[Col}> Manuel "Lera" / Alberto Taño Martín

MANUEL «LERA«

A tía Armenia, por todo.

El muchacho aguardaba impaciente en el camino, ya distinguía luces y oía ladridos en algunas casas del pueblo. Esperaba la señal, la luz de la cocina. Entonces bordearía la construcción más moderna del sitio, el garaje, y descendería por la entrada principal, bajo el parral, hasta la casa. El «Caruso» y la «Forastera» lanzarían sus primeras señales de ansiedad.

Manuel 'Lera'

Manuel ya calentaba café y se preparaba su rutinario cazo de leche de cabra con gofio. Después del saludo, el muchacho cogió la llave grande del alféizar de la chimenea y bajó por el hurón, el «Rapadura». El viejo ponía nombre y sobrenombres a todo y a todos.

El chico lo acompañaba desde finales de la temporada pasada, cuando la abuela se lo pidió a su hermano Manuel. Cazaban siempre en «El Lomo del piojo», un cazadero cercano que después de algunos años había llegado a conocer como las huertas y los patios de su casa. Sabía de todas sus madrigueras, de sus puertas y «suspiros», de sus dificultades, del tiempo de espera paciente en cada una de ellas.

Cuando regresó con el hurón en la «aljaba», Manuel ya terminaba de preparar el saco. El muchacho había tardado en ponerle el «guisio» al carnicero, le faltaba práctica y le sobraba desconfianza.

— Por fin, tío Manuel, ¿adónde vamos?

El chico, estimulado por las experiencias de otros amigos de su edad, deseaba cambiar, conocer otros lugares, por eso temía la respuesta.

— ¡Bah! Yo creo que adonde mismo, no nos molesta nadie y no nos ha ido tan mal. Más arriba o más abajo el perro siempre llama alguno.

Manuel «Lera» era hombre de costumbres y le costaba variarlas. Manuel cazaba como cazó su padre, tiempos difíciles en que cazar era, además de evasión, sustento.

En la isla ya rajaba el sol. En lo que iba de mañana sólo habían huroneado uno que el perro había llamado «de morada». El conejo arrancó pero se les aculó cerca de una de las puertas de la madriguera, no quiso botarse, el bicho lo mató y no lo pudieron sacar. Manuel volvió a prometer un zálamo para la próxima cacería.

— ¡Corre! Escucha al «Caruso», está llamando, éste lo tiene cerca, está «encubilado». ¡Tapa, tapa! ¡Que no se eche fuera!

El chaval ya sabía que la principal cualidad del perro era localizar y avisar de la presencia del conejo en las rocas volcánicas. Si el conejo se echaba fuera, poco se podía hacer. El viejo «Caruso» al diente era un desastre, parece ser que siempre lo había sido. Con la «Forastera» no se podía contar aún, quizás nunca, se había pasado la mañana jugueteando y ahora andaba tras los lagartijos.

A pesar de su ímpetu adolescente y de su habilidad para correr sobre la lava con la ayuda del palo de almendrero con regatón, llegó exhausto. Sentía los latidos acelerados de su corazón y un cosquilleo vertiginoso en la parte baja —muy baja— de su vientre, sensación que sólo había experimentado en estos lances y cuando el profesor advertía de los minutos finales de un examen con preguntas por responder.

Actuó con rapidez. Soltó el palo y se desprendió de la mochila. Dejó que el perro siguiese llamando por el hueco mayor y tapó con piedras las otras dos o tres posibles salidas. Podía ser la última oportunidad de romper el «cerrete». El viejo sólo cazaba hasta el mediodía, el calor y el terreno imponían el horario. Aunque no fuese así, Manuel no podía pasar sin su siesta de pijama bajo las sábanas y sin la partida de zanga en el Bar Central, ya por la tarde.

No tardó en llegar. Apartó al perro y tendió una de las redes que portaba en el saco. Manuel revisó el trabajo de Alberto, quizás en esos momentos de docencia veía en él a su añorado nieto, tan presente y tan lejano por la emigración.

Regresaban, ya la «María» estaba a la vista. Así llamaba Manuel a la Hillman, gris, matrícula cincuenta mil, que le había servido desde años atrás —después de vender su última bestia— como peón y ayuda cuando iba a coger pasto al Caletón, en la recogida de almendras en Tacande, en la vendimia en Las Manchas y en el transporte a la costa, donde Manuel, después de años de sacrificio y ahorro en las medianías, había logrado adquirir unos celemines de tierra y sembrar plataneras, su principal medio de vida.

