[SE}> Kant, filósofo: «La moralidad no es la doctrina de cómo podemos sentirnos felices, sino de cómo debemos llegar a ser dignos de la felicidad»

Kant, filósofo: «La moralidad no es la doctrina de cómo podemos sentirnos felices, sino de cómo debemos llegar a ser dignos de la felicidad»

Immanuel Kant dejó una reflexión sobre la felicidad que hoy vuelve a cobrar sentido: no se trata de buscar el bienestar inmediato, sino de vivir conforme al deber para llegar a ser dignos de ella

[SE}> Demuestran que los ingredientes para la vida se forman por sí mismos en el espacio

Demuestran que los ingredientes para la vida se forman por sí mismos en el espacio

Estos resultados contradicen el consenso científico y aumentan considerablemente la probabilidad estadística de que la humanidad encuentre algún día vida extraterrestre

[MS}> Beneficios de caminar: no es cuestión de pasos, sino de tiempo

Beneficios de caminar: no es cuestión de pasos, sino de tiempo

Utilizando el Biobanco de Reino Unido, científicos españoles y australianos recomiendan caminar entre 10 y 15 minutos seguidos a ritmo cómodo pero constante para conseguir una mejor salud cardiovascular. Analizaron a más de 30.000 adultos, de entre 40 y 79 años, que no tenían enfermedad cardiovascular ni cáncer al inicio del estudio.

[IT}> Nvidia presenta una tecnología que permite a los robots humanoides ‘predecir el futuro’

Nvidia presenta una tecnología que permite a los robots humanoides ‘predecir el futuro’

Este software busca el objetivo de permitir a los robots anticipar escenarios futuros para ejecutar acciones más acertadas y precisas. Son capaces de evaluar su entorno sin dificultad

[SE}> El iraquí que hizo ricos a los noruegos: «El petróleo es un regalo envenenado»

El iraquí que hizo ricos a los noruegos: «El petróleo es un regalo envenenado»

Es el hombre que ha hecho inmensamente ricos a los noruegos, pero muchos no saben ni quién es. Inmigrante iraquí, este ingeniero de 91 años no sólo participó en el descubrimiento del mayor yacimiento de petróleo de Europa en 1969, sino que diseñó el proyecto sobre cómo debía administrarse. Fue el germen del gigantesco Fondo Soberano Noruego, del que viven todos los habitantes del país. Un ejemplo de que la justicia social no está reñida con la rentabilidad… hasta ahora.

[SE}> Lo que toca la piel / Soledad Morillo Belloso

27-09-2025

Soledad Morillo Belloso

Lo que toca la piel

La piel es testigo y archivo. Cada textura es una memoria que se posa, permanece, se transforma.

Sucede casi sin que uno lo note. La piel aprende a leer sin ojos. Descifra el calor, la brisa, la sal, el barro, el mango maduro, la tela de la hamaca, el abrazo largo. Cada contacto es un idioma distinto.

La piel no es solo límite: es altar, registro, oído. Todo lo que la roza vibra en ella como eco, como canción que no termina. Las texturas no son meras superficies: son memorias encarnadas, voces que susurran desde el barro, desde la sal, desde la fruta que se abre en la mano como un corazón maduro.

Desde temprano, la piel aprende a leer sin mirada. Percibe el calor que se posa como manta andina invisible, el viento que acaricia con dedos de brisa, la humedad que se instala como huésped fiel. Cada textura es una forma de decir “estoy aquí”, “esto soy”, “esto recuerdo”.

El algodón de las franelas viejas no es solo tela: es infancia, patio, olor a jabón azul y sol de mediodía. Se siente como abrazo de abuela, como canción de sobremesa que se repite sin cansancio. La madera tibia de las sillas de mimbre cruje bajo el cuerpo como si contara historias, como si dijera “aquí se ha vivido”.

La sal del mar no se va. Se adhiere a la piel como escarcha invisible, como promesa de fiesta, como rastro de libertad. Es una textura que no se ve, pero se percibe: en los labios, en los párpados, en la nuca. La piel la reconoce como canto.

