[LE}– ‘Eutanasiar’ no es lo mismo que ‘sacrificar’

09/10/2014

Eutanasiar, verbo bien formado a partir de eutanasia, y sacrificar, tienen significados distintos.

La eutanasia es, según el Diccionario del Estudiante de la Real Academia Española, el ‘hecho de acelerar o provocar la muerte de un enfermo incurable para evitarle sufrimiento, ya aplicando medios adecuados, ya renunciando a aplicar los que prolongarían su vida’ y el verbo eutanasiar, derivado de este sustantivo, puede definirse como ‘practicar una eutanasia’.

Sin embargo, en las noticias relacionadas con el reciente contagio de ébola de una auxiliar de enfermería en España, pueden encontrarse frases como

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de eutanasiar a Excalibur, la mascota de la técnica infectada por ébola en Madrid» o
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para la eutanasia de Excalibur».

Dado que no ha quedado acreditado que la mascota de la paciente tuviera una enfermedad incurable, y puesto que el animal tampoco estaba padeciendo sufrimiento alguno, quizá lo más adecuado en este caso habría sido emplear el verbo sacrificar, que los diccionarios de uso definen como ‘matar a un animal’, ya sea para detener una enfermedad que se quiere erradicar o para su consumo.

En el ámbito veterinario, eutanasia y eutanasiar se usan con frecuencia; sin embargo, en estos ejemplos concretos parece que hubiera sido más adecuado optar por

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de sacrificar a Excalibur, la mascota de la técnica de enfermería infectada por ébola en Madrid» y
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para el sacrificio de Excalibur».

Fuente

[Hum}– El visitante

Un perro un tanto viejo entró en el patio de una casa.

Por el collar que traía y por lo bien alimentado, Peter, el dueño de la casa, dedujo que tenía dueño, pero un dueño que no lo estaba cuidando bien.

Con toda tranquilidad, el perro se le acercó a Peter, que lo palmeó un par de veces en la cabeza, y el perro lo siguió al interior de la casa, se echó sobre una alfombra que había en una esquina y se quedó dormido.

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Después de una hora, se acercó a la puerta y Peter lo dejó salir.

Al día siguiente el perro volvió, saludó a Peter en el patio de la casa, entró, se echó en el mismo lugar, y durmió por casi una hora, repitiendo lo del día anterior.

Y así siguió por varias semanas.

Intrigado, Peter escribió una nota y la colgó del collar del perro. La nota decía así:

«Al dueño de este lindo y cariñoso perro quisiera preguntarle si sabe que cada tarde su perro viene a mi casa a dormir una siesta».

Cuando al día siguiente llegó de nuevo el perro a dormir su siesta, traía colgada del collar una nota diferente a la puesta por Peter, una nota que decía:

«Este perro vive en una casa con 6 niños, 2 de menos de 3 años. El pobre animal está tratando de poder dormir. ¿Puedo ir con él mañana?».