[LE}– ‘Redimir’ no es lo mismo que ‘canjear’

12/03/2015

El verbo redimir no significa canjear ni cambiar, por lo que no es adecuado hablar de redimir los puntos o los cupones de una promoción.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «Los titulares de la tarjeta podrán redimir sus puntos por vuelos, noches de hotel o alquiler de coches»,
  • «El monedero electrónico se puede usar en los comercios para abonar y redimir puntos» o
  • «La red social presentó un nuevo sistema para que los usuarios puedan redimir cupones».

El Diccionario de la Academia incluye dos acepciones de redimir que suponen intercambio de bienes:

  1. Comprar de nuevo algo que se había vendido, poseído o tenido por alguna razón; y
  2. Dejar libre algo hipotecado, empeñado o sujeto a otro gravamen.

pero ambas implican la recuperación de algo que se poseía, lo que no sucede con los puntos, millas, cupones u otras unidades promocionales, que canjeamos por productos o servicios que nunca fueron de nuestra propiedad.

Es probable que este uso inapropiado de redimir provenga de una mala traducción del verbo inglés to redeem, que sí incluye una acepción de canjear o cambiar.

Por lo tanto, en los ejemplos antes citados habría sido recomendable haber escrito

  • «Los titulares de la tarjeta podrán canjear sus puntos por vuelos, noches de hotel o alquiler de coches», 
  • «El monedero electrónico se puede usar en los comercios afiliados al programa para abonar y cambiar puntos» y
  • “La red social presentó un nuevo sistema para que los usuarios puedan canjear cupones» .

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: No hay moros en la costa

16-09-14

Tras la Reconquista, las costas de España estuvieron dos siglos sometidas a la piratería, hasta tal punto que se decía que un pueblo se acostaba normal y se despertaba desierto, con los hombres muertos, y las mujeres y los niños esclavizados de camino a los puertos piratas del norte de África. Para evitar tales ataques, pues los moriscos expulsados conocían la zona e indicaban dónde y cómo atacar, se trasladaron los pueblos al interior y se colocaron vigías en las costas. Cuando no había moros en la costa significaba que no había peligro.

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[LE}– ‘Ti’ se escribe sin tilde

10/03/2015

Ti, pronombre personal de segunda persona, se escribe sin acento ortográfico, a diferencia de lo que ocurre con y .

En los medios de comunicación es muy habitual encontrar frases como

  • «¡Va por tí, Wagner!»,
  • «Óscar 2015, la cobertura completa solo para tí» o
  • «Lo que tus ojos dicen de tí».

Los pronombres personales de primera y tercera persona y se escriben con una tilde diacrítica que permite diferenciarlos respectivamente del adjetivo posesivo mi (mi casa) y de la conjunción condicional si (si sales, abrígate), palabras átonas las dos. 

En el caso de ti, no hay confusión posible con ninguna otra palabra, por lo que se aplica la norma general de no tildar los monosílabos.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «¡Va por ti, Wagner!»,
  • «Óscar 2015, la cobertura completa solo para ti» y
  • «Lo que tus ojos dicen de ti».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: París bien vale una misa

16-09-14

En 1593, Felipe II, interesado en que el trono francés lo ocupara su hija Isabel Eugenia, accedió a que Enrique III de Navarra, notorio calvinista, se casara con ella y se convirtiera en rey de los galos, siempre que renunciara al protestantismo y abrazase la fe católica.

Y Enrique contestó: «París bien vale una misa». Católica, claro.

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[LE}– Insultos: Infame, podía costar la vida en el siglo XVI

06/03/2015

A. S. Moya

Proferir este calificativo era tan afrentoso que requería satisfacción a través de un duelo a muerte.

«InFAmes, respetad a los muertos». Así rezaba una pancarta que el grupo radical del Real Madrid, Ultras Sur, le dedicó hace años en un derbi a sus homólogos rojiblancos del Frente Atlético.

El mensaje hacía alusión a los desagradables cánticos que los hinchas colchoneros vienen coreando desde que un accidente de tráfico costara la vida al que fuera emblema del club merengue, Juan Gómez, «Juanito». «¡Illa, illa, illa, Juanito hecho papilla!» o «cómo iría Juanito… para no ver el camión» fueron la gota que colmó el vaso de los otrora ocupantes del fondo sur del Bernabéu, quienes no tuvieron en mente otro calificativo que el que ocupa hoy nuestra atención.

