El ovni de Gáldar: bajo la sombra de la Guerra Fría en Canarias
A finales de junio de 1976, el ovni de Gáldar sorprendió a cientos de canarios, que contemplaron un extraño fenómeno sobre el mar
Acerca de Canarias, pero no de origen pasense. Y escrito por otros para este blog canario
El ovni de Gáldar: bajo la sombra de la Guerra Fría en Canarias
A finales de junio de 1976, el ovni de Gáldar sorprendió a cientos de canarios, que contemplaron un extraño fenómeno sobre el mar
10/06/2023
Luis Socorro
Los romanos o poblaciones romanizadas, originarias del Mediterráneo occidental, recalaron en Lanzarote en el siglo I antes de la era común. Así lo ha confirmado a esta redacción Pablo Atoche, arqueólogo y catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Durante la última excavación realizada el verano pasado en el yacimiento El Bebedero (oeste de Lanzarote), Atoche y su equipo encontraron numerosos restos cerámicos “de indudable factura romana”, además de huesos de cabras y ovejas. El hallazgo más espectacular fue un ánfora completa, con la boca modificada para “reutilizarla para otro uso”, en El Bebedero. Hasta ahora, tan sólo había constancia científica de la presencia romana en Canarias en el islote de Lobos.
El profesor Atoche lleva más de treinta años investigando la presencia de culturas mediterráneas en Lanzarote. Los resultados de la última excavación en El Bebedero, realizada en el julio de 2022, confirmó investigaciones anteriores, en ese yacimiento y en el de Buenavista, y los presentó el pasado mes de abril en la Sociedad Económica Amigos del País de Las Palmas, en una conferencia titulada La colonización protohistórica del archipiélago canario a la luz de los hallazgos de Lanzarote.
Hasta ahora, Atoche cuenta con “27 dataciones de carbono 14 de restos animales y vegetales”, registros arqueológicos excavados en el yacimiento El Bebedero. Estos vestigios se han excavado “en seis niveles estratigráficos bien definidos”, con un marco cronológico —afirma el investigador— que va del “siglo I antes de Cristo al XIV de la era, justo en la centuria anterior a la conquista de Canarias, que se prolongó prácticamente a lo largo del siglo XV. Los arqueólogos han encontrado ”cerámica romana, molinos de piedra para moler cereales, material lítico para el tratamiento de pieles y bastantes restos de fauna —“el 90% son huesos de cabras y ovejas”— animal y marina, principalmente moluscos“.
El arqueólogo sitúa los materiales de factura romana entre los siglos I antes de la era común y el IV de la era, final del periodo de la cultura romana. “Se trata de bandejas y recipientes muy similares a los que hemos encontrado en el yacimiento de Buenavista”, a poco más de 500 metros de El Bebedero; ambos enclaves están en la misma comarca lanzaroteña, cerca de la playa de Famara, una zona en la que se podía fondear durante los meses de mar abierto, cuando las condiciones eran propicias para la navegación.
Ánfora tuneada
Pablo Atoche califica de “espectaculares” los hallazgos de la última campaña, la del pasado verano. “Tenemos seis grupos de diferentes tipos de pastas de cerámica que corresponden a seis tipos de ánforas, en algunos casos tenemos conteras, bordes, etcétera”. 2022 “ha sido espectacular en cuanto al número de fragmentos de ánforas y otros elementos de procedencia romana”.
Los análisis de los materiales indican la procedencia: “Las ánforas campaniformes son de Italia, pero hay restos procedentes de la antigua zona de Cartago o de la Bética”, sur de la Península Ibérica. Junto a los fragmentos cerámicos, se han excavado “elementos metálicos, sílex del norte de África, abalorios…”. Los recipientes anfóricos, añade el investigador, “contenían vino, aceite y salazones”.
Pero el hallazgo más sobresaliente se produjo cuando limpiaban un nuevo perfil en la parte oriental del yacimiento de El Bebedero. “Nos aparece un objeto y lo primero que pensamos es que se trata de una tubería de agua fecales, pero, a medida que vamos limpiando, la tubería se convierte en un recipiente”. La primera duda “es que no aparecía la contera, la base del recipiente”, relata el arqueólogo. El recipiente está hecho a torno, o sea, no es de factura indígena, y se localizó en el estrato cuatro, “que lo tenemos fechado justo en el cambio de era”. Finalmente, aparece la contera: “Estamos hablando de un ánfora completa de procedencia romana, fechada en torno al cambio de era”.
