[LE}– ‘Doula’, plural ‘doulas’, no necesita comillas

17/02/2015

El sustantivo doula, plural doulas, se escribe con inicial minúscula y no necesita resaltarse con comillas ni cursiva.

Con motivo de la polémica por las denuncias de enfermeras y matronas contra este colectivo, en los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «El Consejo General de Enfermería pide a la Fiscalía que actúe contra las “doulas”» o
  • «Las Doula son mujeres dispuestas a dar soporte y acompañar a la mujer cuidando el embarazo, parto y posparto de una manera discreta y respetuosa».

La palabra doula, que procede del griego, no precisa resalte, pues su grafía se adapta a la pronunciación española y, al menos en ese ámbito, está suficientemente extendida, hasta el punto de que el Diccionario del Español Actual, de Seco, Andrés y Ramos, la recoge con la siguiente definición: ‘mujer experta, sin formación específica, que presta apoyo y asistencia a las embarazadas durante la gestación, el parto y el posparto’.

Se trata, como se ve, de un sustantivo común, por lo que lo apropiado es escribir doula con minúscula inicial y, dado que termina en -a, pluraliza añadiendo -s: doulas.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «El Consejo General de Enfermería pide a la Fiscalía que actúe contra las doulas» y
  • «Las doulas son mujeres dispuestas a dar soporte y acompañar a la mujer cuidando el embarazo, parto y posparto de una manera discreta y respetuosa».

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[LE}– Insultos: Huevón

11/02/2015

A. S. Moya

Pasear la holgazanería por bandera es un mal endémico demasiado extendido en estos tiempos que corren.

Aunque suene paradójico, son muchos los casos de individuos que presumen de sacarle réditos al hecho de escaquearse.

Y no se trata de hacerle un guiño a la diosa fortuna, tan ansiada y tan de moda en un contexto marcado por el auge de las desdichas, sino de hacer un alegato en favor de la no siempre valorada cultura del esfuerzo.

Para ello, resulta necesario desenmascarar al huevón, al individuo, que tal y como explica Pancracio Celdrán en «El Gran Libro de los Insultos», es «tranquilo, perezoso y torpe» y «cuya cachaza y escasa energía exaspera a quienes le rodean y tratan».

En palabras del autor también se desprende otro significado que bien puede suponer un peligro ante cualquier imprevisto de riesgo que surja. «Se predica asimismo del bobalicón, sujeto sin reflejos o de reacciones lentas que por nada se inmuta». O de un hecho demasiado tortuoso como para no afrontarlo con honor, «el huevón alude además al calzonazos que puede terminar cornificado, eventualidad que no le saca de su arrobamiento y pasmo».

Sin embargo, lo realmente increíble proviene de su parentesco con una modalidad de tonto pasmón o tonto (de) los huevos.

«Se tiene en mente los testículos, a los que se alude en metáfora formal equivalente a esas utilísimas piezas anatómicas gemelas que el macho tiene dando escolta al pene, y que en el caso de estos sujetos son de tamaño superior al ordinario por estar siempre ociosos, lo que a decir del vulgo ‘se los engorda’», precisa Celdrán.

El término deriva del verbo leonés hueverear (revolver), de donde huevero significa curioso y fisgón. También a quien es estúpido o imbécil. A pesar de que en países como Méjico o Nicaragua este vocablo significa persona animosa y valiente, es probable que su origen sea sudamericano.

En cuanto a su generalización en la cultura española, Juan Marsé escribe en «La oscura historia de la prima Montse»: ‘¡Pero este papanatas es (…) un huevazos!’.

Celdrán recopila los diferentes blancos de la ofensa según la región desde donde se apunte: «En Canarias llaman huevón a quien se muestra remiso en las cosas; cobardón, poco decidido, que no tiene sangre. En Málaga y otras provincias andaluzas llaman huevúo al sangregorda y cachazudo que con su pachorra desconcierta y saca de quicio. En la villa pacense de Oliva de la Frontera y otros lugares de esa zona dicen huevata al hombre extremadamente calmoso cuya pachorra saca de quicio a quien ha de sufrirlo. En la Ribera de Navarra llaman a estas criaturas cojonazos».

La copla dice de estos sujetos:

Pareces un guajadero,
gustas de verme enfadada,
rapaz, lampizo, huevón,
babieca y de poca barba.

