[*Otros}– Tradiciones Canarias en festival celebrado en Cuba / Estela Hernández

16-11-11

En Cuba anualmente se realiza el Festival de Tradiciones Canarias y precisamente en esta su octava edición, próxima a celebrarse el 18 y 19 de noviembre, la gran fiesta está dedicada a la isla de La Palma, conocida también como la Isla Bonita.

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Estas fiestas son auspiciadas por La Asociación Canaria de Cuba “Leonor Pérez Cabrera”, y en ella se realizan varias actividades, presentaciones de grupos folklóricos de las distintas provincias cubanas, y corales.

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También se efectúa la selección de la Princesa Dácil y el Mencey Guanarteme, y su coronación, exposiciones de artes plásticas, artes aplicadas, lucha Canaria y presentaciones de libros, entre otros.

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Las tradiciones Canarias en Cuba son muy abundantes y son precisamente los nativos de las Islas Canarias, que emigraron a nuestro país, los que trasladaron todas las costumbres de esa región a sus descendientes cubanos.

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Entre estas prácticas se encuentra el trabajo creador, sobre todo en la agricultura, especialmente en el tabaco, el uso de las yerbas como forma de curarse, las comidas típicas Canarias, su deporte, los bordados, y la décima.

En estas fiestas, nativos y descendientes Canarios se reencuentran y rememoran todas estas tradiciones que, con orgullo y a través de los años, continúan practicándose como legado de sus ancestros.

Estela Hernández
La Habana (Cuba)

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: D. Miguel Espinosa Hernández

Nació en Güímar (Tenerife) el año 1868, hijo de D. Miguel B. Espinosa y de doña Adelaida Hernández.

Llegó a Cuba en diciembre de 1890. Escribió en Las Afortunadas, fundó y dirigió el periódico El Acicate y, desde agosto del 1893, es redactor político del Diario de la Marina.

 

Fue uno de los asiduos y entusiastas sostenedores del Centro Canario. En las fiestas o conferencias literarias dadas en dicho centro bajo la dirección del presidente de la sección de literatura, D. José de J. Márquez, Espinosa las hizo brillar, tomando una parte activa en ellas, siendo muy elogiada su conferencia sobre «el bello arte de la pintura».

Fue vocal de la Junta Literaria y de su junta directiva. Hombre de ideales liberales, pertenece hoy al Partido Reformista de Cuba; es orador de fácil palabra y está llamado a ocupar un brillante puesto en los asuntos político-económicos de este país.

Su padre, D. Miguel, es un médico ilustrado, y escritor de vastísima erudición.

El apellido de la familia Espinosa goza de fama universal, de manera que, si nuestro objeto fuera tratar de hacer la historia de las personas notables que llevan ese apellido, tropezaríamos con,

  • Benito Espinosa, filósofo holandés, descendiente de una familia portuguesa, quien nació en 1532 y murió en 1637
  • Carlos Espinosa, general español, gobernador de Cádiz y capitán general de Andalucía. Muy adicto a los principios liberales
  • Diego Espinosa, cardenal y hombre de Estado español, ministro de Felipe II
  • Juan Espinosa, escritor español, que nació en Belorado
  • Miguel Espinosa, famoso pintor aragonés del siglo XVII
  • Nicolás Espinosa, poeta español que nació en Valencia por los años de 1520
  • Don Pedro Espinosa, poeta y moralista español, que nació en Antequera en 1592 y murió en Sanlúcar de Barrameda en 1650.
  • Dr. D. Bernardo Espinosa, quien ejerció su facultad de médico en el hospital militar de La Habana durante muchos años y, más tarde, en el hospital civil de Ntra. Sra. de los Desamparados, de Santa Cruz de Tenerife, su patria, donde falleció a una edad muy avanzada; y, por último,
  • El ilustradísimo sacerdote D. Francisco, hermano de D. Bernardo Espinosa, y quien desempeñó por mucho tiempo el beneficio de la parroquia de El Pilar, en la referida ciudad de Santa Cruz, hasta que, habiendo tenido un rudo altercado con el obispo D. Luis Fulgueras y Sion, se vio precisado a abandonar su parroquia y trasladarse a España donde falleció, después de haber recorrido casi toda Europa y la mayor parte de África hasta llegar a Jerusalén, en medio de grandes romerías de cristianos.