Pasaron los años, Manuel murió, pero Alberto nunca lo olvidará. Quizás veía en el viejo al abuelo que no llegó a conocer.

Alberto Taño Martín
El Paso (La Palma), junio de 2000

[Canarias}> Entrevista con Freddi Bustillo: Canarias y San Antonio de Texas, unidas por lazos de sangre

18-11-2022

Freddi Bustillo: “En San Antonio de Texas, uno de los lugares más relevantes es la Plaza de las Islas Canarias”

De las 16 familias canarias que fundaron la ciudad estadounidense de San Antonio de Texas, diez eran de Lanzarote. La impronta del archipiélago está muy presente en la que es considerada la séptima ciudad más relevante de EEUU.

Hablamos Freddie Bustillo sobre los lazos de unión entre ambos lugares y los pasos que se están dando para que la historia reconozca aún más estos vínculos.

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—¿De qué línea de descendientes canarios en San Antonio de Texas eres tú? ¿De qué apellido?

—Yo soy un descendiente de Padrón, exactamente de Juan Padrón, uno de los primeros colonizadores de San Antonio, junto a apellidos tan lanzaroteños como Leal, Rodríguez, Armas, Arrocha, Delgado o Curbelo.

—Siempre se habla de la importancia de los canarios en la fundación de San Antonio, pero en verdad habría que decir la importancia de los lanzaroteños. ¿Cuántas familias llegaron procedentes de nuestra isla?

—De las 16 familias fundadoras, hay que recordar que diez eran de Lanzarote, lo cual indica un número muy alto.

—En San Antonio y en Estados Unidos en general poco se conoce de Canarias, ¿no?

—Es verdad que poco se conoce hoy, pero eso está cambiando. Es lo que estamos intentando hacer.

Los canarios llegaron en 1731 y en seis meses establecieron el primer gobierno civil. Esto poca gente lo creía y todavía no lo cree. Muchos creen que el nacimiento de San Antonio de Texas surgió con El Álamo.

Nosotros llegamos 100 años antes que El Álamo. De hecho, hay que decir que ya había gente antes ahí. Había una pequeña fortaleza de militares bajo la orden del Rey de España. Luego vinieron las misiones cristianas, los padrecitos —como yo les llamo— que empezaban a construir las iglesias. Por otro lado, también estaban los indios aborígenes del lugar.

Con toda esta gente se empezó a hacer una campaña para que se supiera. Después hicimos otra campaña sobre las familias que llegaron. Luego hicimos otra campaña para que en el Museo Oficial de Texas se supiera la verdadera historia.

Al final, logramos que incluyeran en el museo dos cajas con cosas canarias en su interior: dos trajes típicos (uno era del doctor Chiscano), un papel oficial del Rey de España, otra era un Diablete y otras cosas. Poco a poco hemos querido reconstruir la memoria histórica.

—El 24 de octubre en Costa Teguise se ofrecía un homenaje al Doctor Alfonso Chiscano por su labor en la difusión de la canariedad de San Antonio. Freddi, ¿cuál ha sido su papel?

—Chiscano era de las Canarias, de Tenerife. Estudió Medicina en Barcelona y de ahí se fue a Estados Unidos, donde amplió sus estudios. Finalmente, llegó a San Antonio. Desde que vio esta ciudad de Texas y vio su parecido con su tierra, dijo que sería su lugar, su casa.

—Lo que parece curioso es que se sienten orgullosos de ser descendientes de canarios, pero no destacan el hecho de ser descendientes de españoles.

—La verdad es que sí. Yo, por mi apellido Padrón me siento muy canario, pero también me siento español porque otra parte de mi familia procede de los militares que allí se instalaron.

—Es la primera vez que vienes a Canarias. ¿Tienen interés los descendientes de canarios en conocer las islas?

—Sí, ha habido varios viajes organizados para conocer Canarias; el último fue en 2017. Por eso ando yo por aquí. Y es que el año pasado empezamos a hablar para venir este año, sólo mi mujer y yo, y organizar lo que será un gran viaje el próximo año 2023, cuando esperamos traer a un grupo de entre 30 y 40 personas.