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NotaCMP.- En Venezuela se usa con la acepción de bobalicón, y a veces se escribe como se pronuncia: güebón, que suena más fuerte y feo.

[LE}– ‘Fe’ se escribe sin tilde

11/02/2015

El sustantivo fe se escribe sin tilde por tratarse de una palabra monosílaba.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Zekri sugiere a las autoridades francesas reforzar la seguridad en los templos donde se practica la fé islámica»,
  • «Un agente dio fé de los hechos y ordenó el traslado del cuerpo» o
  • «Trágico accidente en Santa Fé por el choque de un auto con un micro».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, salvo en los casos de tilde diacrítica, «las palabras de una sola sílaba no se acentúan nunca gráficamente […]: mes, bien, sol, me, ya, son, fe, fue, vio, dio».

En el caso concreto de Santa Fe, se recuerda que ésta es la grafía adecuada para referirse a una ciudad y una provincia de la Argentina, así como a la capital del estado estadounidense de Nuevo México, tal como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir 

  • «Zekri sugiere a las autoridades francesas reforzar la seguridad en los templos donde se practica la fe islámica»,
  • «Un agente dio fe de los hechos y ordenó el traslado del cuerpo» o
  • «Trágico accidente en Santa Fe por el choque de un auto con un micro».

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[LE}– ‘Las mejor vestidas’, y no ‘las mejores vestidas’

06/02/2015

Las palabras mejor y peor se mantienen invariables cuando aparecen antes de un participio, pues ahí son adverbios comparativos de bien y mal: bien/mejor vestidas y mal/peor vestidas.

Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Blanca Suárez, considerada una de las mejores vestidas en 2014»,
  • «Las mejores vestidas de los Globos de Oro 2015» o
  • «María Valverde y María León, entre las peores vestidas de los Goya 2013».

El Diccionario Panhispánico de Dudas indica que, en estos casos, mejor y peor son las formas comparativas de bien y mal, por lo que funcionan como adverbios y, como tales, no varían en número.

Lógicamente, este criterio se aplica asimismo cuando mejor y peor anteceden a otros participios: «Las generaciones actuales son las mejor preparadas», en vez de «… las mejores preparadas».

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir 

  • «Blanca Suárez, considerada una de las mejor vestidas en 2014»,
  • «Las mejor vestidas de los Globos de Oro 2015» y
  • «María Valverde y María León, entre las peor vestidas de los Goya 2013».

Cuestión distinta es que mejor y peor sean las formas comparativas de bueno y malo, caso en el que se consideran adjetivos y, por tanto, concuerdan en número con el sustantivo al que acompañen y pueden escribirse en plural: prendas buenas/mejores, vestidos malos/peores.

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[LE}– ‘Forfait’, voz adaptada al español

04/02/2015

La palabra forfait, que alude a cierto tipo de abono, se considera voz adaptada que no necesita cursiva ni comillas.

Tal como señala el Diccionario del Estudiante, de las Academias de la Lengua, forfait se emplea especialmente en el ámbito del turismo y de los deportes de nieve con el sentido de ‘abono que se paga por anticipado y permite disfrutar de un servicio o de unas instalaciones por un tiempo determinado’.

Dado que se considera ya un vocablo castellano, recogido en la 23.ª edición del Diccionario Académico, lo apropiado es escribirlo sin ningún destacado, como comillas o cursiva, y pronunciarlo como se escribe: /forfáit/. Su plural es forfaits.

En los medios de comunicación se encuentran frases como

«Las estaciones de esquí del Pirineo de Lleida han vendido esta temporada un total de 1 060 000 forfaits, un 13 % menos que el año pasado» o 

«Las aplicaciones, además de permitir la compra de forfaits, ofrecen información sobre las pistas».

En estos casos, aunque el uso de forfait es válido, podría haberse usado también abono.

También se usa en ocasiones la expresión a forfait, que tampoco es preciso escribir en cursiva y que, según el Diccionario Académico, significa ‘mediante el procedimiento de comprar o vender un conjunto de cosas o servicios conviniendo anticipadamente un precio global’.

En este caso, a menudo también se puede hablar de tanto alzado.

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NotaCMP.- Repito. Me gustaría saber cuántos españoles van a pronunciar la ‘t’ final de la palabra forfait, y cuantos la ‘ts’ final del plural de esa palabra. Igual para test y tests.