Los Espinosa de Canarias son oriundos de Portugal.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Jose Llarena y Mesa. Doctor en Medicina

Este hijo de las Afortunadas nació en el pueblo de Candelaria, isla de Tenerife, hacia el año de 1835.

En Santa Cruz de Tenerife empezó sus estudios, practicando en los hospitales civiles y militares de la muy noble y heroica capital, con notable aprovechamiento, bajo la inmediata dirección del acreditado facultativo D. Bernardo Espinosa y otros apreciables profesores, que le distinguían como discípulo aventajadísimo en la ciencia.

Mas, viendo Llarena Mesa que en su país no contaba con los recursos necesarios para concluir su laboriosa carrera, emigró a Cuba por los años 1856-57, con el fin de unirse a su hermano D. Ignacio, que se hallaba establecido en el pueblo de la Macagua.

Ya en La Habana, nuestro comprovinciano entró a practicar en los hospitales militares bajo la dirección de acreditadísimos profesores, sin descuidar ni una siquiera de las lecciones teórico-prácticas de sus ilustrados maestros, adquiriendo, a fuerza de voluntad y grandes desvelos, un caudal de conocimientos en la materia.

De La Habana, ya bastante adelantado en sus estudios, trasladó su residencia al histórico pueblo de la Macagua, jurisdicción de Colón, colocándose en el ingenio La Angelita donde prestó sus valiosísimos auxilios a la desvalida dotación de esclavos, con aplauso general de todos aquellos desgraciados y, muy especialmente, de los enfermos de las fincas inmediatas, que continuamente le buscaban porque, siempre generoso y humano, jamás dejó de asistir con la oportunidad debida donde se le llamaba, aunque siempre con timidez por carecer de un título legal para ejercer con toda libertad y franqueza su profesión.

Entonces, protegido por su honrado y laborioso hermano D. Ignacio, pasó a los Estados Unidos a continuar sus estudios en las universidades literarias de la gran república, obteniendo, en buena lid y con notable aprovechamiento, el honroso diploma de doctor en Medicina y Cirugía Legal, título que luego revalidó en la Central de Madrid, incorporándose más tarde en la de La Habana.

De regreso a Cuba, el Dr. José Llarena Mesa se estableció nuevamente en la rica y extensa comarca de Colón, pero, envuelto en los sucesos políticos de los diez años, se vio en la precisa necesidad de emigrar a su país natal, con su otro hermano, D. Miguel, que escapó a uñas de caballo después de haber pasado por la terrible pena de saber que a su respetable hermano D. Ignacio, en unión de seis operarios más del ingenio La Angelita, lo habían ejecutado en los próximos montes del pueblo de la Macagua, a consecuencia de una falsa denuncia del capitán de Chapelgorris llamado Fernández, que luego, aprovechando la oportunidad de las perturbaciones del momento, se hizo por sí y ante sí, administrador de la finca azucarera, y no sabemos si hasta dueño, porque el Fernández, que fungía de juez de paz, etc., era un poco travieso, según tuvimos la oportunidad de oír hablar en el contristado pueblo de la Macagua en aquel calamitoso día.

¡Cuántos misterios encierran las páginas sangrientas de los sucesos políticos de Cuba en los diez años! ¡Dios quiera que tales acontecimientos, aislados o colectivos, desaparezcan, de una vez y para siempre, del planeta Tierra, y que sólo impere la armonía universal!

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Wenceslao Abreu

Sucede con la antigua y larga familia de los Abreu de las Canarias lo que con la de los Cubas, Padilla, Clavijo, Ferraz, Armas, Trujillo, Verdugo, Monteverde, etc., donde parece hallarse arraigado el privilegio de la inteligencia.