—¿Cuántas personas conforma la Asociación de Descendientes Canarios de San Antonio de Texas?

—En la actualidad somos unos 300 miembros, pero en los 45 años de historia de la asociación se calcula que hemos podido tener en total unos 1.100 asociados registrados. Es verdad que ha habido pérdidas por fallecimiento o simplemente por gente que se da de baja al no pagar las cuotas. Pero bueno, 300 personas no está mal.

¿Tiene San Antonio de Texas similitudes con Canarias?

Bueno, para empezar tenemos una cultura similar. Luego hay sitios emblemáticos de la ciudad con clara referencia, como es la Plaza de las Islas Canarias, frente a la Catedral de San Antonio, lugar donde se hicieron los actos del Tricentenario de la Ciudad. También está la Iglesia de San Fernando. Y dentro de la catedral está la Virgen de la Candelaria.

—Pero La Candelaria es tinerfeña, habrá que poner a la Virgen de los Dolores, ¿no?

—Bueno, el Gobierno de Canarias nos manda ropa típica cada dos o tres años, pero tendremos que hacer más para que haya mayor representación canaria en San Antonio de Texas.

—¿Se podría calcular cuántos canarios o descendientes de canarios puede haber en EEUU?

—Es casi imposible saberlo, pero yo me arriesgaría a decir que son millones. ¿Y sabes por qué digo esto? Porque cuando hablamos con gentes y decimos que venimos de canarios, muchísimos nos cuentan que algún familiar suyo también les ha dicho que alguna de sus ramas procedía de canarios, pero, claro, les resulta difícil investigar su líneas genealógicas.

Qué saber sobre San Antonio de Texas

—San Antonio es una de las ciudades más importantes de Estados Unidos, ¿no?

–San Antonio está situada en la séptima posición en cuanto a extensión y población. No es pequeña. Tiene más de dos millones de habitantes. Es una ciudad situada a unas 120 millas de la frontera con México.

—¿Cómo es geográficamente San Antonio?

—Es un lugar con mucho calor. Se superan fácilmente los 38 grados centígrados. Es una zona semidesértica y donde no llueve mucho. El clima es diferente.

—En España se conoce a San Antonio por su equipo muchas veces campeón de la NBA, los San Antonio Spurs. ¿Están orgullosos de este equipo? ¿Tienen otros equipos representativos?

—Bueno, la verdad es que no tenemos un equipo de soccer (fútbol europeo) profesional. Sí los tenemos en otras categorías menores. En cuanto a los Spurs, estamos muy orgullosos. Los Spurs son los Spurs.

—Y de universidades, ¿cómo va San Antonio de universidades?

—Vamos muy bien. De hecho, una de las ideas del Dr. Chiscano era mandar un grupo de estudiantes de las Canarias a San Antonio, y al revés: mandar de la Universidad de San Antonio a las Canarias. La idea era hacer un intercambio, pero cuando falleció Alfonso Chiscano todo eso se paró.

Fuente

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[Canarias}> Perspectiva del Tiempo / Dra. Ruth Pino Suárez

Perspectiva del Tiempo / Dra. Ruth Pino Suárez

El Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Santa Cruz de Tenerife ha querido legar para el recuerdo esta obra conmemorativa titulada Perspectiva del Tiempo, realizada expresamente por nuestra colegiada Dª Ruth Pino Suárez, con motivo de la celebración del 80 aniversario.

Pórtico. Ruth Pino Suárez

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Plaza de la Alameda del Duque de Santa Elena. Santa Cruz de Tenerife

Construida en 1787 por un ingeniero militar, Andrés Amat de Tortosa, a petición del Marqués de Branciforte, comandante general de Tenerife. En el año 2007 se llevó a cabo la reconstrucción del pórtico de la Alameda como parte del proyecto de remodelación de la Plaza de España, realizado por los arquitectos Herzog & de Meuron, integrando un elemento arquitectónico histórico dentro del diseño contemporáneo que ha transformado este espacio emblemático de la ciudad.

Título: PERSPECTIVA DEL TIEMPO

Las portadas o pórticos son construcciones tradicionales que encuentran similitudes en todas las islas de Canarias. Nos dan paso a imágenes de tiempos pasados, de historias familiares, de tierras, haciendas y trabajos. Perduran estoicamente a lo largo del territorio para evocar o para animar a la reconstrucción de los recuerdos.

