[LE}– La metáfora es la reina de la fiesta

2013-01-04

Amando de Miguel

«Metáfora» podría ser el nombre de una empresa de mudanzas o de logística. Consiste en trasladar el significado de las palabras a otras imágenes con ellas relacionadas.

Es un recurso que se emplea más bien en la lengua culta, y no digamos en la poética, pero también se encuentra en el lenguaje coloquial.

Recordemos la cantidad de frases ingeniosas que siguen el formato de «más… que». Esa comparación dislocada es una metáfora; produce siempre agrado por ser producto del ingenio. En la prosa cotidiana echamos mano de metáforas ya consagradas, repetitivas, lo que puede llegar a producir cierto cansancio.

Las comparaciones funcionan a veces como frases hechas, que se repiten, pero que son agradables de oír por el ingenio que rezuman. Ejemplos:

  • Es más falso que un Judas de plástico
  • Bebe más que los peces del villancico
  • Es más parao que el caballo de un retratista
  • Estás más liado que la pata de un romano
  • Gastas menos que Tarzán en corbatas
  • Es más hortera que bailar la música del telediario
  • Estás más perdido que el carro de Manolo Escobar.

La lista la extraigo de una monografía del lingüista Juan de Dios Luque, catedrático de Málaga. Debe reconocerse que las comparaciones del lenguaje coloquial de los andaluces suelen ser especialmente dislocadas. Son una mezcla de barroquismo y de una cierta estética surrealista.

Una fuente muy solicitada de metáforas es el mundo arquitectónico, tenido por muy técnico, lo que da un gran prestigio a la comparación. Ésta es una lista de palabras típicas de los arquitectos, palabras que sirven muy bien para espolvorearlas en las frases coloquiales: pilares, estructura, cúpula, granito de arena, construir, base, diseño. Sirven muy bien para los discursos políticos.

Otro hontanar de expresiones resonantes es el que se relaciona con la anatomía del cuerpo humano. Sirve para conferir un gran dramatismo a la conversación. Veamos:

  • A flor de piel
  • Respirar por la herida
  • Tener el corazón en un puño
  • Hacer de tripas corazón
  • Comer el coco
  • Arder a uno la cabeza
  • Con el corazón en la boca
  • Encogerse a uno el corazón
  • Sin pelos en la lengua
  • Ser un hombre de pelo en pecho
  • Ponérselos (los dídimos) de corbata
  • Caerse a uno el alma a los pies
  • Tener uno un morro que se lo pisa
  • Sacar pecho
  • No dar su brazo a torcer
  • Abrírsele a uno la cabeza (de dolor o preocupaciones).

Hay más fuentes de metáforas consagradas. Se trata casi siempre de buscar imágenes que acarreen un cierto prestigio por ser técnicas o por ser exageradas.

El repertorio náutico sirve muy bien para ese propósito. Aquí la lista resultaría interminable. Valga una muestra:

  • Línea de flotación
  • Carga de profundidad
  • Contra viento y marea
  • Deriva
  • Calado
  • Golpe de timón
  • Aviso a los navegantes
  • Navegar por la internet
  • Tirar por la borda
  • Llegar a buen puerto.

El prestigio del mundo náutico se manifiesta en algunos indicadores: la elegancia de los cruceros de placer (aunque sean en un paquebote multitudinario), el traje de marinero de la primera comunión, la chaqueta de sport con botones de ancla, el estatus de tener un barco.

En esos casos la metáfora se convierte en realidad, en ostentación.

Fuente: Libertad Digital

[LE}– Médula ósea vs. médula espinal

26-12-12

A. de Miguel

Son varios los libertarios que me critican el uso de la expresión médula ósea para referirme a la dolencia de los enfermos parapléjicos. Debía haber dicho médula espinal.

Lamento el error. La verdad es que son términos para mí un tanto arcanos. Oficialmente son enfermos por alguna lesión medular, generalmente debida a un accidente.

