[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Tener mala leche

17 enero 2013

Cuando alguien tiene mal carácter es muy común relacionarlo con la expresión ‘tener mala leche’.

La vinculación entre el lácteo y las ‘malas pulgas’ viene por la asociación que se le daba desde tiempos antiguos a que los bebés absorbían la personalidad de quién les daba de mamar.

Era una práctica muy común el hecho de contratar a nodrizas que se encargaban de amamantar a los hijos de otras mujeres que acababan de parir y no podían alimentarlos.

La selección de la nodriza se realizaba en la mayoría de ocasiones de una manera estricta, teniendo muy en cuenta los orígenes de la persona contratada, su nivel cultural y, sobre todo,  que no tuviese antecedentes penales y ningún tipo de problema psíquico o emocional, tanto personal como en su familia.

Pero no siempre se conseguía contratar a la persona más adecuada para alimentar a los lactantes, por lo que se tenía la segura convicción de que si el niño/a tenía problemas de comportamiento social, o algún tipo de enfermedad, ésta habría sido adquirida a través de la ‘mala leche’ que había mamado la criatura.

De ahí que naciese la asociación de ideas entre el carácter y la leche con la que se alimentó.

El filósofo de la Antigua Grecia, Aristóteles, tenía el convencimiento de que todas aquellas personas que habían mamado la misma leche tenían un nexo común entre ellas y formaban parte de una misma estructura social dentro de la aldea/población en la que habitaban.

Fuente: 155ruidos vía photopin cc

Cortesía de Leo Masina

[LE}– ‘Precondición’ y ‘prerrequisito’ no son lo mismo que ‘condición’ y ‘requisito’

23/01/2014

Los sustantivos precondición y prerrequisito significan ‘condición o requisito previos a otra condición o requisito’.

Por tanto, si no se da tal sucesión, lo preciso es hablar simplemente de condición y requisito, que ya encierran la idea de anterioridad, tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Irán no acepta ninguna precondición para asistir a Ginebra II»,
  • «Irán afirmó que asistiría a las negociaciones sin haber aceptado precondiciones» o
  • «Muchos egipcios consideran una nueva Constitución como un prerrequisito indispensable para la estabilidad y la seguridad del país».

Dado que en estas informaciones no se especifican condiciones ni requisitos posteriores, en los ejemplos anteriores habría resultado preferible escribir

  • «Irán no acepta ninguna condición para asistir a Ginebra II»,
  • «Irán afirmó que asistiría a las negociaciones sin haber aceptado condiciones» y
  • «Muchos egipcios consideran una nueva Constitución como un requisito indispensable para la estabilidad y la seguridad del país».

En caso de que realmente se estén desarrollando varias condiciones o requisitos sucesivos, el prefijo pre- se escribe pegado y sin guion, y prerrequisito dobla la ere.

Ver precedente previo y antecedente previo, construcciones redundantes.

Fuente

 

NotaCMP.- Esto me ha hecho recordar el fracaso de mis discusiones cuando, a poco de entrar a IBM, escuché el constante uso de la palabra ‘prerrequisito’ para designar lo que sólo era un requisito. Pero como para estos casos el inglés usa ‘prerequisite’, no tuve éxito.

[*Opino}– ¡Pobre idioma! No es economía, es ridículo esnobismo

15-05-13 (Reedición con 37)

Carlos M. Padrón

Alguien dijo que la economía es algo que usa siempre la Naturaleza.

No sé si es cierto, pero sí sé que aplico economía cada vez que puedo, desde el manejo del dinero hasta el uso del tiempo, incluyendo los clics que debo dar para llegar a algo en una computadora.

Sin embargo, si en el uso del idioma, sobre todo escrito, la economía puede crear confusión al lector, entonces me inclino por la claridad. Y términos como los de la lista que sigue parecen, tal y como ahora se usan, ideados para hacerse el esnob o para crear confusión:

Muestras de esnobismo simplón:

  • Apostar
  • Apuntar

Creadores de confusión:

  • Poner
  • Quedar
  • Ingresar

Los dos primeros ya son como epidemia en los medios españoles: todo el mundo apunta o apuesta.