Cuatro imágenes del proceso de excavación del ánfora romana en El Bebedero, en julio de 2022. Captura del vídeo de la conferencia de Atoche en la RSEAP de Las Palmas, en abril de 2023.
La tipología, explica Atoche, “es bastante curiosa, poco frecuente en el Mediterráneo”. El arqueólogo destaca la modificación que “le hicieron en la boca, la ampliaron para reutilizarla evidentemente”. De hecho, continúa el investigador, “la analítica del contenido nos está indicando que tuvo un contenido inicial” —este dato lo reserva hasta la publicación de los resultados en una revista científica— “y tuvo otro posteriormente y tuvo que ver con el mundo indígena, con unas costumbres que hemos detectado en el ámbito indígena en Lanzarote y Fuerteventura”.
Atoche precisa que se “trata de la primera ánfora completa que aparece en un contexto indígena”. Sin embargo, durante la conferencia el arqueólogo no aportó pruebas de que el origen del yacimiento sea aborigen y que después, como sostiene, llegaron los romanos. El profesor de la Universidad de Las Palmas aclara que está pendiente de publicar los resultados en una revista científica, motivo porque el que tampoco nos facilitó las fotografías de la ánfora y de otros fragmentos de cerámica encontrados en la excavación realizada el verano pasado en El Bebedero. “Quiero publicarlas primero en una revista especializada”, comentó a Canarias Ahora- elDiario.es.
Atoche es un profesional muy reservado en su trabajo y poco dado a difundir sus investigaciones en los medios de comunicación. De hecho, el autor de esta noticia le solicitó realizar un reportaje durante la última campaña arqueológica, en julio del año pasado, y no fue atendida su petición.
Una arqueóloga toma notas junto a una de la estructuras del yacimiento de Buenavista. Foto cedida Ayuntamiento de Teguise.
Lo que no ha encontrado el equipo de Pablo Atoche, durante los aproximadamente treinta años de investigación en los enclaves de Buenavista y El Bebedero, son restos humanos, lo que induce a pensar a otros arqueólogos que esos asentamientos del oeste de Lanzarote, en el municipio de Teguise, no eran permanentes porque fueron construidos por esos navegantes que llegaron a Canarias cuando Roma controlaba la franja costera del norte de África. Estos dos yacimientos no fueron afectados por la erupción del volcán Timanfaya —1730-1736—, que sí sepultó varios pueblos y otros enclaves arqueológicos de los majos, denominación de los primeros pobladores de las islas de Lanzarote y Fuerteventura.
Hasta ahora, los vestigios humanos indígenas más antiguos del Archipiélago están fechados entre los años 207 y 260 de la era común, o sea, principios del siglos III después de Cristo. Fueron encontrados en 1968 en Lanzarote, en La Chifletera, un tubo volcánico en el municipio de Yaiza. La arqueóloga Verónica Alberto coordinó una investigación sobre todos los restos humanos localizados en yacimientos lanzaroteños. Se publicó en el otoño de 2021 en Anuario de Estudios Atlánticos, con el título Sobre el tiempo de los majos. Nuevas fechas para el conocimiento del poblamiento aborigen de Lanzarote, trabajo firmado por siete especialistas.
De lo que sí hay constancia documental es de las primeras navegaciones para explorar el Atlántico al sur de las Columnas de Hércules, al sur del Estrecho de Gibraltar. Juba II (52 o 50 a. C.-23 d. C.), el rey norteafricano de las provincias romanas de Numidia y Mauritania, financió varias expediciones que se realizaron aproximadamente en torno al año 20 antes de la era común. Los resultados de esas travesías las recogió Plinio el Viejo en su famosa enciclopedia Historia Natural, publicada en el año 77 de la era, en el siglo I.
Aunque los yacimientos de El Bebedero y Buenavista se encontraron antes que el de Lobos —islote al norte de Fuerteventura—, descubierto en 2013 cuando un turista encontró fragmentos de cerámica antigua, mientras que los enclaves lanzaroteños se empezaron a excavar a finales del siglo XX, el asentamiento de Lobos fue el primero en el que se demostró de manera irrefutable la presencia romana en Canarias. Es coetáneo a los citados yacimientos de Lanzarote.