Fuente: Libertad Digital

[Cur}– Curiosidades del idioma español

  • El vocablo reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa.
  • En el término centrifugados todas las letras son diferentes y ninguna se repite.
  • En aristocráticos, cada letra aparece dos veces.
  • En la palabra barrabrava, una letra aparece una sola vez, otra aparece dos veces, otra tres veces, y la cuarta cuatro veces.
  • El vocablo cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número.
  • El término corrección tiene dos letras dobles.
  • Las palabras ecuatorianos y aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden.
  • Con 23 letras, se ha establecido que la palabra electroencefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua.
  • El término estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético: stuv.
  • Con nueve letras, menstrual es el vocablo más largo con sólo dos sílabas.
  • Mil es el único número que no tiene ni o ni e.
  • La palabra pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento, y el punto sobre la i.
  • La palabra euforia tiene las cinco vocales y sólo dos consonantes.
  • La palabra argentino, sólo puede ser transformada en otra palabra que tenga significado: ignorante. Por suerte, el calificativo no es aplicable a la totalidad de los nativos de ese país.
  • La palabra oía tiene tres sílabas en tres letras.
  • El término arte es masculino en singular y femenino en plural.

Cortesía de Manuel Alberto Gutiérrez

[LE}– ‘Cesar en sus ataques’, no ‘cesar sus ataques’

02/01/2013

Cesar, con el significado de ‘dejar de hacer algo’, va seguido de las preposiciones ‘en‘ (cesó en sus ataques) o de + infinitivo (cesó de atacar).

Sin embargo, en los medios de comunicación es muy frecuente encontrar oraciones como

  • «Aceptaremos la tregua después de que Israel cese sus agresiones» o
  • «La siderúrgica Corrugados cesa su actividad»,

en las que lo apropiado habría sido

  • «Aceptaremos la tregua después de que Israel cese en sus agresiones» y
  • «La siderúrgica Corrugados cesa en su actividad».

Tal como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas, este verbo significa igualmente ‘terminarse o dejar de producirse’, de forma que también se considera adecuado escribir

  • «Cesan las agresiones de Israel» o
  • «Cesa la actividad de la siderúrgica Corrugados».

Fuente: Fundéu

[LE}– Epítome

15-12-12

A. de Miguel

Gabriel Ter-Sakarian señala que algunas personas se quedan muy satisfechas cuando dejan caer la palabra epítome como si fuera algo así como paradigma.

Quizá ignoran que se trata sólo de un añadido a un texto.

Añado que el epítome es más bien un texto resumido; es lo que ahora se llama «resumen ejecutivo». Se dice así porque los ejecutivos o directivos de empresas no leen textos de más de un par de páginas.

Fuente: Libertad Digital

[LE}– ‘Vir bonus dicendi peritus’, ¡si Catón levantara cabeza!

2012-12-22

A. de Miguel

Me permito el titular con un famoso latinajo, por ser una maravilla de concisión. Es así como define Catón el Viejo la figura del hombre público: «Un hombre honrado diestro en el arte de hablar en público».

El hombre público de su tiempo era sobre todo el orador del foro; hoy lo sería el político o el sindicalista delante de una cámara de televisión o un micrófono. Si Catón levantara la cabeza se quedaría patidifuso.

Los ratios

El otro día, en una tertulia política de la televisión, un representante del Partido Socialista, encargado de los asuntos culturales, repitió con insistencia lo de «los ratios». Lo siento, compañero. Debe decirse «las ratios», y, mejor todavía, «las proporciones, los índices, las razones, los cocientes».

Los currículums

En otra tertulia un alto cargo del Ministerio de Educación repitió también lo de «los currículums». Con lo fácil que hubiera sido decir «los currículos» o «los currículum».

No sé cómo vamos a adiestrar a los mozalbetes si las autoridades educativas hablan tan mal.

Presuntamente inocente

Más grave fue la afirmación del oscense Josep Antoni Duran i Lleida (de soltero, José Antonio Durán y Lérida) cuando se refirió al diputado Santiago Cervera como «presuntamente inocente».