Acabo de editar un artículo del que eliminé nada menos que siete «apunta», pues se trataba de una entrevista, y cada vez que el periodista autor del tal artículo se refería a algo dicho por el entrevistado, usaba «apunta», con lo cual el entevistado nunca dijo ni comentó ni declaró, etc., sólo apuntó.

Como soy de la época en que apuntar era tomar apuntes, destacar un indicio, o señalar con el dedo, con un puntero o con un arma, me niego a usar ese término con la acepción que ahora le da la moda.

Apostar era, en esa misma época, algo que conllevaba el uso de dinero en una competencia. Ahora parece ser una simple intención o preferencia, así que también me niego a usarlo.

Los tres son algo que raya en lo ridículo y constituyen el epítome de la confusión. ¿Poner contento, poner triste, poner de rodillas, poner contra la pared,..? ¿Poner qué?

¿Y qué decir de quedar? ¿Quedar sin blanca, quedar solo, quedar mudo,…? ¿Quedar qué?

Nótese el contrasentido que encierra este frase, que apareció hoy en este artículo de ABC.es, y el cual reemplacé por ‘citarse’ el segundo ‘quedar’: «Si algo quedó pendiente es mejor quedar expresamente para hablar de ello». ¡Por favor!

Y de ingresar cabe preguntarse, ¿ingresar dónde? ¿en la universidad? ¿en un manicomio? ¿en un convento?

Este titular es un buen ejemplo: Queda con una mujer para recoger su currículo, y la viola en presencia de su hija

Los añadiré a la lista de términos que me niego a usar.

Nota a posteriori: Véase este artículo que es una buena muestra del ridículo abuso de ‘apuntar’.

[LE}– ¿Almóndiga o albóndiga?: Dudas y curiosidades del español

20/01/2014

Irene Gómez Peña

Cagada puede sonar fea, soez, malsonante, inapropiada e incluso escatológica.

Sin embargo, la palabra cagada, incluida en el subtítulo de esta información, forma parte de la musical orquesta que es la lengua española.

Recogida por el Diccionario de la Real Academia, se refiere en modo coloquial a la «acción que resulta de una torpeza». En Cuba también se utiliza para designar a una persona «idéntica o semejante a otra en el físico o en su manera de comportarse». ¿A que no lo sabías? «Tu hermano es cagadito a ti…»*.

Grandes tesoros con dejes peculiares guarda nuestro querido español.

Pero el español, de palabras hermosas, pulcro, formal y en negro sobre blanco prefiere los eufemismos y se acomoda, en ocasiones, en las incorrecciones. Con tal de no ofender maquillamos la realidad, y en lugar de la palabra cagada solemos usar el término «equivocación», «metedura de pata» o «torpeza» en registros formales.

No obstante, este empeño del hispanohablante por asear su lenguaje puede provocar imprecisiones, y son estas mismas las que ha puesto de relieve (que no en relieve) el libro «ReAprender Español: las 101 cagadas —y otras curiosidades- de nuestra lengua» (Ed. Bolchiro), escrito por un equipo de periodistas para Irazusta Comunicación y con prólogo de la letra g de la RAE, la escritora Soledad Puértolas.

Obama es negro, y no miento

Sin miramientos, lo primero que abordan es el uso de eufemismos, como cuando utilizamos la palabra negro para describir a una persona «de color». Obama es negro, aseveran. Y tienen razón. Su color de piel es «oscuro» pero queda feo decírselo a uno en la cara, aunque de este modo le estemos mintiendo al mismísimo presidente de los Estados Unidos o, mejor dicho, estemos «faltando a la verdad».

Otro aspecto que abordan es el refranero español. «Nunca digas de este (esta) agua no beberé, ni este cura no es mi padre». En esta expresión el artículo demostrativo «este» es incorrecto aunque socialmente aceptado, al igual que la palabra biquini, escrita con la «q» española pese a que la «Ortografía de la lengua» aconseje que se escriba con k de whisky que, por otro lado, está mejor escrito con diéresis (güisqui). Un lío, vamos.