[LE}– ‘Narcodrón’, con tilde

03/02/2015

El término narcodrón se escribe con tilde, de acuerdo con las normas generales de acentuación.

Los drones usados para el tráfico de drogas reciben a menudo la denominación de narcodrón, vocablo bien formado mediante la aplicación del elemento narco- al nombre dron, pero que, al ser voz aguda acabada en ene, requiere tilde: narcodrón y no narcodron.

Además, lo apropiado es escribirlo en una palabra, que no necesita ni comillas ni cursiva, como tampoco necesita mayúscula, ya que no es un nombre propio.

Se desaconsejan, por tanto, las grafías que se ilustran en los siguientes ejemplos de diversos medios de comunicación:

  • «Refirió el reciente caso del “narco dron” descubierto en México»,
  • «Interceptan un Narco-Dron en Australia»,
  • «Cayó un “narco-drone” en la frontera» y
  • «Un narcodron se desploma en un supermercado».

En todos ellos lo apropiado es escribir narcodrón.

El plural de narcodrón es narcodrones, que por ser llana acabada en ese se escribe sin tilde.

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[LE}– ‘Obsesionarse con’ o ‘por’ algo, no ‘en’ algo

02/02/2015

El verbo obsesionarse se construye con las preposiciones con o por, no con en, cuando se introduce el motivo de la obsesión.

En los medios de comunicación es frecuente leer frases como

  • «La película cuenta la historia de cómo se obsesionó en derrotar al hombre araña», 
  • «El Maccabi, obsesionado en dejar pasar el tiempo más que en jugar» o
  • «El personaje se obsesiona en hacer de ella un nuevo talento operístico».

La Nueva Gramática de la Lengua Española explica que obsesionarse pertenece al grupo de verbos que expresan reacciones emocionales, y se construyen con las preposiciones por y con, al igual que aguantarse, apasionarse, enfadarse, irritarse y otros muchos.

La construcción obsesionarse en puede deberse a un cruce con empeñarse en, cercana en cuanto a su significado y que, en algunos casos, puede ser una alternativa válida.

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «La película cuenta la historia de cómo se obsesionó con derrotar al hombre araña»,
  • «El Maccabi, obsesionado por dejar pasar el tiempo más que por jugar…» y
  • «El personaje se empeña en hacer de ella un nuevo talento operístico».

Por supuesto, el verbo obsesionarse puede ir seguido por la preposición en cuando ésta no introduce el motivo de la obsesión, sino un complemento de tiempo o de lugar como en

  • «Es algo que me obsesiona en muchos de mis trabajos» o
  • «Estuvo obsesionado en su infancia por aquel asunto».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: La Dolores de Calatayud

02/10/2014

Mónica Arrizabalaga

La leyenda poco tiene que ver con la mujer real que acabó sus días en Madrid.

«No tengo ninguna duda de que «La Dolores» es Dolores Peinador Narvión, he encontrado miles de documentos que guardo en mi archivo y tengo muchos testimonios fehacientes contrastados», asegura Antonio Sánchez Portero a ABC.

El autor de «La Dolores, algo más que una leyenda» (1998) o «La Dolores: un misterio descifrado» (1987) lleva más de cuarenta años investigando quién fue la mujer que inspiró la famosa copla «Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa, y amiga de hacer favores».

«La copla surgió de forma anónima en Calatayud hacia 1840-1850, lo que «obligó» a Dolores Peinador a trasladarse a Madrid», afirma el hoy consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos de la institución Fernando el Católico.

María de los Dolores Peinador Narvión había nacido en Calatayud el 13 de mayo de 1819. Perteneciente a una de las más distinguidas familias bilbilitanas, su madre al morir le había dejado una cuantiosa herencia que el padre, casado en segundas nupcias, se resistía a entregar.

A esta herencia que pronto habría de poseer sumaba Dolores una extraordinaria belleza —«alta, rubia, de ojos azules, que más por el señorío de su porte y su gentileza, atraía por la sugestión de su mirada»— que acaparó la atención de muchos pretendientes.

Con 20 años recién cumplidos, Dolores se casó en secreto en Zaragoza con Esteban Tovar, un teniente granadino que acababa de dejar el Ejército para vivir de su ventajoso matrimonio. Comenzaron entonces unos interminables litigios con su padre con los que obtuvieron finalmente la herencia, pero a un alto costo y su desordenada vida matrimonial dilapidó pronto los bienes, arrastrándoles casi hasta la miseria.