Esa calificación la he oído más veces en algunas tertulias; no es lógica. A ver si nos aclaramos.

La inocencia no se puede presumir porque no se puede probar. En los litigios penales, el encausado es declarado culpable o no culpable. Si se dice «inocente» se está falseando la lógica. Antes de la sentencia, los jueces, fiscales y abogados presumen que el acusado no es culpable.

Sólo así puede haber un juicio justo. Lo malo es que en la práctica a ese ejercicio se le llama «presunción de inocencia»; mal dicho. Por otro lado, esa presunción debe obligar sólo a los jueces, fiscales y abogados que intervienen en el proceso judicial. Los demás podemos opinar lo que nos dé la gana.

Finalidad que no tiene una finalidad

Tampoco es que los jueces sean claros en sus declaraciones. Hace poco, Joaquín Bosch, de la asociación Jueces para la Democracia, espetó ante el micrófono de la tele: «La finalidad de las reformas no tiene una finalidad…». En ese momento zapeé de canal.

Muy exhaustivo

Ya no me acuerdo quién dijo el otro día en la radio (era una autoridad) que no sé qué informe era «muy exhaustivo». Supongo que cabe la posibilidad de que hubiera sido poco exhaustivo o incluso nada exhaustivo.

Parámetros

Lo que me pone realmente enfermo es lo de los «parámetros».

Se trata de una figura matemática muy precisa, normalmente una constante que puede recibir distintos valores. Pero en boca de nuestros hombres públicos (y mujeres públicas, claro) puede equivaler a un abanico de significados: circunstancias, consideraciones, datos, mediciones, factores, etc.

Lo que pasa es que queda uno bien ante ese palabro. Es un ejemplo de lo que el otro día llamábamos aquí hipersemia o semiorrea. Es decir, significa tantas cosas distintas que acaba por no querer decir nada.

Cabrear

Hay un verbo coloquial muy expresivo que es cabrear, algo así como enfadar o poner de mal humor en grado superlativo. Lo curioso es que algunos remilgados añaden «perdón por el término».

No sé por qué hay que pedir perdón, pues no es una palabra malsonante; no se vincula a ninguna raíz de tipo sexual o escatológico. Aún así, si a usted le sigue sonando mal, diga «encocorar», que resulta más fino. Equivale al gesto de levantar el dedo meñique cuando se lleva uno a la boca una taza de café.

Varios

De la tradición romana nos queda la costumbre de introducir en el lenguaje de los hombres públicos multitud de términos jurídicos. Vayan éstos por delante para hacer boca: «Habida cuenta«, «de obligado cumplimiento«, «sin que sirva de precedente«, «considerando«. Puede que también sea una muletilla del foro esa de «dicho lo cual«, que con tanto cariño han acogido los tertulianos.

Fuente: Libertad Digital

Fuente: Libertad Digital

[LE}– Melifluos eufemismos

18-12-12

Amando de Miguel

El eufemismo, en principio, es una buena cosa. Muchas palabras se alojan a lo largo de un continuo que va desde lo ponderativo o agradable a lo antipático o insultante.

Bien está evitar caer en ese polo de lo que pueda molestar al interlocutor, pero también se puede caer en el escrúpulo, en la hipocresía. De ahí los falsos eufemismos, los que no se emiten por cortesía sino por un estúpido temor a los tabúes.

Es algo muy común en la jerga de los hombres públicos, pero contagia a toda la población. Ahora ya no se debe decir «sexo» como principio clasificatorio para las personas, sino «género». Vaya por Dios; por cierto, Dios es masculino.

Ángel Javier se queja de que a los ciegos se les llame «invidentes». Tiene razón. La palabra ciego (= no ve con los ojos) es la correcta. Los ciegos pueden percibir muy bien la realidad a través de los otros sentidos.

Estamos ante el insoluble problema de cómo llamar a los que son diferentes del común por razones físicas. A muchos de ellos antes los llamaban genéricamente «inválidos» o, peor, «subnormales».