Obispos, arzobispos, profundos teólogos, abogados, médicos, ingenieros notables, marinos distinguidos, oradores, literatos, periodistas, hombres de negocios; y piadosas señoras, como Marta Abreu, dama Villa-Clarena, hija de nuestro muy distinguido compatriota el rico hacendado González de Abreu, cuyos humanitarios y generosos sentimientos y altas virtudes parecen confundirse con lo celestial; dama, en fin, a cuyas puertas jamás ha acudido el inocente huérfano, ni la pobre y desamparada viuda, ni el anciano desvalido, que no hayan sido socorridos cariñosamente y con toda largueza.

 

Por eso, al ocuparse de Wenceslao Abreu, el semanario Las Afortunada, del dos de junio de 1895, dice lo siguiente:

«Unidos a él por una antigua y nunca entibiada amistad, hemos seguido paso a paso las peripecias todas de su vida accidentada; y siempre, ya navegando durante mucho tiempo en nuestros buques de vela y de vapor, ya escribiendo en periódicos y revistas, ya alcanzando aplausos y celebraciones en fiestas literarias, ya desempeñando, a satisfacción de todos, importantes puestos en la Policía, siempre hemos admirado en Wenceslao Abreu al patriota convencido y entusiasta, al amigo leal y cariñosísimo, al hombre recto y pundonoroso por excelencia».

Nació Wenceslao Abreu en Santa Cruz de La Palma el día 30 de mayo de 1859.

Vino a Cuba el año 1876, ingresando como cadete de infantería en la academia militar de esta isla, en cuyo establecimiento cursó cuatro semestres con buenas notas, obteniendo la de sobresaliente en francés, gracia que difícilmente se obtiene en academias militares.

Cuando comenzaba a cursar el quinto semestre tuvo que abandonar los estudios por prescripción facultativa y trasladarse a Canarias, volviendo a Cuba dos años después, aunque hallándose impedido de continuar sus estudios militares por haberse clausurado la academia de esta isla.

Se dirigió a Vuelta Abajo, al poblado de Luis Lazo, donde permaneció dos años. Allí fue instructor de la Compañía de Voluntarios, recibiendo aún hoy de los entusiastas individuos que la componen señaladísimas pruebas de afecto.

Más tarde embarcó en los buques Fama de Canarias, Triunfo y Rosario, pertenecientes a la firma Rodríguez y Cia., con el empleo de agente de la referida sociedad mercantil.

Luego pasó en clase de sobrecargo a la conocidísima empresa de los señores Sobrinos de Herrera, navegando por espacio de cuatro años en diversos vapores de la casa, particularmente en el Ramón de Herrera, y el Julia, que hacían viajes a Canarias.

Wenceslao Abreu fue náufrago del vapor Manuelita y María, perdido en los arrecifes de Versalles, frente a Cayo Romano, en esta isla.

Perteneció en clase de primer teniente al cuarto batallón de voluntarios de La Habana.

Por acuerdo del señor gobernador regional, nuestro ilustrado paisano, el Excmo. señor D. Agustín Bravo, desempeñó Abreu la plaza de celador de Policía de gobierno en las villas de Jibara y Jovellanos, y en ambos pueblos presto señalados servicios dejando gratos recuerdos de sus delicadas gestiones.

Como escritor, Wenceslao Abreu cultiva con éxito ese estilo cortado, fácil y ligero que tan bien manejan en la Península Luis Taboada y Eduardo de Palacio.

En los años 1884 a 1885 figuró como redactor de La Voz de Canarias, importante semanario que publicaron en esta capital el ilustrado periodista D. Francisco Ojeda, residente hoy en Las Palmas, y nuestro consecuente amigo el conocido comerciante tinerfeño D. Antonio Pérez y Pérez.

Todos los periódicos que han visto la luz en La Habana, dedicados a defender los intereses de las Canarias, han tenido en Wenceslao Abreu un colaborador decidido y entusiasta.

