[*ElPaso}– La Biblioteca Municipal de El Paso recibe el nombre de Antonio Pino Pérez

09 junio, 2014

David Sanz

El Ayuntamiento de El Paso acordó en pleno, con el respaldo del grupo de Gobierno (PSOE-PP) y la abstención de CC, bautizar la Biblioteca Municipal con el nombre de Antonio Pino Pérez.

El concejal de Cultura, Andrés Carmona, que presentó esta propuesta, anunció también que en el marco del “Día del Municipio”, que se celebrará el 25 de junio, está previsto, entre otros actos, la presentación del libro Abarim, una amplia biografía novelada realizada por Rosario Pino Capote, hija de Antonio Pino Pérez.

Retrato de Antonio Pino Pérez. | DA

Antonio Pino nació en 1904, en El Paso. Tras la etapa formativa media en La Palma y Tenerife, se trasladó a Madrid y Santiago de Compostela, donde realizó los cuatro primeros cursos de Medicina. Partió a Cuba para estudiar Letras en la Universidad de La Habana, y allí formó parte de la redacción de la revista Tierra Canaria desde su creación hasta su cierre.

A su regreso de Cuba, terminó los estudios en Madrid, cursando la especialidad de Odontología en la Universidad Central. En 1935 contrajo matrimonio con Amparo Capote y se estableció en Santa Cruz de La Palma, ciudad en la que fue concejal desde 1936 hasta 1944, año en que pasó a ser consejero del Cabildo hasta 1949.

Carmona destaca que “desde el Cabildo colaboró en los asuntos concernientes al Ayuntamiento de El Paso, como los fondos para la Repoblación Forestal, el camino de La Cumbrecita, etc.”, hasta que en 1945 fijó su residencia en su municipio natal, donde fue designado alcalde en septiembre de 1946, cargo en el que cesó en 1948.

Durante 21 años, hasta septiembre de 1970, formó parte de la Corporación de El Paso, desempeñando la alcaldía, nuevamente, desde mayo de 1949 hasta 1955.

Antonio Pino tuvo una gran vocación cultural y literaria, que expresó de forma diversa. Fue corresponsal de DIARIO DE AVISOS en El Paso, y Cronista Oficial del municipio, además de realizar una importante producción poética.

Desde 2006, en el marco  de la Bajada del Pino, se creó el “Premio de Poesía Antonio Pino”.

Fuente

[*Opino}– Arturo Pérez-Reverte: ‘Los españoles somos especialistas en suicidarnos históricamente’

25-11-12

Carlos M. Padrón

Lo que copio al final es el extracto de una entrevista hecha a Arturo Pérez-Reverte con motivo del lanzamiento de su última novela, ‘El tango de la Guardia Vieja’.

Aunque en esta entrevista hay varios temas interesante —como el machismo, el protagonismo social de la mujer, el sexo, la vejez, etc.—, me he concentrado en lo que se refiere a Europa y a España.

Estoy de acuerdo con Pérez-Reverte en que, lamentablemente, Europa es una parodia que no va por buen camino, según demuestran los hechos y la crítica situación de la UE.

Y más de acuerdo estoy aún en que nadie que lea historia de España puede hacerse ilusiones respecto a ese país. Para muestra, basta ver este corto animado que refleja el para mí más vergonzoso fracaso que haya tenido un país del mundo occidental —o tal vez de todo el mundo—, fracaso que, según el tal corto, continuará con la pérdida de otras partes del actual territorio peninsular, que, tal vez por pequeñas, no incluye a las Canarias, aunque éstas parecen ir por ese camino ya que están, desde hace tiempo, en la mira de Marruecos.

Los motivos de la pérdida de este imperio en su parte americana son peores aún si se tiene en cuenta que las que fueron colonias del también gran imperio británico siguen en buenas términos con el Reino Unido, y hasta se enorgullecen de haber sido parte de él, pero no así las excolonias españolas que, según historiadores, no las perdió España porque ellas quisieran emanciparse sino porque se cansaron del continuo robo de los españoles nombrados para gobernarlas.

