[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Malentendidos derivados del español hablado en Hispanoamérica

Sigo con temas tratados vía e-mail allá por al año 2003, al igual que lo contado en,

Este post contiene términos que podrían resultar ofensivos para algunas personas, pero que debo usar para ilustrar los tales malentendidos y hasta para ahorrar situaciones embarazosas a quienes no sepan de ellos.

Carlos M. Padrón

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Leonardo Masina

Esta vez no va de máquinas, sino de cómo en Hispanoamérica no todos hablábamos el mismo idioma. Puede que ahora, con las parabólicas, se haya ido modificando, no lo sé.

Recuerdo los comentarios, cuando entré en IBM, de los famosos manuales técnicos traducidos en Argentina o España, pero para mí eso era prehistoria, ya que eran manuales de tabuladoras y otros hierros viejos.

Yo soy italiano, llegué a Venezuela con 9 años, volví a Italia con 12 para seguir mis estudios, y volví de nuevo a Venezuela con casi 21. Pero en ese lapso pasaba la mayor parte de mis vacaciones escolares veraniegas en Venezuela, así que para mí el «venezolano» era mi idioma, pero, lo reconozco, con muchos fallos y deficiencias.

Al año de entrar en IBM, en agosto de 1970, me mandaron a México, justo terminado el mundial de fútbol. Ahí aprendí que ciertas palabras que en Venezuela eran de uso común, en México podían sonar ofensivas. Por ejemplo, en Venezuela era muy común decir:

  • «Echarse palos», que allí se interpretaba como «follar, tirar o coger»
  • «Dar/pedir la cola», como «dar o pedir el trasero»
  • «Tocar la corneta» (referida a la bocina del carro), como «dar una mamada»
  • «Chaqueta», como «paja» (“Hacer o hacerse la chaqueta”)

Referente a esta palabra, recuerdo que, en México, Henry Meza y Trina, su esposa; Edmundo Ausmanas y señora; un par de compañeros y yo, íbamos un sábado en autobús para un mercado folclórico, y, en el trayecto, Trina y la mujer de Ausmanas iban conversando sobre unas chaquetas con una piel tan suave y tersa que era una delicia acariciarla.

Parecía un discurso hecho adrede, y de repente se levantó un hombre, que iba sentado cerca de ellas y estaba escuchando la conversación, y las insultó de mala manera, por vulgares e indecentes.

Por otro lado, había palabras mexicanas que yo no entendía, como:

  • «Güero», que significa «catire o rubio»
  • «Chingaó», que para los mexicanos es como decir «carajito»
  • «Platicar», que significa «charlar o hablar»

Con ésta tengo también otra historia.

Un día fuimos a hacer prácticas en un cliente que se encontraba en un pueblo fuera de la ciudad, y a mediodía, aprovechando que era día de mercado, todos quisieron ir a comer ahí.

Los mejicanos empezaron a comprar varios tipos de chile y se lo comían como si fuesen cotufas, tostones o papitas fritas. Yo realmente no veía nada apetecible, y, además, había muchas moscas.

Un compañero mejicano me ofreció un chile especial, uno que se consigue muy raramente. Confiado, me lo metí en la boca, y aquello me pareció una explosión de ácido sulfúrico que me quemó toda la lengua y la boca. Resulta que, de vez en cuando, uno de esos chiles sale «venenoso» (así le dicen) y ése justamente me tocó a mí.

Lo pasé fatal, pero, como dicen los mejicanos: «Lo malo no es cuando entra, sino cuando sale». En efecto, lo pasé fatal también cuando salió, pues por poco no hecho las tripas por el trasero. Así que, al día siguiente, hecho mierda, en el verdadero sentido de la palabra, no pude ir a clases y me quedé en la cama.

A media mañana apareció una señora, ya entradita en años, para limpiar la habitación. No paraba de hablar y me contó que en esa misma habitación estaba antes un «gringo» y a veces se quedaba esperándola porque él necesitaba «platicar», y todo el discurso de la señora se centraba en el hecho de que los hombres necesitan «platicar» con una mujer de vez en cuando, etc.

Y la mujer se me iba acercando siempre más, e insinuándoseme,… pensaba yo. Inclusive me ofreció volver por la tarde. Así que yo, aunque hecho mierda, me hice el valiente y le dije que tenía que irme a IBM.

Agarré mi ropa, me fui al baño a ducharme y me escapé. Cuando llegué a la escuela aprendí que «platicar» significa «charlar»…

Otro país del cual tengo varios recuerdos y muchos viajes por motivos de trabajo, es Santo Domingo.

Ahí estaba Lliben Chea Ariza, que era una mezcla de chino y trinitaria —o sea, un chino negro— que había sido mi compañero en la escuela de México, y él también decía siempre «hijo de la chingada».

Cuando en la mañana, en el hotel, bajé a desayunar, pregunté qué jugos tenían, y me dijeron: Chinga, piña, grape fruit, etc. Eso de «Jugo de chinga» en realidad no me apetecía, y tomé otro.

En otra ocasión, siempre desayunando en un hotel, vi a un camarero servirle a otro cliente un jugo color naranja. Le pedí que me sirviera uno de ésos, y él me contestó: ¿»Jugo de chinga»?

¡Ahí fue donde aprendí que la «chinga» a que se refiere «hijo de la chingada» no tiene nada que ver con el «jugo de chinga»!

Otra vez, siempre en Santo Domingo, estábamos en la universidad (la 1130 era la máquina más culta, porque la tenían todas las universidades) y, saliendo a mediodía, Lliben iba conduciendo y yo en el otro asiento, con la ventanilla abierta.

En la esquina estaba una muchacha que me dijo: «¿Me das una bola?» (en Venezuela, «bola» es también testículo). Sinceramente, un poco sorprendido y ruborizado, me hice el loco, pero unos metros más adelante otra muchacha me dijo: «¿Me das la bola?».

La primera pudo ser un malentendido —pensé yo— pero ya dos no era casualidad, y en eso se me acercó un muchacho y también me pidió «la bola».

Le pregunté a Lliben qué era eso de que me estuvieran pidiendo «la bola», y él, inocentemente, me dijo: «Te piden si los llevas, si les das un pasaje». Y yo le contesté: «Ah, ¡me están pidiendo la cola».

A Lliben le dio un ataque de risa que hasta tuvo que bajarse del carro, porque, para él, «pedir la cola» significaba «pedir el culo».

Paolo Cavallini pidió una vez en Brasil «Huevos con persego» para desayuno, y resulta que «persego” es melocotón, mientras que al jamón le dicen “presunto», y cuidado con decirles «¡Pois no!», ya que eso no es una negación, como lo sería «pues no», sino una confirmación como «¡Cómo no!».

Pienso que todos los que hemos tenido la oportunidad de viajar por países de Latinoamérica hemos tenido también nuestros problemas de entendimiento y nos hemos enfrentado a veces con palabras que no comprendíamos, o cuyo significado no era el que nosotros conocemos.

Aquí en España, por ejemplo, al «edificio» lo llaman «finca», al «apartamento» le dicen «piso», al «piso» le dicen «planta»,… y esto es sólo una pequeña muestra.

A ver si alguien más se atreve a contar sus anécdotas con el idioma.

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Alberto López (*)

Continuando el comentario de Leo, les puedo decir que en realidad son ciertas sus aseveraciones ya que, indudablemente, todos en Hispanoamérica «hablamos el mismo idioma pero no nos entendemos», por eso de que mismas palabras tienen diferentes significados.

Por ejemplo, Leo, se te olvidó que en México cuando te dicen que tomes el «camión» uno se queda pensando “¿Cómo es que aquí no existe otro transporte?”.

Pero, ¡qué va!: lo que quieren decirte es que tomes el autobús.

Recuerdo que en una oportunidad me enviaron por tres meses a Guatemala a dictar el curso para nuevos técnicos OP de la región de Centro América.

No vean la que se me presentó, ya que tenía en el curso personas de Panamá, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Y, por supuesto, aquello era un arroz con mango con el idioma. Tenía yo que tener mucho cuidado en qué términos usar ya que la misma palabra tenía, entre ellos mismos, significados distintos.

Empezando mi estadía en Guatemala tuve la primera experiencia con el idioma.

Al siguiente día de llegar habían preparado una recepción de bienvenida en casa de la familia de un técnico. Por supuesto, empezaron las preguntas normales de grupo en tratar de conocerse entre sí, y es el caso que la abuela y madre, dueñas de la casa, entablan conversación conmigo y, entre tantas preguntas, yo les contesto a una de ellas que «Estoy luchando por la locha» (¿se acuerdan de esta expresión muy común en Venezuela?).

Bueno, ¡qué les digo de la que se armó!, pues resulta que en Guatemala “La Locha» era la “madame” más conocida y la dueña de todos los burdeles de la capital. ¡Imagínense ustedes que yo vengo a decirles, al segundo día de estar allí, que estoy luchando por esa señora!

Igualmente, cada vez que decía «apretar» una tecla era la carcajada total ya que esa palabra indica cogerse a una mujer; según ellos, yo debía decir «apachar».

Una vez iba yo manejando y, la verdad, es que yo no “pelaba” (esquivaba) un hueco de la carretera, y al siguiente día hice en clase el comentario sobre el hueco. ¡La torta, ya que esa palabra se usa en relación con maricones! Yo debí decir «hoyos».

Y así son muchísimas las anécdotas.

Igualmente recuerdo que, cuando lo de Allende en Chile, vinieron asignados a Venezuela varios IBMistas chilenos. Es el caso que a un vendedor de OP, Iván Villalobos, a quien aquí le enseñaron (para joderlo) a decir «coñazo» como una palabra técnica para describir la intensidad del golpe que sobre el papel da la esfera de la máquina de escribir.

Bueno, pues él, creyendo que había aprendido algo nuevo y novedoso, iba de cliente en cliente diciéndoles que con cierto dispositivo el «coñazo» lo podían reducir a «coñacito», según posicionaran la palanca. Esto siguió así hasta que alguien se quejó a IBM y, por consiguiente, le aclararon a Villalobos que «coñazo» era una grosería.

Como éstas hay muchísimas. A medida que me vaya acordando las iré escribiendo.

(*) NotaCMP del 08/08/2011.- Alberto López murió en España el 28/05/2010. Q.e.p.d.

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Carlos M. Padrón

Durante mi asignación en España monté un par de cursos de IFW para gente de IBM Latinoamérica.

A uno de ellos, IBM-Argentina mandó a una muchacha, joven, alta y bonitica, que hablaba con marcado acento porteño.

El curso preveía una presentación de parte de un especialista de IBM-España, y el gerente del Sector Finanzas de allá ordenó a casi todo su personal que fuera a escuchar esa presentación.

Tuve, por tanto, que buscar muchas sillas, y para aprovechar el espacio las coloqué en el salón en filas paralelas, dejando un pasillo en todo el centro.

La única forma de tener acceso a las filas de sillas era entrando desde el extremo que daba al pasillo.

Estando el salón ya casi lleno, y a pocos minutos de comenzar la presentación, llegó un rezagado.

Sólo había dos sillas libres, y ambas estaban contiguas a la que, al borde del pasillo, ocupaba la muchacha argentina, así que le dije a ella que se desplazara un puesto hacia la pared para permitir que el recién llegado se sentara. Y ella lo hizo.

Apenas comenzó el presentador, apareció otro rezagado.

Para no interrumpir, en vez de hacerle a la argentina una petición verbal, le hice señas de que se desplazara otro puesto hacia la pared, pero ella, no sé por qué, me dijo en voz alta:

—¿Querés que me corra otra vez?

El silencio que se hizo en el salón fue algo fulminante, e igualmente fulminante fue la carcajada general que lo siguió.

Ante la cara de inocente sorpresa que me puso la muchacha, tuve que reírme también, hasta que el presentador dijo:

—Bueno, Carlos, tú verás qué haces, ¡pero no me gustaría que fuera aquí!

Y entonces sí que se armó el desmadre, que duró varios minutos.

No creo que la muchacha argentina olvide ya en toda su vida que en España “correrse” es tener un orgasmo.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Fotos de OPD, sin fecha

Carlos M. Padrón

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Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha. Si no sé ni el nombre ni el apellido de alguna de las personas en la foto, pondré un signo ‘?’ después del número; y si no sé el nombre o no sé el apellido, pondré una ‘X’ en el lugar en que éstos deberían ir,… y, con gracias anticipadas, espero que alguien me «despeje» las ‘?’ y las ‘X’.

***

Van tres fotos, todas cortesía de Oscar del Barco, pero sin fecha.

Por la pinta, y hasta por el color, lucen viejas; ¿años ’70s?

Foto 1.- Reunión OPD en un hotel de La Victoria.

