[*Opino}– El proyecto de que España aprenda de Israel

16-07-13

Carlos M. Padrón

Lo descrito en el artículo que sigue me parece una excelente intención…,

pero me temo que hayan olvidado que la «materia prima» para lograr lo que Israel ha logrado fue, y es, el pueblo de Israel que, o mucho me equivoco, o poco se parece al español.

Parte del secreto está en cómo ha sufrido ese pueblo a lo largo de la Historia, en la tensión permanente bajo la cual viven los que en Israel residen, en el deseo constante de superación para llegar a ser mejores y más preparados que sus numerosos enemigos,… en fin: de la necesidad, que es la madre de la invención, según ya lo dijera Platón.

¿Tienen los españoles ese palmarés y esa apremiante necesidad? Me atrevo a asegurar que no hay en este mundo otro pueblo que iguale en esto al pueblo israelita. Así que mejor es no hacerse ilusiones, pues la parte clave de la clave de su éxito no es exportable.

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13-07-14

Elías Cohen

Dijo André Gidé que el futuro es para los innovadores, y ante el panorama económico que afronta Occidente, parece casi unánime que la solución pasa por emprender e innovar.

Como escribía Thomas Friedman en el New York Times, el mantra actual es: si no encuentras trabajo, crea uno.

Si hablamos de innovación en nuestros días, tenemos que mirar hacia Oriente Medio, a un país que con una extensión de 22.145 kilómetros cuadrados —Galicia, por ejemplo, tiene 29.574—, rodeado de vecinos poco amables, y sin recursos naturales, tiene más empresas cotizando en el Nasdaq que Europa, y es el líder mundial en inversión en capital riesgo per cápita y en I+D: Israel.

Y así está haciendo también España: observando e intentando aprender de Israel. Tanto desde el sector privado como desde el sector público.

En el terreno privado, en mayo del pasado, directivos de Wayra, la aceleradora de start-ups de Telefónica, y de la IE Business School, entre ellos Juan José Güemes, estuvieron en Tel Aviv para descubrir de qué se trata el llamado milagro económico israelí, y cómo poder importarlo a España. Gary Stewart, director de Wayra, declaró:

«Para muchos emprendedores europeos, Israel es como el Disneylandia del emprendimiento, y es mucho más asequible que Silicon Valley».

Posteriormente, en septiembre, una delegación de la Asociación Española de Entidades de Capital-Riesgo (Ascri) asistió al congreso High Tech HTIA 2012 en Jerusalén para captar ideas y fondos. En declaraciones de un miembro de la delegación:

«Es otro nivel. Están a muchos años de nosotros en inversiones tecnológicas».

El pasado mes de junio, bajo la organización de Start Tau, el centro de emprendedores de la Universidad de Tel Aviv y del Jewish Business Club de España, empresarios españoles estuvieron cinco días recorriendo Israel, visitando ciudades como Tel Aviv —que, según el medio especializado Tech Crunch, ocupa el segundo lugar en el ranking de ecosistemas de start-ups, sólo por detrás de Silicon Valley—, Jerusalén, Haifa, Yoqneam y Nazaret, en busca de aceleradoras, de capital riesgo (venture capital), empresas tecnológicas, centros de emprendimiento e innovación, sesiones de networking y conferencias, como la del autor del famoso libro «Start-Up Nation», Saul Singer.

El empresario madrileño Ilan Leiferman afirmó:

«Es impresionante lo que ha conseguido este país en escasos 20 años. Ha pasado de exportar naranjas a ser la cuna de las start-ups más exitosas del mundo».

Desde el terreno público, el político español que más entusiásticamente ha abrazado el modelo de emprendimiento e innovación israelí ha sido José Antonio Monago, presidente de Extremadura. En abril hizo de anfitrión en el Foro de Innovación y Crecimiento España-Israel, donde afirmó:

«Israel es el modelo que más se asemeja al que soñamos en Extremadura».