Los autores de este manual, María Irazusta, Beatriz Fernández, Nacho Miquel y Noemí Sánchez, aseguran que hasta el mismísimo Lázaro Carreter, e incluso Lope de Vega, cometían lo que originalmente eran errores y que con el uso del castellano se han ido aceptando. Miguel Delibes era un profundo laísta. Sabía que lo hacía mal y le gustaba, y Lázaro Carreter usaba el vulgarismo «espúreo» en lugar de «espurio». Todo ello sin ánimo de engañar.

Al rescate de la lengua

«El objetivo que persigue este libro es claramente que en las redes sociales se hable mejor. Muchas veces no somos conscientes de que las expresiones que utilizamos no son las correctas», cuenta María Irazusta, quien advierte de que los medios de comunicación contribuyen a esto aunque no son los culpables. «Lo que queremos es salir al rescate de la lengua movidos por el amor al lenguaje», confiesa.

El equipo de Irazusta lanza este libro con mucha ilusión y empeño en que se convierta en un manual rápido de consultar, porque «todos, hasta los más cultos, a veces tenemos dudas». Para facilitar su lectura lo han publicado en formato electrónico, que podrá comprarse a través de Amazon por 4,99€, además de visualizarse en el celular.

«ReAprende español» pretende ser el más rebelde de los manuales, siempre en consonancia con lo que estipula la RAE. «Nosotros partimos de palabras que están aceptadas. Sin embargo, ponemos el acento en aquéllas que suenan raras». Se refieren a términos como «almóndiga» y «albóndiga» o «asín» y «así», que sí están recogidas en el diccionario, y a superlativos como «nigérrimo» (negro, negrísimo), que no lo están.

«Periodiquismos»

Asimismo, ponen el acento en palabras que en origen tenían un significado y que con el tiempo han ido ciñéndose a otro. En este sentido, destacan términos como álgido, que ha pasado de ser frío a caliente, o lívido, que hacía referencia a un color amoratado, aunque en la actualidad tire más hacia el blanquecino. En cuanto a los «periodiquismos», en este libro se recogen estructuras como «en base a», «a nivel de», muy habituales en los medios de comunicación, pero que son erróneas.

Lo cierto es que la lengua la hacen los hablantes, hecho por el que la RAE se adapta con cada vez más celeridad a los cambios en el idioma, incluyendo anglicismos y tecnicismos. Que no resulte raro que en un futuro acepten la palabra «whasapearse» en lugar de «nos escribimos un mensaje». A dónde vamos a parar…

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(*) NotaCMP.- En el Paso, mi pueblo, se usaba mucho esta expresión.

[LE}– ‘Nominar’ es ‘proponer como candidato’

17/01/2014

El verbo nominar significa ‘proponer como candidato para algo’, tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Nominados al Óscar: las predicciones para hoy»,
  • «Si fuesen valientes, nominarían a la que de verdad ha sido la mejor actriz del año: Adèle Exarchopoulos» o
  • «Cristiano Ronaldo nominó a Falcao, Bale y al alemán Mesut Özil».

Pese a considerarse, inicialmente, este significado de nominar como un calco innecesario del inglés to nominate, los principales diccionarios de referencia, tanto académicos como de uso, recogen desde hace años esta acepción (el Diccionario de la Lengua Española desde 2001), por lo que su empleo se considera hoy apropiado.

Se recuerda, no obstante, que existen expresiones alternativas, como proponer, presentar como candidato, votar, o postular, según el contexto.

Así pues, en los ejemplos anteriores también podría haberse escrito

  • «Candidatos al Óscar: las predicciones para hoy»,
  • «Si fuesen valientes, propondrían como candidata a la que de verdad ha sido la mejor actriz del año: Adèle Exarchopoulos» o
  • «Cristiano Ronaldo votó a Falcao, Bale y al alemán Mesut Özil».

Con este significado de ‘proponer como candidato para algo’, nominar puede ir seguido de como o a:

  • «El jugador del Valencia, Javi Fuego, ha sido nominado como/a mejor centrocampista de la Liga BBVA 2012/13».

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[LE}– La elegancia en la lengua escrita

2014-01-15

Amando de Miguel

Antaño los que escribían eran unos pocos; sistemáticamente los letrados o los escritores.

