante, por ejemplo, el acueducto de Segovia.

Lo mío no es turismo ‘indoor’ (de puertas adentro, bajo techo), prefiero las facetas sociales, mezclarme con la gente, ver cómo se comportan, qué les importa, cuáles son sus valores, cómo van por la vida, cómo la afrontan, etc., y por eso lo paso mejor —por dar un ejemplo extremo— en el mercado indígena de Otavalo, en el altiplano ecuatoriano, que en el museo de El Prado.

* El viaje a Segovia también fue en tren, pero no en un AVE sino en uno convencional que se tomó dos horas para la ida y dos para la vuelta, parando como el lechero. Siendo el Acueducto de Segovia uno de los monumentos que más admiro —esta vez pude subir al lugar desde donde mejor lo he fotografiado—,

no me quejo de esas cuatro horas,… ni del cochinillo del almuerzo, pero sí del calor que hacía.

En la estación para tomar el tren de regreso a Madrid el termómetro marcaba 37°C. Como en el andén hacía más calor que dentro del edificio de la Terminal, nos quedamos en éste hasta que permitieron que entráramos a los vagones, lo cual hicimos de inmediato porque dentro había aire acondicionado.

Pues bien, estando por fin así a una temperatura decente, segundos antes de que el tren saliera entraron corriendo en el vagón cuatro muchachas. La que entró primero se frenó en seco cuando ya estaba adentro, exclamó “¡Aquí no, que éste tiene aire acondicionado!”, y eso bastó y sobró para que todas dieran media vuelta y se fueran a un vagón que no lo tuviera. Increíble pero cierto.

6 comentarios sobre “[*FP}– Impresiones de un viaje por España. Diez años después (1 y 2/3)

  1. CARLOS, MENOS MAL QUE EL VIAJE NO TELO ORGANIZO “URBINA”, POR QUE SI NO ESTARIAS TODAVIA DANDO VUELTAS EN UN AEROPUERTO.

    SALUDOS,

  2. Después de que me mandó sin visa a Australia y la broma le costó sobre 5 mil dólares, no quiso saber más de mí. ¡Qué pena!

  3. En septiembre del 2002 alquilé un carro en Oviedo y desde allí fui a Santiago, Vigo, Lisboa y Mérida, donde vi el cielo abierto cuando lo dejé en el arrendador y regresé en tren a Madrid. Juré que nunca más volvería a alquilar un carro. Entre los grandes inconvenientes resalta el que tu mencionas de los minúsculos espacios de aparcamiento que obligan a convertirse en experto espacial para meter un vehículo en un espacio igual a la mitad de la superficie inferior del carro. Desde entonces decidí regresar al uso de los abundantes y buenos medios de transporte público existentes.

  4. Menos mal, Adolfo, que has experimentado en carne propia lo del problema de los estacionamientos y sabes, por tanto, a qué me refería.

    No sé si te fijaste que los rayones que más abundan en los carros son los de las esquinas o extremos de sus parachoques. ¿Por qué será?

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