Actualmente escribe en Las Afortunadas, y en el Diario de Avisos de Santa Cruz de La Palma, unas veces firmando sus trabajos y otras usando el pseudónimo de Tanausú, el valiente príncipe palmero que prefiriola muerte antes que ser esclavo de los feroces españoles que conquistaron su patria.

Como poeta —porque también Wenceslao hizo renglones cortos— parece otro hombre. Ha tomado la poesía por lo serio, y todas sus composiciones tienen un dejo melancólico que las caracteriza. El que haya leído versos suyos, publicados en periódicos de esta capital y de Canarias, convendrá con nosotros en que la musa de Wenceslao Abreu es una musa triste, mas a propósito para inspirar a un poeta romántico de los pasados tiempos, que a un hijo de este siglo bullicioso y emprendedor.

Y aquí terminamos no sin pedir a nuestro simpático biografiado nos perdone el atrevimiento que hemos cometido al trazar estas líneas. Culpe Wenceslao Abreu al que, conociendo nuestras escasas fuerzas literarias, nos ha encargado este trabajo. Otro cualquiera lo hubiera hecho, si no con mejor voluntad, al menos con mayor competencia e ilustración.

A los comienzos de la actual campaña, ingresó Abreu como teniente en la guerrilla local, Montada de Sagua la Grande, en la que prestó muchos e importantes servicios a España, los cuales constan en su hoja de filiación, por lo que ha sido propuesto para la cruz de Carlos III, libre de gastos.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Don Delmiro Carmona

Nació este nuestro inteligente amigo en la ciudad de Santa Cruz de La Palma, patria de insignes varones y de históricos recuerdos.

El Ldo. Carmona, a quien va dedicada esta página, llegó a Cuba un año después de haber cursado en su país el bachillerato, con notable aprovechamiento, completando su carrera literaria en la Universidad de La Habana.

Pasó el año del noviciado jurídico en el bufete de nuestro eminentísimo y nunca bien llorado compatriota Don Fernando Falagón y González, y con eso está dicho todo.

El señor Carmona ha desempeñado interinamente, con inteligencia y honradez, el registro de la propiedad, y en la actualidad es juez municipal de San Antonio de los Baños. Y no sería extraño que, dados sus conocimientos, le veamos ocupar muy pronto un juzgado de primera instancia en propiedad.

Amante de la educación, el Sr. Carmona ha regentado también por algún tiempo varios colegios de segunda enseñanza, dejando entre sus numerosos discípulos gratos recuerdos por su bondadoso carácter y la precisión y claridad con que ha sabido explicar las lecciones.

Nosotros le auguramos a nuestro amigo Carmona un brillante porvenir en su honrosa carrera, dadas las prendas que le distinguen como jurisconsulto y como periodista.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Baldomero Perez Denis

Nació en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife el 20 de mayo de 1848.

Llegó a Cuba el dos de agosto de 1860 en unión de su familia. Empezó sus estudios en los colegios de José Desire Dugout y de D. Juan de la Puerta Canseco, y los concluyó en la Escuela Preparatoria de La Habana que dirigía Arboleya.

En 1874 entró de segundo escribiente en la Inspección General de Obras Públicas, destino que desempeñó durante nueve años a satisfacción de sus jefes.

Hombre de inteligencia y nobles sentimientos, amante de las glorias de su país, era Pérez Denis el amparo de sus padres, el ídolo de su familia, el ángel tutelar del hogar domestico. De constitución delicada, enfermó del corazón y falleció el 13 de febrero de 1882, cuando su patria más esperaba de él por sus claros y honrosísimos sentimientos.

[Col}> Ernesto Lecuona, hijo / Estela Hernández Rodríguez

17-10-2011

Ernesto Lecuona, hijo, intérprete y compositor de fama universal.

En un modesto hogar de Guanabacoa, La Habana, nació el 6 de agosto de 1895 un niño de doce libras de peso. Era un pequeño que, al pasar de los años, se convertiría en un genio de la música. Su nombre: Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona y Casado.

