[*ElPaso}– El Paso de finales de los ’30s y década de los ’40s – Fotos, escuelas y curas

03-05-12

Carlos M. Padrón

Buscando información sobre «el otro» Pedro Martín Hernández, recabé, sin querer, todo lo que sigue, y que acompaño con tres fotos de El Paso de esa época.

El pino centenario junto a la ermita de la Virgen de El Pino. Foto cortesía de Juan Antonio Pino

ESCUELAS (lista no exhaustiva)

  • Cruz Grande. María Luisa Monterrey. Niñas
  • Cruz Grande. Enrique Campos, Niños
  • La Plaza. Maximiliano Benítez. Niños
  • La Plaza. Vicenta Fernández. Niñas
  • Camino Viejo. Carmenchu.
  • Camino Viejo. ?. Niños
  • El Morrito. José Luis Gómez Alemán
  • Tacande. Albertina Quintana. Mixta
  • El Barrial. Mixta.
  • Paso de Abajo. ?. Niños
  • Tajuya. ?. Niños

Calle principal de El Paso, vista desde el Este. Creo que ya no existe ninguna de las edificaciones que muestra esta foto; no al menos como en ella se les ve. Foto cortesía de Luis Herrera.

CURAS (lista no exhaustiva)

  • José García Pérez. Creo que fue el que me bautizó. Participaba en mítines
  • Jesús Martínez
  • Antonio Pérez Zocas
  • Antonio Rodriguez. El que prohibía que las mujeres entrara el templo si no llevaba medias, manga larga y velo
  • José Pons.

Parece que era gallego. Vivía en extrema pobreza. Andaba en alpargatas y con calcetines rotos. Fue cura en Fuencaliente y luego en Las Manchas, donde vivía en un cuarto detrás de la iglesia, y dormía en un catre armado con duelas de barril.

Siendo cura en Las Manchas, también venía a El Paso, cuya iglesia no le gustaba porque, decía él, tenía mucho dinero.

Se le vinculaba a una anécdota por algo que hacía en las confesiones, pues, como era medio sordo, iba preguntando al penitente por atentados contra cada uno de los Mandamientos, y siempre comenzaba con la pregunta «¿Has robado dinero, pasto o leña?», pues parece que en Las Machas era esto lo más que se robaba. No he conseguido averiguar qué preguntaba en relación al sexto y noveno Mandamientos.

 

  • Padre Uranga, jesuíta

Lo traían para los sermones de la fiesta del Sagrado. Era en exceso histriónico y una vez, cuando el tema de su sermón iba a ser la muerte, preparó todo para que, a una señal suya desde el púlpito, el monaguillo apagara las luces de la iglesia. Entonces, en medio de la oscuridad, él alzaba una calavera que previamente había escondido en el piso del púlpito y que había montado sobre una base sobre la cual reposa una vela encendida. Por supuesto, la luz de la vela salía por los huecos de ojos, nariz y boca.

Con la calavera en alto, y en medio de la oscuridad, amenazaba a todos diciendo que en eso se convertirían.

Pero sus visitas a El Paso concluyeron cuando en uno de sus sermones la emprendió contra Cuba, país al que habían emigrado y seguían emigrando más del 90% de los pasenses quienes, según él, en Cuba perdían la fe y dejaban de practicar la religión (la católica, por supuesto). Cerró su sermón con un «¡Maldita isla de Cuba, que debería tragársela el mar!», y fue declarado persona non grata.

Calle que, comenzando en el centro del pueblo, sube por Tenerra. La dama recostada contra la pared de la que entonces era su casa —y que ahora, remodelada, lo es de su hija Celina— es mi tía Juana Padrón, prima hermana de mi padre. En la casa que sigue a ésa vivió mi abuelo materno Pedro Martín Castillo, según ya conté en Detallista y perfeccionista: de casta le viene al galgo. Fuente: Fotos El Paso

[*ElPaso}– La crisis deja sin financiación extra la fiesta de la Bajada de El Pino de 2012

26-01-2012

David Sanz

El Paso afronta este año las fiestas trienales de la Bajada de la Virgen de El Pino.

Y lo hace con el mismo, o quizá un poco menos, presupuesto que el de cualquiera otra fiesta anual, según las previsiones que maneja la alcaldesa de la localidad, María Dolores Padilla, que confía en que el documento económico para este ejercicio pueda llevarse a pleno a principios del mes de febrero.