Lobos, como afirma el doctor Ramón Cebrián, “es un regalo para la arqueología de Canarias”, al tratarse del único asentamiento romano de carácter económico construido por los romanos o por poblaciones romanizadas. Cebrián es autor de la única tesis doctoral realizada hasta ahora sobre el taller de producción de púrpura de Lobos. La púrpura era un tinte muy cotizado en el Imperio Romano.
En este yacimiento tampoco se han encontrado restos humanos. Era un taller estacional, ya que la zafra del molusco del que se extrae la púrpura duraba poco más de tres meses. Los historiadores consideran que la púrpura se trasladaba a Gades —la actual Cádiz—, ciudad muy importante en la civilización romana por su privilegiada posición geográfica, puerto de salida y llegada de las expediciones por el Océano Atlántico.
10-06-2023
Á. Van den Brule A.
“En breve, la gente será incapaz de pensar o razonar por sí misma. Serán capaces sólo de parlotear las noticias que se les dio la noche anterior.” – Zbigniew Brzezinski (Ex consejero de Seguridad Nacional de EE. UU.)
El cañón de bronce que hoy duerme sobre una enorme cureña en el Centro de Interpretación del Castillo de San Cristóbal en Tenerife, El Tigre, es una venerada celebridad con nombre propio. Como los cañones de la época no funcionaban solos, también hay que rendir homenaje al equipo de artilleros que lo dieron todo en una de las gestas militares más brillantes que se recuerdan, dirigida por un anciano general retirado, en perfecta combinación con la población, entregada a la defensa de la ciudad. Ellos, en un tándem perfectamente conjuntado, rompieron los pronósticos más pesimistas.
De eso va la historia de hoy.
No hay peor pesadilla para un soñador, que ver el deterioro de su físico menoscabado por amputaciones sin cuento y tener que asumir que sus expectativas serán hipotecadas para toda la eternidad, ni que del pulcro candor de la inocencia se pueda esperar que la Tierra, por un acto de voluntad, se ponga a girar al revés.
Esto es, lo que la mente del gran almirante Nelson, uno de los pocos ingleses que cumplía el precepto del buen caballero, hombre de palabra, la encarnación tópica del gentleman, la del marino perfecto, talentoso y respetado por propios y ajenos, padeció durante toda su existencia. Pero claro, a veces la percepción es engañosa por las muchas grietas en que se atrinchera obstinadamente la ignorancia. Cuanto más sabemos, cuanto más avanzamos, más se aleja el horizonte, pero, como decía el ilustre Eduardo Galeano (a pesar del sesgo tan poco imparcial de alguna de sus obras), esa línea que funde todos los azules siempre será una referencia que alimente la obstinación del ser humano y su innata curiosidad.
En la céntrica plaza de Trafalgar Square, cerca de Downing Street, la memoria del legendario almirante Nelson pervive en el imaginario del pueblo inglés como el héroe que tantas victorias dio a su bandera
Inglaterra en su concepción estratégica, veía las Islas Canarias como un reto con fuerte hándicap habida cuenta de la fuerte resistencia que venían demostrando los isleños. Drake, el infame amante de la reina Isabel I, finalmente defenestrado, y Blake y Jennings, veían las islas como el pastel de cumpleaños de un niño, o como un plato de gourmet. La idea era cortar las rutas trasatlánticas de los navíos españoles hacia América y, de paso, instalar sus posaderas. Pero a través de la historia se demostró que, conforme su ambición e insistencia se redoblaban, la indigestión de los sucesivos fracasos se fue haciendo de a poco, intolerable, hasta acabar consumiendo bicarbonato a espuertas.
Horatio Nelson. (Wikimedia commons)
Corría el año 1797 cuando un carismático general de nombre Antonio Gutiérrez de Otero, retirado de tanto trasiego vital, reposaba en Tenerife los trabajados surcos de la experiencia. En una modesta casa en las faldas de La Cardonera, con un pequeño huerto esmeradamente cultivado, vivía plácidamente este honorable militar, muy querido por su pueblo por sus iniciativas a favor de la comunidad y por los sucesos que, más tarde, lo convertirían en una leyenda icónica.