La ofensa de infame sirve para describir al individuo indigno, vil y despreciable, que carece de honra y no merece respeto. Pancracio Celdrán señala en «El Gran Libro de los Insultos» que en el siglo XVI se decía de «el notado de ruin fama. Fue insulto tan afrentoso que requería satisfacción en duelo a muerte, afrenta equiparable a cobarde, felón, traidor, cabrón, hereje, ya que el infame carece de crédito y estimación».

El historiador Juan de Mariana escribe en el siglo XVI referido a los cómicos: Los farsantes que salen a representar deben ser contados entre las personas infames.

Mientras que Miguel de Cervantes deja plasmado en Rinconete y Cortadillo (1613): Se deja para otra ocasión contar su vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aquellos de la infame academia.

Celdrán apunta que este calificativo fue muy empleado en el teatro del Siglo de Oro: «El movimiento cultural obsesionado con el honor personal y la reputación familiar».

Lope de Vega dice: Luego que suelta del infame lazo Filomena se vio, corrió a la espada, pero cayó con más seguro abrazo en los tiranos brazos desmayada…

Incidiendo en su origen etimológico, el autor explica que es voz derivada del latín fama (opinión pública, renombre, rumor), a la que se le añade la partícula negativa ‘in’. Además de añadir una pequeña pincelada respecto a la variación que ha sufrido su significado a lo largo del tiempo, «desde el siglo XIX el término señala a la persona carente de reputación o fama, o a quien la tiene mala y ruin. No obstante, no se usa en castellano con anterioridad al XV: enfamar, es decir, andar en lenguas por algo».

Manuel Tamayo y Baus escribe a finales de ese siglo en «Un drama nuevo» (1867): Ahí va un infame, porque el marido ultrajado que no se venga es un infame.

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[LE}– ‘Expatriado’ y ‘emigrante’, matices de sentido

05/03/2015

El término expatriado es válido para referirse específicamente a las personas que salen de su país para trabajar en otro.

En los medios de comunicación se está extendiendo el uso de esta palabra,y otras de la misma familia, como se comprueba en los siguientes ejemplos:

  • «Los talentos expatriados se resisten a volver incluso con garantías de trabajo» o
  • «La crisis económica ha favorecido el fenómeno de la expatriación».

Aunque por su sentido básico, recogido en el Diccionario Académico, expatriado es simplemente el ‘que vive fuera de su patria’, en el uso se ha extendido la aplicación de este vocablo más en particular a los exiliados y al personal calificado que una empresa o institución traslada temporalmente a otro país para, por ejemplo, desarrollar una nueva actividad u ofrecer asistencia técnica.

Es, por tanto, el punto de vista opuesto al del impatriado, que es la persona traída a un país para trabajar.

Por otra parte, tanto emigrante como inmigrante aluden más ampliamente a todos los que se desplazan a otro país o región con propósito de establecerse o radicarse en él.  

El empleo ocasional de expatriado como mero sinónimo de inmigrante o emigrante, sin los matices arriba señalados, puede ser un intento de evitar las connotaciones negativas que estas últimas voces tienen entre algunas personas, aunque estas palabras nos esea de por sí discriminatorias.

Se desaconseja el acortamiento expat, tomado directamente del inglés, pero que no se ajusta a las pautas de acortamiento propias del español.

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[LE}– ‘Cibercondría’ es la hipocondría en internet

27/02/2015

El neologismo médico cibercondría es adecuado para referirse a la preocupación obsesiva por la salud que lleva a consultar internet continuamente para confirmar enfermedades que se cree o se teme padecer, por lo general graves, o en busca de síntomas, efectos o posibles tratamientos.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Nomofobia, cibercondría y los nuevos males causados por internet»,
  • «Hay una delgada línea entre ser aprensivo y vivir en la cibercondría» o
  • «Los médicos creen que varios factores pueden influir a la hora de sufrir cibercondría»,

todas ellas adecuadamente escritas.

Este vocablo nace de la combinación del elemento compositivo ciber-, que hace referencia al mundo digital en general, e hipocondría, afección que padecen aquéllos que manifiestan una ‘preocupación constante y angustiosa por su estado de salud’.