Cuentan que este calificativo de genio tuvo que ver con la predicción de una negra, pobre y desamparada, de su natal Guanabacoa. El «¡Dios te bendiga, genio!» dicho por esa mujer delante de la cuna del niño Ernesto se convirtió con los años en una gran verdad, según cuenta el intelectual Orlando Martínez, uno de los biógrafos de Ernesto Lecuona, quien fuera además su amigo.

Ernesto Lecuona fue el iniciador de la auténtica visión de los valores afrocubanos en nuestra cultura, y nadie imaginó el alcance que tuvo tal predicción hasta que se convirtió en una realidad, pues Ernesto Lecuona compuso 406 canciones y 176 obras para piano, entre otras.

Ernesto Lecuona, así conocido por su nombre artístico, era hijo del periodista Ernesto Lecuona y Ramos, nacido en 1854 en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias), quien se radicó en Cuba.

Luego de la muerte de Ernesto Lecuona padre, la familia trató de ofrecer a Ernesto Lecuona hijo la mejor instrucción posible, y éste comenzó a estudiar piano bajo la tutela de su hermana Ernestina, la que, simultáneamente, le enseñaba música, hasta que el niño Ernesto pasó a estudiar con otros profesores para llevar adelante sus conocimientos en esta especialidad, que sería su  brillante porvenir.

A pesar de que la familia no estaba mal económicamente existían razones para que él se buscase un futuro prometedor, pues había quedado huérfano de padre a temprana edad, y su madre estaba delicada de salud.

Así, Ernesto comenzó a trabajar en el cine Fedora, lo que despertó su afición por este nuevo arte, y en 1907, con sólo 12 años de edad, dirigía al grupo musical de ese cine, y en los intermedios hacían instrumentales.

Su primer recital lo dio a los 5 años, y a los 13 realizó su primera composición, la marcha two step titulada «Cuba y América» para banda de concierto. De ahí que le llamaran niño prodigio.

Estudió en el Peyrellade Conservatoire, y a los 16 años se graduó en el Conservatorio Nacional de La Habana con medalla de oro en interpretación.

Su vida se desarrollaba de forma ascendente hasta que, conociendo ya bien su trabajo, creó la primera orquesta latina que hubo en los Estados Unidos, la llamada Lecuona Cuban Boys.

En ese entonces, por su obra para piano fue considerado como el músico cubano más destacado, y se le comparó con los grandes de esa manifestación artística, como Manuel de Falla y Maurice Ravel.

También incursionó en el teatro lírico cubano, y con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats formó la trilogía más importante de compositores, en especial del género de la zarzuela, en el que cabe destacar «Damisela Encantadora» y, entre sus canciones, «La Comparsa», «Malagueña», la «Rapsodia Negra», para piano y orquesta, además de su «Suite Española».

Una de sus obras, “Siempre en mi corazón”, fue nominada para el Oscar, premio que ese año ganó White Christmas.

Su música recorrió el mundo, y con ella dieron conciertos muchas personalidades. La interpretó el tenor Canario Alfredo Kraus, y, con una selección de piezas de Ernesto Lecuona, Plácido Domingo grabó un álbum al que tituló “Siempre en mi corazón”.

A su favor tuvo Ernesto Lecuona la crítica, que siempre hablaba bien de su persona.

Su música fue también llevada al cine en catorce oportunidades. Su zarzuela “María La O” se presentó en la pantalla del celuloide mexicano.

En la televisión, produjo en CMQ, y para la cantante Esther Borja, el programa “Álbum de Cuba», que se transmitió durante muchos años.

También en Cuba, la CMBF —emisora con una programación cultural informativa especializada en la difusión de música clásica, ballet, cine, teatro, artes plásticas, literatura y espacios de análisis sobre música y cultura general— tuvo el programa “Cómo recuerdas a Ernesto Lecuona”, programa, dedicado a este gran músico, en el cual destacadas personalidades hablaban de él y hacían un vivo retrato de su vida y éxitos.

Ernesto Lecuona expresó con talento e inspiración su cubanía, una identificación que dejó huellas en lo más profundo de su pueblo.