Ya no hay una casta de escribas o escribanos. Ahora todos o casi todos juntan letras cotidianamente, o mejor, teclean en los artefactos electrónicos.

La consecuencia es que la comunicación se empobrece, se licúa la noción de que un texto pueda ser correcto o incorrecto. Las cartas de antes podían llegar a ser un género literario, el epistolar. Los mensajes o meils de ahora pueden ser perfectamente ilegibles o por lo menos ileíbles (= se pueden leer, pero no se entienden).

Ante esa inundación de las costumbres de las comunicaciones escritas cabe insistir en que se debe insistir en algo tan olvidado como el estilo. No hay una lengua perfecta. Eso de que el alemán es para dar órdenes a un caballo, y el español sirve para hablar con Dios es una majadería. No creo que se le ocurriera a Carlos V.

La lengua española es muy expresiva en algunos aspectos. Por ejemplo, permite adjetivar con maestría, y no digamos insultar. Contamos con esa maravilla del subjuntivo (que desgraciadamente desaparece) y con la magnífica diferencia entre ser y estar.

El español presenta la gran riqueza de haber importado voces de otras lenguas. Así, podemos decir «óleo» y «aceite». Aun así, admiramos la mayor facilidad que tiene el inglés para asimilar palabras de otros idiomas. Un tornado en los Estados Unidos no es más que la tronada de los españoles.

Más interesante es darse cuenta de las dificultades que presenta la lengua de Cervantes para escribir con soltura y precisión.

Por ejemplo, abundan las palabras llanas (acento en la penúltima sílaba), lo que lleva a una cierta monotonía en el habla. Hay que festonearla con algunas voces esdrújulas. Esa uniformidad que digo hace que nuestra lengua tolere mal las repeticiones de palabras en el mismo párrafo, y no digamos en la misma frase.

Otra consecuencia desgraciada es el peligro de las rimas, sobre todo las de -ón; hay que evitarlas a toda costa. No se deben decir cosas como «la repetición de la conversación en un medio de comunicación es un tostón».

Más sutil es otro obstáculo para conseguir un estilo aceptable. Consiste en el peligro de lo que podríamos llamar los adjetivos cristalizados por el uso.

Se ha recurrido tantas veces a ellos que resultan estragantes. (Por cierto, el DRAE recoge estragar pero no estragante. Los inmortales es que son así de caprichosos).

Pongo algunos ejemplos: lengua viperina, entera confianza, mundanal ruido, lágrima furtiva, densos nubarrones, lluvia pertinaz, cumbres borrascosas, doble vara de medir, denodado esfuerzo. Hay muchos más. El primero que se atreve a colocar un adjetivo nuevo a un sustantivo es un poeta. Pero la repetición cansina de ese hallazgo puede contribuir a la hartura. (No debo decir el hartazgo para no caer en el vicio de la rima).

Quizá el defecto mayor de nuestra lengua sea su carácter retórico, con repeticiones y circunloquios. Es muy arduo de evitar. Por eso mismo hay que marcarse una disciplina. Ofrezco el ejercicio, que yo practico desde hace muchos años: las frases entre punto y punto no deben superar las 30 palabras.

Parece un capricho de dómine, pero tiene su aquel. Por cierto, el vocablo aquel debe ser evitado a toda costa, salvo cuando se quiere indicar algo difuso o indeterminado, como en esa magnífica expresión de «tener su aquel». Recuérdese el «aquellas» (golondrinas) del famoso poema de Bécquer. En la prosa corriente el aquellos debe sustituirse ventajosamente por «los que».

Las normas anteriores no son tales, las Gramáticas no las incluyen, pero pueden ser útiles para conseguir esa deseada elegancia de los escritos cotidianos. Son más bien trucos del oficio, pues no es otro el mío que escribir todos los días de mi vida consciente.

Un último argumento suasorio. Tampoco es que tengamos que ser todos eximios vates, simplemente debemos comunicarnos con eficiencia. La razón es que hoy son muchos los textos que hay que leer, y si no están bien construidos, esa tarea puede ser cansina.