Por tanto, las principales fiestas del municipio pasense, que tienen lugar cada tres años, no estarán ajenas a la crisis económica, y el intenso programa cultural y festivo que se prepara tradicionalmente por estas fechas se verá afectado por la falta de financiación.

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Imagen de la Bajada en 2009, de su santuario del monte a la ciudad de los almendros.

Con todo, la alcaldesa se mostró convencida de que, pese a que se tratará de unas fiestas “más austeras, éstas van a ser muy dignas y estarán a la altura que se merece nuestro pueblo, como siempre ha sido”. “Vamos a tener el mismo presupuesto que en un año que no es de Bajada”, insistió Padilla, quien dejó claro que “por responsabilidad, no podemos hacerlo de otra manera”.

Otras prioridades

El presupuesto anual de El Paso —que este año será similar al anterior, y que superará los cinco millones de euros— en los ejercicios correspondientes a la Bajada de la Virgen de El Pino solía destinar a la celebración de las fiestas patronales un gasto considerable que se encontraría entre los 300.000 y 500.000 euros. Son cantidades con las que el Ayuntamiento no podrá contar en esta edición de 2012.

No obstante, la alcaldesa indicó que desde el Ayuntamiento realizarán el máximo de gestiones para tratar de conseguir financiación externa para destinarla a este fin.

“Si la logramos, haremos las modificaciones oportunas para poderlas incorporar al presupuesto”, pero Padilla dejó claro que “somos realistas, y no vamos a gastar en fiestas cuando hay carencias en otras áreas fundamentales, como el pago a proveedores, el saneamiento de la economía, y materia social, lo que tampoco quiere decir que incrementemos estas partidas”.

Fuente: Diario de Avisos

Cortesía de Antonio Pedro Dorta Martín

[*FP}– La secuela de dos tragedias

Carlos M. Padrón

En El Paso de la segunda mitad de la década de los años ’40s, y en la zona en que estaba mi casa natal, en la que yo vivía con mi mis padres y hermanos, el alumbrado público casi no existía —sólo había algunas farolas en el centro del pueblo y alrededores cercanos—, y en las casas tampoco se dejaba encendida en las noches ninguna luz que alumbrara la entrada, pues la energía eléctrica era muy cara y la situación económica muy precaria.

Sólo las estrellas y la Luna alumbraban las noches, cuando las nubes lo permitían.

Es posible que por el recuerdo aún fresco de la cruel Guerra Civil y de las tragedias con ella asociadas, en mi pueblo las desgracias se notaban mucho más que las alegrías, y entre mis familiares y vecinos cercanos —me atrevería a decir que entre un alto porcentaje de pasenses— destacaba un ánimo lúgubre que ante una enfermedad grave exteriorizaba preocupación; ante un accidente, angustia incontrolable; y ante la muerte, un brutal impacto cuando era por causas naturales. Pero cuando venía por suicidio, paralizaba, y cuando por asesinato producía todo eso más un estupor, incredulidad y desesperación que duraban mucho tiempo.

Tal vez gran parte de esto esté sólo en mi mente, y tal vez lo percibo así porque en muchas oscuras noches invernales, cuando el viento ululaba y la lluvia azotaba techos y ventanas, algunos de los vecinos más próximos se reunían en mi casa para jugar cartas, lotería o armar una tertulia, y desde mis apenas 8 años de edad escuché, aterrado, relatos hechos con pelos y señales de horrendos crímenes cometidos durante la tal guerra; relatos en los que se daban los nombres y se explicaban los sufrimientos de personas que yo conocía y que en esos crímenes perdieron a algún ser querido.

La secuela de la muerte era muy larga, sobre todo en madres y esposas y, hasta que a la edad de 18 años me fui de El Paso, sólo supe de una viuda que se casó en segundas nupcias.

Las otras que conocí se embutieron en vestimentas de color negro y se recluyeron en sus casas de por vida.

Como mucho, solían acudir a la iglesia o iban a faenar en los campos, pero nunca se las veía en festejos, y a veces ni en procesiones religiosas.

Inmerso, como estuve desde que nací, en este medio social, me marcó de por vida el incidente de la muerte en Caracas de un joven pasense de 20 años, vecino nuestro muy cercano, ocurrida apenas semanas después de haber llegado él a Venezuela.

Con los 11 años que entonces yo tenía recuerdo que la terrible noticia llegó por telegrama dirigido a un tío mío y también vecino. Éste se puso de acuerdo con mi padre y otros vecinos más, y entre ellos decidieron traer a mi casa, de madrugada, al padre del joven muerto, y darle allí la brutal noticia.