Su descalabro social y la vida irregular de Dolores y su marido dieron pie a la famosa copla popular de doble sentido que ha quedado indisolublemente unida a la ciudad. «Antes no se podía nombrar a la Dolores en Calatayud, porque acarreaba consecuencias desagradables», señala Sánchez Portero.

En 1850 el matrimonio se trasladó a Madrid, a la calle de la Ballesta. De allí pasarían a la calle Cruz Verde, y a la calle Jardines donde vivía ya viuda en 1850 con su hijo Esteban. «Falleció en agosto de 1894 en la calle Flor Alta, en el Palacio de los Marqueses de Altamira, y fue enterrada en La Almudena en una tumba de caridad», apunta Sánchez Portero, para quien estas calles donde vivió «son muy «ilustrativas» de su personalidad».

«Por más que fuese Dolores Peinador protagonista de hechos singulares, destacados y, si se quiere, escandalosos, al no tener éstos relevancia histórica, su recuerdo se ha ido diluyendo, difuminando en el más completo olvido», señala Sánchez Portero en un tríptico del Mesón de la Dolores.

La Dolores de Feliú y Bretón

La azarosa vida de La Dolores real es muy distinta a la leyenda de la joven hermosa y caritativa que servía en la Posada de San Antón de Calatayud, según el romance que estrenó José Feliú y Codina en Madrid en 1893, y que posteriormente Tomás Bretón convirtió en la zarzuela mundialmente famosa.

Seducida por un barbero llamado Melchor, que la rechaza para casarse con una rica heredera, a La Dolores del drama la pretenden un rico mercader (Patricio) y un sargento (Rojas) aunque finalmente es el seminarista Lázaro, quien enamorado pelea con Melchor y acaba apuñalándole en el corazón.

Feliú y Codina ideó el drama tras haber oído la copla popular en la estación de La Zaida un ciego que solía cantar al paso de los trenes. Según José María Iribarren, el propio ciego llamado Pascualón habría improvisado la copla después de que «una guapa moza, donairosa y alegre» le preguntara en tono cariñoso por la causa de su ceguera y le diera una limosna.

La versión que recoge el autor de «El porqué de los dichos» fue publicada por Gregorio García Arista en «El Español» del 13 de octubre de 1945 con el título «Cómo nació la canción de La Dolores».

«Feliú vio, o quiso ver, en la palabra «favores» una intención distinta de la que tuvo en la copla original. Y así surgió La Dolores», señala Iribarren, que recoge cómo Calatayud convocó un certamen en 1924 para desvirtuar el sentido de la canción popular y enaltecer el honor de la mujer bilbilitana.

Pero «la copla, cantada por pueblos y caminos (aquí encaja la fábula o invención del ciego) ha sido la semilla que ha engendrado un Patrimonio cultural en la Literatura y la Música», subraya Sánchez Portero. Las investigaciones de este estudioso aragonés han reconciliado a Calatayud con La Dolores que hoy cuenta hasta con un museo en su honor.

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[LE}– ‘Aprieta’, no ‘apreta’

30/01/2015

El verbo apretar se conjuga como acertar, de modo que lo apropiado es escribir aprieta o aprietan, en lugar de apreta y apretan.

Sin embargo, en los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Ese es el punto donde le apreta el zapato al ministro»,
  • «Rafael Nadal apreta el puño durante el partido ante Klizan» o
  • «Córner para los visitantes, que apretan en estos últimos minutos».

Tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas, al conjugar el verbo apretar lo apropiado es mantener el diptongo en las formas de la tercera persona del presente, ya sea del singular o del plural: aprieta y aprietan.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Ese es el punto donde le aprieta el zapato al ministro»,
  • «Rafael Nadal aprieta el puño durante el partido ante Klizan» y
  • «Córner para los visitantes, que aprietan en estos últimos minutos».

Se recuerda asimismo que el sustantivo correspondiente a esta familia léxica es aprieto, no apreto, por lo que, en lugar de

  • «Los gaditanos, por su parte, buscarán poner en apretos a los de Marcelino»,

lo apropiado habría sido 

  • «Los gaditanos, por su parte, buscarán poner en aprietos a los de Marcelino».

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