Al amanecer del día 21 de julio, el vigía que estaba a cargo de las señales en el Alto de Anaga dio la alarma. Ocho grandes navíos con una dotación de más de dos mil hombres se acercaban de manera insolente ante lo que se suponía una víctima propiciatoria.
En el momento del intento de invasión, 300 soldados profesionales era todo lo que había en la isla. Un destacamento francés, la tripulación de una fragata que les había sido arrebatada por los ingleses en un golpe de mano, sumaban otro centenar. Con un entrenamiento muy breve, a manos de los sargentos, un millar de nativos formarían una milicia local. Antonio Gutiérrez, ya había aplicado un severo correctivo a los ingleses en las Malvinas y que, algo más tarde y para ponerse en forma, los desalojaría de Menorca, pues había que evitar a cualquier precio que se instalaran los británicos en una cabeza de puente.
Los isleños, a una, se pusieron a disposición del carismático general. Pero tras varios intentos de desembarco, se gestó el escandaloso desastre inglés, que no vino sólo por la unidad entre milicias y uniformados, sino por la suma de desconocimiento de las tablas de mareas, y una terrible sorpresa que aguardaba a estos tragaldabas. Una cadena de atalayas situadas estratégicamente a lo largo del perímetro marino de la isla, y una batería de cañones, entre las que estaba situado uno que se nutría ora de balas, ora de botes de metralla envasados en cartón y cera; lo cierto es que iban a ser una pesadilla para Nelson.
Los artilleros españoles buscaban a cualquier precio el tiro rasante (11º de elevación de la cureña dependiendo de la posición sobre el terreno) que llegaba obviamente más rápido que el tiro con curvatura hábil a su objetivo (45º). Los ingleses, si querían atacar con garantías, debían de situarse a menos de 1.600 metros de distancia de la costa, fuera de su zona de seguridad (4 km) para poder descargar la artillería naval con cierta precisión. Era evidente que en ocho segundos cualquier artillero con un entrenamiento correcto acabaría dando en el blanco.
Busto del General Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana en Aranda de Duero, Burgos. (Wikimedia commons)
Con gran riesgo, pero amparados por su mayor capacidad de fuego, los ingleses se acercaron a esa distancia para posicionarse de cara al ataque posterior. Pero la solvencia acreditada de Nelson no había metido en la ecuación dos factores. El primero, la rapidísima organización de las milicias; el segundo, que las baterías estaban orientadas, en su mayoría, para barrer las playas en el momento del desembarco.
De esta manera, botes que tocaban arena, eran barridos horizontalmente con la metralla rasante. Esta táctica hizo estragos entre la marinería inglesa. El almirante Nelson, embarcado en uno de ellos, perdería su brazo derecho en el preciso momento de tocar tierra. El efecto psicológico entre los suyos fue demoledor.
Más de 600 marinos ingleses perecerían en aquel caótico desembarco; las cifras de los caídos españoles no llegaron a la décima parte. El Tigre cumplió con su deber. Es triste que, mientras Nelson o su memoria, habitan en una colosal columna de 50 metros de altura y este monumento es visitado por miles de personas a diario, el general Don Antonio Gutiérrez se perpetúa en el espíritu de los que le recordamos, pero en un discreto busto de una pequeña plaza tinerfeña.
Algo no encaja…
29 May 2023
Ana de Armas
Ni 8 apellidos catalanes, ni 8 apellidos vascos…Si hay apellidos de los que más orgullosos debemos estar son de los canarios. Se remontan al origen de grandes familias que vivieron en las Islas o a antiguos reyes que provenían de diferentes lugares del mundo. Descubre cuáles son los más comunes en cada Isla.
Hoy en día, el apellido Padrón es el más común y numeroso entre los habitantes de El Hierro, y su presencia sigue siendo significativa en la comunidad local.
La familia Padrón en Canarias tiene sus raíces en Portugal, aunque se cree que tiene un origen remoto en Asturias. Esta familia es una de las más antiguas y prominentes en la isla de El Hierro. En Lisboa, los miembros de este linaje construyeron una torre que posiblemente se representa en su escudo de armas actual.
