Una buena esposa siempre perdona a su marido cuando está equivocada.
Milton Berle
Una buena esposa siempre perdona a su marido cuando está equivocada.
Milton Berle
Mi mujer, que tiene una batidora eléctrica, una tostadora eléctrica, una máquina de hacer pan eléctrica, un día me dijo:
—Caramba, tenemos un montón de aparatos eléctricos y no tenemos nada para sentarnos.
Pensé comprar una SILLA ELÉCTRICA. Desgraciadamente, me contuve.
Eran dos pescadores, vecinos ambos de un pueblo pesquero y hermanos gemelos, uno soltero y el otro casado. El soltero tenía una lancha de pesca, ya vieja, que era la herramienta con la que lograba su sustento.
Un día, murió la esposa del hermano casado y, como las desgracias no vienen solas, la lancha del hermano soltero se fue al fondo del mar.
Una viejita del pueblo, curiosa, fue a darle el pésame al viudo, pero se confundió, se dirigió al gemelo que había perdido la lancha, y le dijo;
—Recién me enteré. ¡Qué pérdida enorme! Debe ser terrible para ti.
—Sí, estoy destrozado, pero es preciso enfrentar la realidad. Debo reconocer que estaba ya vieja. La rajadura de delante estaba tan grande que ya no había con qué llenarla, y el agujero de atrás se agrandaba más cada vez que yo la usaba. Además, estaba deformada al medio y no se le podía quitar el olor a pescado. La parte de atrás estaba bastante caída, y las curvas de delante casi habían desaparecido.
Pero yo me siento culpable porque se la presté a cuatro amigos para que se divirtieran, y aunque les pedí que la usaran con cuidado, se montaron los cuatro a la vez, y ella no aguantó.
A la viejita, muerta de un infarto, la enterraron al otro día.
Cortesía de Leonardo Masina
Jaimito fue a una fiesta de disfraces a la que de pronto llegó una mujer de cuerpo escultural y con un disfraz a base de pintura, o sea, desnuda y con su cuerpo todo pintado simulando un mapamundi.
Jaimito se quedó mirando fijamente al sexo de la mujer, y ésta, ya incómoda por tanto interés, le preguntó:
— Y tú, ¿qué estás mirando?
—El pueblito donde nací—, respondió Jaimito.
Cortesía de Debora Dorfman
En el hospital, sale el médico a la sala de espera y dice:
—Señor, tengo malas noticias sobre su madre.
—Doctor, no es mi madre, es mi suegra.
—Ah, ¡entonces son muy buenas noticias!
Cortesía de Juan Carlos Hernández
—Jaimito, ¡estas calificaciones merecen una golpiza!
—¿Verdad que sí, mamá? Vamos, que yo sé dónde vive la maestra.
Cortesía de Juan Carlos Hernández
Un amigo le dice al otro:
—Hace tiempo que no te veo salir con tu novia, ¿se pelearon?
—No, nos casamos.
Cortesía de Juan Carlos Hernández
—Mamá, mamá, ¡una cucaracha gay!
— ¿Y cómo sabes que es gay, hijo?
—Porque salió del closet.
Cortesía de Juan Carlos Hernández
Un hombre le dice a su amigo:
—Oye, parce que te gustan las mujeres con celulitis, ¿no?
—Pues no, no es cierto.
—¿Y con estrías?
—Menos todavía.
—¿Y con juanetes?
_¡Nooo! Jamás.
—Entonces, ¿cuál es el rollo que te traes con mi mujer?
Cortesía de Juan Carlos Hernández