Su obra genial no puede quedar en el olvido. Está siempre vigente como un excelente legado, inclusive más allá de su muerte ocurrida a las 11:30 de la noche del viernes 29 de noviembre de 1963, en Santa Cruz de Tenerife, lugar donde había nacido, y donde también murió, su progenitor, Ernesto Lecuona y Ramos.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba)

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Antonio López de Botas

El Excmo. e Iltmo. Dr. Antonio López Botas, de quien nos vamos a ocupar en este capítulo, nació en la ciudad de Las Palmas el 17 de diciembre de 1818.

Cursó sus estudios literarios este eminente hijo de las Afortunadas en la Universidad de San Cristóbal de La Laguna, con notable aprovechamiento, distinguiéndose siempre entre sus numerosos condiscípulos en todos los cursos universitarios hasta obtener en buena lid la investidura de doctor periodista y escritor público de gran talla.

Desempeñó siempre los más importantísimos cargos en todas las carreras de la Administración Civil y Política. Fue diputado a cortes en varias legislaciones; senador del reino, diputado, tesorero, y cinco veces decano del Ilustre Colegio de Abogados de Las Palmas. Juez de primera instancia y promotor fiscal del mismo Juzgado; 1854, magistrado de la Audiencia del territorio; 1856-1866, vocal de la Junta de Disciplina y Establecimientos penales; alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento; 1861-1868 diputado y consejero provincial;

1852-1858; presidente de la Junta Provincial de Sanidad; vocal de La Beneficencia; jefe civil y gobernador económico del distrito de Las Palmas y ministro honorario de la Junta de Establecimientos Penales de Suiza.

Falleció este benemérito Canario en la ciudad de La Habana, donde había sido nombrado para el desempeño de la Fiscalía del Tribunal de Cuentas.

Como méritos y servicios particulares tuvo López Botas los de individuo de la Junta Inspectora del Crédito Territorial Español; presidente de la Exposición provincial de Canarias, en 1862; socio de la de Bellas Artes de Las Palmas, y de la Aragonesa; individuo de la Sociedad de Escritores y Artistas Españoles; fundador y vice-presidente del Gabinete Artístico-Literario de Las Palmas; y otros varios cargos.

Estaba condecorado con un diploma de distinción; era caballero de la Real y distinguida orden de Carlos III, tenía la Cruz de Beneficencia de primera clase, y era caballero Gran Cruz de la orden de Isabel la Católica.

Pero demos la palabra al Eco de Canarias de La Habana, que, en el momento de tener noticia del fallecimiento del gran patriota, se expresó en estos términos elocuentísimos:

«López Botas no fue sólo un distinguido abogado, un notable tribuno, o un eminente literato; López Botas, traspasando los limites de la honrosa carrera, llevó más allá sus nobles aspiraciones, que realizó con resultados felices, para gloria suya y provecho del suelo que le vio nacer.

Hombre de sentimientos nobles, elevados, de gran iniciativa, dotado de un civismo poco común, de un alma ardiente, espíritu recto y emprendedor y filántropo por temperamento, consagró la mejor parte de su vida en beneficio de su pueblo natal, y en beneficio también de cuantos a él acudieron en solicitud de su inagotable filantropía.

López Botas pertenece al número de esos héroes que forman época en la vida de los pueblos. López Botas fue a la ciudad de Las Palmas lo que el inolvidable José María Pinto fue a la ciudad de La Laguna, en Tenerife. Estos mártires de la humanidad, estos esclavos del deber, colocando una infranqueable barrera a las preocupaciones monomaniacas de los tiempos que les precedieron, abrieron ancho campo al progreso en sus distintas manifestaciones, y fijaron en nuestra provincia el punto de partida de la nueva etapa que nos ha elevado al nivel de los pueblos mis civilizados del globo. El señor López Botas fue fundador, rector y director del colegio de primera y segunda enseñanza de San Agustín, en la ciudad de Las Palmas, creado en 1844, y del cual fue constante catedrático de filosofía moral, derecho público y derecho constitucional, gramática castellana, religión y moral, geografía, psicología y lógica; el señor López Botas, repetimos, obtuvo con la fundación de ese plantel modelo los más halagüeños resultados que pudo apetecer.