Una vez me dijo un amigo catalán que si el rey de España hubiera sabido gobernar, habría encarcelado o fusilado, por ladrones y malos administradores, a esos gobernantes,… pero que el rey también era un gobernante español.

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Extracto de la entrevista a Arturo Pérez-Reverte

Vivir es estar sometido a constante traición, y no sólo por los gobernantes y los políticos, pues la vida misma te traiciona. Y los seres humanos, no te digo, y más en una situación como la de ahora, en que esta Europa, que era referente moral de Occidente, está en manos de manos de payasos analfabetos en Bruselas. El mundo es una continua traición, y el único analgésico es la cultura.

Ya no está esa Europa de antes, la que, si bien era una Europa injusta y clasista, tenía formas. Se ha perdido lo bueno y lo malo. Ésta es la Europa de los berlusconis.

Lo que ha pasado es una cuestión de cultura. Estamos dejando de ser cultos, de usar la historia como maestra. Ignoramos que todo ha ocurrido ya, que las respuestas están en Suetonio, Jenofonte, Sócrates,…

No sabemos dónde consolarnos o buscar vías de escape, porque las hemos borrado de nosotros mismos, de los planes de estudio, de nuestros hijos; lo único que consuela en momentos de desgracia es un libro como símbolo. Al privarnos de eso, nos hemos convertido en huérfanos indefensos: nos faltan los mecanismos culturales que antes nos consolaban.

Europa siempre estuvo en manos de los ricos, pero antes los ricos generaban cultura. Un rico, aunque fuera analfabeto, se creía en la obligación social de parecer culto; fundaba bibliotecas y hacía a sus hijos cultos. Hoy el rico no siente esa necesidad porque todo vale, y alardea de su vulgaridad y su incultura,… y, aún así, es ejemplo social. Esa parte positiva del rico como mecenas ha desaparecido, y ahora estamos en manos de ricos analfabetos.

Nadie que lea historia de España puede hacerse ilusiones respecto a nuestro país, pues leer historia siendo español produce amargura. Esa falta de respeto hacia nosotros es histórica; esa vileza inquisitorial, basada en la envidia y en la mala fe, nos sigue marcado.

Los españoles somos especialistas en suicidarnos históricamente. Cada vez que tenemos una oportunidad, con una monarquía o república nueva, nos la cargamos sistemáticamente. Eso me hace ser profundamente pesimista.

Fuente: Periodista Digital

[*Opino}– Vargas Llosa: ‘La vieja idea de cultura ha estallado en pedazos’

08/05/2012

Carlos M. Padrón

Lo que hoy llaman ‘cultura’ se me sigue atragantando.

Varias veces en este blog he dicho qué fue lo que acerca de cultura me enseñaron en mis estudios allá por mediados de la década de los ’50s, y aún recuerdo el excelente ejemplo que al respecto encontré años después:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros:

  1. Uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y,
  2. Otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

Pero desde hace ya tiempo he visto en varias ciudades las llamadas «Casa de la cultura» que, en su gran mayoría, sirven para tocar música bailable, y montar bailes y otro tipo de reuniones sociales en las que, generalmente, no escasea el alcohol.

Aunque las definiciones que ofrece el DRAE con son muy claras,

  • Idiosincrasia. (Del gr. ?????????????, temperamento particular). 1. f. Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.
  • Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Me temo que, al igual que se ha hecho con términos como obsceno, en español se ha copiado la acepción que de cultura tienen los gringos, acepción que en nuestro idioma no es realmente cultura sino idiosincrasia o civilización, y lo que hoy día se llama, por ejemplo, «cultura maya» es en realidad «civilización maya».

No acepto, por ejemplo, que un grupo de personas moviendo el culo al compás de los tambores de Barlovento (Venezuela) sea cultura, aunque lo hagan el una «Casa de la cultura», como tampoco acepto que lo sea un grupo de personas vestidas de «magos» y bailando tajaraste en Canarias. Ambas son manifestaciones tradicionales de la idiosincrasia de esos pueblos.

