[Hum}– La oración de Jaimito antes de la cena

En una cena familiar, con amigos e hijos de éstos, la madre de Jaimito le pidió que hiciera la obligada oración antes de comenzar la comida.

Jaimito protestó:

—¡Pero yo no sé cómo orar!

A lo que su padre, con acento tranquilizador pero autoritario, le dijo:

—Sólo ora por los miembros de nuestra familia, nuestros amigos y vecinos, y por las personas pobres.

No viendo cómo zafarse de esa obligación, Jaimito procedió a recitar la oración:

—Querido Dios: gracias por nuestras visitas y sus hijos, quienes se comieron todas mis galletas y helado; bendícelos para que no regresen nunca más. Perdona al hijo de nuestro vecino que le quitó la ropa a mi hermana y luchó con ella en su cama. Para Navidad, envíale ropa a todas esas pobres mujeres que aparecen desnudas en el celular de mi papá, y provee un techo a todos esos pobres hombres sin hogar que usan el dormitorio con mi mamá cuando mi papá está en el trabajo. Amén.

Cortesía de Charo Bodega

[Hum}– Un verdadero buen amigo

Pedro invitó a cenar en su casa a Federico, su mejor compañero de trabajo. Ambos salieron de la oficina las 6:00 p.m. y en el carro de Pedro se dirigieron a la casa de éste.

Al llegar, la esposa de Pedro comenzó a gritarle a su marido mientras que él y su amigo Federico se sentaban cómodamente en la sala.

—¡No estoy maquillada y todavía no me he peinado! ¡la casa está totalmente desordenada! ¡aún no he lavado la loza! ¡todavía estoy en pijama y no he preparado nada de comer para la cena de hoy! ¡¿para qué diablos se te ocurrió traer a tu amigo a casa?!

Respondió el marido:

—Porque él está pensando en casarse.

[Hum}– La fea

Era una muchacha tan, pero tan fea que no había forma de que consiguiera novio. Desesperada, decidió buscar ayuda y fue a ver a una vidente, quien le dijo:

—Hija mía, en esta vida realmente no tendrás mucha suerte con el amor. Sin embargo, en la próxima vida la belleza física vendrá contigo, y los hombres caerán vencidos a tus pies por docenas.

Y la muchacha salió de allí muy contenta, pensando en su glorioso futuro.

En el camino a su casa debió cruzar un puente que pasaba sobre una autopista, y pensando que cuanto más pronto acabara con su vida, más pronto comenzaría la próxima, cerró los ojos y se lanzó desde lo alto del puente, con tan mala suerte que cayó sobre un camión de plátanos que circulaba en ese momento por la autopista, y el golpe la desmayó.

Cuando al rato despertó atontada, aún sin abrir los ojos y creyendo que estaba en la otra vida, empezó a tocar a su alrededor, y como sólo palpó plátanos por todos lados, con una enrome sonrisa de felicidad exclamó:

—Calma, calma, muchachos… ¡DE UNO EN UNO!