De aquel famoso establecimiento logró sacar hombres tan respetables como León y Castillo, Pérez Galdós, Alvarado y Saz, Gutiérrez Brito, y otros muchos que hoy brillan en el campo de las Letras, que deben a López Botas la exquisita educación que los ha elevado a la envidiable altura en que se encuentran.

Pues bien: este hombre, cuyos inmensos beneficios hechos a la humanidad lo elevaron a la más alta consideración social; el héroe incógnito de la Revolución de Septiembre, el más consecuente amigo del duque de la Torre, el educador incansable de esa moderna pléyade de Canarios ilustres; este distinguido filántropo, cuya inmensa fortuna de mejores tiempos se dedicó con suma preferencia a engrandecer a su pueblo y a enjugar lágrimas y ahora suspiros de miles de necesitados; este ilustre pensador y eminente jurisconsulto… ¡ha muerto pobre, sumamente pobre!».

La noticia del fallecimiento del eminente hijo de las Afortunadas fue comunicada al distinguido periodista Manuel Linares, quien inmediatamente se dirigió al Dr. Cubas, presidente de la Sociedad de Beneficencia, dándole conocimiento del desgraciado suceso, acordando lo conducente a inhumar con la dignidad debida el cadáver del que fue don Antonio López Botas.

En efecto, el Dr. Cubas, con una actividad y una solicitud que lo enaltecen, hizo que los restos del ilustre Canario fuesen conducidos a la casa que ocupaba nuestra Sociedad de Beneficencia, en donde se levantó un magnifico catafalco, y de cuyo punto, seguido de un numeroso y distinguido acompañamiento, entre los que figuran representaciones civiles y militares, y a la vez comisiones de distintas sociedades benéficas, fue conducido el cadáver al Cementerio de Colón y depositado, en magnifica caja, en la bóveda que en aquel recinto mortuorio posee el ya mencionado Dr. Cubas y en donde se hallaban depositados los restos de otro hijo eminentísimo de las Canarias, Ldo. León y Mora.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Luis F. Gómez Wanguemert

Allá, en las Afortunadas, bañadas por las suaves brisas del gigante Teide, en la antigua patria del valiente y honrado Tanausú, hay una pintoresca población, llamada Los Llanos, donde cupo la suerte de ver la luz primera en el año 1863 el patriota ilustradísimo a quien con gusto dedicamos esta página, publicando a la vez su retrato.

 

Nuestro biografiado llegó a Cuba el año 1882 cuando apenas tenía diecinueve años, estableciéndose en las ricas localidades vueltabajeras de San Juan y Guane, donde se cultiva el mejor tabaco del mundo.

En el tiempo que nuestro comprovinciano lleva de avecindado en la Isla, provincia de Pinar del Rio —que no es mucho relativamente comparado— goza ya de un crédito ilimitado y de una posición social ventajosísima.

Extractamos algunos de sus hechos más notables porque ellos vienen a significar, una vez más, la influencia civil, militar y política que los Canarios ejercen en América, cualquiera que sean sus creencias, porque esto, y no otra cosa, es lo que nos hemos propuesto al escribir la historia de los Canarios en estas latitudes, a partir de 1466 y hasta nuestros días.

Nuestro compatriota Luis Felipe Gómez Wanguemert ha sido concejal y teniente de alcalde en los términos de Guane, y San Juan y Martínez, y en la actualidad es secretario de la Junta Administrativa creada recientemente en el Valle de Weyler (Luis Lazo) por disposición del Excmo. Sr. general en jefe y capitán general.

En la parte más occidental de la provincia de Pinar del Rio, donde existen muchos miles de hijos de canarias le llaman «El cónsul».