Las hojas de plátano, tersas y húmedas, son altar y envoltorio. Cobijan hallacas, sí, pero también caricias. La piel las recibe como quien acoge una bendición. Y el saco de yute, áspero y honesto, se siente como mercado, como faena, como manos que saben. Es la textura de lo que sostiene, de lo que carga, de lo que no se rinde.

La masa de arepa, tibia y maleable, se amasa con las palmas y deja una película de maíz y ternura. Es textura de hogar, de desayuno compartido, de conversación sin prisa. Las piedras del río, frías y redondas, enseñan a la piel a esperar, a fluir, a resistir sin herir. Son lección de paciencia.

El aceite de coco se desliza como susurro, como cuento narrado en voz baja. Es textura de madre, de playa, de rito. El paño húmedo en la frente, cuando hay fiebre o tristeza, es gesto de cuidado, expresión de amor sin palabras.

Pero hay una textura que lo contiene todo: la piel de otro. Esa que a veces es refugio, otras frontera, y muchas veces casa. Tocarla es tocar la historia, el temblor, el milagro de ser y estar.

Cada textura es un altar sensorial. La piel no olvida lo que ha sentido. Queda en la memoria el roce del bebé pegado al pecho de su madre, la mano del padre que guía a su hijo pequeño, el joven que roza por primera vez el rostro de la muchacha que lleva meses observando en la distancia, el primer beso de dos que el tiempo volverá amantes, la caricia de la abuela que duerme al nieto que teme a un monstruo imaginario escondido tras la cortina. Y cada roce es una historia que flota, como polvo de cacao en el aire, como aroma de café recién colado, como canción que se canta con el cuerpo entero.

La piel no se protege: se ofrece. Se rinde. Se abre como flor, como fruta, como verso. Porque tocar es recordar. Y recordar es vivir con la piel abierta, como quien camina descalzo sobre la memoria.

La piel no es muro ni escudo: es ventana abierta al temblor del mundo. Cada textura que la roza es como campana que suena en lo hondo, como semilla que germina en la memoria. No se endurece: se ablanda, se moja, se enciende. Es tierra fértil que todo lo guarda y todo lo canta.

Porque tocar es sembrar. Y cada roce es brote, flor, fruta que madura en el recuerdo. La piel es paisaje: tiene montañas de ternura, ríos de caricia, sabanas de espera. Y cuando se abre, no sangra: florece.

Ese es el milagro. Que la piel no solo siente. Convoca. Abraza. Y convierte cada textura en altar, cada roce en ritual, cada memoria en canto. Como quien camina descalzo sobre la historia, dejando huellas que no se borran.

Mi piel es venezolana.  Es la única piel que habito, la que me envuelve, la que recuerda. Y cuando algo la toca, es ella quien habla.

[His}> Johann Sebastian Bach no murió pobre… pero su viuda acabó sus días como mendiga

Johann Sebastian Bach no murió pobre… pero su viuda acabó sus días como mendiga

Regino Mateo repasa la vida, la obra y el legado de uno de los grandes pilares de la música en ‘Bach: La música infinita’. Publicamos el capítulo dedicado a la muerte del compositor

[Cur}> Vuelo 5148 de Air Inter: cuando el piloto automático llevó al avión directo a la tragedia en Estrasburgo

Vuelo 5148 de Air Inter: cuando el piloto automático llevó al avión directo a la tragedia en Estrasburgo

Un Airbus A320 en aproximación a Estrasburgo con todos sus sistemas funcionando “como deben”. Minutos después, se estrella contra la ladera del Mont La Bloss y 87 personas pierden la vida ¿Cómo es posible algo así?

[SE}> ¿Qué es el Reloj del Juicio Final y qué significan los 85 segundos hasta la «catástrofe global»?

¿Qué es el Reloj del Juicio Final y qué significan los 85 segundos hasta la «catástrofe global»?

La herramienta de Einstein y Oppenheimer advierte sobre el colapso por la falta de acuerdos internacionales y el auge de armas atómicas e IA.