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[LE}– ‘Cuanto más’, no ‘contra más’

16/01/2014

Las expresiones contra más y contra menos no son adecuadas con el sentido de cuanto más y cuanto menos, según recoge el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Con frecuencia se oyen o se leen frases como

  • «Contra más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» o
  • «Contra más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid»

en las que se utiliza impropiamente la preposición contra, que siempre tiene significado de ‘oposición a’.

En su lugar, lo adecuado es utilizar cuanto, que expresa cantidad, siempre en concordancia con el sustantivo que va detrás, por lo que en las frases anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Cuanta más gente reunamos, más posibilidades tendremos de lograr esa victoria pacífica» y
  • «Cuanto más cerca está el Barça, mejor responde el Madrid».

Tampoco son correctas las deformaciones populares cuantimás, contimás y contrimás. El Diccionario Panhispánico de Dudas añade que mientras más es una variante coloquial aceptable, y que la forma entre más se emplea en México y el área centroamericana, pero sólo en esta zona se considera parte de la norma culta.

Por otro lado, cuanto más también es una locución que significa ‘con mayor motivo’ y, con este sentido, no debe confundirse con cuando más, otra locución que significa ‘a lo sumo’, tal como indica la citada obra académica.

Así, son correctas frases como

  • «Ayuda a todo el mundo. Cuanto más a sus amigos» y
  • «Su actitud fue cuando más educada, pero no amistosa»,

pero no

  • «Ayuda a todo el mundo. Cuando más a sus amigos» ni
  • «Su actitud fue cuanto más educada, pero no amistosa».

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[LE}– ‘Edadismo’, no ‘edaísmo’ ni ‘ageísmo’

15/01/2014

Edadismo, y no edaísmo, ni el préstamo del inglés ageísmo, es la alternativa válida en español para expresar la discriminación por (razón de) edad.

Sin embargo, en los medios de comunicación se encuentran ejemplos como

  • «Edaísmo: la discriminación hacia las personas de edad» o
  • «Deben evitarse situaciones como el ageísmo, en el que, por criterios exclusivos de edad, no se informa al paciente».

Ageísmo es un préstamo del término inglés ageism, que en 1968 se utilizó por primera vez para referirse a la discriminación por razón de edad, y más específicamente a la que sufren las personas mayores.

En cuanto a edadismo, que se forma por analogía con palabras como sexismo o racismo, lo conveniente es respetar la segunda ‘d’ para mantener la referencia a la palabra edad, que se pierde en la forma edaísmo.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Edadismo: la discriminación hacia las personas de edad» y
  • «Deben evitarse situaciones como el edadismo, en el que, por criterios exclusivos de edad, no se informa al paciente».

En este tipo de frases siempre se puede utilizar, en todo caso, la perífrasis discriminación por (razón de) edad.

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[LE}– ¿’Manda uebos’ o ‘manda huevos’? La RAE y horrores lingüísticos

14/01/2014

E. Vasconcellos

Hasta Fernando Lázaro Carreter, el hombre que clavaba sus dardos en la palabra, cuenta con alguna mácula en su historial.

El que fuera director de la Real Academia de la Lengua (RAE) empleó en más de una ocasión la palabra ‘espúreo’, desconocida para la propia RAE, en lugar del adjetivo ‘espurio’. Sea ‘espúreo’ el mejor ejemplo de palabra espuria, es decir, ‘bastarda’, ‘falsa’.

El error quizá habría pasado desapercibido si no hubiese aparecido en un artículo titulado ‘Norma y uso del idioma’ (1976). Un texto que hablaba, precisamente, de la enseñanza de la lengua a los escolares.

«¿Quién, profesor o no, posee el pulso capaz de ponderar lo aceptable para distinguirlo de lo ‘espúreo’?», se preguntaba el académico sobre la conveniencia de ‘domesticar’ la espontaneidad oral de los estudiantes.

El propio Lázaro Carreter ofrecería más adelante una explicación a su desliz: la palabra ‘bastarda’ surge al intentar mejorar una terminación tenida por vulgar (‘-urio’) y recuperar una supuesta forma originaria similar a ‘sulfúreo’ o ‘purpúreo’.