De ello surge la idea de plasmar el tiempo y su devenir en una perspectiva que habla de la ciudad, de la tradición, de la reconstrucción, de la evolución y los cambios, de lo que permanece, lo que se conserva y se recuerda, pero también de lo que está por venir…

Finalmente, el tiempo es el centro de la intención conmemorativa de esta obra, y no podía ser de otra manera siendo su destinatario el Colegio de una profesión que se dedica a controlar tan bien los tiempos.

El dibujo realiza el viaje desde su punto de inicio, de fuga, ese punto exacto que se abre al comienzo del caminar vital, personal, profesional y constructivo, donde se materializan realidades que quedarán en la memoria propia y colectiva, y que pretenden permanecer, sin que podamos tener la certeza de que siempre estarán ahí, en nuestro imaginario o en nuestro entorno construido.

Así, el pasado podría quedarse diluido y difuso, con el origen perdido, como lo haría nuestro patrimonio de no ser conservado. El presente, nítido y tangible, es sólo una transición efímera hacia el futuro pixelado, flotando en una nube de inevitable incertidumbre, pero también de esperanza y expectación hacia nuevos desafíos.

Santa Cruz de Tenerife, noviembre 2022

Ruth Pino
Arquitecto Técnico
Doctora en Bellas Artes

Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

[Canarias}> Más de 200 personas y 1.000 animales muertos: el resultado de la peor tormenta en Tenerife desde que hay registros / Zenia Daswani

07-11-2022

Zenia Daswani

Este lunes, 7 de noviembre, es la efeméride de la Tormenta de San Florencio, conocida como el Aluvión, que destruyó todo lo que encontró a su paso: hogares, bosques y las vidas de cientos de familias canarias

La llamada Tormenta de San Florencio, también conocida como el Aluvión, arrebató vidas, casas, animales y el futuro de muchas familias canarias. Más de 21 pueblos del norte de Tenerife sufrieron las consecuencias de lo que a día de hoy se recuerda como el peor desastre meteorológico en la Isla desde que se tienen registros.

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Más de 200 personas perdieron la vida tal día como hoy, en la noche del 7 al 8 de noviembre. Los municipios afectados por estas fuertes lluvias fueron el Puerto de la Cruz, con 32 víctimas; La Villa de La Orotava, con 104; el Realejo Alto, con 25 personas; el Realejo Bajo, con 14; La Guancha dejó 52 fallecidos; San Juan de La Rambla, 10; Icod de Los Vinos, cinco; y Santa Úrsula, uno.

Esto deja un total de 243 personas; sin embargo, existen diferentes crónicas que recogen que en realidad fueron 293 las víctimas de este incidente.

En cada uno de los territorios se vivieron hechos desafortunados. Uno de ellos fue el naufragio de una fragata en el Puerto de La Cruz que provocó que 15 de los 19 tripulantes que llevaba la embarcación, fallecieran.

Este evento meteorológico hizo que cientos de vidas humanas llegaran a su fin; sin embargo, también se cobró la de los animales. Unos 1.009 son los que la tormenta arrebató, registrando los máximos en La Villa de La Orotava, unos 591.

Una boda truncada por la catástrofe

El Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, concretamente el Archivo Zárate Cólogan, describe los estragos que la terrible tormenta provocó hace casi 200 años. Se relatan historias y anécdotas de lo que vivieron los afectados ese día.

Una de ellas describe cómo un joven de La Guancha salvó a su futura esposa y a los padres de ésta, teniendo poco después el fatal desenlace de ser víctima de una riada provocada por el temporal. La novia, al ver lo ocurrido, se precipitó al agua tras él.

Los bosques también fueron protagonistas, pues los montes de este municipio norteño fueron arrollados por las aguas que descendían del Teide. Tan sólo quedó en pie un único pino.

Tal y como reseñan, el barranco se dividía en cuatro brazos, los cuales hicieron que los habitantes del pueblo no se vieran tan afectados. “En este pueblo no hubiera quedado ni un viviente”, recoge el archivo.

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Relato del acontecimiento

Don Antonio Santiago Barrios, beneficiario de la parroquia de Santiago Apóstol, reseñó en 1944 lo ocurrido a partir de la copia original que se encuentra archivada en dicha parroquia.