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  • De pie:  1, Eduardo Mitter;  2?;  3, Gustavo Méndez (qepd);  4, Ana Teresa Gómez;  5, Joel Motta;  6?;  7. Edwar Izaguirre
  • En cuclillas:  1, Gregorio Ordaz;  2?;  3?;  4, Víctor Delgado

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Foto 2.- Curso OPD.

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  • De pie:  1, Alirio Argüello;  2, Jesús León; 3, Oscar Almeida;   4?;   5?;   6, José Pérez Montalvo (qepd);   7, Jorge Oliver;   8?;   9, Miguel Cabrera;   10?;   11, Gustavo Flores;  12?:  1 3, Eduardo Mittter
  • En cuclillas; Elías Duvén;  2, Valero Mas;  3?;  4, Astolfo Ríos

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Foto 3.- Reunión OPD en el Hotel Humboldt.

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  • Al fondo:  1?;  2, Eduardo Mitter
  • Segunda fila, de delante hacia atrás:  1?;  2?;  3?;  4?;  5, Diego Narváez;  6, María Josefina de Oliver;  7?;  8?;  9, Néstor Negrón (chaqueta negra);  10?;  11?;  12, Raúl Reaño;  13?;  14?;  15, Gustavo Arroyo
  • Sentados:  1?;  2, Juan Vicente Guerra;  3?;  4?;  5?;  6, Francisco Alofonzo (qepd);  7?;  8, Alfredo Matheus;  9, Giovanni Bertorelli

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COMENTARIOS

 

CMP
En respuesta a Manuel Alberto Gutiérrez.

No conozco a ningún otro con tu nombre, Manny.

Manuel Alberto Gutiérrez
Carlos, ¿existe otro Alberto Gutiérrez? Pues yo no escribí datos sobre el Sr. Elías Duvén. NOTA: mi suegro falleció hace 23 o mas años. Manny

Alberto Gutiérrez
El Sr. Elías Duvén es mi suegro. ¿Podrían dar más información acerca de él? Le agradaría mucho porque todavía está activo e ingenioso. Su número (0212) 551-3765 y el mío (0416) 224-2915.

CMP
En respuesta a Néstor Luis Negrón.

Gracias, Néstor. Creo que te refieres a la Foto 3 de este post que, como ves, ya la publiqué, pero es de tan mala calidad que al extractar a Diego es un borrón lo que obtengo.
Tal vez si Oscar del Barco, que fue quien me la mandó, me la enviara de nuevo escaneada en alta resolución, o escaneando, también en alta resolución, sólo a Diego, podría servir el resultado

CMP
En respuesta a Néstor Luis Negrón.

Gracias, Néstor. Creo que te refieres a la Foto 3 de AQUÍ que, como ves, ya la publiqué, pero es de tan mala calidad que al extractar a Diego es un borrón lo que obtengo.
Tal vez si Oscar del Barco, que fue quien me la mandó, me la enviara de nuevo escaneada en alta resolución, o escaneando, también en alta resolución, sólo a Diego, podría servir el resultado

CMP
En respuesta a Alirio Argüello.

Pues qué bueno, Alirio, que este blog te proporcionó un buen rato. Sigue hurgando en él que hay muchas más fotos.

Alirio Argüello
Hola, Carlos Padrón.

Mi hijo, que lleva el mismo nombre mío, me envió este link, y ha sido para mí una sorpresa y una alegría recordar aquellos buenos tiempos.

El curso en La Colonia Tovar, el hotel El Recreo, de La Victoria, Estado Aragua. No puedo aportar mucho en cuanto a nombres para identificar los que faltan en la foto, pero he disfrutado muchísimo recordando esa época.

Un cordial saludo, y vamos a estar en contacto.

Néstor Luis Negrón
Estimado Carlos, hay una foto de grupo en el Hotel Humbolt, todos de OPD y Rodrigo Herrera Mata en el medio de la primera fila, y en esa foto está Diego. Ojalá podamos encontrar alguno de los involucrados que nos la proporcione.
Un abrazo
28/02/2012

CMP
En respuesta a Néstor Luis Negrón.

Gracias, de nuevo, Néstor Luis.

Ya puse los nombres pero, aún así, de todas las fotos publicadas en el blog, ésta es la campeona en falta de nombres.

Como ya dije, me la envió Oscar del Barco grabada en un CD. Ignoro si él tiene el original.

Néstor Luis Negrón
FOTO 3.

• De la segunda fila: 5, Diego Narváez (qepd); 9, Néstor Negrón (chaqueta negra); 15, Gustavo Arroyo (creo fue campeón de salto equestre)

• De los sentados: 8, Alfredo Matheus.

Al finalizar el curso OPD se tomo una foto con el Presidente de IBM (origen Costa Rica) y el Gerente de OPD (origen Puerto Rico), quien terminó siendo Presidente de IBM años después.

A esta foto le hicieron un sándwich de plástico con la copia del diploma, por otro lado, y con el tiempo la perdí. Si alguien tiene acceso a ella me gustaría tener una copia.

Como verás, soy mejor para las fisonomías y otros detalles, pero terrible para los nombres.

CMP
En respuesta a Néstor Luis Negrón.

Gracias, Néstor Luis, pero tengo un problema: en la fila de atrás hay dos con lentes oscuros, uno con chaqueta blanca y otro con chaqueta oscura. ¿Cuál de los dos crees ser?

De Bertorelli no tengo información.

Néstor Luis Negrón
FOTO 3. Creo que soy el que está en la primera fila de atrás con lentes oscuros.

¿Qué esde Giovanni Bertorelli?

Un abrazo

CMP
En respuesta a Antonio Ramirez.

Gracias, Antonio, no sólo por las correcciones y adiciones sino por haberlo puesto en forma tan clara.

Antonio Ramirez
Pongo en mayúsculas los nombres que faltan o corregidos.

Foto 2.- Curso OPD.

• De pie: 1, Alirio Argüello; 2, Jesús León; 3, Oscar Almeida; 4?; 5?; 6, José Pérez Montalvo (qepd); 7, Jorge Oliver; 8?; 9, Miguel Cabrera; 10?; 11, Gustavo Flores; 12?: 1 3, Eduardo Mittter

• En cuclillas; Elías Duvén; 2, Valero Mas; 3?; 4, ASTOLFO RÍOS

CMP
En respuesta a José R. Herrera H.

Gracias, Jiosé. Ya puse el nombre.

José R. Herrera H
Hola, hola.

Foto 2. El 1, de los en pie, es ALIRIO ARGÜELLO,… de acuerdo con posición y nombre de Víctor Delgado.

Saludos para todos y todas.

CMP
En respuesta a Sergio Osuna.

Pues sí, Sergio, ahora que dijiste los nombres coincido contigo. Ya hice las correcciones. Gracias.

Sergio Osuna
Carlos, aquí te va lo que creo.

Foto 1. El que está en cuclillas a la izquierda es Gregorio Ordaz.

Foto 2. El #4, de la fila en cuclillas, es José (Pepe) Derteano.
El segundo de los en pie, de izquierda a derecha, es Jesús León.
Y el segundo en cuclillas, al lado de Duvén, creo que es Valero Mas.

CMP
En respuesta a Carlos Mejías.

Listo, tocayo. Gracias.

Carlos Mejías
Foto 1. El 7 es Edwar Izaguirre

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Esto empezó con la 1620 instalada en la UCV (Cap. 2)

Como ya conté en Del baúl de los recuerdos de IBM: Esto empezó con la 1620 instalada en la UCV, artículo que conviene leer para, entre otras cosas, saber que, a menos que se indique lo contrario, todo lo que ahora sigue fue trasegado vía e-mails hace 8 años, o sea, en 2003.

Carlos M. Padrón

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19-08-2003

Mario R. Esquivel

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Gracias a Pedro Mazzei me he enterado de que está circulando esta historia.

Carlos, no me quites de tu lista, y espero que Lluis Martin regrese de sus vacaciones para que agregue varias páginas, pues él fue uno de los protagonistas de esa época. Me parece una manera muy interesante de revivir acontecimientos de hace más de 30 años.

Estoy de acuerdo con Pedro en señalar a Pablo Guzmán como protagonista de la historia del Plotter. Lo conocí bastante porque fuimos compañeros durante varios semestres, y él era un dirigente estudiantil muy admirado.

En lo que a mí respecta, en 1967 estudiaba ingeniería y, al comenzar el tercer semestre, me encontré con Pedro en el cafetín, cargando una caja de tarjetas. Hasta ese momento lo único que conocíamos eran las tarjetas de inscripción en la Facultad y en las materias a cursar y a duras penas relacionábamos las perforaciones con los códigos escritos en la parte superior. Cuando le pregunté a Pedro qué hacía con «eso», para explicármelo me llevó a conocer «La Computadora de la Universidad» en Control de Estudios.

Creo que ya era una IBM/360-30. Por supuesto, me impresionó y, al mismo tiempo, Pedro comentó que en la Facultad de Ciencias, donde él estudiaba, dictaban unos cursos «de programación» para aprender a usarla.

Me llamó la atención y me inscribí, en libre escolaridad, en Programación I, donde aprendimos a programar en Fortran IV, aunque durante parte del semestre tuvimos que limitarnos al FORGO de la 1620.

Creo que en ese mismo año la escuela adquirió una IBM/360-30 en la que, además de FORTRAN, practicamos COBOL, PL/I y ASSEMBLER 360.

Precisamente por mis conocimientos de COBOL logré una pasantía en la SHELL en 1968, junto a Luis Martín (hoy Lluis Martin) y Michel Ibarreche, más especializados en Sistemas Operativos (OS/360).

Después de un año en Shell y otro en la Petroquímica (IVP) como programador, estuve con la RCA programando la Spectra/70, y cuando cerraron operaciones en 1971, pasé a INM, a la Sucursal Finanzas.

Exprimiré mis recuerdos y trataré de conseguir información de otros compañeros de la época para tratar de incorporar alguna anécdota a esta novela por entregas de la 1620 que aún recuerdo después de 36 años.

La versión de Manny sobre el Fortran y el redondeo de decimales es correcta, pero no recuerdo lo de Matilde.

Recibe un caluroso abrazo,

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Antonio Lalaguna

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En Administración o Control de Estudios de la UCV, en la Plaza del Rectorado, había una IBM/360-30, y en Ciencias había una IBM/360-40, la cual atendía, junto con la de Minas y el Data Center, el Sr. Félix Rangel.

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Leonardo Masina

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Como ya comenté, la IBM/1130 fue instalada, tanto en El Universal como en El Nacional, con una aplicación llamada TYPESETTING.

Las dos máquinas resultaron ser muy nobles. Creo que jamás se estropearon seriamente, excepto por la consola, esa maquinita de escribir, basada en la Selectric de OP, que era mi dolor de cabeza. ¡Ese monstruo podía conmigo!

Por el tipo de aplicación, las 1130 de los periódicos no tenían impresora, sólo utilizaban las consolas, y creo que era por ese motivo que las únicas 1130 que se me estropearon fueron las de los periódicos.

Menos mal que tuve un jefe inteligente (Uwe Petersen) que, como también había sufrido las maldiciones de la consolita, entendió que en lugar de estar yo un día peleando para cambiarle una cuerda de Tilt o Rotare a esa birria, era más rápido pedir ayuda a OP. Y así se hizo.

Y visto el rápido y óptimo resultado obtenido, a partir de entonces cada vez que había un problema con la consola venía un técnico de OP a ayudarme.

Así fue cómo conocí a uno muy especial, pues nos hicimos muy amigos e inclusive llegó a ser mi jefe: Alberto López.

A Alberto le estaré siempre agradecido por eso y por otro motivo. Ver la habilidad con que desarmaba y rearmaba esa consola era impresionante, y por eso, cada vez que yo tenía un problema con esa maquinita, recurría directamente a él.  

Otro problema que tuve fue en El Nacional, un problema mucho más complejo y, al final, tonto.

Habían montado el centro de proceso de datos en el sótano. Por un montacargas recibían los artículos de los periodistas, y por una ventanita pasaban a los linotipos las cintas terminadas.

En realidad, ellos querían tener a las secretarias en la planta de arriba, junto a las lectoras de cinta, y poner las perforadoras donde estaban los linotipistas, pero IBM nunca les suministró una consola o terminal con la que ellos pudieran operar la 1130 en forma remota, así que «todos para el sótano» 

Las perforadoras de cinta que utilizaban eran de muy alta velocidad, y el cliente se quejaba de que, de vez en cuando, había errores en las cintas de salida, o sea, que el texto de entrada era correcto pero, muy esporádicamente, en el de salida resultaba alterado algún caracter.

Inicialmente, eso me tuvo de cabeza. Primero, estudiar el problema. La cinta era de 6 perforaciones —o sea, que el caracter se formaba por la composición de esas perforaciones— y descubrí que los errores eran causados siempre por el mismo punzón, o sea, que se disparaba siempre erróneamente el mismo punzón.

Identificado el problema, pues a buscar la causa. Escribí un programita en Assembler que perforaba un patrón, y otro que lo leía.