Tal vez mi padre o mi madre tomaron precauciones con mi hermana menor, que para entonces tenía 4 años, y, de haber sido así, supongo que hicieron que mi hermana mayor, que tendría unos 20, se la llevara a otra casa.

Pero nadie se ocupó de mí, y yo, con el corazón en un puño y asustado como nunca antes lo había estado, presencié la espantosa reacción de aquel hombre que, con sus tal vez más de dos metros de alto se me antojaba un gigante, cuando entendió que su primogénito, a quien con grandes sacrificios había logrado enviar a Venezuela, había muerto.

Ése fue mi primer encuentro con la tragedia.

Creo que los gritos de padre profundamente herido deben haberse escuchado en más de un kilómetro a la redonda. Y unos gritos tan desgarradores, rompiendo el oscuro silencio que al momento había, despertaron a todos los vecinos y angustiaron a muchos de ellos.

En su desesperación, al gritar clamando al cielo por su hijo, elevaba los brazos, y con sus manos casi rozaba el techo del comedor de mi casa.

Mi padre y mis tíos se vieron exigidos al máximo para sujetar a aquel gigante y evitar que escapara y cometiera una locura.

Pasado el peor momento, que me pareció eterno, alguien, mi padre o mi madre, reparó en mí, que me había refugiado en una esquina, incrustado casi en la pared, con los ojos desorbitados y llorando, y me dijo que fuera a la relva a buscar el caballo y la vaca.

Y así, totalmente traumatizado y sintiéndome perseguido por la muerte, salí caminando bajo la incipiente luz del alba, desorientado y confundido, mientras por buen rato escuché todavía los gritos del padre desesperado, y me crucé con algunos de los vecinos a quienes esos gritos habían despertado y, comentando entre ellos, trataban de entender qué los había causado.

Desde entonces desarrollé aversión a dejar la cama a esa hora del día; prefiero hacerlo mientras aún es totalmente de noche o totalmente de día. Y desarrollé también una extraña sensibilidad a las tragedias que en mi pueblo ocurrieran estando yo allí, pues la muerte no se ve igual en el silencio y en la soledad de un pueblo pequeño en el que todos resultan afectados por ella, que en el bullicio y el tráfago de una gran ciudad donde la indiferencia de la mayoría de las gentes tiende a hacerles entender que la desgracia es global, que no es sólo nuestra, y que la vida seguirá su curso.

