[LE}– ‘Copipega’ y ‘copipegar’ son neologismos válidos

09/12/2014

Copipega y copipegar, escritos en una palabra y sin guion, son términos válidos para referirse a la acción de copiar un contenido seleccionado y pegarlo en un documento con sólo pulsar dos teclas o clicar.

En los medios de comunicación y en las redes sociales, es frecuente encontrar frases como

  • «El copi-pega, cuando se hace sin inteligencia crítica, suele estar lleno de incoherencias» o 
  • «Se demostró que su propuesta es un copi pega de la presentada por su profesor».

Copipega, término formado a partir de la fusión de las formas verbales copia y pega, tiene su origen en la construcción inglesa copypaste. Se considera un compuesto univerbal, por lo que lo adecuado es escribirlo junto, en una única palabra, sin separarlo con un guion o un espacio, tal y como indica la Ortografía Académica sobre este tipo de construcciones.

Copipegar, producto de la fusión de copiar y pegar, es el verbo derivado correspondiente, considerado asimismo válido.

Por consiguiente, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «El copipega, cuando se hace sin inteligencia crítica, suele estar lleno de incoherencias» y
  • «Se demostró que su propuesta es un copipega de la presentada por su profesor».

Se recuerda que los términos cortapega y cortapegar son igualmente válidos, pero no significan lo mismo que copipega y copipegar. Para hacer un cortapega o cortapegar es necesario cortar el contenido seleccionado, lo que conlleva que éste desaparezca del documento original, algo que no sucede si lo que se hace es copiar, para pegarse en el de destino.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Estar entre Pinto y Valdemoro

19/08/2014

Esta expresión que referencia a dos localidades madrileñas separadas por 7,5 kilómetros, se utiliza para reflejar una situación de incertidumbre o duda entre dos opciones.

La leyenda local cuenta que un borracho, que iba desde Valdemoro hacia Pinto, comenzó a bailotear sobre un puente que cruza un riachuelo que divide los dos términos municipales, y mientras saltaba no dejaba de repetir «Ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro; ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro».

Fruto del estado de embriaguez acabó cayendo al río, por lo que concluyó con un certero «Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro».

Otra explicación esgrimida por un historiador local sostiene que el origen de la frase se remonta al siglo XIII, cuando Madrid y Segovia pugnaban por las tierras de Valdemoro y Pinto.

Para solucionar el conflicto fue necesaria la intervención directa del rey Fernando III, quien asignó Pinto a Madrid, y Valdemoro a Segovia. La separación fue llevada a cabo mediante la colocación de 42 hitos en los lindes de ambos territorios, trabajos a los que asistió el rey en persona. 

De acuerdo con esta teoría, cuando alguien preguntaba por el paradero del monarca, los cortesanos comenzaron a responder que estaba entre Pinto y Valdemoro.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Estar en las Batuecas

19/08/2014

Estar en las Batuecas

Las Batuecas es un valle de la provincia de Salamanca (España) que linda con las Hurdes. Tal y como explica Carlos M. Padrón en su blog, se trata de un enclave “paradisíaco” entre dos estribaciones de la sierra de Francia, cercado por montañas y con una vegetación “exuberante”.

En tiempos pasados, sus habitantes tenían fama de salvajes. Eran llamados los beocios de España, o sea, los ignorantes o estúpidos. Hace 150 años, decir que uno se había criado en las Batuecas era ponerle al nivel de un cafre.

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[LE}– El Diccionario nunca insulta

03 DIC 2014

Berna González Harbour

Hay quien usa las palabras, y hay quien, además, las destripa, las estudia, analiza sus constantes vitales y sella el diagnóstico que marcará su destino: viva, muerta o en desuso.

Lexicógrafos y académicos trabajan en los talleres del idioma buscando el aliento de antiguas palabras que nadie quiere jubilar si las usó Cervantes, por ejemplo, y escrutando, como a adolescentes, en falta términos ahora ya instalados, como birra o como blaugrana.