El cliente trabajaba desde las 14:00 hasta medianoche, así que yo tenía disponible la máquina todas las mañanas, pero por más que lo intentara con mi programita de test, la máquina no fallaba.

Ya exasperado por no poder reproducir el problema —y, de paso, el cliente arrecho porque a él siempre se le presentaba— una tarde fui al cliente para demostrarle que con mi programita la máquina no fallaba y que, por tanto, debía ser algo del programa original.

Le corrí mi programita y, milagro, ¡el programita falló! Ya tenía yo dos constantes:

1 – Era siempre el mismo punzón
2 – Fallaba sólo por la tarde

Pero eso no era suficiente para resolver el problema; había que encontrar la causa, aprovechando algún tiempo libre del cliente.

Modifiqué mi programita de manera que lo que saliera de la perforadora entrara directamente en la lectora, y las puse a trabajar.

Aquello empezó a escupir cinta que parecía el carnaval de Río, y, al rato ¡bingo, se presentó la falla! Pero, ¿cuál había sido la causa? Volví a arrancar el programita, y, al rato, la falla otra vez.

Una de las secretarias que estaba pendiente de lo que yo estaba haciendo me dijo: «Falló cuando arrancó el montacargas». En efecto, comprobado: la causa era el arranque del montacargas.

Empecé a verificar todos los contactos de tierra, masa, etc., y todo estaba perfecto, pero la maldita máquina seguía fallando. Ya exasperado y derrotado, pedí ayuda a Ramón López.

Cuando Ramón llegó a la instalación le expliqué las dos constantes y la causa.

Miró a su alrededor, agarró los cables de la lectora y de la perforadora de cinta, que eran bastante más largos de lo necesario, los desenrolló y los volvió a enrollar en el otro sentido, como si se tratara de una manguera para regar.

Probamos de nuevo, ¡y todo perfecto! Otro de esos milagrosos inventos de Ramón.

Aparte del problema de la consola de El Universal y de los cables de El Nacional, esas máquinas jamás nos dieron problemas, pero sí nos hicieron ganar mucho dinero a los técnicos por las guardias y los stand-by, aunque nunca tuvimos que ir ni de noche, ni en fin de semana, a repararlas.     

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Leonardo Masina

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Quien más y quien menos, todos metimos la pata alguna vez en nuestro trabajo en IBM. Y yo, fiel a la regla, la metí también más de una vez, pero creo que la que nunca olvidaré fue una ocurrida en la UDO en Cumaná. 

Me habían mandado allá porque había un problema en el multiplexor de la 1133, pero, al no poder resolverlo, tuve que pedir asistencia a Ramón López.

Recuerdo que cuando regresaba de recogerlo en el aeropuerto, en camino a la Universidad y ya para entrar a la UDO, había que cruzar a la izquierda, y él me contó una anécdota, de años atrás, de un técnico IBM, del área de software, que estaba con él cuando se montó la 1130 de la UDO, y que le decía que cada vez que tomaba esa curva para entrar en la universidad se le «ponían de corbata».

Y Ramón, con su modo pausado de hablar, le contestó: «¿Probaste a reducir un poco la velocidad?». Todavía me acuerdo de ese detalle.

Volviendo al punto, resultó que la 1133 tenía un problema de impresora y se perdían las señales. Me llegaban bien en los boards de abajo, pero no en los de la primera fila de arriba, la más alta. Yo medía la continuidad, y todas las líneas estaban bien, pero las señales no llegaban.   

En cuanto Ramón entró en la sala de máquinas, lo primero que hizo fue agarrar la «banderita» (así llamábamos a la punta del osciloscopio que se utilizaba para medir las señales) y tirar de ella.

Inmediatamente se partió, pues el cable interior estaba roto y hacía falso contacto, pero como el plástico que lo recubría estaba intacto, al halarlo y no contar con la resistencia del cable interior, inmediatamente el plástico cedió y se rompió.

De la vergüenza que me dio yo no sabía dónde esconderme. Y Ramón, siempre con su filosofía tranquilizadora, me dijo: «¿Ves?, era un problema grave, o sea, de GRAVEDAD. Está justificada mi asistencia».

Para los que no estén familiarizados con esto, la «banderita» estaba conectada a la punta del osciloscopio, y el cable (alma interior más cubierta plástica exterior que recubría el alma) colgaba de ella.

El peso del cable hacía que el plástico cediera lo suficiente para que el alma no hiciera contacto; y, al no haber contacto, se perdía la señal.

Cuando yo medía las señales en los boards inferiores, el cable, que no estaba todo extendido, no era lo suficientemente pesado como para provocar en el alma la separación que impedía el contacto; pero al subirlo y aumentar así el peso porque el cable colgaba, se producía la separación del alma y la consiguiente pérdida de contacto.

«Espero haber explicado la GRAVEDAD del problema, o, mejor dicho: EL PROBLEMA DE LA GRAVEDAD». 

No hay mejor forma de aprender que aprender del pasado. Este caso me enseño dos lecciones:

1ª – Antes de utilizar un osciloscopio, comprobar siempre las banderitas.

2ª – Ramón me enseño que no hay que hacer leña del árbol caído. O sea, que cualquiera puede tener un despiste en un determinado momento.

Jamás se supo esto en IBM. De haberse sabido no creo que me hubiera perjudicado, pero sí le estoy muy agradecido a Ramón por el hecho de haberlo mantenido entre nosotros.

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Ramón López

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Unos días antes de Navidad, fui a Mérida por una falla que tenía la 1620, pues un técnico de Maracaibo llevaba allá ya cuatro días sin poder arreglarla. 

Cuando llegué al aeropuerto me subí en un taxi, y por la radio escuché la siguiente noticia: “Por culpa de los imperialistas de la IBM, los obreros y empleados de la universidad no han cobrado…”.

Cuando llegué a la universidad puse cara de no pertenecer a IBM ni saber nada de esa compañía, pues había piquetes de trabajadores muy enojados.

Después de arreglar la máquina, los de la universidad me llevaron a ver cómo era la Paradura del Niño, y muchas cosas más, pues los andinos son muy amables. 

Como nota pintoresca, esa noche, cuando dormía yo en el hotel, se armó un escándalo porque había un señor que roncaba como un terremoto, algo nunca visto, y todo el mundo iba a golpearle en la puerta. Lo escuchabas dos pisos más arriba de su cuarto.

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COMENTARIOS

Enrique Sambrano
Saludaba a Pedro Mazzei

CMP

En respuesta a Enrique Sambrano.

Pues yo ni por casualidad logro entender por qué en tu dirección eres Enrique –y Sambrano con ‘S’ (¡?)–pero te despides como Pedro. ¿Es para “foncundir” al enemigo?

Enrique Sambrano
Por pura casualidad he llegado a este blog lleno de anécdotas tan interesantes de personas de las cuales tengo referencias, y de otras que tuve el placer de conocer y hasta de “trabajar” con ellas.

Saludos, Pedro.

Gabor Simon
Hola a todos los que tuvieron que ver con la 1620 de la Facultad de Ciencias.

Yo estudiaba Ing. Eléctrica desde 1959. En 1963 tomé materias de computación y me puse a estudiar Lenguaje Absoluto (Prof. Domingo), Fortran II (Luis Salgado), Algol y Assembler.

Fueron tiempos complicados para conseguir tiempo de máquina por la carga de trabajo que había en la escuela y teníamos que trabajar de madrugada, cuando lográbamos chulear la 1620 al Prof. Domingo y su combo.

Eran cálculos complicados de fallas trifásicas, etc., de transmisión y distribución de energía eléctrica de alto voltaje (120/240KV).

¡Tremendo equipo para la época! Aunque, como ya habrán leído de otros exIBMistas, daba algunos dolores de cabeza y, si no, que le pregunte a Uwe Petersen y su grupo.

Posteriormente, en Toronto (Canadá) estuve en diseño/modificación de computadoras (Sigma5/7 CDC o SDC, no me acuerdo en estos momentos) para control de procesos industriales.

En el año 1968 entre en IBM de Venezuela para trabajar y mantener las IBM/1800 de las refinerías. Me desviaron luego a trabajar en el diseño del sistema online para bancos (Banco de Venezuela). Harina de otro costal.

[**IBM}— Del baúl de los recuerdos de IBM: 1980 – Kickoff Macuto Sheraton,… y tres de mis secretarias

Carlos M. Padrón

Foto 1.- Cortesía de Luis Fernando Guerra.

Fue tomada durante un kickoff celebrado en el hotel Macuto Sheraton, de Caraballeda.

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Por filas, de delante hacia atrás y de izquierda a derecha

Primera fila: 1, Gerónimo Machado †; 2, Carlos M. Padrón;  3, Freddy Perozo;  4, Luis Fernando Guerra;  5, Jesús Alonso;  6, Salvador Covelo †;  7, Simón Meléndez

Segunda fila: 1, Ricardo Castillo (cara parcialmente cubierta);  2, Juan Pablo Díaz

Tercera fila:  1?;  2, Rafael Mora;  3, Peter Chandler;  4, Manuel Vitrián

Cuarta fila:  1, Jesús Saltés;  2, Ángel Delgado;  3, Santos Erminy, el de la cara tapada †;  4, Denis Araque;  5, Carlos Suárez;  6 Mario Esquivel

Quinta fila:  1, David Lemoine;  2, Víctor Blanco;  3, Ramón Lander †, y…. no conozco a los restantes.

Si alguien me dice quién es alguna de esas personas, con gusto añadiré su nombre.

***

Foto 2. De mi colección.

Tomada en diciembre de 1980 en el piso 9 del Edf. IBM-Chuao donde entonces, en el lado este de ese piso, operaba la Sucursal Finanzas de la que al momento era yo el gerente.

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1, Milagro Micó;  2, María Elena Veronese;  3, Liuba X;  4, Yubirí Castellanos

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Foto 3.- También de mi colección.

También tomada en el mes de diciembre de 1980.

Cada una de estas tres damas fue, en algún momento, secretaria mía siendo yo gerente de la Sucursal Finanzas.

¡Gracias a las tres por lo bien que trabajaron!

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1, Liuba X;  2. Milagro Micó;  3, María Elena Veronese

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a Mario Esquivel.

Mario, mientras esperamos que nos ilumine la docta opinión de Don Julián, te acepto sólo lo de David Lemoine. Lo de José Padrón (el técnico, supongo) me parece poco probable; cro que José es más alto, y entonces era más delgado que el que aparece en la foto.

El que crees Juan Reyes sigue pareciéndoseme más a Víctor Blanco, pero como soy muy malo en reconocimiento facial, cualquier coas es posible.

Mario Esquivel
Foto 1.- Mis impresiones son éstas:

En la tercera fila, el primero es José Padrón, porque David Lemoine es el de cuello de tortuga, que está de primero en la quinta fila, detrás de Angel Delgado.

Y después, en esa misma quinta fila, puesto vacío de por medio, está Juan Reyes, no Víctor Blanco.

Además, el primero de la cuarta fila se me parece más a Tomás Godoy que a Jesús Saltés.

Voy a consultar con Julián por los “no identificados”.

Alberto Lema S.
Carlos, si mal no recuerdo, en ese kick-off del 80 me gané el Rooky del Año por los excelentes resultados de mi primer año en ventas (1979) y luego en la Convención de Río de Janeiro, como Director de la misma, mi primer Golden Circle de los 7 que acumulé en mi carrera en IBM. Por cierto, tu también te lo ganaste y fuimos a Hawai.

Gracias por ese recuerdo. Aunque no aparezco en la foto del Sheraton, eso era la plana mayor de IBM.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Esto empezó con la 1620 instalada en la UCV

Antes de que en mayo de 2006 naciera Padronel, me dediqué por un tiempo a recabar y publicar anécdotas vividas por exIBMistas durante su permanencia en esa compañía.

A una mención hecha por Ramón López acerca de la máquina IBM/1620 (foto más abajo), contestó Pedro Mazzei, y luego Leonardo Masina, y después Antonio Lalaguna,… y así me fueron llegando más y más anécdotas que yo enviaba por e-mail.

El 15-08-2003 Leonardo (Leo) Masina se tomó el trabajo de ordenarlas en la forma en que tuvieran más sentido al leerlas todas.

Lo que sigue es el ensamblaje hecho por Leo de e-mails cruzados entre varios exIBMistas y yo en el verano de 2003.

Al comienzo de cada aportación puse el nombre del autor de la misma.

Y, repito, a menos que se indique lo contrario, todo lo que sigue fue trasegado vía e-mails hace 8 años, o sea, en agosto de 2003.

Carlos M. Padrón

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Computadora IBM/1620

Foto cortesía de Ramón López que inició la cadena de e-mails arriba mencionada, y que, al final, Leonardo Masina ensambló como sigue.