Hace pocos días, viendo en TV una película vinieron a mi mente las desgarradoras escenas del padre desesperado por la pérdida de su hijo, cuando al final del filme la protagonista cerró con una frase lapidaria: «La muerte de un hijo es la peor de las prisiones; una de la que nunca se sale».

~~~

El 01 de diciembre de 1960 volé desde Tenerife —donde para entonces yo vivía— a La Palma para pasar la Navidad en mi casa natal, en El Paso, junto a mis padres y hermanas.

Según ya conté, de ese viaje surgió la semilla que hizo que yo viniera a Venezuela.

Aunque en diciembre solía haber frío en El Paso, en 1960 el tiempo fue muy bueno, y en la gente se notaba animación por la proximidad de la Navidad.

Pero en la mañana del día 18 una noticia activó en mí el recuerdo de todo lo antes descrito.

La noticia se extendió por todo el pueblo como un reguero de pólvora: «¡Pedro el Quico mató a la mujer!». (En nuestra jerga, «la mujer» era «su» mujer, o sea, que Pedro el Quico había matado a su esposa).

Hice memoria. Durante los 18 años que viví en El Paso ocurrieron algunos suicidios pero, que yo recuerde, ningún crimen, de ahí que aquella noticia causó los peores efectos: brutal impacto, angustia, estupor, e incredulidad.

Muchas de las para entonces casi mil familias del pueblo eran conocidas por apodos, pero yo no sabía quiénes eran los miembros de todas ésas.

En el caso de los Quicos sí sabía que eran de alguno de los barrios de la parte alta, como El Barrial, Las Moraditas, etc., pero no podía asociar el apodo con las caras de quienes lo llevaban.

Dada esta ignorancia, el caso no debió afectarme tanto, pero lo que de verdad me afectó fue que, como el cuartel de la temida Guardia Civil operaba en un caserón que estaba —y aún está, pero vacío y desvencijado— a escasos 100 metros de mi casa, cuando los guardias capturaron a El Quico lo encerraron en ese cuartel, y sabrá Dios qué le hacían que lo que de mi casa se escuchaba eran sus gritos desesperados invocando el nombre de su mujer, como si quisiera pedirle perdón por lo que él le había hecho: «¡Amelia! ¡¡Ameeelia!!».

Según se supo ese mismo día, El Quico había atado a Amelia a su cama y le había infringido quemaduras en algunas partes de su cuerpo, aunque nunca supe qué fue lo que realmente causó la muerte de la pobre mujer, a quien los vecinos encontraron en ese estado.

Una vez consumado el crimen, El Quico huyó hacia el monte, algo que resulta sarcástico porque en aquella isla y en aquellos tiempos no había modo de escapar antes de ser atrapado.

Pudo haberse escondido en La Caldera, pero habría muerto de hambre porque, si bien ese enorme cráter sirvió una vez a tal fin, en los años ’50s ya hacía mucho que a él no entraban rebaños de más de 100 cabras que podrían haber proporcionado leche y carne.

Ignoro cuál fue el destino de El Quico, pero ahora, cuando medio siglo después veo las muchas series de TV que tratan de los efectos que nos causa el medio ambiente en que uno crece, de sociópatas, pirómanos, esquizofrénicos, asesinos en serie, etc., y noto que en los motivos que llevaron a esas personas a ser criminales aparece siempre el trato recibido de uno de sus progenitores, de sus maestros, de sus compañeros de clase, o del medio social en que crecieron, viene entonces a mi mente el caso del joven muerto en Caracas a los 20 años de edad y, con rabia mal contenida, me pregunto qué habría ocurrido de no haber crecido él, como también crecí yo, en un medio social oscurantista en el que todo lo de sexo, hasta el mismo nombre, era tabú, y cualquier manifestación sexual estaba socialmente prohibida y religiosamente condenada bajo amenaza de ir al Infierno.

Esa maldita «educación» trastocó mi vida, y al menos afectó en mayor o menor grado la de muchos otros Canarios de mi generación que he conocido en Venezuela.

Sin embargo, en el caso de este joven el efecto fue letal, pues tuvo mucho que ver con que él muriera de forma fulminante cuando apenas contaba 20 años de edad.

Viene también a mi mente el caso de Pedro el Quico, y no puedo dejar de preguntarme cómo fue su infancia, y qué lo llevó a que, en un medio social donde no había violencia, él hiciera lo que hizo segando la vida de su mujer, arruinando la suya, y marcando para siempre la de sus descendientes, si es que los tuvieron.