En el siglo XVI, se establecieron en las Islas Canarias, siendo Pedro Padrón Acosta Salgado uno de los primeros miembros destacados. Pedro era vecino de La Palma y pertenecía a la familia del Santo Oficio. Se casó con Leonor de Acosta, quien era descendiente de un hijo ilegítimo de los reyes portugueses, tiempo después se trasladaron al hierro y tuvieron descendencia. Después de vivir en La Palma, la pareja se trasladó a El Hierro, donde su hija, Francisca Padrón Acosta Salgado, contrajo matrimonio con un hidalgo portugués llamado Pedro Gonzales, originario de Riotorto.
La isla de El Hierro ha tenido una población relativamente aislada y estable a lo largo de los años, lo que ha permitido la preservación de apellidos como “Padrón” y su continuidad en las generaciones posteriores. Esto ha contribuido a la identidad cultural y la historia de la isla.
El apellido Pérez es uno de los apellidos más comunes en la isla de La Palma, en Canarias. Es un apellido de origen español y tiene una larga historia en la región.
El apellido Pérez se deriva del nombre propio “Pedro”, que a su vez proviene del latín “Petrum”. Es un apellido patronímico, lo que significa que se forma a partir del nombre del padre. En este caso, “Pérez” indica la descendencia o filiación de alguien cuyo padre se llamaba Pedro.
En La Palma, el apellido “Pérez” tiene una presencia significativa y ha sido transmitido a través de generaciones. Muchas familias de la isla llevan este apellido y tienen vínculos históricos con la tierra y la comunidad local.
Chinea es el apellido de origen indígena canario más común en las Islas pues se estima que alrededor de 4.500 personas lo llevan. Sin embargo, es el único apellido que proviene de los aborígenes gomeros, lo que le otorga una singularidad especial en la región.
Según varios trabajos y estudios, la tradición oral de la zona todavía evoca el nombre ancestral de una princesa gomera llamada Echirea o Echinea, que tiene una posible conexión con el apellido.
El apellido “Chinea” ha sido transmitido de generación en generación en la isla y ha sido llevado por muchas familias locales.
Se debe a que en Gran Canaria normalmente los niños huérfanos provenientes de la Casa de Expósitos o del Hospicio de Las Palmas de Gran Canaria (o Casa Cuna) estaban bajo la advocación de Santa Ana, lo que lo convierte en un apellido muy frecuente.
También se dice que el apellido Santana tiene raíces en el idioma guanche, la lengua aborigen de las Islas Canarias antes de la llegada de los conquistadores. En guanche, “santana” significa “tierra alta” o “lugar alto”, lo cual puede estar relacionado con la geografía montañosa de Gran Canaria y la existencia de lugares con elevada altitud en la isla.
Uno de los apellidos con más historia en la isla de Tenerife es el apellido González. Este apellido, de origen hispano-guanche, ha dejado una profunda huella en la historia y la cultura de la isla, convirtiéndose en un símbolo de identidad para muchas familias tinerfeñas.
El apellido González tiene sus raíces en la época de la conquista de las Islas Canarias por parte de los españoles en el siglo XV. Durante ese tiempo, los conquistadores se establecieron en Tenerife y se mezclaron con la población guanche, los antiguos habitantes de la isla. Como resultado de esta mezcla cultural, surgieron nuevos linajes que adoptaron apellidos españoles, entre ellos el apellido González.
El apellido Betancort es un símbolo de la historia y la identidad de Lanzarote. Representa la fusión de culturas y la herencia guanche y española en la isla. A lo largo de las generaciones, las familias Betancort han contribuido al crecimiento y desarrollo de Lanzarote, dejando un legado perdurable que sigue influyendo en la sociedad actual.
Cabe destacar que, si bien el apellido Martín es el más común en Fuerteventura, también existen otros apellidos que son frecuentes en la isla, como Rodríguez, Morales, Hernández, García, Cabrera, entre otros. Estos apellidos reflejan la diversidad de las familias que han habitado y contribuido al desarrollo de Fuerteventura a lo largo de su historia.
En el caso de La Graciosa, es posible que algunas familias con el apellido Toledo se hayan establecido en la isla procedentes de otras áreas de España, principalmente de Lanzarote o de otras islas cercanas. Estos primeros colonos probablemente buscaron oportunidades económicas en la pesca y en la explotación de los recursos marinos, actividades que históricamente han sido fundamentales en la vida de la isla.
