[*FP}– Impresiones de un viaje por España. Diez años después (3/3)

Cap. 3 de 3 – Galicia y Asturias.

SIGUE LA LISTA,…

… y repito la,

NOTA IMPORTANTE: De este recorrido omitiré observaciones sobre lo que yo había visto antes, entre 1993 y 1995, y haré una especie de simple lista con sólo lo nuevo y lo que, en comparación con aquella época, me llamó la atención ahora.

Lunes 11/09.

* El carro de alquiler era un Ford Focus a diesel; para mí, el primero a diesel que manejo. En realidad, no noté diferencia alguna con uno de gasolina. Tenía aire acondicionado que, por supuesto, estuvo en actividad durante todo el viaje.

Sin embargo, este carro costaba, con sólo seguro básico, 53€ por día (y era el menos costoso). El que alquilé en El Paso, un Seat Toledo, también con aire acondicionado, costaba 20€ con seguro a todo riesgo. Así son las diferencias en precios.

* La autopista de Madrid a Galicia la había transitado yo un par de veces, pero terminaba en Benavente, y desde ahí a La Coruña, Lugo, etc., había que ir por carretera. Hoy esta autopista está terminada y, por tanto, el tramo a partir de Benavente y hasta Lugo, nuestro destino final del primer día de viaje —previa escala en Astorga para almorzar y ver la ciudad, en particular la catedral—, era nuevo para mí.

A poco de andar por él entendí por qué tardaron en hacerlo, pues tiene tantos viaductos que, después de pasar muchos, decidí comenzar a contar los próximos, y cuando iba por doce paré la cuenta, pero siguieron más y más viaductos. Algo impresionante.

Martes 12/09.

* Salido a las 8:30 de la mañana del hotel en Lugo hacia Ribadeo. Me gustó el lugar; fue una buena recomendación.

Además encontré algunos rincones casi medievales, como éste,

En la autopista entre Ribadeo y Luarca, paramos en la llamada Playa de las Catedrales, un lugar que vale la pena ver. Manuel nos había dicho que si al llegar encontrábamos que la marea estaba baja, que no dejáramos de bajar a la playa y entrar en las cuevas, y tuvimos la suerte de que sí, la marea estaba baja.

Mirando desde arriba, desde donde uno llega con el carro, el espectáculo de la playa es majestuoso,

Una vista desde abajo, con las escaleras que unen la playa con el lugar donde puede dejarse el carro.

En las grandes rocas que sobresalen de la arena puede apreciarse la línea que indica hasta dónde llega la marea cuando sube, inundándolo todo.

Alguien pensó que sería fácil caminar con tacones por esa playa, y la realidad le indicó que mejor era llevarlos en la mano.

* Siguiendo por esa misma autopista, y ya totalmente dentro de Asturias, al doblar una curva nos encontramos con uno de los rincones más bellos y contrastantes que he visto. Lástima que el encuentro fue sorpresivo y que no pudimos detenernos a tomar fotos y disfrutar del paisaje, que consistía en que, justo al doblar esa curva, comenzaba el Viaducto del Nalón —de 1.100 metros de largo, el más largo de Asturias—, en forma de ‘S’ y con dos arcos, como jorobas de camello, en todo el centro; una impresionante obra de moderna tecnología. Y a la izquierda, empotrado en un rincón de la cuencua del barranco (suponco que cauce de río) que ese viaducto salvaba, estaba la ciudad de Navia, con siglos sobre algunas de sus construcciones. Es un lugar al que con gusto volvería siempre que pudiera llegar a los puntos desde donde disfrutar de la vista descrita.

* Luarca es un pueblo costero muy pintoresco y construido en dos niveles: el bajo, junto a la ribera; y el alto —llamado La Villa—, que está bastante más elevado con respecto al primero, en una especie de meseta. Ahí estaba el hotel en el que pasamos esa noche.

Desde él bajamos por escaleras un tanto sinuosas hasta al nivel de la ribera, donde almorzamos y entre los dos dimos cuenta de una botella de vino,

lo cual nos trajo ciertos problemas al regresar al hotel por las mismas escaleras de la bajada, en las que conté 205 escalones más un par de rampas que traducidas a escalones serían unos 100 más. Cuando por fin llegamos al hotel, ya habíamos sudado los vapores del vino.