Y esa misión cumplida, ese nuevo Diccionario de la Lengua Española en el que han participado las 22 academias de la lengua española, se presentó este martes en la Feria del Libro de Guadalajara con dos mensajes de bandera:

  1. Es el mayor esfuerzo por mantener en vigor un español común compartido por 500 millones de hablantes; y
  2. La corrección política no es lo suyo.

“Ortega y Gasset ya dijo que el autor de un diccionario es el único que cuando escribe una palabra no la dice. Cuando el diccionario registra una palabra insultante no insulta —declaró Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la Real Academia Española (RAE) y director de la vigésimo tercera edición de la obra—. Las palabras en el Diccionario no están dichas, sino pinchadas en una vitrina como la de un entomólogo”.

Palabras delicadas que pueden afectar a colectivos, etnias, minusvalías o enfermedades suscitan siempre protestas. Y el académico relató cómo algunas acepciones de gitano, judío o del cáncer generan cartas y debate.

Algunas sirven para modificar construcciones erróneas como la que definía sordomudo. “Podemos declarar una acepción en desuso, pero no podemos eliminarlas, por eso pedimos la comprensión de todos”, aseguró.

Juan Luis Cebrián, académico desde hace 17 años, se definió como “un soldado entre generales” y narró las discusiones “aceradas y atribuladas” que celebran los académicos antes de tomar las decisiones más controvertidas, tanto para eliminar como para incorporar un término.

“La palabra globalización nos llevó más de tres meses, y en esas discusiones Mario Vargas Llosa participó muy activamente. La influencia de Carlos Fuentes, por ejemplo, fue clave a la hora de establecer la palabra gobernanza y no gobernabilidad como término preferido”.

Cebrián recordó la definición que Roa Bastos hacía de diccionario como “un osario de palabras vacías” y defendió cómo, sin embargo, está cambiando gracias en buena parte al trabajo conjunto con las academias del español en todo el mundo, cuyo papel sólo debe ser creciente en una realidad que deja a los españoles en minoría frente a los mexicanos o los hispanohablantes de Estados Unidos, que en 2050 o 2060 superarán a los de México:

“Ha cambiado y debe cambiar todavía más, porque es un libro que lleva 300 años elaborándose por muchos autores, y los principales autores son los hablantes que van contribuyendo con su uso”.

La mesa de debate que sirvió de presentación al nuevo Diccionario fue un foro de anécdotas y ejemplos de cómo ese espíritu de lo políticamente correcto presiona a los académicos casi tanto como los neologismos que empujan y se abren paso gracias al nuevo universo digital.

Cebrián, por ejemplo, relató cómo hace años el término antofagasta como equivalente a “pesado” desató protestas de los vecinos de esta ciudad chilena, o cómo las definiciones de enfermeros, por ejemplo, suscitaron reacciones de los colegios profesionales afectados por las consecuencias legales que adquieren las acepciones en el diccionario.

La definición de enfermero aludía a su trabajo “bajo la vigilancia de los médicos” y el cruce de discusiones desembocó en la matización: “siguiendo pautas clínicas”.

Presiones, análisis meticulosos y convivencia de esos 500 millones de hispanohablantes marcaron así el debate de la mesa y de las academias. Porque, como dijo el director de la RAE, José Manuel Blecua, “El Diccionario se mueve entre la innovación y la renovación”.

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[LE}– ‘Lo más completos posible’, no ‘lo más completos posibles’

02/12/2014

El término posible se mantiene invariable en las construcciones lo más/lo menos + adjetivo + posible, aunque el adjetivo esté en plural.

Así, se dice lo más completos posible, y no lo más completos posibles.

En los medios de comunicación se ven con frecuencia frases como

  • «Enviaremos informes lo más completos posibles»,
  • «Pedimos que sean lo más explícitos posibles»,
  • «Su misión es que los fondos queden lo menos afectados posibles» o
  • «Las medidas serán lo menos traumáticas posibles».