A lo largo del tiempo, las familias con el apellido Toledo que se asentaron en La Graciosa se integraron en la comunidad local y contribuyeron al desarrollo y crecimiento de la isla. Sus descendientes han mantenido el apellido y han formado parte de la identidad “gracianera”, preservando las tradiciones y el legado de sus antepasados.
Algunas de las primeras familias en establecerse en La Graciosa fueron los Martín, los Pérez, los García y los Morales, entre otros.
Fuente (Cortesía de Ricardo Lorenzo Fernández)
Todo lo que acerca del Padrón de El Hierro cuentan al comienzo de este artículo, se encuentra en el artículo “Datos sobre genealogía de la familia PADRÓN, de El Paso (La Palma, Canarias)” que, escudo incluído, publiqué en este mi blog el 24-05-2006.
Según entonces conté, el apellido Padrón que tengo y que, por tanto, también tuvieron mis antepasados y tienen mis descendientes y los descendientes de otros Padrón con quienes comparto ancestro, es fake porque debería ser un apellido holandés.
Ésta es la mejor foto que de uno de mis antepasados Padrón tengo.
Se trata de Tomás Padrón Felipe, hermano de mi abuelo Luis. Tomás medía, según me contó un pariente que lo conoció, más de 2 metros, y sus manos eran tan grandes que podía coger con facilidad objetos del tamaño y forma de un balón de fútbol. Vivió en San Pedro, Breña Alta, y allí fue juez de paz durante 30 años sin que nadie osara jamás objetar una sentencia suya.
Esta foto, junto a su cónyuge Josefa Rodríguez, quien no era precisamente mujer de baja estatura, da idea del tamaño de Tomás.
Entre sus descendientes, de los cuales conocí a muchos y sigo en contacto con algunos, abundan los altos a muy altos, rubios o pelirrojos, de tez muy blanca y ojos claros, rasgos que no se dan entre los auténticos Padrón.
Una de mis hijas, que vive en USA, solicitó el análisis de su ADN, uno que hacen mediante el pago de 100 dólares y envio de muestra de saliva. El resultado indicó que el mayor porcenaje de su ADN corresponde a genes holandeses y el segundo a italianos. Los otros porcentajes son muy bajos.
Roger P. Frey: “He fotografiado desde Tacande (El Paso) el mejor ‘rayo verde’ de mi vida”
Este aficionado a la meteorología captó este martes una espectacular imagen de este fenómeno óptico
27/05/2023
Á. Van den Brule A.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ya fuera por la fuerza o por los pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla
La quietud era abrumadora y el silencio inquietante. Sólo el ruido metálico de los morriones, petos y su botonadura, cascos de la reata de caballos y las espadas, rompían la monotonía. Una tropa de centenar y medio de caballeros y no más de un millar de soldados sin mucha preparación y cogidos a lazo en las islas cercanas, caminaban en lenta procesión por aquel paisaje lunar. La tropa, admirada, veía cómo las estrellas fugaces pasaban de largo y la bóveda celeste seguía ahí, impertérrita, sin más respuesta que su imponente presencia.
Hacia mayo, en las cercanías de lo que hoy es Tenerife, aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y la Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones. En las alturas del barranco de Acentejo, había muchas miradas escrutando a aquellos extraños invasores que portaban unos perros grandes y feos y unas extrañas armas metálicas.
Aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y La Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones
Hoy se sabe por historiadores isleños y peninsulares que la infantería iba muy cargada. Las tradicionales alabardas, con el peso añadido de las espadas y dagas, más que elementos de defensa eran lastres para una movilidad rápida y suelta. En los lances por venir, los ballesteros, que, si tenían un excelente entrenamiento, harían un papel digno, pues la cadencia de tiro era muy superior a la del arcabucero. Sin embargo, las más eficaces armas de fuego a pesar de la carnicería que provocaban tendrían un papel muy secundario, pues el planteamiento guanche tendría una contundencia brutal por el factor sorpresa y a los arcabuceros sólo les daría tiempo a disparar un “apóstol”.