La cultura está reñida con la vulgaridad, concepto éste que es subjetivo, pues lo que es vulgar para un pueblo no lo es para otro. Pero lo que sí es seguro es que las genuinas manifestaciones culturales (composiciones de músicos como Beethoven, Verdi, Handel, etc.; los poemas recogidos en «Las mil mejores poesías de la lengua aastellana»; obras como «Doña Bárbara» y, en general, lo que resulta de estudios universitarios) no tienen nada de vulgares.

Unos hermanos, jóvenes ellos y nacidos en Venezuela, que se fueron a Canarias, me dijeron que la música folclórica Canaria era monótona y aburrida. Añado que aburridísima, pero, ¿cuál música folclórica no lo es?

Toda ella sigue igual después de siglos, lo cual, porque ha sobrevivido, la hace una tradición que, por patriota o patriotero, uno llega a celebrar durante ciertos eventos, pero no más. Esa música es la manifestación de la idiosincrasia de un pueblo, una manifestación que tiende a ser menos aceptada cada día, cosa que no ocurre con las manifestaciones culturales genuinas.

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08/05/2012

Mario Vargas Llosa considera absolutamente evidente que la vieja idea de cultura, la que había hace cincuenta o sesenta años, no es válida, ya que hay una realidad que la ha hecho estallar en pedazos, y no está claro qué la ha reemplazado.

«Vivimos en un período de gran confusión», aseguraba Vargas Llosa en un debate sobre su ensayo «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), que tuvo lugar durante la entrega de los premios NH de relatos que llevan el nombre del gran escritor peruano.

 

Rodeado de escritores, como Jordi Gracia, Fernando Aramburu, Ángeles Caso, Luisgé Martín, Gonzalo Hidalgo Bayal, y José Luis Martín Nogales, entre otros, Vargas Llosa insistió en que la cultura hoy día es más diversión y entretenimiento que reflexión o indagación sobre aspectos fundamentales de la existencia humana.

Y no es que el autor de novelas tan esenciales como «Conversación en la Catedral», «La casa verde» o «La fiesta del Chivo» esté en contra del entretenimiento ni del cine, por ejemplo. «Me encanta el cine, y puedo ver películas malas, como las de Schwarzenegger», dijo el escritor entre las risas de los asistentes.

«Me gusta mucho el fútbol, y me exalto mucho en las tribunas, pero creo que, por mi formación, afortunadamente puedo establecer categorías entre lo que son las películas de Schwarzenegger y las de Visconti», añadió.

Pero aseguró que actualmente hay un público que no está en condiciones de hacer ese tipo de discriminación.

Algunos celebran los cambios que se están produciendo y que, por fin, la cultura llegue a todo el mundo y se haya democratizado de verdad. Pero otros, entre los cuales se encuentra el escritor, ven con preocupación la desaparición de ciertos órdenes de prelación, de ciertos valores y cánones estéticos, y también éticos, que hasta no hace mucho constituían unas guías que permitían orientarse entre las diversas propuestas culturales, señaló.

Vargas Llosa cree que la globalización es una de las buenas cosas de este tiempo, porque va a servir para acabar con prejuicios y lugares comunes que antes separaban a las razas, a las culturas, por el extraordinario aislamiento en que vivíamos.

También, la gran revolución de las comunicaciones hace difícil establecer sistemas de control y de censura del pensamiento, y ésa es otra de las ventajas de los cambios que se viven. Pero, en el campo de la cultura, esa revolución ha tenido un efecto negativo porque los grandes medios de comunicación apuntan por lo general hacia lo más bajo para alcanzar la mayor audiencia, en especial la televisión, agregó.

En todo este proceso, agregó el premio nobel de literatura, sí hay una cierta responsabilidad por parte de los artistas, escritores e intelectuales por haber dado la espalda en muchos casos al gran público en razón de una moral intransigente, y por negarse a hacer más asequible el producto cultural a fin de que pudiera llegar al gran público sin sacrificar el rigor creativo.