Durante el almuerzo nos tocó en suerte un grupo de jubilados, hombres y mujeres, en la mesa vecina. Durante el tiempo que estuvieron allí no pararon de chismografiar acerca de no sé cuántas personas, conocidas de todos, y era inevitable que escucháramos lo que decían. Dos de sus chismes me hicieron reír con ganas.

En el primero, uno de los hombres preguntó si se acordaban de fulanita, la que había vivido X años como pareja de menganito. Sí, todos la recordaban. “Pues bien —dijo el hombre—, después de tantos años viviendo juntos, estaban listos para casarse la semana pasada, pero él canceló todo. ¿Y sabéis por qué? Porque ella le pegó a su abuela”. Asumo que la víctima fue la abuela de ella no la de él.

Luego, una de las mujeres preguntó si sabían de la vida de perencejo. Un hombre contestó que sí, a lo que ella preguntó de nuevo si sabía si aún perencejo tenía muchas vacas. Cuando el hombre contestó también que sí, que perencejo tenía aún muchas vacas, la mujer replicó, muy seria: “Claro, como las vacas no se jubilan…”.

Miércoles 13/09.

* A las 9:30 de la mañana de nuevo en la vía. Paso por Avilés y Tazones, donde di con un rincón muy folclórico y muy de pueblo.

* Aunque el plan inicial preveía que la noche del 13 durmiéramos en Oviedo, como Chepina dio con la dirección de una muchacha conocida suya que, según le dijeron, vivía en “Torre, 30 – Ribadesella”, y esa ciudad estaba en nuestra ruta, cancelamos la reserva de hotel en Oviedo, y decidimos dormir en Ribadesella, buscando hotel al llegar al lugar.

Ribadesella sigue tan bella como yo la recordaba, aunque los restaurantes al borde del río ya no son tan rústicos como eran, ni tan baratos tampoco.

Quise comer, como comí hace 12 años, fabes con almejas, pero resultó que tal plato no aparecía en las cartas de los restaurantes donde sí estaba entonces, como si fuera el plato típico del lugar. Optamos por comer otra cosa, pero al preguntarle a la camarera que nos atendió —una dominicana—, qué había pasado con las fabes con almejas, nos dijo que tal vez podríamos conseguirlas en un restaurante cerca de un cierto mercadillo cuya ubicación nos dio.

Después del almuerzo fuimos hasta el lugar indicado y sí, el plato aparecía anunciado en una pizarra puesta afuera, cerca de la puerta, así que, después de hacernos el propósito de ir a ese restaurante a cenar fabes con almejas, preguntamos dónde estaba la calle Torre. Para nuestra sorpresa nos dijeron que Torre no era una calle sino un pueblo a 7 kilómetros de Ribadesella, así que para allá nos fuimos, pero en esa “gran metrópolis” donde hay tantas casas que se las identifica con un número sin necesidad de mencionar calles, nadie sabía dónde estaba el número 30. Terco como soy cuando decido encontrar algo (por eso encontré a Carmensa después de 26 años de búsqueda), di vueltas, me metí por senderos por donde apenas pasaba el carro,… y al fin dimos con la bendita dirección.

La muchacha que allí habitaba, madre de un niño de apenas meses, se extrañó de que los lugareños a quienes preguntamos no nos hubieran dicho enseguida dónde vivía ella, pues — nos dijo— la gente del pueblo estaba muy contenta porque hacía muchos años que allí no nacía un niño. Una muestra del triste futuro que espera a pueblos como éste y otros mayores cuyos jóvenes se van a las ciudades en busca de mejores oportunidades, y el pueblo se vuelve un geriátrico que se extingue de a poco hasta pasar —ojalá que no— a la categoría de pueblo fantasma.

Al borde de Torre conseguimos hotel, y después de descansar bajamos de nuevo a Ribadesella a cenar, y tuvimos que mojarnos —en sentido literal, no en el figurado que en España se le da a “mojarse”— para comer las fabes con almejas, pues llovía y no nos quedó otra opción que caminar bajo el agua desde el lugar donde estacionamos el carro hasta el restaurante que servía las fabes con almejas,… y que no fue el que vimos durante el día —ése sólo las servía en el almuerzo— sino uno que estaba al lado.

Jueves, 14/09.