Tampoco puedo dejar de preguntarme cómo habrían manejado el caso las autoridades que lo detuvieron si hubieran estado conscientes de que, como creo, El Quico ni siquiera fue un loco ni un victimario sino una pobre víctima de los tratos recibidos en su infancia, y tal vez acrecentados por lo que luego le tocó vivir.

Aunque haya muchos escépticos que no creen en la Astrología, está claro que cada signo tiene algunas características que le son naturales, y los Cáncer, como yo, tendemos a mirar hacia el pasado, podemos reconstruir los hechos que nos afectaron, y reactivar en nosotros los sentimientos que esos hechos nos causaron.

Tal vez por eso, cada vez que veo, aunque sea en fotografía, el viejo caserón donde en El Paso estuvo el cuartel de la Guardia Civil, no puedo evitar recordar lo ocurrido aquel 18 de diciembre de 1960, sentir compasión por quien protagonizó aquella tragedia, y escuchar en mi mente los lastimeros gritos de «¡Amelia! ¡¡Ameeelia!!».

[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2011

Carlos M. Padrón

Como cada año, y desde hace muchos de ellos, el domingo de la semana posterior a Corpus Christi se celebra la fiesta en honor del Sagrado Corazón de Jesús, o Fiesta del Sagrado, como se la llama popularmente.

Este año se celebró el pasado domingo, día 03/07/2011.

Acerca de tal fiesta puse en este blog posts correspondientes a las del año 2006 (Post 1 y Post 2), año 2007, año 2009 y año 2010.

De la de este año 2011 ya María del Carmen (Marycarmen) Taño Padrón —mi corresponsal fija para este evento— me hizo llegar las fotos que incluyo, y otra corresponsal. Lucy de Armas Padrón, me hizo llegar los enlaces a varios vídeos. Muchas gracias a ambas.

En los posts anteriores, de los que arriba ya di los enlaces, he incluido bastantes detalles acerca de los enrames que desde 1916 hace para esta fiesta la gente de El Paso, así que en éste me limitaré a incluir las fotos de algunos enrames de cada barrio, mencionando éstos por orden alfabético.

Primero, una foto de la imagen del Sagrado tomada en plena procesión.

Y ahora, los barrios.

EL BARRIAL

Me dice Marycarmen que el aporte de este barrio fue pobre porque los enrames los hacen sólo personas ya mayores.

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CAMINO VIEJO

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FÁTIMA

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LA ROSA

 

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PASO DE ABAJO

Como los enrames terminan en la madrugada del domingo, esta foto fue tomada durante la noche del sábado 2 ó en la  madrugada del domingo 3.

Algunos enrames alusivos a las Siete Palabras.

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TENERRA

Creo que lo que aquí se anuncia es una buena idea,… siempre que el público colabore.

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Aquí, los enlaces a los vídeos. Es recomendable verlos por orden.

  1. El Paso – Fiesta del Sagrado 2011 (1)
  2. El Paso – Fiesta del Sagrado 2011 (2)
  3. El Paso – Fiesta del Sagrado 2011 (3)
  4. El Paso – Fiesta del Sagrado 2011 (4) 
  5. El Paso – Fiesta del Sagrado 2011 (5), por Tomás Cabrera, y cortesía de Juan Antonio Pino Capote.

[*ElPaso}– La brisa, cascada de nubes o mar embravecido

Carlos M. Padrón

En relación con El Paso, mi pueblo natal, he mencionado muchas veces, y lo han hecho aquí otras personas, el fenómeno meteorológico que allá llamamos «La brisa».

Es algo que hay que vivirlo para apreciarlo, pues, visto desde El Paso, consiste en una masa de nube blanca, como inmensa masa de algodón, que se pone a cabalgar sobre la Cumbre Nueva y que, a pesar de su engañoso nombre, generalmente desata un viento fuerte y anárquico que hace destrozos en cosechas y construcciones débiles. Es muy bella, pero bastante dañina y difícil de soportar.

Vista de cerca, se nota que esa masa de nube se mueve cayendo hacia El Paso como si de una cascada se tratara. El gran poeta pasense Don Antonio Pino Pérez lo llamó, muy acertadamente, «Mar de nubes». Es él quien mejor ha cantado a la brisa; para muestra, dos de sus poemas al respecto.

BRISA EN LA CUMBRE

Para A. Gómez Felipe, cordialmente.

En la quieta molicie de la tarde infinita
me llamaron las rosas de las nubes volantes,
la cascada de bruma de los vientos reinantes
que regaron la tierra con la lluvia bendita.

Bidigoyo y Behenauno, los eternos puntales,
Limitaron el río de la brisa impetuosa,
Que por toda la cumbre —mar de nubes— rebosa,
Cual la comba de gloria de los arcos triunfales.

Va cayendo en vellones de blancura celeste
