[Hum}— Picantones. Tratamiento psiquiátrico

El psiquiatra, después de ver la historia clínica de su paciente, le pregunta:

—¿Va usted al cine?

—Poco

—Pues vaya más seguido. ¿Va usted al teatro?

—Casi nunca.

—Pues debe ir con frecuencia.

Y así siguió el doctor, dándole varias recomendaciones de vida, y al final remató con:

—…. y, sobre todo, tenga sexo, mucho sexo, todo el sexo que le sea posible.

De regreso a su casa, el paciente se ve abrumado por las preguntas de su mujer que quería que le contara todo lo que el psiquiatra le había dicho, así que el hombre accedió y le dijo a su esposa:

—El doctor me ordenó ir al cine y al teatro y, sobre todo, que tuviera sexo, mucho sexo, todo el sexo que pudiera yo tener—. Y, dicho esto, se metió en el baño a darse una ducha.

La esposa se frotó las manos, se puso su más sugerente negligé, unos aretes muy llamativos, se perfumó profusamente y se pintó en forma provocativa. Pero al ver que su marido, apenas salir del baño se perfumó y comenzó a vestirse, le preguntó intrigada:

—¿A dónde vas?

—¡¿No te dije que el doctor me ordenó que tuviera sexo, mucho sexo, todo el sexo que yo pudiera tener?!

—Sí, viejo, ¡y por eso me puse así para ti!

—Ay, vieja, ¡tú siempre con tus remedios caseros!

[Hum}— Picantes. La moto y la lluvia

Cierto joven soñaba con tener una Harley Davidson, así que ahorró lo suficiente y fue a un almacén especializado y compró su moto.

Luego de recibirla, el vendedor le dio varias recomendaciones, entre ellas la de que, como ciertas partes de la moto podrían oxidarse si se la dejaba expuesta al agua, era conveniente que tuviera siempre a mano un tubo de vaselina para que, en caso de lluvia, cubriera con ese producto las partes en cuestión.

Meses después, el joven se enamoró de una linda chica y, luego de que formalizaron entre ellos su compromiso, la chica lo invitó a su casa para que conociera a sus padres y futuros suegros.

Cuando, a bordo de su flamante moto, llegó el joven a casa de su novia, la chica, a título de advertencia, le dijo:

—En mi familia hay una vieja tradición, y es que, después de la cena, al primero que hable le toca lavar todos los platos y demás útiles. Así que, si no quieres lavar todo eso, mantén la boca cerrada.

Al terminar la deliciosa y abundante cena, en compañía de su novia y futuros suegros, el joven no pudo menos que reparar en la inmensa montaña de platos y útiles que habría que lavar … y en que todos los comensales quedaron sentados a la mesa, en total silencio, esperando a que alguien fuera el primero en decir algo, pues era evidente que ninguno quería lavar.

Pasaron 30 largos minutos y el joven, para acelerar un poco las cosas, atrajo a su novia hacia él y, frente a todos, la besó ligeramente en los labios. Nadie dijo nada.

Entonces, animado a algo más atrevido, le dio un tremendo french-kiss, pero tampoco nadie dijo nada.

Exitado como quedó con el beso y consiguiente impunidad, alzó a su novia, la puso sobre la mesa, y le hizo el amor…. pero nadie dijo una palabra.

Notando, sin embargo, que su futura suegra, joven aún, había quedado visiblemente alterada por lo que había visto, la puso también sobre la mesa y tuvo con ella un episodio de sexo especialmente salvaje, pero nadie dijo ni pío.

Sin saber qué más hacer y sin querer lavar los platos, el joven comenzó a pasearse inquieto por el comedor mientras todos lo miraban en total silencio. 

De pronto, a lo lejos retumbaron unos truenos seguidos de un ligero golpeteo de gotas de lluvia en las ventanas.  Horrorizado, el joven, recordando que su moto estaba afuera, a la intemperie, comenzó a hurgar con afán en sus bolsillos hasta que sacó, triunfante, un tubo de vaselina.

Al ver esto, el suegro, que había seguido atentamente todos sus nerviosos movimientos, se levantó de golpe mientras exclamaba:

—¡¡Está bien, coño, yo lavaré todo!!

[Hum}— Los celos son eternos

Después de una larga enfermedad, una joven mujer murió y llegó a las puertas del Cielo. Mientras esperaba por San Pedro, vio a través de las rejas a sus padres, y a todos los que habían partido antes que ella, sentados a una mesa y disfrutando de un banquete maravilloso.  

Cuando San Pedro llegó, la mujer le dijo:  

—¡Qué lugar tan lindo! ¿Cómo hago para entrar? 

San Pedro respondió: 

—Yo voy a decir una palabra. Si la deletreas correctamente a la primera vez, entras; si te equivocas, vas directo al Infierno.

—Ok —replicó la mujer—, ¿cuál es la palabra?

—AMOR —le dijo San Pedro—.

Ella la deletreó correctamente y entró al Cielo.  

Un año despues, San Pedro le pidió que vigilara por un día las puertas de entrada al Cielo, pues él debía dedicarse a algo muy importante. Para sorpresa de la mujer, tocó a las puertas su marido.

—¡Hola! ¡qué sorpresa! —le dijo ella—. ¿Cómo estás?

—Bueno, pues desde que falleciste he estado bastante bien. Me casé con aquella bella enfermera que te cuidó, me gané la lotería y me hice millonario. Vendí la casa donde vivimos tú yo y compré una mansión. Viajé con mi esposa por todo el mundo, y estando con ella de vacaciones de invierno, salí a esquiar, me caí, uno de los esquíes me golpeó en la cabeza… y aquí estoy. ¿Cómo hago para entrar?

Muy seria, ella le respondió:

—Voy a decirte una palabra. Si la deletreas correctamente la primera vez, puedes entrar; si no, vas directo al Infierno.

—OK, ¿cuál es la palabra?»

—SCHWARZENEGGER.

[Hum}— De abogados. Diferencias

¿Qué diferencia hay entre un abogado y un cuervo?

Que uno es un animal de rapiña, vive de la carroña, de la basura y de lo ajeno. Acecha a sus víctimas y, cuando se descuidan, ataca. Primero le come los ojos y después termina de destrozarla. Y el otro es un inocente pajarito negro