En junio el presidente extremeño fue en viaje oficial a Israel, se entrevistó con el presidente Peres, y visitó la tumba de Ben Gurión, al que consideró un visionario, y, en declaraciones posteriores, dijo que Israel es un ejemplo a seguir en innovación y esfuerzo.

El pasado fin de semana, una nueva legación, dirigida por el ICEX y capitaneada por el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, visitó Israel junto con 50 empresarios españoles de los sectores tecnológico y de la construcción.

Una visita que se encuadraba en la línea de la visita que realizó a Israel el pasado diciembre la ministra de fomento, Ana Pastor, con el objetivo de lograr contratos para construir una línea de AVE desde Tel Aviv a Eilat —un proyecto valorado en unos 3.000 millones de euros— y para las obras de ampliación del puerto de Ashdod.

Al albor de la publicación del mentado libro Start-Up Nation, Israel ha ido saliendo del estereotipo y ocupando el lugar que tanto ha costado conseguir a sus ciudadanos.

Como afirmó Warren Buffet:

«Israel es una nación de emprendedores con maravillosas habilidades».

Es cierto que Israel tiene peculiaridades que han favorecido que se convierta en un hub único para el emprendimiento y la innovación. Sin embargo, muchas claves de su éxito son exportables a otros países, y sobre todo a España, que sufre una crisis tremenda y necesita nuevos modelos de crecimiento.

España, pues, está mirando a Israel en los terrenos del comercio, la innovación y el emprendimiento, y de este acercamiento sólo surgirán beneficios y ventajas.

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Elías Cohen es analista político y autor del blog carreterabirmania.com.

Fuente: Libre Mercado

[*Opino}– Vargas Llosa: ‘La vieja idea de cultura ha estallado en pedazos’

08/05/2012

Carlos M. Padrón

Lo que hoy llaman ‘cultura’ se me sigue atragantando.

Varias veces en este blog he dicho qué fue lo que acerca de cultura me enseñaron en mis estudios allá por mediados de la década de los ’50s, y aún recuerdo el excelente ejemplo que al respecto encontré años después:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros:

  1. Uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y,
  2. Otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

Pero desde hace ya tiempo he visto en varias ciudades las llamadas «Casa de la cultura» que, en su gran mayoría, sirven para tocar música bailable, y montar bailes y otro tipo de reuniones sociales en las que, generalmente, no escasea el alcohol.

Aunque las definiciones que ofrece el DRAE con son muy claras,

  • Idiosincrasia. (Del gr. ?????????????, temperamento particular). 1. f. Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.
  • Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Me temo que, al igual que se ha hecho con términos como obsceno, en español se ha copiado la acepción que de cultura tienen los gringos, acepción que en nuestro idioma no es realmente cultura sino idiosincrasia o civilización, y lo que hoy día se llama, por ejemplo, «cultura maya» es en realidad «civilización maya».

No acepto, por ejemplo, que un grupo de personas moviendo el culo al compás de los tambores de Barlovento (Venezuela) sea cultura, aunque lo hagan el una «Casa de la cultura», como tampoco acepto que lo sea un grupo de personas vestidas de «magos» y bailando tajaraste en Canarias. Ambas son manifestaciones tradicionales de la idiosincrasia de esos pueblos.

La cultura está reñida con la vulgaridad, concepto éste que es subjetivo, pues lo que es vulgar para un pueblo no lo es para otro. Pero lo que sí es seguro es que las genuinas manifestaciones culturales (composiciones de músicos como Beethoven, Verdi, Handel, etc.; los poemas recogidos en «Las mil mejores poesías de la lengua aastellana»; obras como «Doña Bárbara» y, en general, lo que resulta de estudios universitarios) no tienen nada de vulgares.

Unos hermanos, jóvenes ellos y nacidos en Venezuela, que se fueron a Canarias, me dijeron que la música folclórica Canaria era monótona y aburrida. Añado que aburridísima, pero, ¿cuál música folclórica no lo es?