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Pedro Mazzei

Mazzei

La IBM/1620 estaba instalada en la Escuela de Física y Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UCV (Universidad Central de Venezuela). Mario Esquivel y yo desarrollamos allí, allá por los años 65-66, nuestros primeros programas en FORGÓ, que era un compilador didáctico para aprender FORTRAN.

En ese equipo se programó una aplicación del Ing. Fortoul, sobre cálculo de estructuras, que fue muy famosa en la Caracas de esa época. (Después este Ing. contrató una IBM/1130). Cuando la corrían en la IBM/1620, la obtención de resultados tomaba más de tres días.

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Ramón López

Ramón López

De la escuela de Física y Matemáticas de la UCV estaba a cargo el profesor Domingo (argentino). Era muy amigo mío y atendió un curso de HW que di y al que también asistió Jean Sicot (q.e.p.d.).

El profesor Domingo creó un compilador al que le puso el nombre de PUC (Programa Universidad Central). La IBM/1620 tenia 20K de memoria, que era la básica, pero podía llegar a 60K, como la del MOP (Ministerio de Obras Públicas). Creo que aún podría programarla, pues me acuerdo de los códigos.

El profesor Domingo creó un compilador al que le puso el nombre de PUC (Programa Universidad Central).

La IBM/1620 tenia 20K de memoria, que era la básica, pero podía llegar a 60K, como la del MOP). Creo que aún podría programarla, pues me acuerdo de los códigos.

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Leonardo Masina

Leo Masina, 1972

En la UCV debió quedar una reliquia de la IBM/1620, que era la IBM/1627, un plotter de tambor largo que estaba conectado a una unidad de cinta de CALCOMP.

Un día, mi jefe me dijo que habían reportado un problema y que fuera yo a ver lo que pasaba. Yo ni sabía que tal máquina existía, y el plotter me lo habían presentado una vez en CYPECA ya que lo tenían conectado a la IBM/1130.

Como de costumbre, cuando uno iba por primera vez a alguna dependencia de la UCV, antes de dar con el sitio perdía dos horas.

Al final llegué a un despacho donde vi ese engendro de plotter IBM/1627 al lado de una unidad de cinta, y me dijeron que ya vendrían a atenderme. Esperé un rato mientras para mis adentros pensaba: «¡Hay que ver que soy imbécil! ¿Por qué me dejaré siempre enrollar en estos líos?”.

Al rato apareció un señor, un profesor, un poco raro, y empezó a hablarme del plotter, que era, dijo, una reliquia de no sé qué año y que trabajaba muy bien, pero que ahora tenía un problema: ya no dibujaba bien.

Me enseñó algunos dibujos, pero en realidad yo no veía en ellos nada de raro. Entonces el señor puso a funcionar la unidad de cinta, y a los pocos minutos me dijo «Acaba de fallar».

Yo, estupefacto, no entendía cómo podía decirme eso cuando yo estaba fijándome en la plumilla del plotter pero él no, que más bien estaba de espaldas al plotter.

Pero el plotter seguía dibujando, y otra vez el señor me dijo «Ha vuelto a fallar», y esta vez yo estaba superseguro de que él no había estado mirando a la máquina.

Ya me tenía tan desconcertado, y hasta acojonado, que le pedí si tenía una lupa, y de un cajón sacó la lupa más grande que yo había visto en mi vida. Aquello no era una lupa, era más bien medio lente de un telescopio; tan grande era que había que sujetarla con las dos manos.

Mirando, con ayuda de la lupa, las dos partes donde el señor dijo que el plotter había fallado, en efecto noté una imperceptible desviación de la línea.

Destapé el plotter y me di cuenta de que las cuerdas (en realidad eran unos cables tipo eléctrico en cuyo interior había una malla de acero) que hacían mover la plumilla en sentido horizontal, y la hacían levantar o bajar para escribir, se entrelazaban y solapaban en esa especie de carrete en el cual se enrollaban.

Conseguí unas cuerdas nuevas, las cambié, con muchísima paciencia, para evitar de que se doblaran, y le pedí a la secretaria si podía hacer venir a la persona que había estado antes conmigo, la que sabía manejar el plotter, para probarlo.

Al rato llegó el señor de marras, y cuál no sería mi sorpresa al darme cuenta de que era ciego. O sea, que una persona ciega me decía cuando el plotter fallaba, pero yo, que estaba vigilando cuidadosamente la máquina, no veía la falla.

El señor probó el plotter y me felicitó por el trabajo. ¡No tuve el valor de preguntarle cómo sabía cuándo el plotter fallaba!

En mis elucubraciones al respecto he llegado a pensar que él tenía el sentido del oído muy desarrollado, y cuando el hilo que guiaba la plumilla saltaba, él lograba percibirlo. No he encontrado otra explicación lógica

***

Antonio Lalaguna

Lalaguna

Había otra máquina igual en el MOP, piso 10.

La IBM/1130 de Fortoul estaba en Cypeca, en la torre Polar, y fue la causa de los malestares del técnico IBM asignado, quien vivió un calvario hasta que entrenaron, entre otros, a Leo Masina.

***

Leonardo Masina

Leo Masina, 1972

Para Antonio Lalaguna («Lala»), gracias a Dios sigo vivito y coleando, y para mí la IBM/1130 de CYPECA fue más que un dolor de cabeza, un trampolín que me ayudó a subir.

Reconozco que no era una máquina fácil de entender, y creo que, en ciertos casos, ni Dios sabía cómo arreglara, pero para eso estaba Ramón López. Gracias a lo bien que él me la enseñó, todavía hoy en día no tendría yo ningún problema en programarla en su lenguaje Assembler, un lenguaje al que tengo que reconocerle los méritos de haberme ayudado muchísimo en mi carrera como diseñador en el laboratorio de Glendale.

Esa gran ayuda fue porque era un lenguaje que te hacía razonar, y para poder aplicarlo tenias que saber cómo funcionaba realmente la máquina.

Cuando fui a estudiar la IBM/370-125, el Assembler que esta máquina tenía parecía un juego de niños porque no era un «lenguaje de máquina» como el de la IBM/1130 —en el que uno tenía que tomar en cuenta todo, hasta manejar los interrupts de los I/Os—, sino que el de la IBM/370 ya hacía todo.

Era como un programa de segundo nivel, ya que cada instrucción no era ejecutada directamente por el hardware, como sí ocurría en la IBM/1130, sino por las unidades lógicas con que estaba formada la IBM/370, que eran del tipo del IPU > Channel > Service Processor > Memoria que, aunque eran como las de la IBM/1130, en la IBM/370 las llamaban microprocessor, y al lenguaje microcode.

Éstos son ya hoy en día sistemas obsoletos, pero si alguien fuese a ver los microprocesadores, y su código de microinstrucciones, de los canales ESCON (fibra óptica) de la IBM/9121 e IBM/9221, descubriría una mini IBM/1130 con algo de IBM/Sistema 7.

Eso nos permitió adelantar en dos años, con respecto al diseño de Poughkeepsie, el diseño de los canales serie, y eso hizo que todos los laboratorios de periféricos (discos, cintas, impresoras, etc.) integrasen nuestra interfaz, lo cual, por supuesto, representó un buen premio del C.O.B., del cual yo, modestamente, me llevé mi parte. 

El ingeniero Fortoul, a quien tuve el placer de conocer personalmente, era uno de los socios fundadores de CYPECA (junto a SAÍZ y SOSA) que había contratado una IBM/11130.

Recuerdo todavía que el serial era 00021, o sea, una de las primeras que se fabricaron. Por supuesto, el que la instaló fue también Ramón López.

Yo, desde 1969, año en que entré en IBM, fui técnico de CYPECA, con cuya gente tuve siempre una óptima relación. Ramón había sido el me había enseñado la IBM/11130.

La fama de CYPECA se dio a conocer a raíz del terremoto de 1967, ya que con el programa de Fortoul había calculado, en la IBM/1130, dos edificios, innovadores para la época: el Centinela y el Farallón, que se encontraban en Bello Monte, junto a la autopista y casi frente a SEARS.

Y, por suerte para los de CYPECA, con el terremoto los edificios no sufrieron nada en absoluto, ni una grieta, y con ello pudieron demostrar que se podían hacer cálculos estructurales, optimizando al máximo el diseño y con el consecuente ahorro en materiales y tiempo.

De ahí le salió a CYPECA el cálculo de la Torre Phelps, en Plaza Venezuela, donde ellos se quedaron con una planta entera, que fue donde yo los conocí.

Una particularidad de la IBM/1130 de CYPECA eran sus larguísimas horas de cálculo. Vi aplicaciones en las la máquina estuvo hasta 60 horas seguidas calculando la estructura de un edificio.

El proceso de cálculo era muy peculiar. La máquina empezaba leyendo tarjetas por medio de la 1442 (a veces hasta 8 a 10 cajas de 2.000 tarjetas cada una), luego empezaba a calcular, y se podía tirar así hasta una hora.

Luego imprimía una líneas en la 1132 (el mecanismo de impresión era el de una tabuladora convertida a impresora), de vez en cuando leía una que otra tarjeta, y así se pasaba horas, hasta que empezaba a escupir papel.

Dependiendo del trabajo, hasta 3 ó 4 cajas de papel continuo, y así hasta que se terminaba el trabajo.  

Para mí, en esa época de recién incorporado en IBM, representó muchísimo dinero ya que normalmente esas aplicaciones largas solían hacerlas de noche y en fin de semana, y a mí me tocaba casi siempre estar de stand-by para atender los posibles casos de emergencia.

Afortunadamente, nunca tuve problemas tan gordos que conllevaran la pérdida irrecuperable de un trabajo, y eso me dio muy buena fama con el cliente.

Recuerdo haberle sugerido una vez al cliente que en lugar de leer con el programa las tarjetas asíncronas, que las leyeran todas y las guardaban en disco, e igual con la impresión: que fueran guardando en disco.

Esto lo hice porque la “desgracia” de esa máquina no era la CPU —creo que una de las más fiables que ha fabricado IBM— sino sus I/Os. La 1442 era una desgracia de máquina porque parecía un tanque de guerra, pero cuando le daba por encender la luz de Read Check, ahí se armaban gordas; y la impresora era otro fósil, un dinosaurio hecho para escribir unas pocas líneas y no el volumen de impresión que CYPECA necesitaba.

Al poco tiempo recuerdo que el cliente contrató una segunda IBM/1130 con más unidades de disco, y una impresora 1403, y el rendimiento incrementó notablemente.

PD-1.

Hay que aclarar una cosa. Inicialmente, yo no era el técnico de CYPECA, era otro compañero que tenía más años de experiencia pero que tuvo la desafortunadísima desgracia de que, una vez que el cliente le llamó por un problema, la máquina llevaba 24 horas calculando, y él, no sé por cuál motivo —pues nunca me lo aclaró ni me lo aclararon— fue al tablero de luz y bajó el breaker principal.

Lo sacaron del cliente, y recuerdo que Uwe Petersen, mi jefe, me llamó y me dijo que dejara lo que estaba haciendo y me fuera URGENTEMENTE a CYPECA.

Cuando llegué allá lo único que hice fue volver a subir el breaker, encender la máquina y pisar la tecla de Start (en aquella época las memorias eran de core magnético y los registros estaban ubicados en las primeras direcciones de ella), y, milagrosamente, la máquina empezó a andar como si no hubiera pasado nada.

En mis 12 años de técnico de IBM/1130 en Venezuela, intenté muchísimas veces apagar una IBM/1130 en marcha, volver a encenderla y darle start, pero nunca arrancó de nuevo. ¡Después dicen que no  existen los milagros!

Desde aquel día, CYPECA exigió que yo fuera su técnico y, paralelamente, inició el afortunado despegue de mi carrera en IBM de Venezuela.

PD-2.

En honor a la verdad, mi objetivo desde mis comienzos fue de algún día llegar a ser como Ramón López, quien para mí fue siempre mi ejemplo y mi meta.

Dicen que le llegué muy cerca, pero nunca le alcancé, y me alegro muchísimo de eso porqué para mi Ramón fue único y le debo todo lo que llegué a ser en IBM, tanto en Venezuela como en USA o España.

Su filosofía y modo de ser me han servido siempre de ejemplo hacia los clientes y demás compañeros. Para el cliente «su problema era lo más importante», y para los compañeros «jamás hacerlos quedar mal ni delante de los clientes ni de los jefes o demás compañeros».

Lo que me tenía que decir o criticar, era cosa que quedaba siempre entre nosotros.   

Hay que ver, ¡han pasado más de 30 años desde aquello!

NotaCMP.- Pues, Leo, a fecha de hoy, 31/07/2011, ¡ya han pasado casi 40!

***

Pedro Mazzei

Mazzei

Aprovechando la mención que hizo Ramón del Prof. Carlos Domingo, les voy a narrar una anécdota de la que se habló mucho en esos tiempos.