En ese sentido, el siglo XIX fue ejemplar porque produjo una literatura de gran calidad y, al mismo tiempo, llegó al gran público, como sucedió con Víctor Hugo, Dickens o Tolstoi. Luego, a comienzos del siglo XX, eso se comienza a perder, y la literatura que se hacía se fue encerrando en un mundo al que gran público le vuelve la espalda.

Ese público, afirmó Vargas Llosa, se va alimentando cada vez más de una literatura de poca calidad, y es el que es ganado por la cultura de la imagen.

El escritor dejó claro que hay excepciones, como el caso de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, que ha sido leído por millones de personas, y es un libro de altísima calidad.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– La mitad de los españoles no recuerdan el nombre de ningún personaje científico

08-05-12

Carlos M. Padrón

¿No lo recuerdan o no lo saben?

Tal parece que tenía razón Pérez Reverte cuando dijo que «España es un país gozosamente inculto, deliberadamente inculto, que incluso alardea de ser inculto….».

Y en su ya larga serie de 27 artículos sobre España, las razones de una diferencia —especie de alusión sarcástica a lo de Spain is different—, lo ha explicado muy bien César Vidal.

Pero, claro, si me dan estado de bienestar, ¿para qué voy a esforzarme en estudiar, en superarme, en saber más? Lo que cuenta es vivir bien y trabajando lo menos posible. Eso de buscar la excelencia es cosa de enfermos que requieren terapia urgente.

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08/05/2012

Álvaro Calleja

La mitad de los españoles no recuerdan el nombre de ningún personaje científico

«¿Podría usted decirme el nombre de los tres científicos que, en su opinión, han sido los más importantes de toda la historia?».

La respuesta de los españoles encuestados resultan reveladoras. Casi la mitad de ellos no son capaces de recordar ningún nombre.

Según un estudio presentado hoy por la Fundación BBVA, España se sitúa a la cola de conocimientos científicos de Europa. De los once países encuestados (Italia, Austria, República Checa, Polonia, Alemania, Países Bajos, Francia, Reino Unido, Dinamarca, España, y también Estados Unidos), nuestro país cosecha el último lugar de la tabla, con 11,2 de media —sobre 22— en cuanto a erudición científica objetiva.

El análisis, compuesto por 16.500 entrevistas (1.500 por país) realizadas a una población mayor de 18 años, refleja una desigualdad de España respecto a la media de la Unión Europea (UE).

Aunque, sin embargo, el nivel de interés de los españoles hacia los asuntos de la Ciencia es mayor que en otros países, con una nota de un 5,7 nuestro país se encuentra en el cuarto lugar de esta tabla (por detrás de Países Bajos, Dinamarca y Francia); un 0,1 por encima de la media europea (5,6).

El asunto cambia cuando se observa el grado de información que el español percibe en relación a este campo. Sobre dicho aspecto, España suspende con un 4,7 de nota, que la relega al penúltimo lugar de la clasificación, sólo por delante de República Checa.

Nuestra nación es el lugar donde se da la mayor diferencia entre interés (demanda) e información (oferta) sobre Ciencia, con una disimilitud de un punto. El Estado que se siente más informado es, de nuevo, los Países Bajos.

Según Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, «la variable que más influye» en la información científica de cara al ciudadano y en el grado de conocimiento de una sociedad es, por encima de los medios de comunicación, «el sistema educativo de un país». Además, según añadió, el saber de una sociedad está ligado «a sus indicadores de riqueza».

Mejorar la educación

Queda mucho camino por recorrer. En España, tan sólo un 20,5 de los encuestados visitaron un museo o exposición de Ciencia o tecnología durante el último año (quedando desplazada al séptimo lugar, con casi cinco puntos por debajo de la media europea) y solo un 5,7 han asistido a alguna charla sobre temas científicos o tecnológicos durante el mismo periodo de tiempo.

En este punto, de nuevo, España ocupa el último lugar de la tabla.

En cuanto a la presencia de la Ciencia en el día a día de los españoles, el estudio además se pregunta: ¿qué grado de penetración obtiene esta materia en las conversaciones cotidianas entre familiares y amigos?