Mientras tanto, los nativos guanches usaban un pequeño escudo de factura derivada del Drago. Venablo y lanzas tratadas al fuego eran sus herramientas más usuales para estos menesteres de la guerra. Asimismo, eran extraordinariamente hábiles en el arte de pegarte una soberana pedrada y dejarte “aviao pa’ los restos”. A todo esto, había que añadir unas mazas de aquí te espero, y se manejaban en el cuerpo a cuerpo con una facilidad asombrosa, usando como protección añadida su indumentaria personal enrollada en el antebrazo. Eran auténticos luchadores. Vamos, que no iban de picnic.
Un grupo de nativos gomeros, guerreros probadamente valientes, un centenar de guerreros guanches liderados por su antiguo rey e insertados en los bandos de paces, tratados que exigían a los isleños cristianizarse y cierta subordinación administrativa dependiendo de los acuerdos logrados con los aborígenes de cada isla, cerraban la comitiva.
Era el año 1494. Castilla estaba en el apogeo de su elaborada grandeza. En su haber, estaba la fusión de los dos grandes reinos peninsulares, la difícil aproximación a las islas Canarias, las capitulaciones de la rendición del Reino Nazarí, el descubrimiento de América; en fin, una retahíla de logros impresionante.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ora por la fuerza ora por pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla. Tenerife, era muy complicada por la heroica resistencia planteada por los guanches. Estudios demográficos hechos “a ojo de buen cubero “por el cronista portugués Gomes Eanes, indican que en el conjunto de la isla no podía haber más de seis mil hombres en situación de armas. Mujeres y niños obviamente no entraban en la ecuación.
Aunque no hay quorum sobre la zona exacta, pues las descripciones del lugar de la batalla hechas por los historiadores van den Heede y Rumeu de Armas, ambos con una potente y encomiable carga de trabajo de campo, se concluye que con una alta probabilidad se desarrolló en lo que hoy es el barrio de San Antonio y a una cota de unos 500 metros de altura y un espacio muy reducido para la maniobra.
En línea con lo anterior, los castellanos cometieron dos errores tácticos solapados. Uno, que, conforme iban penetrando en los territorios del Mencey Bencomo, el que más peso político tenía entre sus pares, iban recogiendo cabras en cantidades industriales para cebarse en el camino. Dos, que la caballería no podía dar mucho de si en un terreno tan abrupto y, en consecuencia, la protección que podía dar a los infantes era más testimonial que otra cosa. Estos dos errores les costarían caros a los peninsulares.
El médico y poeta canario, Antonio de Viana, amigo de Lope de Vega en su paréntesis sevillano, relata en su particular correspondencia, la estrategia que siguió el Mencey Bencomo sobre el desarrollo de los acontecimientos.
Mientras Tinguaro, con cerca de tres centenares de guerreros, seguía a la tropa invasora desde las alturas de los cerros, Bencomo comenzó a llamar a todos los primos de su enorme familia (los lazos de parentesco en aquel tiempo y lugar era muy amplios) al amparo de un espíritu comunal y de reciprocidad desconocido entre los peninsulares. Tinguaro, el hermano pequeño del mencey, usó el arte del camuflaje de forma magistral. Cociendo barro, enredados con finas tiras de cuero vuelto y aderezados de chajorras y alamillos de Acentejo, plantas endémicas tinerfeñas, avanzaban hacia el barranco donde ocurrió la tragedia. Era imposible de detectar a aquellas gentes pues sabían situarse perfectamente sobre el terreno, mientras que los castellanos eran bastante escandalosos en su caminar.
A los primeros silbos, los chivos y cabras, presas de los conquistadores, tiraron monte arriba creando una confusión extraordinaria entre la abigarrada tropa situada en una parte muy angosta del desfiladero. Chivos y cabras subían, guanches bajaban. A criterio de los nativos, que se habían ido deslizando hacia la hondonada, la sorpresa fue mayúscula. Los cronistas castellanos edulcoraron un poco lo acontecido, pero la descripción es esencialmente concordante.
Ese día, Dios se había despertado cabreado. Enormes bloques de lava petrificada movidas con palancas corrían hacia el seno de la angostura, a ello había que sumar una granizada de piedras de tamaño gigante, dardos, venablos y un griterío coral infernal que rebotaba su eco en aquel trágico lugar. Según describe el cronista Rumeu de Armas, aquello se parecía más a un seísmo. Adicionalmente, como el trayecto de ida era inicialmente norte–sur, el sol, declinante en el momento del ataque, favorecía a los aborígenes canarios; todo era redondo.