El Diccionario Panhispánico de Dudas explica que, cuando este tipo de expresiones comienza por lo, la palabra posible ha de permanecer invariable: «Hicieron casas lo más baratas posible».

Por el contrario, si lo que aparece antes de más o menos es un sustantivo en plural, sin lo, se empleará posibles: «Hicieron las casas más baratas posibles», como señala la misma obra académica.

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Enviaremos informes lo más completos posible»,
  • «Pedimos que sean lo más explícitos posible»,
  • «Su misión es que los fondos queden lo menos afectados posible» o
  • «Las medidas serán lo menos traumáticas posible».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Estar en la luna de Valencia

19-08-14

Aunque hay diversas versiones sobre su origen, la que tiene más posibilidades de ser real es la que lo vincula con las antiguas murallas de la ciudad, cuyas puertas cerraban al caer la noche.

Aquellos rezagados que llegaban tras el cierre no podían pasar al interior y, por lo tanto, no tenían posibilidad de ir a dormir a sus casas. Debían pasar el resto de la noche al raso, a la luna de Valencia.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: A Zaragoza o al charco

27/11/2014

Mónica Arrizabalaga

Un cuento baturro está en el origen de este dicho sobre la tozudez que se les atribuye a los aragoneses.

No busquen en Zaragoza ningún charco que resista impertérrito el sofocante calor del verano ni el helado cierzo que sopla en la capital aragonesa. El dicho de «A Zaragoza o al charco» nada tiene que ver con la orografía maña ni tampoco es una elección entre ésta y la localidad argentina de El Charco.

La expresión «proviene de un antiguo cuento baturro en el que se escenifica la proverbial tozudez que se atribuye a los aragoneses», según explica José Luis García Remiro, autor de «A buen entendedor…».

Felipe Pérez y González ya relataba por 1883 en «La Ilustración Española y Americana» que un día San Pedro, aburrido por no tener que abrir las puertas del cielo a nadie, pidió a Dios volver al mundo para ver qué pasaba allí abajo «que ni un mortal viene a vernos en tantos años y tantos». Con el beneplácito divino, San Pedro bajó a la Tierra de un salto y, apenas hubo llegado, camino de Zaragoza se encontró con un baturro al que preguntó a dónde se dirigía.

—A Zaragoza—, respondió el maño.

—Si Dios quiere—, replicó San Pedro.

Pero el aragonés insistió sin corregirse:

—Que quiera o no, voy a Zaragoza.

Esto según la versión del relato del brigadier don Romualdo Nogués, que firmaba como «Un soldado viejo, natural de Borja» en «El Averiguador Universal» (1882).

Malhumorado el Pescador, y con las plenas atribuciones que de Dios tenía, convirtió al aragonés en rana y lo arrojó violentamente a un charco vecino. Y allí lo tuvo algunos años, obligándole a sufrir las inclemencias del tiempo, las pedradas de los chicuelos y otras mil calamidades, prosigue la narración de Pascual Millán en la página 155 del libro «Caireles de oro. Toros e historia» (1899).

Cuando, terminada su misión, San Pedro se disponía a subir a los cielos, regresó al camino de Zaragoza para devolver al baturro a su ser, y le volvió a preguntar sobre a dónde se dirigía.

—Ya lo sabes, a Zaragoza—, dijo firmemente, más firmemente que la vez primera, el interpelado.

—Si Dios quiere, hombre, si Dios quiere—, insistió San Pedro dulcemente.

—Qué Dios ni qué… suplicaciones; ya te lo he dicho: ¡A Zaragoza o al charco!

«Y viendo el Apóstol que era inútil dominar aquel carácter, dejó al zaragozano seguir tranquilamente su camino», finalizaba Pascual Millán.