Todos los meses me reúno con un simpático grupo de personas afectadas en la médula ósea, de tal modo que tienen que trasladarse en silla de ruedas. Oficialmente son discapacitados, pero la verdad es que su diferencia hace que sean especialmente capaces. Después de todo, a mi edad uno se ve incapacitado para muchas tareas.

Uno de los indicadores más precisos para detectar el grado de civilización de una persona, o de un conjunto de ellas, es su capacidad para admitir diferencias en otras personas. La falta de esa sensibilidad es lo que llamamos prejuicio. Todos los tenemos, pero hay que ir eliminándolos.

Respecto a la tonta expresión de «asumir responsabilidades», don José María Navia-Osorio propone que digamos «asumir irresponsabilidades», que es lo que quiere decir.

A lo que iba. Enuncio simplemente algunos títulos de los cursos para funcionarios que dan en Asturias. Los llaman genéricamente «itinerarios formativos». Hay un «Curso básico de género» y otro, de especialización, sobre la «Construcción histórica del feminismo». Uno más técnico se llama «Dominio de ofimática», con una especialidad en «Alfabetización digital».

Me interesa mucho el «Manual de estilo sobre lenguaje no sexista», que desemboca en el curso de «Ortotipografía en la elaboración de escritos» y en el «Itinerario de comunicación en otras lenguas». Siempre es interesante que un funcionario en el exterior pueda decir en inglés que su sastre es rico.

Por último, el doctorado se alcanza con el curso sobre «Dominio sobre la Unión Europea». Me gustaría saber quién paga todo eso y qué piensan los alumnos de ese adoctrinamiento y del consiguiente baile de eufemismos. ¿Se repite la fórmula en todas las regiones? ¿Seré yo muy sexista? ¿Por qué mi sastre no es rico? Demasiadas preguntas.

Fuente: Libertad Digital

[LE}– ‘Recaer en una enfermedad’, no ‘recaer de una enfermedad’

19-12-12

El verbo recaer con el significado de ‘volver a caer, especialmente en una enfermedad o en un vicio’, se construye con la preposición <en>, tal como indican el Diccionario Panhispánico de Dudas, y el Diccionario del Español Actual, de Seco, Andrés y Ramos.

Sin embargo, en las informaciones sobre la enfermedad del entrenador del F. C. Barcelona, Tito Vilanova, se pueden ver frases en las que este verbo se construye inapropiadamente con la preposición de:

  • «Tito Vilanova recae de su enfermedad»,
  • «Tito Vilanova sufre una recaída del cáncer que le afectó hace un año»,

frases en las que lo adecuado habría sido emplear <en>.

Fuente: Fundéu

[LE}– ‘Homólogo’ no equivale a ‘homónimo’ ni a ‘colega’

18/12/2012

Homólogo alude a la persona ‘que ejerce un cargo equivalente al de otra’, mientras que homónimo significa ‘con el mismo nombre’.

Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar noticias como

  • «Pese a la ausencia de Hugo Chávez, Evo Morales siguió los pasos de su homónimo firmando el protocolo de adhesión al Mercosur» o
  • «El ministro de Agricultura se reunirá esta semana con su homónimo marroquí»,

frases en las que lo apropiado habría sido escribir su homólogo.

Homónimo sí está bien empleado en

  • «Ang Lee estrena ‘La vida de Pi’, basada en el libro homónimo del canadiense Yann Martel» o
  • «El quinto trabajo de Malú fue un disco homónimo editado por Sony a mediados del año 2005».

Por otro lado, el Diccionario Panhispánico de Dudas, y otros de uso como el Clave, desaconsejan emplear homólogo y colega como formas sinónimas, aunque compartan un campo de significado.

En este sentido, cabe precisar que colega es un término más amplio, que abarca a todos los compañeros de una profesión, mientras que homólogo se refiere exclusivamente a aquéllos que ejercen un mismo cargo: un ministro es colega de un alcalde (ambos se dedican a la política), pero éste no es su homólogo, pues ejerce un cargo diferente.

Fuente: Fundéu