Antes, déjenme explicarles quién era el Prof. Domingo.

Era un argentino de una personalidad excepcional. Menudo de cuerpo, era el alma de la Escuela de Física y Matemáticas, y luego de la de Computación.

Además de excelente profesor, de porte científico, era deportista (de los que subían al Ávila solo, ida por vuelta en media mañana), divertido (podía lanzarse rodando por una escalera para hacerle un show a sus amigos), poeta, inspirado en recetas de cocina, dibujante fino, de excelente humor y muy solidario. Y a pesar de sus probablemente 80 años, todavía sigue impartiendo sus conocimientos como profesor en la ULA. 

Y viene la anécdota.

En la Escuela de Física y Matemáticas se contaba por esos tiempos que Carlos Domingo, en una visita que hizo el técnico de IBM para chequear la IBM/1620 (a lo mejor fue Ramón el técnico y estoy develando una historia), el Prof. Domingo lo acompañó mientras revisaba el equipo, y le pidió al técnico que le permitiera ver los manuales IBM CONFIDENTIAL de la IBM/1620 mientras el técnico se iba a almorzar. 

Y quizás por el tono afectuoso del Prof. Domingo, el técnico accedió a su petición. 

En ese corto tiempo, Carlos Domingo fotocopió todos los manuales, y se hizo un operativo con apoyo de otros profesores —y seguramente también estudiantes— para reproducir luego la copia en la quizás única copiadora grande que había en la UCV, y que estaba en la Biblioteca Central.

Cuando regresó el técnico, le devolvió los manuales sin que éste se percatara de la «OPERACIÓN COPIADO» que había ocurrido durante su ausencia.

Se los cuento como me lo contaron.

***

Leonardo Masina

Caricat.Leo

Sin querer interrumpir una historia que empezó Ramón con la IBM/1620, y que veo que tiene y tendrá secuela, entre los recuerdos y anécdotas de mis primeros tiempos en IBM (1969-1982) me han venido a la mente varios, y uno de ellos está ligado a la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), que para entonces estaba en El Paraíso.

Allí tenían instalada una 1130 en la que Ramón López nos daba las prácticas. En el verano de 1969 éramos Mario Atance, un veterano, y tres novatos y jóvenes: Luis Argüello, Azaola (que se fue muy pronto de IBM), y yo.

Recuerdo que había cuatro perforistas, una ya mayorcita y tres muy jóvenes y muy guapas, y una de las recomendaciones de Ramón fue que tuviéramos en cuenta que estábamos en una institución católica, que cuidáramos el lenguaje y mejor pensáramos en la máquina.

Y nosotros, los novatos, nos cuidamos bastante de desobedecer a Ramón. De paso, aquellas mujeres parecían medio monjas y nosotros creíamos que lo eran.  

Al terminar el curso, la UCAB me fue asignada como cliente, y ya que no tenían demasiado trabajo, era el cliente donde me pasaba mi tiempo libre. Y como de verdad aquellas muchachas parecían unas monjas, yo practicaba con la máquina. 

Al poco tiempo, como había que montar los BMs (1), a mi jefe, Uwe Petersen, se le ocurrió la idea de que Eduardo Camblor fuera conmigo a enseñarme cómo se montaban, para que así fuese yo practicando. Recuerdo que había un montón de BMs por montar; más de 150 horas.

Cuando en la sede principal de IBM me presentaron a Eduardo, recuerdo que Rogelio Edreira, que fue quien lo hizo, le dijo a Camblor: “¡Muchísimo cuidado cómo hablas! Recuerda que ésa es la universidad de los curas”

Yo no conocía a Eduardo, pero en el viaje con él hacia la UCAB comprendí perfectamente el sentido de la recomendación que le habían hecho, pues, para quien no lo haya conocido, Eduardo era español y usaba un lenguaje muy “castizo», o sea, 4 palabras decentes y 5 groserías.

Hasta que conocí a Eduardo yo no sabía que cagar podía decirse de tantas formas distintas.

Hay que reconocer que los primeros días Eduardo se portó muy bien, pero luego ocurrió lo que ya conté en Del baúl de los recuerdos de IBM: Eduardo Camblor y su florido lenguaje / por Leonardo Masina.

Unos años después, estaba yo en el cliente, solo, haciendo mantenimiento, y recibí aviso de la secretaria de la biblioteca diciéndome que tenía una llamada para mí pero que no podía pasármela. La biblioteca estaba justo al otro extremo del pasillo.

Saliendo por la puerta del centro de computación y tomando a la izquierda, lo primero que se encontraba, también a la izquierda, eran los baños, que estaban, pared con pared, con la sala de máquinas. Después, y siempre a la izquierda, estaba la escalera, y siguiendo recto se entraba en la biblioteca.

Cuando llegué al teléfono no me contestó nadie, dije “Aló” un par de veces y, de repente, un tremendo estruendo y el edificio tembló; parecía un terremoto. Los libros se cayeron de las estanterías, y había tanto polvo que parecía una niebla espesa.

Habían puesto en los baños una bomba que hizo que volara todo por los aires. El tabique voló, el desplazamiento de aire reventó el ventanal, y algunas de las máquinas cayeron a la calle. Evidentemente querían hacer un atentado, pero sin que hubiera víctimas.

La centralita telefónica quedó cortada, y todo quedó incomunicado.

Sin decir palabra, agarré mi carro y me fui a la oficina IBM que estaba en Capriles. Cuando entré recuerdo que había una agitación tremenda, todo el mundo sobresaltado. Le pregunté a Uwe Petersen qué pasaba, y me dijo: «Pusieron una bomba en la UCAB, y ¡Leo estaba ahí y ha quedado desintegrado!».

Pero yo estaba en la oficina y nadie me reconocía. Al rato, cuando Uwe se dio cuenta de que yo estaba allí y de que estaba bien, me armó una gorda por no haberle dicho eso, que estaba bien.  

(Un recuerdo del gran amigo y compañero Eduardo Camblor que murió en un fatal accidente de carro regresando de Barquisimeto a Valencia. A él le agradezco haberme enseñado muchas cosas, más que técnicas, de la vida y, sobre todo, cómo había que hacer las cuentas de gastos y rellenar la tarjeta de overtime).

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(1) Aclaratoria de Ramón López.

BM = Bill of Materials, o sea, conjunto de dispositivos para corregir o eliminar errores de diseño en una máquina. También, en los últimos tiempos, para llevar ésta a un nivel de ingeniería superior al que tuviera.  Eduardo Camblor era uno de los campeones instalando BMs, y uno podía confiar en él. Si en la máquina surgía una falla posterior, normalmente no era por error en la instalación de BM hecha por él.

***

Ramón López

Ramón López

Leo, es increíble cómo te acuerdas de aquellos tiempos. Algunas cosas no quedaron en mis recuerdos porque pasaron a GSD.

Pero sí recuerdo, por ejemplo, que en el MOP tenían instalada la primera IBM/1627, a la orden del Doctor Tacher, que era el jefe de la instalación.

También mi entrada en IBM fue algo parecida a la tuya.

Yo trabajaba en la Siemens con aparatos médicos y de sonido, y por las noches daba clases de electrónica en la Universidad Católica, que estaba en la esquina de Jesuitas. 

Instalé todo el sistema de sonido Siemens para un auto sacramental que se hizo en Prados del Este cuando empezaban a venderse estos sistemas.

Tenía un alumno que quería entrar en IBM, y me daba la lata para que yo fuera a IBM y presentara el examen, ya que, según él, yo tenía los conocimientos frescos por estar dando clases.

Me dio tanta lata que un día pasé por IBM y presenté los exámenes, y como no me preocupaba el aprobarlos o no, pues no estaba nervioso y los hice muy bien. Luego le expliqué a mi alumno de qué se trataban, pero él no los aprobó.

Un día, tiempo después, pasaba yo por la Avenida Urdaneta y se me ocurrió entrar a IBM, y allí me encontré al Sr. Rivadeneira y al Sr. Barany.

Me dijeron que me habían estado buscando, me enseñaron la /650 que tenían recién instalada en el Data Center, y me invitaron a café (que es mi punto débil), y a los tres meses estaba yo en Lima, como empleado de IBM, haciendo el curso básico.

Tengo magníficos recuerdos de todos ustedes, pero hay que vivir en el presente.

Un saludo muy cordial de tu amigo Ramón López.

***

Noel Ramírez

NRamírez

Recuerdo que una noche me llamó a mi casa Vicencio Díaz porque necesitaba compañía y ayuda con la misma IBM/1130 que había estado en la Torre Polar y que estaba ahora en el Centro Profesional del Este, el que está al lado del Centro CEDÍAZ.

Como yo tenia en las orejas una picazón enorme producto de una pequeña intoxicación, me unté Caladril o Calasona, y me fui a acompañar a Vicencio hasta que arreglamos el problema.

Creo que terminamos ya en de madrugada.

***

Leonardo Masina

Leo Masina, 1972

Parece que Ramón ha destapado el frasco de los recuerdos y me están volviendo a la mente varios. Aquí te va otro.

La 1130 era la máquina de las universidades: había en la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), en la Simón Bolívar, en la LUZ (La Universidad del Zulia, Maracaibo), otra en UCV Veterinaria (Maracay), y dos en la UDO (Universidad de Oriente): una en Puerto la Cruz y otra en Cumaná.

Este cuento también va de atentados.

Resulta que en la UDO-Cumaná había que hacerle un montón de cambios a la máquina y, aprovechando las vacaciones de verano, acordaron mandarme para allá un par de semanas.

En Oriente estaba como técnico Mario Atance, así que yo podría contar con su colaboración sólo cuando él estuviese libre, cosa muy difícil en una zona donde las distancias son tan grandes y había muchas máquinas instaladas.

Como siempre, la IBM de aquella época se esmeraba, y yo estaba hospedado en el hotel Cumanagoto, el mejor de la zona.

Empezamos a hacer los cambios, pero la cosa no iba como se esperaba. Había más contratiempos y dificultades de las previstas, se habían equivocado en mandarme máquinas, el sistema no estaba al nivel de ingeniería requerido, etc. Todas esas dificultades podrían resolverse en Caracas en una mañana, pero, desde Cumaná, aquello era imposible.

Pasaban los días y yo no adelantaba casi nada, así que me iba quedando siempre hasta más tarde, inclusive ya después de cenar volvía a trabajar hasta las 2 ó 3 de la madrugada para así poder mantener los tiempos prefijados.

Un día aparecieron muchos panfletos anunciando que habían puesto una bomba en la universidad. ¡Lo que me faltaba!

Me hicieron salir, y la Policía y la GN revisaron todo. Sólo por la tarde me dejaron entrar.

Yo seguí con mi trabajo, y como había perdido la mañana, decidí seguir más tiempo. Estaba trabajando solo, incumpliendo la primera norma de seguridad de IBM, pero, ¿cómo podía pedirle a alguien que se quedara de madrugada?

A eso de las 3 de la madrugada empecé a escuchar un ruido muy rítmico: ta-tak, ta-tak, ta-tak, ta-tak. Un poco preocupado comencé a apagar los aparatos de aire acondicionado y todo lo que pudiese sonar, pero ese ruido rítmico iba en aumento: TA-TAK, TA-TAK, TA-TAK, TA-TAK.

Asustado, cerré todo, apagué las luces y salí del centro de computación, que estaba en la planta baja desde donde una puerta de salida daba a un patio.

Cuando llegué al patio me encontré a dos estudiantes que, a las 3 de la madrugada, jugaban tranquilamente ping-pong: TA-TAK, TA-TAK, TA-TAK, TA-TAK…..

***

Manuel Alberto Gutiérrez

Guty

Carlos, ¡lo que has desatado!

La primera computadora que programé en mi vida fue una 1130, para la empresa Parson Jurden en New York City.

Programé la planilla de la empresa utilizando Fortran IV, que nunca sumaba correctamente los decimales.  Tuve que hacer una subrutina que llamé «Mr. Clean», pues el problema residía en el punto flotante.

Esa primera programación, unida a la lectura de 5 folletos de Programmed Instruction (PI) de Cobol, me sirvieron para obtener el primer puesto en una terna para viajar a Venezuela en 1969. 

El puesto de Analista Programador en una empresa asesora del MOP fue, en definitiva, la razón de mi ingreso a IBM, en abril de 1970. Claro, después de lograr el cambio de una IBM/1401 (con compilador Cobol) a una IBM/360-40, y una interesante aventura con el vendedor IBM de ese entonces.

Recuerdo muy bien la 1130 de CYPECA, y otra que estaba en la Avenida Francisco de Miranda —creo que en el Edificio IESA, casi frente a Juguetelandia—, con el Ing. Aranguren.

Pregunta: ¿a la 1620 de la UCV la llamaban “Matilde”?

Saludos para todos,

“Manny”

***

Pedro Mazzei

Mazzei

Si el ciego al que se refiere Masina en su anécdota del plotter en la UCV era especialista en computación, no tengo dudas de que se trata de Pablo Guzmán. 