Toda ella sigue igual después de siglos, lo cual, porque ha sobrevivido, la hace una tradición que, por patriota o patriotero, uno llega a celebrar durante ciertos eventos, pero no más. Esa música es la manifestación de la idiosincrasia de un pueblo, una manifestación que tiende a ser menos aceptada cada día, cosa que no ocurre con las manifestaciones culturales genuinas.

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08/05/2012

Mario Vargas Llosa considera absolutamente evidente que la vieja idea de cultura, la que había hace cincuenta o sesenta años, no es válida, ya que hay una realidad que la ha hecho estallar en pedazos, y no está claro qué la ha reemplazado.

«Vivimos en un período de gran confusión», aseguraba Vargas Llosa en un debate sobre su ensayo «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), que tuvo lugar durante la entrega de los premios NH de relatos que llevan el nombre del gran escritor peruano.

 

Rodeado de escritores, como Jordi Gracia, Fernando Aramburu, Ángeles Caso, Luisgé Martín, Gonzalo Hidalgo Bayal, y José Luis Martín Nogales, entre otros, Vargas Llosa insistió en que la cultura hoy día es más diversión y entretenimiento que reflexión o indagación sobre aspectos fundamentales de la existencia humana.

Y no es que el autor de novelas tan esenciales como «Conversación en la Catedral», «La casa verde» o «La fiesta del Chivo» esté en contra del entretenimiento ni del cine, por ejemplo. «Me encanta el cine, y puedo ver películas malas, como las de Schwarzenegger», dijo el escritor entre las risas de los asistentes.

«Me gusta mucho el fútbol, y me exalto mucho en las tribunas, pero creo que, por mi formación, afortunadamente puedo establecer categorías entre lo que son las películas de Schwarzenegger y las de Visconti», añadió.

Pero aseguró que actualmente hay un público que no está en condiciones de hacer ese tipo de discriminación.

Algunos celebran los cambios que se están produciendo y que, por fin, la cultura llegue a todo el mundo y se haya democratizado de verdad. Pero otros, entre los cuales se encuentra el escritor, ven con preocupación la desaparición de ciertos órdenes de prelación, de ciertos valores y cánones estéticos, y también éticos, que hasta no hace mucho constituían unas guías que permitían orientarse entre las diversas propuestas culturales, señaló.

Vargas Llosa cree que la globalización es una de las buenas cosas de este tiempo, porque va a servir para acabar con prejuicios y lugares comunes que antes separaban a las razas, a las culturas, por el extraordinario aislamiento en que vivíamos.

También, la gran revolución de las comunicaciones hace difícil establecer sistemas de control y de censura del pensamiento, y ésa es otra de las ventajas de los cambios que se viven. Pero, en el campo de la cultura, esa revolución ha tenido un efecto negativo porque los grandes medios de comunicación apuntan por lo general hacia lo más bajo para alcanzar la mayor audiencia, en especial la televisión, agregó.

En todo este proceso, agregó el premio nobel de literatura, sí hay una cierta responsabilidad por parte de los artistas, escritores e intelectuales por haber dado la espalda en muchos casos al gran público en razón de una moral intransigente, y por negarse a hacer más asequible el producto cultural a fin de que pudiera llegar al gran público sin sacrificar el rigor creativo.

En ese sentido, el siglo XIX fue ejemplar porque produjo una literatura de gran calidad y, al mismo tiempo, llegó al gran público, como sucedió con Víctor Hugo, Dickens o Tolstoi. Luego, a comienzos del siglo XX, eso se comienza a perder, y la literatura que se hacía se fue encerrando en un mundo al que gran público le vuelve la espalda.

Ese público, afirmó Vargas Llosa, se va alimentando cada vez más de una literatura de poca calidad, y es el que es ganado por la cultura de la imagen.

El escritor dejó claro que hay excepciones, como el caso de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, que ha sido leído por millones de personas, y es un libro de altísima calidad.

Fuente: La Vanguardia