con la gracia increíble de promesas aladas.
Tiene todo el encanto de las cimas nevadas,
Trae todas las furias de los vientos del Este.

Va cayendo y no cae… en riada incesante,
llega en lenguas de nubes al Santuario del Pino,
y lo besa y lo envuelve en fugaz torbellino
que se eleva a los cielos en la tarde inquietante.

Cataratas de espuma de los mares del cielo
perfumadas de lluvia y alocadas al viento,
os lleváis el mensaje del mejor pensamiento
y pasáis como sombras en el triunfo del vuelo.

Alumbráis con ensueños de blancura indecible,
como rayos de luna de las fuentes astrales,
y caéis con fulgores de luces siderales
en sonrisa de brumas de belleza increíble.

En la brisa despierta, que amanece en las vidas,
—agitada, revuelta, cantarina, soñada—
la hemos visto en las flores del almendro cuajada
y en las blancas mejillas de rubor encendidas.

Yo la he visto en las noches de mi vida andariega
luminosa cayendo sobre el Valle dormido,
y cantar en los árboles el vibrante alarido
de una fuerza sin nombre que de lejos nos llega.

Bienhechora del Valle, curandera de alturas
que en los mares ahogas impurezas de males.
¡Yo quisiera embarcarme en tus fuerzas vitales
y embrujar en tus nieblas mis soñadas locuras!

Y sentir la caricia de tus plumas ligeras
y el concierto solemne de tus músicas rudas
que llevaron las hojas de tus ramas desnudas
y los pétalos muertos de las rosas postreras.

1949

***

MENSAJERA LA BRISA

Alas blancas tendidas en la prisa del vuelo
que portáis un mensaje de los mares del cielo,

detened vuestros juegos en la cumbre cimera
porque una voz de alturas nuestras almas espera…

Desbordado rebaño de corderos de bruma
que en la lluvia fundidos se volvieron de espuma,

para ungir a los brezos con su fresca delicia
y envolver a los pinos en la blanda caricia

de los besos sin huellas y las risas andantes
que, volando, vinieron de regiones distantes…

Haz un lecho mullido con tus plumas ligeras
para que en él descansen las muertas primaveras,

y quédate en los sueños que alumbraran la vida,
pues tú los resucitas de la ilusión perdida.

Danos paz y consuelo con tu alada ventura
que nos trae canciones de los mares de altura…

Y dale a los almendros cuajados de rubores
las albas trasparencias que sueñan sus flores.

Que siempre vuelva y venga mensajera la brisa
y en su blonda opulencia fulgure una sonrisa…

Que en su manto de nubes de la cumbre colgado
viene envuelto el misterio del milagro esperado…

Son frescas ilusiones de nuevo desatadas,
Son nuestras esperanzas, arriba en oleadas,

que caen y no caen y pasan sin pasar,
son alas inocentes que vuelan sin volar…

Con plumas de los ángeles hicieron sus ropajes
que a veces se desflecan riñendo en los ramajes.

Se embarcan el los vientos en su fugaz huída
y se van como vienen sin una despedida.

En el invierno cantan, en el otoño rezan,
en el verano ríen y en primavera besan.

Unas veces son blancas, con blancuras de armiño,
con la clara de los sueños de un niño.

Otras veces naranja, de un naranja encendido
que se alumbra en las glorias de un ocaso vencido.

Y en las tardes de invierno, con sus pardos sayales,
retadoras avanzan con sus furias triunfales.

Muchas veces son grises en la gris lejanía,
y esclarecen y alumbran en las luces del día.

Pero siempre son bellas, con sus olas fragantes,
femeninas, lujosas, con sus ondas cambiantes,

cuando suben o bajan, cuando riñen o juegan,
cuando cantan o rezan, cuando huyen o llegan,

que son rosas del cielo embriagadas de brumas
que besaron las almas con sonrisas de plumas.

Y en la angustia y el llanto y en la cruz del tormento
un mensaje dijeron al pasar en el viento

que hizo luz en las sombras… y en las noches oscuras
arroparon con nieblas a las muertas venturas;

que un sudario piadoso a la tarde le ofrecen,
y en los amaneceres nuevamente florecen;

que si nacen o mueren fulgen siempre rientes,
que son rosas del cielo… ¡y son rosas creyentes!

1958

El nombre «Mar de nubes» cobra sentido al ver el vídeo que alguien, de pseudónimo Nambroque, ha montado después de muchas horas de filmación a cámara rápida o de muchas tomas fotográficas (time-lapse), y es impactante el parecido que la brisa tiene con las aguas de un mar embravecido, o con las de una catarata.

Vale la pena verlos. En YouTube, los links, que me han llegado por cortesía de Lucy de Armas Padrón, son,

  • «Cascada de nubes», ÉSTE. La brisa cae en cascada desde lo alto de la Cumbre Nueva.