La respuesta nos deja exclusivamente por delante de la República Checa: tan sólo un 2,1% de los encuestados hablan «con mucha frecuencia» sobre asuntos científicos.

El perfil de la persona que visita museos, según demuestra el análisis, se asemeja al retrato del ciudadano que presenta mayor conocimientos científicos: hombre de 25 a 34 años, con estudios. Mientras que los jóvenes de nuestra nación acortan distancias con los del resto de Europa, nuestros ancianos presentan un alejamiento pronunciado de estos temas. Casi un 57% de los mayores de 65 años no poseen ninguna clase de bagaje científico.

¿Cuánto sabemos sobre Ciencia?

«¿Entiende por completo esta serie de términos?». Con el objetivo de averiguar el saber «percibido» por los ciudadanos, el estudio de la Fundación BBVA lanza varias expresiones o palabras que aparecen habitualmente en los medios de comunicación, para comprobar si realmente son comprendidos por la sociedad.

Un 51,9% de los españoles dicen saber por completo en qué consiste la fuerza de la gravedad, por un 55,7% de los países europeos. De igual modo, un 36,6% de ciudadanos de nuestro país dicen comprender el significado completo de «átomo», por un 44,7% del resto de países entrevistados. En cuanto a las células madre, el término menos conocido por los europeos, un 38,3% de los españoles aseguran saber qué son.

Mientras que la media de conocimiento percibido es mayor en Dinamarca, Alemania y Países Bajos (por encima de Estados Unidos), España se sitúa en la parte baja de la tabla con un suspenso de 5 sobre 12.

Después de analizar las percepciones científicas de los ciudadanos, el estudio pasa a valorar el conocimiento objetivo de los mismos. «Casi todos los microorganismos son perjudiciales para los seres humanos. ¿Verdadero o falso?». Un 44,9% de los españoles responde bien, por un 63,2% de los europeos.

Lógicamente, tal afirmación es falsa. Pero aún hay más. «¿Cuál de estas afirmaciones es cierta?: el Sol se mueve alrededor de la Tierra. La Tierra se mueve alrededor del Sol. Ni el Sol ni la Tierra se mueven».

Un 10,3% de nuestros ciudadanos afirman que el Sol se mueve alrededor de la Tierra, por un 22,4% de los franceses. Y, de forma sorprendente, un 21,8% de los entrevistados en los Países Bajos, y un 14,8% de los daneses (los dos países con más conocimientos objetivos sobre Ciencia) responden que el Sol orbita alrededor de nuestro planeta.

Grandes maestros

En la mayoría de los países encuestados, los ciudadanos demuestran reconocer el talento nacional. Sin embargo, en el ránking español sólo aparecen dos científicos de nuestro país: Santiago Ramón y Cajal (con un 5% de las menciones) y Severo Ochoa (con un 2,5%).

El primero de nuestra tabla es Albert Einstein (que lidera nueve de las diez clasificaciones foráneas), seguido de Isaac Newton y Alexander Fleming. En Europa, un 27% no pudieron decir ningún nombre de ningún científico de toda la historia. En España, casi un 46%.

A este respecto, la conclusión del director de la Fundación BBVA es clara: «Necesitamos más ocasiones, como programas o becas, para que la gente conozca a nuestras figuras más emblemáticas». Pardo anunció que seguirán realizando este estudio cada dos años.

Fuente: ABC

[*Opino}– Más divagaciones sobre la cultura y el arte

15-12-11

Tal parece que no hay quórum sobre el tema de la cultura. Y ahora, para colmo, se sumó el del arte.

Acera del primero ya di mi opinión, que mantengo, en particular porque, en cierto modo, está implícita en casi todas las otras que se han dado.

Acerca del segundo reitero lo que una vez, allá por 1994 ó 95, escuché decir, creo que a Sánchez Dragó, en el programa La Radio de Julia: «El arte que necesita explicación no es arte».

Según esto, que me parece muy acertado, para mí no son arte la mayoría de las obras llamadas de arte moderno, en particular esculturas y pinturas.