En todas las desgracias de Vuelta Abajo, jamás nuestro paisano ha dejado de estar en su lugar. De manera que, cuando ha sabido que en algunos de los pueblos de Vuelta Abajo se han cometido, o tratado de cometer, atropellos con hijos de Canarias, allí ha acudido siempre dispuesto a defenderlos, dándose el caso, en más de una ocasión, de que sus exaltadas defensas, o sus vivos ataques, le envolviesen en procesos de los que siempre salía absuelto.

En la calle Real de Suárez, frente al Casino Español, fue acometido una noche por tres empleados del Juzgado de Instrucción que le dispararon varios tiros, defendiéndose Gómez con todo el valor y sangre fría de que es capaz un hijo de las Afortunadas, y todo por haber reprobado el atropello cometido contra su comprovinciano, J. Leon María Camacho, que estaba imposibilitado de poder defenderse por estar enfermo de calenturas.

Desde muy joven (a los 15 años) se afilió en Canarias al Partido Republicano. En Cuba comenzó a hacer política en 1887 cuando se inicio la disidencia izquierdista del partido de Unión Constitucional, luego tomó parte en el movimiento económico y, creado el partido reformista, fue comisionado en unión de distinguidas personalidades para hacer propaganda por los pueblos más occidentales de Vuelta Abajo, Guane, Martínez, Baja, Remates y otros donde era poderosa la Unión Constitucional.

El resultado de los discursos pronunciados por los comisionados fue la creación de importantes comités y el triunfo en los comienzos.

Gómez es miembro del Comité Regional, vice-presidente del Sub-comité de Punta de la Sierva, y secretario del local de Guane.

Como periodista inteligente ha colaborado en La Idea, Las Dominicales, El Radical, La Alborada, La Fraternidad, El Eco de Canarias, Las Afortunadas y Las Canarias, y en Paz y Concordia, órgano oficial de la Respetable Logia de su nombre establecida en la capital de Pinar del Río.

Se ha distinguido por sus sentimientos caritativos y exaltado patriotismo.

En el Valle de Weyler ha prodigado muchos beneficios a los centenares de familias reconcentradas y presentadas, facilitándoles comida y dinero.

Como oficial de voluntarios ha prestado grandes servicios, ha sido práctico de columnas con los generales Mann, Suárez Valdés y Meguizo, y ha tomado parte en varios encuentros, algunos importantes, y ha llevado al cuerpo de voluntarios centenares de jóvenes.

En la actualidad está terminando la organización de un escuadrón del cual será nombrado Comandante, según se dice.

Fue el iniciador en la provincia vueltabajera de la suscripción para el aumento de la Escuadra Nacional.

Es miembro de la Asociación Canaria. En Punta de la Sierra, donde poseía el Hotel «Marina», tenía una escuela gratuita y una modesta biblioteca puesta al servicio público. Todo fue destruido cuando el incendio del pueblo por los revolucionarios.

En la actualidad se dedica al cultivo del tabaco y a su compra para las fábricas de la importante casa «Henry Clay». Es apoderado de varios dueños de vegas y almacenistas de víveres de La Habana.

Por último, le gusta hacer sus poesías.

Y como aficionado a lo instructivo y bello, ha organizado veladas literarias y suscripciones para fines benéficos, entre ellas para socorrer a las víctimas de los terremotos de Andalucía y para auxiliar a la desgraciada señorita Emilia Villacampa, y es corresponsal especial del Diario de la Marina.

Como hombre político hállase nuestro compatriota Gómez Wanguemert dignificado con el partido reformista local de Cuba, al cual viene, según lo anotado en otro lugar, prestando sus valiosísimos servicios con toda lealtad y el elevado criterio de patrióticas miras, desde que la facción izquierdista de «Unión Constitucional» hizo su primera evolución hacia el programa de Gobiemo, siendo Ministro de Ultramar el Sr. Maura.

En política, como en todas las manifestaciones humanas, el estacionamiento es un grave pecado, un absurdo, y por eso escribía Fernando Corradi en su famoso y antiguo periódico El Clamor Público (1847), nosotros somos: «Más liberales hoy que ayer. Más liberales mañana que hoy».