* Salida del hotel a las 9:30 de la mañana rumbo a Llanes, donde desayunamos y nos fuimos casi a la carrera porque —y no tengo explicaciones al respecto— ese pueblo me dio malas vibraciones.

* No así San Vicente de la Barquera, que nos gustó mucho y pasamos en él un buen rato antes de seguir, por la carretera de la costa, a Santillana del Mar, que tampoco me hizo mucha gracia.

* Luego, hacia atrás por la autopista buscando el entronque, a la altura de San Vicente de la Barquera, con la carretera que lleva a Picos de Europa, por la que nos metimos, entre desfiladeros, pasando por Panes y Potes y hasta llegar a Cosgaya, nuestro destino de ese día, concretamente al Hotel del Oso,

en el que yo había estado el 10/11/1995 (habitación 210; esta vez fue la 217), cuando en Cosgaya apenas si había ese hotel y algunas casas viejas. Ahora el hotel construyó un edificio adicional, y en lugar de casas viejas hay más albergues y restaurantes.

En uno de ésos, y a falta de opciones, esperamos casi una hora —algo que odio hacer y que nunca antes hice— para que nos dieran una mesa, pero al final valió la pena porque la pierna de cordero que allí comimos la recuerda Chepina como lo mejor comida de todo el viaje.

Viernes 15/09.

* A las 8:45 de la mañana iniciamos el regreso a Madrid, vía Cervera de Pisuerga, tratando de encontrar un sitio donde tomar al menos un café —pues la cafetería del hotel no abriría “hasta después de las 9” (¿?)—, pero misión imposible: era muy temprano para abrir los cafés y, además, en la vía no había muchos pueblos que tuvieran pinta de contar con alguno “potable”.

Por fin, después de haber tomado la autopista a la altura de Aguilar y circulado bastante por ella, pasadas las 11 de la mañana dimos con un pequeño pueblo que, muy cerca de la autopista, tenía un bar llamado El Paso (¿cómo no iba yo a entrar ahí?). Mientras nos servía café y cachitos, la dueña del bar nos contó que en pocos días se iría de allí porque ese pueblo no tenía vida; que se iría a Burgos. “Otro candidato a pueblo fantasma”, nos dijimos.

* Al retomar de nuevo la autopista nos encontramos con que un par de policías habían detenido a 5 carros y estaban multándolos por exceso de velocidad. Dedujimos que como aquel pueblecito apenas si tenía presencia, los conductores no respetaron la reducción a 50 K/hora, oportuna y progresivamente anunciada y obligatoria en zona urbana, y el radar de la policía los cazó in fraganti.

* En Burgos —donde entramos para que Chepina viera, principalmente, la catedral— nos tomó más de media hora conseguir donde estacionar, y luego tuvimos que caminar unos 20 minutos hasta la catedral,… al lado de la que llegué yo con mi carro en 1995 y estacioné sin problema alguno.

Después de churros y chocolate, pues ya la temperatura había bajado por esos lares, de nuevo a la autopista.

* Próxima estación, Hotel NH-Barajas, el único en el que encontré un aire acondicionado decente que me permitió dormir debidamente arropado por sábana, manta, etc. Hasta llegar a este hotel, y desde la salida en la mañana del 11/09, recorrimos en carro 1.613 kilómetros.

Sábado 16/09.

* Vuelo de regreso a Caracas.

Al menos yo, que andaba a trote forzado desde el 29/07, llegué agotado, y notando muy bien la diferencia entre cansado y agotado: del cansancio puede uno recuperarse luego de una buena noche de sueño, pero recuperarse del agotamiento es un proceso que requiere semanas. Yo continúo en él.

2 comentarios sobre “[*FP}– Impresiones de un viaje por España. Diez años después (3/3)

  1. Ha sido un placer leer tus impresiones
    sobre el viaje realizado por España, e
    igualmente ha sido un placer colaborar contigo en el desarrollo del mismo, en
    la parte en que me ha sido posible.
    Cuenta conmigo para organizar el de la
    siguiente vez que vengas a España y

    espero que tardes menos de 10 años
    en volver, aunque si vienes antes, igual
    no están terminadas las obras de Madrid.
    Un saludo
    Manuel J. Fernández

  2. Ojalá pudiera volver antes de 10 años, pero espero que sí haya otro, en cuyo caso seguro que te avisaría.

    Otra vez, muchas gracias, Manuel.

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