Carlos M. Padrón

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2011-12-14

Amando de Miguel

Los comentarios sobre la cultura y el arte desbordan mi disco duro, o como se llame.

Miguel Higueras señala algo muy original: que cultura es lo que no necesita mediación genética. No lo había pensado yo. No sé si se puede separar lo genético de las obras humanas. Insisto en que, para mí, la cultura es lo valioso, la obra admirable.

Por tanto, esa apreciación es relativa al tiempo en el que se hace. En los museos arqueológicos hay piezas que han sido encontradas en los basureros de la antigüedad. El artefacto se ha realizado siempre por alguna mano humana. Realmente, el hombre es el único animal que tiene manos, es decir, inteligencia.

Puesto que las piezas de cultura son producto de una interacción entre el autor y el observador, es fundamental la voz «interactuar».

Íñigo Benjumea me dice que no le gusta mucho ese verbo, cuando podríamos decir «relacionarse con» o expresiones análogas. Siempre es mejor una palabra que dos.

Pero lo fundamental es que «interactuar» —o mejor, «interaccionar»— indica cierta reciprocidad, un camino de ida y vuelta. Así pues, son palabras necesarias, por mucho que parezcan barbarismos.

Precisamente la cultura es la misteriosa comunicación recíproca entre el autor de la obra (aunque sea anónimo) y el observador. Es el caso de un libro, de un objeto artístico, de una pieza musical.

José María Navia-Osorio está de acuerdo conmigo en que «para ser culto hay que ser curioso», pero añade que «hay que saber estructurar mentalmente y relacionar lo que se ha ido descubriendo». Estoy conforme; todavía más cuando el de Oviedo sintetiza que la cultura es «buscar cosas nuevas para aprender». Sí, señor. Él lo dice a propósito de los museos que ha visitado en este puente.

Hug Banyeres insiste en que «la curiosidad es un vicio, opuesto a la estudiosidad y padre de otros desórdenes». En apoyo de su opinión cita a Santo Tomás.

No me parece que Santo Tomás vaya a dilucidar nuestras dudas en todo. En latín la curiositas tenía el sentido ponderativo que se le da hoy en inglés y que yo asimilo. En latín el curiosus podía ser también algo así como un inspector de Hacienda.

En cambio, en el español clásico (que todavía pervive en la primera acepción del DRAE), la curiosidad es algo desdeñoso. Habría que superar esa idea de curiosidad como vicio. Es más bien una virtud, la base de la Ciencia, de la disposición a aprender y, sobre todo, de la actitud del aprendizaje como placer.

No otra cosa me lleva a escribir en este rincón de Libertad Digital.

La actitud curiosa nos lleva a comprender y asimilar el carácter cambiante de la lengua.

Agustín Fuentes me envía una larga y enjundiosa disertación sobre el arte como producto cultural excelso.

Distingue entre el arte tradicional (en el que se sabe el significado) y el arte contemporáneo (él dice moderno), en el que se ha roto esa comprensión.

Creo que don Agustín exagera la dicotomía. Muchos coetáneos del Greco no entendían bien sus cuadros; ahora nos parecen clásicos. Me imagino que algo así como cuando los romanos descubrieron el arco, que es casi lo único que añaden a la arquitectura griega.

Cuando contemplamos las pinturas de Altamira no sabemos bien lo que significan, pero nos resultan admirables.

Sostiene don Agustín que en el arte contemporáneo nos tienen que explicar las piezas. Es cierto en muchos casos, pero también merecen una explicación las obras de arte antiguas.

Igualmente sostiene don Agustín que las obras de arte clásicas están hechas para durar, y las contemporáneas son efímeras. No estoy muy de acuerdo.

La Torre Eiffel se hizo para desmontarla después de la exposición de París, y ahí está. Muchos artefactos de los museos arqueológicos los admiramos como obras de arte, y en su día se fabricaron como algo efímero.

Habrá que seguir razonando y discutiendo.

Fuente: Libertad Digital

[*Opino}– Más sobre la cultura

En el artículo que sigue, Amando de Miguel aporta algunas guías de lo que al respecto entiende él por cultura.