  • «Mar de Nubes», ÉSTE, pero un mar embravecido. El efecto sólo puede verse a cámara rápida, como se ve en este vídeo.

Por si acaso los saquen de YouTube o tengas algún otro inconveniente, puedes bajarlos, o sólo verlos, así:

  • Para «Cascada de Nubes», clicar AQUÍ.
  • Para «Mar de Nubes», clicar AQUÍ.

Mis felicitaciones a Nambroque por tan magnífico trabajo.

Después de ver el vídeo y haber leído los poemas, se entenderá mejor cómo es la tan admirada y temida «Brisa».

[*Opino}– La Palma en la memoria – 1949

Por cortesía de Nina Domínguez Brito he recibido este link que lleva a un documental de 1949 acerca de algunos pueblos de la Isla de La Palma, entre ellos El Paso.

Hay que tener en cuenta que en la fecha en que fue hecho el documental imperaba el franquismo y lo católico era casi obligatorio. Eso explica la mala calidad de la filmación (es de hace 62 años) y los aspectos que en ella se destacan. Aún así, es algo para guardar. Aunque no lo conozco, doy las gracias a José Antonio Lorenzo Pérez quien hizo el montaje.

Tal vez porque en El Paso no se dan los plátanos, por este documental he venido a saber que, al menos en Tazacorte, las mujeres eran las que cargaban hasta los camiones las piñas de plátanos que los hombres cortaban.

La fábrica de cigarrillos y cigarros puros hace tiempo que desapareció. Su historia confirmó la teoría de que si se toma como primera generación la que funda una empresa, la segunda la lleva a su esplendor, y la tercera acaba con ella.

Esa fábrica fue por muchos años la gran fuente de trabajo para los hombres y mujeres de El Paso.

La erupción a la que este documental se refiere es la que mencioné en el post El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular. A ese volcán se le conoce por varios nombres.

Si tienes problemas con el link que di al comienzo, puedes bajar/ver el documental clicando de AQUÍ.

Carlos M. Padrón

[*ElPaso}– Recuerdos de la década de los ’50s: Teudis

Carlos M. Padrón

Durante muchos años, el molino de gofio más cercano a mi casa natal, en El Paso, estaba en la Cruz Grande y era de Tomás «el sordo», que así lo llamaban.

Fueron muchas las veces que hasta ese molino fui cargando un saco de trigo tostado,… que días después traía de vuelta a casa ya molido y hecho gofio.

Creo que fue a mediados de los ’50s cuando Tomás «el sordo» vendió a un tal Porfirio ese molino y la casa en cuyos predios estaba. Porfirio llegó a El Paso procedente de otro pueblo de La Palma, creo que de Las Breñas.

Uno de los hijos de Porfirio, un muchacho coetáneo mío, era Salvador Teudis, a quien todos conocían por sólo Teudis, y que era el encargado de operar el molino.

Durante mis vacaciones escolares acostumbraba yo a echar mano de mi tablero de ajedrez con sus piezas e irme a la Cruz Grande, y sentados Teudis y yo en lo alto del muro que en la propiedad de José (Pepe) Pino había entonces frente al molino, jugábamos una o dos partidas.

Ese hobby se me terminó porque yo, que había aprendido a jugar ajedrez —o al menos eso creí, y luego enseñé a Teudis lo que yo había aprendido— siguiendo las instrucciones que encontré en la enciclopedia Espasa-Calpe propiedad de don Juan Fernández, el médico del pueblo, un día, apenas salir de una enfermedad de un par de semanas de duración —no recuerdo de qué estuve enfermo—, llevado por mi obsesión de mejorar en el juego me fui a jugar ajedrez con Teudis, y fue tal el esfuerzo que hice que recaí, y de gravedad, en mi dolencia,… y el médico me dijo que no más ajedrez.

Al igual que yo, aunque antes, Teudis emigró a Venezuela, y en agosto de 1963, en uno de mis viajes de trabajo a Maracay —entonces trabajaba yo para Olivetti— fui a visitarlo y me invitó a su boda.

Hasta Maracay nos fuimos, Fernando Pino y yo, en la tarde del 31-08-1963, y con mi cámara fotográfica —la primera que tuve y que había traído yo de Canarias— tomé varias fotos de la boda, dos de las cuales, que adjunto (tengo otras pero casi iguales), me dedicaron luego él y su esposa Mary.

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En esta otra aparece también, con los novios, Fernando Pino.

Fernando Pino (q.e.p.d.), Mary y Teudis (q.e.p.d.)

Lo triste de esto es que vi a Teudis por última vez antes de 1969, y luego sólo hablé con él por teléfono. Su número lo obtuve en uno de los viajes que hice a El Paso a comienzos de los años 2000.

A mi pedido de que me diera su dirección para ir a visitarlo contestó que esperara a que él se mejorara porque estaba muy enfermo y se lo pasaba hospitalizado la mayor parte del tiempo; que él me llamaría.

