[Hum}– Emergencia aérea

Una hermosa useña, atontada y rubia —y valga la redundancia— iba con su esposo en la avioneta de éste. Durante el vuelo, el hombre sufrió un ataque cardíaco y murió. Ella, desesperada, comenzó a gritar por la radio:

—Mayday! Mayday!  ¡Auxilio! ¡Ayuda! ¡Mi esposo acaba de morir y no sé volar este aparato! Por favor, ¡ayúdenme!

Desde tierra le llega la respuesta desde la Torre de Control Aéreo (TCA):

TCA: Aquí le habla la Torre de Control Aéreo. Tranquilícese, tengo mucha experiencia en este tipo de situaciones y le vamos a ayudar. Conserve la calma y le ayudaré a aterrizar…

ELLA: ¡Okay! ¡Okay!

Después de unos segundos, vuelve la voz:

TCA: Bien. Ahora dígame su altura y posición..

ELLA: Mido 1.65 y voy sentada en el asiento junto al del piloto.

Una interminable pausa, y luego:

TCA: Bien, ahora repita conmigo: «Padre nuestro que estás en el cielo,…».

Cortesía de Esteban Zajía

[Hum}– Un mendigo en Navidad

En pleno diciembre y en Venezuela, un mendigo toca el timbre en una casa y, cuando la señora le abre, le dice:

—Señora, regáleme algo para comer, por favor, pero que no sea ni hallacas ni ensalada de gallina ni pan de jamón ni pernil. ¡Estoy cansado de comer esa vaina!

—Ahh, bueno, ¿le gusta el pescado?

—¡Si!

—Entonces ¡¡venga en Semana Santa!!

Cortesía de Eva Matute

[Hum}– Forgot my glasses

Yesterday my daughter asked why I didn’t do something useful with my time. She suggested I go down to the senior center and hang out with the guys.

I did this, and when I got home last night I told her that I had joined a parachute club. She said,

—Are you nuts!? You’re almost 70 years old and you’re going to start jumping out of airplanes?

I proudly showed her that I even got a membership cardand she said to me,

—For heaven’s sake, where are your glasses! This is a membership to a Prostitute Club, not a Parachute Club!

I’m in trouble again and don’t know what to do! I signed up for five jumps a week!

Life as a senior citizen is not getting any easier.

[Hum}– Ella quedó en la casa

Mi esposa y yo estábamos ya listos para irnos a una fiesta que duraría hasta la madrugada. Encendí la lucecita de noche y la contestadora del teléfono. Tapé la jaula del loro, y saqué a la gata al patio.

Entonces pedí un taxi al sitio más cercano, y llegó rápido.

Al abrir la puerta para salir a la calle, la gata, que estaba en el patio, se metió como un bólido en la casa, y, como no podemos dejarla dentro porque siempre anda tratando de comerse al loro, regresé a la casa para atraparla y sacarla nuevamente al patio. Subió como una bala las escaleras, y tuve que perseguirla.

Mientras tanto, mi esposa fue y se sentó en el taxi, y como no quiso que el taxista supiera que al salir nosotros no quedaría nadie en la casa, le dijo al chofer:

—Mi marido viene enseguida; subió a despedirse de mi mamá.

Unos minutos después, llegué yo, ¡por fin!

—Perdón por la tardanza—, dije, mientras el taxi arrancaba—. La muy estúpida estaba escondida debajo de la cama, y tuve que enlazarla con una soga para sacarla. Trató de escaparse pero la agarré por el cuello, y cuando le di unas sacudidas para que se calmara comenzó a revolverse como loca. Tuve que envolverla con una cobija porque la desgraciada me quería rasguñar, ¡y funcionó!

Para evitar que se escapara la arrastré de culos por toda las escalera, y al fin la tiré en el patio. ¡De verdad que es una tragedia tener que batallar con ella cada vez que salimos!

Los ojos de mi mujer se abrieron desmesuradamente, y el taxista chocó contra un auto que estaba estacionado.

Cortesía de Esteban Zajía