Tal y como recoge, los inviernos desde 1820 habían sido muy benignos, con aguas muy serenas y los veranos apacibles. En 1824 reinaba la sequía, de modo que en abril y mayo casi se pierden las cosechas. En aquel entonces, y por orden del Obispo José Martinón, se realizaron en todas las parroquias del Archipiélago rezos públicos “para implorar las lluvias que tanto necesitaban los campos”. Según relata, en mayo hubo abundantes cosechas de trigo, millo, vino y papas.

En 1826, el año de la tragedia, se había experimentado un tiempo caluroso y con muy pocas lluvias. “Llegó el amanecer del día 7, muy oscuro, triste, lleno de nubes y haciendo algún viento. Al paso que sus horas iban creciendo, se iba aumentando la oscuridad”, relata Antonio Santiago Barrios.

Durante todo el día se escuchaban ruidos, y los habitantes desconocían el origen. Algunos decían que venían del mar, otros que eran simplemente viento. Sobre la una de la madrugada, los relámpagos, el fuerte viento y las lluvias obligaron a los norteños a refugiarse en sus casas.

A las 10 de la mañana del día siguiente amanecieron pensando que lo peor ya había pasado; sin embargo, esta tragedia les persiguió hasta el 9 de noviembre cuando por fin la tormenta cesó. A partir de ahí, sólo se escuchaban llantos de aquéllos que habían perdido familiares, ganado, casas e incluso terrenos.

Estragos en el Realejo Bajo narrados por Antonio Barrios

“En este lugar había un puente de fábrica regular de piedra y cal, y formaban su piso unas vigas de tea muy fuerte, y sus parapetos muy decentes; a la puerta del naciente, por la parte de arriba, adornaba la calle, hasta los parapetos del puente, un muro hecho con bastante gusto, y a la parte de abajo había tres casas de alto y bajo, y por este mismo lado, hacia abajo del barranco, había una calle que tenía cuatro casas, y la última de abajo era la carnicería. Y

un poco más abajo estaba la casa de los Beltranes, de alto y bajo, con un gran lagar por la parte del poniente del puente; al lado de arriba había otra casa terrera grande que llegaba casi al puente, y todas estas nueve casas y el puente perecieron la noche del aluvión del siete a ocho de noviembre, pereciendo igualmente con ellas catorce personas.

En este pueblo y jurisdicción no aconteció ningún otro hecho digno de escribirse”, relataba Antonio Santiago Barrios.

Estragos en San Juan de la Rambla narrados por Antonio Barrios

“Este pueblo fue uno de los que más sufrieron en el aluvión de la noche del siete al ocho de noviembre. Antes de esta desgraciada noche era este pueblo, aunque pequeño, muy hermoso, y sus habitantes se habían esmerado en su aseo y presentaba un golpe de vista muy agradable; tenía un puente regular a la entrada de la plaza de la parroquia, por la parte del naciente de ésta; sus calles estaban muy bien empedradas, y todo él.

El aspecto público estaba con el mayor aseo. Mas, la noche del aluvión quedó todo arrasado como así su ayuntamiento; lo dice un acta extendida el día treinta de noviembre de 1826”, explicaba.

“Además de lo referido en el acta de aquel ilustre Ayuntamiento, que tuvo cuidado de dejar escrito en su archivo lo sucedido en aquel pueblo en la noche triste y aciaga del siete de noviembre, en el pago de Santa Catalina, donde el día 25 de noviembre aquellos vecinos celebraban con mucho aparato y regocijo a la virgen y mártir Santa Catalina.

Esta ermita estaba muy aseada; la imagen de la Santa era nueva y de mucho gusto y su plaza la cubría un hermoso parral, y la noche del 7 de noviembre un nuevo barranco que se formó por la parte de arriba, o un brazo del barranco mediado que se desprendió de éste y que con mucha violencia bajó por aquellos riscos, se la llevó de cimientos, no quedando ni un débil vestigio de ella, y sólo se adivinaba dónde estuvo por un pedacito muy corto del parapeto que dividía la plaza del camino y que las aguas dejaron por la parte de arriba de la plaza. Aquí creo que se llevó la bodega del Sr. Del Valle”,

describía el beneficiario de la parroquia.