Nunca me llamó, y por más que yo llamé varias veces más, nadie atendió el teléfono. Meses después, a través de El Paso supe que el amigo Teudis había muerto. También murió ya Fernando. Que en paz descansen ambos.

Amigo de Teudis y mío era también Rodrigo Sosa. Rodrigo y yo, junto a Fernando Pino, Jesús Capote (Suso «el de la Corrala») y otros, fuimos compañeros de rondallas y serenatas. Ellos tocaban —y muy bien— instrumentos de cuerda, y cantaban; yo sólo cantaba.

[*ElPaso}– Recuerdos de la década de los ’50s

01-03-2011

Carlos M. Padrón

Foto cortesía de María Celia Padrón Acosta, tomada en la terraza de la casa de Daniel Padrón con motivo del cumpleaños de Carmencita Padrón, el 12-01-1953.

De izquierda a derecha.

Fila trasera: 1, María del Carmen Gabino;  2, Rosa Maria Guélmez;  3, María Victoria (Cuca) Sosa;  4, Beneda Castillo;  5, Dr. D. Juan Fernández;  6, Daniel Padrón;  7, Armenia Sosa;  8, Blanca Sosa;  9, Salvador Miralles;  10, Carmelina Padrón.

Fila del medio: 1, Carmen Delia Sosa;  2, Iluminada Pestana;  3, María Isabel Acosta.

Fila delantera: 1, Violeta Padrón;  2, Blanca Rosa Campos;  3, Nereida Martín;  4, María del Carmen (Carmencita) Padrón .

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  • Rosa María Guélmez. Vivía en Tenerra. Cuando yo era un adolescente, ella era una mujer hecha y derecha, y al verla en esta foto entiendo por qué mi difunto hermano Raúl la nombraba tanto. ¡Qué rostro tan bello! Creo que vive en Canarias.
  • María Victoria Sosa (†). Hermana de Armenia Sosa. Por alguna razón que ignoro, todos en el pueblo la conocían por Cuca Sosa, nombrecito que en Venezuela no resulta muy decente, y que, combinado con «sosa», peor todavía. Murió en El Paso.
  • Beneda Castillo (†). Tía materna mía, o sea, hermana de mi madre; todos en casa la llamábamos «Tía Beneda». Su verdadero nombre era María Benedicta Pérez Martín, pero, al igual que a casi todos en esa familia, en el pueblo la apellidaban Castillo, de ahí lo de Pedro Martín Hernández y Castillo y el que a mi madre la llamaran Victoria Castillo.
  • Dr. D. Juan Fernández (†). Fue por muchos años el único médico de El Paso, y en ejercicio de su profesión me salvó la vida en dos ocasiones: cuando yo tenía 4 meses de edad (neumonía), y cuando tenía 16 (tétanos). Siendo ya bastante mayores ambos, se casó con Tía Beneda, y poco después me salvó de un daño psíquico mayor, según conté en Sadismo y arrogancia campeando en la ignorancia. Confesión 54 años después.
  • Daniel Padrón (†). Propietario de la casa donde fue tomada esta foto, era hermano de mi padre y, por tanto, tío paterno mío. Armenia Sosa () fue su esposa. Ambos murieron en El Paso.
  • Blanca Sosa (†). Esposa de Don Enrique Campos (), quien fuera maestro nacional —el segundo que tuve en mi vida— en la escuela pública para varones de la Cruz Grande, escuela que estuvo en el callejón de entrada a mi casa natal, en los bajos de la casa de D. Domingo Hernández (), padre de Solita y de Luz María. Don Enrique murió en Caracas (Venezuela), y Blanca en Puerto La Cruz (Venezuela) .
  • Salvador Miralles (†). Natural de Valle Guerra (Tenerife), fue por muchos años, según expliqué en un post anterior, el párroco de El Paso. Murió en Santa Cruz de Tenerife.
  • Carmelina Padrón. Hija de Daniel Padrón y Armenia Sosa y, por tanto, prima-hermana mía. Vive en El Paso, en la casa donde fue tomada esta foto.
  • Carmen Delia Sosa. Es hermana de Blanca Sosa. Vive en El Paso, en la casa que fuera de sus padres .
  • Iluminada Pestana (†). Hija de Hilda Padrón (), también pariente mía. Murió en El Paso.
  • María Isabel Acosta. Hija de Antonio Acosta () y de Aurelia Montero (). Creo que vive en Canarias.
  • Violeta Padrón. Hermana menor de Carmelina Padrón y, por tanto, también prima-hermana mía. Vive en El Paso.
  • Blanca Rosa Campos. Hija de Blanca Sosa, como también lo es Mary, viven en Puerto La Cruz (Venezuela).
  • Nereida Martín. Hermana de Antonio (Toto) Martín () quien fuera el esposo de Carmelina Padrón. Nereida fue mi profesora de mecanografía en la academia que tenía donde opera desde hace años el taller mecánico de Jorge Martín Padrón, hijo de Toto Martín y de Carmelina Padrón y, por tanto, sobrino de Nereida.
  • María del Carmen (Carmencita) Padrón. Hija de Pedro Padrón , hermano menor de mi padre y, por tanto, prima-hermana mía. Vive en México.