Pablo fue en la UCV mi compañero en algunas materias. Perdió la visión por torturas en la Seguridad Nacional, ¡lo quemaron con cigarrillos!

Pablo «construía» en su memoria el diagrama de flujo de los programas que desarrollaba para los trabajos en la Escuela de Computación. Sabia el orden de cada una de las instrucciones, y todas las referencias que había puesto, los IF, el COMMON, los GO TO y a donde ramificaban.

Sorprendía lo preciso que era al identificar el error de lógica que hubiera cometido. Nosotros sólo lo ayudábamos leyéndole el error que aparecía y perforando las tarjetas con lo que él nos dictaba para corregirlo.

De Pablo hay muchas anécdotas sorprendentes, ésta es tan sólo una de ellas. Así que no dudo que Pablo haya sido el protagonista del asombro de Masina con el caso del plotter.

***

Ramón López

Ramón López

Creo que cuando llegó la IBM/1130 a la UDO, Uwe Petersen la estaba instalando y no lograban que funcionara: yo no estaba en Venezuela por esos días. Cuando llegué me mandaron a Cumaná para ayudar a Uwe, y solucionamos el problema.

Uno de los profesores de la UDO habia escrito sobre la máquina: “No funciona, no funciona y no funciona”

***

Leonardo Masina

Caricat.Leo

Yo no creo en las brujas, pero de haberlas, ¡haylas!

Éste es un dicho que, escrito en el idioma de esta región de España, es fácil encontrarlo en alguna pegatina de muchos carros de Galicia. Y ésta es una historia corta, que va de brujería, como el refrán gallego.

Yo personalmente no creo en esas historias, inclusive en la tradición popular venezolana se acostumbra(¿ba?) a fumarle un puro al Negro o a Maria Lionza,… pero hay veces en que el destino nos reserva alguna sorpresa.

Una vez me mandaron a Cumaná, a la UDO, por un problema de memoria con la IBM/1130. Ya Mario Atance, el técnico que había estado asignado en esa zona, había vuelto a Caracas y en su lugar estaba Santiago Villegas. 

Visto lo bueno que era con la IBM/1130, no se le dio curso, sólo se le dio el curso de cómo pasar los tests ya que los I/Os eran comunes a la mayoría de las máquinas instaladas en la zona.

El problema por el que me habían mandado a Cumaná era grave: la máquina estaba bloqueada con un parity check, la única luz roja que tenía la IBM/1130 para indicar un problema, y era trabajo del técnico averiguar cuál era la causa.

Al llegar a la instalación, Santiago ya había destapado la máquina y había intentado identificar el problema, pero sin éxito.

La máquina de la UDO tenía una expansión de memoria, un módulo adicional que hacía a la IBM/1130 casi 1 metro más larga (módulo que había instalado yo cuando el famoso TA-TAK, TA-TAK).

Al llegar encontré, justo debajo los boards de memoria, la colilla reseca de un puro, seguramente olvidada en una intervención anterior por Mario Atance, que era el único que, de vez en cuando, aparecía en una instalación fumando un puro apestoso que nos intoxicaba a todos.

Con cuidado y con el auxilio de una tarjeta (pues todavía se utilizaban las tarjetas perforadas) retiré la colilla y toda la ceniza que la rodeaba, y tiré todo a la papelera.

Encendí la máquina para ver cuál era el problema, y, ¡MILAGRO!, con sorpresa general, pues la máquina arrancó perfectamente.

Le pasé todo tipo de tests (muy ineficientes) y nada. Decidí arriesgarme a entregarle la máquina al cliente para que corriera un trabajo y esperar a ver qué pasaba, pero ¡no pasó nada, todo salió perfecto! Visto el éxito obtenido, en la tarde regresé a Caracas. 

La causa del problema fue achacada al puro de Mario, y eso quedó grabado como una anécdota tanto en el cliente, como en el recuerdo de Santiago y mío.

Pasados varios años, Santiago me aseguró que jamás esa máquina volvió a dar problemas.  

Yo no creo en las brujas, pero de haberlas, ¡haylas!

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COMENTARIOS

  [*FP}– Del baúl de los recuerdos: La 1401 – Padronel
[…] igual que lo de “Esto empezó con la 1620 instalada en la UCV“, los escritos que copio más abajo fueron intercambiados por e-mail comenzando el día 29 de […]

Leonardo Masina
Un detalle, Katy, mejor aclara que siempre te respeté, porque, como compañera de trabajo y novia de un CE, nunca me hubiese permitido nada más que llevarte a TU casa (porsia).

Es que, si vamos al caso, en el grupo, aparte de “jodedores”, también había “malpensados” y otros que sí aprovechaban lo que fuese.

De hecho, la que te reemplazó sí que tuvo sus “anécdotas”, y la otra también; todas con gente del departamento.

De Gladys, ¿a cuál de las dos te refieres? Porque eso de “noche oscura” creo que se adaptaría más a “La motilona”, que era nuestra secretaria en Capriles, y de quien sé que se casó y dejó el trabajo. La otra estaba en Chuao, justamente trabajando con Rodríguez Campo en Administración CE.

Francisco Alcalde se fue a Ciudad Guayana como CE y de ahí no supe más de él. Mapi no recuerdo quien era.

Katalina Andrady
Claro que me acuerdo, Leo, de que me dabas la cola a casa, y me preguntabas “¿Te vas hoy conmigo, Kkati?”, y todos en el departamento se miraban y reían tratando de disimular, … y yo, pocrecita, rojiiiita ccual manzana.

Recuerdo tanto a Uwe, que también reía, no creas.

Y sí, Leo, recuerdas bien lo de mi origen húngaro.

¿Qué será de la vida de Gladys Corothie (“Noche oscura”, así le decian), de Rodriguez Campo, Alcalde y Mapi?

Acabo de conseguir, en un baulito que tengo, una lista gigante de los técnicos de OP y otra de lo de DP. ¿Qué tal ?

¡Qué de recuerdos! Iba yo con uno u otro a tomar el cafecito de media mañana y, de pronto, un viernes por la tarde una escapadita a esa pastelería que quedaba al lado del Teatro Las Palmas, a comprar dulcitos y llevar al departamento a nuestros compañeros.

Seguiremos conectados, y seguiré informando. Ah, ¡y a “La gallega”, Milagro Micó!

Saludos, y a todos besossss.

Leonardo Masina
Ésta, Carlos, debe de ser la Katy —mi amiga, de origen húngaro—, que fue Call Dispatcher en Capriles, años ’70.

¿Qué tal, Katy? Imagino que te acordarás de mí, el que te daba la cola a casa, en Bello Monte.

CMP
En respuesta a Katalina Andrady.

Katy, indica, por favor, en qué años estuviste en IBM, y dónde estaba entonces tu oficina (Ferrenquín, Mene Grande, Capriles, Chuao,…). Y si puedes mandar una foto tuya de aquellos tiempos, mejor.

Katalina Andrady
¡Guaoooo, cuántos comentarios y anécdotas! Estoy muy emocionada.

Soy Kati, la que trabajó en D.P y en O.P.

Carlos González
Me extraña que los técnicos no mencionaran la 1620 que teníamos en el Service Bureau de IBM. Ya en 1966 hacíamos en ella cualquier cantidad de cálculos de ingeniería que eran, entre otras y si mal no recuerdo, para una compañía llamada OTEPI. También recuerdo que Eduardo Dapena la programaba. Él me enseño algo de Fortran IV.

IBM me reclutó de la UCV a través de César Herrera y de Jesús Pérez Pina, y por trabajar en esa 1620, y en la 1401 operando y programando en Autocoder y RPG, perdí la carrera de ingeniería.

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Por eso precisamente puse las fotos, Javier, pues pienso que no sólo soy yo quien tiene problemas para recordar caras.

Javier Palacios
Carlos, ¡qué buena idea fue la de poner fotos en este diálogo sobre las 1130s y 1620s!

El nombre ‘Ramón López’ sólo me sonaba, pero el poner su foto a lado de su nombre logró hasta extraer, de algún banco de mi memoria, su peculiar voz y, para este ‘sudaca’, su acento.

Gracias por este blog que hace recordar ese tiempo pasado,

Javier Palacios

Leonardo Masina
Hola, Victor.

Yo fui el que instaló la IBM/1130 de la Simón Bolívar. Inicialmente se instaló en unas oficinas en Caracas, luego la trasladé a la sede de la Universidad, allá donde se perdió el diablo, pero un lugar muy bonito, rodeado de verde y, sobre todo, con un clima agradable.

En la esa universidad había un ambiente muy bueno. Inicialmente, uno de los operadores era un muchacho de origen vasco con el cual me la llevaba muy bien, y era muy colaborador.

Recuerdo que cada vez que yo iba allí, los estudiantes, me hacían muchísimas preguntas sobre el Assembler de la 1130 y yo, con gusto, les ayudaba, ya que para mí era algo que me apasionaba. Luego varios de ellos me paraban por los pasillo para agradecerme porque les había solucionado el problema y habían pasado la prueba o el examen.

Algunos de ellos me los encontré en el IVIC, donde también había una 1130, y me comentaban que la esa máquina les había ayudado muchísimo en su desarrollo informático.

La 1130 fue una maravilla, aparte su mantenimiento rutinario, jamás fallaba; sólo la lectora fallaba alguna vez, pero siempre cosas muy tontas que se solucionaban inmediatamente y no paralizaban el sistema.

Leonardo Masina
Hola, Victor.

Yo fui el que instaló la IBM/1130 de la Simón Bolívar. Inicialmente se instaló en unas oficinas en Caracas, luego la trasladé a la sede de la Universidad, allá donde se perdió el diablo, pero un lugar muy bonito, rodeado de verde y, sobre todo, con un clima agradable.

En la esa universidad había un ambiente muy bueno. Inicialmente, uno de los operadores era un muchacho de origen vasco con el cual me la llevaba muy bien, y era muy colaborador.

Recuerdo que cada vez que yo iba allí, los estudiantes, me hacían muchísimas preguntas sobre el Assembler de la 1130 y yo, con gusto, les ayudaba, ya que para mí era algo que me apasionaba. Luego varios de ellos me paraban por los pasillo para agradecerme porque les había solucionado el problema y habían pasado la prueba o el examen.

Algunos de ellos me los encontré en el IVIC, donde también había una 1130, y me comentaban que la esa máquina les había ayudado muchísimo en su desarrollo informático.

La 1130 fue una maravilla, aparte su mantenimiento rutinario, jamás fallaba; sólo la lectora fallaba alguna vez, pero siempre cosas muy tontas que se solucionaban inmediatamente y no paralizaban el sistema.

Victor Alvarado
¡Qué interesantes recuerdos!

Yo estaba en la Simón Bolívar, y con mis compañeros, que ya cumplimos 35 years de graduados, tuvimos el privilegio de aprender a programar en la IBM/1130 que tenía la Simón. La verdad es que su Assembler era lenguaje de máquina, y lo que más me costó fueron los manejos de las interrupciones de I/O.

Sin embargo, esa experiencia hizo que me enamorara de la computación, y me cambié de carrera, de Matemáticas Pura a Ingeniería de la Computación, y en aquel momento ni pensar en que yo trabajaría en la mejor empresa que he conocido, y tener los mejores amigos que alguien pueda pensar tener, como son todos ustedes, los exIBMistas.

Vicencio Diaz
Yo le creo no sólo a Leonardo sino a Santiago; mis respetos para ambos

Eso se parece un poco a una experiencia que tuve con una IBM/2050 del MOP que no paraba de fallar, hasta que me di cuenta de que siempre fallaban las tarjetas que estaban contaminadas con el humo de los tabacos de los autobuses que pasaban por la zona.

Opté por lavar las tarjetas por grupos y, principalmente, las que estaban cerca de los filtros, y pasados como 3 meses las fallas se acabaron.

Bastante tiempo más tarde me tocó entrenar a técnicos sobre el peligro que significa la estática, el como tocar las partes electrónicas, el uso de carpetas “aterradas”, o el brazalete conectado a tierra, etc. Por supuesto, eso me impidió comentar cómo sacar fallas de las 2050s contaminadas.

Lo que yo pienso es que los circuitos electrónicos son como las personas: vulnerables al medio ambiente dependiendo de su alimentación, genética y todas esas cosas.

Si un circuito expuesto por falta de alguna cubierta está cerca de algún contaminante, se da una operación química particular. Si se cambia el enfermo de posición o se retira el contaminante, la cosa cambia. El aire no es nada puro, y por algo existen los pañuelos.

El olor es una reacción química a nivel de la nariz, y no hay algo que se mantenga más en el aire que el olor a tabaco, y primero se dan cuenta las mujeres de que estuviste en una tasca que en una casa de “encontros”, como no sea por el color rojo rojito.