Investigaciones más recientes

Por su parte, dos investigadores de la Universidad de La Laguna —José Bethencourt-González y Pedro Dorta Antequera, del Departamento de Geografía—, publicaron un documento en el que analizaban y comparaban este evento con el delta del año 2005.

Destacaron que la “Tormenta de San Florencio” registró daños incalculables. En el recuento realizado por los investigadores se muestra que, solamente en la isla de Tenerife, fueron destruidas más de 600 casas de particulares.

A ello se suman los daños causados en los montes de las Islas, especialmente en la agricultura, con pérdidas de suelo que pudieron superar el 30% en algunas áreas.

Pero afirman que las mayores pérdidas se registraron en vidas humanas, pues las fuentes consultadas hablan de “infinidad el número de muertos” y de “cadáveres flotando” en los días posteriores a la tormenta, debido al arrastre producido por la imponente fuerza de los barrancos.

Según el recuento de la documentación disponible, sólo para la isla de Tenerife pudo haber 298 fallecidos, cantidad que se probablemente incrementará con investigaciones futuras y con los datos del resto de Islas.

Fuente

[Canarias}> Pinos y volcanes / Oswaldo Izquierdo Dorta

16-10-2022

Oswaldo Izquierdo Dorta

Pinos y volcanes

imageFotografía del último volcán surgido en La Palma tomada el pasado día 7. Irene Martín

Posiblemente, las múltiples agresiones (sacudidas sísmicas, bombardeos de piroclastos, elevadas temperaturas, humo, cenizas, gases, fuego…), que ha sufrido el pino canario, como consecuencia de repetidas erupciones, han desarrollado, en este árbol emblemático, una excepcional capacidad de sobreponerse y, aunque, muchas veces gravemente herido, seguir adelante.

Esta, en ocasiones, agresiva convivencia, ha sido más reiterada en La Palma, que se halla, indiscutiblemente, por sufrimientos propios, a la cabeza de las islas del archipiélago por el número de erupciones conocidas y fechadas: Tacande (1470-1492), Tajuya (1585), San Martín (1646), Fuencaliente (1677), El Charco (1712), San Juan (1949), Teneguía (1971) y la más reciente (2021).

Erupciones que, sin duda, conceden a La Palma el costoso y triste privilegio, pero privilegio al fin, de ser un lugar óptimo como laboratorio natural, el mejor y más actualizado campo para investigar y crear, para aprender y, sobre todo, para aprovechar el enorme potencial que nos ofrece.

Posiblemente, por la misma razón que el pino canario y por alguna otra que puede avalar este planteamiento, la gente de la Isla ha desarrollado también un poderoso gen, el de la resiliencia. Gen que la ha impulsado, una y otra vez, contra el fuego y la lava, a proseguir luchando por el futuro.

Pero no basta con eso, el daño en esta ocasión ha sido tan grande que obliga a toda la sociedad a tomar conciencia, al menos, de los dos momentos más trascendentales para La Palma: el presente y el futuro.

Un presente en el que urge la reparación de los daños ocasionados por el volcán: agilizar todas las ayudas pendientes, cancelar hipotecas y préstamos, aplicar medidas tributarias especiales, recuperar y mejorar las infraestructuras públicas y privadas (red de riegos, embalses, red eléctrica), rescatar terrenos para la agricultura, restablecer y mejorar las vías de comunicación, abrir nuevas vías…

Y un futuro, que se ha de iniciar también desde el presente y se resume en ubicar y desarrollar en la Isla los valores que, potencialmente, nos ofrece la erupción: un moderno e imaginativo plan urbanístico, el centro nacional de vulcanología, una central geotérmica, la activación y desarrollo de zonas de interés turístico…

A mi solidaridad permanente con la Isla y con todas las palmeras y palmeros, se suman estos versos. 

                                                       AÑORANZA

Verdecerán de nuevo los pinares
quemados por las furias del volcán
y, por fin, los vecinos hallarán
algún sustituto a sus hogares.

Pero aquellas vivencias familiares,
que fueron el motor de cada día,
testigos de tristezas y alegrías,
casas, huertas, recuerdos y lugares,

quedarán para siempre incineradas,
obstinada memoria de agonías,
bajo una inmensa losa sepultadas.

Ampliarán espacios, abrirán vías,
florecerán las nuevas enramadas,
pero El Valle no será el que fue un día.

OSWALDO IZQUIERDO DORTA
La Palma, 19-09-2022