Fíjate sólo en el perro. Es el mismo en las dos fotos.

¡No se pueden refutar las pruebas científicas!
Fíjate sólo en el perro. Es el mismo en las dos fotos.

¡No se pueden refutar las pruebas científicas!
Salió una anciana del baño,
su viejito la miraba
y al punto le preguntaba:
«¿De dónde es ese gusto extraño,
pues ya llevas varios años
usando ropa interior
de oscuro y serio color,
y ya mi vista se aburre?
¿Acaso no se te ocurre
que eso te da más calor?».
La viejita, indiferente
y caminando paso a paso,
levanta en su mano un vaso
y allí sumerge los dientes.
Al viejo mira de frente
para darle explicación.
Se acomoda en el colchón
y guarda una breve pausa,
«Aquí te digo la causa
de lo negro del calzón:
Muchos colores usé,
pues la carne firme estaba,
y el fuego que me quemaba
contigo lo disfruté.
Hace tiempo lo apagué
por no hacerlo disoluto.
Te fui fiel en lo absoluto
y lo que digo es muy cierto:
«Cuando el pájaro está muerto,
el nido viste de luto»».
Autor desconocido
Cortesía de Oscar del Barco
Ella: «Amor, ¡quiero que pasemos un fin de semana perfecto!»
Él: «De acuerdo, te veo el lunes».
Cortesía de Charo Bodega
—¡Mamá, mamá! ¿por qué la novia va vestida de blanco?
—Es porque es el día más feliz de su vida.
—¡Ahhh! Entonces ya sé por qué el novio va vestido de negro.
Cortesía de Eva Matute
Estaban dos niños revoloteando en la sala maternal, cuando a través de una gran ventana de vidrio pudieron ver a una mujer dando a luz.
Con los ojos bien abiertos y súper asombrados, los dos niños miraban lo que sucedía. Cuando al fin salió el bebé, el partero, como es costumbre, le dio una nalgada.
Ante eso, uno de los niños, asustado, dijo:
—¿¡Viste cómo ese señor le pegó al bebé!?
Y el otro, como haciéndose el superado, le respondió:
—Claro, ¡como para que no le pegue! ¿Viste donde se había metido?
Cortesía de Eva Matute
El sacerdote de una parroquia catalana jamás había recibido ni una sola donación por parte de uno de los abogados más ricos de la localidad. Un día, el párroco decidió ir personalmente a hablar con el abogado acerca de este asunto, y comenzó así la conversación.
—Pues, verá, quería hacerle notar, si me lo permite y con todo el respeto que su persona me merece, que, según nuestros datos, nos consta que usted gana más de tres millones de euros al año y nunca nos ha donado nada, ni un solo céntimo, para nuestras obras de caridad. ¿Querría usted, mediante suscripción, contribuir con cierta cantidad a nuestras obras?
El abogado, que había escuchado muy atento, quedó pensativo por unos instantes y luego respondió:
—¿Consta en sus datos que mi madre está muy enferma y que sus gastos médicos están muy por encima de su pensión anual de jubilación?
—Ah, no, por supuesto que no—, murmuró el párroco.
—¿ Y qué estoy separado y debo pasar a mi mujer un dineral?
—No.
—¿Y les consta que mi hermano pequeño es ciego y no encuentra trabajo?
El párroco ni abrió la boca.
—¿Dicen algo sus datos acerca de que Jordi, el marido de mi hermana, murió hace poco en un terrible accidente y la dejó sin dinero y con cinco hijos pequeños?
—Desde luego que no— respondió humillado el párroco. —Discúlpeme, no tenía ni la menor idea de todo eso.
—¿Y en sus registros figura, por ejemplo, que tengo a mi padre, diabético y enfermo del corazón, en una silla de ruedas desde hace más de
diez años?
—Lo siento; no sabía nada. Me deja usted perplejo.
—¿Pero sí supongo que sabrá que dos de mis sobrinos son sordomudos?—, volvió a preguntar el abogado.
Apenas pudo oírse el «no» del párroco.
—Y, por si eso fuera poco—, continuó el abogado, —¿saben ustedes que la empresa de mi hermano mayor, el padre de los sordomudos, ha quebrado con la crisis, y él está prácticamente arruinado?
—Pues no, la verdad—, respondió avergonzado el párroco por el papelón hecho. —Lo siento de veras; no tenía ni la menor idea de todo lo que usted me ha dicho.
—Entonces—, continuó el abogado, —dígame por qué demonios tengo que darle dinero a usted si no se lo doy a ellos.
Cortesía de Ramón López
Cortesía de Charo Bodega