Cuando parecía que el tema iba a quedar en tablas, apareció Bencomo con cerca de (hay mucha discrepancia entre historiadores) setecientos primos primeros, segundos y terceros; un batallón, vamos. La huida hacia el mar según cronistas fue muy desorganizada y sólo la caballería actuaria con cierto orden. El mencey Bencomo tuvo el gesto de devolver muchísimos prisioneros. El comandante castellano, a la sazón Alfonso Fernández de Lugo, se retiró a la isla de Gran Canaria a urdir un nuevo ataque, la segunda batalla de Acentejo; pero eso es ya otra historia.
Castilla sufría su primera derrota en un lugar absolutamente inadecuado para la maniobra y los golpes tácticos de la caballería. Someter al pueblo guanche llevaría más de un siglo. Hoy, afortunadamente España cuenta con un lugar en el paraíso: Canarias.
A lo largo de los siglos posteriores, el pueblo canario defendió las islas para la Corona, expulsando sin despeinarse en épicas batallas a los ingleses en varias ocasiones, berberiscos, piratas de toda laya, etc. No se le puede pedir más a un pueblo tan entregado; si acaso una atención adicional del gobierno central orientada hacia las inversiones, no sólo del turismo se puede vivir.
¡Ah! Y con un ojo puesto en el vecino de enfrente… No es fácil ser un fulcro entre el ideal del pacifismo y tratar de resolver los problemas dialogando y, por otro lado, ser un pasota observando a su vecino armarse mientras se hace más fuerte y ambicioso a pasos agigantados.
Es necesario atender como Dios manda a las oleadas de emigración provenientes del este, la hospitalidad no es sinónimo de carta blanca, hay una honda preocupación entre las gentes del archipiélago, éstas están tensionadas con lo que ya tiene visos de invasión.
23-05-2023
Éstas son algunas de las palabras más comunes que desconciertan a nuestros compatriotas del resto del país
No sólo el seseo es el gran elemento identificador y diferenciador del los canarios. No podemos evitar tener un vocablo propio y muy rico, a la par que divertido, que hace que los canarios destaquemos allá por donde vamos.
Hay palabras para designar conceptos que en el resto de España se dicen de otro modo y palabras que no significan lo mismo aquí que allá, por lo que muchas veces no se nos entiende y es necesario explicar a qué nos referimos. De hecho, no debemos irnos muy lejos porque incluso nosotros, en el propio archipiélago, usamos una misma palabra para diferentes ámbitos.
Hemos elegido algunas de las palabras más comunes que desconciertan a nuestros compatriotas del resto del país. En total te presentamos 26 de esos términos.
Y para ti, ¿cuál es la palabra más característica del léxico canario?
Éstas son algunas de nuestras propuestas. Si ves que se nos ha quedado alguna atrás, no dudes en hacérnoslo saber en los comentarios de esta noticia.
Cortesía de Juan Antonio Pino Capote
20-05-2023
La floración de esta planta, exclusiva de las zonas altas de la Isla, tiene su punto álgido en la segunda quincena de mayo y podrá contemplarse hasta mediados de junio
La primavera ha vuelto a colorear las cumbres de La Palma. La espectacular floración del tajinaste rosado (Echium pirezii), que tiene su punto álgido en la segunda quincena de mayo, dibuja un paisaje de altura de singular belleza. Esta planta endémica, de porte elegante y majestuoso, se localiza, en su mayoría, en los bordes de la carretera LP-4, entre los puntos kilométricos 27,500 y 27,800. Los ejemplares crecen, en su mayoría, alineados en la citada vía.
El tajinaste rosado, exclusivo de las cumbres de La Palma, estuvo a punto de extinguirse. En los años 80 del siglo pasado sólo quedaban unos 200 ejemplares refugiados en acantilados, los únicos del mundo.
El tajinaste rosado estuvo a punto de desaparecer en los años 80 del pasado siglo. Foto: INÉS SÁNCHEZ
Un recorrido por La Palma, la Isla Bonita, a través de sus senderos más desconocidos
De norte a sur y de este a oeste, cuenta con más de 1.000 kilómetros señalizados que permiten a los amantes de la naturaleza descubrir los paisajes tan dispares que alberga