Su lapsus era en realidad una ‘ultracorrección’, y aparece recogido en «ReAprende Español. Las 101 cagadas (y otras curiosidades) de nuestro idioma» (Bolchiro), un inventario de anécdotas y «horrores» lingüísticos elaborado por Irazusta Comunicación y prologado por Soledad Puértolas.

El libro, disponible de momento en formato digital, «bebe de la vida cotidiana» y «de la relación con los medios, las empresas y las redes sociales», señalan sus autores (María Irazusta, Nacho Miquel, Noemí Sánchez y Beatriz Fernández, todos ellos periodistas).

Rigor y desenfado

El lanzamiento de «ReAprende Español..» coincide con el de dos manuales ‘pura sangre’: «Las 500 dudas más frecuentes del español», editado por el Instituto Cervantes, y «El buen uso del español», de la RAE.

«No pretendemos competir con ellos», aclara Nacho Miquel. Sin perder el rigor, el libro emplea «un tono mucho más desenfadado para abordar cuestiones que a veces resultan tan grises».

Y así, uno puede encontrar desde los vulgarismos más sangrantes admitidos por la Real Academia (‘almóndiga’, ‘asín’, ‘setiembre’, aunque hay margen para el debate) hasta el porqué de la expresión ‘el coño de la Bernarda’ y del sonoro ‘¡Manda huevos!’ (una distorsión de ‘¡Manda uebos!’, del latín ‘¡Mandat opus!’, es decir, ‘¡La necesidad obliga!’).

El origen de los errores es variado: la familia, la televisión, la prensa («los periodistas no somos los responsables del mal uso, pero contribuimos a él de alguna forma», apunta Irazusta), el sistema educativo… y el carácter español.

«Al que usa palabras un poco ‘elevadas’ le llaman ‘pedante'», señala Miquel, y a menudo preferimos «integrarnos» rebajando el nivel de nuestro discurso, a ser ridiculizados por parecer demasiado cultos. Irazusta sostiene que las redes sociales han agudizado el problema, aunque dentro del ‘gremio lingüístico’ hay opiniones enfrentadas sobre este asunto.

A pesar de todo, «los leídos también se equivocan», recuerda el libro. ¿Cómo es posible que Lázaro Carreter, o el mismísimo Umbral, empleasen la palabra ‘espúreo’? «Hay errores en los que la gente no cae. La comunidad hablante no tiene conciencia de que lo sean», explica Miquel.

Otras veces sólo necesitamos que nos refresquen la memoria, de ahí el título del libro: «ReAprender Español es recordar normas y pautas para escribir bien, que probablemente hemos olvidado por el camino», continúa. Sirvan de ejemplo esta agua (no ‘este’ agua), detrás de ti (no detrás tuyo) o callad (en lugar de ‘callar’ cuando se trata de un imperativo).

‘Discrepancias’ con la Academia

Aunque algún capítulo insinúe lo contrario, «Las 101 cagadas (y otras curiosidades) de nuestro idioma» no es una crítica a la RAE, aunque no duden en «enmendar la plana» a la institución. ¿Por qué recoge ‘nigérrimo’ como superlativo de ‘negro’ en lugar de ‘negrísimo’? ¿Por qué legitima errores extendidos en lugar de perseguirlos?

«La RAE peca de aplicar una manga ancha» según la cual «lo que habla la gente es lo que hay que sancionar», dicen. Pero una mentira mil veces repetida sigue sin ser verdad… o quizá sí.

Algunos malos usos sedimentan con el paso del tiempo y terminan por convertirse en norma. ¿Sabían, por ejemplo, que el término ‘desapercibido’ proviene de maltratar la palabra ‘inadvertido’? «La RAE tiene que ser permeable a que el lenguaje evolucione, pero no estar acomplejada», concluyen.

Fuente

NotaCMP.- Está de moda un «horror» que, aunque no he visto en forma escrita, sí lo escucho cada vez más. Se trata de ‘tamién’ en vez de ‘también’. Lo preocupante es que no he encontrado crítica alguna a semejante «horror».