Como me parecieron interesantes, me permití resumirlas en una única definición:

«Lo propio de una persona culta es no pegarse a los dogmas de ninguna especie, la capacidad de relacionar conocimientos, el gusto por éstos y por el aprendizaje.

En tal sentido, la cultura es un almacén de lo valioso, que puede corresponder a un individuo o a un pueblo. La civilización, en cambio, la entiendo más como los elementos históricos de poder que se añaden a una cultura».

Repito lo que dije en el artículo arriba ya citado:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros: uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

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06-12-11

A. de Miguel

Buena la hice al tratar de definir lo que puede ser la cultura.

Está visto que se trata de una voz polisémica. Yo tomaba sólo la parte que corresponde a la definición de una persona culta. Es una idea corriente, nada metafísica ni historicista. Simplemente, para mí una persona culta es la que viaja, lee y escribe (o pinta, o cualquier otra actividad artística) con una inquietud curiosa de aprender.

Un poco en broma, Hug Banyeres me regala estos axiomas o silogismos: «(1) Si culto es quien viaja y lee, entonces son cultos todos los transportistas. (2) Si cultura es disposición, usted tiene una mala disposición. (3) La curiosidad es el vicio opuesto a la estudiosidad».

Disiento de los tres. Es claro que los transportistas no tienen por qué ser cultos, ni las azafatas de avión, ni los antiguos viajantes. De ahí lo central que es para mí el hábito de la curiosidad, que es una virtud, no un vicio. No sé si mi disposición a aprender es mala, como sugiere el mosén; simplemente, va conmigo.

Antonio Gayo considera que la cultura es «lo que se ha de hacer», esto es, «expresa una posibilidad de hacer algo», frente a la Ciencia, que es lo que se ha hecho.

Otra vez disiento. Para mí la cultura es más bien una especie de gusto por el aprendizaje y el conocimiento. La Ciencia es algo más formalizado, pero no lo que está hecho, sino lo que está en camino de hacerse.

Continúa diciendo don Antonio que, siguiendo a Manuel Giménez Fernández, la cultura es lo que queda por hacer, frente a la civilización que es lo hecho.

Nuevamente siento disentir. Para mí la cultura es una especie de almacén de lo valioso, que puede corresponder a un individuo o a un pueblo. La civilización la entiendo más como los elementos históricos de poder que se añaden a una cultura. Pero, en fin, yo tampoco soy un filósofo. Si me meto en estos dibujos es porque el debate me ha llevado a ellos.

Mi pretensión era muy sencilla. Trataba de identificar los rasgos que trazan la biografía de un hombre culto. Era a propósito del denuesto que recibía Federico Jiménez Losantos de «inculto». Para mí, al contrario, estamos ante una de las figuras públicas actuales más cultas. Podría añadir otra más que conozco bien. Por ejemplo, Virgilio Oñate, Álvaro Delgado-Gal, José Antonio Gómez Marín, Agapito Maestre, Julio Iglesias de Ussel, Antonio Lamela, Jesús Laínz, Juan J. Linz, Octavio Uña, Pedro Schwartz, Gregorio Salvador, entre otros muchos. Cito solo nombres de personas que conozco bien, que me salen a voleo, de las que he aprendido mucho. Hay otras muchas, pero tampoco es el lugar para hacer un centón de ellas.

Félix Rodrigo sostiene que la curiosidad en sí no lleva a la cultura, sino más bien la capacidad de comprensión. Para don Félix lo propio de una persona culta es no pegarse a los dogmas de ninguna especie, la capacidad de relacionar conocimientos. Estoy muy de acuerdo. Quizá yo he exagerado lo de la curiosidad que, por cierto, no se corresponde con el sentido que le da el DRAE, más cercano al chismorreo, a las preguntas de los niños.

No, la curiosidad es lo propio del científico y, en general, de la persona culta. La curiosidad es la búsqueda de la respuesta a los porqués fundamentales. El curioso pertinente es el que no se satisface con las explicaciones usuales.

Fuente: Libertad Digital