La revista «Madrid Cómico» escenificó el cuento con unas ilustraciones publicadas el 5 de septiembre de 1885 aunque en esta versión sólo se presenta a un delegado celestial indeterminado.

La fórmula «Si Dios quiere» se introdujo en el cristianismo tras la recomendación de Santiago en su carta: «Debíais decir: Si el Señor quiere y vivimos, haremos esto o aquello» (4,15). Es una de tantas expresiones religiosas que impregnaron el lenguaje como «Adiós», «Dios se lo pague», «Vaya usted con Dios» o «Gracias a Dios».

«Nuestra cultura popular discurrió durante siglos por los cauces de la comedia y el sermón», afirma García Remiro en su análisis «De cómo la vida monástica impregnó el lenguaje del pueblo con formas de hablar y expresiones que todavía perduran en nuestro idioma».

Al hablar de futuro, la gente necesitaba añadir alguna fórmula pía como temiendo que, si afirmaba rotundamente una acción sin reconocer explícitamente que el futuro está en manos de Dios, esto despertaría los celos divinos, explicaba en su informe el profesor experto en refranes, expresiones y frases hechas.

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[LE}– ¿Hablas español o hablas castellano? Conoce cuál es tu verdadero idioma

25/11/2014

Aitor Santos Moya

Dentro del mapa de preguntas típicas que un turista recibe casi instintivamente no puede faltar aquélla que haga referencia a las expresiones que el propio consultado maneja.

«Do you speak English?», «Parlez-vous français?», «Sprechen Sie Deutsch?», «¿Habla usted español?»,… aparecen de forma automática en cualquier mínimo contacto que sirva para romper las barreras que el lenguaje coloca.

Pero, ¡un momento!, ¿seguro que habla español? ¿O lo que parla es castellano? ¿Existe realmente alguna diferencia entre ambos términos?

Un mar de interrogantes flotan en el aire que transporta las palabras del idioma de Cervantes. ¿Se lo han planteado alguna vez? En ABC.es nos hemos propuesto indagar en un enigma que se remonta a épocas pretéritas.

Fernando Carratalá, catedrático de Lengua y Literatura en el centro Universitario Villanueva y en la Universidad para Mayores, explica la importancia de la historia en el embrión de esta cuestión, «la lenta reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes originó la fragmentación de la unidad latinovulgar mantenida por el reino hispanogodo y el surgimiento de cinco dialectos románicos diferentes, que fueron, de oeste a este, el gallego, el leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán.

De estos cinco dialectos, el leonés y el aragonés no llegaron a constituirse en lenguas y quedaron relegados a reducidos dominios geográficos ante la expansión de la Reconquista castellana.

Por su parte, en los territorios meridionales en los que se implantó el castellano, así como en las islas Canarias, surgieron cuatro variedades dialectales: andaluz, extremeño, murciano y canario.

En el reinado de los Reyes Católicos la lengua castellana se convierte en el vehículo de comunicación de todos los territorios de España, «en razón de su mayor prestigio, se adopta como lengua literaria. Los escritores catalanes y gallegos abandonarán sus lenguas vernáculas, relegadas al ámbito regional y familiar hasta que, a mediados del siglo XIX, renace su cultivo literario», señala Carratalá, colocando un importante paréntesis en la fecha en que se produce el descubrimiento de América, «en 1492 quedan abiertas las puertas a la colonización de este continente y, con ello, a la expansión del castellano por un dilatado ámbito geográfico. Y también, en ese mismo año, Elio Antonio de Nebrija publica una Gramática de la Lengua Castellana, cuyo importante influjo dignificó el castellano hasta el extremo de equipararlo con el latín; y, por otra parte, facilitó el que los pueblos que se fueron incorporando a la monarquía española lo aprendieran».

La importancia de la lengua de Castilla queda refrendada durante la época de Carlos I, cuando en 1536 —y tras pronunciar un discurso en Roma ante el papa Paulo III, su corte y los embajadores extranjeros—, el monarca replicará al obispo de Mâcon, representante de Francia, quien se quejaba de no comprender bien el mensaje: «Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana».