Pero de que vuelan,…

Pedro Mazzei
Hace casi una década escribimos sobre la 1620 de la UCV. ¿Recuerdan el nombre de Elkin Palacios? El fue el programador del cálculo de estructuras de Fortoul.

Tiempo después, Elkin contrataba tiempo de la IBM/360-40 de la Escuela de Computación, época cuando lo conocí, y corría allí el programa en forma privada.

Después estuvo trabajando en el MOP en el procesamiento de las encuestas de “Origen y Destino”, actividades precursoras del Metro de Caracas.

Un dia decidió irse a USA sin pasaje de retorno. Era un adelantado a la época que ya no conseguía retos de computación en Venezuela, por lo que decidió emigrar.

Hace unos 4 años fue la última vez que hable con él. Seguía en NY.

Leonardo Masina
¿Y con el tabaco de Mario, cómo la metemos, Vicencio?

Está de testigo Santiago Villegas. La máquina tenía un parity check clavado, viajé urgentemente de Caracas a Cumaná, encendí la máquina y, en efecto, el problema era fijo.

Apenas abrir la puerta de la expansión de memoria, apoyado en el chasis de la máquina encontré medio puro que alguien había dejado allí olvidado.

Con la ayuda de una tarjeta saqué cuidadosamente el medio puro, que todavía apestaba, lo tiré a la papelera, enchufé el osciloscopio para intentar verificar y medir los voltajes para ver de que no tuviesen niveles de ruido y, al arrancar después la máquina, arrancó sin problemas.

Además, está el comentario de Santiago quien dijo que esa máquina nunca más volvió a dar problemas de memoria.

Ande usted a saber.

Vicencio Diaz
Comparto tu emoción, Ramón, y recibe un abrazo respetuoso de quien te aprecia profundamente.

Ahora, mi racional comentario.

Cuando IBM de Venezuela llega a su mayoría de edad, “veintiocho años”, comienzan a cambiar muchas cosas, entre ellas está la 1130 que pone a pensar a mucha gente, como bien lo expresa Leonardo, en especial después del sismo de la ciudad de Caracas cuyo cumpleaños 11*4 acabamos de recordar hace tres días, el pasado viernes, a las 7:32 minutos de la noche.

Esos fueron días muy cruciales, no sólo para la ciudad de Caracas, que estaba celebrando sus 100*4 años, sino para la Tierra toda, que acababa de soportar la guerra de los seis días de los judíos contra sus vecinos.

Los vientos que soplaban eran parecidos a los que ahora soplan de nuevo, pues eran días en que lo ciegos veían, las monjas se quitaban las máscaras, la tierra se movía, y hasta a Noel Ramírez le salían picazones en las orejas por el sólo hecho de ir al encuentro de un fallo de una 1130.

¿Cosas de tabacos y humo? ¡Cuánta falta les debe de estar haciendo a muchos alguien que sepa “fumar el tabaco”, cuando desde aquellos días se han cumplido 80*200 vueltas de la Tierra sobre su eje imaginario!

Gracias por traer a nuestra memoria aquellos tiempos, ahora que se han cumplido 111*4 años de la fundación de esta ciudad, cuando se repiten las fallas de los plotters y son los ciegos quienes lo pueden “ver”.

Eso tiene una explicación muy simple: el mundo está lleno de ruidos y formas que, al entrar por los I/Os, son procesados como información; pero no toda información es útil para el hombre. Al perder sensibilidad, los I/Os se reajustan para filtrar la información que se considera vital para el proceso o para el procesador, pero eso no quiere decir que tengan mayores virtudes que los que tienen mayor sensibilidad, sino que son selectivos con lo poco que les queda para comunicarse con su environment.

Ramón López
Carlos, esto es maravilloso y me hizo retroceder unos 50 años. ¡Gracias a ti, a Leo y a todos los que han colaborado!

Hace unos años pude contactar con el profesor Domingo.

Un abrazo de tu amigo Ramón López.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1979

Carlos M. Padrón

Foto 1. Cortesía de Leonardo Masina. Organigrama del Departamento Técnico GSD.

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Repito los nombres para que Google los recoja y puedan luego servir como argumento de búsqueda.

Arriba: Alfredo Carvallo

Abajo, y de izquierda a derecha:  1, Juan León ;  2, Francisco López (Paco);  3, José Ramírez (Cheo);  4, Leonardo Masina;  5, Ernesto Villamor

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Las tres que siguen son de mi colección.

Foto 2.

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De izquierda a derecha:  1, Jesús Alonso;  2, Carlos M. Padrón;  3, Luis Martín i Calafells

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Foto 3.

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De izquierda a derecha:  1 , Carlos M. Padrón;  2, Carlos Pérez Requejo (en segundo plano);  3, Ramón López;  4, Fernando Lacoste

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Foto 4. Tomada en diciembre de 1979 durante una reunión navideña de IBMistas.

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De izquierda a derecha.

Fila trasera:  1, Aitor de Rotaeche;  2, Daniel Lucas;  3, María Elena Veronese

Fila delantera:  1, Norma Mata;  2, Roger Dupouy;  3, Liuba X. (Sorry! Liuba era entonces mi secretaria pero olvidé su apellido, que era ruso).

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COMENTARIOS

  CMP
En respuesta a Jorge Merchán.

Gracias, Jorge.; ya saqué el nombre de Daniel. Nos nos quedaremos sin saber quién es, o era, ese individuo que vino a mi fiesta.

Jorge Merchán
Confirmo que no es Daniel Lucas; él renunció en el año 1978. Le mandé la foto y me informé que no era él.

Saludos.

CMP
En respuesta a Reinaldo Fernández.

Hola. Reinaldo.

Si no la ha cerrado o vendido, Julio Suáres tiene una tienda de ropa infantil en el Centro Comercial Santa fe, en Caracas.

Reinaldo Fernández
El de barba no es Julio Suárez, aunque tiene cierto parecido.

Por cierto, ¿sabes qué ha sido de Julio Suárez? Yo estuve con IBM un par de años (1975-76), pero Julio fue después nuestro vendedor en Cervecera Nacional.

¡Un gusto saludarte, Carlos, después de tanto tiempo!

CMP
En respuesta a María Elena Veronese.

¡Gracias, María Elena!

Sí, aclaraste todas las dudas y más, pues como dices que la foto no fue tomada en mi casa, la miré con detenimiento y, efectivamente, la columna blanca del fondo no es como las del porche de mi casa, ni tampoco el muro que está a tus espaldas.

Ya decía yo que si el tal Daniel Lucas hubiera estado en mi casa yo lo recordaría.

Lo que ahora no entiendo es por qué ese foto vino a parar a mis álbumes. De ahí partió mi crrencia de que había sido tomada en mi casa, donde también hacíamos reuniones navideñas. Tal vez tú o Liuba me dieron una copia.

María Elena Veronese
Hola. Carlos.

FOTO 4. También la tengo dentro de mi “baúl”, y la recuerdo perfectamente, así que puedo decirte que,

1. Efectivamente la persona que sale al fondo a la izquierda es Aitor de Rotaeche.
2. Hay otra persona que no distingo quien es porque la tapa Daniel Lucas.
3. Una mano que sobresale no es la de Daniel, aunque él también está saludando.

Para tu sorpresa, esta foto no fue tomada en tu casa. Estoy casi segura de que fue tomada en la celebración navideña que se hizo en la Quinta Esmeralda, en San Bernardino, en diciembre de 1979. ¿Será que Daniel y tu nunca coincidieron y por eso no lo recuerdas?

Espero que esto aclare algo las dudas.

He disfrutado de los comentarios y me he transportado en el tiempo. ¡¡Que agradable es tu blog !!

CMP
En respuesta a Nelson Fermín.

Gracias, Nelson. Estamos de acuerdo en Aitor, pero creo que el de la barba ni es Alejandro López ni Julio Suárez.

Vamos a ver si aparecen otras opiniones, pues lo de Daniel Lucas sigue sin convencerme..

Nelson Fermín
FOTO 4.- El primero de la izquierda es Aitor, sin duda alguna. Ingresó con mi “quinta” en 1977.

Estoy casi seguro de que el otro en duda, el de la barba, es Alejandro López. Hasta la expresión en la foto es muy propia de él.

Julio Suárez era más pequeño, de más peso, con la cara más redonda, y comenzó a usar barba ya en los ’80s. Él trabajó en las sucursales de Industrias y dudo que haya estado en la de Finanzas alguna vez.

Saludos
Nelson

Guillermo Raven
Carlos, de la FOTO 4 sólo reconozco a María Elena Veronese, que está de pie; delante de ella está Roger Doupuy, y al fondo, a la izquierda, Aitor de Rotaeche.

Nelson Fermín
Carlos, acerca de la FOTO 4 te voy diciendo los nombres y, entre paréntesis, el grado de certeza que acerca de ellos tengo.

– El primero de la izquierda es Aitor de Rotaeche (99%)
– El de barba creo que es Alejandro López (75%)
– La joven que está de pie es María Elena Veronese (100%)
– El caballero entre las dos chicas al frente es Roger Dupouy (100%)
– La joven a la izquierda de Dupouy es de apellido Mata.

Saludos,
Nelson

Frank Lewis
Bueno, a mí se me parece a Luis Argüello, aunque realmente no recuerdo a Aitor.

CMP
En respuesta a Frank Lewis.

Gracias, Frank.

Yo sólo veo 6 caras completas y reconocbibles, que son las 6 cuyos nombres puse en el pie de la foto.

La mano alzada, la del brazo vestido con manga larga de color oscuro, corresponde, según creo, a alguien cuya cara no se ve porque está detrás de Roger Dupouy. Y la otra mano alzada, de la que se ven sólo tres dedos, corresponde a alguien que está detrás del que creo que es julio Suárez pero que me dicen que es un tal Daniel Lucas a quien no recuerdo de nada.

La otra polémica es si el sentado a la izquierda, y de bigote, es Aitor de Rotaeche o es Luis Argüello. ¿Qué opinas?

Frank Lewis
Saludos a todos.

Carlos, yo en la foto veo a 7 personas, y supongo que la cara de la polémica es la que aparece semioculta y que corresponde a la segunda mano alzada. Interesante foto.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Mis estimados amigos, supongo que no se habrán puesto de acuerdo para fastidiarme, pero, aunque la visión de mi ojo izquierdo es aún borrosa, por más que me esfuerzo y amplío esa FOTO 4, sólo veo en ella las caras que mencioné. No entiendo dónde ven ustedes otra cara, y la ven lo suficientemente bien como para afirmar que es la de Luis Argüello.

Es más, siguiendo el curso de la mano alzada, no encuentro cara ninguna.

Leonardo Masina
Carlos, confirmo que, con toda seguridad, la cara que aparece en semioscuridad en la FOTO 4, al fondo y la izquierda, pertenece a Luis Enrique Argüello, ecuatoriano de nacimiento. Posiblemente la mano levantada sea la suya.

Entramos en IBM en la misma fecha, en el lejano abril de 1969, y fuimos compañeros en el curso base de Técnico DP, y luego de la 1130, dictado por Ramón López, quien aparece justamente en la FOTO 3.

Al final del curso, como es destino, nos separaron: él se fue para Punta Cardón y yo me quedé en Caracas.

Luego de su regreso a Caracas, pasó a Analista de Sistemas, pero siempre hemos mantenido una excelente relación.

CMP
En respuesta a David Riddick.

Pues, David, aunque me maten tengo que decir que nunca escuché el nombre de Daniel Lucas, y sigo sin saber qué carrizo hacía en mi casa si no trabajaba en la Sucursal Finanzas.

David Riddick
Hubo algunos de ventas que pasaron como estrellas en DP cuando estuvo Norma Mata. Menciono a Alberto Pucci, Malcom Shaw, y hubo otro más.

Definitivamente, es Daniel Lucas, con quien tuve algo de contacto en ventas. Si no me equivoco, estuvo con Jorge Merchán en Gobierno y no sé dónde más. Y sí, estaba ligado a los calzados. Veré mi “baúl” y sacaré uno o 2 ejemplares del 77 o 78.

Saludos.
David

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Javier, creo que, ya que hablas de España, si para leer necesitas gafas de 2.5 podrías afiliarte a la ONCE (Organizaciópn Nacional de Ciegos Españoles) Smile

Javier Palacios
Tienes razón, Carlos. Ahora que me fijo bien e interpreto correctamente los nombres puestos a la foto, amén de ponerme gafas de leer potencia 2.5 …

Por lo oscuro de la foto, el bigote se ve más como el de Argüello que como el de Rotaeche.

Viendo que le pusieron “i Calafells” a Luis Martín, recordé que, en España, si tu primer apellido es muy común (Martín es de los top-ten allá), te llaman por el segundo, como hacen con su actual presidente de gobierno.

CMP
En respuesta a Javier Palacos.