Con este mismo significado, también es válida la expresión hipocondría digital.

Dado que se trata de un vocablo bien formado, extendido y comprensible a partir de sus partes, no necesita cursiva ni comillas.

Por otro lado, se recuerda que el acento recae sobre la penúltima letra, por lo que lo apropiado es escribir este sustantivo con tilde: cibercondría, no cibercondria, con sílaba tónica -con-.

No obstante, quien padece tal desorden puede denominarse tanto cibercondríaco como cibercondriaco, igual que ocurre con otros pares de palabras que incluyen la terminación -íaco/-iaco: maniaco y maníaco, policiaco y policíaco o austriaco y austríaco.

Cabe señalar, por último, que el prefijo ciber- se escribe unido a la palabra a la que acompaña: cibercondría y no cíber condría ni cíber-condría.

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[LE}– ‘Portaviones’, mejor que ‘portaaviones’

24/02/2015

Portaviones, escrito con una sola ‘a‘, es la grafía recomendada frente a portaaviones.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «El portaaviones Charles de Gaulle entra en guerra contra el yihadismo en Irak»,
  • «El portaaviones Charles de Gaulle llega a aguas iraquíes» o
  • «China presentó su primer portaaviones en medio de una tensa disputa con Japón».

Aunque la grafía con dos aes es válida, y se recoge junto a la variante con una sola ‘a‘ en la vigesimotercera edición del Diccionario Académico, la Ortografía de la Lengua Española señala que «en la voz portaviones, […], por articularse normalmente una única vocal, no sólo es admisible, sino recomendable el uso de la variante gráfica simplificada portaviones».

Esta misma obra señala, de manera más amplia, que «en todos los casos se recomienda que, si la reducción vocálica se halla generalizada en la lengua oral, se empleen preferentemente las grafías simplificadas, que son las que han acabado triunfando históricamente en situaciones similares, como se ve en aguardiente, drogadicto, hexángulo o paraguas, voces que hoy sólo se escriben en esas formas».

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores, aunque adecuados, habría sido preferible escribir 

  • «El portaviones Charles de Gaulle entra en guerra contra el yihadismo en Irak»,
  • «El portaviones Charles de Gaulle llega a aguas iraquíes» o
  • «China presentó su primer portaviones en medio de una tensa disputa con Japón».

Se recuerda además que los nombres propios de objetos singularizados no necesitan comillas ni cursivas: «El portaviones Charles de Gaulle», mejor que «El portaviones “Charles de Gaulle”».

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[LE}– ‘-dependencia’, uso adecuado en compuestos

20/02/2015

Los elementos compositivos -dependencia y -dependiente, habituales en la formación de sustantivos o adjetivos, se escriben junto a la palabra a la que se incorporan: farmacodependencia o insulinodependiente.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Internado para tratarse de su problema de fármaco dependencia»,
  • «Se duplica la cantidad de niños con diabetes insulino-dependiente»,
  • «Si la ‘Ronaldo-dependencia’ funcionaba en la 2012-2013, ¿por qué gastarse 100 millones de euros en un jugador para la misma posición?» o
  • «Un Barcelona Messi-dependiente».

De acuerdo con los criterios habituales de la Ortografía de la Lengua Española sobre composición, esta clase de vocablos se escribe sin guion ni espacio intermedio.

Además, el primer elemento compositivo pierde la tilde al formar el compuesto, de modo que lo adecuado es farmacodependencia y toxicodependencia, en vez de fármacodependencia y tóxicodependencia.

También es frecuente la formación de sustantivos y adjetivos con esos elementos unidos a nombres propios, como los de Ronaldo, Cristiano o Messi.

En esos casos la palabra resultante se escribe asimismo sin guion ni espacio intermedio y con inicial minúscula, tal y como establece la Ortografía para los derivados de nombres propios: ronaldodependencia y ronaldodependiente, 

cristianodependencia ycristianodependencia, y 

messidependencia y messidependiente.

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir 

  • «Internado para tratarse de su problema de farmacodependencia»,
  • «Se duplica la cantidad de niños con diabetes insulinodependiente»,
  • «Si la ronaldodependencia funcionaba en la 2012-2013, ¿por qué gastarse 100 millones de euros en un jugador para la misma posición?» y
  • «Un Barcelona messidependiente».

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