Carratalá recuerda este hecho y señala que «el papel dominante que desempeña España en la Europa del siglo XVI acrecienta el prestigio de nuestro idioma». Ya en el año 1713 se funda la Real Academia Española de la Lengua, organismo que nace para combatir «los errores con que se halla viciado el idioma español, con la introducción de muchas voces bárbaras e impropias para el uso de la gente discreta».

Sinónimos e igual de válidos

Ahora bien, puesto en conocimiento del lector la conformación y el influjo cultural e histórico de nuestra lengua, la duda sigue estando en el aire: ¿español o castellano? He ahí la cuestión. 

Fernando Plans, profesor de español por la Université de Rennes 2 y autor del Blog de Filología Clásica, aclara que actualmente ambos vocablos son sinónimos e igual de válidos, «las dudas nacen y sobreviven por una cuestión meramente histórica».

Por su parte, Carratalá argumenta que, desde que el castellano obtiene la consideración de ‘idioma nacional’, empieza a denominarse lengua española al castellano extendido por todo el territorio hispánico, pero subraya que, aún cuando su base sea la antigua lengua de Castilla, si se ha convertido en una coiné ha sido por la continua contribución de hablantes y escritores de todos los rincones de España y de Hispanoamérica.

Carratalá recuerda que la RAE empieza en 1923 a hablar de ‘lengua española’ para titular tanto su Gramática como su Ortografía y su Diccionario, a pesar que desde su fundación había utilizado el castellano como denominación.

«Entendemos que un cierto sentimiento de rechazo hacia la dependencia de la ‘antigua metrópoli’ ha llevado a algunos hispanoamericanos a preferir referirse a nuestra lengua común con el término castellano, en lugar de español, en lo cual subyace una intencionalidad política y no una cuestión simplemente lingüística».

No obstante, uno de los puntos más controvertidos guarda relación con el hecho de que la Constitución Española establezca el castellano como lengua oficial de España, obviando cualquier otra designación.

«Es una mera diferencia de forma e incluso política, de respeto entre las lenguas de España. Decir en la Constitución que el idioma oficial es el español supondría que las otras lenguas no lo serían. Se guarda el vocablo original del dialecto del latín, el castellano, y se respeta a las otras lenguas y dialectos», razona Plans.

En la misma línea se mueve Carratalá al analizar las razones, «es evidente que los legisladores, habida cuenta de que en España hay comunidades y regiones que cuentan con idiomas vernáculos, optaron por una redacción en la que el vocablo castellano alude a un idioma que trasciende los límites de Castilla, y que es el fruto histórico del esfuerzo colectivo de españoles —sean o no castellanos— e hispanoamericanos; lo que, por otra parte, y en términos de ‘corrección política’, no implica discriminación alguna para otras lenguas habladas en la Península y que obviamente son también españolas».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Más acerca de ‘Quién se fue a Sevilla perdió su silla’

19/08/2014

Quién se fue a Sevilla perdió su silla

Este dicho, de utilización muy extendida, se emplea cuando alguien se ausenta de un lugar y, al regresar, otra persona ha ocupado su sitio. Los orígenes del dicho son históricos, tal y como se explica en el Centro Virtual Cervantes.

Durante el reinado de Enrique IV (1454-1474), rey de Castilla, se concedió el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca.

La ciudad de Santiago estaba revuelta. El sobrino pidió a su tío que se ocupara él de Santiago, para apaciguarlo, mientras él se iba a Sevilla. Alonso de Fonseca, una vez pacificada Santiago de Compostela, quiso volver a Sevilla. Como su sobrino se negaba a abandonar Sevilla, hubo que recurrir a un mandamiento papal, a la intervención del rey castellano, y al ahorcamiento de algunos de sus partidarios.

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