Pues es Aitor, Javier; de eso estoy seguro.

De Argüello no veo rastro,.. a menos que sea suya la mano alzada y tú seas capaz de adivinar que le pertence.

 

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1970’s – Equipo de bowling de IBM-Valencia

Equipo de bowling de IBM-Valencia que, según José Padrón, quien me envió esta foto tomada en los años ’70s, fue muy exitoso.

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De pie:  1, Luis Villegas;  2, Ricardo Mari †;  3, Ángel Fernández;  4, Ildefonso del Moral

En cuclillas:  1, José Padrón;  2, Guillermo Fuenmayor †.

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COMENTARIOS

Leonardo Masina
De este equipo, reconozco a Idelfonso Del Moral —”Foncho” para los amigos—, una excelente persona y mejor compañero y amigo.

Cuando yo entré en IBM, justamente al finalizar el curso de la 1130, estaba planificado que yo fuese transferido a Punta Cardón – Amuay (cosa que luego no se dio y fueron Luis Enrique Argüello y Javier Azaola) justamente a sustituir a Foncho y a Ignacio de Pool, que ya llevaban unos años comiendo “chivo en coco”…

Técnicamente no tuve mucho contacto con Foncho, sólo una vez vino a ayudarme a Cypeca con la 1442 y le dijo a Uwe, mi jefe, que había venido a aprender, no a ayudar, porque, según él, yo me conocía la máquina de memoria y, una máquina con esa edad (la más vieja que seguía funcionando) y el trote de trabajo que tenía, no entendía como pudiese seguir trabajando tan bien.

Luego resultó que el problema era de diseño de la máquina y, al instalarle su respectivo cambio de ingeniería (E.C.) siguió trabajando impertérrita por años.

Como decía, el trato con Foncho fue más bien de compañeros de trabajo y siempre muy cordial. Cuando se dividieron los departamentos técnicos en DP y GSD, yo quería quedarme en DP, pero GSD no quería soltarme. Las palabras y consejos de Foncho fueron los que me hicieron finalmente tomar la decisión de quedarme en GSD y, tanto es así, que cuando él fue nombrado Gerente Nacional del Departamento Técnico y nos cruzábamos por el pasillo, siempre me recordaba que, para los compañeros, él seguía siendo “Foncho” y, de guasa me decía: “Ya sabes, cuando quieras pasarte a DP, tienes la puerta abierta, pero dudo muchísimo que la salida de GSD te la abran fácilmente”.

Me pareció entender que cuando, creo que fue a mediados de 1960, estuvo en San José (California), estudiando la 1800, al estar por ahí la escuela de la Cessna, y ya que los cursos de piloto eran convenientes, aprovechó para sacarse el título de piloto.

Luego, como de costumbre, creo que se fue de IBM, perdimos el contacto y no supe más de él.

Para José Padrón, espero que se mejore y pronto vuelva a estar en contacto con nosotros.

Suerte, José.

José R Herrera H
Hola, hola. Saludos a todos. Foto para el grato recuerdo. Felicidad a todos y a Padrón pronta y completa recuperación.

Yo participé en el equipo en Valencia. mas no recuerdo el año, ni la categoría; creo que era uno alterno. Lo que sí sé es que hice un 295, ¿qué tal?

Pronto envío la foto del equipo de volleyball de Caracas. Agradables recuerdos. Muchas felicidades. Me entero de lo de Fuenmayor (qepd).

Vicencio Diaz
¡Qué bolas¡

El pesebre, ¿como que estaba alto?

Que te repongas pronto, José

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Respigues de 1976 y 1977 (2)

Carlos M. Padrón

Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha. Si no sé ni el nombre ni el apellido de alguna de las personas en la foto, pondré un signo ‘?’ después del número. Y, con gracias anticipadas, espero que alguien me «despeje» las ‘?’.

***

Está claro que no podré ir en estricto orden cronológico pues, por suerte, algunos exIBMistas me envían fotos correspondiente a años sobre los que ya he publicado algunas. ¡Que sigan así!

Foto 1.- Cortesía de Oscar del Barco. Tomada, según él, en 1976, y en la que aparece una de las para mí bellas muchachas que entonces había en IBM de Venezuela.

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Olimpia Rodríguez en el Word Processing Center

***

Foto 2.- También cortesía de Oscar del Barco. Tomada, según él, en 1976.

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1, Rafael Padra;  2, Olimpia Rodríguez (inclinada);  3, Adela D’Amore

***

Foto 3.- Cortesía de Oscar del Barco, y tomada, según él, en 1977.

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1, Eduardo Mitter; 2, Milagros Porras

***

Foto 4.- Cortesía de José Candia. Tomada el 01-10-1977.

clip_image008

  • Fila trasera: 1?; 2?; 3?; 4?; 5?; 6?; 7? 8?; 9? —-> HELP!
  • Fila del medio: 1?; 2?; 3?; 4?; 5?; 6? —-> HELP!
  • Fila delantera (en cuclillas): 1?; 2?; 3, José Candia; 4?

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COMENTARIOS

  Antonio Ramirez
Es Adela D´Amore.

CMP
En respuesta a Olimpia Rodríguez.

Hola, Olimpia. Muchas gracias.

Yo había puesto a Delia Lacoste pero hace unos días cambié el nombre porque Carlos González me juró y perjuró que ésa era Carla D’Amopre, porque, entre otros detalles, ¡tiene la blusa por fuera de los pantalones!

Ahora tú dices que Adela, así que te haré caso a ti que, al fin y al cabo, estabas in situ cuando tomaron la foto.

Olimpia Rodríguez
Foto 2. La que está conmigo es Adela D’amore, compañera del Word Processing Center.

Carlos González
Foto 2. Es Carla D’amore, no es Delia Rivero

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: 1970 – El «Typesetting» de El Universal / por Leonardo Masina

02-07-2011

Leonardo Masina

Contar esto hoy en día puede parecer un chiste o una tomadura de pelo, pues en la mayoría de los hogares hay uno o más PCs, y  utilizar desde cualquiera de ellos el MS Office Word, o equivalente, con todas sus facilidades, es casi cosa de niños.

Con esos programas se puede editar, corregir y verificar ortográficamente un texto, cambiar formato de letras, tamaño, crear columnas, encuadernar,… O sea que, prácticamente, se podría escribir un libro sin tener grandes nociones.

Pero en 1970 éste era un trabajo bastante complicado y, muy bien remunerado.

El proceso que se llevaba a cabo en El Universal —uno de los periódicos de mayor tirada en Venezuela, y de cobertura nacional— requería del uso de unas máquinas llamadas Linotype.

cuyos operadores, que tecleaban en base al formato de las columnas del periódico, debían saber de gramática para poder dividir palabras y que las columnas quedasen totalmente justificadas, para lo cual tenían, además, unos espaciadores cuneiformes que, ajustándose, creaban espacios proporcionados.

Una vez escrito cada renglón, la máquina lo fundía en plomo. Y ya toso encolumnado, y completado, pasaba al departamento de correctores que buscaban errores de texto.

Luego, cuando se le daba el OK, pasaba al departamento de composición, que distribuía y organizaba las páginas del periódico.

Creada ya la página, que estaba armada toda en plomo, se transfería por presión a un cartón de unos 3 milímetros de grueso, y era ese cartón el que luego se utilizaba en las rotativas para imprimir el periódico que saldría a la calle.

Sólo como ejemplo, un linotipista —que así llamaban a las personas especializadas en teclear los textos— ganaba en 1970 más de 8.000 bolívares/mes, que al cambio vigente entonces eran unos 2.000 dólares.

Además, como tenía que trabajar cerca de vapores de plomo, su horario de trabajo era bastante reducido, y cualquier aumento de ese horario, aunque fuera pequeño, representaba horas extras y más ingresos.

A comienzos de 1970, un vendedor de IBM de Caracas (creo que se apellidaba Boccardo) le vendió a El Universal una aplicación llamada Typesetting que ya utilizaba el Miami Herald y que corría en una IBM/1130, pues usarla representaría para el periódico un elevado ahorro en sueldos.

El proceso consistía en teclear el texto, sin tomar en cuenta formatos, en unas máquinas perforadoras de cinta, cosa que podía hacer cualquier mecanógrafa.

La cinta era luego leída y procesada por la aplicación de Typesetting de la IBM/1130, la cual, a su vez, perforaba otra cinta con las características de formato, tipo de letra, ancho de columna, y todo lo más sofisticado en edición de texto de la época, cinta que luego, sin necesidad de usar a los linotipistas, sería leída por una máquina lectora de cinta perforada. ¡Pueden imaginarse el ahorro!

La instalación de la IBM/1130 era muy simple, pues incluía sólo la CPU, con su consola y teclado, y el disco, más unas lectoras/perforadoras de cinta de papel que trabajaban a una velocidad impresionante.

Recuerdo que el analista responsable de la instalación era Marcelo Mijares, y el pobre no sabía lo que le había caído encima.

La prueba de la máquina y la aplicación funcionaron de maravilla a la primera, pero —sí, había un «pero»— resulta que el programa estaba diseñado para trabajar en el Miami Herald, o sea, en inglés.

Es obvio que ni la gramática ni la ortografía española tienen nada que ver con la inglesa, y de ahí las consiguientes prisas por conseguir una aplicación que permitiese utilizar el español.

A este contratiempo se le añadió la “sublevación” encubierta de los linotipistas, con el respaldo de otros departamentos, que veían en este “engendro monstruoso” el final de su “buena vida”.

Contra viento y marea seguimos adelante y, día a día, fuimos descubriendo cosas que uno ni se imaginaba.

Una en particular fue que había que tener muchísimo cuidado cuando se partían las palabras y, un ejemplo fue algo parecido a esto:

…que conlleva una dis-
puta de Caldera con…

O sea, que había que tener mucho cuidado en que, cuando se partiera una palabra, la parte que encabezara la siguiente línea no fuera algo “malsonante”.

Recuerdo que exactamente el domingo 24 de mayo de 1970, y en vísperas del Mundial de Fútbol de Méjico, El Universal salió a la calle con su primer artículo procesado por la IBM/1130, un artículo cuyo título era algo así como “LA ACTIVIDAD SEXUAL DE LOS ATLETAS”. (Si alguien tuviera acceso a la hemeroteca, me gustaría obtener una copia de ese artículo).

Se podrán imaginar las consecuencias de lo que salió publicado: palabras como músculos aparecían como CULOS y una frase como “los atletas tienen que desarrollar sus músculos…» salió como: “los atletas tienen que desarrollar sus CULOS…” . O sea, que la regla de evitar malsonancias fue completamente ignorada y más bien “resaltada”.

El presidente o dueño del periódico —creo que su apellido era Núñez—, que ese domingo se encontraba en Puerto Azul, convocó de emergencia una reunión para ese mismo día, e inclusive pidió la asistencia de Salvador Covelo (q.e.p.d.) y de Alejandro Rivero.

Por supuesto, a primera hora del día siguiente, lunes, todos los que estábamos involucrados en esa instalación fuimos convocados a una reunión.

Estaba claro que lo ocurrido con el corte de palabras había sido un sabotaje ya que el sábado nadie había estado trabajando, y un artículo, antes de ser publicado, tenía que haber sido verificado, corregido y “censurado” si hubiese sido el caso.

A partir de ahí, IBM tomó el toro por los cuernos y mandó a venir desde España al analista que había escrito la rutina para el español y, en menos de una semana, todo ya estaba resuelto y El Universal empezó a sacar producción con la IBM/1130.

Para mí, lo de la IBM/1130 Typesetting representó mucho dinero, pues los días laborables había que prestarle servicio desde las 2:00 pm hasta medianoche, y los sábados y domingos, desde 12 del mediodía hasta las 8 de la noche. Y esas guardias me las pagaban.

Eso sí, quedó muy limitado mi tiempo libre y mis movimientos porque yo no podía salir del casco urbano de Caracas, o sólo podía hacerlo hasta donde alcanzara la radio que entonces teníamos.

En El Universal me hice muy amigo de Alberto López (q.e.p.d.), que era técnico especialista de IBM-OP y me socorría con la consola, pues él tenía una habilidad excepcional para reparar esas máquinas.

Al poco tiempo, El Nacional también adquirió su IBM/1130 Typesetting que, gracias a la experiencia de El Universal, se instaló prácticamente en un día.

Visto el buen resultado de la aplicación con la 1130, IBM sacó, el año siguiente, el Sistema/7 (S/7) con una versión mejorada del Typesetting ya que se podía hacer directamente fotocomposición, o sea, sacar un periódico como el «2001» sin utilizar plomo y con posibilidad de imprimir fotos a color.

El programa era muy sofisticado y avanzado, pero nadie en Venezuela lo instaló.

El S/7 ganó un Oscar de la Academia por su técnica de perfeccionar el color de las imágenes que luego se aplicó también a las películas de cine, que es por lo que fue galardonado.